*LOS PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN, SON DE LA GRANDIOSA RUMIKO TAKAHASHI

**ESTA HISTORIA SE ENCUENTRA EN OTRA PÁGINA BAJO LA AUTORA KARY_0295, ES MI OTRA CUENTA, POR TANTO NO ES PLAGIO, DECIDÍ COMPARTIRLA EN ESTA PÁGINA TAMBIÉN.

Buenas tardes, espero que la estén pasando chevere.

Aquí vengo con un nuevo cap para este fic, agradezco sus comentarios, no olviden dejarlos en esta vuelta también ;)

CAPITULO 29


TRANQUILIDAD PASAJERA

Luego del estrago de horas tempranas, ya era un hecho de que la Señora del Oeste había logrado sobrevivir a su emparejamiento, surgiendo su primera transformación que por poco acaba con la vida de su suegra…

- Buenas tardes, Señora Irasue – Kagome entraba con mucha cuidado a la habitación de la ex Señora del Oeste, pero esta no se dignó en responderle, después de todo la culpable de que estuviera tan débil, era ella - ¿Se siente mejor? – aquellos ojos chocolate claros, la miraban con curiosidad.

- Miko – abrió los ojos la Inu, girando su mirada para verla fijamente a los ojos a la nueva miembro de su casta – No me subestimes – se sentó lentamente.

- ¡No! No se mueva – Kagome colocó sus manos sobre los hombros de la mujer, y un fuerte escalofrío la recorrió, haciéndola retractarse de inmediato – Lo lamento – se sentía como un cachorro regañado, sin siquiera haber escuchado una palabra por parte de la Inu mayor.

- Tus sentidos están muy bien por lo visto – había una leve sonrisa en el rostro de la mujer – Pero no puedes quedar con la cola entre las patas cada vez que sientas que hiciste algo mal, niña – una mano de Irasue se posó en la cabeza de Kagome, quien se encontraba de rodillas al lado de su cama.

La Miko levantó su mirada, topándose con unos ojos dorados, cálidos, podría jurar que incluso había ternura en ellos.

- ¡Sí! – se levantó y se despidió saliendo de la habitación.

Al cerrar la puerta, Rin y Yuka la estaban esperando afuera.

- ¿Pasa algo? – las chicas aún no se acostumbraban al nuevo color de ojos de la Miko.

- Kagome, Yuka quiere hablar contigo… es urgente… - Kagome pasó sus ojos al rostro de Yuka, quien miraba algún punto del suelo, mientras en sus mejillas un leve rubor se hacía presente.

- De acuerdo – Kagome tomó posición de carrera - ¿Quién llega primero al tejado del ala oeste? – les guiñó el ojo.

Tanto Yuka como Rin, se miraron entre sí, Kagome se comportaba como… ¿una cachorra? - ¡Sí! –

- ¡Ahora! – las tres jóvenes salieron corriendo a toda velocidad.

Rin y Kagome, esquivaban y brincaban a cada obstáculo, entre ellos otros sirvientes que tenían la mala suerte de estar en su camino. Por su parte Yuka, solo debía "atravesarlos" lo cual los hacía sentir más incómodos…

Sesshomaru iba en dirección a su despacho, cuando vio el espectáculo de la Señora del Oeste, junto a sus dos protegidas.

-*Ahora tiene más energía que antes*-

- Hmph –

No le dio mucha importancia, la única condición para su comportamiento era que nadie saliera herido.

Siguió su camino, pero cuando entró en su despacho, Inuyasha se encontraba esperándolo.

- ¿Y ahora tú que quieres? – le dijo con un tono algo molesto, tenía gran cantidad de papeleo por terminar y no tenía ganas de hablar con nadie.

- Gracias –

- No sé de qué hablas – se dirigió a su silla.

- La cuidas mejor de lo que yo alguna vez, lo hubiera hecho – el tono del joven era muy suave.

- Hmph –

- Pero te iba comentar algo, hace tiempo que ella no ve a los suyos… ¿Recuerdas que tiene a su madre y hermano del otro lado del pozo? –

Era cierto, Kagome había quedado en ir a visitar a su madre, pero muchas cosas sucedieron, y no se había logrado el objetivo.

- Hmph –

- Entonces, yo termino con toda la basura que tienes pendiente, junto con Jaken y tú la llevas a ver a su familia –

El mayor arqueó una ceja, quizás el golpe de la mañana le había afectado el cerebro.

- Deja de mirarme así, ahora lárgate – el joven hanyou se remangaba su haori - ¡Oye, Jaken! –

- Ya voy – el pequeño sapo, venía con una especie de carretilla cargada de pergaminos y demás papeles.

- ¿Qué es todo eso? – preguntó Inuyasha.

- El papeleo retrasado… y aún queda más… -

- Sesshomaru… - miró a su hermano quien con una leve sonrisa se levantó de la silla y salió del salón.

- Bueno, renacuajo, tráeme algo de comer, esto va para largo, que fastidio, ¡Keh! – se sentó en la silla de Sesshomaru y comenzó su tarea, orientado por Jaken.

- Pero, Yuka, ¿acaso no quieres a Hayato? – Kagome trataba de ayudar a la joven a entender sus sentimientos.

- Yo… no estoy segura… - su rostro estaba muy rojo de la vergüenza.

- Pero, Yuka, ¿No me dijiste que se besaron? – el rostro de Yuka estaba por estallar, mientras que Kagome la miraba con los ojos muy abiertos por la sorpresa.

- ¿Eso es cierto? – preguntó la Miko.

- S… sí…. – bajaba la mirada – Él me besó… y yo… no me resistí… -

El rostro de Kagome se suavizó, tenía frente a ella a una joven muy confundida, pero que a pesar de todo, le gustaba su pretendiente, de alguna forma.

Tomó el rostro de Yuka en sus manos, aquel roce de alguna forma tranquilizó la mente de la joven loba.

- No te presiones, solo pasa tiempo de calidad con él, y tus pensamientos y sentimientos poco a poco se irán aclarando, no tienes por qué apresurar las cosas – una sonrisa muy sincera se mostraba en el rostro.

- [Sí, claro…] -

Yuka la observaba con detenimiento, Kagome, a pesar de haberse convertido en youkai, conservaba aquel poder de calmar a cualquiera con su sonrisa.

- La señorita Kagome, tiene razón, yo intentaré no molestarte tanto, Yuka – le sacó la lengua.

- Gracias… Rin, Kagome… - les dio un abrazo a ambas, a la hermana y madre que tenía en frente, pues ese era el papel que estaban jugando.

-[Los humanos son tan melosos, me dan náuseas]-

- Entonces, ¿Tú y Hayato son novios? – Yoko había estado oculta entre las tejas, escuchando la conversación.

- Yoko – Yuka la miraba sin saber qué hacer, Yoko sentía una gran atracción hacia Hayato, pero este siempre la veía como una hermana menor – Sí, algo así – la miró a los ojos.

La mirada de Yoko denotaba tristeza y algo de molestia, su aura demoníaca comenzaba a descontrolarse.

-[¿Qué le pasa a esa cachorra?] – la nueva entidad en el interior de Kagome, miraba con reproche la actitud poco madura de la cría de zorro.

- Sólo está un poco enfadada, a ella le gusta el General – le respondía Kagome serenamente

- [Pues está por atacar…] –

- Pues sí... –

En los ojos de Yoko, brotaban lágrimas de furia e iba directo a clavarle sus garras a Yuka, cuando sintió como alguien la tomó por su ropa, dejándola en el aire. Miró a Kagome y a Rin pero no era ninguna de ellas, el viento sopló y un aroma, que le causó escalofríos, llegó a su nariz.

- A… Amo Sesshomaru… - se quedó estática.

- Tenía entendido que te gustaba Inuyasha, pero no que te gustaba mi General, Yoko – su voz retumbaba en sus orejas.

- Yo, yo… -

- Eres muy joven, Yoko, Yuka te lleva un par de años más y Hayato ni se diga – aquello era una escena muy paternal por parte de Sesshomaru.

- Pero… - Yoko, miraba a Yuka, pero con una mirada de "ayúdame", más que de odio.

- No hay excusas – la puso en el suelo – Miko, nos vamos – miró a su mujer.

Los últimos rayos de sol de la tarde, golpeaban un lado de su rostro, y con sus ojos, y cabello oscuro, le brindaban un gran espectáculo, una divina imagen.

Sin poder controlarlo un leve rubor se mostró en sus mejillas.

Las tres chicas vieron embelesadas la faceta de enamorado de su amo, siendo pescadas por su mirada.

- Se acabó el espectáculo, regresen a sus labores – dirigiéndose a Yuka y Yoko – Rin, ¿vas a ir con nosotros? – le preguntó su amo.

- ¿A dónde? – preguntó la chica.

- Vamos a la época de mi esposa – miró a la aludida, a quien se le iluminaron los ojos.

- ¿En serio? – preguntó emocionada

- Hmph – una leve sonrisa en el rostro de su amo, no era cosa de todos los días para Yuka Y Yoko.

- ¡Qué bien! – en un abrir y cerrar de ojos, Kagome estaba enganchada de los hombros de Sesshomaru – Eres el mejor – le dijo seductoramente y le plantó un beso en frente de las niñas.

A las tres chicas se les puso el rostro más rojo que un tomate, pues Sesshomaru no se había abstenido de corresponder el beso de su amada, en su presencia.

Kagome finalizó el beso con una pequeña mordida en el labio inferior del poderoso Youkai, quien al abrir sus ojos, mostraba una profunda ternura y amor. Con los rayos del sol bañándolos, parecían una pareja de enamorados de cuentos de hadas, sus cabellos siendo mecidos por el viento.

Las tres jóvenes suspiraron inconscientemente, captando la atención de Kagome.

- Señor Taisho, le recuerdo que tenemos público – Sesshomaru la tenía sujeta firmemente por la cintura.

- Rin – la chica quedó alerta - ¿Vienes o no? Es la última vez que te lo pregunto – retornó su mirada gélida.

- Claro – sonrió la chica – nos vemos – se despidió con un gesto de sus amigas y se acercó a la pareja.

- Yuka, que Hayato no te haga nada raro, ¿entiendes? – la advertencia por parte de su amo, fue directa, causándole un gran sonrojo.

- Sí – atinó a responderle.

Una luz cubrió al trío, y se fue en dirección al pozo.

- Discúlpame, Yoko – rompió el silencio Yuka.

- Nada de eso, discúlpame tu a mí, el amo tiene razón, Hayato es un vejestorio – sonrió.

- Con que aquí están, mi padre las ha estado llamando para que vayan a comer – Kyosuke había llegado al tejado.

- Ya vamos, Kyo – respondieron las dos.

- Por cierto, Yuka, Hayato te espera en el comedor – saltó al vacío, cayendo en el patio principal, seguido por quienes consideraba: sus hermanas.

Por otro lado, nuestro trío arribó al pozo, no sin ser vistos por Kohaku que andaba patrullando el área junto a Kirara.

- Señor Sesshomaru, Señorita Kagome, Rin – saludó con una sonrisa el joven.

- ¡Kohaku! – Rin salió corriendo y de un saltó, haciendo caer a Kohaku de bruces con ella encima - ¿Por qué no has ido a visitarnos? – lo abrazaba con fuerza.

- He estado un poco ocupado – dijo el joven algo nervioso, nuevamente Rin estaba sentado sobre él, en una posición muy comprometedora - ¿Van a la época de la Señorita Kagome? – hizo una pregunta obvia para despejar su mente.

- Sí – respondió Kagome, quien estaba siendo cubierta por algunas sombras, avanzó un poco, causando gran impresión en el joven.

- ¿Kagome? ¿Es usted? – el joven la miraba confundido.

Empezando por su nuevo color de ojos, sus marcas, los colmillos que se apreciaban en su sonrisa, estaba un poco más alta y más moldeada que la última vez, se veía, inmortal.

- ¿Por qué la pregunta? Claro que soy yo – se acercó a él y tocó su rostro.

Kohaku sintió el suave roce de la miko, sin embargo, había una sutil presencia demoníaca proveniente de ella.

- Es que… siento una presencia proviniendo de usted… -

- La señorita Kagome ahora es una Inu youkai – le explicó Rin, mientras seguía sentada sobre el pobre chico.

- ¿Una Inu? – Dudó unos segundos - ¿Y siendo demonio podrá atravesar su propio campo de fuerza? – giró sus ojos en dirección al pozo.

Buena pregunta. Debería poder hacerlo. La incertidumbre la invadió, la última vez que levantó el campo, ella solo poseía sus dones sagrados, sin embargo, ahora, tenía cualidades de demonio, sin mencionar que ahora es un demonio…

Kagome caminó hacia el pozo, con una mano frente a ella, sentía un cambio de temperatura a medida que se acercaba.

-[¿Un campo de energía sagrada?]-

- Sí –

- [¿Puedes pasar?] –

- Espero que sí –

Cuando su mano hizo contacto con el campo, este mostraba algo de resistencia para permitirle el paso.

-[Oye… eso duele] – al retraer su mano, había marcas de pequeñas quemaduras.

- El campo está hecho de energía pura, y sí… - Kagome pensó en voz alta, junto sus manos cerrando sus ojos, y comenzó a canalizar su energía, empujando su esencia demoníaca hacia el centro de su ser, y la sagrada alrededor como si de una coraza se tratara.

Rin observaba extasiada, a diferencia de los dos hombres con lo que estaban, ella podía ver la esencia espiritual de las personas, y eso le permitía ver lo que ocurría en el interior de la Miko.

No había pensado en ver con sus otros ojos a Kagome, un leve tono lila se posó en los orbes de la menor, Sesshomaru no pasó por desapercibido esto.

Su energía que ahora era de un tono fuerte de rosa, casi fucsia, se comenzó a descomponer, dejando por fuera una energía más pura de un tono más pálido, como era antes, y en el centro de su cuerpo había una energía con un color más rojizo.

En eso, Kagome, abrió sus ojos y su color habitual estaba de retorno, al igual que su apariencia humana, avanzó nuevamente hacia el campo de energía y esta vez, su mano lo atravesó sin problemas.

- Resuelto – sonrió mirando a Sesshomaru y luego a Rin, quien terminaba de regresar sus ojos a su estado normal.

-[Esto está algo apretado aquí] – Se quejaba su bestia.

- Es momentáneo –

- *Te quejas mucho, ¿no crees?* -

- [Oh, Kagome, creo que un zángano ha quedado atrapado dentro de tu mente, escucho un susurro molesto…] –

- Vamos, recuerden que Sesshomaru y yo, estamos casados, y se tendrán que soportar por la eternidad… -

- [Lo siento, ¿decías algo?]-

Kagome solo respiró profundo y pudo ver una leve sonrisa en el rostro de su amado.

- ¿Te diviertes? – le extendió su mano, para que la acompañara.

Sin dudarlo la tomo y avanzó, ambos pasaron el campo de energía.

- Impresionante… - dijo Rin - ¿Kohaku puede ir con nosotros? –

Aquella pregunta no le agradó al youkai, quien se limitó a no responder.

- Intentémoslo – la miko extendió su mano hacia Kohaku.

Al tomarla, el joven sintió una pequeña sacudida en todo su cuerpo y fue halado por Kagome, entrando en el campo de fuerza.

- Rin, rodéalo con tu poder… sólo por si acaso – le guiñó un ojo, saltando al pozo, junto con Sesshomaru, siendo envueltos por aquella luz que los transportaba al presente.

- ¿No duele? – Kohaku estaba algo temeroso - ¿Qué pasa si mi hermana ve que no regreso?

- Para nada – Rin tomó la mano del joven y subieron al borde del pozo – Señorita Sango, volveremos pronto – saltó llevándose consigo a Kohaku, quien apenas escuchó la voz de su hermana despidiéndolo.

Del otro lado la pareja los esperaba.

- Creí que se habían perdido en el camino – Kagome extendió sus manos, mientras el youkai, la sujetaba por la cintura, sacando a los dos chicos sin problemas.

- Vamos Kohaku, vamos con la Señora Naomi para que te compre ropa nueva, a ella no le gusta vernos vestidos como normalmente andamos – Rin se llevó a rastras al pobre Kohaku.

Sesshomaru hizo ademán de seguirlos, pero se detuvo al ver que Kagome no se movía.

- ¿Ocurre algo? – le preguntó extrañado.

- No parezco humana ¿cierto? – le preguntó ella en respuesta.

La miró de pies a cabeza, había retornado a su forma youkai, ojos claros, colmillos relucientes.

- ¿Piensas ocultarle a Naomi tu condición? – preguntó indiferente el demonio.

- No sé si será adecuado que me vea así, quizás no lo asimile y enferme… - miraba a los ojos de su esposo.

- Pues, yo creo que si podría asimilarlo – Su madre aparecía detrás de Sesshomaru – Tienes un hermoso color de ojos, Kagome – se acercó y puso su cálida mano en el rostro de su hija.

Aquella acción hizo que todo su ser se estremeciera, su madre siempre la apoyaba en lo que fuera, incluso siendo un demonio ahora.

- Entonces, ¿Eres como él? – inspeccionó a su hija, notando garras y colmillos, además de las marcas de su rostro.

- Sí – respondió mientras veía como su madre la recorría de pies a cabeza con su mirada.

Al colocarse frente a ella, su madre le dio una tranquilizadora sonrisa.

Pasaron a la casa, para disfrutar de la cena.

Hablaron de la boda youkai, claro, omitiendo los detalles de todos los pequeños aconteceres, que sonaran aterradores para su madre.

Sota y Rin, le mostraban a Kohaku, como usar la consola de videojuegos de Sota.

- Esto es complicado – decía el joven exterminador.

- Yo pensaba lo mismo, pero mira – Rin colocó sus manos sobre las de Kohaku, causándole un rubor que Sota, percibió al instante.

- Rin, en el refrigerador hay unos potes con gelatina de cereza, puedes tomar uno si quieres – intervino Sota.

- ¿Ustedes no quieren? – preguntó antes de irse.

- ¿Qué es gelatina? – preguntó Kohaku.

- Correcto, les traeré una a cada uno – se levantó y fue en dirección a la cocina.

- ¿Te gusta Rin? ¿Cierto? – Sota sonrió de lado.

- ¿Eh? No sé de qué hablas – estaba sonrojado.

- Te estas poniendo como un tomate – le dio una palmada en el hombro – Es una chica linda, inteligente y dulce –

- Ni te imaginas – Kohaku recordaba en cada momento la sonrisa de Rin.

- ¿Ya le dijiste? –

- No… me da vergüenza, además no sé si el Señor Sesshomaru esté de acuerdo – miró de reojo al aludido, quien disfrutaba distraído de un enorme filete que Naomi le había servido.

- No creo que se oponga – miró al youkai sentado a la mesa.

- La verdad no lo sé… -

- ¿Qué cosa no sabes, Kohaku? – Rin ya había regresado.

- Bueno, yo… -

- Lo invité a la tienda de videojuegos, y no sabe si acompañarnos - le ayudó Sota.

- Eso… - Kohaku los miraba con extrañeza - ¿Qué es una tienda? –

- Esto es peor de lo que pensé… - Sota se llevó una mano a la cabeza.

- Es como un mercado en nuestro tiempo – agregó Rin

- Ya veo –

- Rin, Kohaku, iremos a dar una vuelta, ¿vienen? – Kagome estaba de pie cerca de ellos, ninguno se había percatado de su presencia.

- Claro – respondió Rin sin chistar – ahora venimos, Sota – tomó a Kohaku por la mano y lo haló con fuerza, casi arrastrándolo.

- Alto ahí – la madre de Kagome los paró en seco – En esas fachas no van a ninguna parte –

Todos se miraron de pies a cabeza, Kagome llevaba un traje de guerra que por alguna razón le resultaba más apropiado que sus Kimonos, Sesshomaru, su habitual vestimenta, y Rin llevaba un kimono de la realeza Taisho; Kohaku su traje de exterminador.

- Ayudaré a los más jóvenes – tomó a Rin y a Kohaku de las manos – En tu habitación hay ropa nueva, hija –

- Gracias, mamá – miró a su pareja – vamos –

Subieron las escaleras, y entraron a la habitación de Kagome.

- Creo que nos vendría bien un baño, ¿Qué piensas? –

- Hmph – se deshizo de su armadura y colocó sus espadas en la cama de Kagome.

Procedió a quitarse su haori y el resto de su ropa, dirigiéndose al baño, seguido por Kagome.

Tomaron un baño rápido con agua tibia, para relajar sus músculos. Se ayudaron a vestir mutuamente. Y salieron a esperar a los chicos.

Para su sorpresa, tanto Rin como Kohaku ya estaban bañados y listos.

- Mamá, siempre me sorprendes – comentó Kagome.

- Esa es la labor de una madre –

Rin vestía un hermoso vestido azul, sus cabellos sueltos, una doncella.

A Kohaku, le puso una playera de color liso con una chaqueta negra, lo que si no pudo, fue arreglar el cabello del chico, pues este se negó rotundamente.

- Te ves apuesto, Kohaku – se dirigió a él, la miko, causándole un rubor e inquietud en el chico.

Kohaku miró a Sesshomaru, para evaluar su expresión luego del comentario de su esposa.

El youkai lo miraba sin molestia aparente, cosa que no sabía cómo interpretar, ya que ese demonio era un especialista ocultando sus emociones.

- Ahora sí pueden irse – los acompañó a la puerta la madre de Kagome – hija, recuerda que no pueden ver como son en realidad – le hizo un gesto tocándose la cara.

Kagome entendió el mensaje directo, nuevamente cerró sus ojos y su apariencia regresó a ser la de antes. Sesshomaru por su parte, caía bajo el efecto del conjuro que ella lanzó en una ocasión anterior, que también lo "humanizaba".

Caminaron por el lugar, al parecer había algún festival, pues se veían los fuegos artificiales en todo su esplendor.

- ¿Esas luces de colores? – Kohaku miraba al cielo - ¿Qué tipo de estrellas son? –

- Digamos que son estrellas hechas por el hombre – le dijo con la mayor sencillez, Rin.

- Se llaman fuegos artificiales – le adicionó Kagome, quien miró de reojo hacia atrás para ver al chico.

- Son hermosos – comentó el chico.

Continuaron su caminata, hasta que llegaron a un puesto de helados.

- ¡Yo quiero uno de fresa! – gritó Rin, corriendo en dirección al establecimiento.

Kagome le dio alcance, después de todo la que cargaba el dinero era ella.

- Dos de fresa, uno de vainilla y uno de chocolate; por favor – dijo la miko.

- Kagome, el chocolate te hace daño – la voz de Sesshomaru llamó su atención - ¿Recuerdas? –

La joven Miko captó unos segundos más tarde la advertencia del youkai, ella ahora era una inu y como tal tenía ciertas limitaciones que no había comprobado.

- Tienes razón – dijo algo desilusionada – Que sean dos de fresa y dos de vainilla – cambió su pedido.

Aquel hombre les entregó una porción de helado a cada uno, luego de pagar, se dirigieron a unas mesas que estaban aledañas al puesto de helados.

- Kohaku, ¿por qué no pruebas el helado? – le preguntó Rin al ver que el muchacho no comía.

- Bueno, es que… - miró a Kagome y a su amo, que con facilidad usaban el extraño artefacto blanco para llevar bocados de lo que sea que tenía en las manos, a sus bocas.

- Yo te ayudo – Rin dejó a un lado su postre, tomó el de Kohaku y acercando una cucharada a su boca – Abre la boca – le ordenó.

El joven obedeció y el frío bocado lo tomó por sorpresa.

- ¿Y bien? – le preguntó la chica.

- Está… frío… - soltó un poco de aire – Pero está delicioso – le sonrió devuelta a la chica.

Rin estaba alegre, pero de pronto vio como a Kohaku, le había quedado una gotita de helado en la comisura de los labios y con una servilleta lo limpió.

El gesto no fue bien visto por Sesshomaru, quien no quitaba los ojos de los jóvenes.

Kagome, no dijo nada, pero ella, al igual que Sesshomaru, había escuchado la charla de Sota con Kohaku, enterándose que al joven le interesaba Rin.

- Kohaku – lo llamó el mayor – Aprende a comer por tu cuenta –

- ¡Sí! – el joven se enderezó y le quitó a Rin la cuchara y el vaso de helado, imitando la acción de Rin, llevó otro bocado a sus labios.

Rin no comprendía, pero le pareció gracioso la manera en que el chico obedecía a su amo, como si este le estuviera sosteniendo la espada en el cuello.

- Bien, continuemos – anunció Kagome.

El youkai y sus acompañantes se levantaron y siguieron a Kagome.

Iban tan distraídos describiendo y explicando un par de cosas a Kohaku, que no se percataron que habían llegado a un lugar soleno y algo peligroso por las noches.

- Señorita Kagome, ¿estamos en el camino correcto? – preguntó Rin al no conocer el área.

- Ah, es cierto – ella por alguna razón no sentía miedo alguno, como cuando era humana.

-[¿Acaso debería sentir algún remordimiento?] –le preguntó su otro yo.

- Para nada –

- [¿Por qué siento una leve preocupación de tu parte?] –

Un grupo de hombres salían de entre las sombras.

- Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? – dijo un hombre alto y macizo.

- Qué hermosa jovencita – dijo uno a espaldas de Rin, causándole un leve susto.

- Lárguense – ordenó Sesshomaru, quien había percibido la presencia de 10 hombres acechándolos.

- ¿Quién te crees que eres? – le habló el primer hombre indignado.

- Eso no te importa, desaparezcan – les habló con calma.

- Está bien, pero antes, queremos jugar con estas hermosas jovencitas – un tercer hombre tomó a Kagome por la espalda, amenazándola con una navaja en el cuello – Si no te importa – rio asquerosamente.

Otro hombre tomó a Rin, de la misma manera que a Kagome.

Sin embargo, ni Kohaku ni Sesshomaru se movieron de sus lugares para hacer algo.

- ¿Qué ocurre? – Dijo otro hombre que aparecía de entre las sombras - ¿Acaso son tan cobardes que ni intentaran ayudarlas? –

Los otros seis hombres se hicieron presentes, rodeándolos.

- * Por esto ella se sentía así * -

- [¿Y estos que quieren?] –

- *¿Qué crees?* -

- [Seres repugnantes] –

Los 10 hombres pertenecían a una temida banda, que se dedicaba a atacar mujeres en esa parte de la ciudad, pero nadie se atrevía a hacerles frente, por temor a que asesinaran a algún familiar.

- Cierra la boca – fue lo único que dijo Kohaku.

- Entonces disfruten el espectáculo – el hombre que tenía sujeta a Kagome, deslizó una de sus manos bajo la falda de la misma.

En esto ella, a pesar de estar siendo amenazada con una navaja, detuvo la mano del agresor, sujetando firmemente.

- ¡Suelta mi mano si no quieres morir! – le gritó el hombre.

- Deja de intentar cosas absurdas, de lo contrario el que morirá será otro – habló Rin, quien mostraba sus ojos lilas, causando algo de temor en sus atacantes.

- Cierra la boca, mocosa – otro hombre se acercó a Rin con pésimas intenciones.

Kohaku hizo ademán de ayudarla, pero el youkai a su lado lo detuvo.

- Señor… - lo miró sin comprender, regresando su mirada a Rin.

Antes de que el hombre lograra tocar a Rin, un látigo golpeó sus manos, dejando terribles marcas en las mismas.

El grupo de hombres sin entender miraron la fuente de aquella extraña arma.

De la mano de Kagome se extendía, aquella "tira brillante".

- ¡Maldita! ¿¡Cómo te atreves?! – otro de los hombres quiso acercarse, pero Kagome movió con gran habilidad el látigo, haciéndole mantener distancia e incluso, dejando marcas en el concreto.

- ¿Qué demonios eres? – Gritó el hombre herido - ¡Mátala! –

En ese instante, tanto Kagome como Rin, desaparecieron y reaparecieron, en frente de sus agresores.

- ¿Qué soy? – Habló Kagome – Un demonio… quizás… - levantó su mirada y entre su flequillo se notaba el brillar de sus ojos color miel.

Kohaku miraba algo espantado.

- Yo acabo con los de la izquierda, Señorita Kagome – avisó Rin, lanzándose a pelear cuerpo a cuerpo contra los hombres.

- Eso me deja a mí con ustedes – Se lanzó al ataque.

No demoraron ni 30 segundos, cuando ya todos estaban tendidos en el suelo, inconscientes y con grandes heridas, pero no graves.

- Kohaku, átalos – ordenó Sesshomaru.

- S… Sí… - respondió el joven, tomando unas cuerdas que los mismos agresores llevaban consigo, atándolos de a dos, con gran destreza.

- Vámonos – dijo el mayor.

- Debo avisar a la policía – Kagome aún con sus ojos miel, llamó a través de su celular a la estación más cercana. Dando aviso a las autoridades que la banda más temida, había caído en menos de media hora – Ahora sí –

Rin y Kagome caminaron delante de ambos hombres.

- Son increíblemente fuertes – dijo Kohaku por lo bajo – pero la Señorita Kagome me da algo de miedo – sonrió nerviosamente.

- Hmph – fue lo único que respondió el demonio.

- Comprendí que no era necesaria nuestra ayuda, después de todo, sólo eran humanos – analizó la actitud del youkai al impedirle su participación.

-* Creí que los matarías*-

-[Iba a hacerlo, ella no me dejó] – se acomodaba en un rincón para descansar.

El resto de la caminata se dio sin problemas, pero antes de entrar a la casa, justo en la puerta, Taisho se detuvo, a sabiendas que Kohaku venía detrás de él.

- ¿Pasa algo señor Sesshomaru? – preguntó Rin preocupada.

- No – no la miró – Kohaku, quiero hablar contigo –

- Rin, me ayudas a acomodar el lugar donde dormirá Kohaku – dijo Kagome, como si nada hubiera pasado.

- De acuerdo – entró delante de Kagome – No seas rudo – le susurró a su amado.

- Hmph –

Al oír eso, Kohaku palideció.

- ¿Señor? – se dirigió a él.

El youkai miraba el cielo, esa noche la luna estaba oculta tras las nubes, pronto llovería.

- ¿Qué sientes por Rin? – pregunta directa.

- ¡Eh!, bueno, yo… - su rostro enrojeció por completo.

- Responde –

- Siento un gran cariño hacia ella – no sabía qué palabras usar.

- ¿La amas? – el demonio continuaba mirando hacia un punto del cielo.

- Yo, la quiero mucho –

- No me has respondido –

- Sí, la amo – respiró hondo – pero eso ella aun no lo nota – dijo algo desilusionado.

- Rin es joven aún –

- Sí, lo tengo presente, supongo que esa es la razón por la que no me presta la atención que quiero – miró al suelo – pero sé que si soy más constante tal vez lo consiga –

- ¿Qué estarías dispuesto a ofrecerle? – la mirada del demonio se posó sobre él.

- Sé que ella actualmente es una princesa, y que lo más probable es que no pueda brindarle ningún bien físico de mayor valor a los que posee, sin embargo, puedo ofrecerle mi vida y eterno querer, con tal de que ella permanezca siempre a mi lado – lo miró directo a los ojos.

- ¿Y si yo me niego a darte el permiso para cortejarla? – avanzó hacia él, mostrando sus garras, pues en los alrededores del templo, su forma era la de siempre.

- Yo, no me rendiría, aunque perdiera mi cabeza en el intento – no le quitó la mirada al demonio

- Siempre reconocí que tenías agallas – Sesshomaru se apartó de él – Si llegas a lastimarla, te juro que no quedará nada de ti, ¿entiendes? – la voz del youkai tenía un tono severo.

- Tenga la plena seguridad, que jamás heriré a Rin – le sonrió aliviado.

- Entra –

- Sí, Señor –

Ambos hombres entraron, y vieron a la familia reunida alrededor de la caja a la que llamaban televisor.

- Ya era hora, iba a salir por ustedes dos – comentó la madre de Kagome.

- Kohaku, ven, siéntate a mi lado – lo llamó alegremente Rin.

- Ya voy – el joven avanzó y se sentó a la derecha de Rin, a ver el curioso artefacto.

Kagome se levantó disimuladamente y fue en dirección a Sesshomaru.

- Eres muy buen padre – le susurró al oído, acción que estremeció al demonio.

- Hmph –

Terminado el programa, Kagome le mostró a Kohaku donde dormiría. Ya le habían preparado una cómoda cama y dejado una muda de ropa, para que se diera un baño antes de dormir.

Rin como siempre, dormiría con la madre de Kagome.

- Buenas noches – se despidieron todos.

La pareja retornó a la habitación de Kagome.

- Mamá dice que tu dinero se ha ido incrementando a una velocidad increíble – le comentaba mientras se quitaba algunas prendas.

- ¿Dinero? Ah, recuerdo – recordando los pequeños diamantes regalo de su madre.

- Sí –

- ¿La boda? – preguntó el Taisho, a quien no se le había olvidado que Naomi, había preparado algo para una boda humana.

- ¿Eh? – entonces Kagome recordó – La boda… -

- Mañana hablaremos de eso con ella – sentenció el lord.

El cuarto estaba a una temperatura agradable, gracias al aire acondicionado que se había instalado anteriormente.

Al acercarse a su mujer, sintió un sutil cambio, al tomarla por el rostro, vio en ella aquellos ojos miel, observándolo fijamente.

- Yo soy Sesshomaru Taisho – se presentó formalmente.

- [Ya sé quién eres] – Kagome le había cedido a su bestia el control, a petición de Sesshomaru, pues quería conversar directamente con ella.

- ¿Entonces sabes quién eres? – le preguntó.

- [Tengo entendido que soy el otro yo de esta humana, luego del emparejamiento, surgí yo, en consecuencia le he dado longevidad a su vida, para que esté a tu lado] –

- *¿Tú quieres estar a mi lado?*-

- [De no ser así, júralo que ya te hubiera matado por la manera en que me estás sujetando] –

Sesshomaru la tenía presa entre sus brazos.

- *Eres perfecta* -

- [Lástima que no pueda decir lo mismo de ti] – sonrió

- *Insolente* -

- [Gracias] – se zafó de su agarre y le hizo una pequeña reverencia en son de burla, [Tengo una duda, ¿Para qué te quieres casar de nuevo?]-

-*Nos casamos por las leyes youkai* - hizo una breve pausa - *Pero en este tiempo no hay constancia de nuestra unión, y debe haberla, por obligación*- finalizó.

- [Definitivamente lo estúpido se pega] –

- *Yo pensaba igual que tú, o mejor dicho, él pensaba igual que tú* - sonrió la bestia refiriéndose a Sesshomaru -*Dime algo, ¿Cuándo piensas darme cachorros?* -

Aquella pregunta generó un ambiente de tensión.

-[¿Qué demonios?]- preguntó en voz baja – [Yo no…] – un rubor cubrió el rostro de la joven.

- Tranquila, yo tampoco estoy lista – le sonrió Kagome para tranquilizar a la perturbada bestia.

- *Te estoy hablando* - hizo una pausa - *Por cierto, si yo soy Yako, ¿tu nombre es? *-

- [Kasumi] - dijo con una voz suave.

- *Kasumi… lindo nombre* - le susurró al oído. Haciendo estremecer a la joven.

Kasumi inconscientemente dejaba expuesto el lugar de la marca en signo de sumisión.

- *Digas lo que digas, tu cuerpo sabe que eres mía* - recorrió con su lengua la marca en el hombro de Kagome.

Ella solo se limitó a ser consentida por las caricias de su macho.

A pesar de los fervientes deseos demoniacos de demostrarse su amor, no podían, pues causarían gran estragos en la pequeña habitación, por lo que lucharon para controlarse, tomando el control de sus cuerpos.

- Kasumi… de verdad es un lindo nombre – comentaba Kagome en un tono suave - ¿Todos ustedes tienen un ser alterno dentro de ustedes? – dirigió su mirada a su pareja, quien se deshacía de la camisa que llevaba puesta, dejando su bien contorneado tren superior a la vista.

- Generalmente, hasta el momento no he escuchado de algún demonio que no la posea – se recostaba en la cama.

- Ya veo – Kagome, se quitaba su blusa y falda quedando en ropa interior, mientras buscaba su ropa de dormir, pero el recuerdo del "atraco" le hizo optar por tomar un baño rápido.

Una vez listos, se acomodaron en la cama dejándose llevar al reino de los sueños.

Del otro lado del pozo, un ser cubierto por una capucha, observaba el pozo por el que se habían ido la Miko y sus acompañantes.

- ¿A dónde diablos fueron? – Se preguntaba – Parece que no es la primera vez… -

- Señor, ¿Qué hará? – le preguntaba un sirviente que lo acompañaba.

- Por ahora nada, esperaremos que regresen, tomen a los líderes del clan de hombres lobos, y envíen un mensajero al palacio de la Luna –

La luna que salió por breves segundos, dejó ver una sonrisa maligna.

Un enorme ejército se dirigía a las cuevas de la tribu de los hombres lobo, ordenado por Shigoku.

En las cuevas, todo iba transcurriendo con normalidad, hasta que los vigías, divisaron una nube oscura acercándose sospechosamente a sus dominios.

- Alerten a Koga – ordenó uno de los hombres.

- ¡Sí! – respondieron otros dos vigilantes, que salieron corriendo lo más rápido que pudieron hacia donde se encontraba su líder.

Al llegar, les costaba mucho respirar.

- ¿Pasa algo? – los recibió Ayame.

- Sí… Señora… - trataban de recuperar el aliento – Una masa oscura se dirige a gran velocidad a nuestras tierras –

- ¿Cómo dices? – Koga entraba a la cueva con la cacería del día - ¿Cuánto demorará en llegar aquí? –

No habían sido atacados por nadie desde que Naraku fue derrotado, no obstante él había insistido en continuar con los entrenamientos de todos los miembros de su tribu, solo por precaución.

- Considerando la velocidad, digamos que en unas tres horas… - alguien noqueó al lobo de cabello rubio, dejándolo tirado en el suelo.

- Digamos que no es bueno haciendo cálculos… - Aquel ser, se quitaba su capucha.

- ¡Shigoku! – Koga se ponía por delante de Ayame - ¡¿Qué quieres?! –

El rubio avanzaba despacio hacia la pareja.

- Yo… nada en especial, sólo los privaré de su libertad un tiempo – sonrió el joven de ojos rojos.

- Sobre mi cadáver – Goraishi aparecía en las manos de Koga, atacando de improvisto al ser no deseado.

Pudo alcanzarlo con su ataque, pero había algo que no estaba bien, Shigoku no se movió ni un milímetro.

Sólo se giró y al ver las telas rasgadas, Koga se dio cuenta que había atacado a una marioneta.

- Sabía que no te resistirías a atacarme – sonrió, y un gas potente comenzó a salir a velocidad del área afectada por el Goraishi de Koga.

Ayame intentó escapar, pero la cueva había sido sellada por alguna clase de magia.

- ¡Koga! – tosía al sentirse abrumada por el gas - ¡No podemos salir! – se cubría la nariz con un trozo de piel.

- ¡Maldito! – Le gritó Koga, pero al intentar atacarlo, sus piernas fallaron, haciéndolo caer de lleno contra el suelo - ¿Qué me has hecho? – dijo entre dientes.

- Ustedes son muy débiles, solo es un poco de veneno que ataca directamente su sistema nervioso, es todo – sonreía aquella marioneta – ahora el resto de la tribu-

Otros seres encapuchados entraron en la cueva, tomando a Koga y Ayame con ellos, y atando a los otros dos que habían quedado atrapados junto a ellos.

Poco a poco la marioneta se iba reconstruyendo.

- ¡Atención mis queridos lobos! – Gritó desde lo alto - ¡Tengo a sus líderes como rehenes! – Hizo levitar a Koga y a Ayame, quienes no podían moverse, solo respirar les costaba un mundo – Espero que esto les haga saber que no tienen más opción que obedecerme – sonrió triunfante – Para empezar, atacaremos una asquerosa aldea… - miró de reojo a Koga, quien pudo comprender a que aldea se refería…