ÚLTIMO CAPITULO GENTE HERMOSA… Y ME GUSTARÍA AGRADECEROS POR TODO EL APOYO QUE LE HABÉIS DADO A ESTA HISTORIA. ES MUY ESPECIAL PARA MÍ PORQUE ES MI PRIMERA HISTORIA Y ME DA MUCHA PENA DE QUE YA SE ACABE. PERO BUENO, VENDRÁN MUCHAS MÁS Y ESPERO QUE ÉSTEIS ALLÍ PARA DISFRUTAR DE ELLAS.
ME GUSTARÍA MENCIONAR A UNAS PERSONAS QUE SIEMPRE ESTÁN BRINDÁNDOME SU APOYO… SI… SOIS VOSOTRAS ADRI, NATALIA, AMALIA, ANNA Y CONNIE. HAN SIDO JUNTO CON ESTE 29 CAPITULOS… CHICAS GRACIAS POR HABER ESTADO ALLÍ DESDE UN PRINCIPIO. OS ADORO ;)
Y SIN MÁS DILACIÓN AQUÍ ESTÁ EL ÚLTIMO CAPITULO.
GRACIAS.
.
El último sinsajo
.
Capitulo 29
.
Me despierto. Los ojos comienzan a picarme y con dificultad los abro poco a poco. ¿Dónde estoy? Todo lo que consigo ver es de color blanco y escuchando un poco mejor, puedo distinguir un pitido constante que es bastante molesto.
Giro la cabeza hacia la derecha y hacia la izquierda, y veo un aparato extraño conectado a mi brazo. Me doy cuenta que eso es lo que está provocando el pitido.
Eso significa que estoy viva.
He sobrevivido a los Juegos del Hambre.
Hago el esfuerzo de recordar lo último que ha pasado. Y solo hay una cosa de la que estaba segura.
Coin está muerta.
¿Acaso eso significa que toda esta pesadilla ha acabado? ¿Y mis padres? ¿Ellos están bien? ¿Dónde están todos? ¿Estarán todos bien?
Las preguntas, dudas y miedos comienzan a apoderarse de mí y empiezo a inquietarme. Me remuevo con dificultad en mi cama e intento quitarme el molesto aparato de mi brazo pero no lo consigo. Entonces la puerta se abre… y las lágrimas comienzan a recorrer mis mejillas.
-Hola mi vida. –mi madre me saluda y me abraza sin darme tiempo a responderla.
Su olor me vuelve a inundar. Cómo la he echado de menos… ha pasado demasiado tiempo y lo más importante de todo es que ella está bien. Una parte de mí se queda más tranquila. Pero espera…
-Mamá… y ¿papá? –pregunto asustada.
-Está bien. –me sonríe y acaricia mis mejillas. –Sólo tiene heridas leves pero está bien. Le están quitando los puntos y ahora viene a saludarte. –me informa. -¿Te sientes mejor?
-Mareada… y molesta por este aparato. –me quejo. -¿Y los demás? ¿Finnick está bien?
-Lo está. Annie está con él ahora mismo. Su pierna está mejorando. –me besa en la coronilla. –Es mejor que no te alteres demasiado.
Justo entonces mi padre entra en la habitación e imita a mi madre, pero esta vez nos rodea a las dos. Oigo a mi madre reír… Nunca la había escuchado reírse de esta manera despreocupada, feliz.
Sí. Mi madre está feliz.
-Ten cuidado… las heridas se te volverán a abrir. –le advierte mi madre una vez que mi padre nos deja en libertad.
-Me da igual… porque tú estarás allí para curármelas. –y le roba un beso en los labios.
-Ughh… ¡Papá! ¡Hay niños delante! –exclamo divertida. –Aunque… me encanta veros así.
-Y a mi me encanta veros llenos de vida. –mi padre me acaricia las mejillas. –Vuelves a tener ese color que tanto adoro mi vida.
-Prim… hay algo… que nos gustaría decirte. –de repente habla mi madre.
-¿Qué es? –y me asusto por si es algo malo que nos va a volver a arruinar esto.
-Sabemos que quizás no sea el mejor momento pero… aquí está… y queremos decirte que estamos muy felices por ello. –habla mi padre siendo siempre tan sensible.
-Decidme… me estáis asustando. –balbuceo.
-Estoy embarazada Prim. –suelta mi madre junto a mi padre muy sonriente. –Vas a tener un hermano.
Espera que tengo que asimilar la información… mi madre… está embrazada. Voy a tener un hermano… pequeño.
Mis padres me observan con atención, esperando cualquier señal a través de las expresiones de mi rostro. Y obviamente muestro una gran sonrisa. Un hermano… un ser inocente fruto del amor de mis padres… ¿acaso puede haber una noticia mejor? Abrazo a mis padres con fuerza y comienzo a llorar de felicidad. Voy a tener un hermano… y lo mejor de todo es que va a nacer en un entorno sano… sin que los Juegos acechen su futuro. Un niño que va a ser la nueva luz de nuestro hogar.
-Soy muy feliz. –les digo.
-Todos lo estamos. –murmura mi madre.
A pesar de toda la felicidad que me invade… sigue habiendo algo que no me encaja… me falta algo…
Y entonces recuerdo a aquellas personas que dieron su vida por mí. Aquellas personas a quiénes les debo la vida. Aquellas personas que no dudaron en arriesgar su vida… por mí.
Caleb y Brent. Uno de los recuerdos que tanto quiero olvidar es aquel momento en que los dejé atrás. Recuerdo humo… mucho humo… balas… bombas… sangre. De nuevo las lágrimas aparecen por mis mejillas, y sin darme cuenta ya estoy sollozando de nuevo. Mis padres me miran preocupados y creo que se hacen una idea de las razones de mis lágrimas.
-¿Hace cuanto que llevo dormida? –pregunto.
-Tres días, mi vida. –contesta mi madre.
-Y… ¿ha habido alguna noticia de la que deba enterarme? –pregunto… con mucho miedo.
Mis padres no responden. Se quedan mirándose el uno al otro sin decir una palabra. Puede que quizás solo estén ahorrándome un mal trago… después de todo, lo que me tengan que contar ahora ya lo sabía desde un principio, solo que como un idiota… me he estado haciendo ilusiones.
-De hecho… -murmura mi padre.
-Peeta… -le frena mi madre.
-Tarde o temprano tiene que saberlo amor…además… es mejor ahora que tarde. –habla mi padre.
-¿De qué estáis hablando? –digo yo impaciente.
-¿Katniss? –pregunta mi padre.
Mi madre toma un gran suspiro y me coge la mano.
-El equipo de Daren encontraron dos heridos… -cuenta mi madre sin dejar de acariciarme la mano.
-Brent y Caleb… -susurro. -¿Dónde están? –y no puedo evitar removerme ansiosa pero a la vez asustada.
Si han encontrado a mis amigos… ¿por qué actúan de esa manera? ¿No deberían estar felices? ¿Es que hay algo más que me están ocultando?
-¿Y a qué vienen esas caras? –pregunto.
-Tenían las heridas demasiado graves Prim… A Caleb apenas le quedaba sangre y bueno… Brent tenía balas por todo el cuerpo…
-Pero están aquí… -murmuro nerviosa. –Están vivos… ¿verdad? –se me rompe la voz.
Mis padres de vuelven a mirar y yo les insisto a seguir. Algo debe de andar mal… y no me gusta para nada.
-Caleb… tiene la herida curada y se está recuperando con las transfusiones. Estuvo una semana inconsciente… pero… está bien. –cuenta mi padre cabizbajo.
Vale. Caleb está bien. Al menos eso dicen. Pero… Brent… no…
-¿Y Brent? ¿Cómo está? ¿Sigue…vivo? –intento reprimir mi sollozo.
-Brent… estaba muy grave Prim. –comienza a hablar mi madre.
-¿Qué…? –lloro.
-Las balas hirieron órganos muy importantes… también perdió mucha sangre… fue el más complicado de los dos… -sigue mi padre.
-Pero está vivo… ¡Decidme que está vivo! –exclamo impaciente.
-Está muy grave Prim… nadie sabe lo que puede pasar. –aclara mi madre.
-Eso significa que está vivo… -murmuro. -¡Quiero verlo!
Enseguida me levanto pero mi padre me agarra con fuerza. Mi madre sale de la habitación para llamar al médico. Pero yo no quiero que me hagan dormir ahora… no hasta que vea que Brent está bien. Lloro y suplico a mi padre pero él sólo evita mis miradas. Mi madre vuelve con alguien que viste una bata blanca y ambos se acercan a mí.
-Tranquila Prim… -susurra mi madre.
-¡No! ¡Quiero verlo! –grito.
-Prim… shhh… -me calma mi padre. –Él es el médico de Brent…
Y me calmo. El señor me dedica una sonrisa y me tiende una mano.
-Me alegro conocerte al fin, Prim. Él lleva días queriendo verte. –me dice.
¿Lleva días queriendo verme? ¿Él? ¿Se refiere a Brent? Eso significa que está consciente… que puede que no esté tan mal como lo describen mis padres.
.
.
.
El señor me proporcionó apoyo para seguir nuestro camino a través de un largo pasillo. Mis padres no les estaban permitidos seguir en esta parte del hospital.
-¿Él está bien? –pregunto al señor.
-Bueno… no puedo darte muchos detalles Prim. –murmura. –Sólo quiero que mantengas la calma… él está muy débil.
-Pero está despierto… eso tiene que significar algo… ¿no?
-Estamos aquí.
Me doy cuenta que el médico intenta evadir mis preguntas. Sinceramente, ahora mismo ya no me importan… ahora voy a verlo y seguramente él mismo podrá responder todas mis dudas.
Y abrimos la puerta.
Casi no le reconozco. Al igual que mi habitación ésta también es muy blanca… también hay una cama como la mía… y la gran diferencia es que… hay muchos aparatos enganchados a su cuerpo. Y creo que esas máquinas… son las que le están manteniendo con vida.
Comienzo a llorar. A esto se refería mis padres. Y el médico ya me había advertido de que estaba muy débil… pero nadie mencionó que estaba vivo gracias a éstas máquinas enganchadas a él.
Un dolor insoportable se apodera mí. Verlo de esa manera… me mata. Y pensar que todo esto fue por mi culpa… si no lo hubiera abandonado… esto nunca habría sucedido.
-Creí… creí que estaba consciente… -le susurro al médico.
-Apenas lo hace…
-Pero… pero usted me dijo que estaba buscándome…
-Y lo hace… murmura tu nombre en sueños… y creemos que su mente sigue estando en la arena… buscándote.
Mis lloros se hacen más evidentes. ¿Cómo le puede pasar esto a una persona que sólo ha hecho el bien durante toda su vida? ¿A una persona que ha sufrido tanto como él? Pero supongo que esto es el precio que pagan todos los que sobreviven a los Juegos.
-¿Podría… quedarme a solas con él? –pregunto al médico.
-Por supuesto… pero sólo te puedo permitir unos momentos.
-Gracias.
Antes de dejarnos, el médico me ayuda a sentarme en la silla que está al lado de su cama. Miro el rostro de mi amigo… totalmente cambiado. Llenos de cicatrices aún sin curarse… sus labios tiene un leve corte… sus ojos cerrados pacíficamente… Parece tan tranquilo… tan ajeno a lo que le está pasando. No puedo evitar rozar sus mejillas, y puedo notar la aspereza de su barba… y lo que más agradezco… es poder sentir esa calidez que me dice que aún sigue vivo.
Me reincorporo y beso su coronilla. Él no merece estar pasando por esto, y podría seguir autoculpándome… pero sé que él no querría eso… él no querría que me culpara por su estado… Y entonces recuerdo lo que me dijo el doctor. Él me estaba buscando. Y aquí me tiene a su lado. Y debe saberlo.
-Brent. –murmuro. –Brent… sé que muy el fondo me oyes… Y estoy aquí. Quiero que sepas que estoy aquí a tu lado. Y estoy bien. Todo se ha acabado. Por fin somos libres.
Sigo mirando sus ojos cerrados. Su expresión tan serena.
-Tienes que ponerte bien. Hay tantas cosas que quiero contarte. Mi madre está embarazada, Brent. Voy a tener un hermano… o una hermanita. –lloro. –Caleb está recuperándose… y… -trago. –Leo… Leo cumplió su promesa de mantenerme con vida.
Le sigo observando con la esperanza de que me esté oyendo.
-Por eso tienes que despertar y ponerte bien… debes hacerlo por favor… -suplico.
Los pitidos son los únicos que me responden. Él sigue tumbado y tranquilo. No ha cambiado nada.
-Ya estoy aquí Brent. Y estoy bien. –beso su frente. –Te quiero.
Y un silencio invade la habitación. Me quedo observándolo. Algo comienza a no encajar. Los pitidos… han dejado de sonar.
En un abrir y cerrar de ojos, el médico aparece agitado junto a otras personas en la habitación. Mis padres también aparecen tras ellos. El miedo comienza a invadirme.
No… no puede ser.
El doctor le quita la camiseta a Brent y le aplica algo viscoso por todo el abdomen. Mientras tanto los otros doctores chequean los aparatos que han dejado de sonar hace varios minutos. Se produce un golpe en la cama. ¡Están electrocutando a Brent!
Enseguida me pongo nerviosa e intento protegerlo pero mis padres me sujetan firmemente. Entonces me doy cuenta de que lo están reanimando… están despertando su corazón… y están fallando.
Todos se quedan quietos. Y ocurre lo que más he temido durante todo este tiempo. El doctor se gira para ladear la cabeza sin ánimos, y mi padre me estrecha entre sus brazos.
Brent… ya no está.
Creo que nunca había llorado de esta manera. Golpeo el pecho de mi padre por la impotencia que siento de no haber podido hacer nada. Él no merecía tener este final. Él nunca había hecho nada malo… ¿por qué le tiene que pasar esto?
Logro escaparme de los brazos de mi padre y salgo corriendo hacia el largo pasillo sin saber adónde ir. Las piernas aún no me responden correctamente asi que tropiezo varias veces… pero me sigo levantando. Ya que lo único que quiero es salir de aquí. Quiero evadirme de todo este dolor que siento.
Pero fallo. Me rindo. Me arrodillo en mitad del pasillo y lloro como jamás lo había hecho. Debería estar agradecida por haberle visto al menos antes de que dejara de respirar. ¿No es eso lo que quería? ¿Verle al menos una última vez? Pero… supongo que estar con él… mis deseos voló más alto que quiso que él se pusiera bien.
Hemos pasado por tantas cosas. Él me salvó la vida mientras que yo no pude hacer nada por el suyo. Él me brindó el apoyo que tanto necesitaba cuando estaba sola… él acompañó mis noches más solitarias. Él siempre estuvo allí. Él será siempre especial para mí.
Entonces siento unas manos cálidas posándose sobre mi hombro. Aquellas manos me ayudan a reincorporarme… y una se dirige a mi rostro para levantarlo… y así descubrir quién es esa persona que me está reconfortando en estos momentos.
-Lo siento mucho, Prim. –susurra.
-Él ya no está… Brent ya no está… Leo.
Y lo último que recuerdo es haberle abrazado… hasta caer en un profundo y largo sueño.
.
.
.
Las cosas poco a poco están volviendo a la normalidad. Junto a mis padres nos quedamos unas dos semanas más en el distrito 13, más tarde me enteré de que estábamos alojados en el hospital del distrito para hacerme varios exámenes más. Una vez vieron que estaba completamente recuperada me dieron de alta y el permiso para volver a casa.
En realidad volvimos todos juntos a nuestras casas. Finnick y Caleb también fueron dados de alta pero tenían que quedarse en reposo. Johanna y Haymitch también tuvieron heridas leves como mi padre pero están perfectamente bien. Todos juntos, como una gran familia volvimos a nuestro hogar.
A parte de los viejos amigos, también hicimos otros nuevos. Entre todos ellos destacan Lucy y Daren. Ellos se han portado muy bien con nosotros… y les debemos la vida. Daren volvió a Lenya y bueno… Lucy siguió con su trabajo.
Ahora nadie gobierna sobre Panem. Ahora Panem es libre y forma parte, junto a Heria, Lenya, Ozume y Kurtio, la Organización Mundial Unida. Al parecer esto se encarga de mantener la paz y los derechos naturales de todos los habitantes de Panem y los demás países. También están construyendo un proyecto para que gente de diferentes partes puedan viajar en los demás países con total libertad. De momento se han establecido unas elecciones para elegir el representante de Panem en las diferentes Asambleas que se van a celebrar, cada dos años se celebrará dichas elecciones para que los propios habitantes sean los que elijan su gobernante.
Todo este nuevo sistema ha sido planteado por la organización ya que todos los demás países lo siguen. Y creo que es una idea bastante buena para mantener el orden y que nadie vuelva a sobrepasarse con el poder.
Todo esto fue explicado en los demás distritos, quiénes estuvieron en total de acuerdo.
Una de las cosas que me gusta de toda esta reforma, es el proyecto de reconstrucción de todos los distritos. De momento es un proyecto pero están reclutando voluntarios por todas partes aunque Finnick, Caleb, Johanna… incluido mis padres y yo, nos hemos hecho voluntarios para dirigir las que se van a hacer en nuestros distritos.
-¿Puedo hacerte compañía? –murmura Caleb sacándome de mis pensamientos.
-Claro, pasa. – sonrío a mi amigo.
Caleb cierra la puerta de mi cuarto y hace su camino para acompañarme en el sofá. Desde que nos volvimos a ver no hemos tenido el tiempo de charlar… simplemente porque tampoco tuvimos muchas ganas ni ánimos cuando estábamos en el hospital… y sólo hay una razón por eso.
La muerte de Brent no sólo me ha afectado a mí. Caleb y mis padres también se vieron muy afectados. Mis padres porque en parte, y no creo que se cansen de decirlo, y es que le deben mi vida. Mientras que Caleb, Brent y yo hicimos lazos muy fuertes con él, estuvimos desde el principio con él y eso es algo que siempre nos a va a dejar marcado.
Organizamos un memorial para él, es lo menos que se merecía, y todos estuvieron presentes para honrarlo. Después de todo, fue el último tributo en morir y todos le recordarán como aquel que arriesgó su propia vida para salvar a sus compañeros.
-Falta poco para que lleguemos al distrito 10. –murmura Caleb a mi lado.
-Debes de estar muy emocionado. –le digo.
-Quién iba a decir que un enclenque como yo iba a sobrevivir en los Juegos… -suelta.
-No digas eso Caleb… no eres ningún enclenque… y nadie podrá decirte eso después de todo por lo que pasaste.
-¿Sabes lo gracioso? –me pregunta con ironía. –Que me recibirán como un héroe en mi distrito cuando yo no he hecho nada.
-Te recibirán como un héroe porque eso es lo que eres. Y claro que has hecho algo… has sobrevivido.
-Me siento… me siento mal porque me parece injusto que yo haya sobrevivido y él no.
-Caleb. –le miro fijamente. –Ya te he dicho que no tienes la culpa. Los dos estabais muy mal… y Brent no pudo recuperarse… eso es todo. Debemos aprender a no echarnos la culpa a nosotros mismos.
-Supongo que lo único que nos queda es intentar pasar página. –suelta.
-Si… pero… él nunca nos dejará… siempre estará con nosotros.
Nos quedamos varios minutos en un silencio cómodo. Caleb tiene razón, lo único que nos queda es pasar página… después de todo nos quedan muchos recuerdos bonitos aún por llegar y olvidar aquellos que son dolorosos. Pero hay algo de la que estoy muy segura… es que yo nunca le voy a olvidar.
-¿Y Leo? –de repente salta Caleb.
Leo. La persona que ha sido mi apoyo durante este tiempo. Es increíble que la última vez que estuvimos en el distrito 13 él me miraba de aquella manera tan atemorizante y ahora se preocupa por todo lo que me pasa. Sinceramente aun no me acostumbro pero… cada vez que está cerca de mí me siento más tranquila y segura.
Su relación con mis padres es uno de los acontecimientos más sorprendentes que ha pasado en estas últimas semanas. Ahora ya es algo muy normal verle con mi padre charlando o con mi madre estando muy atento sobre las historias que le cuenta sobre su padre. Aunque no todo fue bueno para él estas dos semanas… tuvieron que atenderle por el trauma sobre su abuela. Después de todo ella era su abuela y bueno… no creo que matarla haya sido fácil para él.
Cada vez que estamos juntos intentamos evitar ese tipo de conversaciones y por eso sólo le cuento cosas sobre nuestro distrito… porque claro… él es del distrito 12 después de todo. Él también me cuenta cosas sobre su vida y el tema que más le gusta es hablar de su madre. Él adora a su madre y poco a poco siento que es como si le conociera de toda la vida. Es increíble pensar en eso de una persona que no hace tanto tiempo te quería matar.
-Se ha quedado en el distrito 13. –le cuento.
-Creí que quería visitar el 12. –sonríe Caleb. –No para de hablar sobre todas las cosas que le gustaría ver.
-Sí. –sonrío al recordar lo emocionado que está de conocer nuestro distrito.
-¿Te lo imaginabas así? –de repente me pregunta mi amigo.
-¿El qué? –le pregunto confusa.
-Que nos haríamos inseparables… digo, es como si el Leo que conocimos al principio solo era una disfraz.
-Lo era… era un disfraz que le tenía cegado de la realidad. Pero ahora le conocemos… el Leo de verdad… y me gusta. -sonrío.
Noto a Caleb sonreír silenciosamente para después dedicarme una mirada tierna. Yo le miro confusa de nuevo pero él solo niega con la cabeza y con esa sonrisa.
-Serás muy feliz Prim. –susurra. –Lo presiento.
Me toma por sorpresa cuando me estrecha entre sus brazos y yo le correspondo. Sigo estando un poco perdida ante la situación. Está claro que todo esto tiene un segundo significado y no entiendo…
-Me encargaré de hablar con él personalmente. –me dice justo antes de cerrar la puerta y dejarme completamente sola en la habitación.
Sola y desconcertada.
.
.
.
El olor a pan recién hecho de mi padre me despierta. Y creo que es una de las maneras más bonitas de despertar. Después de todo, nadie hace el mejor pan que Peeta Mellark.
Me enderezo y me doy una ducha rápida antes de bajar corriendo para desayunar. Nada más abrir la cocina allí está, como casi todas las mañanas, mi madre estampándose un plato lleno de bollos con queso ante la atenta mirada y divertida de mi padre.
-¿Quieres que te prepare más para esta tarde? –le pregunta mi padre limpiándole la comisura de la boca.
-Aja. –asiente mi madre con la boca llena. –También podría llevar algo para los trabajadores de construcción.
-Entonces me pondré en ello. –mi padre le sonríe.
Creo que a mi madre le ha dado el antojo por los bollos de queso de mi padre, y bueno, a quién no. La verdad es que últimamente está comiendo mucho y ya se lo nota la barriga. Estoy tan impaciente por ver a mi hermana… o hermano claro.
-Buenos días. –saludo a mis padres y les dedico un beso a los dos. –Buen provecho mamá. –bromeo.
-Pero venga ya… tampoco he comido tanto. –me dice. -¿Verdad, Peeta?
-Claro que no… cada vez comes menos amor. –me padre me sonríe.
-Me alegro divertiros a ambos. –nos sonríe irónica. -¿Vas a venir conmigo Prim?
-Había pensado pasar por el orfanato para ayudar y visitar a los niños. –le digo a mi madre mientras me sirvo un vaso de chocolate caliente y me siento a su lado enfrente de mi padre. –Pero cuando termine iré a verte en la Veta.
-Bien. –asiente mi madre.
-Entonces yo prepararé lo que vais a llevar a los dos. –mi padre se levanta.
-Gracias papá.
Terminamos de desayunar y cada uno fuimos a hacer nuestras labores. La reconstrucción ha comenzado hace un par de meses y todo va mejor como nunca lo habíamos soñado ninguno de nosotros. Mi madre se ha encargado de supervisar las reconstrucciones de nuevas casas en la Veta, que cada día se está volviendo mucho más hermosa. Mi padre también ayuda a mi madre de vez en cuando debido a su embarazo al mismo tiempo que supervisa la reconstrucción del centro junto con el tío Haymitch. Mientras que en la Veta están construyendo casas, en el centro están remodelando en Palacio de la Justicia y también están construyendo nuevas tiendas. El mismo proceso está ocurriendo en los demás distritos.
También se ha aprobado el sistema de intercambio entre los distritos. Cada distrito proporciona una cantidad de sus cultivos, pesca, carne y elementos a todos los demás distritos. Vamos, se ha creado lo que se llama el Mercado Libre. Ahora todos podemos adquirir los alimentos necesarios y no pasar hambre por un precio razonable. Juntos a esto, la gente tiene que ganar dinero y así alimentar a su familia y creo que este ha sido en proyecto más grande que ha planificado Lucy, se ha creado muchos sistemas de trabajo.
Con la creación del trabajo para todo el mundo, se ha considerado que la educación es algo imprescindible tanto para niños como para los mayores asi que también se están construyendo varios colegios educativos y formativos.
Poco a poco Panem mejora y eso es algo increíble.
-Buenos días Primrose. –me saluda Elena, la encargada del orfanato. –Hoy has venido pronto. –me sonríe y me deja pasar.
-Sí, había pensado llevar a los niños a una excursión por el bosque para respirar aire fresco. –sonrío.
-Me parece muy buena idea. –me sonríe. –Ahora mismo les digo que se preparen, mientras tanto ¿podrías ayudarme a ordenar unos documentos del despacho?
-Claro. –y hago mi camino hacia el despacho.
Comienzo a ordenar los documentos y guardarlos en los respectivos cajones. Entonces el teléfono comienza a sonar.
-Orfanato del distrito 12, Primrose Mellark al hablar ¿en qué le puedo ayudar? –saludo animada en la línea.
-¿Prim? –y su voz suena desde el otro lado de la línea.
-¿Leo? ¡Leo! –me emociono. -¡Hola!
-Hola Prim, ¿cómo estás? –me pregunta. –Sabía que te iba a encontrar allí, te he estado llamando en vuestra casa y no responde nadie.
-Sí, estamos bastante ocupados por aquí. –le cuento. -¿Y tú cómo estás?
-Aquí, ocupado al igual que tú. –y noto que sonríe. –No te imaginas de lo mandona que se puede poner Lucy.
-No, la verdad es que no. –sonrío. -¿Y ya has hablado con ella sobre tu visita aquí?
-¿Me echas tanto de menos? –me pregunta le muy creído.
-Seguro que no tanto como tú me echas de menos a mí. –sonrío y más tarde me doy cuenta de lo que le acabo de decir. –Ehh…
-Cierto. –murmura. –Te echo de menos.
-Entonces… -balbuceo. -¿No tienes fecha para venir a visitarnos?
-No… -suspira. –Aún no desgraciadamente. Aquí necesitan mucha ayuda asi que…
-Entiendo. –suspiro. –Rory y los demás están impacientes por verte.
-Y yo… bueno, me gustaría conocer a toda mi familia… ya que sólo pude ver a Rory cuando vino a visitarme.
-¿Me prometes que intentarás venir cuando puedas? –le pregunto intentando no sonar decepcionada.
-Por ti lo que sea. –susurra. –Me tengo que ir. Me buscan. Te llamaré esta noche. –se despide. –Tan solo te quería saludar.
-Está bien, estaré esperando. –sonrío. –Cuídate Leo.
-Tú también Prim. –se despide. –Saluda a Peeta y Katniss.
-Lo haré. –intento sonreír.
Y se corta la línea.
Han pasado varios meses desde la última vez que vi a Leo, es decir, desde que volvimos a casa. Habíamos hablado de que él nos seguiría y que se quedaría aquí durante un tiempo para conocer a los Hawthorne. Al único que conoce de momento es Rory que fue a visitarnos cuando fuimos rescatados. Pero se ve que todavía queda mucho tiempo para que él venga y sinceramente… lo echo de menos.
Es increíble que en tan poco tiempo una persona pueda desarrollar un cariño inmenso hacia otra persona. Eso es lo que me pasa con Leo.
Sé que ambos hemos pasado por malos momentos pero él siempre ha estado allí para mí, como si él no tuviera sus propios problemas… Él siempre ha sabido dónde y cuándo estar cuando se le necesita. Por eso creo que yo haya podido desarrollar una dependencia hacia su compañía. Y por eso me hace sentirme muy mal no poder saber cuándo podré volver a verle.
-Primrose… -Elena me saca de mis pensamientos. –Los niños están listos.
-Está bien. Ya te lo he organizado todo. –le informo.
-Gracias. –me sonríe.
Agarro la mochila donde mi padre nos ha preparado la merienda y salgo del despacho.
-¡Prim! –los niños gritan al unísono cuando me ven.
-¡Hey! –nos damos un abrazo en grupo. -¿Estáis listos?
-¡Si! –exclaman.
-Bien. –sonrío. –Iros yendo hacia la puerta y ahora voy.
Se me había olvidado avisarle a Elena de que los niños se quedarán a comer conmigo asi que salgo corriendo hacia el despacho para informarla. Una vez hecho eso me voy caminando hacia la salida pero me encuentro con Ella, una de las niñas pequeñas del orfanato.
-¿Se te ha olvidado algo Ella? –pregunto.
-No… -murmura. –Es que hay alguien que te está buscando afuera.
-¿Quién? ¿Mi papá… mamá? –pregunto curiosa.
-No… no son los señores Mellark. –niega con la cabeza.
-Entonces… vayamos a ver quién es. –agarro la mano de Ella y nos ponemos a caminar hacia la puerta.
Me encuentro con todos los niños mirando hacia fuera de la puerta y cuando se dan cuenta de mi presencia todos giran para mirarme.
-Prim… es el chico que estaba contigo. –me dice otro de los niños.
-¿Qué…? –la miro confusa y abro la puerta.
-¿Me echabas de menos?
-¿Leo? –me quedo sorprendida. -¡Leo!
Como si mis pies tuvieran vida propia salgo corriendo estampándome contra suya. Él me rodea con sus brazos y me estrecha contra él.
¿Pero qué…? ¿Por qué…? ¿Cómo…?
-No has respondido mi pregunta. –me susurra en el oído mientras me deja en el suelo y besa mi coronilla tomándome por sorpresa.
-Mucho. –susurro. -Pero si me acabas de llamar… ¿cómo?
-Te llamé desde la casa de Haymitch. –sonríe enseñando todos los dientes. –Creí que lo notarías pero al ver que no tenías ni idea pues decidí jugar un poco.
-No me lo puedo creer… -murmuro y le doy un codazo. -¡¿Por qué no me avisaste?!
-Entonces ya no sería interesante, además fui a la Aldea de los Vencedores primero para darte la sorpresa pero supongo que no eres un Mellark si no madrugas.
No sé si de verdad ya he perdido la cabeza pero no puedo evitar volver a abrazarle. Ahora soy yo quién le toma por sorpresa pero obviamente él no duda en corresponderme. No sé pos cuanto tiempo nos quedamos así pero creo que han sido unos cuantos minutos porque los niños comienzan a carraspear y reír.
-Prim… ¿estás llorando? –de repente me pregunta Leo.
-No… -aunque era mentira. No fui capaz de frenar mis lágrimas de felicidad.
-No llores Prim. –me acaricia las mejillas para secármelas. –No vine aquí para verte llorar.
-Lo sé… lo siento. –me doy la vuelta y veo a los niños y a Elena muy sonrientes. -¡Oh! Ven. –agarro la mano de Leo y le conduzco para presentarle. –Niños, Elena, os presento a Leo aunque supongo que ya le conocéis.
-Tú eres la que cuidaba a Prim. –le apunta una niña.
-Pero también quería hacerla daño… -murmura otro niño.
Leo se acerca al niño y se sienta de puntillas para estar a su altura.
-Te pido lo siento por eso. –le susurra al niño. –Ahora lo único que quiero hacer es protegerla y hacerla feliz. –no sé pero eso me ha hecho ruborizarme. Entonces Leo le susurra algo en el oído al niño y éste le sonríe a modo de complicidad.
-Me cae bien Prim. –de repente exclama el niño haciendo estallar en risas a todo el mundo.
-Me alegro. –les digo. –Leo… ella es Elena, la encargada del orfanato.
-Hola Leo. –saluda Elena.
-Encantada Elena. –se estrechan las manos. –Estos niños… ¿los han abandonado sus padres? –pregunta Leo muy interesado.
-Muchos son hijos de mineros que han muerto… y bueno las madres murieron durante el parto debido a las condiciones de vida de antes. –cuenta Elena. –Y otros simplemente han sido abandonados debido a la pobreza.
Leo escucha con atención a Elena y le promete que hablará con Lucy para ver si ella puede hacer algo con los niños. Me sigue sorprendiendo que en realidad él sea así… alguien que se preocupa por los demás…
-¿Os ibais en alguna parte? –me pregunta Leo.
-Nos vamos de excursión por el bosque… -cuento.
-¿Puedo ir con vosotros? –me pregunta como un niño pequeño.
-¿No prefieres ir a ver primero a Rory?
-Quiero ir contigo… -susurra. –Asi que iremos después de llevar a los niños a la excursión.
-Está bien. –suspiro. –Entonces vámonos.
No sé si es pura imaginación pero…ahora el sol brilla más que nunca.
.
.
.
Los niños corren, ríen y se divierten en el bosque… cosas que hace unos meses significaba la muerte. A pesar de presenciar todos los cambios que se está produciendo no sólo en el distrito 12 sino también en los demás distritos aún no me acostumbro. Sé que todos son cambios positivos pero es que… todo está yendo demasiado bien que a veces siento que estoy soñando y que en realidad sigo atrapada en esa red de humo en la arena, o peor de todo, en aquella habitación a solas con Coin.
Supongo que poco a poco me acostumbraré. El tiempo lo dirá.
-Estás muy callada. Creí que te morías por verme. –Leo me da un codazo cariñoso y me dedica una sonrisa.
-Más quisieras. –susurro siguiéndole el juego. –Tan sólo pensaba.
-¿Sabes? –me dice. –Les tengo envidia.
-¿A quiénes? –le pregunto confusa.
-A ellos. –apunta a los niños.
-¿Y eso?
-No sé… ellos están creciendo sin sus padres ni ningún familiar pero son felices. –murmura. –Y yo… crecí con una abuela pero nunca me sentí feliz del todo. Era como si algo me faltara.
-Bueno, ahora tienes a toda una gran familia esperándote. –sonrío. –Y estoy segura que ellos te están esperando con los brazos abiertos.
-No me los merezco. Después de todo lo que he hecho…
-Hey… no eres como tu abuela. –le digo agarrando su rostro para me mire fijamente. –Nunca lo fuiste… Ahora tienes que pensar en todo lo bueno que puedes hacer por tu nueva familia… y quizás por ellos. –miro a los niños.
-¿Qué he hecho para merecerte, Prim? –de repente me pregunta con ojos brillante, algo que me toma por sorpresa.
-Has sido tú… me has demostrado quién es Leo en realidad. –sonrío. –Y me gusta.
-Y yo te doy las gracias por ello. –me sonríe.
No sé pero no me gusta a donde está yendo nuestra conversación. ¿Por qué mi corazón comienza a latir deprisa cada vez que me mira? ¿Por qué me siento muy bien cada vez que le tengo cerca?
-¿Por qué me miras así? –de repente me pregunta divertido.
-¿Ehh? –mierda.
-¿Qué por qué me miras así? –sonríe.
-No te estoy mirando de ninguna manera. –intento desviar la conversación.
-Ya… -suspira. –Deberíamos volver…
-Si… tienes razón.
Espero que con esto haya acabado la conversación… ¿verdad?
.
.
.
Llevamos a los niños de vuelta al orfanato y en todo el camino estuvimos en silencio. Leo estuvo durante todo el camino jugando con los niños y sin dirigirme ni una palabra. También puede haber sido porque yo tampoco le he dirigido la palabra asi que…
Dejamos a los niños en el orfanato y nos dirigimos hacia la casa de los Hawthorne. Se puede observar que Leo está nervioso. No para de morderse las uñas y de alisar una y otra vez su camisa. La verdad es que verle asi me parece muy gracioso, no sé, un chico tan grande como él nervioso… es algo adorable.
¿Espera? ¿Adorable? No Prim… ya empezamos.
-Leo… -le llamo y él me mira con ojos muy abiertos. Me río.
-¿Huh…?
-Tranquilízate. –le acaricio la espalda y él se endereza. –Te van a encantar.
-Eso no lo dudo pero… ¿y si no les gusto? –me pregunta.
-Leo… ¿en serio me vas a preguntar eso? Eres el hijo de su hermano mayor… -sonrío.
-Estoy actuando como un niño, ¿verdad? –me pregunta ahora riendo.
-Un poco.
-Ya…. –suspira. –Entonces vamos. –me agarra la mano y nos arrastra hacia la Veta.
Creo que hasta el momento… esta es una de las imágenes más bonitas que he visto durante toda mi vida: Leo enfrente de la casa de los Hawthorne mientras éstos le examinan durante unos segundos… quizás sin poder creer lo que están viendo… para después abalanzarse hacia él para abrazarlo…
Mi madre aparece más tarde por la puerta sonriendo y con unas lágrimas recorriendo sus mejillas. Me doy cuenta que yo también estoy llorando… definitivamente por felicidad.
No hay nada mejor que estar con tu familia.
Leo saluda animadamente a sus primos… a sus tíos. Todos ríen y lloran a la vez, y no paran de abrazar a Leo. Éste ríe feliz y entonces se da la vuelta, dedicándome esa mirada tierna y dulce… haciéndome dar cuenta de ese brillo especial en sus ojos grises… Leo está feliz.
Todos pasamos dentro y la mujer de Rory nos invita a cenar. Comienzan a preguntarle a Leo lo que ha estado haciendo, intentando conocerlo más. Como sorpresa éste no para de contarles cosas y preguntarles a ellos también. No sé si habrán pasado horas pero entonces llega mi padre junto a Haymitch. Saludan a Leo muy felices dándole la bienvenida.
Puede que ésta haya sido una de las mejores noches desde que volvimos del 13. Nunca había visto tan feliz a los Hawthorne, que se han encargado de enseñarle a Leo todas las fotos que tenían de su padre y madre, también hay algunos de él cuando era pequeño. Y os puedo asegurar de que era un bebé muy guapo… aunque claro, él lo sigue siendo.
Las horas pasan pero creo que nadie se percata de ello. Todos están tan ocupados con sus conversaciones… pero entonces unas manos cálidas se posan en mis hombros, haciéndome voltear para después sonreír.
-Salgamos afuera. –me dice y yo asiento.
El viento fresco hace que las hojas de los árboles toquen esa melodía de paz y el cielo lleno de estrellas brindan a la noche esa luz tan mágica…
-¿Asi que esto es lo que se siente estar en casa? –me pregunta sonriente y mirando fijamente a la luna.
-Sí. –susurro.
-¿Y cómo se siente cuando tienes a tu lado a la persona más importante de tu vida? –de repente murmura.
Me giro para verlo y me encuentro con su rostro, serio, apacible… con una sonrisa que esconde toda su felicidad.
-¿A qué te refieres? –pregunto confusa.
-No sé qué me has hecho, Prim. –murmura. –Pero no estoy dispuesto a alejarme de ti de nuevo. No creo que lo soporta.
-Leo…
-Estoy dispuesto a esperar… por ti Prim.
No sé por qué lo he hecho pero me di la vuelta y comencé a caminar.
Uno… dos… tres… cuatro… cinco… pasos. Y entonces me di la vuelta. Dándole la cara.
-No tienes por qué hacerlo… creo que yo ya te he esperado lo suficiente.
Y entonces le sentí. Sentí sus suaves labios presionados sobre los míos. Sentí como sus brazos me estrechan más en contra suya. Y por primera vez durante todo este tiempo… sentí amor, mucho amor.
-Prométeme que siempre estaremos juntos… pase lo que pase. –le susurro.
-Siempre.
.
.
.
¿QUÉ OS HA PARECIDO? ESPERO QUE OS HAYA GUSTADO ESTE ÚLTIMO CAPITULO.
JOOO… HEMOS ACABADO CHICOS Y NO SÉ SI SENTIRME TRISTE O FELIZ. ESPERO QUE YO OS HAYA HECHO FELIZ CON ESTA HISTORIA.
SOLO QUIERO DAROS LAS GRACIAS A TODOS POR EL APOYO QUE HE RECIBIDO DESDE EL PRIMER CAPITULO DE ESTA HISTORIA.
MUCHAS GRACIAS.
RECORDAD… EL EPÍLOGO LO SUBIRÉ DESPUÉS DE ÉSTA.
Liz.
