–Capítulo 29–

El túnel de detrás de la Gran Puerta

Con el grito hubieron dejado inconsciente a su profesor. Estaban jadeando y mirando el cuerpo inerte del profesor con rabia, enfado e ira llameante. Sachel clavó un puntapié en el cuerpo, abriendo la puerta y pasando tras ella. Jewel la siguió.

Se cerró la puerta causando un gran estrépito. Unas piedras junto con arena cayeron de encima. Desde luego, ese sitio era muy grande… un lugar cerrado y viejo.

–Vayamos con cuidado –susurró Sachel.

«…ado, …ado, …ado» sonó el eco.

Agarraron con más fuerza aún sus varitas y se cogieron de la mano. Empezaron a caminar. Cada paso resonaba, y estaba todo oscuro. Cuando tropezaban volvían a caer piedras pequeñas y sobretodo arena.

Lumos –susurraron a la vez. De su varita apareció una pequeña luz, asintieron, algo más aliviadas, pero a la vez, más temerosas.

Estaban en un amplio túnel de un solo camino, todo estaba oscuro y olía mal. Se agarraron al brazo de la otra, y lentamente, pero sin parar, continuaron andando.

De repente, Sachel tropezó y la varita cayó de sus manos. Ella no emitió ningún grito, pero mucha arena cayó encima de ella.

–¿Estás bien? –susurró Jewel ayudándola a incorporarse. Sachel de nuevo cogió la varita.

–Sigamos, quiero acabar con esto de una vez –explicó Sachel con voz decidida. Jewel percató de que estaba temblando. Las dos tenían miedo, pero ninguna de ellas otra opción.

Otra vez más anduvieron, y anduvieron, sin parar. Ellas no lo supieron, pero habían andado durante más de dos horas, y estaban cansadas, muy cansadas.

–Oh no… –gimió Sachel. Jewel la miró. Sachel apuntó su varita hacia delante. El camino se bifurcaba–, pensaba que ese cretino de Malfoy nos había mentido pero ahora… qué hacemos? –preguntó muy preocupada– dijo que uno nos llevaría hasta Lord Voldemort y el otro hacia la muerte…

–Dividámonos. –sugirió Jewel.

–¿¡ESTAS LOCA!? –gritó Sachel. Más piedras y más arena cayó encima suyo. El suelo tembló levemente. Jewel se asustó de su arrebato y se encogió de hombros.

–¿Pues qué quieres que hagamos?

–No se pero…

–…¿pero?

Se quedaron en silencio. El tiempo se agotaba. Al final se decidieron. Se separarían. Jewel tomaría el camino izquierdo y Sachel el derecho, solas. Antes de separarse, pero, se abrazaron con fuerza.

Jewel andaba en el mismo ritmo que antes, pero dudando cada vez más. Por suerte, ese era de nuevo un solo camino. Un camino liso, sin piedras por el camino. Todo estaba oscuro menos la luz que procedía de su varita…

…y la luz del final del oscuro túnel.

Rápidamente se escondió como puso, apagando la luz que consumía la varita. Escuchó con atención de dónde procedía esa luz, y era de la varita de una persona. Oía los pasos… ¿sería de Lord Voldemort? No lo sabía…

–Mierda… ¿Dónde se habrá metido ese imbécil de Javier?

Jewel se quedó de piedra… esa voz… esa voz…

–¡¡VIKTOR!!

La luz de repente apuntó hacia ella, y una voz muy querida para ella gritó su nombre. Corrieron hacia el otro y se abrazaron con fuerza… ¡por fin estaban juntos!

–Viktor… ¡Viktor! –gemía Jewel que estaba llorando. Había pasado un montón de tiempo desde que lo había visto, ¡era entonces cuando se dio cuenta de lo mucho que en realidad lo echaba de menos!

Viktor la agarraba con fuerza… había estado tanto tiempo sin verla… ¡como la había echado en falta!

Viktor abrió los ojos cuando se dio cuenta de que encima suyo empezaba a caer arena y piedras, y se quedó quieto. Le indicó a Jewel que se quedara en silencio. Ya no se oía nada… pero continuaba cayendo polvo…

–¡¡CORRE!! –gritó Viktor alzándose y cogiéndole de la mano. Empezaron a correr con solo la luz de sus varitas, y de detrás suyo, justo donde antes se habían parado, habían empezado a caer, no piedras sino rocas bastante grandes.

Corrieron rápidamente fuera de ese sitio, siguieron el túnel lo más rápido que podían, y aunque tropezaran el otro les ayudaba a no caerse y continuaban.

Hasta que llegaron a una gran sala.