Capitulo extra (parte 2)

Nuestro pequeño hogar provisorio estaba bastante lejos de sentirse hogareño. Como solo volvíamos a él en esporádicas visitas, ninguno de los dos se había molestado demasiado en conseguir muebles ni decoraciones de ningún tipo, por lo que estaba bastante vacío. Teníamos un par de mantas en el suelo, y algunas prendas de ropa por allí tiradas, pero nada demasiado importante, y el resto simplemente era madera. Aquel era un sitio que podíamos dejar atrás cualquier día, que nos permitía irnos lejos y volver un tiempo después sin haberlo extrañado demasiado. Un lugar que nos esperaba exactamente de la misma manera cada vez que regresábamos a él: simple, sin apego emocional, pero nuestro.

A pesar de que nada allí dentro nos describía como individuos o como pareja, yo había comenzado a pensar en aquella cabaña como nuestro santuario personal, el lugar donde podríamos tener privacidad, ser nosotros mismos, y amarnos con completa libertad.

La parte del ''amor completamente libre'' no es que la hubiéramos aprovechado demasiado, ya que tanto fuera de esa cabaña como dentro de ella, no éramos muy afectuosos el uno con el otro. Pero eso estaba por cambiar, o al menos, eso pretendía, y el simple pensamiento me hizo sentir como una niña ansiosa por recibir un regalo en su cumpleaños.

O más específicamente: por desenvolverlo.

Ya para, me dije, porque más allá de lo emocionada que pudiera sentirme (a causa del líquido mágico en mis venas, sin duda), no era difícil darme cuenta lo mal que podían volverse las cosas si yo continuaba con aquella línea de pensamiento.

Había intentado ser espontánea en el pasado, lanzarme a Seshomaru y jugar el papel de diosa sexual, pero había fallado y con creces. Fuera por falta de habilidad de mi parte, o porque ese tipo de cosas simplemente no funcionan con la persona con la que planeas pasar el resto de tu vida, el hecho es que yo no había sabido cómo manejar una situación nueva para mí, y el apurarme no había servido de nada. Solo había logrado que nos distanciáramos aún más, y no había necesidad de repetir un fiasco como aquel.

Por eso esta noche no pensaba repetir errores, no pensaba siquiera concebir un final como aquel de nuevo. Las mentiras, las dudas a cada paso, el sentimiento de culpa, eran algunas de las cosas que no pensaba incluir de ninguna forma en mi noche perfecta. Esta noche quería calidez, placer, cuerpos sudorosos conectados, ver a Seshomaru a los ojos, y saber por fin que sentían las mujeres al unirse a sus parejas en cuerpo y alma.

Podía imaginármelo, claro, después de todo, tenía amigas mujeres más grandes que yo, y casadas, por lo que historias y chismes, no me habían faltado. Pero saberlo… saber de verdad como se sentía estar tan conectado a otra persona, hasta el punto de no querer (o poder) sacarle las manos de encima…era un asunto completamente diferente, y tenía más curiosidad que nunca por entenderlo. Por entender de donde salía esa necesidad de correr hacia el otro lado de la habitación y desgarrar su ropa en tiras.

De solo pensar cosas así me sentía tan rara… porque no era propio de mí en absoluto. La verdad es que nunca me había interesado demasiado el sexo, ni había intentado conocer más sobre ello en el pasado. Durante mi tiempo en la vieja aldea había tratado de evitar lo más posible a otros miembros del sexo opuesto, y el solo considerar que alguno de ellos pudiera llegar a tocarme, o besarme, me habría causado nauseas, y una sensación de querer escaparme de mi propia piel.

De todos modos, considerando que ningún otro hombre tuvo intención alguna de querer tener algo conmigo, no tuve realmente que rechazar a nadie en ese sentido.

Hasta Seshomaru.

No es que él fuera muy abierto con sus sentimientos, y por lo general sabía dominar las reacciones de su cuerpo casi hasta la perfección para que yo no pudiera darme cuenta de lo que pensaba o sentía. Pero solo casi, porque podía recordar un par de ocasiones en las que su férreo control había fallado, y me había mostrado un lado más salvaje de él. Un lado más sensual y con un deseo por mí, que enseguida quise explorar.

A veces, cuando estoy por dormirme, recuerdo esas miradas que me lanzaba esas primeras semanas luego de su vuelta, hace ya tantos meses. Momentos fugaces, demasiado rápidos como para estar segura de lo que veía, pero lo suficientemente intensos, como para dejarme con la duda, y no descartar la posibilidad tan deprisa: la posibilidad de que me deseaba. A mí. A la chica que había cuidado cuando no era más que una niña.

Al igual que para él no era sencillo comenzar a verme como una mujer adulta, para mí al principio tampoco fue sencillo hacerme a la idea de que, yo también tenía deseos, como cualquier persona. De repente yo lo deseaba, y en vez de nauseas, sus manos sobre mi piel me habían provocado mariposas en el estomago, aterradoras pero deliciosas mariposas que me habían hecho sentir más viva que nunca.

Y su beso, incluso ahora, tantos meses después, su beso aún se sentía como si a través de él, Seshomaru encendiera una llama dentro de mi cuerpo, y calentara partes de mí que siempre habían estado frías. Con él siempre quería más, con él lo quería todo, y estaba ansiosa por conseguirlo.

- ¿Has cenado?

La pregunta de Seshomaru me atrajo de vuelta al presente, y ante mis ojos desaparecieron una hilera de recuerdos que se habían ordenado al rememorar una época pasada, el tiempo en que aún empezábamos a conocernos. Una época intensa y confusa, pero que la apreciaba completamente en mi memoria.

Como tuve que subir la mirada hasta su cara, me pareció bastante probable la posibilidad de haberme quedado mirando su pecho por un rato, ensimismada en lo que podría haber debajo. Parte de su clavícula aún se asomaba ligeramente a través de su ropa después de mi anterior aventura, y eso me hizo sonreír al recordar nuestro beso un par de minutos atrás.

Esa piel suave… recordé.

Sentí mis mejillas enrojecerse de vergüenza, y una nueva risa encontró su camino hasta mi garganta. Seshomaru subió una ceja y me miró sin decir nada. De haber estado sobria, me habría sentido un poco nerviosa bajo su escrutinio, y tentada por confesar lo que pasaba por mi cabeza. Pero estando con esa nube de sake en la mente, solo provocó que me destornillara en una risa nerviosa.

- No voy a preguntar si quieres beber algo entonces, creo que has tenido suficiente.

Intenté calmarme para no quedar como una completa tonta y arruinar por completo mis posibilidades de acostarme con él. Estaba bastante segura de que si volvía a dormirme a su lado una noche más sin ni siquiera un beso de buenas noches, iba a enloquecer.

Un poco de madurez, Rin, me dije.

- Es porque estaba con mis amigas – expliqué, a pesar de que él no me lo había preguntado y yo tampoco tenía porqué explicarme, pero quería llenar el silencio – creo que tomé un poco más de lo que pensaba.

Él asintió y no respondió nada. Su silencio no era juicioso, y dudaba que le importara realmente si yo estaba ebria, pero no podía estar segura, porque él no compartía conmigo sus opiniones, al menos no sin que yo preguntara antes.

Había aprendido a interpretar sus silencios con el tiempo, pero no era ninguna experta todavía, y a veces no podía diferenciar su falta de respuesta como parte de su rutina silenciosa por comodidad, o si estaba molesto conmigo, o si simplemente no me estaba prestando atención. Por lo general sucedía el primer caso, pero eso no quitaba el hecho de que me enloquecía no saber qué pasaba por su cabeza.

Como ahora. ¿Es que él no tenía ni un mínimo de curiosidad por saber por qué de repente lo había besado tan apasionadamente? ¿Por qué creía que había ido a buscarlo esta noche? ¿Había sentido él algo similar a lo que yo había sentido? ¿O a lo que venía sintiendo en el correr de este medio año? Diablos, necesitaba ir más rápido al tema, o terminaría por echar mi plan a perder por mera ansiedad y poca paciencia.

Respiré hondo, dándome cuenta que estaba más nerviosa de lo que pensaba al ver que había llegado el momento: el instante de ser sincera con él. Dar a conocer mis inseguridades por voluntad propia constituía para mí un esfuerzo muy grande, pero no pensaba echarme para atrás como otras veces.

Hoy se termina mi época de sequía, decidí.

- Como te dije, me estaba divirtiendo – comencé de nuevo a hablar, y me encontré a mí misma apurando las palabras, como si se amontonaran unas sobre otras.

Tragué saliva e intenté de nuevo:

- Pero me dieron muchas, muchas ganas de buscarte… porque tengo algo que decirte. Algo que me estoy guardando hace tiempo, y no creo que pueda seguirlo manteniendo dentro.

Él me miró fijamente, pero tampoco respondió nada. Esta vez ni siquiera me concedió un asentimiento de cabeza, como si no valiera la pena expresarse de manera tan clara para mí. Fruncí el ceño, pero no con frustración o enojo, sino con preocupación. Podía sentir un nudo de ansiedad apretándose en mi estomago, pero me dije a mí misma que simplemente era el alcohol causando estragos en mi cuerpo, y que ya se me pasaría.

Al ver que yo no continuaba hablando, Seshomaru no me apremió de ninguna forma para que siguiera, y eso no me gustó. No estaba segura si su silencio era para no ponerme presión, o si esperaba que yo dejara el tema y nos fuéramos a dormir, lo cual me habría dejado bastante molesta.

De cualquier forma, su silencio me puso más ansiosa, y encontré que no podía continuar con la línea de pensamiento en mi cabeza. Las palabras simplemente ya no parecían tan claras como antes, y mirándolo a los ojos, de repente tuve la extraña sensación de que Seshomaru no quería que yo continuara hablando.

No tenía idea de donde había sacado aquel pensamiento tan extraño. No tenía sentido alguno para mí, porque él no sabía lo que yo iba a decir, ¿no?

No, no lo sabe, decidí. La verdad es que dudaba que el hecho de no habernos acostado todavía fuera para él una preocupación de la misma magnitud que para mí. Después de todo, para un demonio tan longevo como él, seis meses debían ser similares a la nada en su larguísima existencia. Para mí, que era nueva en aquel tema de haberme convertido accidentalmente en demonio, era muchísimo tiempo.

No estaba segura cómo continuar con mi línea de pensamiento, así que opté rápidamente por otro camino.

- ¿Tú quieres decirme algo? – pregunté de sopetón.

Él arqueó las cejas ligeramente, sorprendido ante mi pregunta, y no puedo decir que lo culpara. Mi tono había sido un poco acusador, como si lo estuviera interrogando, lo cual es lo último que deseaba hacer.

- Me aclaré la garganta e intenté de nuevo:

- Quiero decir… ¿hay algo que tú quieras…hablar conmigo? ¿Algo que no hayas podido… hablar hasta el momento?

Sabía de antemano que este tipo de trucos no funcionaban con Seshomaru, que el hombre era demasiado orgulloso, demasiado reservado y testarudo como para ser el primero en traer un tema delicado a nuestra relación. Lo conocía bien, y sabía que era yo quien tenía que abrir la puerta primero si quería hacer avanzar las cosas, pero me había acobardado. Al ver que no me mostraba reacción alguna, había tratado inútilmente de poner responsabilidad en él para variar.

No puedo decir que haya funcionado.

- No – respondió de forma escueta.

- Ah… bien.

El silencio se volvió a asentar entre los dos, y tuve el repentino pensamiento de que aquella sería una de esas conversaciones en la que yo hablaba sola, y él intentaba no reaccionar de forma alguna. Yo no había dicho nada de gran importancia todavía, pero de alguna forma me estaba sintiendo como si él ya me estuviera rechazando.

Pero, ¿porque me rechazaría? Éramos una pareja, estábamos juntos desde hacía un buen tiempo, me había dicho que me amaba y me había besado varias veces por cuenta propia, así que, ¿Qué podía haber en el camino que le impidiera acostarse conmigo?

Nada, me dije, y ante mi propia lógica, de repente me sentí tonta, porque quizás, él también se sentía de la misma manera, pero le costaba más que a mí admitirlo. Yo solo sabía mi lado de la historia, pero era muy posible, que Seshomaru estuviera en la misma encrucijada que yo: querer avanzar en nuestra relación, pero al mismo tiempo no querer presionarme si yo no deseaba lo mismo. Era un sentimiento normal, válido, y me sentí muy curiosa por saber si esa podía ser una razón por la cual él no hubiera hecho ningún movimiento hacia mí todavía.

¿Es que yo me mostraba tan temerosa y por eso él no se acercaba más de lo estrictamente necesario? ¿Sería un alivio para él si yo simplemente le indicaba mi deseo por llevar nuestra relación a otro nivel?

Lo quería saber. Lo necesitaba saber.

- Seshomaru… - lo llamé.

No alcancé a decir nada más porque en ese momento, noté lo que él había estado haciendo mientras yo estaba perdida en mis propios pensamientos. Seshomaru había tomado las mantas que guardábamos en un rincón, y sin darme cuenta las había empezado a acomodar en el suelo, del modo en que yo lo hice la primera noche que nos quedamos juntos en la cabaña. A pesar de que él no las usaba para dormir, de todos modos las colocaba en el suelo de la misma manera todas las noches. Creo que porqué sabía que a mí me gustaba.

Esta noche estaban acomodadas de la misma forma, y sin embargo, la disposición se me hizo distinta, por alguna razón. Sin quererlo, me imaginé que el propósito de aquellas mantas no era para protegernos del frío, sino de tener un lugar donde yacer desnudos…y de ahí en adelante mi mente se fue por una tangente.

Me puse roja de nuevo, pero esta vez no me vino ningún ataque de risa, sino algo parecido al pánico, o una versión muy prematura del él. No me sentía exactamente asustada, pero si ansiosa, como si quisiera salir corriendo, por alguna razón que no podía llegar a comprender.

- Rin – me llamó Seshomaru, al ver que yo no seguía hablando, pero no pude contestar nada. Estaba perdida en la visión que me mostraban aquellas mantas.

Sobre ellas podía imaginarme aquella noche: yo desnuda recostada en el suelo sobre mi pecho, con mis rodillas contra el suelo, y Seshomaru a mi espalda, sin poder verle el rostro. Podía sentir el dolor en mi entrepierna como un eco, y la mordida sobre mi hombro, que ya no existía en mi piel, pero de alguna forma aún quemaba. Podía recordar esa mezcla de alivio y dolor, de placer y miedo, y fue como tirarme a mí misma un balde de agua fría. Podía incluso verlo a él alejándose rápidamente de mí como si yo tuviera la plaga.

Ya basta, me dije, echando una pesada cobertura sobre esos recuerdos para no volver a verlos.

¿Pero qué pasaba conmigo? ¿Por qué de repente me ponía a recordar aquella noche de forma tan… vivida? ¿Por qué me dejaba paralizada como si temiera que ocurriera nuevamente? Así no es como quería visualizar mi noche perfecta.

De repente sentí un ligero toque en mi mejilla, y cuando subí la cabeza, me encontré con toda la fuerza de la mirada inquisitiva de Seshomaru. Sin palabras me estaba pidiendo, o más bien demandando, que explicara que me pasaba, por qué me ponía tan rara viendo un par de míseras mantas en el suelo. Quería explicarme, pero con toda la fuerza de esos ojos dorados sobre los míos se me hizo tan difícil como atravesar una montaña, y las palabras se trancaron en mi garganta.

Por primera vez, se me hizo todo muy real. El hecho de estar en nuestra cabaña, a solas con el amor de mi vida, y saber que había acudido allí con el propósito de hacer el amor con él, se me hizo a partes iguales tanto exhilarante, como aterrador. De repente me di cuenta que si lograba convencerlo, mi noche perfecta ya no iba a quedar en meras fantasías, o en imaginaciones mías antes de irme a dormir. Iba a pasar de verdad, entre él y yo, y ocurriría sobre esas mismas mantas. Quizás en un par de segundos más.

Pero es lo que querías, me dije, ¿no es verdad?

Sabía que sí, muy profundamente sabía que sí, porque incluso en mi incertidumbre podía sentir deseo por Seshomaru revoloteando por mi estomago como una manada de mariposas. Podía sentir su mano en mi mejilla y temblar con ese mero tacto, y sentir mis dedos picar con mis ganas de tocarlo.

Pero el imaginarme la '''luna de miel'' que nos merecíamos, de alguna forma se había vuelto más sencillo e infinitamente más cómodo, que estar ahora mismo, mirando fijamente a Seshomaru a los ojos, y comunicándole lo que quería. Imaginármelo, después de todo, significaba que no había errores de ningún tipo, que no podría haber posibilidad de rechazo. En la realidad, la cuestión era diferente, y la posibilidad de que él me rechazara, o que todo saliera mal otra vez, me dejó muda.

- Rin.

- Estoy bien – respondí vagamente, y escuché mi voz como si estuviera a una muy larga distancia, lo cual no me pareció extraño, considerando lo lejos que estaban mis pensamientos.

Allí mismo, y en ese instante, empecé a pensar en la posibilidad de estar asustada. No de él, no tanto del acto en sí, sino de decepcionarlo, de decepcionarme a mí, y de arruinarlo todo entre los dos de una vez por todas. Lo amaba, y quería sentirme conectada a él, y sabía que la manera de hacer verdadero progreso en nuestra relación, era empezando por tener una conversación sincera.

¿Por qué aquello sonaba tan aterrador?

De alguna forma dejar salir de mi boca frases como: ''no sé como satisfacerte'' o ''no sé bien lo que hacer'' me provocaba un temblor por todo el cuerpo, y unas ganas de esconderme bajo los troncos de nuestra casa, y jamás escuchar su respuesta. Después de todo, podía recordar en mi cabeza a Seshomaru diciendo que no se acostaría con una virgen, y si bien yo técnicamente ya no lo era, eso tampoco me convertía en una increíble conocedora del arte sexual. Quizás él esperaba que yo ''supiera'' algunas cosas, que no me mostrara confundida o tímida, pero ¿cómo no sentirme así cuando no sabía nada, y mis expectativas eran demasiado altas?

Parecía más sencillo tirarme sobre él y movilizar las cosas yo misma, sin pensar ni analizar nada, como si aquello pudiera hacer desaparecer todas mis dudas.

Quería besarlo, como había hecho afuera hacía solo unos minutos. Besarlo, tocarlo, y disfrutar de él, de estar a su lado, y permitirme no pensar en nada más. Eso sonaba más atractivo que comunicar en voz alta mis intenciones y mis miedos. Si bien es lo que técnicamente había decidido hacer, se me hacía tremendamente vergonzoso llevarlo a cabo, aunque no tenía idea de cuál era la razón de aquella actitud mía. Yo siempre había sabido encarar los problemas de frente, y he tenido mi buena cantidad de conversaciones embarazosas con Seshomaru, ¿así que porque de repente hablar sobre esto se me hacía tan terrible?

Porque ahora todo es más frágil, pensé, antes no tenía nada que perder, y ahora siento que estoy por perderlo todo.

Mierda, estando frente a Seshomaru, incluso con el alcohol en mi sistema, ya no me sentía tan valiente como para encarar la conversación de manera satisfactoria. Ya no me sentía tan poderosa teniendo que vérmelas con ese par de ojos antiguos como el tiempo, que podían ver a través de mí con la misma facilidad que a un cristal.

Pero es lo que viniste a hacer, me recordé, y no quería ser una cobarde, así que probé de nuevo.

- Seshomaru… - dejé que su nombre rodara en mi boca, y traté de decidir si aquello me hacía sentir más segura de mí misma o no – tengo algo… algo…

Él no dijo ni una palabra, simplemente esperó, y su mano en mi mejilla fue un cálido recordatorio de que fuera lo que fuera que estaba en mi cabeza, él iba a oírlo. No iba a dejarme escapar.

Intenté formar una frase coherente, y me mordí el labio sin darme cuenta. Solo lo noté, cuando su mirada siguió el movimiento de forma imperceptible, antes de volver de un salto a mis ojos, como si no hubiera sucedido nada. Me habría perdido todo el movimiento, si mis ojos no hubieran estado clavados en los suyos de forma tan fija.

Solo entonces, con esa mínima reacción de su cuerpo hacia el mío, recordé un hecho simple y fundamental: a pesar de que Seshomaru era de los demonios más poderosos que había conocido en mi vida… no dejaba de ser un hombre. Un hombre que podía ser tentado.

Me encontré a mí misma sonriendo, y un ramalazo de confianza me atravesó el cuerpo de forma tan súbita que me sentí más poderosa de lo que me había sentido nunca. Sin pensar, di un paso hacia adelante y rodeé el cuello de Seshomaru con mis brazos.

Sus pupilas se dilataron ligeramente. Más allá de eso no noté ninguna otra reacción, pero no importaba. Si algo había aprendido últimamente, es que había formas más directas de llegar a un hombre que con palabras. Acciones, para empezar. Me dije a mí misma que podía permitirme un pequeño desliz en mi misión, solo un beso más…y entonces, podría hablar de forma más clara y libremente.

Solo un beso, me dije, para recobrar valentía.

- Vuelve a besarme – pedí, y desde el fondo de mi corazón esperaba que no me rechazara.

No lo hizo. Sin responder nada, Seshomaru acortó la distancia entre nuestras bocas y entonces sentí que las piezas volvían a caer en su lugar, como un gran puzle absolutamente perfecto.

Se sentía tan bien besarlo, abrazarlo con fuerza e imaginarme haciendo mucho más que eso. Parecía tan sencillo dejarme arrastrar nuevamente por esa corriente de lujuria que me embargaba cada vez que estaba a su lado, que me daban ganas de simplemente hacer eso: dejarme llevar sin decir nada.

Más…

Sentí que la mente se me iba nuevamente por una tangente y me abracé aún más fuerte a él, como si así pudiera unir nuestros cuerpos en uno solo. Olvidé mis dudas, olvidé mi miedo, como si no tuvieran más poder sobre mí mientras estaba con él. Lo besé hasta que no tuve poder de decisión, y mis manos volaron hasta mi yukata, deshaciendo rápidamente el nudo que me mantenía con la ropa puesta. Ni siquiera se me pasó por la cabeza bajar el ritmo, o detenerme para respirar siquiera…pero a él desafortunadamente sí.

Sentí la mano en mi mejilla sostenerme con un poco más firmeza, y entonces la boca de Seshomaru se separó de la mía, dejándome con una sensación de vacío poderosa.

- ¿Por qué haces eso? – pregunté, vagamente consiente, de que nuevamente mi tono de voz era acusador.

- ¿Hacer qué? – cuestionó él como única respuesta.

De no conocerlo mejor, habría pensado que se estaba haciendo el estúpido para no responder a la pregunta. Lo miré con sospecha, pero por supuesto, no encontré indicios de una mentira. Eso no me decía nada, claro, porque el demonio era lo suficientemente habilidoso como para no dejar entrever un engaño.

Aún así, pensé que sería algo bajo, incluso para él, evitar la cuestión cuando era tan obvio lo que yo estaba preguntando. Si se pensaba que íbamos a dar el tema por terminado, estaba a punto de demostrarle cuan equivocado estaba.

- ¿Por qué me alejas de ti? – reformulé la pregunta.

- No lo hago.

- Bueno, se sintió así – respondí, cruzando los brazos sobre el pecho.

Pareció pensativo por un instante.

- Mis disculpas – respondió a secas.

Me quedé esperando a que dijera algo más, a que hiciera algo más, pero no ocurrió nada, y el silencio volvió a formar parte de la cabaña como si fuera una entidad viva.

¿Mis disculpas? ¿Eso era todo lo que tenía para decirme? Me habría reído de no haberme sentido ofendida. Me merecía una mejor respuesta, pero para él supongo que el tema había terminado, porque de repente preguntó:

- ¿Lista para dormir?

No esperó mi respuesta, solo se dio la vuelta, y se dirigió hasta el lugar donde estaban acomodadas las mantas en el suelo. Sentí que mis mejillas se enrojecían (de furia esta vez) y sin pensar sobre mis acciones, caminé hasta pararme justo frente a él, y me crucé de brazos. Habría pegado una patada a las malditas mantas si no hubiera creído que eso me haría ver más infantil.

- No, no estoy lista para dormir.

De ninguna forma quería una conversación que desencadenara a una pelea entre los dos, pero sentía que si no me ponía firme, jamás íbamos a llegar a nada concreto, y yo estaba lo suficientemente nerviosa de por sí, como para tener que vérmelas con su evasión. Quería que al menos me hablara, que me aclarara dudas que en mi cabeza estaban dando vueltas desde hacía un buen tiempo.

Seshomaru suspiró, y se quedó inmóvil sobre su sitio, mirándome. No estaba segura si me estaba dando libertad para explayarme, o simplemente estábamos compitiendo por quién podía permanecer en silencio por más tiempo. Si era así, yo iba a perder, claro estaba, porque nunca fui muy conocida por mi paciencia, así que me quedé con la primera opción y empecé de nuevo.

- Me evades – le dije, sin dejar de mirarlo a los ojos – quiero saber por qué, y qué puedo hacer para que eso no suceda.

- No te evado, Rin.

Me acerqué un paso hacia él, y puse una mano sobre su pecho, directamente sobre su corazón. Noté como inmediatamente se alejaba ligeramente hacia atrás, de forma casi imperceptible, y no puedo decir que no me dolió, pero al menos probé mi punto.

- Lo haces, te alejas de mí cuando te doy a entender que quiero… algo más.

Tonta, me dije, ¡Di sexo de una vez por todas!

- Eso no es lo que pediste.

- ¿Qué? – pregunté, mirándolo con confusión.

- Me pediste que te besara – respondió, de forma tan factual, como si estuviera hablando del clima – eso es lo que hice.

- Pero…

Me callé e intenté asimilar la nueva información. Había pensado que mi intento por darle a entender a Seshomaru que quería una relación física más profunda con él, había sido bastante claro. Después de todo, besar y quitarse la ropa me parecían acciones bastante universales para demostrar el deseo de una persona por otra, ¿no?

Pero para alguien tan pragmático como él, tan directo, ¿quizás no había podido comprenderme del todo? Quizás para él, un beso era solo eso, una acción que no necesariamente era un preliminar del sexo.

Diablos, incluso era posible que ni siquiera le gustase besar demasiado, y que solo lo hiciera por mí, para complacerme. Esperaba que no fuera el caso, porque eso me hacía sentir culpable, y tonta. Además, a mí me gustaba besarlo, siempre me conseguía dejar las piernas temblorosas, y el estomago como un torbellino.

Céntrate en el tema.

- Tienes razón – me encontré diciendo – hiciste lo que te pedí, pero…si te pidiera algo más, ¿lo harías también por mí?

Ni siquiera un parpadeo.

- ¿Qué es lo que deseas?

Un calor me subió hasta las mejillas, y por la columna me corrió un escalofrío. Su pregunta me sonó erótica, a pesar de que el tono de su voz no daba a entenderlo en lo más mínimo. Una ola de timidez se abalanzó de nuevo sobre mí al darme cuenta de que era el momento de la verdad.

Mis manos picaban por acercarme a él de nuevo, por pegar mis labios a su boca, y volver a sentir poder corriendo por mis venas, volver a sentirme deseada. Pero me forcé a mí misma a decirlo, porque él me lo había preguntado, y yo quería decírselo:

- Quiero que me hagas el amor.

Me sentí tan extraña diciéndolo en voz alta. Después de meses de tener aquellas palabras flotando en mi cabeza, y tantas veces en la punta de la lengua, era bizarro saber que ahora estaban ahí afuera, en el aire para ser oídas.

Por alguna razón, parte de mí quería correr, esconderme en algún sitio porque la vergüenza que sentía en ese instante no tenía comparación a ningún otro momento que hubiera pasado en la vida. Jamás me había sentido tan vulnerable ante otra persona, tan desnuda a pesar de estar cubierta con capas de ropa. Me sentía demasiado consciente de mi misma, y transparente como un cristal que deja ver todos sus secretos.

La otra parte de mí, sin embargo, se sentía libre por primera vez en mucho tiempo, como si unas pesadas piedras se hubieran levantado de mis hombros, y ya no mantuvieran mi cuerpo en el suelo. Ahora volaba, y las mariposas en mi estomago revoloteaban con fuerza, y el corazón me tronaba tan fuerte en mis oídos, que no estaba segura que podría escuchar a Seshomaru si me contestaba. Esta otra parte, agradecía el hecho de por fin haber sacado de dentro de mí toda aquella carga.

Aunque aquellas dos partes eran tan distintas, coexistían en mi interior y peleaban por dominancia. Sabía que solo una terminaría ganando, y eso inclinaría la balanza dentro de mi cuerpo. Cuando eso pasara, terminaría por sucumbir a una de dos opciones: plantarme firmemente y dejar mi miedo atrás, o salir corriendo por la puerta.

Con las mejillas a rojo vivo, y las manos sudándome hasta sentirlas resbalosas contra mi ropa, miré a Seshomaru con expectación.

- Ya veo – respondió él, de nuevo de forma escueta.

Me quedé esperando, pero nuevamente, no sucedió nada más que el concurso de silencio que habíamos empezado sin que yo me diera cuenta. Refrené el volcán a punto de hacer erupción que podía sentir bajo mis venas, y en lugar de gritar, respiré hondo.

- Y… ¿qué piensas?

Por favor no me rechaces…

- Pienso que será mejor que lo hablemos mañana.

Respiré hondo de nuevo, pero esta vez me costó un poco más tranquilizarme.

- Prefiero hablarlo ahora.

- Es tarde, Rin, lo mejor será que...

- ¡No! – grité, sin poderlo aguantar más – deja de intentar convencerme de que me vaya a dormir. Si no te hablo de esto ahora, no lo voy a hacer nunca.

Ahora fue su turno de suspirar, y me pareció bastante probable de que lo estuviera molestando o cansando, pero refrené aquel sentimiento porque no me gustaba sentirme así, como si él pudiera dejar de quererme de un día para el otro si yo no me esforzaba por contener mi personalidad curiosa e insistente. Quería pensar que se había enamorado también de esa parte de mí, y no solo a pesar de eso.

No estaba segura porqué él evitaba tocarme, y se alejaba de un beso cuando apenas empezábamos a calentar la situación, pero lo que me quedaba claro, es que no me estaba imaginando cosas, como había venido creyendo los últimos meses. De verdad él no quería tocarme, y quería saber por qué. Lo necesitaba, o no creía poder seguirme manteniendo cuerda.

- Quiero hacer el amor contigo, Seshomaru – repetí, esperando que con eso pudiera convencerlo de que hablaba en serio.

- Te escuché la primera vez.

- Bueno, ¿y por qué no accedes entonces?

- Porque no voy a aprovecharme de una persona que está ebria.

Mierda…un punto a su favor.

Hasta yo podía admitir que tenía sentido el no querer acostarse con alguien que no tiene consciencia sobre lo que está haciendo o lo que pide (aunque tampoco era mi caso), y muy profundamente, me hubiera gustado creer que aquella era la única razón por la que él no quería acostarse conmigo esa noche.

Sin embargo, sabía que no era la sola razón. Después de medio año sin tocarnos, esta era la única vez que yo me había emborrachado, pero no la única noche que había sentido a Seshomaru distante. Había algo más allá de la excusa del alcohol, pero él no quería decírmelo.

- Soy perfectamente consciente de lo que te pido – respondí con la barbilla en alto.

Y era cierto. Ya no estaba tan borracha como para no saber lo que decía, y ya no me sentía tan valiente o tan mareada como antes. Estaba en completo control sobre mis deseos y mis acciones.

Seshomaru no pareció más contento con mi respuesta, como cabría esperar de un hombre deseoso por acostarse con su pareja. No, de ser posible, su mirada se volvió más oscura, más dura, y me dio la sensación de que se estaba sumiendo en algún recuerdo turbio, porque de pronto, ya no lo sentí en la cabaña conmigo, sino a mil kilómetros de distancia.

- Ya escuché eso una vez – fue toda su respuesta.

Sentí que me caía un balde de agua fría, y la balanza en mi interior hizo una ligera bajada hacia el lado que me apremiaba a huir hacia la noche. No había pensado que me echaría en cara los eventos de esa noche.

- Esto no es como aquella vez – respondí en voz más baja, y a pesar de que no quería hacerlo, me encontré a mí misma apartando la mirada en vergüenza.

- No, no lo es, porque no voy a caer en la misma trampa de nuevo.

En un movimiento rápido como un latigazo, volví a clavar mis ojos en los suyos, y di otro paso hacia adelante, sintiéndome tan furiosa que me costó encontrar las palabras para expresarme.

- ¡¿Trampa?! – pregunté sin poder creerlo – ¿me estás hablando en serio? lo creas o no, no estoy intentando atraparte o herirte, esto no es un truco para manipularte, Seshomaru… ¡solo quiero acostarme contigo! ¡¿Es tan malditamente difícil de creer?!

Que bueno que no iba a convertir esto en una pelea, me dije, pero la verdad es que ya estaba lejos de poder llevar la conversación por el lado pacifico. Con Seshomaru cambiando de tema, o poniendo excusas para no contestarme, era difícil no perder la calma y empezar a gritar.

Sin embargo, estaba muy consciente de que no era él con quien estaba enojada. Si bien mis gritos iban dirigidos hacia su persona, me quedaba bastante claro de que el verdadero enojo estaba dirigido hacia mí misma. El hecho de que él insinuara que yo pudiera estar tendiéndole alguna especie de intricada trampa me dolía…pero no podía estar del todo sorprendida considerando que técnicamente, yo había hecho exactamente eso en el pasado.

¡No con una mala intención!, me recordé a mí misma, pero al fin y al cabo, le había engañado, y quizás a su entender, ahora podía estar haciendo más de lo mismo.

- Lo siento – dije, dando bocanadas de aire para controlar mi respiración, la cual se había agitado luego de gritar – sé que esa noche te mentí y causé muchos problemas entre los dos. No lo tendría que haber hecho y estoy arrepentida… ¡pero tienes que saber que ahora no es lo mismo a aquel entonces!

A pesar de mi sinceridad (o quizás por ella) la balanza hizo más peso, y de nuevo volví a sentir la urgencia por huir. Esta vez, sin embargo, sentí que pendía de un hilo, que estaba dando todo lo que tenía de mí para dar, y que estaba peligrosamente cerca de encerrarme dentro de mí misma, al igual que él lo hacía, y no volver a hablar de estos temas jamás. Estaba empezando a ver el atractivo en esconderse de los problemas, taparse los ojos y pretender que no existen.

Aquella noche era una mancha en mi historia, en mi memoria, y de ser posible, en mi alma. Me habría gustado borrarla para siempre. Borrar mi propia primera experiencia con un hombre. Borrar el recuerdo de Seshomaru mirándome con odio y tristeza. Borrar el momento en que le hice creer que era un monstruo capaz de lastimarme. Me hubiera gustado eliminarlo todo con una pincelada.

Ahora, casi un año después de los hechos, me sorprendía que aún me podía avergonzar y doler de esta forma, me hacía pensar que el recuerdo no se iría nunca, que tendría que vivir con el mismo para siempre. Aquello me asustaba porque no estaba segura de poder hacerlo.

- No quiero que esto sea así siempre – dije, casi en un ruego – quiero mucho más contigo que mentiras. Quiero amor, y quiero calor, y quiero conectarme contigo. Tú debes querer lo mismo.

Esta vez, ante mi muy sincera declaración, el silencio de Seshomaru fue diferente, fue pesado, y cargado de palabras que él no estaba diciendo. Quizás no supiera diferenciar todos sus silencios, pero lo conocía lo suficiente como para conocerme algunos de ellos. Quizás por el hecho de que llevo sangre de demonio ahora, o quizás por mi historia con él, pero aquellos silencios en los que sé que Seshomaru está ocultando algo importante, era capaz de darme cuenta al instante. En ese momento, su silencio me supo a un secreto.

Fruncí el ceño, y de repente me sentí extraña, como si intuyera que la conversación estaba a punto de dar un giro que no estaba para preparada para digerir. Fuera lo que fuera que él no me estaba diciendo, era lo suficientemente importante como para permitirme sentir ese cambio en la atmosfera. Esa tensión tan filosa que se podría haber cortado con cuchillo.

Me acerqué un paso hacia él, y luego otro. Llevé las manos hasta su pecho, y muy claramente pregunté:

- Tú quieres esto, ¿no es así?

Entonces sentí que la noche giraba, y de ser posible, pareció que el mundo se daba vuelta, hasta sentir que me caía por un precipicio. El estomago se me subió a la garganta, y la cabeza se me puso muy ligera.

No fue lo que dijo, sino lo que no dijo, lo que me hizo darme cuenta de que algo estaba mal. Fueron sus ojos desviándose de los míos por una milésima de segundo, y la imperceptible manera en que lo vi apretar los labios en una fina línea, lo que finalmente me hizo entender.

Él no quiere lo mismo que yo…

Aquel pensamiento fue como una bofetada en la cara, e intenté negarlo con todas mis fuerzas.

- Seshomaru – lo llamé, y tomé su rosto entre mis manos para que me mirara fijamente a los ojos - ¿Por qué me evitas?

- Te lo dije, no voy a aprovecharme…

- No estoy borracha y lo sabes ¿Puedes ser sincero conmigo por una vez y decirme por qué no quieres tocarme?

Fue difícil sacar aquella pregunta de mi garganta, pero no tanto como lo fue llevarla dentro de mi cabeza y en la punta de la lengua por tantos meses, sufriéndola en silencio.

¿Es porque piensas que te estoy manipulando otra vez? – pregunté, en un tono de voz que sonó demasiado desesperado para mi gusto, pero no pude evitarlo - ¿Crees que te estoy mintiendo para conseguir algo que no voy a poder manejar? ¿O es porque piensas que yo no sería muy ''buena'' en eso? ¿O es que…?

- Ya basta, Rin – declaró él, en una voz dura como un látigo.

Ante su tono cortante me habría echado para atrás, pero habíamos llegado tan lejos, recorrido tanto, y abierto tantos temas delicados, que ya no tenía sentido desenredar el camino que habíamos trazado. Necesitaba saberlo y necesitaba hacer algo al respecto, o el volcán de ansiedad en mi interior iba a explotar de una vez por todas.

- ¡Dímelo entonces! – rogué - ¿O es que no me merezco una respuesta?

Su boca se mantuvo cerrada, y yo abrí la mía para seguir insistiendo. No estaba segura de lo que iba a decir, pero de todos modos, no tuve oportunidad de decir nada, porque me callé cuando lo escuché murmurar:

- Es diferente ahora.

Fruncí el ceño, sin entender su respuesta.

- ¿Diferente? ¿De qué hablas?

De nuevo, no contestó, pero esta vez, de ser posible, su silencio se volvió aun más críptico. No se me pasó por alto que estaba respondiendo a mis dudas de cierta manera: él si me estaba evitando. No me lo había estado imaginando, ahora solo me quedaba entender el porqué.

Quise insistir, pero de alguna forma sentí que estaba tentando demasiado mi propia suerte, como si estuviera caminando sobre una cuerda a una altura demasiado alta, y estuviera a punto de caerme. No estoy segura de que porqué tuve esa sensación en particular, pero me pareció que de todas las respuestas que Seshomaru estaba dispuesto a darme, esta era la última en su lista.

- ¿Qué es diferente? – pregunté en voz baja – ¿que cambió?

Y de repente, como si me cayera un balde de agua fría sobre la cabeza, como si un puzle completara su imagen con la última pieza, o como si un haz de luz hubiera bajado del condenado cielo y me lo hubiera mostrado de la forma más obvia…lo entendí.

Yo había cambiado.

Solté su rostro y me alejé varios pasos hacia atrás, como si me hubieran golpeado.

- Rin – me llamó Seshomaru, pero escuché su voz como a distancia, muy, muy lejos de mí.

Me sentía tan…estúpida. Tantos años de mi vida pensando que no podría igualarlo a él, que jamás podría considerarme su igual por el simple hecho de que yo no había nacido en el cuerpo indicado como para estar a su lado. Años creyendo que no sería aceptada dentro de su pequeño círculo de seres similares a él, capaces de vivir decenas, centenares o miles de años más que yo. ¡Años diciéndome a mí misma que nunca tendría la suerte de convertirme en su verdadera familia porque no había nacido demonio!

Años escuchando una y otra vez que yo jamás encontraría mi lugar junto a un ser como él, solo para que llegados a este punto…resultaba que incluso con sangre de demonio corriendo por mis venas, aquello tampoco me garantizaba un sitio a su lado. La cosa en la que fuera que me había convertido era ''diferente'' a sus ojos, y ya no estaba tan segura de que fuera de su agrado.

Súbitamente me sentí sola, y desnuda a pesar de toda mi ropa, pero más chocante, es que me sentí frente a un completo extraño. La mente me iba a mil por hora y no podía detener mis pensamientos destructivos ni aunque la vida me fuera en ello, tenían demasiada fuerza, y demasiada convicción como para refutarlos. No me paré a pensarlo, ni analizarlo, solo lo sentí como un doloroso choque y mi cuerpo actuó en respuesta. Las lágrimas me picaron detrás de los ojos, y se me borroneó la vista.

- ¡¿Piensas que yo quería esto?! ¡¿Piensas que yo pedí morir y convertirme en… lo que sea que soy?!

A pesar de que mis gritos no habían sido más que preguntas, la verdad es que no estaba interesada en dejarle responder. Estaba llorando, y odiaba llorar con audiencia, me sentía de repente poco atractiva, y tonta por no haberme dado cuenta antes de sus verdaderos pensamientos, y estaba lo suficientemente humillada como para no querer escuchar una sola palabra de su boca.

Además, esta vez, sentí que no necesitaba realmente su respuesta. Sentí que ya la tenía.

- Yo no pedí ser ''diferente''.

Podría haber agregado muchas otras cosas, pero más que nada quería correr, así que eso hice, porque es lo que hago cuando no sé cómo enfrentarme a un reto demasiado alto para mí.

Huí como una cobarde hacia la noche, y esperé ser lo suficientemente rápida e inteligente como para cubrir mi olor para que él no me siguiera, si es que lo hacía. Había demasiadas lágrimas frente a mis ojos, y caían nuevas a cada momento que pasaba, así que no podía ver del todo bien, pero aún así corrí, y esperé poder huir lo suficientemente lejos para que el corazón ya no me doliera más.


Bueno, varias cosas que decir:

En primer lugar quiero aclarar que me siento muy decepcionada de mí misma por haber tardado tanto tiempo en actualizar. Mi excusa es que estoy demasiado ocupada para escribir, de verdad tengo muy poco tiempo, y el poco que consigo en el fin de semana no siempre es de inspiración, lo cual me desanima. Planeaba dejar terminada esta historia meses atrás, pero no conseguía que saliera, y por eso me atrasé, me disculpo por estos meses en que no actualicé ni escribí, no me gusta dejar cosas sin terminar (en especial mis historias).

Segundo, como se darán cuenta, esta segunda parte NO es la ultima en este capitulo extra. Resulta que Rin tenía muchísimo para pensar y decir, así que lo tuve que terminar por acá. Pero el próximo que publique va a ser la ultima parte! No puedo prometer cuando va a ser eso porque tengo mis periodos de mega inspiración en que saco 5 paginas en una noche, y días y días en los que no escribo ni una frase que me guste (supongo que a todo el mundo que le gusta escribir también le pasa). Lo que sí prometo es tratar de apurarme un poco más, y poner todo mi esfuerzo en dar un buen final a esta mini historia y a esta pareja en particular :)

Por ultimo, espero que les guste el capítulo, y gracias por leerlo!