Toc, toc, toc, toc…¿se puede?...
No sé por qué había pensado yo que con las vacaciones iba a tener tiempo de escribir más…En fin después de 20 días fuera de casa…aquí estoy, con una nueva entrega de "la catarata de declaraciones de Edward"…
Y es que, sí, estoy totalmente de acuerdo con vosotras en que a Edward se le ha roto la presa de contención de las palabras, y tiene una diarrea verbal que ni un paquete entero de fortasec…pero, hay que entenderlo al pobre…
En este aspecto de su existencia, es un niño, un adolescente, no sabe nada de nada, todo le parece…sobrecogedor, por decirlo de alguna manera, le sobrepasa, no lo entiende, nunca lo ha sentido, y está descubriendo tantas cosas que tiene la necesidad de compartirlo absolutamente todo con Bella, cada pensamiento, cada sensación…y aunque a veces Bella parezca estar a punto de decirle "cállate ya y bésame de una vez", realmente ella entiende este despertar en Edward, y está teniendo muuuuuuuucha paciencia (unas mil veces más que yo, que me hubiera tirado encima de él en cuanto entró en la clase, o en el coche, o…en cualquier sitio, básicamente… :) ).
Así que…lo siento, mi Nury…otra vez toca hacer de "buena a miga" y tragarse toooo lo que nos cuente Edward… (tío pesao…).
Pero vamos…no creo que le quede mucho más que contar, que sólo andamos por el capi 28…¡señor!
Pues, aquí viene…respiremos hondo y…
Cap 28. Me vas a matar
POV Bella
… como yo acababa de descubrir que te amaba a ti.
Inspira, respira. Inspira, respira…
Por más que lo repitiera una y otra vez, el aire seguía sin querer pasar de mi garganta, quizá tan hipnotizado con el oro líquido de sus ojos como el resto de mi cuerpo, tan cerca de mí, haciéndome arder con el fuego que desprenden, invadiéndome, penetrando en cada parte de mi ser, llevando aquellas palabras a todos los rincones de mi cuerpo. Brillantes, felices.
Quería cerrar los ojos para embeberme de sus palabras…de su declaración de amor…Dios…Pero no podía desconectar de su mirada. Me tenía atrapada, presa en ese mar dorado en plena ebullición. Podía sentir en mi piel su intensidad, su fuerza. Casi arrastrándome físicamente a él.
Joder, respira Bella…
Cogí aire de golpe, sacudida por la fuerza de sus palabras, de su mirada, de su presencia, que lo abarcaba todo, que era lo único relevante en el mundo ahora…De sus…sentimientos hacia mí.
No podía ser verdad. Había oído mal, había interpretado mal…Este ser increíble, extraordinario, perfecto en todo lo que era, ¿me amaba? ¿A mí? ¿Una humana que lo único que tenía de especial era un olor apetitoso y un candado en la cabeza?
Y aquí estaba, delante de mí, esperando una respuesta. Una que yo no podía darle, porque…porque…porque ¿qué le iba a decir? "Cómo puedes saberlo…no me conoces de nada…estás equivocado…piénsalo mejor". Porque realmente eso era lo que debería pensar, lo que debería decir, y sin embargo…
…Me ama, me ama…
Me golpeé mentalmente, porque físicamente estaba molestamente petrificada, por provocarle ese destello de inseguridad en sus preciosos ojos cuando retrocedió un paso.
No…
Sin embargo su determinación seguía ahí, manteniéndole a mi lado, permitiéndole seguir hablándome, seguir abriéndome su mente, su corazón, su alma. Ese alma luminosa, fuerte y segura que me abrigaba e iba despojándome poco a poco, y sin saberlo, de mis inseguridades y mis miedos.
—Cuando volví a casa, Alice me esperaba. Yo necesitaba hablar con alguien, necesitaba que me dijeran que me había vuelto loco, o que había esperanzas. Hablé con mi familia, y les conté todo. No recuerdo haberlos visto nunca tan sorprendidos. Pero me apoyaron, incluso cuando algunos pensaban que no podría con ello, que no podría soportarlo. Esme nunca me había visto tan feliz, y ella era feliz de verme despertar por fin, después de casi noventa años de apatía y soledad. Y Alice…bueno, ella tiene sus propios motivos… Pero te quiere, y me quiere a mí, y confía en que…
Volvió a detenerse para observarme. Yo apenas retenía sus palabras, atropelladas, casi sin sentido para mí, sin importancia, porque lo importante era lo que tenía ante mí en ese momento. Edward. Edward me ama.
—Yo estaba feliz, Bella, y no pensaba en nada más que en volver a clase, volver a verte, intentar descifrar tu mente. Pero aquel viernes por la tarde en la cafetería…pude ver todo el dolor que te causaba mi presencia. Entendí cómo debía ser la situación para ti, sin saber…la verdad sobre mí, viendo simplemente…el disfraz. Y ver cómo luchabas contra ello…me sentía tan impotente...
Oh, sí. Cómo luché y cómo perdí…
—Me debatía sobre lo que debía hacer, si dejarte ir, dejar de molestarte, de perseguirte, o contarte la verdad para que pudieras decidir por ti misma, con todas las consecuencias que eso trajera…o al menos eso pensaba yo. —susurró esta última frase, incrédulo, más para él que para mí, y con una ligera sacudida de su cabeza, continuó— No podía sacarte de mi cabeza, ni decidir que sería lo mejor para ti. Todo empeoró cuando supe que vendrías a recoger a Alice y a Rose. Y cuando entraste en mi casa…tu olor, el saber que estabas allí, tan cerca de nuevo…me volvía loco. Y entonces otra vez tu corazón y tu respiración se aceleraban, el calor de tu cuerpo…y huiste. Saliste corriendo.
El último intento por huir de ti…
—Hice un esfuerzo increíble para no seguirte. Te observé a través de la ventana con la esperanza de no hacerte tanto daño desde allí. Pero tú volviste a sorprenderme. Porque entonces sentí como te relajabas y al abrir los ojos me buscaste, y de alguna manera vi como apartabas tu dolor, como dejabas que entrara en ti, que te poseyera, que llegara a tu corazón, a tus latidos, a tu respiración, al calor que desprendía tu cuerpo.
Me eché a temblar, como entonces. No me había dado cuenta de que mi respiración había vuelto a ser rápida y superficial, ajustándose a la suya, acompañándola. Sentía su intensidad recorriendo mi cuerpo, agitándolo, dominándolo. ¿Es que no acabará nunca? No puedo más, voy a explotar.
—No sé cómo pude controlar el deseo de salir a por ti. Pero tu mirada me tenía clavado allí y tomaba cada parte de mi ser y le cambiaba la esencia para que dejara de pertenecerme, y se convirtiera en algo tuyo. Ya era completamente tuyo, tu marioneta. Harías de mí todo lo que quisieras, siempre que quisieras.
El ardor en su mirada, la pasión y la sinceridad con la que hablaba me sacudían el alma. Cómo no entregarme a quien era capaz de abrirse tan inocentemente, tan ciegamente a mí.
Para. Para. Tienes que parar…
Tenía que parar, me estaba mareando. Las emociones que emanaban de él, que traspasaban su piel para incrustarse en la mía, estaban arrollándome, expandiéndose dentro de mí y mi corazón no podría soportar tal intensidad.
Oh, Edward…no soy nada…sólo soy humana…
Intenté respirar hondo un par de veces para calmarme. Pero no lo conseguiría si él seguía hablando. Y tenía que hacerlo, tenía que permanecer aquí, quería permanecer aquí, por él, para él, porque sabía que necesitaba seguir hablando, seguir desnudando su alma hasta escupirlo todo, sus miedos, sus necesidades, sus culpas, sus deseos…Cien años de silencio.
—Cuando os fuisteis pude tomarme un momento para pensar con un poco más de claridad. Aquella situación no se podía prolongar, por el bien de los dos. Me llevó un par de horas tomar la decisión de buscarte y contarte todo esa misma noche. Así que fui en vuestra busca. Rastreé tu aroma, el de mis hermanas… Busqué los pensamientos de Alice y de Rosalie para encontraros. Pero nunca esperé encontrar aquello.
Los recuerdos de aquel momento, seguramente los mismos que ahora enturbiaban su mirada y la llenaban de ira y desprecio, emergieron en mi mente sin previo aviso, sin permiso, angustiándome y acobardándome. Se me hizo un nudo en la garganta, y las lágrimas acechaban, esperando que bajara la guardia para salir disparadas por mis mejillas. La fuerza que me daba la rabia que renacía con ellos me ayudó a contenerlas. No podía ser débil de nuevo, no quería ser débil nunca más.
—Cuando llegué y te vi tirada en el suelo, tan confusa, tan asustada. Y entonces vi en la mente de esos hombres lo que acababa de suceder y lo que hubiera pasado si no hubieran intervenido mis hermanas…—no me miraba a mí, sus ojos parecían revivir aquel momento, repasar aquellas espeluznantes imágenes que le endurecían la expresión, que le volvían…frío, dejando entrever una oscuridad que no conocía en él.
Contemplé atónita cómo el rostro del ángel se convertía en monstruo durante un segundo. Entonces cerró los ojos y al abrirlos de nuevo su mirada me mostró un alma atormentada.
—Sólo tuve tiempo, antes de perder totalmente el control, de pedirles a ellas que te alejaran de allí para que no pudieras verme así, como el monstruo que en realidad soy—su voz, rota en un susurro, terminó con mi entereza, rasgándola, haciéndome sentir el dolor que desprendían sus palabras.
No pude controlarlas más. Mi cuerpo tembló a causa de mis sollozos y las lágrimas caían sin control por mi cara. No podía soportar haberle hecho aquello.
Y entonces sentí sus brazos, fríos y fuertes, rodeándome. Sentí su pecho contra mi rostro, firme, seguro…y no pude controlar la necesidad de abrazarlo también, con todas mis fuerzas, con toda mi compasión por él, con toda mi necesidad de reconfortarlo. Fue como entrar en el paraíso en un instante, el cielo, la paz, la seguridad, la tranquilidad, la plenitud…
—Bella, Bella, shhh, tranquila.—repetía deslizando sus finos dedos por mi pelo, reviviendo mi cuerpo con su caricia.—Todo está bien ahora.
Y nunca había tenido una revelación como aquella. Porque tenía razón. Todo estaba en su sitio, yo estaba en mi lugar en el mundo, allí, entre sus brazos, daba igual lo que hubiera fuera de la paz que me daba su cuerpo, porque mientras él me tuviera allí, yo estaba segura.
—Pensé que no querrías volver a verme, que me tendrías miedo. Que lo que había hecho te había mostrado lo que yo era y que te alejarías de mí para siempre.
—No.—le susurré entre sollozos que ya se iban calmando.
—Lo sé, lo sé. Shhh—no dejaba de acariciarme y yo sólo quería permanecer allí para siempre…—Cuando mis hermanos me dijeron que me buscabas, que querías hablar conmigo y Jasper me confesó la angustia que sentías, no supe muy bien cómo interpretarlo. Yo esperaba tu rechazo…—susurró separándose de mí para mirarme desconcertado. Supe que también necesitaba sus respuestas.
—Yo me sentía muy mal por lo que te había obligado a hacer.—le confesé con un hilo de voz.
—¿Por lo que tú me habías obligado?—estaba sorprendido de nuevo.
—Sí, bueno, pensé que, de alguna manera, al quedarte allí esa noche, sabías lo que deseaba que les hicieras. Quería que hicieras lo que yo no podía entonces, que me vengaras. Deseé con todas mis fuerzas terminar con sus vidas. Y temí que saberlo, fuera lo que te hizo actuar así.
—¿Y cómo podía saberlo, Bella?.—me preguntó atónito.
—No lo sé, pero al leer el periódico, supe que lo habías hecho tú y creí que de alguna manera lo habías sabido, porque, ¿qué otra explicación había para que lo hubieras hecho? Si ni siquiera habías podido mirarme durante la clase… Sólo pensar que me odiabas por lo que te había hecho hacer, me llenaba de angustia. Si no hubiera sido por Jasper.— sonreí.
—No puedes imaginar nuestra sorpresa.—respondió con el comienzo de una tímida sonrisa en sus labios.—Sabías la verdad sobre nosotros y no habías huido, estabas allí, seguíamos siendo tus amigos, tu familia de Forks. Fue un alivio tremendo para Rose. Emmett y Jasper no se fiaban, pero Jasper lo había comprobado por él mismo, y Emmett…estaba deseando creerlo. Carlisle se mostró también feliz, y, bueno, Esme, no cabía en sí de alivio.
Escuchar todo eso me daba una energía nueva…No estaba sola, contaba con ellos, y ellos contaban conmigo. No sé ni cómo habían pensado que el conocer su condición iba a cambiar lo que sentía por ellos. Podían ser unos asesinos despiadados para el resto del mundo, pero, para mí, eran mi familia.
—Pero no entiendo algo…—seguía mirándome con aquellos ojos dorados, y yo me derretía cada vez más en ellos.—Jasper percibió algo más en ti. Dijo que parecías ¿satisfecha?
La forma en que susurró esa palabra…hizo que me olvidara momentáneamente de que no había sido algo de lo que me sintiera orgullosa en aquel momento. Y no quería ocultárselo, no después de todo lo que él había confesado. Avergonzada por la reacción de mi cuerpo ahora y por mi debilidad de entonces, no puede evitar bajar la vista.
—Cuando leí la noticia en el periódico y la asimilé, me sentí culpable por dos cosas. Por una parte por lo que ya te he dicho, haberte obligado a hacer algo así. Por otra…me sentí…incomprensiblemente complacida de saber que habías sido tú quien me había vengado… por así decirlo. —volví a mirarlo entonces, sintiendo el calor de mi sangre en ebullición— Fue como… un placer morboso, lo sé. Pero es la verdad.— tragué fuerte, intentando controlarme, intentando prepararme para lo que fuera que viera en sus ojos.— Ya ves, también yo tengo una parte perversa, una parte oscura…
Y lo que explotó en su mirada al escuchar mis palabras no era en absoluto la decepción que yo esperaba. Era placer fundiéndose con el alivio, era deleite y deseo a partes iguales.
Estábamos tan cerca…nuestros cuerpos apoyados el uno en el otro, y la energía que los unía se hacía espesa, pesada, real…
Mordí mis labios con fuerza para evitar que escapara el gemido que me quemaba la garganta, que quemaba mi piel, mi interior…muy, muy adentro…
Oh, Dios mío…
—Me agrada saber que puedo contar con esa parte perversa…por si alguna vez la necesito.—su voz era un ronroneo y yo no podía resistirme más.
Ya no quería acallar los gritos de mi mente.. Sí, sí, sí. Es él. Es él. Él es importante. Él es necesario. Ahora todo encajaba, ahora lo entendía todo.
Esta realidad, esta revelación fue descubriéndome a mí misma, como si fuera una persona nueva, rellenando todos mis huecos, todos mis vacíos, todos mis espacios, completando el puzle que había sido mi existencia, hasta ahora.
Y mi lengua creó por sí misma las palabras, y mis labios, con vida propia de repente, moldearon mi aliento para crear los sonidos que él necesitaba, que él exigía, que me entregaban completamente a él…
—Te amo, vampiro. Mi ángel…
El aire causado por mi susurro golpeó su rostro pálido, y contemplé maravillada cómo se iluminaba, como si la esencia de la vida prendiera en él.
—¿Es eso lo suficientemente perverso para ti, de momento?.—le dije con el éxtasis motivado por su reacción expandiendo mi sonrisa.
—Es suficiente para siempre.
Y no pude dejarlo continuar.
Enredé mis manos en su pelo, y atraje su cabeza hasta mí. Mis labios se engancharon a los suyos como engranajes de una máquina que se pone en movimiento. Comenzaron a acariciarse lentamente, atrapándose unos en otros. Mis labios se abrieron, invitando a los suyos a seguir su camino. Y mi lengua y mi aliento, calientes, entraron en él como los suyos en mí helados, llenando cada espacio de mi boca, de mi pecho, de mi cintura.
No tuve opción de contener un gemido al disfrutar de como recorrían mi cuerpo y su lengua se perdía con la mía. Sentía su cuerpo perfecto, apretado al mío, en cada poro de mi piel. Mi corazón retumbaba en mis oídos a una velocidad frenética, y sentía arder todo yo.
Entonces un rugido comenzó a formarse en su pecho. Edward se tensó, su cuerpo se endureció en un instante y separó rápidamente su boca de la mía.
Sus ojos eran negros, y volví a ver hambre en ellos. Los cerró con fuerza y apoyó su frente en la mía sin soltarme.
—Un minuto, no te asustes.—me susurró.—Espera que pase, espera que pase…—se decía a sí mismo en voz muy baja.
Un par de minutos después, nuestras respiraciones estuvieron más relajadas, mi corazón volvía a quedarse en su lugar y a bombear a un ritmo bastante más discreto.
Edward separó su cabeza de la mía y me miró de nuevo. Una sonrisa triunfante se extendía por su cara, y me hizo sonreír también a mí.
—Ya está. Ya no volverá a ser tan difícil. Pero, Bella.—me dijo algo más serio.—No te juegues la vida de esta manera.
—No creas que me gusta jugarme la vida.—sólo por ti…el mayor de los riesgos y el mayor de los placeres— Me gusta disfrutar de la vida.—entonces me di cuenta de que estaba a punto de descubrir los verdaderos placeres de la vida…—Y no hay placer sin riesgo…—contesté a mis propios pensamientos en voz alta apretándome a su cuerpo tanto como me era posible.
Sólo quiero sentirte…
—Ay, Bella.—gimió dejándome apaciguar mi necesidad, rindiéndose a ella.—Me vas a matar…
Y me besó de nuevo, voraz, fuerte y profundo.
¡Aleluya, aleluya, aleluya, aleluya, aleeeeeeeeeeeeluuuuuuuuyaaaa aaaaaaa!
Beso :)
P.
