¡Saludos a todos! Aquí estoy, un día más, actualizando cuando puedo por el trabajo. Lamento la irregularidad y las ausencias, me cambian los horarios a última hora y me desajustan absolutamente todo. Pero no temáis, que esto seguirá adelante hasta el final de la historia.

Como siempre, recordar que Code Lyoko y Digimon Frontier NO nos pertenecen ni a raf-lily ni a mí, que los personajes originales se cuentan con las manos y sobran dedos y que cualquier parecido con la obra de otra persona (ya sea fanart o fanfic) es una coincidencia/casualidad que estaremos encantadas de conocer.


Capítulo 28: Buscando información

Con Nefertimon y Pegasusmon liberados, el grupo volvió la vista hacia el castillo con más de una exclamación ahogada por los desperfectos. A los pies de todos, Gatomon simplemente suspiró agotada.

—Ese maldito Duskmon… —Koichi apretó ambos puños con fuerza.

—¿Tan poderoso es para que entre todos no hayáis logrado nada? —preguntó Yumi.

—Cuando Koichi era Duskmon, nos enfrentamos varias veces —dijo Kouji —. Fue bastante complicado, incluso con la doble digievolución. Casi logré vencerle en solitario, pero Kerpymon le entregó el espíritu digital animal corrupto y volvieron a complicarse las cosas.

—¿Doble digievolución? —preguntó Odd.

—Creía que ya lo habíamos dicho. Es la fusión del espíritu digital humano y el animal. Sólo Kouji y yo la tenemos gracias al poder de Seraphimon —explicó Takuya.

—¿Y con esa doble digievolución podríais vencerle? —preguntó Yumi.

—No es tan sencillo —negó Kouji.

—La luz y la oscuridad son hermanas —habló Patamon, volando hasta la cabeza de Koichi —. Donde hay luz, hay oscuridad.

—¿Qué quieres decir? —preguntó William.

—No pueden ser destruidas —dijo Salamon —. Son necesarias la una y la otra.

—Entonces… ¿nunca destruiremos al tipo ese? —preguntó Sissi.

—Duskmon se alimenta del odio y el miedo de los demás —comentó Lopmon —. Cuanto más odio y más miedo haya, más fuerte será.

—Así que estamos fastidiados —suspiró Teppei.

—Ya nos hicimos cargo una vez del espíritu de la oscuridad corrupto —dijo Takuya, pasando un brazo por encima del hombro de Koichi —. Podemos encargarnos de su sombra esta vez también.

—¿Qué tal si pensamos en algo menos deprimente? Como por ejemplo, hay que buscar un libro importantísimo en ese castillo —señaló Odd.

—¡Cierto! ¡Vamos, Gatomon, que hay faena! —apremió Takuya.

—¿Qué creéis que le hacéis a nuestra señora? —se interpuso Nefertimon.

—Sólo quiero que me ayude a recordar y cuanto antes mejor —respondió Odd.

—No tienes remedio —suspiró Dobermon.

Con todos dedigievolucionados, el grupo entró en el castillo acompañados de Nefertimon y Pegasusmon. Salvo un grupo de seis, el resto se quedó mirando entre sorprendidos y horrorizados la cantidad de libros desperdigados por todas partes, ocupando la totalidad del salón de aquel castillo.

—No tendremos la suerte de contar con una base de datos para ir más rápidos, ¿verdad? —preguntó Jeremy.

—Lo siento, pero no existe listado de obras ni nada parecido —sonrió Gatomon.

—¿Vamos a tener que buscar el libro… ahí? —preguntó Ulrich.

—No pasa nada, somos muchos —rió Gatomon, echando a correr hacia una de las montañas y empezando a apartar libros.

—Suerte que pedimos una forma rápida y sencilla —se quejaron Odd y Takuya

—Dividámonos de nuevo como la otra vez —propuso Tommy.

—¿Ya estuvisteis aquí buscando algo? —preguntó Emily.

—En nuestra última aventura, para defender este lugar, el último punto del Digimundo antes de la resurrección de Lucemon —dijo JP.

—Buscábamos la llave que sellaba los datos de esta área para protegerla de los Caballeros Reales. Estábamos dispuestos a destruirla si, con eso, el Digimundo se salvaba y se evitaba el renacer de Lucemon —comentó Tommy.

—Quién nos iba a decir que dicha llave era Nefertimon —dijo Zoe, mirando a la digimon blanca.

—Y bien que se lo calló —dijo Takuya.

—Lo lamento mucho, niños elegidos. Jugaba con la esperanza de que los Caballeros Reales desconociesen que yo era la llave de este lugar… —se disculpó la digimon.

—Pero sabemos guardar secretos —dijo JP.

—Eh, nada de entrar en discusiones de ningún tipo —llamó Gatomon —. Vamos a buscar lo que pueda ser útil. Nefertimon, Pegasusmon, ayudad vosotros también, por favor.

—Por supuesto —inclinaron ambos la cabeza y alzaron el vuelo hacia los volúmenes más altos.

El tiempo pasó lentamente para todos. Divididos por todo el castillo, fueron mirando libros en todas las estanterías a la espera de encontrar un título significativo.

—Esto es como buscar una aguja en un pajar —suspiró William, pasando las páginas de uno titulado "Recuerdos".

—¿Algo interesante? —preguntó Angemon, sobrevolando la sala.

—Nada. Esto son las memorias de alguien —respondió cerrando el libro y tomando otro de la montaña que le estaba creando Dracomon.

—Habrá que seguir buscando —suspiró el dragoncito.

—¡Absolutamente nada! —exclamó Tommy sobre una montaña de libros —. Todo lo que he encontrado es historia, historia y más historia.

—No te desanimes, Tommy —habló Gatomon —. Quizás en los otros rincones han tenido más suerte. Tanto en el sótano como en los pisos superiores hay más libros.

—Iré a preguntar —dijo Angemon.

Dos minutos más tarde, el ángel encontró al primer grupo en la parte baja, algunos trepando por las estanterías hasta los libros más altos.

—Renamon, ¿habéis encontrado algo? —preguntó a la digimon amarilla.

—Allí hay algunos de memorias y recuerdos, pero no creo que sea lo que buscamos…

—¿Estás tú sola aquí?

—Kitsumon está por alguna estantería y a Yumi la perdí de vista debajo de aquella montaña —respondió señalando al otro lado.

—¡Este ya lo he cogido antes! —se oyó protestar a la chica. Un libro salió volando lejos de la montaña —. ¡Ya no lo volveré a coger, seguro!

—Seguiré adelante a ver qué tal van los demás —indicó Angemon, volando rápido e intentando no ser visto por la geisha.

Nada más pasar a la siguiente estancia, Angemon se quedó paralizado en el aire por la cantidad de libros tirados por todas partes.

—¿Qué ha pasado aquí? —preguntó, buscando hasta dar con una cabeza rubia volteándose hacia él.

—Puede que los ataques hayan provocado un terremoto que ha tirado los libros —respondió Zoe.

—Tardaremos una vida en arreglar todo esto —declaró Chiaki, nadando literalmente entre más libros.

—¿Algo que sirva? —preguntó esperanzado el ángel.

—Con tanto caos… —suspiró la del viento.

—¡Chicos! —llamó Chiaki —. ¿Tenéis algo ya?

—¡Un par de manuales! —oyeron a Ulrich.

—¡Que sean tres! —se unió Kouji, asomándose con la vista fija en un libro.

—¡Avalancha! —chilló Koichi. Una pequeña acumulación de libros se deslizó en el lugar y desequilibró a Kouji.

—¿Estáis bien? —apareció Turuiemon, apartando libros y rescatando a los tres muchachos.

—Creo que me ha golpeado una enciclopedia XXL… —se quejó Koichi.

—Dadme a mí los libros —Angemon voló hasta ellos —. Los llevaré arriba y preguntaré si alguien puede bajar a ayudar apartando libros.

—Te estaremos agradecidos —respondió Ulrich trepando a una montaña y tomando un libro de la que tenía al lado —. Estoy empezando a tener problemas con los títulos que he visto y los que aún no…

—¡Tengo más manuales aquí! —chilló Bokomon

—Enseguida voy —se volteó Angemon.

—Llévalos a un lugar más despejado, hijito-hijita.

—Bokomon, que te hemos dicho que es un chico, es solo hijito —negó Neemon.

Con unas risillas de fondo, Angemon regresó por donde había venido, esquivando más libros lanzados por Yumi, hasta dar con Gatomon en una mesa con un par de libros.

—Pues sí que va lenta la cosa —suspiró dejando los tomos en la mesa.

—Por lo que veo, van mejor por abajo —comentó la gata.

—Lo intentan. Hay una habitación completamente inundada de libros caídos de todos lados…

—Tocará bajar a organizar —suspiró saltando de la mesa y acercándose a los más cercanos.

Acompañada de Aelita, Lunamon, Takuya, Jeremy y Gaomon, y mandando a Angemon a buscar más gente en los pisos superiores para repartir todo el terreno, bajaron hacia el sótano con calma. Estaban a punto de alcanzar a Yumi, al fin libre de la prisión de libros en la que estaba, cuando el suelo empezó a temblar con fuerza, tirando más libros de las estanterías y haciendo que todos los que se encontraban en aquel piso echaran a correr hacia la salida.

—¿Qué ocurre ahora? —preguntó Zoe.

—Nos estarán atacando de nuevo —bufó Gatomon —. Subamos, rápido.

Con algo de dificultad, alcanzaron el primer piso, encontrándose con todos allí reunidos y con Nefertimon y Pegasusmon volando hacia la puerta. Una nueva sacudida hizo caer todos los libros alrededor del grupo, amenazándoles con golpearles y obligándoles a protegerse de ellos.

—¿Será ese Duskmon otra vez? —preguntó Sissi con algo de miedo.

—No, no puede ser él —negó Takuya, intentando convencerse a sí mismo de ello.

—¿Y entonces qué? —preguntó Jeremy.

...

Antes de que Takuya tuviese tiempo a decir nada más, un enorme agujero oscuro se abrió a los pies de todos, arrastrándolos inevitablemente hacia abajo. Todo empezó a dar vueltas alrededor del grupo, alejándolos de la sala llena de libros de aquel castillo en el que se encontraban.

Xana-Lucemon reía maniáticamente mientras observaba el terreno del castillo de Ophanimon temblando. Junto a una máquina, Myotismon esperaba la orden para lanzar un campo de fuerza hacia la torre desactivada. Aunque la espera le pareció eterna al vampiro, el ángel caído acabó haciendo una leve señal. Desde la esfera de un Phantomon, todos pudieron ver cómo el castillo de Ophanimon se hundía, librándose aparentemente dos digimons que sobrevolaron el lugar con claro nerviosismo.

—¡POR FIN ME HE LIBRADO DE ELLOS! —rió Xana-Lucemon.

—Mi señor… ¿Seguro que…?

—¿Qué? —interrumpió el ángel al vampiro —. El castillo se les ha caído encima. ¡Nada ni nadie puede haberles salvado de ello! —exclamó alzando los brazos —. ¡Han perdido!

—Mi señor —un Phantomon entró lentamente en la sala, llamando la atención del soberano del lugar —. BlackKazemon ha desaparecido.

—¿Ha sido eliminada? —preguntó cuidadosamente el ángel caído.

—No… No exactamente… —dijo algo nervioso —. Entró en una cueva. Los Bakemons vigilaron la salida e incluso buscaron alguna gruta de escape y la vigilaron también… Estuvieron esperando hasta que llegó Duskmon…

—¿Y? —preguntó al no recibir más información.

—Cuando él entró, no había nadie allí dentro —dijo al fin —. BlackKazemon había desaparecido completamente sin dejar ni rastro…

—Malditos inútiles… ¡Si alguien hubiese vigilado los movimientos de esos niñatos palurdos, esa hada molesta no habría tenido oportunidad de escapar! ¡Duskmon la habría matado cuando se lo dije la primera vez! —rugió.

—Lo sentimos, amo…

Tras la puerta principal, bien escondida, BlackRanamon ocultó una sonrisa ante aquella información. Sabía que todos se tomarían la desaparición como una muerte segura, pues era evidente que los Bakemons le habían atacado para intentar atraparla. Pero el clon de la guerrera del agua estaba convencida de que el clon del viento seguía viva, a salvo de todos.

—Espero que podamos encontrarnos de nuevo —susurró mientras se alejaba alegremente de la puerta —. De todos los que hay por aquí, eras la única que daba cierta nota de vida al lugar —murmuró pasando a la sala con los demás clones.

Todos estaban firmes, serios, en el más absoluto de los silencios. BlackRanamon empezó a entender por qué el hada oscura era tan ruidosa: sin contar su "locura", ella era la única voz que se oía en la sala.

Duskmon entró en la sala y ordenó que se retirasen todos a descansar para futuras misiones. BlackRanamon sabía que no se refería a los niños elegido; poco le importaban aquellos críos humanos. Ellos también habían dañado a su amiga y se alegraba que el castillo del ángel femenino se les cayera encima.

—Un castigo por el daño que le habéis hecho —susurró alejándose del clon siniestro.