Gracias a Charlaine Harris por dejarme jugar con algunos de sus personajes, los demás son míos.
29.
Llegó a casa y se dirigió a su dormitorio, o al que lo había sido hasta ese momento. La imagen de Alcide levantando a Loyal y entrando en ella volvió a reproducirse en su memoria, hizo un gesto de desagrado e intentó sacudirse esa imagen. Al cabo de pocos minutos, oyó el coche de Alcide y cómo entraba en estampida en la casa, llamándola a gritos. Al cabo de un par de minutos, llegó al dormitorio. La miró fijamente y se acercó a donde estaba, se puso de rodillas delante del taburete del tocador y le cogió las manos.
_ Sookie... – se deshizo de ellas e intentó también deshacerse de sus brazos que intentaban, sin éxito, rodearla-. Lo siento, yo...
_ ¿Tú, qué, Alcide? – le miró con interés, como le saliera con "no es lo que piensas" le iba a dar un ataque de risa.
_ Lo de Loyal...
_ No te atrevas a decir que no es serio, Al – la miró sorprendido-. ¿Desde cuándo?
_ Desde noviembre – bajó los ojos avergonzado.
_ ¿Desde...? – eso no se lo esperaba, había sido dos meses antes de la última noche con Eric-. ¿Con lo que te ofendiste porque Eric me sacó a bailar? – "y todo lo demás que no sabes pero te imaginaste", pensó-. Bueno, Alcide, estarás conmigo en que esto nuestro no funciona, ¿verdad? Si tú tienes una amante desde hace más de medio año y yo fantaseo – menudo eufemismo- con el padre de mi hija es que esto no va bien. Creo que lo mejor es que acabemos con esto.
_ Pero te quiero – le levantó la ceja-, no me mires así, es cierto.
_ ¿Y a ella?
_ No lo sé, supongo que también... – murmuró esquivando su mirada.
_ Bueno, pues no voy a ser más un impedimento – se levantó y empezó a sacar ropa.
_ Pero... Faltan dos días para tu cumpleaños, te he organizado una fiesta...
_ ¿Sí? – sonrió mordaz ante lo de la fiesta, qué amoroso su esposo-. Creo que no voy a poder asistir, cielo, lo siento.
_ Quédate, por favor.
_ No – se paró un segundo y sonrió-. Ha sido un gran regalo de cumpleaños...
Alcide bajó la vista avergonzado, no había entendido el sentido literal de su frase, e intentó ir por otro lado. Guardó silencio unos segundos y continuó.
_ ¿Dónde irás? – murmuró.
Su sonrisa se amplió y suspiró con alivio y esperanza.
_ A casa.
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La primavera estaba siendo especialmente lluviosa en Londres por eso, ese fin de semana, Eric pidió a Jason permiso para llevarse a Adele a París. Al principio le extrañó que Sookie hubiese dejado a la niña con su tío en lugar de con su padre, pero recordó que Leif estaba promocionando su nueva novela y no le pareció mal, quién mejor que Jason para cuidarla si no. Él mismo, pero eso era algo que Sookie no sabía y tampoco debería Le apetecía estar con ella, hacía catorce años que procuraba no estar solo ese día, los primeros años lo pasó borracho, ahora le apetecía mucho más, ya que celebrar el cumpleaños de Sookie con ella no era una opción, pasarlo con su hija. Podrían pasar el día en el parque de atracciones si quería, o ir al restaurante, que, sonrió, probablemente sería lo que ella elegiría, ir al Louvre, lo que le apeteciese.
En los dos meses que Adele llevaba en Londres, su vida había cambiado bastante, alternaba su restaurante con el programa que ahora, gracias a Pam, se rodaba ahí, con lo que su tiempo se repartía entre Londres y París. Su relación con Jason no había sido del todo fácil, al principio fue algo reacio y la relación era un poco tirante, pero poco a poco se fue relajando y empezó a ser muy cordial porque cuando estaba en Londres, era él quien recogía a Adele del colegio, la llevaba a las clases extraescolares, la ayudaba con los deberes, ponía cara seria y de advertencia a su amigo David. No podía dejar de sonreír al pensarlo, le encantaba poner nervioso al chico y no acababa de entender porqué le tenía más respeto a él que a su padre o a Jason, quizá porque a ellos hacía años que les conocía. El caso era que cuando le veía cerca, se separaba unos centímetros de ella que, inmediatamente, le buscaba con los ojos para lanzarle una mirada asesina, pero ahora que la había encontrado no iba a dejar que un niñato le restara tiempo con su niña...
Dejaron las bolsas en su piso y fueron al restaurante a ver cómo iba todo. Adele saludó a todo el mundo, su francés había mejorado mucho en poco tiempo y, con lo charlatana que era, no dejaba de preguntar y de interesarse por todo. Se sentó con Margaux a hacer algo de papeleo. Su amiga le miraba con una sonrisa sorprendida.
_ Vaya, está hecho todo un padrazo – se rió y le cogió la mano-. Se te ve tan feliz...
_ ¿Quién iba a pensar que lo que le faltaba a mi vida era mi sobrina? – Margaux sonrió como callándose algo.
_ Lo que falta en tu vida es la madre de esa niña, estás compensado su carencia en ella, y está bien porque sois iguales y os adoráis. Tienes con la niña una afinidad y una conexión que nunca has tenido con ella, ¿verdad? Pues deja de buscar, si la niña te ha encontrado, también lo hará ella.
_ Ella no está buscándome, está casada.
_ Ya lo creo que lo está y los dos sabemos todo lo que pensó en su marido mientras estaba contigo en la fiesta del Cosmo... Dale tiempo, eres muy lento, has necesitado años para poder enfrentarte a ella y dejarla hablar, deberías aceptar que los demás también necesitan su tiempo.
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Era lo último que esperaba encontrarse en su puerta aquella tarde. La sonrisa de su hermana se amplió y se le abrazó al cuello. Pasó mientras él recogía sus maletas de la puerta sin dejar de sonreír. Hasta que cayó en la cuenta. Adele...
_ ¿Qué haces aquí, cariño? ¿Has venido a pasar tu cumpleaños?
_ He venido para quedarme...
_ ¿Qué...?
_ Se acabó lo de Alcide – la interrogó con la mirada animándola a seguir-. Bueno, él tenía una amante y yo no le quiero a él, no lo podíamos prolongar más, ¿no te parece?
_ ¿Tiene una amante?
_ Sí, su compañera de reparto, la que hace de su chica, supongo que por eso sus escenas eran tan creíbles...
_ Hay que joderse...
_ Sí... ¿Y Adele? – su voz le sonó excitada y deseosa.
_ Pues está en París...
_ ¿Qué hace allí? – murmuró con aprensión.
_ Con Leif y Nicole – improvisó-. Ya sabes, en Disneyland...
_ Oh... – su tono seguía siendo preocupado pero también resignado- esperaba poder pasar mi cumpleaños con ella – sus ojos se iluminaron-. ¿Por qué no vamos y lo pasamos allí con ellos?
Sí, buena pregunta, ¿por qué no? Tenía que pensar rápidamente en algo, lo que fuera.
_ Déjame que llame a Leif a ver qué dice...
_ ¿Y qué va a decir? – se rió- Qué tonto eres, Jase.
_ Bueno, tú sube a tu cuarto y acomódate, date un baño mientras yo les llamo.
Cogió sus maletas y casi la obligó a hacer lo que le decía. Bajó a toda velocidad y llamó a Leif.
_ ¿Dónde estás?
_ Hola, Jase, que alegría oírte a ti también... – se burló al otro lado.
_ Mira, Leif, no estoy para coñas, responde.
_ En Madrid – el tono le cambió en seguida y se puso de acorde al de su amigo, era evidente que lo que fuese era importante.
_ Iros para París inmediatamente, Sookie está aquí y Adele está allí con Eric. Le he dicho que está con vosotros, que la ibais a llevar a Disney y quiere que vayamos a celebrar su cumpleaños.
_ Joder, ¿qué hace aquí?
_ Ah, esa es otra, ha dejado a Alcide y ha vuelto.
_ Bien, voy a llamar a Eric a decírselo, no se lo va a tomar a bien...
_ ¿Te lo tomarías tú? Es su hija, joder – hizo una pequeña pausa-. Llámame con lo que sea.
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El nombre de Leif en el identificador de llamadas ya debería haber sido suficiente señal de que algo iba mal, cuando le contó que Sookie había venido y quería celebrar su cumpleaños con ellos, se quiso negar en redondo, pero, una vez más recordó que él no era nadie, que estaba hablando con su padre y que era normal que su madre quisiera pasar su cumpleaños con ellos. Su tono devastado se debió filtrar a través del teléfono pero no le importó, joder, que supiera lo decepcionado y desilusionado que estaba por no poder pasar el fin de semana como había planeado con su niña. Entonces su hermano dijo algo que no había previsto, casi en un susurro, como para sí.
_ Esto tiene que acabar...
Le dijo que él y Nicole ya iban de camino, que en unas horas estaría allí. ¿Quería decir que iba a decirle a Sookie que todos tenían relación con él a sus espaldas? En cuanto llegara saldría de dudas, ahora tenía que decírselo a Adele pero Jason se le había adelantado y en ese momento con quien hablaba era con su madre, la oyó decir que estaba en el hotel sola y que les estaba dejando tomarse un tiempo solos después de todo el día juntos. Se le veía incómoda mintiendo a su madre y eso era una razón más para dejar de hacerlo. ¿Qué podría pasar si lo supiera? No era que hubiesen hablado mucho pero que hubiesen acabado comiéndose vivos tenía que significar algo. Probablemente se enfadara porque todos le habían estado ocultando algo que atañía a su hija, pero como no era nada malo y contaba con la bendición de su padre, tampoco sería como para tomárselo muy mal.
Algo más de tres horas después, Leif tocó al interfono de su casa, venía solo, se había dejado a su novia en el hotel preparándolo todo para que pareciese que llevaban allí un día. Adele había preparado sus cosas y estaba sentada con gesto mohíno delante del piano, jugueteando con las teclas.
_ Lo siento – se disculpó Leif-, sé la ilusión que os hacía este fin de semana, pero Sookie se ha presentado de repente y vienen a celebrar su cumpleaños con Adele.
Bajó los ojos y su expresión cambió, ése iba a ser un buen año para empezar a superar esa fecha, pero estaba claro que tampoco sería así.
_ No pasa nada, gracias de todas formas por dejar que viniese conmigo. Te diría que fueseis al restaurante pero supongo que eso está fuera de toda consideración, además, no sé si me apetece ver a ese montón de músculos con el que está casada – hizo una pausa-, no, sí lo sé, no me apetece nada verle...
_ No le verías – Leif sonrió un poco-. No ha venido, parece que su matrimonio ha terminado – los ojos se le debieron iluminar porque la sonrisa de su hermano se amplió-. ¿Quieres que vayamos...?
_ Me gustaría mucho – dijo después de un momento para asimilar lo que le había dicho-, pero entenderé que no lo hagáis...
_ Pero yo no... – apretó la mandíbula y vio su determinación-. Bueno, ¿dónde está esta niña nuestra?
Pasó detrás de él y suspiró al verla. Les dejó un momento de intimidad, para que pudiesen saludarse y él le explicara. Se dirigió a su dormitorio y se sentó en la cama para pensar un momento sobre la información que el había dado Leif, ¿ya no estaba casada? El estómago le dio un vuelco, la oportunidad que había estado esperando se le acababa de presentar, pero quería hacerlo bien esta vez, quería a Adele y no iba a hacer nada que ella no quisiera ni aprobara. Volvió con ellos al salón y la expresión de la niña había cambiado, claro, se alegraba de ver a su padre y el corazón se le encogió de pena por no ser él el que provocara ese sentimiento. Al verle, la niña saltó y fue a abrazarle.
_ Sookie no viene hasta mañana – le explicó Leif-, y esto tiene que acabar. ¿Nos aceptarías como invitados a los tres?
_ ¿Qué? – parpadeó sin entender lo que le preguntaba.
_ Adele dice que la casa tiene tres dormitorios – asintió sonriendo-. Pues vas a tener invitados este fin de semana. Voy a llamar a Nicky antes de que lo saque todo y nos vendremos por la mañana, si te parece. Esto ya ha durado demasiado tiempo...
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Se bajaron del tren y vieron a Adele y a Leif y Nicole esperándoles. Corrió hacia su hija y se abrazó a ella sin poder reprimir las lágrimas, la había echado tanto de menos que no pudo evitarlo. La niña se abrazó a ella y la voz también se le quebró al llamarla "mamá". Sonrió entre sus lágrimas de alegría y Adele hizo lo mismo sorbiéndose los mocos, volvió a estrecharla contra su pecho y luego dejó que saludara a Jason mientras ella lo hacía con ellos dos. Les llevaron al hotel, les hicieron subir a sus habitaciones a soltar las bolsas con rapidez, tenían mucho planeado antes del almuerzo. Le pareció que los cuatro tenían un comportamiento extraño, pero desechó esa idea, posiblemente era porque estaban en París, con lo que eso significaba. Su mente voló sin poder evitarlo a Eric, ¿sería capaz de enfrentarse a él ahora que estaba tan cerca de ser libre? ¿Recordaría que ese día era su cumpleaños? Cerró los ojos un momento y se relamió los labios con nostalgia de su comida y de sus besos.
Pasaron la mañana paseando y disfrutando de la primavera, Adele había querido ir al Louvre porque había una exposición que la profesora de historia había dicho que sería interesante que vieran, tomaron un aperitivo en la terraza de un café, cogieron un taxi y Adele monopolizó su atención contándole mil anécdotas sobre el colegio y sus amigos, le contó que a Jason se le había quemado el guiso por hablar por teléfono y que estuvo apestando la casa tres días, que Silvia estaba encantada de que hubiese vuelto y que David estaba siendo muy encantador con ella, al decir esto último, se sonrojó y a ella le apeteció comérsela a besos. Cuando paró el coche y se bajó, se sorprendió, pensaba que iban al hotel, y el corazón se le paró. Estaba ante la puerta de Le Normand.
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