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Annie Britter o mejor dicho, la señora Cornwell, hacía gala de sus mejores y más inmejorables modales dignos de una dama, puesto que la chica Britter años atrás había quedado relegada a un vestigio de un tiempo donde ellas eran un par de colegialas bobas con sueños románticos que más tarde habían descubierto el desazón de la realidad.
La joven madre tomo en sus brazos a su pequeña hija que aun ante los esfuerzos más sobrehumanos de Annie , se rehusaba a dejar de chuparse el dedo pulgar de la mano, era una pequeña de ojos grandes y azules , con cabellos lacios que se ondulaban en las puntas, tan dorados como el sol y un vestidito del mismo color que su madre, pero que sin duda a la pequeña de los Cornwell le lucia mejor, puesto que decían que el blanco era el color de la pureza y Annie tenía ya su buen tiempo de casada.
-¡me alegra tanto volver a encontrarnos! - dijo tiempo después de una larga conversación mostrando una sonrisa discreta la elegante señora Anne Cornwell como ahora se hacía llamar.- todo este tiempo no he sabido nada de ti.
-a mi también me hace feliz verte – respondió Candy mientras miraba a madre e hija- o mejor dicho "verlas" ,es una pequeña muy hermosa.
-gracias.
Casi como un relámpago se unió a ellas Stear Cornwell con un semblante relajado y amable tomando a la morena por la cintura sin olvidar saludar a Candy con un beso en la mano, pero sin soltar su copa de champagne burbujeante.
-señorita Candy ¡que sorpresa tan maravillosa!- hablo Stear Cornwell mirándola con admiración.- se ve usted magnifica, pero veo que ya han hecho su reencuentro ¿he importunado viejas charlas de colegio?-bromeo este.
-para nada señor Cornwell y es para mí también una sorpresa y un gusto volverlos a ver y enterarme de la noticia de su boda, Annie me lo ha contado con detalles, lamento no haberles podido felicitarles antes.
-créame, ¡yo estoy igual que usted de sorprendido!- bromeo el pelinegro de lentes mientras su esposa se limitaba a sonreír insegura al mismo tiempo que arrullaba a la niña.- perdone mi falta de tacto, pero ¿Ha venido con Terry?
Ella negó y Stear Cornwell hizo una cara de confusión, a lo que ella se aproximó a agregar:
-en realidad, he sido invitada aparte, ¿Qué me dicen de ustedes?
-bueno, los Cartwright y los Cornwell han tenido negocios juntos por muchos años, y lo demás es una larga historia.- comento Alistear Cornwell escuetamente, puesto que lo "demás" como él lo llamaba , era una conversación demasiado tediosa para llevar con una mujer y algo incómodo para los hombres , cuando ya se sabía de antemano que una mujer solo estaba para ser gentil y tener hijos, lo cual su esposa le recordaba cada día.
-comprendo.- respondió la rubia mientras sonreía sin dejar de advertir la grosería de Alistear Cornwell.
-¿y cómo es que us…- pero la pregunta no continuo, Terry Grandchester se unió al pequeño grupo y tomo a Candy por los hombros de una manera brusca y de demasiada confianza a los ojos del público.
-¡te he estado buscando por todas partes!
-¡Terry!-reprendió la rubia un poco apenada- la gente puede pensar otras cosas….- y le dirigió una sonrisa a los antiguos amigos.
Stear sonrió con picardía- señorita Candy, debe de tener cuidado con este hombre.
-gracias por advertirme señor Cornwell.
-no hay de qué, pero no me ha dicho ¿de qué conoce a los Cartwright?
A Candy le habían dado ganas de decirle también que aquello era una larga historia, pero se reprimió-soy la institutriz.
-¿institutriz?-pregunto un confundido y mortificado señor Cornwell quien con una pizca de atrevimiento no dudo en añadir- pero si usted es demasiado guapa para eso, ¿es que Terry no se le ha propuesto aun?
Terry hizo una mueca burlona y tomo a Candy por los hombros- A Candy y a mí nos gusta ser libres, ¿no es cierta querida?
-¡vaya! ¿Annie porque no tuvimos una relación así?
-¡stear!-chillo Annie muerta de indignación y vergüenza.
-no seas aburrida cariño, solo estoy bromeando.
Sin duda Stear Cornwell le gustaba embromar a su tímida esposa en público y la pobre mujer no podía hacer más que mirarlo irritada, pensó Terry mientras miraba a la joven pareja con una ligera sonrisa para después voltear su atención a su pequeño descendiente que cargaba en brazos la joven esposa de Stear: era una criatura inquieta y demasiado llamativa y no había tardado mucho en capturar su completa atención.
-¿Quién es esa pequeña?-interrogo a la pareja sabiendo de antemano la respuesta.
Stear sonrió orgulloso- esa damita es nuestra hija Madeline.- dijo entonces tomando a la pequeña para que descansara un poco su madre.
La niña jugueteo un momento con los anteojos de su padre, cuando un segundo después estallo en risas infantiles y miro a los dos extraños que la admiraban también sonrientes.
-Maddie, saluda a Terruce y a la señorita Candy.
La niña volvió a reír risueñamente, para después ignorar al señor Grandchester y quedarse en silencio mirando a la rubia que tenía enfrente, Madeline trato de acercar sus pequeñas manitas hacia la joven de grandes ojos verdes y que al igual que ella tenía también pecas en la nariz, aquellas pecas que hacían rabiar a su joven madre cada vez que estas se proponían en multiplicarse en su tierno rostro.
-parece que le gustas señorita Candy.-dijo el sonriente Stear-¿quieres tomarla un momento?
Candy asintió sin pensarlo, no era la pequeña precisamente un recién nacido, pero no pesaba demasiado y podía hacerlo, tan pronto como la tomo en sus brazos , la niña siguió tan extrañamente callada mientras se apresuraba en abrazar a la extraña de ojos verdes, la pequeña Madeline se acorruco en Candy, como un niño temeroso que busca protección.
Los tres se habían quedado perplejos mirando a la mujer y a la niña tan acopladas como si fuesen madre e hija, en una armonía que resultaría casi grosera de romperse.
Terry se maravilló de su señorita Brown, parecía tan menuda e indefensa con la niña entre sus brazos, ambas podrían pasar por dos ángeles rubios e inocentes que el buen dios al fin había decido mostrar a la imperfecta raza humana.
-Madeline está muy cansada, por favor Candy, ¿podrías dársela a la niñera?- dijo Annie con ligera envidia, de que su hijita prefiriera los brazos de una extraña.
-¡oh lo siento!- se excusó la rubia sonriendo cálidamente mientras separaba los regordetes bracitos de la niña de su cuello, la pequeña e inquieta Maddie se mantuvo serena hasta encontrarse en los brazos de su aya, solo en ese instante estallo en berridos.
Los Cornwell se despidieron de ellos un poco después, se marchaban temprano puesto que una pareja con un niño pequeño era muy usual que se retirara pronto de las fiestas y la madre no era muy adoradora de estas.
-¿y qué me dices?- pregunto Terry mirándola con ligera expectancia.
-¿Qué digo de qué?
- no finjas no entender, por lo regular no le cuento a la gente lo perceptivo que soy, pero no pude evitar notar que la pequeña señorita Madeline Cornwell no se parece ni al padre ni a la madre.
Candy le miro entre asombrada y algo escandalizada-¡Terry Grandchester! Pero qué cosas tan terribles dices de tu propio amigo, pero no permitiré que te expreses así de Annie y no quisiera más de tus percepciones.
Terry le miro divertido- señorita "White", te sorprenderías.
Ella bufo y miro a los lados, gente conversando sonriente y parejas bailando, la orquesta tocando un valtz y después ella con mujeres encolerizadas en las esquinas e inclusive danzando en el salón sin importar su otra pareja , miradas llenas de odio, miradas dirigidas a ella , quien se encontraba platicando trivialidades con su apuesto duque de Grandchester, un ligero sentimiento de malicia la embargo , estaba harta de las mujeres envidiosas.
-¿Por qué no te callas y me invitas a bailar?
El abrió la boca en sorpresa y después la cerró curvándola en una sensual sonrisa.- es usted una fierecilla que algún día me gustaría domar, mi querida señorita Brown.
-siempre diciendo cosas sin sentido- resoplo ella en su hombro mientras la melodía llevaba los pies de ambos.
Terry soltó una risota y la apretó aún más entre sus brazos, pegándola a su cuerpo de una manera casi impropia.
Candy miro las parejas danzaban a su alrededor, mientras su pareja de baile parecía que la mantenía flotando, era Terry un bailarín consumado según había podido apreciar , sus pies eran ligeros y estaba lleno de una vitalidad, en sus brazos se sentía segura, pero que sentimiento tan extraño era aquel.
-estamos demasiado pegados, ¡por dios Terry! Suéltame un poco o no volveré a bailar contigo.
La mirada del joven duque de Grandchester se posó en sus labios de una manera descarada y sin notarlo, Candy se dejó llevar por los pasos de el solo hasta el momento de darse cuenta que habían terminado por salirse del salón y salir por una de las grandes puertas de cristal que daban al jardín.
Parados entre la oscuridad de la noche el la volvió a mirar pero esta vez de una manera más intensa, Candy también le miro y algo hipnotizada noto como sus ojos azules se volvían turbios como nunca antes, entonces Terry la tomo por la barbilla y se inclinó un poco para poder besarla a su gusto.
En el lapso que duro la sorpresa ella se convirtió en una muñeca de trapo que si él la hubiera tomado ella se hubiera dejado arrastrar, pronto se sintió invadida por una pasión desconocida casi animal, sus sentidos comenzaban a nublarse mientras el la acariciaba por todas partes, era bien sabido que los jardines por la noche tenían su uso particular y ella se estaba convirtiendo en una cualquiera , una cualquiera que era besada como la amante que jamás se olvida, una cualquiera lo cual ella no podía ser.
En el primer momento para respirar donde ambos se separaban para tomar aire un segundo de lucidez llego a la rubia quien alzo su pequeña mano para acariciar la mejilla del apuesto hombre que disfrutaba de su tacto, una caricia que duro muy poco , alejando su mano unos pocos centímetros la joven golpeo la mejilla masculina con toda la fuerza que podía.
-¡creí que éramos amigos!-chillo esta para alejarse rápidamente antes de que alguien más los viera.
El castaño sobo su mejilla algo roja por el golpe, esa mujer pegaba muy fuerte, pensó sonriente.
Candy salió tan apresurada como una palomilla asustada, había cometido muchos errores en su vida y otra vez cometía otro, Terry Grandchester era un idiota redomado que merecía que ella no le volviera a hablar en toda su vida.
La había engañado y la había hecho creer que eran amigos.
¡Amigos!
Hasta la palabra le parecía ya graciosa, tendría que haberlo sabido y no ser tan inocente, o más bien dicho tonta, Terry Grandchester no quería su amistad, tal vez otras cosas sí.
Se sonrojo de inmediato , su cara ardía de vergüenza , quería marcharse y no ser vista por nadie , ya más tarde se disculparía por ausentarse, pero no veía al señor Cartwright por ningún lado , ni al buen Rudolph , no tenía quien la llevara, bien , pues se iría caminando.
-no seas tan niña…..- la voz masculina que le susurró al oído la irrito sobremanera.
Lo volteo a ver furibunda y decidió ignorarlo caminando pasos ridículamente grandes que la llevaran fuera.
-vamos Candy….. lo siento , ¿sabes que lo siento , no?
-no quiero volver a hablar contigo.
-me siento rechazado…-dijo el con un ligero tono divertido.
-¡y yo ultrajada!
Terry enarco una ceja y comento- no recuerdo que te hubieras rehusado.
Candy bufo y se volvió hacia la puerta.
-¿A dónde vas?-dijo el mirándola confundido y alarmado.
-¡me voy!
-pero si ni si quiera tienes como irte.
-caminare.
-Candy está helando haya afuera.
Candy lo miro burlona- también helaba en el jardín.
-cariño eso tenía solución-y la miro de manera sugerente.
-lo que no tiene solución ¡eres tú!-dijo mirándolo en un gesto casi comico.
-¿Qué le diré al señor Cartwright?
-el señor Cartwright está ocupado atendiendo sus invitados, no notara mi ausencia y ahora déjame en paz.
-Candy, lo siento, ¿Qué puedo hacer para que me perdones?
- nada, solo déjame en paz, ¿puedes hacer eso por mí?
-me temo que no puedo…
Ella puso los ojos en blanco y pidió al mozo su abrigo, ya después se las arreglaría para llegar a casa.
-haremos esto, yo te llevo a casa en silencio y te prometo que no te molestare por una semana entera.
-¿solo una semana?
Él sonrió con malicia-diablos Candy, no soy tan bueno..
Al final Candy accedió la no muy tentadora propuesta del retorcido duque y se marchó en su carruaje con el sin decir adiós a nadie.
-¿Candy?- la llamo el después de unos momentos, pero ella no respondería- realmente no importa que me respondas, creo que ha valido la pena , cariño tus avances son muy lentos y yo ardo de deseo por ti- dijo bromeando para después sonreir- hoy me he robado el mejor regalo de navidad, pero ya no me dio tiempo de darte el tuyo.
Candy se removió inquieta en su asiento preparada para lanzarse del carruaje si era posible en caso de que el decidiera abalanzársele encima, si eso tenía en mente para un regalo de navidad.
-tranquila querida.-rio el divertido mientras sacaba una caja de terciopelo de su chaqueta- feliz navidad Candy.
-no me compraras con eso.
En la penumbra del amplio carruaje el hizo una mirada inocente-¿Quién está hablando de comprar?
-no lo se….
-vamos Candy…. Comprarte seria tener que tomar a mi cuidado a todos los indigentes y gente pobre en el mundo y no soy tan rico para eso…
Candy quiso sonreír-eres un exagerado.
-tal vez.
-ni siquiera debería estar en este carruaje contigo, la gente podría vernos.
-pero eso a ti no te importa ¿verdad?
-¿Qué es?
-tendrás que abrirlo tú.
Candy tomo la caja en sus manos y quito el listón de seda que adornaba esta, aun en la oscuridad de la noche los pendientes de esmeraldas brillaron sin la ayuda de la luz de luna.
-no puedo aceptarlo…
-¿Por qué no?
-porqué… porque….¡Es diabólicamente costoso!
-vamos Candy.. es de mala educación rechazar los regalos que se hacen los amigos.-dijo Terry cínicamente.
Candy lo miro dudosa- ¿amigos eh? , pues no lo sé….
-Eleanor me ayudo a escogerlos para ti.
-¿de verdad?
-sí.
-Bueno, no sé qué decir.
-sabes que siempre me tienes que decir "si"
Candy quiso sonreír-mi querido Terry- dijo ella en casi un suspiro.
El sonrió.
-siempre tan zalamero, pero lo aceptare puesto que Eleanor lo ha escogido.-dijo esta mientras la sonrisa del apuesto hombre se ensanchaba mas.
Fue entonces que el carruaje por fin llego a su destino, el cochero se había parado enfrente de la casa de huéspedes de la señor Garland cuando la reconciliación apenas comenzaba a surgir entre ambos.
-creo que hemos llegado ¿Candy?
-¿sí?
-perdona mi conducta de esta noche, me he comportado como un adolescente impetuoso esta noche.
La voz de Candy se dulcifico y le miro como una madre que trata de reconfortar a un hijo que ha hecho alguna travesura.- tal vez yo también me puse algo dramática.
Terry bajo del carruaje y ayudo a la joven a apearse- todos estarán durmiendo.
-seguramente. Gracias por los pendientes, yo también te tenía un regalo , aunque no te lo mereces.. además tengo algo de pena..
-¿Por qué?
-no es mucho, es solo…
-¿Qué era?-la interrogo más curioso que nunca.
-no es la gran cosa, pero creo que jamás te lo daré y…
-me gustara sea lo que sea.-sentencio él.
-de acuerdo, espérame un momento, no tardare.
Candy entro a la casa con pasos rápidos e igual subió la escalera , pasos presurosos por el pasillo hasta llegar a su habitación, rápido tomo de la mesita de noche una caja blanca que no había tenido tiempo de envolver, bajando tan rápido como le era posible evitando despertar a la casa entera y algo tímida le entrego la caja a Terry quien la seguía esperando pacientemente en la puerta.
-no es la gran cosa…
Terry le dirigió una mirada significativa antes de abrir la caja y encontrar una bufanda negra tan suave que podría pasar por una prenda femenina.
-la tejí yo misma.
Terry miro su regalo sin decir nada.
Candy lo observo algo impaciente-sino te gusta no tienes que ponértela… creo que esto ha sido una mala idea..
El castaño dejo de ver su bufanda para mirarla a ella y curvar sus labios en una sonrisa- me gusta mucho. Gracias.- dijo enredándosela rápidamente en el cuello.- siempre que vengo a esta ciudad olvido llevar una de estas conmigo.
-te la has puesto mal, déjame ayudarte.
Él se bajó unos escalones hasta quedar a la misma altura y así Candy le acomodara bien su nueva bufanda, mientras había comenzado a nevar y pequeños copos de nieve se posaban sobre sus cabezas y en sus hombros , como una brujilla traviesa Candy se tardó su buen tiempo amarrando la bufanda y desamarrándola al fin termino con la tarea, solo entonces pero rápidamente en un impulso acerco su rostro al rostro masculino y le dio un rápido beso en los labios.
El la miro sorprendido y ella se metió en casa cerrando la puerta sin que él pudiera hacer algo.
Aun perplejo no trato de abrir la puerta que le impedía estar completamente a su lado, en vez de eso bajo los escalones calmadamente sin olvidar el día-¡feliz navidad tramposa!
Parada atrás de la puerta y asomándose un poco a la ventana dejo escapar una risita traviesa y se quedó ahí, mirándole marcharse con una expresión bobalicona en su rostro mientras el advertía su presencia en la ventana y le decía adiós con una mano.
Se quedó ahí hasta ver como el carruaje desaparecía en aquella noche de nieve, esta vez sonrió para sus adentros con el corazón golpeándole como loco.
