QUIMICA PERFECTA
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By; Vivio Takamachi Harlaown
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Narra Fate
- Fate, por favor, explícame otra vez por qué hemos de recoger a Nanoha para que nos acompañe al Lago Ginebra -me pide Carim.
- Mi madre me ha ordenado que no le vea fuera del instituto, así que el Lago Ginebra es el lugar perfecto para salir con ella. Allí nadie nos verá.
- Excepto nosotros.
- Pero vosotros no vais a chivaros, ¿verdad?
Pillo a Vice haciendo una mueca. Al principio me pareció buena idea. Salir en pareja a pasar el día al Lago Ginebra podía ser algo divertido. Bueno, al menos cuando Carim y Vice se recuperen de la conmoción inicial que les provocará la visión de Nanoha y yo juntas.
- Por favor, no me deis más el coñazo con esto.
- Esa tía es una perdedora, Fate -declara Vice mientras llega al aparcamiento del instituto, donde Nanoha debe de estar esperándonos-. Es tu mejor amiga, Carim. Hazla entrar en razón.
- Lo he intentado, pero ya la conoces. Es muy cabezona.
Dejo escapar un suspiro.
- ¿Podéis dejar de hablar de mí como si no estuviera presente? Me gusta Nanoha. Y yo le gusto a ella. Quiero darle una oportunidad.
- ¿Y cómo pretendes hacerlo? ¿Vais a mantener en secreto vuestra relación? ¿Toda la vida? -pregunta Carim.
Afortunadamente, ya hemos llegado, así que no tengo que responder. Nanoha está sentada en el bordillo, junto a su moto, con las piernas extendidas. Estoy nerviosa, y al abrir la puerta de atrás, me muerdo el labio inferior. Cuando ve a Vice conduciendo y a Carim a su lado, se le tensa la mandíbula.
- Entra, Nanoha.
Me echo a un lado para dejarle sitio.
- No creo que sea muy buena idea -dice, asomando la cabeza.
- No seas tonta. Vice ha prometido que se portará bien. ¿No es cierto, Vice?
Aguanto la respiración hasta oír la respuesta. Vice asiente con la cabeza en un gesto que demuestra poco interés.
- Claro -asegura impasible.
Estoy segura de que si Nanoha fuera otra tía, se largaría de aquí. Pero toma asiento a mi lado.
- ¿A dónde vamos? -pregunta.
- Al lago Ginebra -respondo-. ¿Has estado allí antes?
- No.
- Está a una hora de camino. Los padres de Vice tienen una cabaña.
El trayecto me recuerda más al ambiente propio de una biblioteca que a otra cosa. Nadie pronuncia ni una palabra. Cuando Vice se detiene a repostar, Nanoha sale del coche, se aleja y se enciende un cigarrillo. Me hundo en el asiento. Hasta ahora, el día no se parece en nada a cómo lo había imaginado. Carim y Vice suelen ser muy divertidos cuando están juntos, pero ahora mismo parece que se dirigen a un funeral.
- ¿Os importaría intentar al menos mantener una conversación? -ruego a mi mejor amiga-. Puedes tirarte horas enteras hablando del tipo de perro al que besarías, pero no puedes ni articular dos palabras seguidas delante de la chica que me gusta
Sierra se vuelve sobre su asiento.
- Lo siento. Es que... Fate, te mereces algo mejor. MUCHO mejor.
- ¿Te refieres a Yuuno?
- A cualquiera -resopla y se vuelve de nuevo.
Nanoha entra en el coche y le lanzo una tímida sonrisa. Pero ella no me corresponde. Le cojo la mano y no me devuelve el apretón, aunque por lo menos tampoco la aparta. ¿Será una buena señal? Cuando salimos de la gasolinera, Nanoha interviene:
- Tienes un neumático suelto. ¿Oyes ese ruido en la parte posterior izquierda?
Doug se encoge de hombros.
- Lleva así un mes. No es gran cosa.
- Para en el arcén y te lo arreglo -sugiere Nanoha -. Si se suelta en mitad de la autopista, estaremos bien jodidos.
Estoy segura de que Vice no quiere confiar en el análisis de Nanoha, pero después de un kilómetro y medio, acaba deteniéndose a un lado de la carretera, aunque a regañadientes.
- vice. -Carim señala el prostíbulo que tenemos enfrente-. ¿Qué tipo de personas crees que entran ahí?
- Ahora mismo, cariño, me importa un pepino. -Se vuelve hacia Nanoha y añade-: Vale, crack. Arréglame el coche.
Nanoha y Vice salen del coche.
- Siento haberme quejado tanto –dice Carim.
- Yo también lo siento.
- ¿Crees que Vice y Nanoha van a ponerse a discutir?
- Puede. Será mejor que salgamos y les distraigamos un poco.
Cuando salgo, Nanoha está sacando las herramientas del maletero. Después de levantar el coche con el gato, Nanoha sujeta la llanta entre las manos. Vice tiene los brazos en jarras y la mandíbula apretada en un gesto desafiante.
- Granscenic, ¿qué coño te pasa?
- No me caes bien, Takamachi.
- ¿Crees que tú me haces mucha gracia? -espeta Nanoha, mientras se arrodilla junto a la llanta y empieza a apretar los tornillos.
Me vuelvo hacia Carim. ¿Deberíamos intervenir? Mi mejor amiga se encoge de hombros y yo hago lo mismo. No es que hayan llegado a las manos... bueno, de momento. Un coche se detiene a nuestro lado con un chirrido de ruedas. Hay cuatro mexicanos dentro, dos delante y dos detrás. Nanoha les ignora mientras baja el coche con el gato y lleva las cosas al maletero.
- ¡Eh, nenas! ¿Qué os parece si dejáis plantados a esos perdedores y os venís con nosotros? Os enseñaremos qué es divertirse de verdad -grita uno de ellos a través de la ventanilla.
- ¡Vete a la mierda! -exclama Vice. Uno de los chicos sale del coche y avanza hacia Vice. Carim grita algo pero en ese instante no oigo sus palabras. Estoy demasiado absorta mirando a Nanoha, que se ha interpuesto entre el tipo y Doug.
- Apártate de mi camino -ordena el tipo-. No caigas tan bajo por defender a este capullo blancucho.
Nanoha se planta frente al chico con la llanta de hierro firmemente sujeta en la mano
- Si jodes al blanquito, estarás jodiéndome a mí. Así de simple. ¿Lo pillas, colega?
Otro chico sale del coche. Estamos metidos en un buen lío.
- Chicas, coged las llaves y meteos en el coche –ordena Nanoha con un tono de voz confiado.
- Pero...
Su mirada transmite una serenidad casi letal. Oh, Dios. Va totalmente en serio. Vice le lanza a Carim las llaves del coche. ¿Y ahora qué? ¿Se supone que tenemos que quedarnos sentaditas en el coche y ver cómo se pelean?
- No, no voy a ningún sitio -digo.
- Y yo tampoco -añade Carim.
Una de las chicas del otro coche asoma la cabeza por la ventanilla.
- Nanoha, ¿eres tú?
Nanoha se relaja.
- ¿Alto? ¿Qué coño haces con estos capullos?
La chica que responde al nombre de Alto les dice algo a sus compinches, quienes no tardan en volver al coche. Casi parecen aliviados por no tener que enfrentarse a Nanoha y a Vice.
- Dime tú primero qué haces con un puñado de niños pijos -dice Alto.
- Lárgate de aquí -ríe Nanoha.
Una vez que todos estamos de nuevo en el coche, Vice dice: - Gracias por cubrirme las espaldas.
- No pasa nada -murmura Nanoha.
Nadie vuelve a romper el silencio hasta que llegamos a orillas del Lago Ginebra. Vice aparca delante de un bar para comer algo. Dentro, Carim y yo pedimos unas ensaladas, mientras Vice y Nanoha optan por las hamburguesas. Nos sentamos en un banco mientras esperamos la comida, sin pronunciar palabra. Le doy una patada a Carim por debajo de la mesa.
- Bueno, Nanoha -empieza-. ¿Has visto alguna peli buena últimamente?
- No.
- ¿Has solicitado el ingreso en alguna universidad?
Nanoha niega con la cabeza.
Sorprendentemente, Vice interviene: - ¿Quién te ha enseñado tanto de coches?
- Mi primo -contesta Nanoha-... Los fines de semana me paso por su casa y me quedo observando cómo resucita los coches.
- Mi padre tiene un Karmann Ghia del 72 en el garaje muerto de risa. Cree que volverá a funcionar por arte de magia.
- ¿Qué le pasa? -pregunta Nanoha
Vice se lo explica y Nanoha escucha con atención. Me siento y me relajo al escucharles discutir sobre las ventajas e inconvenientes de comprar piezas de recambio por eBay. La tensión parece desvanecerse a medida que avanza la conversación. Tras acabar de comer, paseamos por la calle Main. Nanoha me coge de la mano y no puedo pensar en nada más que no sea estar allí con ella.
- Mirad, hay una nueva galería -dice Carim, señalando el otro lado de la calle-. Y además es la inauguración. ¡Entremos!
- Genial -exclamo.
- Yo me quedaré fuera -añade Nanoha cuando cruzo al otro lado con Carim y Vice-. No me van mucho las galerías.
Sé que no es verdad. ¿Cuándo entenderá que no tiene por qué cumplir con la etiqueta que todos le han colocado? Si entrara, se daría cuenta de que se siente tan a gusto en la galería como en el taller de su primo.
- Vamos -insisto, tirando de ella. Sonrío cuando entramos en la galería.
Todo un bufé espera en una mesa mientras unas cuarenta personas se arremolinan observando las obras. Doy una vuelta con Nanoha, que camina con rigidez a mi lado.
- Relájate -le digo.
- Para ti es fácil decirlo -murmura
Narra Nanoha
Llevarme a una galería no es la mejor idea que ha tenido. Cuando Carim se lleva a Fate para enseñarle una pintura, me siento completamente fuera de lugar. Deambulo por el local y estudio la mesa en la que se extiende la comida pero, por suerte, ya hemos comido. De hecho, no sé quién puede llamar comida a esto. Tengo la sensación de que alguien debería meter el sushi un rato en el microondas para que fuera comestible. También hay sándwiches del tamaño de una moneda.
- Nos hemos quedado sin wasabi.
Todavía estoy concentrando identificando el surtido de comida cuando alguien me da un golpecito en la espalda. Me doy la vuelta y veo a un blanquito bajito y rubio. Me recuerda a Cara Burro, y de inmediato, quiero apartarlo de un empujón.
- Nos hemos quedado sin wasabi -repite.
Le respondería si supiera qué cono es el wasabi. Pero no tengo ni idea, de modo que no me inmuto. Y eso me hace sentir como un gilipollas
- ¿No hablas mi idioma?
Aprieto con fuerza las manos. «Si, hablo tu idioma, capullo. Pero la última vez que estuve en clase de lengua, no nos explicaron qué significa la palabra 'wasabi'». En lugar de responder, ignoro al tipo y me acerco a una de las pinturas para observarla de cerca. Una chica y un perro caminando por lo que parece una chapucera imitación de la Tierra.
- Aquí estás. -Fate se acerca. Vice y Carim van detrás de ella.
- Fate, este es ichijou takuma -anuncia Vice, señalando al tipo que se parecía a Yuuno-. El artista.
- ¡Ay, madre! ¡Tu obra es increíble! -exclama Fate con efusividad.
Ha dicho «ay, madre» como si fuera una cabeza de chorlito. ¿Está riéndose de mí o qué? El tipo mira su pintura por encima del hombro de Fate.
- ¿Qué te parece esta? -pregunta. Fate carraspea antes de contestar:
- Creo que proyecta un profundo conocimiento sobre la relación entre el hombre, el animal y la Tierra.
Venga ya. Qué gilipollez. Takuma la rodea con el brazo y siento la tentación de darle una paliza, aquí, en medio de la galería.
- Se ve que eres una chica muy profunda.
Profunda, sí, claro. Lo que quiere es llevársela a la cama... algo que no hará si puedo evitarlo.
- Nanoha, ¿qué crees tú? -pregunta ella, volviéndose hacia mí.
- Bueno... -Me froto la barbilla mientras observo fijamente la pintura-. Te doy un dólar por la colección entera, dos como mucho.
Carim abre los ojos de par en par y se cubre la boca con la mano, conmocionada. Vice se ha atragantado con la bebida. ¿Y Fate? Miro a mi nueva chica mientras espero su respuesta.
- Nanoha, le debes una disculpa a Takuma -suelta Fate. Sí, después de que él se disculpe por preguntarme por el wasabi. Ni de coña
- Me largo de aquí -contesto, antes de darles la espalda y salir por la puerta de la galería. Me las piro.
Ya fuera, le gorreo un cigarrillo a una camarera que está de descanso al otro lado de la calle. Lo único en lo que puedo pensar es en la expresión de Fate cuando me ha ordenado que me disculpe. No se me da muy bien obedecer órdenes. Maldita sea, no me ha hecho ninguna gracia ver cómo el capullo del artista ha rodeado a mi chica con el brazo. Estoy seguro de que todos, de una manera u otra, quieren lo mismo: alardear de que han podido tocarla. También lo deseo yo, pero la quiero para mí sola. No me apetece que me dé órdenes como si fuera un cachorrito, y que me coja de la mano cuando le apetezca y no esté haciendo ninguna escena. Es obvio que esto no está saliendo como se suponía.
- Te he visto salir de la galería. Ahí solo entran zánganos -dice la camarera después de que le devuelva el mechero.
Wasabi. Zánganos... En serio, debo dejar de faltar a clase de lengua.
- ¿Zánganos?
- Sí, zánganos, privilegiados que viven a costa del resto del enjambre.
- Ah, bueno, pues definitivamente yo no soy uno de ellos. Respecto a lo del enjambre, pertenezco más bien a las obreras -respondo con ironía, dándole una calada al cigarrillo y agradeciendo la nicotina. De inmediato, me siento más tranquila. Bueno, puede que tenga los pulmones marchitos, pero tengo la impresión de que moriré antes de que mis pulmones alcancen la saturación.
- Soy Ruka, otra obrera. -La camarera me tiende la mano y me lanza una sonrisa. Tiene el cabello castaño y unas mechas de color púrpura. Es bonita, pero no es Fate.
- Nanoha.
Cuando le estrecho la mano, ella se queda mirando mis tatuajes.
- Yo tengo dos. ¿Quieres verlos?
En realidad no me apetece ver lo que le tatuaron en el pecho o en el trasero una noche de borrachera.
- ¡Nanoha! -grita Fate desde la puerta de la pinacoteca.
Le doy una calada más al cigarro y procuro no pensar en el hecho de que Fate ha organizado esta excursión para poder ocultar su sucio secretito. Y ya estoy harta de ser un jodido secreto. Mi medio novia cruza la calle. Los tacones de sus zapatos de diseño resuenan en la acera y me recuerdan que ella pertenece a una clase superior a la mía. Nos observa, a Ruka y a mí, dos obreras fumando juntas.
-Ruka, aquí presente, estaba a punto de enseñarme sus tatuajes -suelto para cabrearla.
- No me digas. ¿Tú también ibas a enseñarle los tuyos? -me pregunta con una mirada inquisidora.
- No me va mucho el drama -anuncia Ruka, antes de lanzar el cigarrillo al suelo y aplastarlo con la punta de su zapatilla deportiva-. Qué tengáis suerte. Vais a necesitarla.
Doy otra calada al pitillo, deseando que Fate no me provocara tanto como lo hace.
- Vuelve a la galería, nena. Me vuelvo a casa en autobús.
- Pensaba que íbamos a pasar un día agradable juntas, Nanoha, en una ciudad donde nadie nos conoce. ¿No te apetece ser anónimo de vez en cuando?
- ¿A qué llamas agradable, a que ese pedazo de capullo que se autoproclama artista me tome por ayudante de camarero? Prefiero que me conozcan como pandillero que como camarero inmigrante
- Ni siquiera le das una oportunidad a todo esto. Si te relajaras y cambiaras el chip, encajarías bien. Puedes ser una más.
- Todo el mundo es falso. Incluso tú. Despierta, señorita « ¡Ay, mi madre!» No quiero ser uno de ellos. ¿Lo pillas?
- Alto y claro. Para tu información, yo no soy falsa. Puedes llamarlo así si quieres, pero nosotros lo llamamos ser considerados y educados.
- En tu círculo social, no en el mío, dónde lo llamamos por su nombre. Y nunca jamás vuelvas a ordenarme que me disculpe como si fueras mi madre. Te lo juro, Fate, la próxima vez que lo hagas habremos acabado.
Mierda. Se le han puesto los ojos vidriosos. Cuando me da la espalda, deseo darme una colleja por haberla herido. Tiro el cigarrillo al suelo.
- Lo siento. No pretendía ser una imbécil. Bueno, sí. Pero solo porque no me siento cómoda aquí.
Ella no me mira. Tiendo la mano para acariciarle la espalda y me alegro al comprobar que no se aparta de mí. Continúo hablando:
- Fate, me encanta salir contigo. Joder, cuando voy al instituto, te busco por los pasillos. Tan pronto atisbo esos mechones dorados y angelicales -le explico, deslizando los dedos entre su melena-, sé que puedo seguir adelante sin contratiempos.
- No soy un ángel.
- Para mí lo eres. Si me disculpas, regresaré y me disculparé ante ese artista.
- ¿De verdad? -pregunta con los ojos muy abiertos.
- Sí. No quiero hacerlo pero lo haré... por ti.
Sus labios esbozan una tímida sonrisa.
- No es necesario. Aprecio que digas que lo harías por mí, pero tienes razón. Se ha portado como un gilipollas.
- Aquí estáis -dice Carim-. Os hemos buscado por todas partes, tortolitos. Pongámonos en marcha y vayamos ya a la cabaña.
En cuanto llegamos, Vice se frota las manos.
- ¿Bañera de hidromasaje o película? -pregunta.
Carim se acerca a la ventana que da al lago.
- Me voy a quedar dormida si ponemos una peli.
Sentado junto a Fate en el sofá del salón, me quedo alucinando ante el hecho de que esta gigantesca casa sea la segunda residencia de Vice. Es más grande que la mía. ¿Una bañera de hidromasaje? Vaya, esta gente tiene de todo.
- No he traído bañador -digo.
- No te preocupes -contesta Fate-. Seguramente Vice pueda prestarte uno de los que guarda en la casita de la piscina.
En la casita en cuestión, Doug busca en uno de los armarios.
- Solo hay dos -dice entregándome un minúsculo bañador-. ¿Crees que te cabrá?
-¿Por qué no te pones tú este y yo cojo el otro? -sugiero y me acerco al armario para sacar un bañador. Reparo en que las chicas han desaparecido-. ¿Dónde se han metido?
- Han ido a cambiarse. Y a hablar de nosotros, estoy seguro.
Me cambio en un pequeño vestuario mientras pienso en la vida en mi barrio. Aquí, en el Lago Ginebra, es fácil olvidarse de eso durante un rato. No tengo que preocuparme de quién está cubriéndome las espaldas. Cuando salgo del vestuario, Vice dice:
- ¿Eres consciente de que Fate va a tener que tragar mucho para salir contigo? La gente ya está empezando a hablar.
- Escucha, Vic. Me gusta esa chica más de lo que me ha gustado nadie en toda mi vida. No estoy dispuesto a dejarla escapar. Empezaré a preocuparme de lo que piense la gente cuando esté a dos metros bajo tierra.
Vice sonríe y extiende los brazos.
- Eh, Takamashi, creo que acabamos de compartir un momento de amistad. ¿Quieres celebrarlo con un abrazo?
- Ni de coña, blanquito.
Vice me da una palmada en la espalda y luego nos dirigimos a la bañera de hidromasaje. A pesar de todo, creo que tiene razón: no sé si hemos dado un paso hacia la amistad, pero por lo menos nos entendemos bien. Sea lo que sea, no estoy dispuesta a abrazarle.
- Muy sexy, cariño -dice Sierra mirando el minúsculo bañador.
Doug camina como un pingüino e intenta que el bañador no le moleste demasiado.
- Te juro que me quitaré esto en cuanto me meta en la bañera. Me estrangula los huevos.
- No entres en detalles -interviene Fate, tapándose los oídos con las palmas de las manos.
Lleva un bikini amarillo que deja muy poco a la imaginación. ¿Acaso no es consciente de que parece una hermosa flor, capaz de alegrarle la vida a todo aquel que se fije en ella? Vice y Carim se meten en la bañera. Yo me cuelo de un salto y me siento junto a Fate. Es la primera vez que me meto en una bañera de hidromasaje y no conozco mucho el protocolo. ¿Vamos a sentamos aquí a hablar o a separarnos en parejas para darnos el lote? Preferiría la segunda opción, pero Fate parece nerviosa. Sobre todo cuando Vice lanza su bañador fuera del agua.
- Ya te vale, tío -digo, haciendo una mueca.
- ¿Qué? Me gustaría tener niños algún día, Takamachi. Y esa cosa me estaba cortando la circulación. Fate sale de la bañera y se tapa con una toalla.
- Vayamos dentro, Nanoha.
- Podéis quedaros aquí, chicas -asegura Carim-. Haré que se ponga la bolsa de canicas otra vez.
- Olvídalo. Disfrutad del baño. Nosotros estaremos dentro -replica Fate.
Cuando salgo de la bañera, Fate me pasa una toalla. La rodeo con un brazo mientras caminamos hacia la cabaña.
- ¿Te encuentras bien?
- Claro. Pensaba que estabas enfadada.
- Estoy genial. Pero... -Una vez en la casa, cojo una figurita de cristal soplado y la miro con atención-. Ver esta casa, esta vida... quiero estar aquí contigo, pero miro a mi alrededor y me doy cuenta de que esto nunca será mi mundo.
- Piensas demasiado. -Se arrodilla en la alfombra y da una palmadita para invitarme a que me siente a su lado-. Ven aquí y túmbate boca abajo. Sé dar masajes suecos. Te relajará.
- Pero tú no eres sueca.
- Sí, ya, y tú tampoco. Así que si lo hago mal, no te darás cuenta.
- Pensaba que íbamos a tomárnoslo con calma.
- Un masaje en la espalda es inofensivo.
Recorro con la mirada el bikini que le marca un cuerpo de escándalo.
- Tengo que confesarte que he intimado con chicas que llevaban mucha más ropa de la que llevas ahora.
- Compórtate. -Me da un cachete en el culo.
Cuando sus manos tocan mi espalda, dejo escapar un gemido. Tío, esto es una tortura. Estoy intentando portarme como es debido, pero me encanta el contacto de sus manos, y mi cuerpo parece cobrar vida propia.
- Estás tensa -me dice al oído.
Por supuesto que estoy tensa. Tiene las manos sobre mí. Mi respuesta es otro gemido. Después de unos minutos de masaje soporífero, empiezan a oírse fuertes gemidos, suspiros y gruñidos que vienen de la bañera de hidromasaje y que se cuelan en nuestra habitación. Es obvio que Carim y Vice se han saltado el masaje de espalda.
- ¿Crees que lo están haciendo? -pregunta.
- O eso o Vice es un tipo muy religioso -respondo, haciendo alusión al « ¡Oh, Dios!» que Vice exclama cada dos segundos.
- ¿Te pone caliente? -canturrea en voz baja junto a mi oído.
- No, pero si sigues masajeándome así, olvídate de toda esa gilipollez de tomárnoslo con calma. -Me siento y la miro a la cara-. Lo que no logro entender es si me provocas y me tientas a propósito o si realmente eres inocente.
- No intento provocarte.
Enarco una ceja y bajo la mirada hacia la parte superior de mi muslo, donde ella ha apoyado su mano. La aparta bruscamente.
- Vale, no pretendía poner la mano ahí. Bueno, quiero decir que lo he hecho sin darme cuenta. Solo que... lo que... lo que quiero decir es que...
- Me encanta cuando tartamudeas -admito mientras la acerco y le enseño mi versión del masaje sueco, hasta que Doug y Sierra nos interrumpen...
Dos semanas más tarde, me entero de que tengo una cita en el juzgado por los cargos de posesión de armas. Le oculto la noticia a Fate, porque alucinaría. Probablemente me daría la vara con que un abogado de oficio no es tan bueno como uno privado. Lo cierto es que no puedo permitirme un abogado de un gran bufete. Mientras espero en la puerta principal del instituto, preocupándome por lo que me depara el destino, alguien me golpea de repente y casi caigo al suelo.
- ¿Qué coño? -espeto.
- Lo siento -responde el chico con voz nerviosa.
Me doy cuenta de que el tipo que tengo delante no es otro que el Blanquito de la cárcel en persona.
- Ven aquí, imbécil -grita Kaname.
Avanzo y me interpongo entre ellos. - Kaname, ¿cuál es el problema?
- Este capullo me ha robado la plaza de aparcamiento -me explica señalando a Blanquito.
- ¿Y? ¿No has encontrado otro sitio?
Kaname se endereza con rigidez, listo para darle una paliza a Blanquito. No vacilaría ni un segundo si se propone hacerlo.
- Sí, he encontrado otro sitio
- Pues entonces déjale en paz. Lo conozco. Es buena gente.
- ¿Conoces a este tío? -pregunta Kaname, enarcando una ceja.
- Mira. -Echo un vistazo a Blanquito y agradezco que esta vez lleve una camisa azul y no la de color coral. Todavía tiene pinta de lerdo, pero por lo menos puedo mantenerme serio cuando digo-: Este tipo ha estado en la cárcel más veces que yo. Puede que parezca un capullo, pero bajo ese pelo engominado y esa fea camisa se esconde un auténtico tipo duro.
- ¿Estás riéndote de mí, Nanoha? -asegura Kaname.
- No digas que no te lo advertí -añado, encogiéndome de hombros y apartándome de su camino.
Blanquito da un paso adelante, aparentando ser un tipo duro. Me muerdo el labio inferior para no soltar una carcajada y me cruzo de brazos como si estuviera esperando a que comenzara la pelea. Mis colegas de los Latino Blood también esperan, preparados para ver como un lerdo blanquito le patea el culo a Kaname. Kaname me mira, después mira a Blanquito y otra vez a mí.
- Nanoha, como te estés riendo de mí...
- Comprueba su expediente policial. Su especialidad son los coches de lujo.
Kaname espera su siguiente movimiento. Blanquito no. Camina hacia mí y me tiende el puño.
- Si necesitas algo, Nanoha, sabes que puedes contar conmigo.
Hago chocar mi puño contra el de Blanquito. Un segundo más tarde ha desaparecido. Doy gracias porque nadie haya reparado en el temblor de su muñeca
Me topo con él junto a su taquilla, en el descanso entre la primera y segunda hora.
- ¿Hablabas en serio cuando has dicho que puedo contar contigo si lo necesito?
- Después de lo de esta mañana, te debo la vida -admite Blanquito-. No sé por qué has dado la cara por mí, pero estaba cagado de miedo.
- Esa es la regla número uno. No dejes que se note que estás cagado.
Blanquito resopla. Supongo que es su manera de reír, o eso o padece una sinusitis de la hostia.
- Intentaré recordarlo la próxima vez que un pandillero amenace con matarme. -Tiende una mano para estrechar la mía-. Me llamo Hanabusa Aidou.
Le estrecho la mano.
- Mira, Hanabusa-continuó-. Mi juicio es la semana que viene y preferirla no fiarme de un abogado de oficio. ¿Crees que tu madre podría ayudarme?
Hanabusa sonríe.
- Creo que sí. Es muy buena. Si es tu primer delito, probablemente te consiga una libertad condicional reducida.
- No me lo puedo permitir...
- No te preocupes por el dinero, Nanoha. Aquí tienes su tarjeta. Le diré que eres amiga mía y lo hará gratis.
Cuando Hanabusa se aleja por el pasillo, pienso en lo cómico de la situación. A veces, la persona que menos esperas puede convertirse en tu aliado, aunque sea por una vez. Y a veces, una chica rubia puede hacer que el futuro sea algo que esperas con ilusión.
Narra Fate
Después del partido del sábado por la tarde, un partido que ganamos gracias al touchdown de Vice a tan solo cuatro segundos del final, estoy charlando con Carim y el Factor Triple S, en un lateral del campo. Estamos discutiendo sobre el lugar al que ir para celebrar la victoria.
- ¿Qué os parece Midori-Ya? -dice Shamal.
Todas estamos de acuerdo, porque es la mejor Cafeteria de la ciudad. Shari está a dieta, pero le encanta la ensalada especial de la casa, por lo que damos por zanjado el asunto. Mientras organizamos los últimos detalles, veo a Reinforce hablando con Rima Toya. Me acerco a ellas.
- Hola, chicas -las saludo-. ¿Os apetece venir a Midori-Ya con nosotras?
Rima frunce el ceño, confusa. Aunque Reinforce no lo hace.
- Claro -responde Reinforce.
Rima se queda mirando a Reinforce, luego se vuelve hacia mí y se dirige de nuevo a su amiga. Le comenta algo en voz baja y añade que nos veremos en el restaurante.
- ¿Qué te ha dicho?
- Quería saber la razón por la que nos invitas a salir con tus amigas.
- ¿Y qué le has dicho?
- Le he dicho que somos amigas. Pero para que lo sepas, mis amigas me llaman Rein, no Reinforce.
La acompaño hasta el resto del grupo. Entonces miro a Carim, quien admitió no hace mucho sentir celos por mi amistad con Rein. Sin embargo, en lugar de comportarse con frialdad, sonríe a Reinforce y le pide que le enseñe cómo hace el salto mortal doble en las prácticas de animadoras. Eso solo confirma que es mi mejor amiga. Sette parece tan asombrada como Rima cuando anuncio que ella y Reinforce se vienen con nosotras al Midori-Ya. Pero no objeta nada. Quizás, solo quizás, este sea un pequeño paso hacia lo que la directora Harlaown llama «enmendar la brecha». No soy tan ingenua como para pensar que puedo cambiar Fairfield de la noche a la mañana, pero mi percepción de algunas personas ha cambiado en las últimas semanas. Espero que la de ellos también lo haya hecho. En el restaurante, me siento junto a Reinforce. Un grupo de chicos del equipo de fútbol también ha venido, por lo que la cafetería está invadido por estudiantes del instituto Fairfield. Ginga entra con Yuuno. Él la rodea con el brazo como si estuvieran saliendo juntos. Carim, que está sentada frente de mí, dice:
- Dime que no lleva la mano en el bolsillo trasero de Yuuno. Es tan patético.
- No me importa -le aseguro, intentando que no se note que en realidad si me importa-. Si quieren salir juntos, allá ellos.
- Solo lo hace porque quiere tener todo lo que tú tienes. Para ella es como una competición. Primero ocupa tu puesto en las animadoras, ahora le pone las garras encima a Yuuno. Lo siguiente que sabrás es que quiere cambiarse el nombre por el de Fate.
- Qué graciosa.
- Eso dices ahora -añade, y luego se acerca para susurrar-: No te parecerá tan gracioso cuando se interese por Nanoha.
- Eso sí que no tiene gracia.
Vice entra en el restaurante y Carim levanta la mano para llamar su atención. No hay asientos libres, así que Sierra le deja el suyo y se sienta en su regazo. Empiezan a enrollarse allí mismo, lo que me indica que es hora de darme la vuelta y hablar con Reinforce.
- ¿Cómo progresan las cosas con ya sabes quién? -le pregunto, sabiendo que no puedo pronunciar el nombre de Hayate porque Rein no quiere que Rima se entere de que está colada por ella.
- No progresan -suspira
- ¿Por qué no? ¿Hablaste con ella como te dije?
- No. Está comportándose como una capullo e ignora completamente el hecho de que estuvimos juntas aquella noche. Creo que no lo menciona porque no quiere ir más allá.
Pienso en mi ruptura con Yuuno y en mi aventura con Nanoha. Cada vez que me comporto al contrario de lo que los demás esperan de mí, haciendo por fin lo que quiero, me siento mucho más fuerte.
- Tienes que arriesgarte, Rein. Te garantizo que vale la pena.
- Acabas de llamarme Rein.
- Lo sé. ¿Te parece bien?
- Sí, Fate, me parece bien -afirma, empujándome juguetonamente por el hombro.
Hablar con Rein de Hayate me hace sentir intrépida, y esa sensación me lleva a pensar en Nanoha. En cuanto terminamos de comer, y todos empiezan a marcharse, llamo a Nanoha por el móvil, de camino al coche.
- ¿Sabes dónde está el Club Mystique?
- Sí.
- Nos vemos allí a las nueve, esta noche.
- ¿Por qué? ¿Qué pasa?
- Ya lo verás -le digo antes de colgar. Luego me doy cuenta de que Ginga está justo detrás de mí. ¿Me habrá oído hablar con Nanoha?
- ¿Tienes una cita esta noche? -me pregunta.
Eso responde a mi pregunta.
- ¿Qué te he hecho para que me odies tanto? Unos días somos amigas, pero otros tengo la sensación de que tramas algo contra mí.
Ginga se encoge de hombros, apartándose el pelo de la cara. Me basta con ese gesto para saber que ya no puedo considerarla mi amiga.
- Supongo que estoy harta de vivir a tu sombra, Fate. Ha llegado el momento de que abdiques de tu reino. Has sido la princesa del instituto Fairfield durante demasiado tiempo. Es hora de que le brindes a otra la oportunidad de convertirse en el centro de atención.
- Todo para ti. Que lo disfrutes -le suelto. No sabe que nunca he deseado ocupar la primera posición en todo. Si acaso, solía valerme de eso para darle más credibilidad al papel que representaba ante los demás.
Cuando llego al Club Mystique a las nueve, Nanoha me sorprende por detrás, en la puerta. Me doy la vuelta y le rodeo el cuello con los brazos.
- Vaya, nena -exclama, apartándose un poco-. Pensaba que íbamos a mantener lo nuestro en secreto. Odio decírtelo, pero hay un puñado de chicos del norte de Fairfield justo ahí. Y nos están mirando.
- No me importa. Ya no.
- ¿Por qué?
- Sólo se vive una vez.
A ella parece gustarle mi respuesta, porque me coge de la mano y me lleva al final de la cola. Hace frío aquí fuera, y Nanoha abre su chaqueta y me arropa con ella mientras esperamos nuestro turno para entrar. Le miro mientras nuestros cuerpos quedan el uno junto al otro.
- ¿Vas a bailar conmigo esta noche? -le pregunto.
- Por supuesto.
- Yuuno nunca quería bailar conmigo.
- Yo no soy Yuuno, nena, y nunca lo seré.
- Genial. Te tengo a ti, Nanoha. He comprendido que es lo único que necesito y que estoy preparada para compartirlo con el mundo.
Una vez dentro, Nick me arrastra a la pista de baile. Hago caso omiso de las miradas estúpidas de los estudiantes norteños de Fairfield mientras me acerco a Nick y nos movemos al ritmo de la música. Nos contoneamos como si lleváramos toda la vida juntos; cada movimiento parece sincronizado. Por primera vez, no tengo miedo de lo que la gente piense al vernos juntos. El año que viene, cuando esté en la universidad, no tendrá ninguna importancia de qué lado de la ciudad es cada cual. Shiki, un chico con el que bailé la última vez que vine al Club Mystique, me da un golpecito en el hombro mientras la música hace vibrar el suelo de la pista.
- ¿Quién es tu nueva acompañante? -pregunta.
- Shiki, Ella es mi novia, Nanoha. Nanoha, este es Shiki.
- Hola, tío -dice Nanoha tendiéndole la mano y estrechándola de Shiki
- Tengo la sensación de que esta tía no cometerá el mismo error que cometió el otro -asegura Shiki.
No respondo, porque siento las manos de Nanoha alrededor de mi cintura y espalda, y me siento muy bien al tenerla aquí conmigo. Creo que le gusta que la llame novia, y a mí me gusta poder decirlo en voz alta. Apoyo la espalda contra su pecho y cierro los ojos, dejando que el ritmo de la música fluya y el movimiento de nuestros cuerpos se funda en uno solo. Después de bailar un rato, necesito un descanso. Salimos de la pista, saco el móvil y le digo:
- Posa para mí.
En la primera foto intenta aparentar ser una chica mala. Me hace reír. Echo otra antes de que pueda adoptar otra pose.
- Hagámonos una juntas -sugiere, atrayéndome hacia ella. Junto la mejilla con la suya mientras ella coge el móvil, lo aleja todo lo que puede y congela el momento con un solo clic. Una vez hecha la foto, me rodea con sus brazos y me besa.
Me reclino en ella y estudio la multitud. En la primera planta, en uno de los palcos, veo a Yuuno, la última persona que pensaba encontrar aquí. Yuuno odia este local, odia bailar. Su mirada enojada se cruza con la mía; luego ofrece una exhibición por todo lo alto besando a la chica que le acompaña, Ginga. Y ella le devuelve el beso con todas sus ganas, mientras le agarra del culo y se frota contra él. Ella sabía que yo estaría aquí con Nanoha esta noche; es evidente que lo había planeado todo.
- ¿Quieres irte? -pregunta Nanoha cuando repara en ellos.
Me vuelvo para mirarle y una vez más me quedo boquiabierta ante sus hermosos rasgos.
- No. Pero hace mucho calor aquí. Quítate la chaqueta.
Ella vacila un instante antes de decir:
- No puedo.
- ¿Por qué no?
Hace una mueca.
- Dime la verdad, Nanoha.
Me aparta un mechón de la cara y lo esconde tras la oreja.
- Nena, este no es el territorio de los Latino Blood, sino el de los Fremont 5, una banda rival. Tu amigo Shiki es uno de ellos.
¿Qué? Cuando le sugerí que viniésemos aquí, no me detuve a pensar en territorios ni afiliaciones a bandas. Yo solo quería bailar.
- Ay, madre, Nanoha. Te he puesto en peligro. ¡Salgamos de aquí! -exclamo desesperada.
Nanoha se acerca mucho y me susurra al oído:
- Solo se vive una vez, ¿no es eso lo que has dicho antes? Vuelve a bailar conmigo
- Pero...
Me interrumpe con un beso tan apasionado que me olvido de todo lo demás. Y tan pronto como recupero el sentido, volvemos a estar en la pista de baile. Corremos el riesgo y nos movemos demasiada cerca de los tiburones, pero salimos sin un arañazo. El peligro que nos acecha acaba por reforzar nuestra mutua complicidad. En el baño de las chicas, Ginga se retoca en el espejo. La veo y ella repara en mí.
- Hola -digo.
Ginga pasa por mi lado sin pronunciar palabra. Es un pequeño atisbo de lo que me espera al ser una chica de la zona norte marginada, pero no me importa. Cuando acaba la noche, y Nanoha me acompaña al coche, le cojo de la mano y miro las estrellas.
- Si pudieras pedir un deseo ahora mismo, ¿qué pedirías? -le pregunto.
- Que el tiempo se detuviera.
- ¿Por qué?
Se encoje de hombros y contesta:
- Porque así podría vivir este momento eternamente. ¿Y tú?
- Ir a la universidad juntos. Aunque tú quieras evitar el futuro, yo estoy deseando que llegue. ¿No sería genial sí los dos estuviéramos en la misma universidad? Lo digo en serio, Nanoha.
Se aparta de mí.
- Para alguien que quiere tomarse las cosas con tranquilidad, estás planeando cosas con mucha antelación.
- Lo sé. Lo siento. No puedo evitarlo. He presentado mi solicitud para entrar en la Universidad de Colorado y así estar cerca de mi hermana. El lugar al que la van a mandar mis padres está a unos pocos kilómetros del campus. No sería tan grave que presentaras una solicitud, ¿no crees? - Sonriéndole y hablando muy coquetamente...
- Supongo que no.
- ¿En serio? - Atónita y después con una gran sonrisa...
Me aprieta la mano con fuerza.
- Lo que sea por hacerte sonreír así.
Continuara….
Y cada vez estamos mas cerca del final y las apuestas siguen, ¿Fate se enterara de Apuesta? ¿Nanoha le dira la verdad a Fate? ¿Conseguire mi cereal favorito en la tienda de la esquina?... esperen eso no XDDDD
Bien espero que todos estén estupendamente bien, yo aquí muriendo de una gripe infernal asi que si encuentran algún error ruego me disculpen, mi inquilino el resfriado estuvo molestando todo el tiempo de redacción de este capitulo, So, no olviden dejar un review que ya saben de eso vivo.
Saludines y gracias por los reviews!
