Los personajes que aparecen en esta historia no son de mi pertenencia
Capítulo 29: Érase una vez, un barquito chiquitito…
Parecía que el barco iba a hundirse en cualquier momento. La madre naturaleza quería vetarles la entrada a las islas del sur pero no pensaban darse por vencidos. Las olas de hasta diez metros de altura resultaban aterradoras para él quien temía morir ahogado en cualquier momento. Honey ponía en práctica sus mejores conocimientos de navegación aprendidos de los libros de la biblioteca, para evitar que las olas se los tragasen pero la tormenta no parecía amainar y el mar cada vez estaba más embravecido. Honey apenas veía el resto del Constance pero sabía que su compañero estaba en alguna parte y ella necesitaba ayuda. Gritó su nombre.
No hubo ninguna respuesta.
Empezó a ponerse nerviosa ya que el mar la cegaba y evitaba que su compañero la oyera. Estaba segura de que tras la tormenta entrarían en la niebla pero le preocupaba que tras pasar la tormenta no lo encontrara por el barco porque una ola se lo había llevado. Tenían que estar juntos. Honey olvidó sus ocupaciones en el barco para buscarlo. Se agarró a la baranda pues en aquel momento le había parecido una buena idea y comenzó a caminar poco a poco agarrándose muy fuerte. Gritaba su nombre pero no se apreciaba respuesta y a cada minuto estaba más nerviosa y asustada. El Constance se movía como un barco de papel en una alcantarilla mientras sus ocupantes amenazaban con caer por la borda. Cuando ya estaba a punto de llorar Honey escuchó su nombre entre el agua que se colaba dentro del barco. Aliviada corrió hacia la voz, ya sin sujetarse a la barandilla. Poco después vio una figura sobre cubierta que la buscaba incansable.
-¡Honey!
Ella lloró, ya se veían claramente. Él estaba a salvo agarrado a la barandilla pero ella estaba totalmente desprotegida andando por la cubierta y balanceándose de forma violenta junto con el barco. Calló al suelo. Sentía las gotas de lluvia contra ella como miles de balas, el frío sobre su piel y ropas mojadas la torturaba y las astillas de madera se clavaban en sus brazos, piernas, manos, entre uña y carne mientras rodaba por cubierta pasó así unos eternos minutos hasta chocar contra el palo mayor y quedarse inconsciente. Pensó que ya nunca volvería a despertar.
Sus ojos se abrieron muy lentamente, lo cierto era que quería dormir mucho mas tiempo y el cuerpo le dolía pero había que seguir adelante o muchas personas terminarían con peores dolores. Intentó levantarse, pero no tenía las fuerzas suficientes. Se dio cuenta de que estaba dentro de un camarote del Constance tumbada en una cama blandita y tapada con una manta caliente. Su almohada era muy cómoda y tenía la impresión de que el barco se movía, tal vez él estuviera haciendo todo el trabajo solo.
-Es un buen chico –pensó.
Poco después él entraba en la sala delatando preocupación.
-¿Qué tal estás?-le preguntó.
-Pues yo…
Honey mientras hablaba, intentaba salir de la cama consideraba que ella debería trabajar también porque después de todo la idea de partir al sur había sido suya y no solo eso sino que era la única que sabía navegar de forma adecuada ya que él se había pasado los últimos dos años en una pequeña aldea remota.
Al moverse, se sintió ¿ligera? Salió de la cama, tenía frío.
-Ho-ho…
Al parecer él tartamudeaba intentando decir su nombre mientras la miraba absorto.
-¿Qué te ocurre?
Se miró a sí misma para verificar la situación. Lo único que había era el cuerpo de siembre con los codos cubiertos por trozos de tela y las rodillas también. Al rodar por cubierta debía de haberse hecho mucho daño, lo demostraban algunos hematomas por todo su cuerpo pero al parecer él no había querido o no había sabido vendarlos. Las astillas ya no estaban en su cuerpo y esto le intrigó más que estar tapada unicamente por unas vendas en rodillas y codos.
-¿Me has quitado las astillas una a una? –preguntó Honey muy segura de sí misma.
Él sin dejar de mirarla asintió como un bobo.
-Gracias –murmuró Honey.
Aún quedaban algunas, pero no se quejó ya que había echo un trabajo asombroso y quería creer que desinteresado.
-¿Se a secado ya mi ropa?
Él no soltó una sola palabra.
-Creo que deberías ir a ver –lo animó Honey.
Él volvió a asentir y caminó hacia atrás hasta topar con la puerta. Al fin se volvió y salió. Honey suspiró con derrota, nunca entendería porqué un cuerpo humano que tenía todo lo que tenía que tener a ellos les apasionaba tanto. Se encogió de hombros y se metió en la cama, se sintió culpable por haber mostrado su cuerpo a alguien que no fuera su marido seguramente ya fallecido. No era su marido y aunque lo fuera sido la muerte los había separado, pero lo quería. Prometió no volver a cometer esa estupidez.
Había salido del camarota y nada mas hacerlo olvidando la recomendación de Honey se había sentado con la espalda apoyada en la puerta. Se dio cuenta de que un líquido caliente bajaba de su nariz. Sólo por curiosidad se llevó los dedos índice y corazón un se acarició justo bajo la nariz para saber que era lo que resbalaba por sus labios y barbilla. Lo miró. Era sangre.
Se sintió un auténtico pervertido, su vida cambiaba radicalmente cada segundo de las últimas semanas y no le daba tiempo a asimilarlo todo. Mucho menos a centrarse en cosas más allá de la preocupación de lo que iba a ser de su vida y de la de todos los que le rodeaban incluida Honey. Ella había sido una extraordinaria compañera de viaje, mucho mas valiente que los hombres a los que había tenido oportunidad de conocer a lo largo de esos dos años. Pero era en lo único en lo que se había fijado pues no había tenido tiempo suficiente. Al pensarlo mas a fondo y terminar sonriendo se sintió tremendamente mal. Era una falta de respeto completa a la posible familia que le estuviera esperando y sobre todo a la persona a la que reconocía como su "espectro". Ya no podía llamarla así, porque si lo que Honey contaba era cierto, aquella mujer existía, estaba en algún lugar. Honey le había garantizado que estaba en serio peligro y que para rescatarla tenía que ir a las islas del sur. Supuso que estaría atrapada en los brazos de algún hombre malvado en una habitación oscura que desprendía mal olor, se imagino como entraba vestido con una armadura brillante, alguna de gran valor que resaltara entre todas las demás. Se imaginaba echando la puerta abajo de una patada y viendo como todo "el acto" se interrumpía y las miradas de los dos presentes se posaban en él.
El enemigo la habría ignorando prestando atención a la nueva amenaza y ella se habría refugiado en un rincón llorando asustada. Mientras tanto ellos se habrían enfrentado y habría quedado claramente vencedor, humillando a su contrincante. Se imaginaba sobre el cadáver de su adversario sosteniendo una espada que brillaba pese al estar machada de sangre impura. Envainaría la espada y se situaría cerca de ella, calmándola con caricias hasta cogerla en brazos y marcharse juntos. Desde luego eso estaba muy lejos de lo que llegaría a hacer un simple campesino y le invadió el temor de que el papel de caballero lo ocupara otra persona.
Pensó en las ropas de Honey que tenía que recoger y se puso a la tarea para volver después con la ropa seca y prestársela a su desvergonzada compañera que aquella vez le pidió que saliera. Salió a cubierta sudoroso. La niebla lo ponía cada vez mas nervioso, no sabía si lo estaba haciendo bien o mal con el barco, pero sabía que con las velas recogidas lo único que podía impulsarlo era el viento pero el barco se movía. No sabía como explicárselo a Honey no tampoco se atrevía porque tal vez fuera culpa suya y no quería enfrentarse a la bella mujer que había en el camarote. Se sentía desanimado ya que imaginaba como se quedaban en la niebla hasta morir de hambre o de sed. Poco después notó el mareo, se acercó a la barandilla y empezó a vomitar.
Honey nunca había sido una persona que se quedara en el suelo tras caerse, por ello pese a sus heridas se levantó tranquilamente y se puso a caminar hacia la puerta que le llevaría a cubierta. Notaba el continuo balanceo del barco y eso la relajaba, recordaba sus primeras veces en barcos y sabía que el chico sufriría terribles nauseas que le había ocultado todo el tiempo.
Habrá pensado que vomitar no era la mejor actividad en el momento en el que nos hemos encontrado y no se ha quejado bien porque no quiere "rebajarse" a estar más débil que una mujer o bien porque no quería ser un estorbo.
No podía asegurar que caso era el que se estaba dando pero quería decantarse por el segundo. Su noble corazón seguía la tiendo y en los viejos tiempos nunca se habría quejado de dolencias en un momento crítico.
Abrió la puerta y se encontró en cubierta. En el fondo seguía siendo el mismo. Desde luego podía confiar en él, demasiado. Había demostrado con creces que se sacrificaría por ella sin dudarlo y eso era realmente una estupidez que la hacía sentirse una dama indefensa. Pero a fin de cuentas… ¿No lo era? Cuando era pequeña y durante su juventud siempre había estado protegida por personas fuertes, en propiedad de su tío durante el periodo que había estado cautiva nunca había podido defenderse ni escapar ni si quiera en su último día cuando…
Calló de rodillas. Pronto sintió que alguien la zarandeaba. Se había desencadenado un horrible recuerdo en su mente que nunca desaparecería, hechos que demostraban lo débil que era y había sido. Tenía que enfrentarse a su tío y sólo pensar en volver a verlo le producía un gran terror. ¿Quién le aseguraba que no iba a pasar lo de la última vez? Seguramente se reiría de ella por ir siempre con ese carácter tan hostil y aparentemente decidido ante todos, se reiría porque iba de fuerte siempre y él había conseguido que llorase y suplicarse. Había sido algo humillante y que había marcado muchas heridas dentro de su cuerpo y una marca en su alma imposible de borrar. Se sentía débil y fría. Realmente su tío la había pillado por sorpresa, durante el tiempo encerrada en esa celda, que según sus cálculos había sido más de un año, tal vez un año y medio, nunca la había tocado un solo pelo. Ella supuso que era porque se trataba de su sobrina y la mantenía encerrada porque había interferido en sus planes de secuestro de la que ahora era su esposa. Siempre creyó estar seguro bajo la protección del "título" de sobrina pero se equivocaba, nunca había estado a salvo. A su merced los días se habían echo lentos hasta que la mujer pelirroja la había liberado. Honey estaba segura de que había sido clave en el hecho de que su tío la sacara de la casa del bosque y de que en aquel instante fuera su esposa, la había tratado peor que a un perro y aun así ella la había protegido. La había rescatado justo después de lo que le había hecho su tío. Tenía que sacarla de allí fuere como fuere y cumplir su misión.
Se vio en el suelo realmente pálida y mareada. Él estaba a su lado con el ceño fruncido y bastante preocupado.
-¿Honey estás bien?
-Si... yo... -logró murmurar.
-No, tienes que descansar.
Él la cogió en brazos y por un segundo Honey tubo la sensación de querer pasar a su lado el resto de su vida, pero razonó.
-¡Espera! Tal vez no pueda tenerme en pié pero si me ayudas puedo manejar el barco contigo.
-De eso nada.
-Por favor... tengo tanto derecho como tú a participar en esto -suplicó Honey.
Él al fin pareció reconsiderar su postura, pero dudaba considerablemente porque lo mejor para su salud era que descansara. Tenía que hacer que cambiara de idea ya que su sobreprotección la hacía sentirse más débil todavía.
-Por favor... -le dijo una vez más.
Él cedió al fin sin dejar su seria expresión de lado. Sus músculos marcados a la perfección permanecían tensos y su gesto torcido, no parecía que dejara de estar alerta.
-Bien –dijo Honey con la voz rota por el miedo-. Dime paso a paso que ocurrió después de que chocara contra el palo mayor y me desmayara.
-Te recogí –dijo él- y te llevé al camarote, después intenté llevar el barco por la tormenta con lo poco que he aprendido de navegación y después entramos en la niebla.
-¿Eres consciente del momento exacto en el que entramos en la niebla?
-Si, eso creo, no lo recuerdo muy bien.
Honey en sus brazos frunció el ceño y él se sentó suponiendo que ella empezaba a averiguarlo todo.
-Yo lo que creo es que me estás mintiendo.
-No lo hago.
-Quiero saber que pasó.
-¿Por qué? –respondió él levantando la voz.
-¡Porque capitaneo este barco y estás bajo mis conocimientos de navegación!
-¿¡Quien dijo que tu fueses "el capitán" de este barco!?
-Eso se da por sentado.
-¿¡Por qué porque, tienes mas oro en tu lujoso palacio!?
-No –dijo ella calmada-. Porque yo sé quien eres y que es lo que necesitas para recuperar todo lo que has perdido. Porque yo se a dónde vamos y lo que podría esperarnos. Porque yo se quien es quien nos hace daño a nosotros y al reino. Porque no tengo miedo a decirle la verdad a mi compañero de viaje, ¿Qué pasó?
Honey sintió como la fuerza de los brazos del chico se aflojaba más y más hasta sostenerla de forma grácil y segura. Ella se sentía como un bebé en su cuna, totalmente protegida pero aún preocupada por ser semejante lastre en el viaje que estaban realizando. Lo escuchó suspirar. Sabía que había hecho algo que ella misma no quería saber porque se enfadaría pero tenía que saber que podía confiar en la persona con la que estaba viajando y él tenía que confiar en ella también o la cosa acabaría muy mal y en el peor de los casos su tío ganaría.
-No me temas –le dijo Honey-. Si a veces me enfado es porque es mi tío el que esta destrozando todo lo que conocemos y me siento responsable de que esto esté ocurriendo. Me siento responsable de llevarte a la muerte y me siento responsable de la salvación de esa pobre chica también. Llevo muchas cosas en la cabeza y una de ellas es el peso de la culpabilidad. El mundo siempre recordará mi nombre como el nombre de alguien que intentó destruirlo todo y no me siento muy cómoda con eso ¿me entiendes?
Honey hizo el mayor de los esfuerzos que había echo nunca por sonreír y parecer muy agradable.
-Nada de esto es culpa tuya… supongo –dijo él en un intento por calmar las cosas-. La verdad es que no sé nada de nadie.
-Te ayudaré a recordar las cosas no te preocupes –Honey pensó un poco y luego siguió hablando-. ¿Mi cuerpo calló al mar, no es cierto?
-No podía dejar que te ahogaras sin más.
-¿Pero como lo lograste en mitad de una tormenta?
-Pasó algo muy extraño, ¡todo aquí es muy raro! Espero que me creas…
-Siempre y cuando me digas la verdad –dijo Honey.
-Si –dijo él asintiendo. Recuerdo que tu cuerpo herido calló al agua, yo sin perderte de vista salté al mar y te recogí entre mis brazos. Recuerdo que agua estaba realmente fría y que mi cuerpo estaba congelado al igual que el tuyo. Intenté olvidarlo y miré alrededor, el Constance no estaba y entonces me vine a bajo y pensé que íbamos a morir. Nadé en todas direcciones y miré hacia todas partes presa del pánico. Pero poco a poco fui distinguiendo una silueta entre las olas, era el barco. No recuerdo haber sentido tanto alivio.
Honey escuchaba sobrecogida.
-Recuerdo nadar con todas mis fuerzas, dado que Wulfric me enseñó en una laguna cercana al pueblo podía manejarme un poco en el agua.
Honey recordó que siempre había sido un excelente nadador.
-Pero… contigo en brazos no podía.
Honey se sobresaltó y lo miró detenidamente, era cierto, en la corriente ella le impediría nadar todo lo rápido que podía nadar el sólo, podía haber muerto y no se le ocurría manera de llegar a un barco en mitad de una tormenta con un cuerpo inconsciente consigo.
-Al principio intenté nadar pero no podía hacerlo sin que tú tragaras agua. Puse mas empeño en ello y me dí cuenta de que poco a poco me estaba avanzando pero tenía la vaga sensación de que el barco se hacía cada vez mas pequeño. Entonces me dí cuenta. El barco avanzaba y yo lo iba a perder. Sentí mucho miedo y desesperación, y no podía avanzar contigo en brazos.
Honey agachó la cabeza.
-No es difícil llegar a la conclusión de que seguro que me habría sido mas fácil llegar al barco si tú no hubieras estado ahí con lo cual tenía que desprenderme de ti para sobrevivir. Como un animal se desprende de otro. Lo pensé, lo medité y lo imaginé. Pero aun así estaba contigo en brazos sin poder soltarte, era algo que no podía aceptar, que te ahogaras para salvar mi barata vida.
Honey lo abrazó más fuerte.
-No iba a llegar al barco –siguió relatando él-. Así que me tumbé sobre las olas contigo encima de mi pecho.
Honey se sonrojó imaginándoselos a los dos empapados uno encima del otro pero se reprendió a sí misma ya por respeto a su seguramente difunto marido.
-Hacía frío, y te abracé más fuerte. Deseé con toda mi vida que despertaras. Me sentía solo y tu carácter en ese momento me habría venido muy bien –él sonrió débilmente.
Honey lo miró algo sorprendida, estaba admitiendo que mentalmente ella era más… fuerte o estable.
-Pasaron horas o tal vez minutos. No lo sé, debido al frío o al miedo perdí el conocimiento. Me desperté aturdido y asustado, pensé que tal ve había dejado que tus pulmones se llenaran de agua al no alejarte de las olas. Me dí cuenta de que estaba dentro de una densa niebla y que no veía más allá de mi nariz pero sentía tu cuerpo sobre el mío. De pronto y para colmo de las sorpresas algo me golpeó en la cabeza y en cuanto lo vi, a poco me ahogo.
-¿Qué era? –preguntó Honey intrigada.
-Era una barca… blanca como la nieve que brillaba entre la niebla.
-B-bueno –murmuró Honey-. Eso es difícil de creer.
-Aún no he terminado. Me subí a la barca sintiendo que teníamos una oportunidad de sobrevivir y llegar a alguna tierra conocida o desconocida, a mi en aquel momento me daba igual, solo quería salir del agua. Me tumbé contigo y el bote comenzó a avanzar él solo, pensé que se debía a alguna corriente de las que me habías hablado. Empecé a sentir el hambre y la sed que se hacía insoportables, me dí cuenta de que tenía que "hacer tiempo" como fuera porque centrarme en mis necesidades y miedos no iba a ayudarme en la travesía. Primero examiné el bote, luego me centré en las aguas y empecé a jugar con el agua, luego con la niebla y luego con mis ropas. Empecé a contar con los dedos y me quedé sin entretenimiento rápidamente. Después te miré continuamente, luego te peiné y jugué con tu pelo, te deshice las dos coletas y lo dejé suelto, lo peiné con los dedos, hice otra coleta, intenté hacer una trenza que me salió realmente mal. Luego te abracé y me dormí.
Honey había desviado la mirada y se dio cuenta de que no había reparado en que su pelo estaba suelto. Se sonrojó y empezó a retorcerse los dedos y morderse las uñas realmente nerviosa. Se dio cuenta de que él se separaba un poco pero de forma brusca.
-¡No hice nada… malo! ¡Es decir… yo no te hice nada, sólo toqué tu pelo, lo prometo!
-No me ofendo, tranquilo –dijo ella con la voz temblorosa-. C-continúa por favor.
-B-bueno pues… cuando desperté el bote estaba chocando contra el Constance. El resto creo que lo deduces… Te quité la ropa y la puse a secar, te curé las heridas y te eché sobre la cama del camarote. Lo hice con la mejor intención si te sirve de algo.
Honey en un impulso lo abrazó de golpe y lo besó en la mejilla. Se aferró a su cuello de una manera que su mente nunca le hubiera permitido si hubiera razonado en ese momento, pero cuando el corazón late rápido el alma va al compás.
-Gracias por salvarme. La verdad es que...
Su voz se bloqueó por las lágrimas que danzaban por su rostro sin cesar. No sabía por qué lloraba, por su horrible relato, porque él había tenido que aguantar semejante tortura solo, porque se sentía inútil, porque ambos podrían haber muerto.
-No llores... -le pidió limpiando sus lágrimas.
-La verdad es que a mi... -dijo apartándole-. Me da mucho miedo la muerte -dijo ella en un susurro.
La abrazó con toda su fuerza.
-A todos nos da miedo la muerte, en mayor o menor medida, pero todos tenemos nuestra hora final. Todos tememos que se nos juzgue por las cosas malas que hemos hecho, tememos no ir a un mundo mejor y pasar la eternidad entre llamas, tememos no poder decir adiós a los que queremos, tememos no poder cumplir nuestros sueños terrenales… No es cobarde temer a la muerte, eres muy valiente al poder vivir con ese miedo.
Pasaron las horas en la niebla y al final perdieron la noción del tiempo, dormían cuando estaban cansados y comían cuando querían comer, pero las provisiones se agotaban y el agua también. No podían seguir así eternamente. Honey no paraba de pensar en su tío y tener pesadillas horribles en las que se repetían una y otra vez los hechos del último día con su tío. El respeto a su compañero de viaje había desaparecido y había sido sustituido por confianza, se daban las manos, se abrazaban e incluso se cambiaban de ropa en la misma habitación. Habían encontrado unos cuantos vestidos pantalones capas, todo tipo de ropa para que pudieran cambiarse, al parecer el "príncipe" había pensado en todo. Honey se recuperaba poco a poco de su terrible pasado pero en aquellos días había momentos en los que legraba ser completamente feliz riendo con las aventuras que el chico le contaba. Raras experiencias con Wulfric y Liza o con las personas del pueblo, que la sorprendían a la vez que le hacían sonreír. Las cosas para ella parecían menos oscuras en aquel momento y aunque lo negara, sabía que estaba pasando algo entre los dos.
Queen se encontraba aburrido pocas veces pero no inexistentes, cuando esto pasaba se encerraba en un lugar recóndito de su nuevo castillo, la academia, y allí observaba. Muy pocos sabían que el pobre hombre que había viajado a las islas del sur tiempo atrás había vuelto cargado de mágicos artilugios que podían volver loco al mas cuerdo de los humanos con su utilización, pero Queen no era del todo humano así que las leyendas que envolvían a los artilugios le eran indiferentes. Él había recuperado unos cuentos entre ellos un anillo y un espejo. El uno y el otro habían sido utilizados para sus propósitos, siempre solía utilizar el espejo para saber dónde estaban sus objetivos y que estaban haciendo y el anillo...
El tiempo pasaba en el bosque, tal vez en vacío. El chico no paraba de correr, era algo muy extraño. Llevaba muchos años viviendo en aquella casa había recorrido el camino miles de veces, pero ahora lo había olvidado. No podía contar con la niña y Honey había decidido marcharse. Él la había apoyado, no quería que su seguridad se comprometiera.
Estaba realmente nervioso y no había echo mas que andar hacia todas partes, la niña no hacía mas que llorar, estaban los dos totalmente perdidos.
-¿Cuanto falta? -preguntó la niña desesperada.
-¡No lo sé! -gritó él-. ¿¡Por qué no lo sé!? ¿¡Por qué ahora!? ¿¡Que demonios está pasando!?
Desesperado se apoyó en un árbol intentando concentrarse y calmarse. No se percató de un objeto maldito en su bolsillo.
Había sido fácil introducir el anillo en su bolsillo y hacerlo desaparecer después cuando Queen había querido. El anillo del olvido. Quiso comprobar si funcionaba y realmente lo había echo. Tras secuestrar a la mujer, había introducido el anillo en su cuerpo con ayuda de una daga y después lo había cosido y tirado desnudo en la academia, en un triste camino mientras ella permanecía inconsciente. O había muerto o vivía en eterno olvido sin ser una amenaza. Sonrió ante aquella suposición y se preguntó dónde estaría. Nada mejor que el espejo para corroborarlo.
Dejó de mirar los planes enemigos y cerró los ojos centrándose en el rostro del joven de hacía dos años. El espejo pronto reaccionó y al abrir los ojos tenía frente a él la un cuarto de madera, con dos ocupantes en su interior, uno de ellos era él y la otra persona era su sobrina desparecida. Bueno, en realidad no era su sobrina, no compartían la misma sangre.
-Me voy a dar un baño en el mar -dijo ella.
-¿¡Qué!?
-Que me voy a bañar en el mar, ¿te apetece?
-¿No has tenido suficiente mar ya? -dijo él muy preocupado-. Además podrías perder de vista el barco y ya nunca nos encontraríamos.
-No te preocupes, recuperaremos tus recuerdos y salvaremos el país, pero podemos divertirnos antes, mira atamos una cuerda a la barandilla y la otra a la cintura y ya está podemos lanzarnos al agua y como estamos sujetos al barco no nos pasará nada. ¡Vamos será divertido!
-No sé...
-¡Ven!
Queen vio como ella salía corriendo a cubierta llevándose de la mano al reciente marinero , parecía coger algo seguramente la cuerda que irían a utilizar. Entonces le vino una pregunta a la cabeza, ¿solo una cuerda? Ella ató la cuerda a la barandilla con un buen nudo marinero y el otro extremo lo anudó a sus cinturas, unidas.
-Y ahora saltamos al agua.
-No estoy seguro de si...
Queen vio que saltaban al agua y luego salían rápidamente riendo con la rapo empapada. Todo aquello le dio una siniestra idea... ¿Que ocurriría si su desdichada esposa se enterara? Pobrecita... acto seguido se echó a reír.
Continuará...
Siento no haber publicado en dos semanas T.T lo cierto es que entre las extraordinarias y demás no he tenido mucho tiempo. Ya estamos cerca del final y las cosas se tuercen muuuucho mas ¡Os espero en el siguiente cap!
