Capítulo anterior:
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro mientras se volvía a mirar en el espejo.
Si los poderes estaban apareciendo en su interior quizás había algo de esperanza para ella, quizás ella saldría victoriosa en donde Estella fracasó y lo más importante, si había hablado con ella una vez, podía volver a hacerlo y esta vez no sería de improvisto, sino que ella misma la llamaría.
Tenía que hablar con Santana urgentemente, necesitaba esa ouija a toda costa y nada ni nadie iba a detenerla.
Capítulo 29: Sexto día
Después de aquella extraña aparición en mitad de la noche, Quinn había conseguido dormir por fin. Parecía que después de ello su cuerpo y mente habían conseguido relajarse lo suficiente como para hacerlo, aunque fuesen escasament horas, eso era mejor que nada. Pero aun así, a pesar de haber dormido esas horas, su rostro seguía su evolución hacia el desastre. Ojeroso, pálido y demacrado, ya ni siquiera era capaz de camuflarlo bajo una capa de maquillaje, todo parecía imposible de esconder y se dio cuenta de ello en cuanto posó un pie en la cocina y tanto su madre como su padre la miraron con los ojos abiertos totalmente sorprendidos y preocupados.
-¿Te encuentras bien cariño? –preguntó lentamente Russell.
-No he dormido bien –murmuró, en realidad no era una mentira, solo que no les estaba contando los motivos de su insomnio.
-¿Solo es eso? –indagó su padre frunciendo levemente el ceño mientras la evaluaba con la mirada.
-Si papá, tranquilo –aseguró fijando su mirada en el zumo frente a ella.
Era evidente que no la creía en absoluto pero el hombre prefirió no seguir insistiendo dando la evidente de necesidad que tenía Quinn por no contarles que es lo que le pasaba.
-¿Es por esa novia tuya? ¿Rachel? –preguntó de repente Judy, se ve que ella no pensaba lo mismo que su marido.
Esas palabras fueron pronunciadas justo cuando Quinn se decidía por fin a beber aquel zumo de naranja recién exprimido que su madre le había dado y como secuencia de escucharla automáticamente se atragantó atravesándole aquel zumo por el conducto que no debía.
Después de varios minutos tosiendo intentando recomponerse y su padre golpeando su espalda para calmarla, cosa que no conseguía en absoluto pero él seguía intentándolo, consiguió respirar con normalidad.
-¡No es mi novia! –se quejó en cuando pudo volver a hablar.
Judy se encogió levemente de hombros.
-Como sea que lo llaméis en estos tiempos –dijo de manera despreocupada- ¿Es por ella? –insistió.
-No mamá… -dijo derrotada- No es por ella.
-¿Quién es Rachel? –preguntó Russell confundido.
-Es esa chica tan mona de la que te hablé –dijo rápidamente Judy antes de que Quinn pudiese incluso respirar- A la que Quinn mira como una tonta enamorada –añadió consiguiendo que su hija se tornase de un color rosáceo automáticamente.
-¡Ah! Si, ya recuerdo –mordió un trozo de tostada- ¿La has invitado al cumpleaños de tu madre? –preguntó frunciendo ligeramente el ceño mientras la señalaba con el tenedor.
Quinn no pudo evitar girar los ojos antes de responder.
-Sí, mamá ya ha insistido en ello –se calló durante un segundo fulminando con la mirada a Judy – repetidas veces –añadió.
-Perfecto –dijo él ilusionado- Quiero conocer a esa chica –sonrió ampliamente.
-No sé por qué presiento que me vais a avergonzar mucho ese día.
Judy y Russell se miraron intentando aguantar la sonrisa que amenazaba con estallar en su rostro.
-Eso es porque nos conoces demasiado –comentó despreocupadamente Judy para después seguir desayunando como si no hubiese dicho nada consiguiendo que Russell comenzase a reírse, ya sin poder contenerse.
La rubia automáticamente giró los ojos de nuevo y decidió ignorarlos, a veces era lo mejor.
Pero lo que no pudo ignorar, ni sacar de su mente había sido el comentario de su madre respecto a cómo miraba a Rachel.
Si bien es cierto que había comenzado a sentir algo muy fuerte por la morena no creía estar en ese estado de enamoramiento absurdo que no puedes ocultarlo si quiera con la mirada, más que nada porque no tenían ni el tiempo ni la mente para dedicarse a ello.
En eso pensaba mientras se encontraba apoyada en unas taquillas, mirando despreocupadamente a su alrededor esperando para encontrarse con Santana y así conseguir de una vez por todas la ouija que parecía ser la pieza que les faltaba y que le permitiría comunicarse, de esa manera, con los muertos y en particular con Estella, o por lo menos eso esperaba.
Era evidente que le gustaba Rachel como algo más que una amiga y que estaba enamorándose de ella pero ¿Había llegado al punto de estar totalmente enamorada? ¿Cómo saberlo en realidad?
¿Por qué no podía ser una chica normal, con una vida normal, pudiendo disfrutar de ese momento, el mejor de todos, el momento cuando comienzas a darte cuenta de lo que sientes, de lo que está a punto de pasar y de ir avanzando poco a poco en una posible futura relación?
Podría sonar como una mentira, ¿después de todo quien se pone a pensar en esas cosas cuando la vida se te acaba rápidamente? Pero lo que más deseaba era poder estar con Rachel, disfrutarla, conocerla. Poder salir a cenar, o al cine o cualquier cosa común en una cita. Daría cualquier cosa por poder hacer eso, pero claro, en apenas dos días iban a asesinarla si todo iba según lo acordado y evidentemente no tenían tiempo para esas tonterías.
Justo en ese momento pudo vislumbrar a la pequeña morena caminando al otro lado del pasillo en su dirección. La otra no la había visto, iba perdida en sus pensamientos mientras miraba un cuaderno que tenía en sus manos y Quinn aprovechó ese momento para observarla con detenimiento mientras una pequeña sonrisa aparecía en su rostro.
Nunca le había llamado la atención Rachel, nunca de manera positiva al menos, pero en esos momentos, las cosas que le habían sacado de quicio eran las que más le gustaban de ella. Su ropa pasada de moda, le resultaba totalmente adorable e incluso sexy al poder observar sus piernas desnudas. Su pasión la atraía de una manera mágica. Su manera de hablar diciendo cosas sencillas de una forma innecesariamente larga le producía siempre una sonrisa en su rostro. Y sobre todo su insistencia y pesadez por conseguir sus objetivos quizás le salvase la vida, quizás.
De repente Rachel alzó la cabeza, como si sintiese la presencia de alguien mirándola intensamente y fijó sus ojos en Quinn encontrándose con esa mirada penetrante que le estaba dando y provocando que se sonrojase levemente y mordiese su labio mientras se acercaba a ella lentamente.
En ese momento Quinn se dio cuenta, muy a su pesar, que su madre tenía razón. No podía evitar que una tonta sonrisa de enamorada se instalase en su rostro cuando miraba a la morena.
-Buenos días –murmuró Rachel aun algo sonrojada en cuanto llegó a su lado.
-Buenos días –respondió Quinn sin poder borrar la sonrisa de su rostro recibiendo una mirada curiosa por parte de la otra.
El dolor de cabeza seguía presente y en aumento con la cercana presencia de la otra pero parecía, que con el paso de los días se estaba acostumbrando al continuo dolor, como si fuese una molestia que su cerebro ya hubiese entendido que iba a estar ahí hiciese lo que hiciese y aceptándolo como tal.
-¿Por qué me miras así? –preguntó Rachel removiéndose algo nerviosa ante la intensa mirada que aún le estaba dando la otra.
Quinn rápidamente sacudió la cabeza sonriendo aún más intentando dejar de mirarla de esa manera, pero le era imposible.
Era como si su madre hubiese activado algún tipo de mecanismo en su cabeza que le hacía darse cuenta de ese tipo de detalles como su mirada de embobada, lo hermosa que estaba Rachel esa mañana o lo que le tranquilizaba su simple presencia a pesar del dolor.
Maldita madre y su manía de soltar comentarios inapropiados en los momentos menos oportunos, lo último que le faltaba era estar totalmente distraída, aunque fuese una bonita y dulce distracción. En esos momentos lo que necesitaba era concentrarse y encontrar una solución, aunque, después de todo, siempre podría vivir lo que le quedaba de vida en vez de malgastarla sin saber en realidad si serviría de algo.
Volvió a sacudir la cabeza alejando esos pensamientos de ella y consiguiendo que Rachel cambiase su expresión a una confusa.
-Solo estaba pensando –respondió rápidamente.
-¿En algo que deba saber? –preguntó Rachel curiosa.
-Quizás –sonrió de manera traviesa- Pero no te lo voy a decir.
Rachel la miró frunciendo el ceño y poniendo morritos, estaba a punto de responder cuando Santana hizo por fin su aparición, no muy sutilmente la verdad.
-¿Podéis dejar de poner esa cara de estúpidas embobadas? Me vais a hacer vomitar y aún es muy temprano –gruñó acercándose a su taquilla que se encontraba junto a la rubia.
Las otras dos automáticamente se sonrojaron desviando la mirada, no pensaban que fueran tan evidentes.
-Santana –dijo rápidamente Quinn girándose para mirarla pero antes de que pudiese continuar la otra la interrumpió.
-Si vas a contarme que ahora sois como dos siamesas repletas de arcoíris y purpurina que follan como conejas puedes ahorrártelo, de verdad –comentó como si nada mientras buscaba unos libros en el interior de su taquilla.
-¡No es eso! –gruñó poniéndose aún más roja de lo que estaba antes mientras que Rachel no levantaba la vista del suelo totalmente avergonzada.
-¿A no? –preguntó confundida Santana mirándola con una ceja levantada.
-No –dijo con firmeza- ¿Tienes todavía la ouija? –preguntó rápidamente provocando que Rachel alzase rápidamente la cabeza mirándola con los ojos muy abiertos de la sorpresa.
-Mira la mosquita muerta –murmuró Santana con una traviesa sonrisa en su rostro- Y yo que pensé que tenías demasiado miedo de esas cosas. Me sorprendes –dijo divertida.
-Santana, en serio –giró los ojos ante el comentario de la otra- La necesito. ¿La tienes o no?
-Puede ser. ¿Pero que recibo yo a cambio de dártela? –dijo sonriendo de lado mientras la miraba alzando una ceja.
¿Sabes de esos momentos en los que se te cruzan los cables? Nunca mejor dicho. ¿Cuándo todo da un vuelco de repente, por una acción o una simple palabra y te encuentras haciendo cosas de manera impulsiva que nunca imaginarias, que ni siquiera eres consciente de lo que estás haciendo, como si en realidad no fueras tu misma, hasta que es demasiado tarde? Pues eso mismo pasó justo en el instante en que esas palabras salieron por la boca de Santana.
Un segundo después se vio estrellada contra las taquillas con una mano aferrándose con fuerza a su garganta inmovilizándola y no permitiéndole respirar mientras una mirada demoniaca la fulminaba.
Los ojos de Quinn se volvieron totalmente negros y su rostro se mantenía impasible, como si nada estuviese pasando mientras apretaba con más fuerza el cuello de su amiga.
En el momento en el que la espalda de Santana golpeó las taquillas todo a su alrededor se detuvo, todo el ruido que había en el pasillo desapareció mientras cientos de miradas se dirigían a ellas totalmente sorprendidos, pero la más sorprendida, sin contar a Santana, ciertamente era Rachel, que se había quedado petrificada ante aquella acción sin saber qué hacer.
Santana había llevado las manos automáticamente hacia la de Quinn en su garganta, intentando inútilmente alejarse mientras una mirada de terror se instalaba en su rostro al ser consciente de que era totalmente imposible.
Quinn parecía tener una fuerza sobre humana, una fuerza que sin ni siquiera inmutarse podría partirle el cuello en un santiamén y dado la pequeña sonrisa que comenzaba a aparecer en su rostro esa idea no era muy descabellada.
Rachel por fin consiguió reaccionar acercándose a ella con rapidez y sujetando a Quinn por los hombros intentando alejarla pero no consiguió eso, sino algo totalmente diferente. En cuanto tocó su cuerpo Quinn salió de su estupor, pestañeó un par de veces regresando a sus ojos verdes totalmente confundidos y miró a su alrededor sin comprender qué demonios había ocurrido. En cuanto se dio cuenta de lo que estaba pasando soltó el agarre que aún mantenía de Santana y se alejó tropezando hacia atrás mientras miraba todo con estupor y terror.
No entendía que estaba pasando ¿Qué había pasado? Era como si algo la había poseído de repente invadiendo su cuerpo y manejándolo a su antojo y ese algo que lo había hecho parecía alimentarse de odio. Lo más curioso era haber vuelto a la realidad con el simple toque de Rachel, aquello no tenía sentido o quizás sí, pero no era capaz de entenderlo, no entendía nada y todo era ya demasiado complicado.
Retrocedió hasta chocar con las taquillas a su espalda sin terminar de creerse lo que acababa de ocurrir. Santana aún tenía las manos en su garganta, sobándose la zona magullada mientras Rachel la miraba con el ceño fruncido entre preocupada y asustada. Todo el mundo la miraba como si estuviera loca y a pesar de repetirme, ella empezaba a pensarlo también.
No pudo decir nada, las palabras no le salían e incluso aunque lo hicieran no tenía justificación posible para lo que acababa de ocurrir así que hizo lo único que era capaz de hacer, correr.
Corrió por los pasillos sin mirar atrás mientras sentía su cabeza a punto de estallar. Tenía que huir de todo y de todos, ya no parecía la misma y ciertamente, no lo era.
