TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.

AUTORA: clumsykitty.

GENERO: Pos yaoi, que otra.

PAREJAS: Puf, muchas.

SERIE: Yu-Gi-Oh.

DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.

WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.

SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?

NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.

Gracias muchas a quienes me leen y otras tantas a quienes me dejan un review por ahí. Gachias.


I've become so numb I can't feel you there

Become so tired so much more aware

I'm becoming this all I want to do

Is be more like me

And be less like you.

Can't you see that you're smothering me?
Holding too tightly afraid to lose control
Cause everything that you thought I would be
Has fallen apart right in front of you
(Caught in the undertow just caught in the undertow)
Every step that I take is another mistake to you
(Caught in the undertow just caught in the undertow)
And every second I waste is more than I can take

(Numb, Linkin' Park)

CAPITULO XXVIII. DESOLACIÓN.

-Nisama, me duelen mis pies.

-Seth, debemos descansar.

El ojiazul miró a la gárgola antes de detenerse en seco, dejando por fin libre la mano de un Mokuba cuyo cansancio fue mayor a su luto. El pelinegro se dejó caer sobre el suelo húmedo y lleno de extraños escombros entre ramas y enredaderas de pantano. El resto del grupo le imitó. Después de caer-flotar-subir por aquellas aguas doradas con la imagen terrorífica de la muerte de sus amigos, Joey y Yugi apenas habían podido llorarles.

Todos se recostaron agotados, exhaustos uno sobre la espalda del otro. Suspiros y algunos apagados sollozos les siguieron. El castaño seguía de pie, firme e inmaculado de sus ropas, prueba indiscutible de su condición de dragón. Joey le miró de reojo antes de cerrar sus ojos.

-Oh no…

Todos se giraron a Ryou, quien cargaba a Honkie. El albino se los mostró. El hiperactivo y alegre ser plumífero más bien parecía un ave enferma que respiraba con trabajo. Sus plumas estaban más pálidas y en los brazos de Ryou daba la imagen de un muñeco sin vida que un ser mágico.

-¡Honkie!

-Algo le pasa… es como si perdiera su energía…

-Joey, ¿qué hacemos?

-Déjame pensar Yugi, no voy a perderlo.

-Quizá Honkie esté conectado al mundo de la luz que está perdiendo la batalla –comentó Ozha.

-Hazme un enorme favor, cierra el hocico.

-Joey…

Haciendo un círculo alrededor de Ryou, se quedaron mirando a Honkie. Ozha levantó su mirada a Seth quien parecía no inmutarse con la noticia, manteniéndose vigilante a espaldas de ellos. Ryou abrazó a Honkie, dándole un beso en su redonda cabeza.

-No te mueras… -musitó- Tú no…

Ante sus palabras, los demás bajaron su cabeza. Minutos de luto pasaron en silencio al recordar a las víctimas de aquellas dos cartas monstruosas. Ante la ausencia de ruido se pudo escuchar en aquél enorme y ancho túnel por el que viajaban un suave quejido, como quien está agonizando y aún se resiste. Asustados, Yugi y los demás se pusieron de pie, casi pegándose a Seth que igualmente se giró a donde los lamentos de dolor. Sin decir algo, echó a andar sin prisas.

-¡Seto!

-¡Nisama!

Sin más remedio que seguirle, Joey, Ryou, Ozha, Mokuba y Yugi caminaron temerosos. Dieron vuelta en una amplia curva y por fin llegaron a un tramo donde unos tímidos rayos de luz caían sobre aguas turbias pero bajas que se colaban entre restos de árboles, pilares y basura de restos inexplicables. El ojiazul siguió caminando hasta rodear ese pequeño montículo, deteniéndose en un punto como si mirara algo. Ozha fue el primero en alcanzarle.

-¡Dioses! ¡Vengan aquí, rápido!

Corriendo con esfuerzo, los demás llegaron a donde Seth y Ozha. Enorme fue su sorpresa al ver entre aquellos escombros a Rebeca Hawkins.

-¡Rebeca! –Yugi se arrodilló ante ella.

La chica apenas abrió sus ojos, jadeando. Al mirar al pequeño tricolor sonrió agotada.

--Sab… Sabría q-que… vend… vendrías…

-¿Qué te ocurre Rebeca?

-Es… importante… e-escucha… Y-Yugi…

-¡Rebeca!

-Ellos… son… i-inmortales… inmortales…

-Pero…

-Yugi, déjala hablar –le murmuró Ozha.

-Irkalla… no… no p-puede… vencer… padre… imposible… n-necesita… poder… m-mucho…

Rebeca se arqueó al parecer por un dolor de su cuerpo. Yugi le abrazó pero ella negó con su cabeza, empujándole apenas para mirarle. Tomando aire con increíble esfuerzo, se sujetó al joven duelista.

-Abraxas… sus hijas son su esencia misma… no puedes llegar a Abraxas hasta que las tengas a las tres juntas… sus esencias… Atem… Yugi, no dejes que lo haga…

-Rebeca, no entiendo…

-El dios oscuro no puede vencer la luz de su padre… necesita invertir su nombre en la creación… en el Ouroboros… solo así vencerá…

-¿Estás diciendo que Abraxas es padre de Irkalla? –casi bufó Ozha.

-… Tríada Mágica… las Trillizas… son hermanos… Irkalla las engañó para que tuvieran sus hijos… así comenzaría a absorber a la luz… Yugi… yo… tuve que impedir que se adueñara de… tuve que hacerlo… el Libro de los Muertos… tenía su nombre sagrado…

Con una tos llena de coágulos de sangre, Rebeca convulsionó un poco en los brazos de Yugi. Pero retomó fuerzas para su última explicación.

-Pero ya no puedo más… protege al dragón… los dragones… Yugi… llévate el libro…

-¿Dónde está? –sollozó aquél.

Rebeca jadeó al levantarse su abrigo hecho jirones. Todos le miraron con los ojos como platos. Su estómago y vientre eran consumidos por cientos de gusanos que parecían brotar desde su interior. Ryou se llevó una mano a su boca para no vomitar. Mokuba se refugió en Seth mientras que Joey y Yugi se miraron sin saber que hacer.

-Me… lo comí… solo así… podía… e-esconderlo… Yugi… Yugi…

Ya no dijo más. Sus brazos cayeron igual que su cabeza que se ladeó sin vida ya. Yugi lloró meciéndola apenas, cubriendo su cuerpo devorado con el abrigo viejo y destrozado. Ozha gruñó y se dio en la frente.

-¡Demonios!

-¿Ahora que?

La gárgola comenzó a pasearse, desesperada.

-Ahora todo tiene lógica, maldito Irkalla, es un monstruo blasfemo y nauseabundo. ¿Por qué no me di cuenta antes?

-¡Hey, tú! ¡Deja de hablar como si comprendiéramos!

-Joey… -Ozha se les acercó- ¿No lo comprenden? Las hijas de Abraxas, las tres hermanas sagradas, la tríada perfecta. ¿No lo ven?

-¿VER QUE?

-Las madres de Kaho, Khura y Kisara. Y ellos son hijos de Irkalla, producto de un incesto malévolo. ¡Maldita bestia del infierno! Se encargó de marchitar la felicidad de sus propios hijos para pudrir su luz y dominar sus esencias. Las Trillizas jamás hubieran aceptado subyugarse a Irkalla, por eso les robó la vida a través de su descendencia. Claro, tiene que ser. La Princesa Hindú que nació de un lago en Luna Nueva. La Vidente Egipcia que profetizaba las muertes sangrientas. Y la hechicera del Norte que dominaba el Fuego Azul. Pero también está…

-¡REBECA ESTÁ MUERTA! ¿NO PUEDEN MOSTRARLE RESPETO? –exclamó Yugi conmovido.

Todos callaron, sentándose a una distancia prudente del cuerpo devorado de la chica. Joey tamborileó sus pies, nervioso, mirando a Honkie y mirando a Seth fugazmente antes de bajar su mirada. Yugi comenzó a sollozar y con eso, Ryou y Joey no tardaron en seguirle antes de que Mokuba también lo hiciera. Solo el ojiazul se mantenía impasible.

-Hay que… -tosió Ozha- … tomar el Libro…

-¿Estás demente? –casi escupió Joey- ¡De ninguna manera vamos a…!

-Rebeca dio su vida por proteger el Libro de los Muertos, lo menos que pueden hacer es honrar su esfuerzo –opinó el castaño de espaldas a ellos.

-Seth…

-Yo no voy a destrozar así el cuerpo de mi amiga –defendió Yugi.

-Escuchen, vamos a… descansar un poco… y luego pensaremos en alguna solución a esto, ¿de acuerdo?

-Me parece bien, Ozha.

-Descansar es lo menos que pueden hacer –volvió a hablar Seth sin girarse a ellos.

-Bueno, ¿a ti que te pasa, eh? Señor Frialdad.

-Cállate tu hocicote de perro, Joey.

-Tú no te metas, Mokuba. Hablo con el insensible de tu hermano.

-¡Ah! Por favor, ya basta –intervino Ozha- Esto no nos lleva a ningún lado.

-Tampoco este espantoso túnel hacia la perdición a donde nos trajo el Yo-Soy-Un-Dragón sacerdote Seth, ¿uh?

-Joey… -murmuraron al mismo tiempo Ryou y Yugi.

Por fin y lentamente, el ojiazul se dio vuelta, dejando en tenso silencio el ambiente. Joey se puso de pie, dispuesto a una pelea. Para su sorpresa y la de los demás, no hubo tal pelea pues su asombro llegó en su lugar al observar los ojos de un azul profundo en el rostro del castaño.

Eran los mismos ojos del Dragón Blanco de Ojos Azules. Ya no eran ojos humanos.

-Seth…

Mokuba también se puso de pie, caminando con precaución hacia su hermano mayor para tocar apenas su brazo.

-¿Nisama?

Éste bajó su mirada al pelinegro y le sonrió antes de acariciar su mejilla. Mokuba le abrazó en silencio y Seth acarició sus cabellos con calma. El resto miró a Ozha como pidiendo una explicación pero la gárgola estaba muy ocupada mirando la escena, inmóvil desde su roca donde estaba en cuclillas. Joey tuvo que golpear su hombro para llamar su atención.

-¿Eh?

-¿Qué le sucedió…? –indicó con un gesto al ojiazul.

-A él nada, al Faraón.

-¿Qué? –Yugi se paró como rayo- ¿Por qué lo dices? ¿Qué le pasó?

-Atemu debe estar lastimado como para que el sello que mantiene sobre Seth se haya debilitado, dejando a flote al dragón… no es una buena noticia… si Irkalla lo siente, no duden que vendrá con todo a buscarlo.

-¿Hay que hacer algo? –se acercó Ryou.

-Tengo una duda… para que esto haya sucedido debió de haber un contacto directo entre él y su par, o sea el Dragón Negro… -Ozha miró de soslayo a Joey.

-¿De qué jodidos hablas?

-Se está despertando su esencia… como lo hicieran en los tiempos de los egipcios… y eso solo puede ocurrir cuando están… cerca… muy cerca…

-¡Te odio cuando hablas así como si el resto pudiera entender tus ponzoñosas palabras!

-Oye, Joey, cálmate.

-¿Ozha? –llamó Yugi preocupado, luego se giró al rubio- Joey…

-¡Qué diablos! ¡No lo defiendan!

-Algo le pasa a Ozha.

Los tres miraron a la gárgola. En efecto, parecía más como si hubiera entrado en trance. Ryou pasó una mano frente a él pero no hubo reacción alguna. Joey también se preocupó y tocó de nuevo a Ozha pero esta vez retiró su mano, alarmado.

-¿Qué pasa?

-Está frío.

-¿Qué?

Esta vez, Yugi iba a tocarlo pero entonces Ozha se movió un poco, todos pudieron escuchar como si su piel de piedra crujiera al esfuerzo. La gárgola suspiró triste y luego les miró.

-Ah… lo siento…

-¿Estás bien?

-No… la piedra está ganándome… ya no tengo mucho tiempo…

-Ozha… lo sentimos.

-No te preocupes, Yugi. Como les dije, me lo merezco. Los que me preocupan son ustedes.

-De nuevo con eso.

-Vamos, Joey.

-Decía que el Dragón Blanco está despertando por completo. Tienen dos opciones: o lo dejan despertar y que pase lo que pase o buscan al Faraón para ayudarle y huir hasta el rincón más lejano de este universo donde puedan esconderse otro poco de Irkalla y ganar tiempo para revivir al verdadero Dragón Negro y patearle el trasero a ese maldito.

-Suena sencillo.

-Seth tiene razón, debemos irnos. El aroma del Libro de los Muertos traerá a seres no muy deseables y eso solo significa problemas para nosotros.

-Pero…

-Nisama dice que descansemos pero solo un poquito antes de irnos. Y tenemos que llevarnos el Libro con nosotros –anunció Mokuba a los demás.

Ozha miró al ojiazul que asintió en silencio.

-Gracias, dragón.

-Bueno –Ryou tomó aire mirando a Honkie- Descansemos un poco, todos ustedes duerman. Yo empezaré la ronda de vigilancia.

-Ryou –la gárgola le llamó- ¿Tú conociste bien al General Miskra?

-Descansa.

-Sólo quiero saber.

-Sí…

-Entonces aún podemos vencerle.

El albino frunció su ceño ante sus palabras pero ya no dijo nada. Cansados, abatidos y más que confundidos, el grupo buscó algún lugar decente donde reposar hasta que fuera el momento de partir de ahí.


-Makyo, tengo que admitirlo. Mary Sue es mágica, no hemos encontrado ningún monstruo ni camino escabroso en lo que llevamos huyendo.

-Gracias, Solomon. Mi chica jamás me defraudaría.

-Bien dicho.

-¿Cómo está la señorita?

Solomon miró a Shashenka durmiendo intranquila sobre su hombro.

-Esperemos que bien.

-¿Y la otra señorita?

-Rezo a todos los dioses porque no la perdamos.

-Pronto llegaremos.

Meiran les escuchaba meditabunda en la parte trasera de la vieja camioneta que se mecía por las piedras del camino. Su mirada se posó en el estrellado y oscuro cielo sobre ellos donde el brillo de cada lucero iba perdiendo su resplandor como quien apaga una vela antes de terminar de consumirse. La joven detective suspiró y miró a su alrededor. Sus ojos cayeron en unas pequeñas cajas negras que reconoció. Las armas que encontraran hace ya tiempo.

Arrastrándose a una de ellas, la abrió para sonreír al ver una munición de granadas y una Beretta cargada sobre ellas. Meiran tomó la pistola para pasar su mano raspada y herida sobre ella. Quitó el seguro, preparando el arma. Justo en ese momento, se escuchó a lo lejos un sonido hueco pero repetitivo, como el traqueteo de maderas secas golpeándose entre sí o el ruido de una cigarra.

Observando alrededor, la mujer no encontró nada extraño en ese paisaje surrealista y desértico por donde atravesaban. El sonido volvió, pero era igualmente lejano y hueco. Meiran frunció su ceño. Tomando el arma con ambas manos apuntó al horizonte mientras se giraba para ver alrededor.

Nada.

-¿Meiran? ¿Qué sucede? –le llamó Solomon.

-Ssh.

Ese trac trac volvió, apenas audible pero increíblemente más cerca. Meiran se puso de pie, apoyándose en Mary Sue para observar un poco mejor.

¡CRASH!

El suelo se partió cual cáscara vieja. Un titánico monstruo emergió de su grieta. Hecho de arcilla, rocas y pedazos de carbón candente que humeaban apenas. No había forma comprensible, salvo cuando elevó su estómago al aire, mostrando sus descomunales fauces llenas de baba y arena mezcladas con sangre entre unos enormes y curveados colmillos de algo parecido a la obsidiana que chocaban y hacían ese traqueteo que se escuchara antes.

-¡ACELEREN! –gritó Meiran con todas sus fuerzas. Su pistola descargó su primera carga.

El monstruo no estaba solo. Cientos de abominaciones voladoras se arremolinaron con espantosa velocidad alrededor de la vieja camioneta.


Ozha miraba el paisaje lleno de escombros y basura que subía por una especie de camino abierto en medio del túnel y por el cual pasaba una luz rojiza que bañaba el interior de forma dispersa por las columnas y enredaderas salvajes que bajaban del hoyo. Su mirada pasó a todos los que dormían y luego a sus manos que sentía cada vez más pesadas y menos vivas. La maldición de Irkalla por fin estaba cobrando fuerza y muy pronto tendría que abandonar al grupo cuando su alma se convirtiera en piedra.

-¿Puedo acompañarte?

La gárgola miró a Joey y luego sonrió a medias, asintiendo y dándole un lugar sobre su roca. Ambos se quedaron en silencio por largo tiempo. Ozha miraba por el rabillo del ojo al rubio que parecía reunir valor para hablar.

-Empieza por donde mejor puedas explicarte –le dijo.

-Ah… yo… es difícil, Ozha. Lamento estarte gritando todo el tiempo. Pero es que me sacas de mis casillas.

-Bueno, no es mi intención.

-Lo sé, discúlpame.

-Jejejeje. Está bien, Joey. Luego no es fácil mantenerse en equilibrio cuando se está más perdido que un pingüino en el Sahara.

-Sí… bueno, Ozha, hay tantas cosas que no entiendo. Y tengo miedo.

-Oh, esto es un pequeño paso para un hombre, pero un paso gigantesco para la humanidad.

-Es en serio.

-¿Qué es lo que te hace dudar?

Joey se encogió de hombros.

-Ozha, bueno… disculpa por no saber mucho de ti pero… es que no sabes lo que es siempre pelear por lo poco que tienes. Que cuando llegas a casa solo te esperan problemas y golpes, insultos y decepciones. Que no puedas decir tan siquiera que la ropa que llevas puesta es tuya… y… cuando estás solo y miras al cielo, esperas por un milagro pero todavía más por alguien que te quiera por lo que eres, de la forma que eres, con lo poco o nada que tienes. Lo deseas con tanta fuerza porque es lo único que ya te queda, tu última esperanza y te aferras a ella como uno de ésos náufragos con sus salvavidas en el océano…

-Sigue.

-Si no hubiera sido por Meiran yo… no sé donde estaría… fue como mi segunda mamá. Y luego cuando tengo cierta estabilidad llega él y todo lo sacude de nuevo con sus palabras extrañas y sus promesas que me sacaron de quicio, me dieron mucho temor…

-¿Por qué Joey?

-Porque… no sé… estaba pidiéndome todo a cambio de nada.

-Oh… sigue.

-Yo tan solo quiero tener de vuelta esos días tranquilos. Donde no tenía que angustiarme porque mi padre llegara borracho a golpearme. Que Meiran apareciera para revisar mis cuadernos y darme un sermón sobre la limpieza y el orden y yo le ayudara con la cena para cuando llegara Shashenka. Que pudiera sentir un cariño seguro… y protector… sin… sin…

-Sin nada por qué arriesgarse.

Levantando su mirada a Ozha, el rubio asintió.

-¿Eso es mucho pedir?

-Claro que no, Joey. Quizá te hemos presionado demasiado.

-Eso es todo lo que quiero.

-Dime, Joey. ¿Cuáles son tus metas en la vida?

-Pues ya ninguna.

-Bueno, ten algo de fe. Cuando todo vuelva a su lugar. ¿Qué harás?

-Pues… -Joey abrazó sus piernas- … siempre he querido estudiar en la universidad y ser un gran duelista. Como Yugi.

-Hm. ¿Y que estudiarías?

-Pensaba en algo como ingeniería de aviones… algo así… y crear mis propios motores y crear una aerolínea que llevaran el sello Wheeler.

-Muy bien.

-Esos eran mis sueños antes de que esto pasara.

-Mm… tus objetivos o metas, querrás decir. No sueños. Soñar es otra cosa.

-¿Eh?

La gárgola suspiró con dificultad.

-Soñar es como amar, Joey. Muchos dicen conocerlo, pero realmente pocos lo sienten.


-¡ACELEREN!

-¡ESTO ES TODO LO QUE DA!

-¡AAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHH!

-¡SOSTENGAN A SHASHENKA!

Mary Sue apenas esquivó uno de los monstruos voladores que se fue a estrellar a uno de sus costados maltrechos. La Beretta de Meiran no cesaba de dispararles mientras Makyo maniobraba desde el volante buscando huir de ellos pero sobre todo de la bestia del suelo que se ocultaba bajo la tierra y salía de improviso con la intención de devorarlos. Solomon por su parte hacía todo lo que podía por sostener a la rusa que gritaba aterrada, forcejeando con él.

-¡MALDITOS MONSTRUOS! ¡NI CREAN QUE NOS PONDRÁN UN DEDO ENCIMA!

Meiran descargó otra munición sobre aquellas formas como polillas deformes y cascarudas de múltiples cuernos. Por fin se abrió un paso y Mary Sue salió casi volando de entre ellos antes de que el monstruo gigante saliera de nuevo. Esquivando aquellos enormes agujeros, todos suspiraron al ver ya lejanas a las bestias que no les siguieron.

-Eso es muy sospechoso –jadeó la joven detective, secándose el sudor con su antebrazo.

-¿Te hirieron?

-No, Solomon. ¿Cómo están ustedes?

-Bien, pero…

La castaña jadeó cansada al ver que Shashenka no paraba de temblar con tal fuerza que más bien parecía que convulsionaba. Sus lágrimas empapaban su rostro y cabellos sueltos pegados a sus mejillas y frente.

-¡KAMISAMA, NOOO!

Makyo pisó el freno de golpe, haciendo trastabillar a Meiran que casi se cuela por la ventanilla trasera hacia los demás. Shashenka comenzó a mecerse y murmurar palabras en ruso.

-¡Makyo! ¿Qué ocurre?

El jardinero señaló al frente. Aquél monstruo de fauces en el estómago estaba frente a ellos no muy lejos y terminaba de salir de su hoyo junto con la horda de bestias voladoras. Solomon pasó saliva, buscando su escopeta para contar sus cargas. Meiran hizo lo mismo aunque miró a la caja de granadas.

-No lo lograremos –murmuró Makyo apretando el volante- Demonios…

-Makyo, Solomon –les llamó la detective.

Ambos ancianos se giraron a ella, Meiran se colocaba el último cinturón de granadas.

-Niña, ¿qué crees…?

-Protejan a Shashenka. Cuando les dé la señal. Salgan de aquí lo más rápido que puedan.

Con la maestría propia de una policía. Meiran sacó de la última caja una metralleta corta que también armó.

-Hija, no…

-No es un debate, Solomon.

-Pero…

Meiran se giró a Shashenka. Respirando profundamente, se acercó a ella, para jalarla un poco hacia sí y besar sus revueltos y sucios cabellos rubios. La joven bailarina parecía catatónica y no paraba de temblar aunque no rechazó a la castaña.

-Mi Enka… perdóname por haberte fallado… sé que tenías razón… soy un monstruo, nena. Pero lo voy a resolver. Voy a arreglarlo todo, preciosa… y yo… -reprimió un sollozo- … yo quiero que sigas bailando… tan bella como lo hacías… ¿recuerdas? Cuando nos conocimos… vuelve a bailar, koshka… por mí…

Por primera vez, después de tanto tiempo, Shashenka le miró.

-M-Meiran…

-Ssshh… todo estará bien, Enka… cuídate…


-No entiendo lo que quieres decir, Ozha.

-Es sencillo, Joey. Querer y desear son para cosas que puedes tocar, oler, probar, sentir, escuchar, ver… en fin, lo que puede tener materia… pero amar, Joey, soñar… es tocar lo más profundo de tu alma y hacerla resplandecer por toda la eternidad…

Comprendiendo la mirada confusa del rubio, la gárgola se echó a reír bajito.

-Sé la diferencia porque yo la perdí… aunque no lo creas, esta gárgola de piedra amó alguna vez.

-¿Lo dices en serio?

-Sí… pero en ese entonces mi soberbia y mi temor a perder lo poco o nada que tenía me hizo abandonar mi sueño y con ello la felicidad de mi vida.

-¿Qué? ¿Cómo?

-Ella era lo más hermoso que mis ojos habían visto. La perfección andando, pero lo mejor era que me amaba solo a mí. ¿Sabes lo que hice? Salí corriendo como el cobarde que siempre he sido. A veces los errores pesan más que todo el universo junto, Joey.

-Yo…

-Porque yo también me confundí como tú y llegué a pensar que mi sueño era ser el mejor de todos los investigadores de los Duelos de Monstruos y que el mundo me alabaría por mis conocimientos. No me di cuenta que eso era solo una meta que bien podía hacer cualquier día que se me antojara. No… mi sueño… el verdadero… era amar a mi Svetlana… mi dulce Svetlana…

Ozha miró a Joey directo a los ojos.

-Estoy empezando a olvidar mi nombre… mi nombre de hombre… mi nombre humano… yo ya no recuerdo donde nací o los rostros de mis padres… Svetlana es lo último que me queda, su recuerdo es lo que me ha mantenido de pie… pero ya no puedo más…

-¡Ozha! –Joey le tomó por los hombros, asustado al ver el color de sus ojos palidecer.

-… ozha… Sheriozha… sí… ése era mi nombre… Sheriozha y Svetlana… yo… yo la dejé porque quise perseguir mis sueños y mi sueño era ella… Svetlana murió de tristeza por mí… porque me dio mucho miedo perder lo que sabía… pero eso pudo haberse recuperado siempre… Svetlana no… ella está muerta… mi sueño se murió… porque yo tuve miedo y confundí lo que siempre puede reconstruirse con lo la flor de un día que se marchitó en mi mano…

-¡OZHA! ¡SETO! ¡YUGI! ¡RYOU!

-… cualquier día pude haber sido investigador… Svetlana murió de amor esperando… yo la maté…

-¡SHERIOZHAAAA!


-¡MEIRAN! ¡NI SIQUIERA LO PIENSES!

-Adiós. Adiós, Enka.

-¡MEIRAN!

Meiran tomó la metralleta y saltó de Mary Sue corriendo directo a los monstruos voladores que al verla castañearon sus hocicos de felicidad, moviendo sus alas deformes para abalanzarse sobre ella pero la metralleta hizo bien su trabajo, despedazando a un número considerable. La bestia de la tierra aulló y su aullido sacudió la tierra. Estaba furiosa.

-¡AAAAHOOORAAAAA!

Con los ojos abiertos de par en par, Makyo pisó el acelerador, girando con brusquedad el volante para dirigirse a una dirección contraria a la de Meiran y las bestias. Solomon abrazó a Shashenka pero ésta se zafó de él para girarse a la ventanilla hacia la castaña.

-¡MEEEEEIIIIIIIIRAAAAAAAAAAAAAN!

La joven detective botó el seguro de una de las granadas y torció una sonrisa. Con los ojos llenos de lágrimas furiosas se abalanzó sobre aquella masa de colmillos.

-¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! ¡MEEEEEEEEEEEEIIIIIIIIIIIIIIRAAAAAAAAAAAAAAN!

Aquella horda estalló en medio de una tormenta de arena.


La piel de piedra crujió, solidificándose. Ozha miró por última vez a Joey.

-No tengas miedo… -carraspeó- … no dudes, Joey. No dudes… eres el dragón que puede cambiarlo todo… no tengas miedo… ama y sueña… ama y sueña…

-¡NOOOO!

Encogiendo sus alas, la gárgola abrazó sus rodillas. La piedra había ganado la batalla. Joey observaba una perfecta escultura de una gárgola que alguna vez había sido humano.

-Sheriozha… ¿uh? ¡NO! ¡SHERIOZHA! ¡SHERIOZHA TRIEVSKY! ¡NOOOOOOOO!


-Merian… snif… Meiran… Meiran…

El llanto de Shashenka era desconsolado. Makyo y Solomon se observaron en silencio antes de seguir mirando al frente, batallando por no llorar también. Poco les duró el duelo, unas nubes negras descendieron sobre ellos tomando una forma enorme.

Shiva.

Ni advertencias, ni intercambio de palabras. No hubo más. Los seis brazos del poderoso dios cayeron sobre Mary Sue, despedazándola.

A lo lejos un dios oscuro se carcajeaba.


Continuará…