Notas: Sé que terminaron por una cosa tonta, pero aquí explico mejor todo, y al final del capítulo también.


XXIX

¿Terminaron? ¿Eso es lo que escuchó? Sus extremidades no reciben ninguna información de su cerebro, está estática sin poder hablar, mientras Arthur no voltea, y los otros dos yacen para adentro.

Arthur alza la cabeza y respira con profundidad. No debe hacer esto, él está siendo idiota terminando por algo tan tonto, y por una situación del pasado. No tiene intenciones de terminar con Emily, pero ella lo saca de quicio.

Da la vuelta y camina a pasos rápidos cogiendo la mano de la rubia, yendo a otro lugar donde nadie, pero nadie puede verlos ni oír. Emily solamente oye "Ven aquí" de Arthur, sin entender a dónde van. Entran al cuarto del conserje, y el mayor cierra la puerta, mirando directamente a Emily, que se siente nerviosa y asustada.

―Siento mi reacción, Emily, pero estoy irritado ―dice cerrando los ojos y abriéndolos para calmarse―. Obviamente no quiero terminar contigo, pero tú lo estás buscando con tu actitud. Te dije que no lo comentaras.

―Me mentiste. ―articula, frunciendo el ceño.

―Bien, te mentí ―lo acepta―. Y tú también me mentiste, en ningún momento te encontraste con Fan, tú le pediste que se juntaran.

― ¿Cómo lo sabes? ―se sorprende que lo haya sabido, se suponía que era un secreto.

―Eso no importa ―a Arthur, la voz se le acelera―. Escucha Emily, no siempre te diré la verdad…

―Pero somos novios. ―y ahí va con su perspectiva de ser novios, todo mágico y bonito.

―Los novios se mienten para no dañar a la otra persona ―le explica, al menos parte de las mentiras, son para no dañar, y a veces para dañar―. Sé que es tu primera relación, pero deberías saberlo, no soy un príncipe azul ni el chico perfecto. Tú tampoco eres perfecta, te lo dicho muchas veces.

Emily sabe lo último, Arthur se lo dice, no es perfecta, tiene virtudes y defectos, pero Arthur, para ella es perfecto, totalmente perfecto. ¿Qué le intenta decir? ¿Buscará a otra chica que sea perfecta?

―No me quieres…

―Emily…por favor, no seas tan inmadura ―le exaspera controlándose, donde las hadas le dan una mano para no salir del cuarto y abandonar todo. Emily por su parte, jamás oyó a Arthur decirle que es tan inmadura dentro de un enfado, pero ¿por qué no le dijo antes?―. Es cierto, nunca te lo dije porque pensé que te darías cuenta, pero al parecer no.

― ¿Soy inmadura?

―Sólo tienes que ver lo que hiciste y a la lógica que llegaste.

―Pero me mentiste.

―Y armaste todo un revuelo ―responde y hace una pausa―. ¿Qué caso tiene saber que le fui infiel a Fran? Es pasado, ella me perdonó y somos amigos, y ahora estoy contigo. ¿Piensas que te voy hacer lo mismo?

Emily lo mira. Desvía la vista y frunce un poco el rostro, hasta contestar lo que piensa.

―Tal vez…

Arthur suspira cansado, no le sorprende que piense así, así que, simplemente no tiene más opción que hacerla entender y comprender, que no le haría lo mismo y que debe madurar. Va cumplir dieciocho años, no puede seguir comportándose como la niñita mimada. Empieza explicándole que pensaba igual que ella, que la engañaría. Si tenía otra relación, volvería a caer y dañaría a su pareja. Tenía miedo de equivocarse de nuevo, recordando las palabras de Sakura, que realmente su miedo era una estupidez. Y al final, le dio la razón. Por eso se demoró en aceptar sus sentimientos por Emily, y no ha pasado nada del miedo que tenía. Todo iba perfecto, hasta hace unos minutos.

Emily le entiende un poco, mas no se explica las razones de no saber esa historia. ¿Por qué querías que no lo supiera?

―Por tu actitud ―contesta tajante―. Adivinaba que reaccionarías así, como si a ti te hubiera sido infiel y te alejarías de mí, pensando que a ti también te haría daño. Sin embargo Emily, Fran sólo me gustó, a ti te amo.

Eso no la convence.

―Estabas en una relación cuando…

―Basta, ya es pasado y reconozco mi error ―Arthur ya no quiere discutir más ni que Emily insista―. De los errores se aprenden, y quiero que aprendas a madurar.

―Si sabías que era inmadura, entonces no debiste salir conmigo.

―Emily, si sigues así, en serio terminaré contigo. ―se frota las sienes, sin tener problemas en hacer realidad sus palabras, después vendrían otras relaciones, quizás alguien con un mejor carácter.

―Perdón ―gacha el rostro y la voz, frotándose las manos, pues no quiere terminar con Arthur―. Es que yo…sólo me puse en el lugar de Fran, y me enojé porque me mentiste; sobre reaccioné.

―También tuve la culpa en no haberlo contado antes, y hay un fondo en todo esto, claro que no me estoy justificando.

― ¿Qué es? ―le toma atención estando más tranquila y que las cosas no se hayan salido totalmente de control, viendo que su todavía novio se le acerca y la rodea con sus brazos. Él quiere contarle algo que todavía no sabe, y ella tiene dudas, ordenando ciertas piezas y dar en el clavo, con algo de susto― Tú…tenías quince años cuando saliste con Fran, ¿no? ¿Ya tomabas?

La historia original, era que Arthur salía con Françoise cuando tenía quince años. La engañó en una fiesta, había bebido demasiado. Apenas era un niño y ya tomaba tan temprano. Emily desea oírlo, ya no quiere juzgar sin saber todo. En eso, siente las caricias deslizarse por su cabello corto.

―Cuando papá murió, probé el alcohol gracias a unos compañeros de ese entonces ―inicia posando los orbes en la pared de enfrente, sin que Emily le interrumpa―. Pensé que era grandioso y no tomaba límites de lo que me podía pasar, hasta que una noche tomé tanto que con suerte llegué a casa. Fui al baño y vomité hasta desgarrarme la garganta. Me dolía la cabeza y me desmayé. Después desperté en el hospital, y mi madre me dio un sermón tamaño biblia, y Scott, sólo quería matarme por lo irresponsable que fui. Tuve una intoxicación ya que tengo baja tolerancia al alcohol. Luego conocí a Fran, era una pulga en el cuerpo y acepté salir con ella. Me gustó, teníamos muchas cosas en común y creí que ella me ayudaría a salir del desvío que tenía. En parte lo fue, pero esa fiesta me arruinó todo. También tuve la culpa de no controlarme, no quería beber, era obvio que tenía cuidar de ella, o no sería buen novio.

Arthur toma aire y traga, la boca la tiene seca y Emily apoya más su mentón en el hombro del inglés, compadeciéndolo. Entonces antes, él era alcohólico.

―No era alcohólico ―le responde a la mente de Emily―. Sólo lo probé, abusé de el, y supe que tenía baja tolerancia. Y después de eso, comencé hacer un mea culpa ―intenta recordar―. Fui al psicólogo un tiempo, estaba demasiado mal por perder a mi padre y a Fran, tomando conciencia que beber no me ayudaría en nada. Y salí adelante; acá estoy.

―De todas formas, sigues bebiendo. ―no puede ocultar el miedo que Arthur caiga en la oscuridad, ¿qué pasaría si bebe de más? No quiere imaginárselo, y Arthur le menciona que toma moderadamente. No es suficiente para ella.

―Me has visto, Emily, he madurado ―dice y es cierto. ¿Cuántas veces él no toma ni una sola cerveza sólo para que a ella no le suceda nada malo? Tampoco lo hace al manejar, es maduro y responsable, no ha decepcionado a su suegro ni a ella, que es lo más importante. Si no fuera así, entonces no la ama y no le interesa. Es todo lo contrario, la cuida, es su hada más hermosa y no anhela perderla, mas ella debe dar de su parte. Él maduró, y Emily también debe hacerlo―. Quiero que madures también, porque un día de estos voy a explotar por tu actitud y todo acabará; no quiero eso. Ten en claro, que no quiero verte amargada, quiero que madures y pienses antes de actuar, puedes continuar con tu sonrisa y tu alegría, eso me gusta, pero tu comportamiento, sobretodo el de ahora…

―Está bien, Arthur ―le interrumpe las palabras al aire, surcando una sonrisa. Se alegra de haber conversado y no armar una tonta discusión a gritos por un pasado―. Cambiaré, y perdona por haberte dicho que terminaríamos si no…

―Ya pasó, ya pasó ―repite, porque el tema de su relación pasada terminó, haciendo una pequeña pausa para retomar oxígeno―. No eres perfecta Emily, pero para mí lo eres con tus defectos, pero tienes que madurar.

Emily Jones está dispuesta a crecer y salir de ese castillo rosado, mejor dicho de una torre alta, encerrada sin conocer la realidad. Lo hará, madurará, porque quiere seguir estando con Arthur, no lo quiere perder por sus actitudes retrasadas, y creería en él.

Luego, Arthur la aleja para verle el rostro.

―Disculpa por enterarte por terceras personas, seré más sincero contigo ―sonríe― Tienes la nariz roja, ¿quieres ir al baño? ―propone ante los ojos azules lagrimeados y esa nariz delatadora de la dueña, que lloró un poco recostada en su hombro. Emily niega con la cabeza, se encuentra bien y se limpia el rostro con las manos, dejándola húmedas hasta terminar y alzar la mirada hacia él.

―Arthur, pensándolo bien, no me importa si te equivocaste o no. Tienes razón, de los errores se aprenden, pero no me gustó que me lo ocultaras ―también aprenderá de sus errores―. Te amo sin importar qué.

―No quiero hablar más de esto, ¿bien? ―menciona recibiendo una buena respuesta de hacerle caso― Nos hacía falta una discusión. ¿Quieres volver?

―Sí.

―Abrázame fuerte ―pide con desesperación después de la primera y seria discusión de los dos, lo único que se desea luego de arreglar las cosas, es un abrazo fuerte, sintiendo el calor confortable del otro, quien dice que está todo bien y solucionado―. Apuesto a qué lógica llegaste, Emily, pero...antes eras diferente. Eras fuerte, y esa es tu mayor virtud.

Ella lo tiene más que claro, y hará una conclusión de su manera de actuar, ya que es cierto lo dicho por Arthur, esta es su primera relación, es obvio que sienta todo esto.

―Actué como una niña ―dice bajando el volumen de su voz, esa vocecita tan pequeña que a Arthur le encanta―, estaba enojada como si me hubieran quitado un dulce y creí que actuando así... Demonios, no quiero pensar más.

Entonces que deje de pensar, esa solución de la Arthur, ya no quiere saber y retomar el tema, lo dejarán bien atrás, ni sus memorias lo sabrán. Acaricia un poco el cabello de Emily, y cierta curiosidad le remueve los sentidos. Si mal no lo recuerda, es fin de mes.

― ¿Te puedo hacer una pregunta indecorosa? ―hasta él siente que no es adecuado, pero son pareja, tiene que saberlo sí y sí, y saber si siempre estuvo en lo correcto durante todos estos meses y en las reacciones de la americana. Ésta, le concede sin inconvenientes― ¿Estás en tu periodo?

Rápidamente, Emily se suelta de él.

― ¿P-P-Por qué me preguntas eso? ―¿cómo no podía estar roja por la pregunta? Bueno, Arthur también, pero no tanto, rascándose la mejilla.

―Bueno…, las mujeres tienen un drástico cambio hormonal en sus días, andan más sensibles. Quizás te afectó ―se encoge de hombros, a lo que Emily lo fulmina con la mirada, cuestionando cómo rayos él puede estar tan seguro―. Te llegan todos los fines de mes.

―De todas formas es algo íntimo, no debes saberlo.

―Soy tu novio, tengo que saberlo. ―da por termina la conversación, agarrando otra vez a la estadounidense, frotando su mejilla con la de ella.

―Oye, no te afeitaste. ―le hace un pequeño desquite, extrañándolo.

Kirkland pasa su mano por su barbilla y parte de los lados del rostro. Es extraño, sólo ayer se afeitó, no puede ser que le haya creído tan rápido.

―Pareces una lija. ―menciona Emily, imaginando sus propias mejillas rojas por esa lija pesar una y otra vez, donde se hace realidad. Grita un poco, tratando de detener a Arthur por esos vellos que apenas se asoman.

Después Emily, decidió hablar con Françoise referente a lo ocurrido en el pasado, deseaba saber cuál fue su reacción al enterarse de "eso". Y que ella había actuado mal con su Arthur, sin conocer la otra parte de la historia.

Françoise le dijo, que no debía atormentarse más. Arthur la amaba mucho, sería imposible que le hiciera daño. Tendría que ser muy tonto para hacerle esa calamidad. Tiene que tener confianza en él, y si tiene dudas, tiene que preguntarle. Buscando respuestas por otras personas, no era lo mejor. Aunque, Françoise le dio el dato cuándo saber si Arthur mentía.

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Junio.

Es la segunda visita que le da a Gilbert desde que aterrizó en Estados Unidos, la primera su querido amigo se desplomó literalmente en el suelo por su corazón roto hacia Elizaveta. Él era fuerte, soportaba hasta con tornados verla abrazada en los brazos del austriaco de un lunar falso en la barbilla. No lloró en ningún instante, pero quería hacerlo ya que Françoise trataba que lo hiciera, prestándole su pecho. Gilbert tenía más poder, y lo último que haría en su vida sería llorar por una mujer, a excepción de su madre.

Así que, fácilmente Françoise entra a la casa germana. Se pusieron de acuerdo en verse de nuevo y para Gilbert, los únicos días disponibles eran los primeros de junio, después estará colapsado con lo de las universidades a elegir, muchos exámenes, su grandiosa graduación y la fiesta. Es todo un caos.

Antes de sentarse en el living del hogar, la francesa le llama inmediatamente la atención a una figura grandota saliendo de la cocina, entrando por el living. No es imposible que ese grandote sea Ludwig, la última vez que lo vio, era un poco menor que Gilbert. ¡Creció demasiado rápido!

Y Ludwig, se pregunta quién es esa chica que trae su hermano mayor.

―West, ella es Françoise, ¿te acuerdas de ella? Fue la ex de Arthur, actualmente es lesbiana. ¿No te parece gracioso?

¿Qué si le parece gracioso? Tal vez, más le es extraño, sin duda. Pero agradece la presentación y los recuerdos viniendo. Ella siempre venía a su casa para estar con Gilbert y Antonio. A veces su casa se convertía en una casa de acogida gracias a su hermano egocéntrico.

Recordando bien, decide ser respetuoso.

―Hola. ―curva levemente los labios y pasan unos segundos, donde Françoise no le es un lindo saludo, ¡es frío y poco cordial!

― ¿Por qué no me das un abrazo? ―directa, va donde Ludwig y lo abraza colgándose en él, viendo que se ha vuelto muy grandote, el cual éste se sonroja intentando quitársela de encima porque…

―Lud, no encuentro el azúcar por ninguna parte ―porque Dacía está ahí, en su casa, ayudándolo con el último proyecto de química de la escuela―. Oh.

La voz de la italiana agudiza al ver a una chica colgada de su pareja, sin parpadear.

Françoise se aleja y sonríe al fin viendo a una de las gemelas italianas. ¡Está tan grande!

― ¡Dacía! ¡¿Te acuerdas de mí?! ¡Soy Françoise! ―presentándose alegre, coge las manos de la italiana, sacudiéndolas desesperadamente, a lo que ella la recuerda con la misma reacción― ¿Cómo has estado, cher?

―Muy bien, gracias por preguntar. Tú estás muy linda. ―halaga soltándose de ella.

―Por favor, tú estás mejor. Mira esa cintura ―aprovecha de tocarle esa parte del cuerpo a Dacía―, mira esos pechos. ―continúa subiendo hasta posar sus palmas completas sobre los senos de la chica.

―Me han crecido un poco últimamente ―ingenua, se lo toma como cualquier amiga que comprueban sus medidas, pero siente que se está propasando, dado un pie atrás, protegiéndose―. Eh…ya basta, me siento incómoda.

―Perdón. ―obviamente no lo lamenta, mientras la vista de Ludwig se frunce sabiendo que esa chica intentó ligarse a la suya. Lo mejor es salir de aquí.

Toma la mano de Dacía y suben las escaleras al segundo piso, terminaría su proyecto de química en su habitación, al diablo con el azúcar, inventaría algo.

Françoise desvía la mirada hacia Gilbert y éste suelta una risilla por lo ocurrido. Toman asiento en el sillón más grande, y él le ofrece algo para beber o comer, ella no quiere nada, sólo vino a escucharlo y aconsejarlo, porque la vez pasada no le dio ningún consejo, y al parecer Gilbert tiene un plan.

―El cumpleaños de Eli es el sábado ocho, será la última oportunidad que tendré, no esperaré hasta la graduación.

¿Qué tendrá pensado? ¿Darle un regalo glamuroso?

―Descarté la idea de malgastar mi grandioso dinero en regalos. ―era previsto.

― ¿Y qué quieres entonces? ―pregunta y Gilbert se encoge de hombros, la idea es que su amiga le diga― Gilbo, es su cumpleaños, si no quieres darle un regalo, ¿entonces qué? Te declaraste y no te creyó. ¿Qué es lo que realmente quieres? ¿Comprometerte?

―La verdad, no me interesa comprometerme, con tal que se aleje de ese austriaco para el grandioso yo está bien. ―no quiere admitir que son celos, sin embargo le fastidia que Elizaveta pase todo el día al lado de ese tipo. Elizaveta siempre le dice que siguen siendo amigos, pero al parecer no es así. Ya no son como antes, él no la puede molestar porque Roderich está al lado de ella, y ella le dijo que dejara de molestarla por estar comprometida. ¡¿Eso que tiene que ver?! ¡Son amigos! Sólo quiere volver hacer como antes, nada más, no le interesa si sus sentimientos son aceptados. Suspira.

―Ese tal Richard…

―Roderich.

―Da igual como se llame. Ese tipo, va ir a la fiesta, es lo más seguro ―analiza sus ideas, acariciándose la barbilla―. Tengo una idea.

― ¡¿Cuál?! ¡¿Lo amarrarás?! ¡¿Lo secuestrarás?! ¡¿Lo violarás?! ¡Dime! ―entra en desesperación.

―No es nada de eso, Gilbo ―se cruza de brazos―. Es muy sencillo, y no es sobre hacerme pasar por tu novia, Elizaveta no lo creería.

― ¿Me puedes decir tu plan?

―Gilbert, Elizaveta no te creyó porque no dejaste tu egocentrismo de lado, tienes que humillarte, mon amor. Es tan sencillo como eso. A las chicas les gustan los hombres sensibles, a cambio me tienes que presentar a una chica linda.

El plan de su amiga francesa es estúpido. Jamás se humillaría, pero al seguir escuchando la otra parte, es bueno.

Y la noche esperada llega. Se encuentra listo para entrar a la casa de Elizaveta junto con Françoise, quien le dará ánimos y será el vector para hablar con la cumpleañera. Respira hondo eliminando los nervios y toca el timbre. Para su sorpresa, abre Emily llevando un sombrero multicolor en la cabeza, alegre dejándolos pasar, informando que falta gente para que llegue y comience la verdadera fiesta, y todos se encuentran afuera, en el patio trasero.

Van a ese lugar y saludan a todo el mundo. Para Elizaveta le es sorprendente que Gilbert haya venido después de todo, debió aceptar la situación. Curva una sonrisa y les ofrece todo lo que hay para comer y beber.

Por el momento todo va bien para el plan, justo Roderich anda por ahí caminando. Simplemente debe actuar antes de que le canten el feliz cumpleaños, tendrá que calcular el tiempo, demonios. Françoise tiene que ayudarle con esto. ¿Dónde demonios se metió? Se le perdió de vista, no puede ser tan rápida. Oh, ya la encontró.

―Dime Antonio, ¿cuándo la dejarás libre? ―la francesa está conversando con el español, mientras la chica en cuestión, Chiara, fulmina con la mirada.

―Fran, eres muy simpática, pero no creo que deje a mi Chiara. ―sonríe y Françoise insiste en dejarla libre, porque ella no es para él, es para ella, es demasiado con su carácter de fierecilla, con una mujer se entendería bien.

Chiara jala del brazo a Antonio, no quiere estar más cerca de esa pervertida, y le molesta que su bastardo novio no la defienda adecuadamente. De seguro cree que su amiguita francesa, no le haría nada. Es cosa de saber lo que le hizo a su tonta hermana menor, ¡le tocó los pechos! Si ella hubiera estado ahí, la hubiera golpeado. Y odiaba a ese macho patatas por no defenderla. ¡Como los odia!

Françoise los ve distanciarse, dándose cuenta que hizo enojar a la mayor de las Vargas, esa chica siempre pasa enojada. ¿Tiene otras expresiones o sentimientos? De todos modos no es de su gusto, prefiere las rubias.

―Arthur~. ―canturrea dando pasos inocentes hasta él, quien le dice enseguida que olvide cualquier intento con Emily.

― ¡Arthur! ―y justo Emily llega corriendo a ellos junto con la asiática― ¡Encontré más sombreros locos y súper adornados! Tienen lucecitas. ―cambia su sombrero por uno nuevo, y prende las luces.

―Aww~. ―dice Françoise, le parece muy tierna, al contrario para Arthur. ¿De dónde saca esos sombreros tan raros? ¿Por qué Elizaveta compraría eso?

―A Sakura también le gustaron. ―sonríe y dirige la mirada hacia la nombrada. Precisamente para Sakura no le gustan del todo, algunos son menos fosforescentes y esos son aceptables. Acto seguido, Gilbert llama a la francesa para que deje de fastidiar a las chicas, ninguna le dará esperanzas, no al menos las que están comprometidas, e intentará buscar alguna para ella si todo sale bien.

Se toman su tiempo aparentando como si nada pasara, como si nada pensaran. Van llegando más gente a la casa de Elizaveta, analizando que el momento se acerca. Bien, hay que separarla de Roderich, y Françoise se encargará de ello. Se acerca a él, actuando interesada en conocer al novio de su buen amiga húngara, donde unos segundos después se invitan Dacía y Ludwig, ya que se sentían muy solos alejados de los demás, y estar con su hermana Chiara no era buena idea, pues estaba con Antonio, discutiendo algo sobre tomates asados.

Para la francesa, es estupendo que se unan, así el plan correría muy bien. Sencillamente trata de colocarse entre la multitud, para que Elizaveta no vea a Roderich, ni Roderich a Elizaveta. Debe perderlos de vista. Ya confirmando la suficiente multitud acumulada en el espacio abierto, da aviso que irá por un ponche. De regreso, llama a Roderich, diciéndole que Elizaveta necesita que vaya a comprar una bolsa más de snacks.

El austriaco, tan ingenuo, sale enseguida de la casa a comprar. La francesa busca a Gilbert con la mirada, lo identifica y le manda la señal de picarse la nariz. Él comprende y acata.

La francesa deja transcurrir unos minutos hasta llamar a Elizaveta, estando segura que ella no la vio. Se le acerca y le miente con que Roderich la está buscando allá afuera, en el delante jardín, con el mensaje de un regalo personal.

Elizaveta se ilusiona y sale inmediatamente al jardín delantero, sin ver a Roderich. Da unos pasos a la derecha, doblando alrededor de su casa, encontrándose con una figura apoyada en la pared, Gilbert.

Gilbert voltea la cabeza y la saluda. Elizaveta pregunta por su novio, mas el germano le niega, sin que ella entienda. A él le da exactamente igual lo que piense ella, sólo quiere tener una conversación corta y sencilla, no le quitará mucho tiempo.

Elizaveta le observa atenta y decide acercarse, después de todo no será tan sorprendente lo que le tenga que decir Gilbert. Ya frente a él, a media distancia, el muchacho comienza. Es conciso en sus palabras, del pequeño resumen de no ser creído esa vez, cuando le dijo que le gustaba. Bien, todavía le gusta, y le enferma que ya no pueden estar juntos, no le interesa si Elizaveta acepte sus sentimientos, lo único que desea es ser como antes. ¿Tan difícil es eso?

― ¿Quieres que deje a Roderich por ti? ―arquea una ceja, mientras el mayor de los hermanos alemanes no responde― No haría eso.

―La amistad es primero.

―Para mi Roderich es primero ―contesta tajante sin correr la mirada―. Jamás le haría daño, él ha sido muy bueno conmigo.

―Él no va ser el amor de tu vida. Los amores pasan, las amistades quedan.

¿Desde cuándo Gilbert habla así? Desconcierta a Elizaveta, no es posible que ese brabucón sea el mismo que está frente a sus ojos verdes. No importa, le dice sin resistencia que no abandonará al austriaco por una niñería de él.

¿No comprende que no es ninguna niñería? Bien, así lo quiere, pasará al siguiente paso.

― ¿Cuánto lo amas, Eli? ―la interrogación la hace perderse, ¿a él que le interesa?― Nada, ¿verdad?

No hablará más con él, pierde su tiempo en tonterías. Da la media vuelta para marcharse, pero Gilbert la jala del brazo y la pega contra la pared de la casa. Elizaveta, imaginando que será besada a la fuerza, ve lo contrario, algo inusual en el que antes era su amigo.

―Gi-Gilbert... ¿Qué estás haciendo? ―desciende la mirada, porque el nombrado se ha puesto de rodillas sintiéndose alguien que no es él. Françoise le dijo que si quería obtener algo de Elizaveta, tendría que dejar de lado su narcisismo y humillarse, de esa manera ella le creería. No obstante, es tan humillante, maldición.

Gilbert Beilschmidt, no puede estar haciendo esto por una mujer... Inclusive le dificulta sacar las palabras correctas, sus sentimientos por ella. Y si se demora más, será un Game Over.

Inhala y exhala, muy tenso, fijando sus orbes carmesí en las piernas de la castaña.

―Elizaveta, no puedo sacarte de mi cabeza, me sigues gustado y verte con Roderich...me siento perdedor.

―Gilbert, ponte de pie, no hagas las cosas más difíciles. ―se lo ruega, no le gusta ver al albino sometido de esta manera, por su culpa, y ambos no escuchan nada, únicamente sus respiraciones, ni se percatan de que Arthur se detiene al verlos, dando pasos atrás con tal de no interrumpirlos. De seguro Gilbert está haciendo un gran esfuerzo, ni él se pondría de rodillas si la situación fuera completamente complicada.

Gira para regresar adentro de la casa de la húngara, y en eso Emily se le aparece mencionando la mitad de su nombre. La frena justo a tiempo, antes de llamar la atención, pero ella se percata que Arthur vio algo allá atrás. Quiere mirar, y Arthur intenta que no vaya, argumentando que le tiene un regalo especial. Ahora tiene que pensar qué regalo, algo que la haga estar más tranquila.

La hace caminar más alejados de los otros dos, pensando y mirando para todas partes ante la atención emocionada de Emily. ¿Qué le puede regalar? No tiene nada, ni una miserable moneda. Mira al cielo, a ver si cae un ovni. A ella le gustan esa clase de cosas extrañas...

Y la ve a ella. Bueno, no le queda más opción. Es el regalo más original del mundo.

―Te regalo la Luna.

Con lo de la Luna, a Emily la hace feliz y deciden entrar.

En tanto, Gilbert continúa con sus rodillas en el césped, sin oír las súplicas de Elizaveta que se levante, que no tiene que hacer esto por ella, y le cree lo que siente, pero no puede hacer nada. Está con Roderich y no le quiere hacer daño. Baja a la altura de Gilbert, y éste le mira directo.

Elizaveta le mira con lastima, y con sorpresa el germano se esfuerza por sostenerle el rostro y besarla. Sorpresa para él también, está siendo correspondido. Aun así, para ella es complicado, no desea estar confundida, así que le pide unos días para aclarar su mente.

De regreso al cumpleaños de Elizaveta, ésta pregunta por Roderich, pues no lo ha visto. Françoise le informa que él fue a comprar una bolsa más de snacks, regresará pronto. Y justo de acuerdo al plan, él entra con esa bolsa sin cuestionar nada.

Todos se reúnen con curiosidad a la hora de abrir los regalos, mejor dicho que la cumpleañera los abra. Va comenzando sin orden, tampoco son muchos como las personas presentes, que son más.

Entre los regalos, Elizaveta se topa con uno sorprendente y desconcertante, que llega a sonrojar a todo el mundo. ¿Quién es él o la responsable de esto?

― ¿Un pene de chocolate? ―pregunta Vladimir, que prontamente ríe a causa del lindo y esmerado regalo.

Las mejillas de Elizaveta yacen rojas, y Françoise levanta la mano, culpable del regalo. Creyó que era apropiado al ser ya adulta, no habría ningún problema. En parte, la húngara le da la razón, así que simplemente hace unos chistes respecto al "chocolate", escuchando las exigencias del público a que lo muerda.

― ¿Por qué no lo vas a morder también, Vlad? ―Arthur le lanza la propuesta, sonriendo burlón, mientras abraza a Emily por atrás.

― ¿Por qué no vas tú? A ti se te hace agua la boca ―espeta, ruborizándose un poco―. ¿Y por qué mejor no va tu amante?

Emily ladea el rostro hacia el rumano. Siempre es llamada "amante" por él. Y no, no iría a morder esa cosa, siendo escuchados por Sakura, quien toma nota para posibles ideas para escribir historias o crear nuevos mangas para subirlos a internet. Aunque, Emily dice otra parte, que si el chocolate es delicioso, lo haría. Cambia toda perspectiva de los dos amigos.

Posteriormente, Elizaveta hace caso en morder el regalo, y más allá de la vergüenza, el chocolate es el mejor que ha probado. La calidad era exquisita, así que avanza donde sus amigas a que prueben un poco. Una que otra le dio pudor, como Sakura; ella sacó un pedazo con los dedos, y de repente, Antonio tenía muchas ganas de probar. Le fue concedido, mientas Chiara tenía la boca abierta, mientras Sakura tomaba fotos con el celular, mientras Elizaveta se sonrojaba al imaginar sus fantásticas escenas que prontamente compartiría con Sakura. Esta fiesta, se fue al carajo.

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Una semana transcurre. Elizaveta termina la relación con Roderich, dando un poco de esperanzas a Gilbert, pero él no quiere compromiso, sólo ser amigos o amigos especiales, cualquiera de esas dos alternativas le sirven. Él sabe que él no es para tener relaciones serias, es extrovertido y con problemas de personalidad, sintiéndose más inferior que el mundo entero. ¿Qué le podría dar a Elizaveta? Nada, sólo darle dolores de cabeza.

Por lo menos, han retomado la amistad y los golpes con sartén.

En resumen, todo ha vuelto a ser como antes, a excepción de sus sentimientos, de los dos. Intentan parecer que ninguno siente mariposas por el otro, con tal de no destruir la amistad. Para Arthur es totalmente estúpido, ¿no se dan cuentan que se gustan? Rayos, no pueden ser tan estúpidos. Esto le recuerda sus negaciones hacia Emily...

Hablando de Emily, ella le propone ir a la playa antes de terminar la escuela y antes de que todos los últimos deberes caigan encima. No es mala idea, un relajo en estos días les hará bien. Y Sakura propone un segundo panorama que es ir a una convención anime, cerca de Virginia Beach. A Arthur no le parece tan buena idea, en cambio a Emily sí, le es sensacional. Sin embargo, no irán ellos tres solos, invitarán a sus amigos más cercanos.

Primero planean ir a la playa, segundo ir a la convención y almorzar ahí.

Para Françoise es un sueño ver tantos bikinis yendo de aquí para allá, sobre todo si cubren rebosantes senos de cierta rubia, discutiendo con Arthur sobre echarse bloqueador o bronceador. Arthur le dice que use bloqueador, el sol está muy fuerte, y Emily va por el bronceador. Bien, si ella quiere quedar como jaiba, no será su problema.

Emily, finalmente utiliza el bloqueador solar. Lo único que le falta después, es ver al inglés celoso por su bikini. Tampoco es pequeño, apto para su figura y edad, comprado en unas las tiendas cercanas, las cuales Arthur le dijo que era barato. Claro, el bañador era lindo y todo, pero la calidad no era buena. A Emily le dio exactamente igual.

Luego, invita a Arthur a refrescarse, notándolo nervioso. Sabe que no sabe nadar, eso no quiere decir que irán al fondo del mar.

―Sólo hasta que el agua llegue hasta aquí. ―le señala la estadounidense a la altura del torso. Para Arthur, esa profundidad es excelente.

Van al mar, lo disfrutan, juegan, y a Emily se le pierde la parte de arriba de su bañador. ¡Arthur le dijo que era de mala calidad!

¡No es el momento para que Arthur se lo friegue en la cara! ¡Tiene que ayudarla!

Emily se hunde en las aguas para no ser vista por nadie, cubriéndose con sus manos. Es el peor bochorno de su vida, y para variar con Arthur presente.

La única solución que tiene él -ya que, parte del bikini debe estar muy lejos-, es traerle una de sus camisetas. Le ordena a Emily que no se mueva -como si ella quisiera-, y corre a traerle una camiseta, ante las preguntas de su ex-novia.

―A Emily se le perdió la parte de arriba del bañador.

― ¡Voy ayudarla!

― ¡Espera, loca degenerada! ―grita y corre tras Françoise que va con malas intenciones a "rescatar" a su novia.

Trata de alcanzarla, llegando lo más cerca de una americana en peligro y situación vergonzosa. La empuja tirándola al mar, y le entrega enseguida una camiseta negra a Emily. Ésta se viste, sintiendo un tanto de preocupación por Françoise. No era necesario que Arthur la empujara de ese modo, también es una mujer. Para Arthur es una especie de mujer.

Posteriormente, Emily se aferra al cuerpo de Arthur, siendo cargada en brazos para que su cuerpo no se vea, rodeándole la cintura con sus piernas. Estar sólo con una camiseta, no le oculta ciertas formas de su cuerpo, la tiene demasiada pegada a su piel. Por ende, Arthur la tiene que cargar mientras la cubre, deteniéndose en sus puestos. La tapa con una toalla y le repite que las próximas veces que quiera comprar una prenda o cualquier artículo, debe hacerle caso cuando le diga que es baratija.

Y sí, Arthur está enojado por lo sucedido. Ese enojo sólo desaparece durante la convención de anime, viendo especies de humanoides. Pero, su enojo contra Emily regresa cada vez que ella corre abrazar a sus héroes favoritos de historietas. Y todo se arregla con un simple beso de despedida de la noche, de regreso a Richmond.

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Una semana antes del día de graduación, Emily habló con su padre respecto de invitar a Arthur al viaje a Callaway, no le dijo nada sobre ir a Inglaterra, ya que Arthur prefería hablar personalmente con su suegro después de regresar a Virginia, además tenía que armar precavidamente una historia para su madre. Se volvería loca si le decía que viajaría con Emily, tal vez dos veces. Vladimir, debía ayudarlo, inventar que ellos dos vacacionarían a…Los Ángeles; realmente cualquier estado de Estados Unidos le daba igual. Todo servía para no alterar a su madre y a Scott. A él le mintió con haber terminado con Emily. No quería más problemas.

Bueno, regresando con Emily, al señor Jones le pareció excelente idea, le gustaría ver cuánta fuerza tendría Arthur en llevar costales de papas y calabazas. Se mataría de la risa.

Emily se preguntó, si es normal que los padres se burlen de sus nueros…

―Pues claro, mi granjerita. Tu abuelo no me quería, de hecho nos pilló. ―sonrió al recordar sus años de juventud.

― ¿Pillarlos en qué? ―no sería posible que su padre le contara de eso con su madre.

―Tu madre y yo, nos besamos debajo de un árbol, y tu abuelo nos pilló. ¿Sabes lo que me dijo? ―la menor arqueó una ceja, esperando con curiosidad y con su imaginación― Me dijo "¿Usted, quiere a mi hija?", yo le dije "Sí" y después me dijo "Tienen tres meses para casarse".

― ¿De verdad? ¿Tres meses? ―de repente se planteó esa época junto a Arthur. Que horror casarse tan rápido.

―Esos años eran así, hija, muy diferentes a los de ahora. Al menos no tuve que decirle eso a Arthur ―dio una pausa y miró a Emily, regalándole una extensa sonrisa y dándole suaves palmaditas en la rodilla junta a la suya, en el sillón―. Créeme que lo hubiera hecho.

Ahí, Emily forzó los labios hacia los lados, asustada de su vida paralela. No quería imaginarse casarse a tan temprana edad, a lo menos su meta es entrar al altar a los veintinueve años, o un poco más.

Luego, su progenitor la tranquilizó con que era una broma, no debía asustarse. Fuera o no fuera broma, le cayó como agua fría.

―Por cierto, Meg llamó. Dijo que en dos días más estaría aquí para tu graduación y se irá con nosotros.

― ¿En la casa rodante? ―preguntó con alegría.

―Shí. ―respondió con la misma alegría, ambos riendo en vista de Esther. Esos dos estaban locos para reír como niños de kínder. No era para menos, esta casa y familia iba de maravillas. El equipo femenino de béisbol de Thomas Jefferson High School ganó el campeonato, Emily saldría de la escuela y sería adulta. Todo era perfecto.

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No durmió mucho en la noche, los nervios la carcomían, hoy era el último día de ser una chica pequeña que sólo cumple los estándares obligatorios de educación, y es el primer día del resto de su vida, no sintió estos nervios ni siquiera en su primera cita con su ogro.

Los nervios la comen, está segura que se le duermen las piernas. No puede resistirlo más, esto de la graduación la tienen más nerviosa que Arthur practicando natación. La verdad, nunca lo ha visto, pero se lo imagina.

Faltan cinco minutos para que empiece. Su birrete se le escapa un poco de su cabeza, así que se lo acomoda rápidamente. Más allá ve a Arthur hablar con los demás chicos. Siente algo de angustia abandonando la escuela que la acogió después del mal recuerdo en la anterior. Todos los momentos, buenos y malos con sus mejores amigos, se quedarán aquí y también los llevará en su corazón. Aquí conoció a Sakura, su mejor amiga. Aquí conoció a Elizaveta, otra de sus amigas, y al alegre de Antonio y al desordenado de Gilbert. Por supuesto a Arthur. Ese primer día que cruzaron segundas palabras, quería matarlo por ser llamada campesina y ser tratada tan mal.

Todo lo que había dicho Arthur contra ella, ahora le parecen lo más tierno del mundo.

Y sin él, no hubiera aprobado su materia de los mil demonios, aunque ahora se le olvidó todo lo aprendido. Materia aprobada, materia olvidada…

Ya es el momento de decir adiós escuela y hola al mundo que los espera allá afuera.

Sentada, ve a su padre llorar, mientras Marguerite va sacando fotos con la cámara digital.

Luego del hermoso discurso del presidente de todas las clases unidas en una, el rector da la orden de lanzar los birretes al cielo.

El tiempo se congela, esto es uno de esos momentos de nunca olvidar, ver el cielo y contemplar lo nuevo que le espera, no quiere concentrarse nada del futuro, sólo quiere vivir el minuto, y despedirse correctamente de lo que será uno de sus mejores recuerdos.

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Adelanto:

Simplemente, Emily acierta automática con la cabeza, mientras Arthur sale del auto y abre su puerta, para enseguida ir a los asientos de atrás.

De acuerdo, Emily se encuentra bastante incómoda y nerviosa. Esta escena la ha visto en las películas y series románticas. Esto no puede estar pasando, ¡no está lista!

Arthur se acomoda más cerca suyo, ladeando su cabeza que lleva una sonrisa pegada para ella sola. Emily le devuelve el gesto, avergonzada de cómo actuar. Sólo accede a cerrar los parpados y sus oídos no escuchan nada, nada dejan pasar a excepción de la respiración de ambos unirse en sus labios.

Arthur sube su mano al rostro de Emily, besándola lentamente, tomando la decisión de ascender la intensidad, abriendo y cerrando la boca. La de cabellos dorados va con cautela a desatarle la corbata a su novio, sin detenerse en el sabor conocido para ella. Una vez dejada la corbata más suelta, intenta desabrochar el primer botón de la camisa blanca con complicaciones. Arthur le ayuda, también con el segundo y con el tercero, haciendo viajar sus besos por las mejillas de su campesina, por el mentón y por el cuello.

A Emily se revuelve el estómago y el corazón le late con mayor fuerza; los escalofríos suben por sus pies hasta su cabeza. Pero, se siente bien. Le gusta los besos de su británico en su piel, son tibios y abrazadores, estimulantes para querer más…

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N/A: Siento la demora, pero hubo problemas personales. Planteé lo más posible la sobrerreacción de Emily, y por experiencia, sólo con la diferencia que no soy como Emily (por la sobrerreacción que tuvo y por el tiempo de relación que lleva). El punto es que, Arthur le haya mentido y ella se haya enterado por terceras personas. Siempre hace falta una conversación así en una relación.

Pero bueno, también depende de cada opinión o relación, la de Emily y Arthur llevan como… ¿4 meses? Y tienen su primera conversación-discusión seria. Sería diferente si fuera más de un año o al año, según yo y lo que mi cuerpo conserva xD

Lo del "pene de chocolate", sucedió en un cumpleaños de una amiga, yo no fui por estar enferma, sólo me lo contaron. Y lo del "En tres meses se casan", historia de los padres de un amiga, esos tiempos...

Les dejé un adelanto, espero que comiencen a recrear la escena :3

No creo que suba este domingo, a lo mejor el martes. El treinta está a la mitad, sólo falta desarrollar más y rellenar :3

¡Besos!