Los comentarios han sido respondidos por PM. Los que no tenían cuenta están al final del capítulo.

Gracias por esos 420 comentarios.


Traducción autorizada por FanofBellaandEdward

Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. La historia pertenece a Melissa, yo traduzco por mero entretenimiento.

Resumen: Después de que Draco se divorciara de Daphne, Scorpius se encuentra en la búsqueda de un segundo papá, ya que Draco le contó que sólo le gustaban los hombres. Luego conoce a Harry y está empeñado en conseguirle como segundo papá. ¿Lo logrará?

Traductor: DarkPotterMalfoy

Beta: FanFiker-FanFinal


Capítulo 29

Draco gimió cuando sintió el húmedo tacto sobre la frente y las mejillas. ¿Qué había pasado?

Oyó el tono de las voces muy bajas y se concentró en ellas.

—Nunca pensé que su reacción sería tan grave—era Daphne, sonando sorprendida.

—Potter es su pareja, ¿qué esperabas? ¿Que estaría tranquilo cuando escuchase la noticia?—era Severus, sonando molesto.

Una alarmante campana repiqueteaba en su cabeza. Algo andaba mal, muy, muy mal. Algo que tenía que ver con Harry.

Le dolía la cabeza y todo poco a poco iba volviendo: la reunión con su socio, la tormenta, Daphne diciéndole que Harry estaba secuestrado…

¡Harry secuestrado!

Sus ojos se abrieron de golpe y salió disparado del sofá, mirando a su alrededor furiosamente. Sus ojos vieron el reloj de péndulo, de pie en la esquina izquierda.

Mostraba las once menos cuarto. Había estado inconsciente durante dos horas. Mierda. Tenía que encontrar a Harry. No estaba dispuesto a perderlo ahora que por fin lo había conseguido. Le partiría en dos al gilipollas que se había atrevido a secuestrarlo.

Bajó las largas piernas del sofá y se puso de pie, cogiendo su varita y haciendo caso omiso del jadeo sorprendido de Daphne.

—¡Draco!

Extendió la mano para abrir la puerta, pero un clic le dijo que la puerta estaba cerrada con magia. Su furia aumentó.

Se dio la vuelta y vio que Severus había sido el que había cerrado la puerta. El ex profesor de pociones, tranquilamente, guardó su varita.

—¿Qué demonios crees que estás haciendo?—dijo Draco con los dientes apretados y mirando penetrantemente a su padrino.

—Impedirte cometer un error—Severus entrecerró los ojos—. ¿Qué pensabas?

—Voy a buscar a Harry y a encontrar al hijo de puta que se lo ha llevado—gruñó el rubio; apretó la mano sobre su varita con más fuerza.

—¿Y cómo vas a hacer eso? No tienes ni idea de quién lo hizo o dónde puede estar Potter—dijo, impaciente, Severus.

—No me importa. Voy a buscarlo—miró y tiró de la manija de la puerta—. Y cuando lo encuentre, ese cabrón deseará no haber nacido.

—¿Qué pasa con Scorpius y Teddy?

El rubio se puso rígido.

Daphne estaba cerca de la chimenea, mirando nerviosamente a los dos hombres.

—¿Qué pasa con ellos?

—Si te vas ahora, pensarán que también has desaparecido. Ellos necesitan que tú estés ahí para ellos—explicó en voz baja, Snape—. Entiendo tu deseo de buscar a Potter, pero será inútil. Harías más quedándote con los niños que yendo a una salvaje búsqueda sin pista alguna que seguir.

Draco dio un suspiro tembloroso.

—Es que no quiero perderlo—susurró.

—Draco, Potter es el hombre más obstinado que he conocido y yo conocí a su padre. Él no se dará por vencido fácilmente—respondió, suavemente, Severus.

—¿Estás seguro de eso?—preguntó Draco, en voz baja.

—Lo estoy—lo tranquilizó Severus.

Los hombros de Draco se relajaron.

—Bien, no iré a buscarlo. Pero si encuentran a ese hijo de puta, yo seré el primero que le ponga las manos encima —dijo sombríamente y salió de la habitación, subiendo las escaleras.

—¿Estás seguro de que Potter volverá?—preguntó suavemente Daphne.

Severus miró por la ventana.

—Estoy seguro de su terquedad. El resto depende de él—contentó—. Puedes irte a casa, señora Zabini. No hay nada más que puedas hacer hoy.

Daphne negó con la cabeza.

—No, creo que es mejor que me quede aquí.

—Haz lo que quieras—Severus suspiró.

Draco suspiró también y abrió la puerta de la habitación de Scorpius. Su corazón se encogió cuando vio los rastros de lágrimas en la cara de su hijo; estaba acurrucado en la cama, abrazando a su muñeco favorito contra el pecho.

En silencio, Draco se acercó a la cama y metió a su hijo bajo las mantas, acariciando el pelo rubio suave y lo besó en la frente.

Scorpius se movió un poco, pero no se despertó, así que decidió ir a ver a Teddy antes de encaminarse a su dormitorio. Draco no entraría al dormitorio que compartía con Harry, el cual le recordaba su solitario estado.

Teddy se había acurrucado en la cama, completamente oculto debajo de las mantas. Draco sólo pudo ver un pequeño bulto. Suspiró de nuevo y cerró la puerta.

En su camino a su habitación, todo tipo de escenarios cruzaron por su mente.

Si hubiera decidido postergar su visita a Gales y se hubiese quedado en casa, Harry no habría salido de compras y no hubiese sido secuestrado. Si él hubiese ido de compras, tal vez, hubiese podido evitar el secuestro. Si se hubiese llevado a Harry con él en su viaje, el secuestrado no hubiese tenido su oportunidad. Si hubiera seguido algunos de esos escenarios, el resultado de ese día habría sido diferente.

Draco apretó los dientes y entró en su habitación. No quiso iniciar la búsqueda, pero Severus no había dicho nada sobre un extraño. Era el momento de cobrar algunos favores.

Tomó tres trozos de pergamino, una pluma y comenzó a escribir con furia, sus fríos ojos exploraron cada palabra. Después llamó a tres lechuzas, enviándolas a la fría noche de invierno. Las cartas tenían que llegar esa noche. Estaba seguro que entendían la urgencia de la solicitud y la búsqueda comenzaría inmediatamente.

Los hombres a los que había enviado la carta también eran los únicos de su confianza para hacer aquel trabajo. Claro que, tenía que ser clandestinamente, pero eso era lo que los hacía perfectos para ese trabajo, pues sabían cómo pasar desapercibidos.

Después de ponerse unos pantalones de pijama y una camiseta, se metió en la cama. Era un poco irónico el tener que darle a su padre las gracias por ser capaz de conservar esas amistades. Si Lucius no hubiese tenido ese tipo de contactos, Draco no hubiera recibido ayuda.

Supuso que su padre hizo algo inteligente después de todo.


Los claros ojos grises se abrieron de golpe, el dueño de los mismos temblando y jadeando a causa de una pesadilla. Las manos apretaron las mantas, el cuerpo temblando a causa de los sollozos reprimidos. Tiró de la sábanas apretándolas más a su alrededor, tratando de esconderse de la oscuridad que amenazaba con engullirlo.

Las mantas no proporcionaban mucha protección. Pronto la oscuridad se lo llevaría también, al igual que había hecho con su papi.

—¡Papi!—gritó Scorpius, pero su papi no llegaba. No estaba allí para salvarlo. Cogió su muñeco con forma de conejo y salió a toda prisa de la cama, corriendo hacia la puerta y tirando de ella para abrirla.

Tragó saliva cuando entró en el pasillo silencioso y oscuro. Sólo un poco de luz de luna brillaba a través de las ventanas, inundando el largo pasillo con luz débil y plateada.

Scorpius lloriqueó y, interrumpiendo el silencio, agarró el peluche más fuerte contra su pecho. Su conejito lo protegería.

La oscuridad era tan espantosa que no quería estar solo. Pero su padre no estaba ahí y no sabía dónde estaba su papi. Ni siquiera sabía si su madre y tío Sev estaban alojados esa noche en la mansión.

Miró a su alrededor, no podía volver a su habitación: ¡había un monstruo que lo llevaría lejos!

De repente se acordó que su hermano mayor estaba a unas pocas habitaciones de distancia. Iría allí y Teddy lo protegería; le ocultaría de la oscuridad.

Decidido a caminar un poco más, se detuvo cuando pasó por el cuarto de las mascotas. La miró y se mordió el labio. Seguramente, Marfil y Dagda estaban demasiado asustados porque tampoco querían estar solos. Poco a poco el niño rubio abrió la puerta y miró a su alrededor.

Marfil estaba durmiendo en el alféizar de la ventana y Dagda estaba acurrucado sobre una almohada en el suelo, con la cabeza escondida debajo de sus pequeñas patas.

Scorpius se acercó de puntillas a Ivory, acariciándole el pelaje con suavidad. El animal parpadeó y levantó la cabeza.

—Ven, Marfil, vamos a ver a Teddy—susurró el niño y le tendió el brazo.

El pequeño hurón bostezó, pero se subió al brazo ofrecido, caminando hasta el cuello del niño.

Dagda se despertó y soñoliento maulló cuando Scorpius se agachó para recogerlo.

Scorpius tenía el gato en sus brazos como un bebé y salió corriendo de la habitación. Dagda decidió que estaba demasiado cansado para hacer un escándalo sobre su posición y volvió a dormirse.

En silencio, Scorpius abrió la puerta del cuarto de Teddy y entró. Entrecerró los ojos y vio la forma vaga en la que Teddy estaba enterrado en sus mantas.

Vacilante, el pequeño Scorpius se acercó hasta la cama, colocando a Dagda en el extremo inferior. Marfil se deslizó de su hombro y se acurrucó contra el gatito.

Con las manos temblorosas, Scorpius se acercó y suavemente sacudió el hombro de Teddy.

—¿Teddy?—susurró

No hubo reacción.

—Teddy, despierta—repitió y lo zarandeó aún más.

Los ojos color ámbar parpadearon y se quedaron aturdidos ante el chico frente a él. Teddy frunció el ceño cuando su cerebro se despertó también informándole que Scorpius estaba en su habitación.

Se sentó y se frotó los ojos.

—Scorpius, ¿qué estás haciendo aquí?

—¿Puedo dormir aquí, Teddy? No quiero estar solo—se mordió el labio Scorpius.

Abrió sus sábanas e hizo espacio en la cama.

—Está bien, entra—murmuró.

Scorpius sonrió y subió rápidamente a la cama. Se arrastró bajo las mantas hasta que sólo sus ojos asomaron sobre las sábanas.

—Gracias, Teddy—susurró.

Teddy resopló, pero se puso de lado, frente a Scorpius. Cerró los ojos y quería volver a dormirse, pero Scorpius se lo impidió.

—¿Crees que papi estará de regreso pronto?—la voz de Scorpius parecía diminuta.

—No lo sé, Scorpius—contestó Teddy, irritado. No quería pensar en la posibilidad de que nunca volvería a ver a su padre otra vez. Su padre era fuerte; volvería con ellos. Tenía que hacerlo.

Se sobresaltó cuando sintió dos pequeños brazos orbitando alrededor de su pecho y un cómodo y cálido cuerpo contra él. Scorpius tenía su cara enterrada debajo de la barbilla de Teddy.

—Espero que papá vuelva pronto a casa—lloriqueó Scorpius—. Le echo de menos.

—Yo le echo de menos—murmuró Teddy y tras un momento de vacilación, lentamente, puso sus brazos alrededor del pequeño Malfoy y lo abrazó de nuevo—. Buenas noches.

—Buenas noches—sonrió débilmente Scorpius, pero se sentía un poco mejor, envuelto en el cómodo y cálido abrazo de Teddy. Cerró los ojos y sabía que la oscuridad no sería capaz de llevárselo ahora.


Un gruñido divertido salió de la boca del hombre de pelo oscuro cuando terminó de leer la carta. No esperaba que Malfoy cobrase su favor de esa manera, pero no se quejó. Sería fácil. Todo lo que tenía que hacer era ir al Callejón Diagón y tratar de encontrar un rastro de magia en el Callejón donde la pareja de Malfoy había sido secuestrada. Entonces tendría que comparar esa huella con las huellas dejadas sobre los restos de la casa destruida.

Normalmente, la búsqueda de una huella en particular podría ser difícil, especialmente en un lugar llego de gente como era el Callejón Diagón, pero cuando un mago utilizaba su magia, dejaba un rastro con cierta emoción. Dependiendo de la magia utilizada, la traza podría ser de: alegría, ira, tristeza o contener un sentimiento malicioso. Buscaría la última. No mucha gente iba al callejón con sentimientos dañinos y nadie destruía un edificio sin algún tipo de sentimiento. Esa tarea no era demasiado difícil para él.

Miró el nombre de una persona en particular mencionada casi al final de la carta y la reconoció como el mensajero personal de Malfoy. Enviaría la información sobre las huellas a esa persona y se aseguraría de que Malfoy la recibiese.

El hombre sacó su varita y le metió fuego a la carta. No había ninguna evidencia de que pudiera darle problemas en el futuro.

Suspiró y cogió su chaqueta. Sabía que Malfoy era muy peligroso y valoraba su vida. Cerró los ojos, se concentró y se apareció en Londres.


A pocos kilómetros al este de Londres, un hombre con el pelo de púrpura y de punta fue despertado bruscamente por un incesante picoteo en la mano.

—¿Qué diablos…?—murmuró aturdido y abrió los ojos. Frunció el ceño cuando se dio cuenta de que una lechuza marrón le miraba de manera reprobatoria.

—¿Qué demonios es lo que quieres?—le preguntó bruscamente y fue castigado con un picotazo en el brazo antes de que la lechuza dejase la carta y se fuese volando.

El hombre apretó la mandíbula y gruñó. Uno de estos días haría que una de esas bolas de plumas ardiese en llamas.

Cogió la carta y la miró a la débil luz de la luna para leer el contenido.

Cuando llegó al final de la carta se estremeció y se golpeó en la frente. Maldito Malfoy. Para algo tan estúpido como un secuestro, le pedía cobrar su deuda para que investigase en el bajo mundo.

¿No podía ser como los demás y esperar con temor la carta de rescate?

Por lo menos, sería liberado de su deuda cuando cumpliese su petición. Suspirando, se levantó y se estiró, bostezando ampliamente. Era el momento de hacer una visita a sus amigos de los barrios bajos.


4 de enero

El sol apena se había alzado en el cielo y Draco ya estaba sentado en la mesa del comedor, vestido y con las manos apretadas en torno a una taza de té. Llevaba un tiempo sentado, ya que no había tenido nada mejor que hacer ante la espera de las respuestas. Era extraño despertase en la fría cama, sin Harry a su lado. Durante un año había dormido solo, pero se había acostumbrado a dormir con Harry rápidamente.

Era muy duro no poder hacer algo para salvarlo. Si la situación no fuese tan horrible, se habría reído: Draco Malfoy, el Príncipe de Slytherin, queriendo salvar a alguien. Alguien que era un Gryffindor, no un frío Slytherin. Entendía el motivo por el cual Severus le había prohibido salir: alguien tenía que quedarse con los niños. Pero eso no quería decir que le gustase. Estaba inquieto y odiaba la sensación de sentirse indefenso.

¿Y si el secuestrador había decidido matar a Harry, sin ni siquiera molestarse en mandar una nota de rescate? Draco le hubiera dado lo que hubiese pedido a cambio de Harry, pero esa persona ni siquiera había contactado con él. ¿Cuál era su propósito? ¿Por qué secuestrar a alguien sin ni siquiera tratar de ponerse en contacto con su familia?

Draco apretó los dientes y miró por la ventana. Tal vez debería levantarse y despertar a los chicos, pero se sentía incómodo al entrar en sus habitaciones y despertarlos para oírlos preguntar sobre Harry.

Dio un puñetazo sobre la mesa con furia.

—¡Joder!—exclamó y miró por la ventana.

—¿Draco?

Se dio la vuelta y vio a Daphne en la puerta mirándolo inseguro. Él parpadeó.

—Pensé que ayer te habías ido a casa—murmuró.

Vacilante, se acercó aún más, manteniendo un ojo vigilante sobre él como si tuviera miedo de que dirigiera la furia hacia ella.

—Decidí que lo mejor era quedarme contigo y con los chicos. Tú me necesitas más que Blaise —Draco resopló—. Lo siento mucho, Draco. Debería haber tenido más cuidado—le dijo en voz baja ella.

Draco negó con la cabeza.

—No te disculpes, no es tu culpa. No podrías haber sabido que Harry sería secuestrado.

—Sin embargo, creo que si Potter hubiese caminado delante de mí, no habría ocurrido.

—Sí, bien, todos podemos tratar de pensar en multitud de escenarios, pero eso no nos va a ayudar —Draco de repente se quebró. Luego sacudió la cabeza—. Lo siento, no debí descargar mi frustración contigo.

—No importa. Entiendo cómo te sientes—susurro ella y se sentó—. ¿Crees que los aurores hayan encontrado algo ya?

—Lo dudo—murmuró sombrío, no teniendo mucha confianza en los aurores y, en general, en el Ministerio. Probablemente pondrían más esfuerzo en su búsqueda al tratarse de Harry Potter, pero en ese momento Harry no tenía buena reputación debido a su relación con Draco. ¿Y si había un par de cabrones que habían decidido que Harry obtenía lo que se merecía por estar en compañía de un ex Slytherin?

—Draco, una lechuza te espera con una carta—apareció Severus en la estancia—. ¿Puedo preguntarte con quién te comunicaste anoche?

—Sólo un par de contactos—murmuró distraído y se apresuró a salir de la habitación.

Severus se le quedó mirando sospechosamente. Esperaba que Draco no hubiese hecho nada estúpido.


Impaciente, Draco alimentó a las lechuzas con algunos dulces antes de retirarse. Abrió la carta y la examinó rápidamente.

Sus contactos no habían encontrado nada. Nadie había escuchado que alguien hubiese tratado de secuestrar a Harry Potter, ocupados como estaban en tratar de escapar de las garras del Ministerio y nadie se había atrevido a hacer algo tan arriesgado como secuestrar a una celebridad.

Su otro contacto había sido capaz de comparar dos rastros de magia, pero no era ninguna que conociese. Eso descartaba a los culpables conocidos. Lo único que pudo decirle sobre los rastros de aquella persona, era que hacía tiempo que había empezado a practicar las Artes Oscuras y que tenía un aura muy maliciosa.

Draco suspiró y dejó caer la carta. Seguía sin saber nada. Había muchas personas que utilizaban las Artes Oscuras, por lo que la información era prácticamente inútil.

—Joder—gimió.


Una hora más tarde, habían llegado noticias de los aurores. Como esperaban, ninguno había sido capaz de encontrar una pista o a algún sospechoso; continuarían con la búsqueda, pero no eran optimistas.

Después de escuchar eso, Draco salió de la habitación para destruir todo en el ala oeste. Cuando por fin había descargado toda su ira, toda ella había sido destruida. No quedó ni un objeto entero.


Teddy y Scorpius se habían despertado a las diez de la mañana y habían entrado mansamente a la estancia. Habían jugado con su comida durante un tiempo, no tenían el estado de ánimo como para meter algo en el estómago y por fin habían dejado la mesa y habían ido vagando por la mansión. Teddy estaba caminando sin rumbo, sin ver nada, sin pensar en nada: su mente estaba en blanco.

Scorpius le seguía en silencio, retorciéndose las manos en su suéter, no muy seguro de qué hacer. Él había querido ir con su padre, pero le daba miedo en su estado actual y Scorpius no había querido hacerlo enfadar. Un padre enfadado no era un espectáculo agradable.

Normalmente habrían tenido clase, pero Severus sabía que los muchachos no serían capaces de poder concentrarse mientras su padre no estaba, así que las canceló.

Severus volvió a su casa por la tarde, diciendo que tenía que trabajar más en el antídoto para el veneno, ya que él había conseguido, por fin, un avance en la misma. Todavía tenía que esperar que los ingredientes llegasen, pero estaba seguro de que descubriría el antídoto. El asesino era listo, pero por desgracia para él, Severus era el mejor profesor de pociones en el país y había trabajado con Tom Ryddle. Al trabajar para un hombre inmortal con el loco deseo de conquistar el mundo y una naturaleza sádica, aprendió a inventar y analizar minuciosamente pociones.

Cuando llegó la noche, Draco estaba tan tenso que apenas se levantó de la mesa a la hora de cenar y salió de la sala.

Poco después los muchachos hicieron lo mismo, dejando a Daphne sola.

Teddy había entrado inmediatamente en su cuarto y, Dadga con él; Scorpius escuchó cerrarse el cerrojo, y comprendió que Teddy no quería que lo molestara, ni él ni cualquier otra persona. Le dolía, ya que se sentía solo y no quería estarlo, pero él no quería ver a Teddy furioso, ni que su papi supiese que había sido un chico malo cuando volviese.

Vaciló un momento en el pasillo, debatiendo si ir o no hacia su cuarto, pero su miedo a la oscuridad se lo impidió. Jugueteó un poco con las mangas de su pijama y Marfil le lamió el cuello.

Se mordió el labio y se giró lentamente, camino a la habitación de su padre. Sabía que su padre había dormido ahí cuando aún no conocía a Harry y pensó que se encontraría allí.

Unos minutos más tarde, se puso de pie delante de la puerta cerrada. Vaciló de nuevo, pero respiró hondo y llamó suavemente a la puerta.

—Adelante —gruñó la voz de su padre.

Scorpius se estremeció ante el gruñido, pero la abrió lentamente.

Su padre estaba de pie junto a la ventana, mirando a la nada en particular y aún vestido. Se volvió hacia la puerta y levantó la ceja cuando vio a su hijo.

—Scorpius, ¿qué haces aquí?—preguntó y apretó los dientes cuando se dio cuenta de que Marfil estaba en su cuello. Merlín, odiaba tanto a los…hurones.

—Yo…yo quería dormir contigo—murmuró Scorpius, arrastrando los pies.

—¿Por qué?

—Porque yo… yo no quiero estar…solo—murmuró Scorpius, inclinando la cabeza. Normalmente su padre no le preguntaba qué hacía allí, ¿eso significaba que él no lo quería allí? Un repentino pensamiento hizo que Scorpius se congelara. ¿Qué pasaría si su padre estaba enfadado con él porque papi había desaparecido? Tal vez su padre lo culpaba ya que él había querido ir a la tienda de chuches desesperadamente. ¡Pero no quería que su papi desapareciese por su culpa!

Draco se sobresaltó cuando Scorpius comenzó a llorar suavemente. De inmediato corrió, abrazando a su hijo contra su pecho.

—¿Qué es lo que pasa?—le preguntó, preocupado.

—Lo siento—lloró Scorpius.

—¿Por qué?—preguntó Draco, confundido.

—¡Yo no quería que papi desapareciese!—sollozó el niño y hundió el rostro en el cuello de su padre. Marfil chilló y saltó al suelo, corriendo hacia un rincón de la habitación donde se acurrucó y miró a ambos con ojos cautelosos.

—Sé que no querías, cariño, no es tu culpa—lo calmó Draco, frotando las manos sobre la espalda de su pequeño hijo.

—Pero…pero si yo no hubiese querido ir a la tienda de chuches, papi estaría aquí ahora—gimió.

Draco suspiró y cogió a su hijo, colocándolo en su regazo cuando se sentó en la cama contra el cabezal.

—Scorpius, escúchame con atención—empezó y elevó la barbilla de su hijo, obligándole a mirarle a los ojos—. No es tu culpa que papi desapareciese. Es culpa de un hombre malvado. No hiciste nada malo.

—¿Va estar papi enfadado conmigo?—los grises ojos le miraron con miedo.

Draco le besó en la frente.

—Papi no se enfadará contigo cuando vuelva. Te lo prometo.

Dos brazos se acercaron para envolver su cuello. Draco cogió su varita y apuntó a la ventana. Después murmuró un hechizo y las cortinas se cerraron dejando el cuarto oscuro.

Scorpius gimió y enterró el rostro bajo la barbilla de Draco.

—Chis, no voy ninguna parte. Puedes quedarte esta noche aquí—susurró Draco y cuidadosamente maniobró para meterse debajo de las mantas, manteniendo sus brazos alrededor de la espalda de Scorpius.

Antes de que Draco cerrase los ojos, murmuró otro hechizo que le haría saber si Scorpius estaba alterado. Era uno que había usado cuando Scorpius era un bebé.

No pasó mucho tiempo antes de que ambos cayesen en un sueño intranquilo.


5 de enero

Era el tercer día del secuestro de Harry y Draco estaba volviéndose lentamente loco ignorando aún su paradero y su estado. Daría todo por tener de regreso a Harry.

Teddy se había quedado en su habitación, sólo salía cuando llegaba la hora de comer, e incluso sólo jugaba con su comida, moviéndola hacia delante y hacia atrás en su plato antes de desaparecer de nuevo.

Draco finalmente tuvo suficiente y siguió a Teddy después de mandar a Scorpius a casa de su madre mientras hablaban.

Scorpius había asentido con los ojos muy abiertos y se había ido con Daphne.

Cuando Draco llegó a la habitación del pequeño Lupin, tocó suavemente a la puerta. Esperó, pero no recibió respuesta y abrió la puerta.

Teddy estaba sentado en la cama, mirando por la ventana.

—Hola, Teddy—dijo Draco en voz baja y se acercó a la cama, se sentó sobre ella mientras se enfrentaba al joven.

Teddy no reaccionó.

—Sé cómo te sientes, Teddy, pero puedo prometerte que Harry va a volver—Draco intentó, no muy seguro de si Teddy agradecería el abrazo. El chico siempre revoloteaba alrededor de Harry, después de todo, no se habían unido mucho.

—¿Cómo sabes que va a volver?

—Conozco a tu padre desde nuestro primer año en Hogwarts, y si hay una cosa de la que puedes estar seguro sobre Harry, es que es increíblemente terco y no se rinde—le dijo Draco—. Tenía muchos problemas cuando estaba en el colegio, pero nunca se rindió, no importa qué horror enfrentara o la imposible situación. Él siempre se las arreglaba para salir con vida de ella. Y lo volverá a hacer. Volverá, Teddy.

Teddy encogió las piernas colocando las rodillas contra su pecho, para después abrazárselas.

—¿Cómo es que te gusta papá ahora?—le preguntó de golpe, sorprendiendo a Draco. No esperaba que él le preguntase eso.

Por un momento todo se quedó en silencio mientras Draco se tomaba tiempo para ordenar sus ideas. No sabía el motivo, pero tenía la sensación de que su respuesta era importante para el crio.

—Bueno, cuando conocí a tu padre, quería ser su amigo—comenzó Draco, lentamente.

Teddy parpadeó.

—¿En serio?—preguntó sorprendido. Su padre nunca se lo había contado.

—Sí, pero yo era mala persona, así que después fuimos enemigos en la escuela—continuó Draco, incómodo al recordar eso de nuevo. No era exactamente algo de lo que estar orgulloso—. En nuestro séptimo año, tu padre luchó contra un horrible hombre que quería conquistar el mundo mágico y Harry se las arregló para derrotarlo. En esa misma batalla, estuve atrapado en una habitación en llamas y tu padre me rescató. Después de eso, sólo nos evitamos y no lo vi durante años hasta que encontró a Scorpius y me lo trajo hace un par de meses en el Callejón Diagón—respiró profundamente—. Yo… siempre me ha gustado, creo, pero no quería admitirlo. Todo lo que puedo decir de tu padre, es que me hace muy feliz y no quiero perderlo.

—Tú también le haces feliz, lo sabes—murmuró Teddy, todavía evitando la mirada de Draco—. Nunca lo vi tan feliz con Ginny.

—Es un alivio escuchar eso—sonrió Draco y Teddy sonrió débilmente—. Realmente quiero que seamos una familia, Teddy—le dijo con sinceridad.

Teddy vaciló y se mordió el labio.

—Sí, yo también lo quiero—susurró después de un largo momento de silencio—. ¿Vas a casarte con él?—preguntó de repente.

Draco casi se atraganta con su saliva.

—Ehm, es un poco pronto para preguntar eso, ¿no crees?—sonrió débilmente.

Teddy se encogió de hombros.

—Has dicho que no quieres perderlo.

Draco se movió, cruzando sus piernas.

—Bueno, creo que me gustaría casarme con tu padre un día, sí. ¿Estarías de acuerdo con eso?—le preguntó incierto.

Ahora estaba claro que Teddy estaba dudando y Draco esperó con ansiedad.

—Creo que me parece bien—murmuró al cabo de cinco minutos—. ¿Eso me haría tu hijo también?—preguntó en voz baja.

—Bueno, sí. Pero no tienes que llamarme padre o papá o algo así si no quieres—se apresuró a decir Draco. ¿Cómo había cambiado de rumbo la conversación si había ido a tranquilizar a Teddy diciéndole que Harry volvería a una proposición de matrimonio? No lo entendía.

Teddy miró hacia sus pies, jugueteando con los hilos sueltos de su pantalón.

—Nunca he tenido dos padres antes—murmuró casi inaudible.

—Nunca he tenido dos hijos antes—respondió Draco, sonriendo.

Teddy levantó la mirada y sonrió con timidez. Miró a Draco con incertidumbre y el rubio se la devolvió, esperando la reacción de Teddy.

El joven lo sorprendió al ponerse de rodillas y sentarse a su lado. Teddy, con los brazos extendidos, lo abrazó con torpeza, sintiéndose extraño al abrazar a alguien que no fuera su padre o su abuela.

Al principio, Draco se sorprendió, pero rápidamente devolvió el abrazo, frotando la espalda de Teddy. El pequeño puso su cabeza en el hombro de Draco.

—¿Realmente crees que papá volverá pronto?—preguntó en voz baja.

—Lo prometo, Teddy, tu padre estará de regreso pronto—susurró Draco a su vez.

Si Harry no volvía en una semana, Draco iría a buscarlo. Buscaría en todos los edificios, rastrearía por toda Inglaterra. No sólo dependía de Harry, pero sus dos hijos pequeños necesitaban que su padre estuviese de regreso.


6 de enero

Harry gimió cuando se despertó. Negó con la cabeza e hizo una mueca cuando su cuerpo dolorido protestó ante la acción. No sabía cuánto tiempo había estado allí. Podrían ser un par de días o un par de semanas. Después de la inyección se había desmayado por culpa del insoportable dolor y cuando recuperó la consciencia no sabía muy bien lo que había pasado.

El hombre no había regresado y Harry se preguntó si le dejaría morir de hambre o dejaría su podrido cadáver ahí.

Pensó en Draco, Scorpius y Teddy, y renovó su deseo de liberase y empezó a luchar contra sus límites. No eran unas cuerdas normales, así que debían de ser mágicas.

Intentó hacer magia, tratando de romper la barrera mágica de su cuerda. Su magia se alzó, pero cuando salió, de golpe desapareció, permitiendo que Harry supiese que cualquier cosa que hiciese sería inútil: estaba absorbiendo su magia.

Frunció el ceño. Esto no era bueno. No sabía dónde estaba, cuánto tiempo había estado ahí (aunque por la sensación de vacío en su estómago y la sensación de mareo cada vez que se movía, le hizo saber que había pasado tiempo desde que había comido por última vez), que se lo habían llevado y cómo iba a escapar sin una varita.

Joder.

A veces, su vida apestaba. Había pensado que podría vivir una vida relativamente normal después de derrotar a Voldemort, pero al parecer el destino había decidido joderle un poco más.

Con aire ausente, se preguntó si había hecho algo realmente malo en su vida anterior para merecer toda la mierda que le sucedía.

Se tensó cuando la puerta se abrió de repente y los pasos se acercaron a él.

—Bueno, Potter, creo que ya es hora de mudarte, ¿eh?—su secuestrador se rió sombríamente y antes de que Harry pudiese decir algo, sintió un hechizo golpearle y antes de que perdiera la consciencia de nuevo, se dio cuenta que había sido golpeado con un Desmaius. Realmente odiaba sentirlos.

¿Dónde le llevaría ahora?

El hombre miró pensativamente a Harry. Realmente quería matarlo, haciéndole pagar por todo su sufrimiento, pero eso tendría que esperar. Su venganza sabría mil veces mejor si esperaba un par de meses más.

Sonrió y desató a Harry, colocándolo en la posición de sentado contra la pared. Le quitó la venda y la mordaza.

La cabeza de Harry rodó hacia un lado, todo su cuerpo cayendo hacia la pared.

El hombre se burló. Hubo un rápido destello iluminando el oscuro cuarto y después se dirigió a la lechuza.

—Ya sabes a quién acudir—murmuró y envió a la lechuza a volar en la noche.

Era la hora de llevar a Potter a ese lugar. Estaba seguro de que Malfoy estaba ansioso por saber en qué estado se encontraba su pareja.


Gracias por leer y comentar.


Respuesta a los anónimos:

- Joiitah: Me alegra que te guste la historia. Con respecto al secuestrador, no te puedo decir nada salvo que sigas leyendo para que descubras quién es.

- Potter perdida: Me alegra que te guste. Todos pensamos que Ginny debería hacerlo, pero es una Weasley y sabemos lo cabezotas que son. Con respecto a Scorpius, es pequeño y Draco no es Lucius, el cual moldó, en cierta forma, a Draco su semejanza, por eso el chico es diferente.

- Nick: No, estaba tomándome unas merecidas vacaciones. Sé que he tardado un poco más en actualizar, pero mi periodo de cargar pilas ha sido más largo de lo esperado.