Hey, hey, ya estoy aquí. Siento muchísimo en retraso, pero al volver del viaje, descubrí que mi padre me había cogido el ordenador porque le hacía falta para el trabajo y, como consecuencia, esta semana tampoco he tenido. Pero ya he vuelto, y no paro hasta que acabe. Nos vemos abajo.

Y, como siempre, iCarly no me pertenece.

El jueves por la mañana…

-Esta tarde cuando vayamos a tu casa y nos quitemos a Freddie de encima, tengo que hablarte de una cosa – Decía Sam bastante emocionada.

-¿Por qué no puede estar Freddie delante? – Preguntó la morena.

-Porque no puede y punto. Ya lo entenderás todo.

-Bueno como quieras. Y mira – Dijo señalando al frente – hablando del rey de Roma.

-Buenos días chicas – Saludó el castaño.

-Hola Freduccini – Respondió la rubia.

-Vaya, parece que estás más animada que antes. Eso me gusta – Dijo él con una sonrisa.

Entonces sonó la campana y los tres se dirigieron a sus respectivas clases.

Durante la última hora, Sam sintió una mirada asesina a su espalda, que procedía de Ashley, quien se inclinó hacia delante y empezó a susurrar amenazas en el oído de Sam.

-Voy a destruirte. Ya verás cuando te quedes sola, no va a quedar de ti ni un cadáver al que llorar.

Como respuesta Sam, sin tan siquiera girarse para mirarle a la cara, estiró el brazo y le pegó un fuerte tirón de pelo a Ashley, llevándose consigo un bueno montón de extensiones. Giró un poco la cara y susurró:

-Vuelve a amenazarme a mí o a quien sea, y te prometo que a la otra no serán extensiones lo que te arranque. Si no pelo de verdad.

Sonó la campana que daba por finalizadas las clases, y Sam se dirigió a su taquilla a esperar a Carly. La morena miró perpleja a la rubia, que observaba y acariciaba con cariño su botín de guerra.

-¿Qué es eso?

-Te dije que había vuelto para quedarme.

Y justo entonces, pasó por el lado de las dos amigas Ashley con el pelo más largo en un lado de la cabeza que en otro, mirando aterrada a Sam.

-No puede ser.

-Pues lo es Carly. Nadie se mete con Sam y sale airoso.

-Ni falta que hace que lo jures – Añadió la morena empezando a reírse.

-Oye chicas, habéis visto el desastre de cabeza que tiene Ash… - Se interrumpió a sí mismo al ver las manos de Sam - ¿Has sido tú?

-Repito. Nadie se mete conmigo y sale airoso de la situación.

-Definitivamente, has vuelto.

Oye Freddie – interrumpió Carly - ¿Te vienes a mi casa ahora con Sam y conmigo?

-Emm… no puedo. Tengo una cosa que hacer con mi madre. Si eso nos vemos mañana por la mañana.

-Bueno, en ese caso… ¿nos vamos Sam?

-Después de ti.

Ambas salieron del instituto y se dirigieron a Zumolandia como siempre. Sin embargo Freddie tenía otros planes.

Caminó por las calles de Seattle hasta llegar a la parada del autobús. Se subió a este y bajó justo delante del centro comercial. Se adentró en la marea de gente que entraba y salía de las tiendas cargados de bolsas hasta arriba, y se dirigió a la tienda donde estaba el vestido que tanto le gustaba a Sam.

Lo miró en el escaparate una vez más. Se imaginó a Sam con él puesto… y volvió a sonreír.

Entró en la tienda y miró en todas direcciones en busca de alguien que le atendiera. Y entonces la ayuda llegó en forma de…

-¿Tiffany?

-¿Freddie?

-¿Qué haces aquí? – Preguntaron los dos a la vez.

-Trabajo aquí – respondió ella - ¿Y tú que haces aquí? No sé nada de ti desde la fiesta.

-Sí… desde la fiesta…

-Siento lo que pasó.

-¿Cómo?

-Que siento lo que pasó. Iba muy borracha y cuando voy así puedo llegar a ser muy… puta. Lo siento de verdad. Sé que te insulté y todo eso, pero…

-Tranquila. No pasa nada. El pasado pisado. En realidad, me alegro de darme cuenta de que no eres como Ashley. Ya sabes… una zorra artificial.

-Todo es pose. Trabajo aquí para ayudar a mis padres a pagar sus facturas, porque con sus trabajos no pueden con todo.

-Entonces… ¿no la aguantas?

-No, en absoluto. La odio. Veía todo lo que te hacía y lo que le estaba haciendo a tu amiga y yo me sentía fatal por tener que seguirle el juego. Hasta ese momento no sabía lo mala que podía llegar a ser.

-La cuestión están en que si no la aguantas ¿por qué sigues yendo con ella?

-O eso, o quedarme sin amigos.

-Si quieres yo puedo ser tu amigo. Y si les explico todo a Carly y Sam, seguro que tendrás dos amigas más. A mí eso me da tres, y eso es igual a que no estarás sola y sin amigos como tú dices.

-Eres un gran chico. Bueno – Dijo borrando su sonrisa de la cara y poniendo una expresión más formal - ¿en qué puedo ayudarle caballero?

-Pues me gustaría comprar el vestido rojo del escaparate.

-¿Qué talla?

-La mediana creo.

-¿Crees? O sea que no te sabes la talla. A parte, esto no va por grande, mediano, pequeño, va por números.

-¿Y en qué te basas para saber que talla es?

-Medidas. Dime las medidas. La altura, pecho, cosas de esas.

-Pues mide 1,65 sin tacones, gasta una talla 90 de sujetador.

-¿Sabes qué talla de sujetador gasta?

-Es lo que tiene que Sam y Carly te arrastren a hazte un sujetador y te piden que les lleves distintos sujetadores de distintas tallas.

-¿Le vas a comprar el vestido a Sam?

-¿Cómo lo sabes?

-Carly no las tiene tan grandes.

-Buen punto. Pues sí, es para ella. Lo vio y le gustó, así que…

-No hace falta que me des explicaciones de nada. Primero porque no tenemos tanta confianza, y segundo porque la forma en la que te brillan los ojos y lo rojo que estás me dicen todo lo que quiero saber.

Freddie agachó la cabeza para intentar ocultar lo colorado que se había puesto y Tiffany se dirigió a uno de los montones de percheros llenos hasta arriba de vestidos, rebuscó entre ellos hasta que sacó uno idéntico al del escaparate pero en la talla adecuada para Sam.

-Si viene por aquí por favor – Dijo para llamar la atención de Freddie.

-Claro.

-¿Se lo envuelvo para regalo?

-Por favor.

-Serán 500 dólares.

La chica sacó una caja de debajo del mostrador, desdobló el papel que había dentro para proteger el vestido y lo metió dentro de la caja doblándolo cuidadosamente mientras Freddie, todavía sin saber si se iba a arrepentir de aquello, sacaba de la mochila el sobre con el dinero.

-Aquí tiene. Muchas gracias por comprar en nuestras tiendas. Y que tengas suerte con Sam.

-Gracias.

-A ver – dijo Carly sentándose en uno de los pufs del estudio – qué es eso tan secreto que Freddie no puede saber.

-Ya lo he entendido todo. Lo de los rascacielos.

-¿Lo que te dijo Freddie?

-Eso mismo. Y Espumita me ayudó.

-Espum… Dejémoslo estar. ¿Qué has descubierto?

-Lo que quería decirme con todo eso de los rascacielos. Siempre se levantan a pesar de todo. Me dijo que fuera tan fuerte como aparentaba ser y al principio no sabía lo que quería decir. Y sabes que Freddie cuando quiere se expresa como un maldito libro abierto – Dijo con ironía – pero ese no es el caso. La cosa está en que ayer lo entendí todo. Soy tan fuerte como digo ser… al menos en ello estoy. Estoy venciendo mis miedos y aunque me intenten quitar todo lo que tengo siempre me levanto.

-Te sigo pero no acabo de entenderlo todo.

-Con todo esto de Ashley he estado a punto de perder lo que más quiero, o sea, a Freddie, a ti y a… ¿Por qué pones esa cara de atontada?

-Quieres a Freddie – Dijo con voz aguda.

-Yo no he dicho eso.

-Sí lo has hecho.

-Bueno, no estamos hablando de si quiero o no a Freddie. Estamos hablando de que cuando casi os pierdo, y después de todo lo que pasó, volví a levantarme. Me enfrenté a Ashley.

-Ahora lo entiendo. ¡Quieres a Freddie! – Dijo cambiando totalmente de tono.

-Pues la verdad es que… no lo sé.

-Sabes que puedes contármelo. Somos las mejores amigas.

-Está bien – Suspiró la rubia – Es que no sé… Hace que sienta cosas que no había sentido nunca. Cosas indescriptibles que conseguí descifrar el día de la fiesta. Sí, el chico ese que te dije es Freddie. La cosa es que no me merece. Soy mala con él, le pego, le insulto y él siempre es igual de dulce conmigo, siempre intenta ayudarme pase lo que pase.

-Lo hace porque te quiere y le da igual que le merezcas o no. Solamente quiere estar contigo. Deberías prestar atención a eso y no a esas idioteces de que no te mereces estar con él.

-No sé, es muy difícil. Creo que es lo único que no he conseguido ni conseguiré vencer nunca.

-Lo harás, ya lo verás.

-En fin. Será mejor que me vaya a casa que se está haciendo de noche. Mañana nos vemos.

-Hasta mañana.

-Perfecto – Se dijo Freddie a sí mismo – Lo dejaré aquí con mucho cuidado de no… mierda. Espumita, tranquilo gatito. No, no saltes. Quieto. No. Mierda.

Espumita saltó encima de Freddie quien, intentando quitarse al gato de encima, perdió el equilibrio y cayó encima del escritorio de Sam y de ahí se fue rodando al suelo, todavía intentado quitarse al gato de encima que estaba empezando a arañarle cerca de la cara.

-Quita de encima gato asqueroso. No te he hecho nada. Solo quería dejar un regalo para Sam sin que ella lo supiera. Vamos he venido desde el centro comercial hasta aquí andando.

Entonces se oyó un pequeño chasquido y la puerta de la habitación de Sam se abrió.

-¿¡Qué haces aquí idiota?

-Te discutiría pero… ¡quítame a tu gato de encima antes de que me desfigure la cara!

-Vamos ven aquí cosita. Y ahora, vete a la cocina a comer.

Al oír aquello el gato saltó de los brazos de Sam y salió de la habitación. Estaba claro quién era su dueña. Cuando cerró la puerta de la habitación, Sam se volvió de nuevo hacia Freddie.

-¿Ahora me vas a explicar que haces aquí? Voy a empezar a sospechar que estás acosándome si sigues entrando en mi habitación por las noches a través de la ventan… Oh Dios Mío.

-¿Qué pasa?

-Espumita te ha medio desfigurado la cara.

-No es momento para bromas Sam – Dijo rodando los ojos.

-Que no es broma idiota, mira – Dijo cogiéndole por la muñeca y llevándole la mano a la mejilla donde tenía la herida.

-Ay mi madre, sangre. Sam soy propenso a desangrarme rápidamente. Sam. Sam. Que me muero, que me quedo aquí tieso. –Gritó Freddie al ver la sangre en su mano.

-Vale, vale, calma. ¿Dónde narices metí la caja de pañuelos?

-Sam que esto cada vez va a más.

-¿¡Quieres calmarte? Estoy intentando recordar donde guardé los pañuelos.

-¡SAM DATE PRISA!

-Mierda. No los veo. Toma – Dijo cogiendo un calcetín del suelo – tapa la herida con esto. Siéntate mientras yo voy a por el botiquín.

Sam salió de la habitación en busca del botiquín, mientras Freddie se preguntaba cuánto tiempo hacia que ese calcetín estaba en el suelo.

-Vamos a ver – Dijo Sam sentándose junto a Freddie, empapando un trozo de algodón en agua oxigenada para desinfectar la herida – Te va a escocer un poco.

Freddie retiró el calcetín y Sam, con cuidado, puso el algodón encima de la herida. En el mismo instante en que el algodón rozó su piel, puso una mueca de dolor, pero no emitió ningún sonido para no poner más nerviosa a Sam.

-¿Te duele?

-Un poquito sí la verdad. ¿Qué le pasa a tu gato conmigo?

-Que es mi gato.

-Pero tú no siempre te tiras a mi cuello, también te preocupas por mí – giró la cara ligeramente para poder mirarla a los ojos – Como ahora.

La chica levantó la vista y se quedó embobada durante unos segundos. Entonces Freddie empezó a acercarse a ella con cuidado con intenciones de besarla, pero ella fue más rápida y se levantó de la cama.

-¿Me vas a decir ya por qué has venido aquí?

-Sí. Por eso – Dijo señalando la bolsa del suelo – No quería que supieras que había sido yo.

-Pero ¿qué has hecho?

-Abre la caja.

Sam lo miró perpleja e hizo lo que le pedía. Recogió la bolsa del suelo, sacó la caja y la abrió con cuidado. Al retirar la tapa y el papel, sus ojos no podían creer lo que estaban viendo.

-Es… es… ¿por qué?

-Vi cómo lo mirabas y… no pude evitarlo.

-No me refiero a eso. Me refiero a por qué eres tan bueno conmigo.

-Puedo darte una lista de razones.

-Adelante.

-Muy bien. Es mi dinero y con él hago lo que quiero, eso lo primero. Eres mi mejor amiga y mi peor enemiga al mismo tiempo, y eso no lo tiene todo el mundo. Siempre que yo lo necesito estás a mi lado. Eres una chica fantástica y un proyecto de rascacielos. Porque quiero ayudarte. Porque me podría pasar toda la noche dándote razones de por qué lo he hecho, pero lo puedo resumir todo en dos razones y puede que en un hecho.

-Te escucho.

-Porque me da la gana y porque estoy… totalmente… absolutamente… enamorado de ti.

-Y yo de ti, pero ya te he dicho que no merezco estar contigo.

-A la mierda el merecer o dejar de merecer. Quiero estar contigo, ¿eso no basta?

-Vete por favor.

-Pero…

-Vete.

-Está bien.

Se dio la vuelta, se acercó a la cama, cogió su chaqueta y se volvió a dirigir hacia la ventana. Y justo cuando Sam pensaba que se iba a ir, Freddie la cogió por la cintura y la besó.

No fue un beso como los que le había dado antes. Fue a demostrarle todo lo que sentía. Fue brusco, pero sin querer forzarla a hacer nada. Tampoco fue un pico. Fue un beso apasionado, de esos que te pillan por sorpresa y cuando quieres darte cuenta de están comiendo la boca. Y Sam, no hizo ascos a ese beso.

Tras treinta intensos segundos, Freddie se separó de Sam y le dijo, justo antes de salir de allí por donde había venido:

-Me faltaba el hecho.

Hasta aquí. Siento haber tardado, pero hasta ahora no he tenido tiempo libre para escribir. Prometo no haceros esperar tanto para el próximo capítulo. Espero que os guste este y que no me odiéis por haber tardado.

Mil gracias por los reviews. Como siempre dejad vuestros reviews con lo que queráis, estamos en un mundo libre.

Feliz Navidad y Besos ^^