EL BEBÉ DE HELGA
Original: Helga's baby
Por: KatherineHowardRose
Traducción: Tsubasaglz
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Nota traductora: Un excelente fanfic que su idioma original se encuentra en Inglés. La autora KatherineHowardRose me dio el permiso para poder traducir su trabajo, y espero poder hacer una buena traducción de sus Fics. Hey Arnold no me pertenece ni mucho menos y el Fic original (Helga's Baby) es de la autora KatherineHowardRose. Yo solo estoy haciendo labor de traducción =D Espero lo disfruten.
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Muchas gracias a todos por sus comentarios, entre semana me es casi imposible actualizar por mis horarios de trabajo, sin embargo les compensaré con algunos capítulos los fines de semana, tengo ya traducidos al menos otros 10 capítulos, sin embargo en lo que más me tardo es en la revisión de estilo, lo que dicen en inglés me gusta que cuadre con lo que pudieran decir los personajes en español. Para quien preguntaba si esta historia no era Helga Embarazada, no, es otra traducción, la chica de la otra traducción tiene su cuenta en y hasta donde sé, va unos capítulos más adelantada que yo, sin embargo, ¡seguro este fin de semana subo unos cuantos más para que tengan suficiente para leer! Sin más por el momento los dejo con el capítulo ¡De traducir me emocionó como cuando leí la historia por primera vez!
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CAPITULO 29
Helga se levantó, le pesaba la cabeza. Respiró profundamente para orientarse a sí misma. Revisó su teléfono. 6:45 de la mañana. Gruñó y se subió encima de Arnold que aun dormía. Helga tomó una toalla y su bata de baño y se dirigió a la ducha, necesitaba aclarar su cabeza. Los recuerdos del día anterior le llegaron de golpe.
El agua caliente se sentía bien contra su piel, llevándose todos los dolores y miedos. Ella entrecerró sus manos sobre su estómago. Osito de Goma pateó, como asegurándole que estaba vivo y que estaba bien. Se sobó el estómago. "Estaba tan asustada…" le murmuró a su bebé. "Casi te pierdo…"
Osito de goma pateó de nuevo. Helga sonrió. "Yo también te amo…"
Lo que Miriam había dicho la había atormentado, ella sabía que había tenido a Olga muy joven, pero no se había dado cuenta que hubiera sido tan joven. Se mordió el labio. No quiero ser como ella… No quiero terminar como ellos… Helga se tomó la cabeza mientras la bombardeaban recuerdos dolorosos, haciendo que se le cerrara la garganta y le quemara. Se tomó del riel para sostenerse, lo habían instalado para prevenir que los abuelos de Arnold se cayeran en la ducha.
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Una noche Miriam se había caído de las escaleras y Helga tuvo que conducir para llevar a su madre al hospital, porque Bob estaba muy ocupado con el negocio. Solo tenía catorce y estaba horrorizada de que algún policía la fuera a detener. Los doctores se preguntaron cómo Miriam había conducido hasta el hospital con una contusión. Le habían dado doce puntadas en la frente. Helga tuvo que esconder todo el alcohol de la casa para prevenir que Miriam lo confundiera con sus medicamentos para el dolor.
Otra noche, Helga se sentó con la espalda contra la puerta de su cuarto, las uñas hundiéndose en sus puños tan fuerte que comenzó a sangrar. Olga había empacado sus cosas y había huido, cansada de su disfuncional familia. Bob había tratado de detenerla, pero Olga lo había amenazado con que si trataba detenerla se iba a suicidar.
"… tu buena para nada! Si Olga tuviera una buena madre no hubiera hecho este lio!" Bob gritó.
La voz de Miriam hizo a Helga estremecerse, era suplicante y cortada por las lágrimas. "¡¿Yo?! Ella dijo que estaba harta de ti respirándole tras el cuello! ¡Nunca la dejaste descansar! ¡Era siempre ve más adelante! ¡Ve! ¡Ve! ¡Ve!"
Un fuerte golpe, Bob había lanzado algo contra la pared. "¡Yo fui un buen padre! ¡Le di un futuro brillante! ¡¿Dónde estaría ahora si lo la hubiera empujado?!"
"Ella estaría aquí si no lo hubieras hecho!" sollozó Miriam.
Helga se cubrió las orejas con las manos. Cerró los ojos y cantó su mantra en su cabeza. Arnold vendrá a salvarme… Arnold vendrá a salvarme…
Un sonido de algo estrellándose la hizo gemir, Bob había lanzado una lámpara. Los gritos de sus padres habían llegado a un punto frenético. Helga consideró llamar a Arnold, preguntarle si se podría quedar en su casa por una noche. Su corazón se acobardó, sabía que no podía pedirle eso. Desde que Arnold había comenzado a salir con Lila, no podía soportar siquiera mirarlo. Se le entrecortó la respiración y lloró en silencio. Arnold, ¿Por qué no puedes verme?
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El agua caliente llenó de vapor el baño. Helga tomó su estropajo y lo lleno de agua y jabón. Lo pasó por encima de su piel, dejándola roja y lastimándola. Quería borrar todos los recuerdos de su piel. Apretó los dientes con rabia.
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Miriam había llegado a la casa borracha, otra vez. Había sido despedida de su trabajo como acomodadora en el cine. Bob aún no llegaba a casa, así que Helga escapó hacia el Viejo Pete antes de que la tormenta de mierda se desatara. Recordó haberse sentado allí hasta que Arnold llegó con Gerald, sorprendiéndola.
"Oh, hola Helga. No sabía que estabas aquí arriba."
La voz de Arnold había sido tan gentil, persuadiéndola a salir de la pesadilla que era su vida. Lo miró y frunció el ceño. "¡Puedo estar aquí arriba si yo quiero, cabeza de balón! ¡Es un país libre!"
Gerald negó con la cabeza y miró hacia Arnold. "¿Por qué mejor no vamos a tirar piedras al callejón?"
Arnold le había dado una mirada triste a Helga, sintió como si él supiera que estaba herida. "¿Quieres venir, Helga?"
"Eso no es lo que quise decir…" murmuró Gerald, cruzándose de brazos.
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Las lágrimas corrieron por el rostro de Helga mientras se frotaba aún más fuerte. Se odiaba a sí misma. Arnold siempre había estado allí para rescatarla, y ella casi había perdido el único tesoro que podía darle.
Un golpe sonó en la puerta. "Helga, ¿Estás ahí?"
Era Arnold. Helga tragó saliva y sorbió un poco su nariz. "¡S-Sí! ¡Solo un minuto!"
"¿Estás bien?" La llamó a través de la puerta.
Las manos de Helga se enrollaron en puños. "¡Criminal! ¿No me puedo duchar en paz?"
"Lo siento, es solo que sonabas triste. Estaré en la cocina…"
Suspiró mientras los pasos se alejaban. Helga se jaló el cabello. ¿Qué es lo que pasa conmigo? ¡Cada vez que el muestra compasión, yo lo repelo! ¿Por qué? ¡¿Por qué?!
Osito de Goma la pateó de nuevo, como diciéndole que ya era suficiente. Helga respiró profundamente. "Tienes razón… necesito tranquilizarme…" Cerró los ojos y respiró por unos cuantos segundos. Cuando los abrió se enfocó en terminar su tarea a la mano, terminar de bañarse. Mantuvo su cabeza ocupada con su tarea, revisando cada una de las cosas que necesitaba de estudiar en el pasillo en orden para poder entregarlas.
Cuando Helga salió de la ducha, limpió el vapor del espejo y se miró a sí misma. Su vientre estaba comenzando a crecer. Sobresalía bastante ahora. Ya no sería capaz de entrar en sus jeans. Se terminó de secar y se puso la capa de baño encima.
Arnold no estaba en su habitación. Recordó que le había dicho que estaría en la cocina, seguramente desayunando. Helga se peinó el cabello y se lo quitó de la cara con una valerina para el cabello. Se quitó la bata de baño y buscó en el armario por algo de ropa holgada. Se conformó con un suéter de color rosa y una falda de lana. Termino de vestirse y tomó su mochila.
Pookie estaba haciendo panqueques para el desayuno. El estómago de Helga gruñó, amenazándola con vomitar. Stella le entregó un plato con pan tostado. "Aquí tienes, cariño."
"Gracias…" Helga tomó el plato y se sentó a la mesa junto a Arnold. El olor del tocino le revolvió el estómago. Mordisqueó el pan y Arnold le pasó su vaso de agua.
"¿Te sientes bien?" Le preguntó, escaneándole el rostro.
Helga se encogió de hombros, concentrándose en mantener de respiración tranquila. Stella trajo otros panqueques y puso uno en el plato de Helga. "Los llevaremos a la escuela de nuevo. Miles y yo tenemos que hablar con su director."
Arnold suspiró, quería olvidarse del día anterior. Helga observó su pan tostado, pensando en la misma cosa.
"Sé que ninguno de los dos quiere un alboroto de todo esto…" Stella miró a Helga, con los ojos llenos de preocupación, "no tenemos otra opción. Helga claramente ya no está segura."
Arnold asintió. Miles entró a la cocina, sosteniendo un pedazo de papel. Se lo entregó a Arnold. "Esto es para ti." Se sentó y tomó algunos panqueques. "Queremos que acompañes a Helga a todas sus clases. Si los maestros tienen alguna objeción, les muestras esto."
Él dobló el papel y lo puso en su bolsillo. Arnold recogió su plato y lo puso en el lavadero. Abrió la mochila de Helga y encontró su horario. Tomó un lapicero y un papel y comenzó a copiar sus clases para así poder encontrarla en todas. Esto realmente apesta…
Helga trató de ignorar lo que pasaba a su alrededor. No le gustaba que necesitara protección. La vieja Betsy y los cinco vengadores siempre la habían mantenido a salvo. Pero ahora tenía un gran talón de Aquiles, un pequeño bache y su vida estaría arruinada para siempre. Helga se dio cuenta de que en realidad no estaba segura si quería seguir en la escuela o no. Las últimas semanas habían deformado su sentido de la realidad, se sentía fuera de control. Estaba acostumbrada a que todo mundo le temiera y se mantuvieran fuera de su camino, pero ahora sus compañeros, finalmente, habían invertido los papeles.
Arnold terminó de copiar su horario y lo volvió a meter a la mochila de Helga. Levantó la mirada hacia sus padres. "¿Realmente Helga va a dejar de ir a la escuela?"
Ambos saltaron. Stella habló primero. "Bueno… eso es de lo que vamos a hablar hoy… pero realmente depende de Helga…" miró hacia Helga, quién la estaba ignorando, "no podemos hacer que deje la escuela si ella no quiere…"
Miles resopló. "¡Pero es por su propio bien!"
Stella lo miró. "¡Miles!"
Él levantó sus manos en defensa.
Helga se deslizó un poco más abajo en su silla, su vientre pegándose por abajo de la mesa. Arnold salió al pasillo y tomó sus abrigos, empujando a Helga con su mirada. "Vamos…"
Helga tomó su abrigo, pero no hizo ningún movimiento para ponérselo. La idea de dejar la escuela sonaba bien, pero tampoco quería huir. Se levantó y se puso el abrigo, rodando los ojos. "¡Carajo! ¡Que son una mata de nervios!" Se negó a hacer contacto visual con alguien. "¡Ahora sé de donde lo sacó Arnoldo!" Y salió hacia la puerta del garaje.
Los padres de Arnold siguieron a Helga con la mirada. Arnold se encogió de hombros y la siguió hasta el garaje. Helga ya estaba en el coche, frunciendo el ceño y murmurando para sí misma. Arnold se le unió en el asiento trasero.
"¿Qué?" le soltó.
"Helga, mis padres solo están tratando de hacer lo que sienten que es lo mejor para ti porque les preocupas…" Helga hizo un sonido de desaprobación ante eso. Arnold la ignoró. "Sé que no te gusta que la gente te diga que hacer, y sé que tu cosa menos favorita es admitir una derrota." El extendió su mano y la colocó sobre la de ella. Cuando ella no trató de golpearlo, continuó. "No quiero que pienses que dejar la escuela es 'admitir la derrota', porque no lo es. Obtener tu certificado de bachillerato, sea como sea, y vivir una vida feliz les mostrará a esas chicas lo mismo que si las golpearas con el puño en las caras…" Arnold sonrió, "Aunque sé que preferirías hacer eso último." Le apretó la mano. "Por favor, solo piensa en eso." Se llevó su mano hasta los labios y le besó los nudillos. "Solo quiero que tú y Osito de goma estén seguros…"
Ella hizo un puchero, sus ojos mirando a todos lados menos a los de él. Cuando finalmente se encontró con su mirada, Helga se mordió el labio y levantó su otra mano hacia él. Llevaba puesto un yeso rosa en su brazo izquierdo debido a que se rompió la muñeca en 3 diferentes lugares cuando cayó. "Esta duele más…"
Arnold sonrió y lentamente tomó su mano herida y besó el yeso rosa. "Listo, todo mejor."
Helga lanzó sus brazos alrededor de su cuello, tratando cuidadosamente de no lastimarlo con su mano herida. "¡Estoy tan asustada, Arnold! ¡No creo que pueda hacer esto!"
Arnold la jaló hacia su regazó y puso sus brazos alrededor de ella. Él podía sentir como le temblaba la espalda peleando por no llorar. "Shh… lo se… estoy asustando también." Le acarició la espalda. "Tal vez esto sea lo mejor…"
La puerta del garaje se abrió y Arnold trató de poner a Helga de regreso a su asiento, pero ella se negó a ir. "Helga, vienen mis padres…" le murmuró.
Ella soltó su agarre y se subió de nuevo a su asiento. Stella y Miles se subieron a los asiento del frente sin decir palabra. Helga estaba de nuevo de mal humor para cuando llegaron a la escuela. Arnold y Helga entraron mientras sus padres buscaban un lugar para estacionarse. La gente miraba a Helga mientras caminaban, las noticias sobre su viaje al hospital se habían expandido como fuego.
Un grupo de segundo año le bloqueó el paso hacia las escaleras. Helga agarró a la chica más cercana y la empujo contra sus amigas. "¡A un lado! ¡Chica embarazada pasando!" les gritó.
Las chicas caminaron por el pasillo, hablando detrás de sus manos a su paso. Arnold miró alrededor con timidez. No había esperado que Helga gritara a todo pulmón en la escuela sobre su embarazo, a pesar de que todo el mundo ya lo sabía y que se estuviera comenzando a mostrar. La siguió hasta su casillero donde Lila estaba esperando con Gwen.
"Hola, Helga." Dijo de manera chillona. "Estoy sorprendida de verte de regreso del hospital tan rápido."
Arnold tragó saliva, esperando por ver cómo reaccionaría Helga. ¡Lila debe de estar completamente fuera de sus cabales! ¡Preferiría pelear contra un oso grizzli rabioso que ser Lila en este momento!
Helga tomó a Lila por los hombros y la azotó contra los casilleros en un solo movimiento. Gwen se congeló, insegura de cómo ayudar. Al principio Lila tenía en su rostro una expresión divertida, pero la mirada severa de Helga se volvió en una de locura pura, haciendo a Lila acobardarse y temblar.
"Sawyer, si veo tu patán rostro cerca de mi o de Arnold," levantó su puño bueno bajo la nariz de Lila, "¡Me aseguraré de que te parezcas a un Hill Billy tirándote todos los dientes!"
Lila apretó los ojos, gimiendo por como los nudillos de Helga estaban justo debajo de su nariz de bola. "Estoy segura de que no lo entiendo…"
Helga volvió a azotar a Lila contra los casilleros. "¡Para el acto! Sé que tú 'entiendes'." Helga aventó a Lila contra Gwen, casi tirando a las dos chicas contra el piso. "¡Ahora supérenlo antes de que trapeé el piso con ustedes dos!"
Las chicas corrieron lejos, viendo atrás de sus hombros para asegurase de que Helga no las estaba siguiendo. Arnold jugó con sus manos mientras Helga miraba hacia su casillero fumigándolo. "Um… Helga…"
Ella se giró rápidamente. "¡¿Qué?!"
Él retrocedió. "Tal vez tu deberías… umm…" Arnold sabía que decirle a Helga que se 'calmara' era una de las peores cosas que podría hacer. "Yo…" pasó su mano por su cabello. "Tu… ¡te vez bonita!" Se sonrojó.
Helga levantó una ceja mirando hacia él. Arnold se mantuvo en la misma posición, tratando de mantenerle la mirada. Finalmente, Helga rodó los ojos y abrió su casillero. "Eres un bicho raro, Arnold…"
Arnold suspiró. ¡Desastre evitado! "Um… ¿Así que te acompaño a tu clase?"
Helga le sonrió y cerró su casillero nuevamente. "Así es, zopenco. No te preocupes, podemos parar en su casillero de camino."
Arnold sonrió y la sostuvo de la mano mientras caminaban. Tal vez esto no será tan malo.
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Los estudiantes llenaron el salón de arte, pero nadie habló. La Srita. Archer estaba ocupada en su escritorio, mirando por encima una de las pinturas de los estudiantes. Helga tenía a unos cuantos centímetros de su nariz el papel frente a ella. Las puntas de sus dedos estaban azules por el lapicero especial de tinta con el que estaba dibujando. Su acuarela del pez dorado estaba casi terminada. Había decidido agregar algunos detalles extra con tinta azul.
La Señorita Archer se acercó a Helga, un monitor de pasillo había traído una nota. Helga…" murmuró, no queriendo asustar a uno de sus estudiantes favoritos. "Helga…"
Ella levantó la mirada. La Señorita Archer le entregó la nota y espero. Helga observó la nota y asintió. Dejó la nota y presionó la tinta azul contra el papel, terminando las escamas finales de uno de los peces. Le extendió la pintura terminada a su maestra, luego tomó sus cosas y salió hacia el pasillo.
Helga suspiró mientras caminaba hacia la oficina. La llevaron hasta la oficina del Sr. Creaver, donde Stella y Miles ya estaban sentados. La recepcionista trajo una tercera, pequeña, silla para Helga y luego cerró la puerta.
"Hola, Helga." El Sr. Creaver se dirigió hacia ella. "¿Sabes por qué estás aquí?"
Ella rodó los ojos. "Tendría que tener muerte cerebral para no saberlo…"
El tosió. "Bien, entonces… bueno." Junto sus manos y miró de regreso hacia los Shortmans. "Entonces, ¿Continuamos?"
Stella hizo un gesto hacia Helga. "Helga, cariño, ¿Puedes decirnos cómo te sientes? Queremos que estés feliz, así que la decisión cae realmente sobre ti."
"Así que, ¿Qué pasa si digo que no quiero estar en la escuela?" Helga se cruzó de brazos y se recargó sobre el respaldo de su silla.
El Sr. Creaver asintió hacia ella. "Hemos discutido las posibilidades. Eres una chica brillante, y tus maestros sienten que eres capaz de tomar clases por tu cuenta en casa y recibir tu certificado junto a tus compañeros." Inclinó la cabeza. "O si lo prefieres, puedes dejarla completamente y tomar el examen GED en su lugar." Cruzó las manos. "Lo que sea que elijas, nosotros pensamos que lo mejor sería si recibe su certificado de bachillerato y no lo deja por completo."
"¿Y qué pasaría si decido quedarme en la escuela?" dijo Helga mirándolo de una manera severa.
Él suspiró. "No le recomendamos eso. La escuela no puede garantizar tu seguridad y…"
"¿Por qué no?" Stella miró al Sr. Creaver. "¿Por qué no puede garantizar que Helga estaría segura? ¿Ese no es su trabajo como administrador? ¿Mantener a los estudiantes en la escuela seguros?"
El Sr. Creaver asintió, comenzaba a verse nervioso. "Si, si es nuestro deber mantener a nuestros estudiantes a salvo. Sin embargo, considerando las circunstancias, no podemos garantizar que estos estudiantes traten de lastimar de nuevo a la Señorita Pataki. No tenemos evidencia como cuales estudiantes están detrás de los ataques, así que no tenemos manera de disciplinarlos y prevenir que hagan más daño."
Miles le acarició el brazo a Stella. "Es una escuela grande, no pueden ver a todos los chicos todo el tiempo…"
"Muy cierto…" el Sr. Creaver se aclaró la garganta. "Hasta que no podamos encontrar a estos estudiantes, sería lo mejor para los intereses de Helga, estudiar en casa donde pueda estar segura. Tal vez si los culpables son agarrados, ella podría considerar asistir a clases otra vez.
Esto pareció satisfacer a Stella. Helga estaba por cuestionar algunas otras preguntas, cuando la puerta de la oficina se abrió de nuevo. Todos voltearon y vieron que Rhonda estaba parada en el marco de la puerta.
"Perdonen mi interrupción," la voz de Rhonda era tan ligera y luminosa como siempre, "pero simplemente necesitaba que supieran antes de que fuera demasiado tarde."
Helga se burló de ella. "¿Y que podría ser?"
Rhonda le respondió a Helga con una sonrisa helada. "Sé quién te empujó."
