Escena: Las Reliquias de la Muerte


Voldemort paseaba por uno de los pasillos del Ministerio. Ahora que la sede del gobierno mágico inglés era suya, podía hacer lo que le viniese en gana.

De repente vio pasar a una mujer vestida de rosa chicle. Era bajita, parecía un sapo y tenía un guardapelo que le colgaba del cuello. Voldemort la llamó.

―Eh, tú ―llamó él.

La aludida se dio la vuelta, sonriendo. Cuando lo vio, se emocionó.

―Pero si es nuestro señor, el Señor Tenebroso. ¿Puedo hacer algo por usted? ¿Limpiarle la túnica? ¿Lamerle los pies desnudos?

Voldemort caminaba descalzo. Y Dolores era una experta en lamer culos.

―No, es que... me gusta tu guardapelo.

―Oh, es una herencia familiar.

―Claro, claro. Bueno, pues ya nos veremos, ¿eh? Venga, quita... ¡Que te quites, te digo!

Dolores le había empezado a frotar la túnica negra. Finalmente, ella se fue. Voldemort se quedó pensando un momento.

―Bah, mi guardapelo es mucho más bonito.