Capítulo 29
Normal
― ¿Lista, mi querida Prim?
― ¡Preparada! ― exclamó la menor de las Everdeen.
― ¡Me encanta esta chica! algo me dice que detrás de esa carita de dulce que tiene, no se la pondrá tan fácil a nuestros solteros.
― ¡Por supuesto que no, Caesar! Si alguno de estos caballeros quiere casarse con mi hermana, tienen que demostrarme que han sido observadores y han llegado a conocerla, aunque sea un poco.
― ¿Ya escucharon, chicos? ― comentó Drucilla, después se giró hacia una de las cámaras ― Para nuestros amigos que nos ven en pantalla, les recordamos cuál será la dinámica. Nuestra querida amiguita Prim, hermana de Katniss, tiene preparadas una serie de preguntas que nuestros cuatro concursantes deberán responder. Como verán, cada uno de ellos se encuentra parado detrás de un podio que tiene una pantalla al frente, todo lo que escriban en sus tabletas podremos verlo reflejado en dicha pantalla cuando sea el momento de revelar las respuestas, de esta forma todos nosotros podremos compararlas al mismo tiempo, pero ellos no lo verán hasta el final.
― ¿Están preparados, caballeros? ― les preguntó Caesar.
Todos asintieron con la cabeza de inmediato.
Katniss estaba sentada del lado derecho del escenario en su sillón en forma de corazón. No podía quitarle los ojos de encima a su hermana, la veía y no lo creía. Independientemente de lo hermosa que se veía con el vestido color magenta y el cabello peinado en ondas, se mostraba muy confiada en sí misma. Tanto Caesar como Drucilla estaban encantados con ella por toda su desenvoltura a lo largo del programa, era una persona de carácter agradable con la que era muy fácil trabajar, además era graciosa y no vacilaba al hacer sus comentarios. Ella deseaba tener la mitad de la confianza que tenía su hermana para hablar en público de esa manera, en ninguno de los programas anteriores ella había logrado desenvolverse así.
― Katniss ― la voz de la presentadora la sacó de sus pensamientos ― ¿Algunas palabras que quieras decirle a tu hermana antes de iniciar?
― Claro ― sonrió ― Prim hazlos sudar. No se los pongas tan fácil.
― Entonces, ¡comencemos, querida Prim! ― dijo el presentador.
― Gracias, Caesar ― la rubia se giró ligeramente desde el sillón donde estaba sentada hacia los concursantes ― Vamos a empezar con las preguntas fáciles porque los veo algo nerviosos. Primera pregunta, ¿cuándo cumple años mi hermana? Quiero el día exacto.
Peeta y Daniel de inmediato escribieron algo en sus tabletas. Regulus hizo un gesto y junto con Apolo demoró un poco más en escribir su respuesta.
― ¿Listos? ― preguntó Drucilla ― Mostremos esas respuestas.
El rubio y el doctor habían contestado lo mismo, 8 de mayo, pero los otros dos concursantes habían escrito 7 de mayo, que fue el día que la festejaron en el programa.
Entre el público, algunos aplaudieron y otros hicieron algunas exclamaciones, pero los concursantes no tenían idea de qué habían colocado sus contrincantes, por lo tanto, no tenían forma de saber si estaban o no en lo correcto.
― Continuemos con la siguiente pregunta ― comentó la menor de las Everdeen ― ¿Cuál es el color favorito de mi hermana?
De nuevo, Peeta y Daniel fueron los primeros en escribir algo, Regulus de nuevo hizo un gesto, pero todos respondieron relativamente rápido.
― Mostramos respuestas ― indicó la conductora.
El panadero y el doctor respondieron lo mismo, verde. Apolo respondió que el color rosa y Regulus escribió "naranja", pero Katniss sabía lo que estaba haciendo el chico de cabello azul, se estaba equivocando a propósito porque ese era su último programa y necesitaba una excusa para salir.
Prim continuó con algunas preguntas relativamente sencillas cuyas respuestas se habían dado de alguna forma en los programas.
― Yo creo que ya calentaron motores lo suficiente. Es hora de comenzar con otro tipo de preguntas ― sonrió la rubia ― ¿A dónde saldrían de paseo un domingo por la tarde con mi hermana? Opción A, al cine; opción B, de compras; opción C, a un Fashion Show o por último opción D, un paseo por el parque.
Daniel y Peeta acertaron una vez más, eligiendo la última opción. Regulus respondió que a un Fashion Show y Apolo eligió la opción B.
Mientras Prim continuaba con las preguntas, Katniss observó el rostro de cada uno de los concursantes mientras respondían. Los cuatro, como había dicho su hermana, eran atractivos aun y con el look exagerado que gritaba a los cuatro vientos "Capitolio", pero quizás ya había ido aceptando en su mente que esa sería su nueva vida.
Peeta lucía un delineador azul metálico que resaltaba el color de sus ojos, el cabello lo traía peinado para atrás y le habían colocado una especie de escarcha diamantada que lo hacía lucir más dorado. Después bajó la mirada a sus labios, unos labios que había sentido contra los suyos y sabía perfectamente lo suaves y cálidos que eran y que nunca se imaginó que disfrutaría besar tanto y que en ese momento estaban curvados en una sonrisa; el chico estaba confiando con las respuestas que había dado hasta el momento, las cuales todas las había sacado bien, de alguna forma ella se había logrado abrir con él, lo que le permitió al chico conocerla mejor que los demás.
Al lado del rubio se encontraba Apolo. El chico era mucho más alto que el panadero y el cabello bicolor peinado hacia arriba le añadía un par de centímetros extras. Era increíble, había fallado casi en la totalidad de las respuestas, pero sonreía como si fuera ya un ganador, pues, aunque no podía ver lo que escribían sus compañeros, lo poco que lo había conocido, le demostró que era sumamente egocéntrico, el chico ya estaba enamorado de alguien, solo que no se había dado cuenta que era de él mismo.
A continuación, estaba Daniel. Él también iba bien en sus respuestas, y sabía que era una buena persona, en verdad estaba interesado en ella y no había hecho otra cosa más que colmarla de atenciones, pero simplemente no sentía "eso" que no sabía cómo describir que sí sentía cuando estaba con Peeta. Probablemente si no estuviera el rubio concursando, hubiera sido su mejor opción.
Por último, estaba Regulus, quien continuaba haciendo un ligero gesto cada que respondía algo mal. El chico era agradable y había demostrado ser un buen amigo.
― Penúltima pregunta ― anunció Prim ― Imaginen que es su aniversario de bodas. ¿Cómo lo festejarían o que le regalarían a mi hermana?
Katniss se enderezó un poco más en su asiento. Eso era interesante.
― ¡Vaya! ahora si se tomaron más el tiempo en responder ― dijo Caesar.
― Esperemos que sean propuestas interesantes. Mostramos respuestas, por favor ― sonrió Drucilla.
Regulus contestó "un guardarropa nuevo", Apolo escribió "joyería de diamantes" y ella reprimió las ganas de rodar los ojos, pues hasta el momento, solamente cuando estaban en el programa ella utilizaba joyería ostentosa. Daniel escribió "Viaje de aniversario a la playa" y Peeta puso "Un picnic, flores y cocinaría una cena especial". Ella sonrió recordando el estofado de cordero que preparó para su cumpleaños.
― Y para mi última pregunta ― sonrió de forma traviesa su hermana y los sorprendió a todos con un problema de álgebra.
― ¿Es en serio? ― preguntó el chico de cabello bicolor.
Se encogió de hombros ― Para mí es importante saber que pueden ayudarme con mi tarea ― de nuevo sonrió mostrando todos sus dientes.
Caesar soltó una carcajada ― Ya escucharon, chicos. Recuerden sus años de estudio y denos su mejor respuesta.
Cuando terminaron, Drucilla les agradeció a los chicos y los invitó a tomar asiento para analizar todos juntos las respuestas.
Durante el corte comercial de inmediato ingresaron varios maquillistas y estilistas para hacer algunos retoques de peinado y maquillaje. Prim y su madre se colocaron cada una a ambos lados de Katniss.
― Estuviste muy bien, patito ― le susurró a su hermana.
― Espero haberte ayudado en algo.
― Claro que me ayudaste, ahora sé quién debe salir hoy ― le guiñó un ojo. Saldría el chico Gold, pero había puesto el camino muy fácil con todas las respuestas erróneas que había dado y sabía que Plutarch estaba detrás de eso, pues Regulus había ganado más popularidad que Apolo y necesitaban una buena excusa para sacarlo.
Al final del programa, Katniss se colocó junto a los tres finalistas, y de alguna forma sus nervios aumentaron. Ya sabía a quién deseaba elegir, pero todo podía cambiar, pues esa semana se grabarían citas individuales con familiares y amigos de cada uno de los concursantes. ¿Y si no les agradaba?
…
…
A pesar de que en el programa él había ido muy bien, y que con la dinámica de las preguntas que les hizo Prim, demostró que era el que mejor conocía a Katniss, en lugar de sentirse contento, se sentía ansioso.
Solamente quedaban dos programas y se encontraba en la recta final junto con los dos concursantes que deseaban casarse con la chica que amaba, pero ahora debía involucrarse su familia y no tenía ni la menor idea de cómo haría para que su madre asistiera al próximo programa. Así que en lugar de dirigirse al departamento arriba de la pastelería donde había estado viviendo las últimas semanas, se fue a la casa de su hermano mayor.
― En serio, Peeta, voy a pensar que lo haces a propósito ― le dijo Johanna, una vez que tomaron asiento en la sala.
― ¿Por qué? ¿De qué hablas?
― ¡Te encanta interrumpirnos! ― su cuñada se puso de pie para ir por unas bebidas. Iba vestida con una bata corta anudada a su cintura.
Se giró a su hermano y reparó en que éste traía la playera al revés. Arrugó la nariz ― Lo siento, pero no tengo a nadie más a quién acudir.
― Olvídalo ― su hermano se recostó sobre el mullido respaldo del sofá ― Mejor dinos en qué podemos ayudarte.
Sabía que su hermano jamás le daría la espalda, desde niño era a Bannock a quien recurría cada vez que se metía en problemas, y su hermano siempre que podía se echaba la culpa de sus errores para salvarlo de potenciales regaños de su madre aprovechando que era el hijo consentido, como la vez que jugando con un balón dentro de la casa, había quebrado un gran jarrón que adornaba el vestíbulo y sin dudarlo, Bannock se había culpado así mismo sabiendo de ante mano que su castigo sería menor.
Johanna, quien estaba sirviendo unas bebidas en el bar del fondo, le gritó ― ¡Sigue la etapa de conocer a su familia!
― ¡Diablos! ¿Es por mamá?
― De quién más va a ser si no es por esa bruja ― Jo le dio la vuelta a la barra, sosteniendo los tres vasos entre las dos manos ― Debe demostrar que tiene una gran familia feliz que lo apoya en todo y que está esperando con los brazos abiertos la llegada de Katniss como un miembro más ― llegó hasta la sala y colocó uno de los vasos frente a él ― Bebe eso, lo vas a necesitar.
Bannock tomó su vaso y le tendió una mano para que se sentara junto él, pero ella se detuvo a medio camino ― ¿Qué pasa?
― Iré mejor por la botella, creo que lo necesitaremos.
Tres años atrás, cuando fue el programa de El Vencedor en el que participó Johanna, su madre había estado más que cooperativa, pues jamás creyó que la participación de su hijo por mera publicidad terminaría uniéndolo en matrimonio con la vencedora del Siete, después de todo había sido su idea el promocionar las panaderías y pastelería Mellark en ese programa televisivo.
― La grabación que tendremos en unos días no me preocupa, porque me dijeron que podían participar algunos familiares y amigos, no es necesario que estén todos, pero en el próximo programa… mamá tiene que estar presente.
― Hermanito no te queda de otra más que hablar lo antes posible con ella, pero no te preocupes, sabes que cuentas con nuestro apoyo y también con el de Rye y papá. Mañana temprano voy a llamar a mamá para adelantar la cena familiar y que hablen de una vez por todas, al mal paso darle prisa.
― Gracias ― Podía confiar plenamente en Bannock, y siempre se tranquilizaba después de hablar con él. Su hermano era una especie de héroe para él, lo admiraba mucho y de alguna forma trataba de imitarlo en todo. Con su hermano Rye ahora se llevaba mejor, pues de niño siempre tenían peleas constantes y Bannock terminaba defendiéndolo. De alguna manera su hermano mayor se había convertido en una especie de escudo contra los abusos de su madre y de cualquiera que tratara de meterse con él.
― Y si vamos a hacer esto ― junto las manos su hermano ― Necesitamos trazar un plan.
…
…
Tenía varias semanas sin pararse en casa de sus padres, desde la noche en que su madre se enteró de su participación en el programa y tuvieron una fuerte discusión, lo que terminó en insultos para él, palabras hirientes que habían provocado que se fuera de la casa; pero ahora tenía que dejar de lado su orgullo y hablar con ella, incluso si eso significaba pedir disculpas innecesarias. Necesitaba el apoyo de su mamá en el siguiente programa si deseaba ganar la mano de Katniss, ese había sido uno de los requisitos cuando se inscribió.
Cruzó el umbral de la casa y de inmediato vio la sonrisa de satisfacción de su madre, lo que le indicó que no sería tarea fácil.
― ¡Por fin regresa el hijo pródigo a arrastrarse para pedir perdón!
― Barbara ― la voz de su padre era de advertencia.
― ¿Qué? De pronto se acordó que tenía una familia ― elevó el tono de voz ― ¡Una madre que se preocupa por él y desea lo mejor para sus hijos!
Tras ella, Johanna rodó los ojos y Bannock le hizo una seña con las manos para que aguantara y no le contestara nada aún.
― ¡Por favor, Barbara! No seas tan melodramática ― lo sorprendió su papá.
― ¡Bran! ¿Cómo puedes decirme eso?
― Tu hijo está aquí en la casa y vas a escucharlo ― su hermano ya había hablado con su padre y lo había puesto en sobre aviso.
― ¡Pero no ves lo que este mocoso quiere hacer!
― ¡Vas a escucharlo! ― su tono de voz no dejaba espacio a la discusión. Pocas veces su padre enfrentaba de esa manera a su madre ― Bienvenido a la casa, Peeta. Te echaba de menos ― se acercó para abrazarlo.
― Gracias, papá.
― ¿Y a qué has venido? ¿Ya recapacitaste y vas a volver a la casa? ― le dijo su madre apenas él cerró la puerta del estudio tras de sí ― Porque si es sobre el programa te aviso que pierdes tu tiempo.
― Sabes perfectamente que es sobre el programa ― le hizo una seña con el brazo a su madre para que tomara asiento, pero ella se negó colocando sus brazos en jarras lo que le indicaba que estaba lista para atacar.
― ¿No te basta con tener a esa cualquiera de Johanna en la familia? Quieres agregar a otra mujerzuela de los distritos. ¿Somos acaso una casa de beneficencia? ― levantó los brazos, lo que hizo que las piedras swarovski de sus uñas postizas reflejaran la luz de la lámpara en forma de araña del techo ― Podrías tener a la chica que quisieras, alguien como nosotros de buena familia ― comenzó a pasear de un lado al otro.
― Mamá ― la detuvo antes de que continuara ― Sabes perfectamente que Johanna es una buena mujer y muy trabajadora a diferencia de cualquiera de las ex de mi hermano. Ellos tienen un matrimonio feliz y está claro que se aman, así como yo amo a Katniss.
― ¿Amor? ¿Cómo puedes amarla si no la conoces? Atali, ella sí es una buena muchacha y además te quería.
― Esa fue una jugada muy sucia de tu parte, debo admitirlo. No puedo creer que la mandaras así tras de mí para arruinarme la participación en el programa. Y tanto me quería que ya está saliendo con otro.
Eso era algo más que tenía que agradecerle a Regulus, pues la noche del boliche en la que Atali casi arruinó las cosas, su amigo no solo se la quitó de encima en ese momento, sino que prometió presentarle a uno de sus ricos y famosos amigos, lo que hizo que la interesada joven lo dejara en paz.
― La pobre no iba a quedarse sentada a esperarte con el corazón roto. Deberías buscarla y pedirle otra oportunidad.
― ¡No! La chica que yo elijo es Katniss.
― ¿Tan seguro estás de que eres correspondido?
― ¡Lo estoy! ― contestó firmemente.
― Entonces no me necesitas ― movió la mano a un lado para restarle importancia al asunto.
― Sabes que tienes que ir al programa, es uno de los requisitos.
― Suerte con eso. No pienso mover un dedo para ayudarte ― se cruzó de brazos.
Él se agarró el puente de la nariz y respiró hondo. Cuando su madre adoptaba esa postura no había nada en el mundo que la hiciera cambiar.
― No sería la primera vez ― volteó a verla.
― ¿Qué quieres decir?
― Que jamás en la vida has movido un solo dedo para apoyarme ― ahora él subió la voz. Se sentía enojado, muy enojado y estaba a punto de dejar salir parte de lo que siempre había querido decirle a su madre ― No tienes que repetirlo en voz alta. Sé que siempre he sido una gran decepción para ti, a pesar de mis esfuerzos por hacer que te sintieras orgullosa de mí.
A Barbara le cambió el rosto y bajó los brazos.
― No tienes que volver a decir que esperabas que yo fuera una niña y que desde entonces comencé a decepcionarte, lo siento, soy hombre. ¡Supéralo! Jamás he pedido nada de ti, pero ahora lo hago, necesito que vayas al próximo programa y te mantengas a mi lado apoyándome. Me lo debes por todos esos años en los que no lo hiciste ― dejó escapar el aire ― Sé perfectamente que nunca me has querido como quieres a mis hermanos.
― ¿Qué…? ¿Cómo puedes decir eso? ― podía notar en sus ojos que no esperaba que le dijera todo eso.
― Así es como me has hecho sentir toda la vida, mamá. Si me equivoco y si tú en realidad me quieres, vas a asistir al próximo programa, de lo contrario te olvidarás de mí y de la pastelería Mellark para siempre. De todas formas, si estás en lo cierto y yo soy un fracaso como siempre has repetido, no voy a ganar en el programa. Además, si no te presentas, piensa que va a decir todo el mundo sobre Barbara Mellark. ¿Qué no apoya a su familia? ― había dado en el clavo, podía notarlo en los ojos de su madre. Para ella era muy importante el qué dirán, además amaba los chismes de la alta sociedad mas no ser parte de ellos, y de no presentarse en el programa sus propias amigas comenzarían con las habladurías.
Por primera vez, Barbara Mellark, la mujer que jamás se quedaba callada, no tenía nada que decir. Algo entre todo lo que le dijo, movió una parte en su interior.
― La producción se pondrá en contacto contigo mañana o pasado, por lo que sé, podrás elegir el vestido que quieras de la colección del diseñador León Ciprés, es uno de tus favoritos.
― Peeta… ― lo llamó cuando él ya tenía la mano en la perilla de la puerta ― Yo te quiero. Eres mi hijo, por supuesto que te quiero y por lo mismo no quiero que eches tu vida por la borda al lado de una muerta de hambre.
― Ya tomé mi decisión, mamá. Te espero en el próximo programa ― salió y dejó la puerta abierta.
― ¿Cómo te fue? ― le preguntó Bannock ― Dime si tengo que entrar a decirle que, si no te apoya, yo también dejaré la panadería y me iré a vivir con Jo al distrito Siete.
Peeta rio sin ganas y palmeó el brazo de su hermano mayor ― Creo que no será necesario, pero por si las dudas, guarda eso por si a la mera hora no quiere participar en el show.
― Lo que necesites, Peet.
…
…
Hace 23 años
― ¡Tenía años de no venir a este lugar! Lo recuerdo casi igual, supongo que no ha cambiado mucho.
Haymitch volteó a su alrededor. Se encontraban en una especie de bodega gigantesca, más o menos tres veces más grande que el Quemador y por supuesto más limpia, además que era de color blanco y estaba muy iluminado.
― ¿Traes la lista que nos dio Hilda? ― le preguntó su esposa.
Él se palmeó el bolsillo.
Por la mañana habían hecho que una muy sorprendida ama de llaves les escribiera una lista con cosas que podían comprar en ese lugar para la casa, no sin que antes la mujer les insistiera que ella podía hacerse cargo perfectamente de las compras y si les urgía algo podía salir en ese momento a conseguirlo. Effie tuvo que convencerla de que era algo que querían hacer por ellos mismos y que eso no significaba que se desharían de ella, pensamiento que parecía haber cruzado por la mente de la mujer, quien de inmediato se relajó e hizo lo que le pidieron.
― Mira, al inicio de cada pasillo los letreros indican los artículos que podemos encontrar ahí.
― Lo sé, Princesa. Sé leer.
Ella se giró hacia él ― Sé perfectamente que sabes leer, no lo decía por eso, si no quería sugerir pasearnos por cada uno de ellos para conocer toda la tienda, y conforme vayamos avanzando, tomamos las cosas de la lista. ¿Siempre tienes que interrumpirme y asumir lo peor de mí? ― le preguntó con fastidio antes de empujar el carrito metálico y adelantarse a él.
La forma de preguntarle un poco brusca lo sorprendió, pero lo hizo sonreír. Sabía que había mucha pasión en ella, ahora solo tenía que ver qué botones debía presionar para sacar a la fierecilla que sabía, tenía en su interior. Claudia su exnovia, jamás hubiera permitido que le hablara como lo había hecho en muchas ocasiones con Effie y ese era el tipo de mujer que le gustaba.
Entraron al primer pasillo que contenía artículos de papelería y oficina. Ahora entendía por qué Chaff le había dicho que era una tienda de ventas al por mayor, los artículos no se vendían individuales sino en paquetes grandes.
Delante de ellos, un hombre estaba tomando varios paquetes grandes de plumones y bolígrafos. Él tomó una caja que estaba su derecha ― ¿Por qué alguien necesitaría comprar veinticuatro bolígrafos rojos?
― Muchos de los que vienen aquí tienen negocio propio o compran para sus empresas.
Él vio el precio del paquete y se sorprendió, sabía que las fábricas que hacían la mayoría de los productos estaban distribuidas en los diferentes distritos y el pago de la mano de obra era ridículo comparado a como vendían cada uno de esos productos en el Capitolio. Era injusto.
― ¿Vas a llevar eso? ― lo sacó de sus pensamientos, Effie.
― ¿Para qué querría todos estos? ― volvió a ponerla en su lugar sin mucho cuidado y siguió caminando.
Pasillo tras pasillo era lo mismo, un sin número de artículos en paquetes grandes, muchos de ellos de cosas que consideraba inútiles.
Volteó una vez más a su alrededor para prestarle atención a las personas que se encontraban comprando, aunque varios vestían ropas coloridas, no eran tan extravagantes como las que se había acostumbrado a ver en las altas esferas donde se había estado moviendo. Probablemente fueran trabajadores o personas de otro estrato social, Chaff le había contado que no todos en el Capitolio eran ricos.
Se giró de nuevo hacia Effie, mientras revisaba la sección de vinos y la recorrió de arriba abajo con la mirada. El vestido entallado rosa con negro no estaba tan mal, pero las botas de tacón hasta las rodillas y el abrigo rosa brillante de peluche se veían fuera de lugar en ese sitio.
Ella tomó una botella ― No pienso imitar a Chaff, obvio, pero creo que podríamos llevarnos algunas botellas para los dos bares que tenemos en casa, que, aunque papi los dejó medio surtidos, podríamos llevar algunas extras que nos gusten, ¿no crees?
― Como quieras ― se acercó a la sección donde estaban los whiskeys para tomar algunas botellas y echarlas de nuevo al carrito, donde Effie estaba acomodando las que había elegido.
― ¿Quieres alguna otra?
En lugar de responder, le hizo otra pregunta ― ¿Por qué estás vestida así?
Ella de inmediato bajó la mirada a su atuendo ― ¿No te gusta?
― Voltea a tu alrededor, nadie más está vestido así. En cambio, tú pareces un gigantesco oso de felpa.
― ¡Es de diseñador!
― De acuerdo, corrijo, un gigantesco oso de felpa de diseñador. Nadie está vestido así ― la señaló con la mano ― muy exagerado.
― No veo cual es el problema. Todos deberían hacer las compras vestidos con estilo. Aunque, bueno, no cualquiera puede costearse uno de estos ― pasó las manos sobre su ridículo abrigo.
― ¿Por qué no son de tu clase?
― De acuerdo, eso sonó algo clasista.
Ahora su curiosidad había despertado, quería conocer esa otra cara del Capitolio.
― No discutamos, ¿sí? Vamos a la sección de degustación, a lo mejor encontramos algo que nos guste.
La sección de carnicería era enorme, nunca había visto tanta carne presentada así para su venta.
― ¡Usted es el vencedor del Vasallaje! ― le sonrió un hombre algo gordo vestido de blanco con un delantal ― Soy el encargado de este departamento, si necesita un corte especial, no dude en pedírmelo ― desapareció tras unas puertas.
¿Algún corte en especial? Era la primera vez que le preguntaban eso. Ni siquiera en el Doce, ahora que podía darse el lujo de comprar la carne en la única carnicería del distrito, le preguntaban qué corte "especial" quería. Y estaba casi seguro de que ni en el mismo distrito Diez que era de donde provenía toda la carne, las personas podían elegir su corte favorito.
― Ven, Haymitch ― le tomó la mano Effie ― Tienes que probar esta variedad de quesos, creo que podríamos llevar una charola para comerla como botana más tarde mientras vemos una película.
En verdad en ese lugar regalaban comida, estaba impresionado, era una tienda y estaban regalando comida para que la gente la degustara y la comprara si le gustaba. Y podía ver a personas probar algo y tirar a la basura el resto.
La sección de congelados era enorme, así como el resto del área de comida. No podía recorrer uno de esos pasillos sin pensar cuántas personas del distrito se podrían alimentar con la cantidad ridícula de comida que estaba almacenada en ese lugar. Había fruta que nunca había tenido oportunidad de comer porque no la vendían en el distrito, así como una gran variedad de comida enlatada.
― ¿Qué piensas? ― a su lado, Effie colocaba en el carrito una canasta de frutos secos.
― Todas las personas de mi distrito que no morirían de hambre si tuvieran acceso a esta cantidad de comida ― sacudió la cabeza ― Es increíble que solo ustedes se beneficien con el trabajo de todos nosotros.
― Eso sí es clasista. Deja de hablar de "ustedes, los capitolinos" y "nosotros, los del distrito". Te recuerdo que ahora vives aquí y las cosas son como son y no podemos hacer nada para cambiarlo ― le dijo en voz baja.
― Podríamos si…
― No, no podemos. Ya basta. ¿Quieres hablar? Lo haremos cuando salgamos de aquí.
El resto del tiempo que permanecieron ahí no hablaron. Haymitch no podía evitar sentirse disgustado por todo. Tampoco lo hicieron en el camino de regreso a su casa, todavía no le tenía mucha confianza al chofer para iniciar una discusión con Effie frente él. Pero una vez que ingresaron en la mansión, fue ella quien habló primero.
― Te sigues olvidando que mi abuela es de los distritos y que he viajado al Cinco en varias ocasiones.
Ese distrito estaba un poco mejor que el suyo, pero aun así podían verse personas en pobreza extrema.
― ¿Y?
― ¿Y? No estoy cegada a los problemas y carencias que tienen los distritos, ¿okey? Pero mi abuela siempre me ha dicho que hay cosas de las que no se pueden hablar en público y hay situaciones que no podemos cambiar, aunque lo deseemos.
― Entonces es más fácil simplemente hacerse de la vista gorda.
― Será más fácil en cuanto más rápido aceptes que hay cosas que no está en tus manos cambiar. Sabes que los avox son criminales ¿no?
Sí, lo sabía, pero no exactamente por cuales crímenes se les castigaba de esa manera. Estaba seguro de que no se trataba de asesinos o violadores, pues jamás alguien metería a una persona así a trabajar a su casa.
― ¿Qué tienen que ver los avox?
― Son personas a las que se les relaciona con los rebeldes, los que trataron de levantar en armas a los distritos. No podemos simplemente comprar comida y enviarla a los distritos o ir personalmente a repartirla, eso se consideraría traición. Y te voy a pedir que no vuelvas hacerme hablar de esto, porque es un tema prohibido en mi familia.
Eso lo dejó pensando ― ¿Conoces todo el Capitolio?
Ella frunció el ceño ― Más o menos. ¿por qué?
― Cámbiate de ropa.
― ¿Qué?
― Ponte algo más normal.
― ¿Normal? ¿Qué tiene de malo esto? ― se colocó las manos en la cadera ― Tú normal y mi normal son muy diferentes.
El rubio rodó los ojos ― ¡Ponte unos malditos jeans, un suéter y unas botas más cortas!
― ¡No me hables así! No voy a hacer nada si no me dices lo que pretendes hacer.
― Vamos a salir ¿de acuerdo?
Effie levantó una ceja pidiéndole más información.
― Solo hazlo, por favor ― dijo exasperado.
― ¿Ves? ¿Qué te cuesta decir por favor? ― pasó a su lado y se dirigió a las escaleras.
Casi una hora después la escuchó bajar las escaleras desde la puerta abierta del estudio donde se encontraba leyendo uno de los libros que le habían regalado Chaff y Lucrecia.
― ¡Aquí estás! ― se giró ― ¿Cómo me veo?
― ¿Por qué demoraste tanto? ¿Fuiste hasta la tienda a comprar esa ropa?
― ¿No te gusta? Puedo irme a cambiar ― se dio media vuelta para salir.
― ¡No! ― la detuvo ― Estás bien. Lo único que no comprendo es por qué tienes que tardarte tanto.
― Porque no me dijiste a dónde íbamos y tuve que pensar en el atuendo adecuado para varios escenarios ― se giró una vez más ― ¿Si está bien así?
Traía un suéter largo con rayas horizontales de diferentes grosores de color coral, celeste, negro y beige, unos jeans negros y unas botas cortas del mismo color con tacón cuadrado.
Tenía que tener cuidado con su comentario o volvería a cambiarse y perderían una hora más ― ¡Hermosa! ― sonrió exageradamente y le dio un beso corto en los labios ― ¡Vámonos!
― ¿Pero no me has dicho a dónde?
La tomó de la mano y la llevó hasta la cocina donde el chofer estaba tomando una taza de café, quien al verlo de inmediato se puso de pie ― ¿Los llevo a algún lado, señor?
― Gracias, Tito. La señora va a conducir, solo dame las llaves.
― Pero yo los puedo llevar a dónde me indiquen.
― Lo sé, pero saldremos solos ― extendió la mano ― Las llaves.
El chofer se las dio algo inseguro, estaba claro que se sentía incómodo de no poder hacer su trabajo, por lo que sabía no solo era un simple chofer, sino también fungía como guardaespaldas.
― Puedo ir en otro choche tras ustedes si quieren…
― No ― lo cortó ― Estaremos bien y puedo cuidar de mi esposa. Gracias.
Salieron de la cocina.
― Pudiste ser menos brusco, Haymitch.
― Le dije gracias ― se encogió de hombros.
― Y sabes que su nombre no es Tito, es Evaristo.
― Demasiado largo.
Cuando salieron de la casa y se acercaron al coche, Haymitch le arrojó las llaves. Effie las atrapó algo sorprendida. ― Buenos reflejos, Princesa ― abrió la puerta del copiloto y se subió.
Su esposa se quedó parada a un lado del coche, lo que lo hizo rodar los ojos y abrir de nuevo su puerta para gritarle ― ¿No me digas que estás esperando que te habrá la puerta? ¡Sube ya!
Ella abrió la puerta de lado del piloto ― Puedo abrir la puerta yo sola, aunque es de caballeros ayudarme, gracias. Pero no me subía al coche porque no me has dicho qué pretendes hacer, ¿a dónde vamos? ― se colocó el cinturón de seguridad y encendió el auto.
― Sabías de antemano que no soy ningún caballero. Dijiste que conocías el Capitolio, quiero que recorramos la ciudad, que vayamos a ese otro Capitolio que no conozco. No sé como le llamen, pero a esa parte de la ciudad donde vive la gente normal.
― ¡Yo soy normal! ¿Okey? De nuevo no entiendo tu concepto de la palabra.
― De acuerdo, la clase media o baja. Quiero ir ahí.
― ¿Para qué? ― frunció el ceño.
― Princesa, deja ya las preguntas y comienza a conducir. Si este es mi hogar ahora, ¡quiero conocer todo el maldito Capitolio! ― elevó un poco la voz ― Será divertido. Considéralo como una aventura fuera de tu entorno ― le apretó ligeramente la pierna, lo que la hizo por fin comenzar a conducir.
Necesitaba conocerlo todo, necesitaba encontrar algún sitio normal dentro de ese circo en el que ahora vivía. Si lo hacía, quién sabe, quizás no todo fuera tan malo.
Hola!
Ya estoy de regreso! Siento haberlos abandonado tan seguido. Pero aparte de la visita de mis suegros, me estoy ahogando en trabajo, varios de ustedes le han dado like a la página de Facebook de mi negocio y saben que esta es una de las temporadas fuertes.
¿Les gustó el capítulo? ¿Creen que Barbara se presente en el programa? ¿Cómo le va a ir a Katniss con la familia Mellark?
Y bueno, Haymitch y Effie ya fueron de compras, y como muchos de ustedes lo dijeron, iban a discutir. Pero ya veremos como les va en esa otra parte del Capitolio que Haymitch quiere conocer.
Gracias SiziGuez y Ady Mellark87 x su sugerencias para las preguntas:)
El viernes voy a actualizar El circo de la esperanza, mil disculpas pero no tuve tiempo de escribirlo para publicar el viernes pasado, pero ya comencé y ya saben lo que pasará con Katniss y Peeta...
Muchas gracias por leer y por no abandonarme estas dos semanas, gracias por sus comentarios: SiziGuez, TheOnlyhayffie, AdyMellark87, ClaudiaCobos79, AbyEvilRegal4Ever123, Brujita22, beleen, Addy Ortiz, BrendaTHG, Ilovehayffie y Gagonaya.
saludos!
Marizpe
