Bergine

Los rumores volaban por la Corte como dagas envenenadas en todas las direcciones. En los pasillos tanto mujeres como hombres se susurraban intrigantes palabras al oído y cuando se percataban de mi presencia o de la de Su Majestad inclinaban la cabeza haciendo una leve reverencia en un vano intento por disimular.

Aunque no era para menos, ya que desde hacía un tiempo mi papel como soberana del planeta había dado un giro de ciento ochenta grados.

Primero, mi repentino cambio de aposentos al lado opuesto del palacio había dado que hablar, y segundo, a pesar de que ya había vuelto a compartir habitación de nuevo con el rey, mi actitud hacia él ya no era la misma. Todavía no me encontraba completamente a gusto en su presencia, y cuando estábamos solos, yo sentía que debía elegir con sumo cuidado las palabras que salían de mi boca, y aunque Vegeta ponía todo de su parte, esa sensación de intranquilidad parecía que nunca iba a desaparecer de mi cuerpo.

Tampoco volví a organizar ningún banquete ni otro tipo de festejo, y a pesar de que mi embarazo había sido anunciado hace semanas, yo no me sentía con fuerzas para nada.

Vomitaba casi todas las mañanas, y parecía que la cabeza me iba a estallar de un momento a otro cada vez que asistía a alguna reunión en representación del rey, ya que él se había ido de misión durante unos días y yo me había quedado a cargo de gran parte de sus obligaciones. Menos mal que Nappa me acompañaba en todo momento, porque de no ser por él, sinceramente no sé qué habría hecho.

Vegeta quiso haberse llevado a nuestro hijo con él para que por fin pudiese poner en práctica sus entrenamientos en un combate real, pero en consideración a mi estado accedió a que se quedase en el planeta para evitar que yo me preocupase de más.

Gracias a Dios no había tenido ningún sangrado y parecía que todo marchaba correctamente, a pesar de mis mareos y las continuas náuseas matutinas.

En realidad tenía sentimientos encontrados respecto a este nuevo embarazo… por un lado, siempre quise que Vegeta tuviese un hermanito o hermanita, ya que eso suavizaría su carácter y le haría ver que no siempre era él el centro del universo. Pero por otro lado, ese bebé sería el vivo recuerdo de la mayor humillación que había sufrido en mi vida, y cada vez que le mirase a la cara, vería en él el furioso rostro del rey deformado por la ira golpeándome y abusando de mí de aquella de forma tan horrible. No sabía si alguna vez sería capaz de olvidarme de esa espantosa noche o si por el contrario el temor y la desconfianza acecharían para siempre en mi matrimonio.

Intenté no pensar en ello mientras me dirigía hacia la habitación de mi hijo, que justo ahora acababa de terminar de entrenar en la sala que exclusivamente utilizaba nuestra familia. Tenía unas ganas locas de pasar un poco de tiempo con él, puesto que debido a mis obligaciones y a lo mal que me encontraba últimamente apenas había tenido un rato para poder dedicárselo.

Cuando abrí la puerta y atravesé la primera estancia que hacía las funciones de recibidor, escuché la alegre risa de Kale preguntándole a Vegeta qué tal había resultado el entrenamiento de hoy. Él le contestaba escuetamente con su vocecita infantil que había derrotado con mucha facilidad a un grupo de Saibaimen tan solo en un minuto, pero que pronto podría lograrlo en unos pocos segundos.

Sonreí para mis adentros al percibir en su tono al hablar aquella arrogancia tan característica de los Saiyans, estaba claro que cuando fuese un poco más mayor iba a convertirse en un muchacho de armas tomar, ¡días de gloria nos daría a su padre y a mí con un carácter como ese…!

Escuché a Kale alabarle sorprendida y diciéndole que era el guerrero más poderoso que había conocido jamás, haciendo que Vegeta agachase la cabeza mirando al suelo y poniéndose colorado.

- Se comenta por el palacio que hay un príncipe extraordinariamente fuerte que es el terror de los Saibaimen y que nadie se atreve e enfrentarse a él… ¿es eso cierto? – sonreí apareciendo de pronto y el rostro de mi hijo se encendió aún más.

Era muy curioso darse cuenta que le daba vergüenza que otras personas lo halagasen, mientras que él mismo no tenía reparo en fanfarronear sobre su poder o sus éxitos en los entrenamientos.

Me miró de reojo sentado sobre la cama con sus pequeños pies colgando por el borde del colchón, y frunció los labios intentando evitar que le saliera una risa vergonzosa de la garganta.

Kale me saludó mientras doblaba unas prendas de ropa del niño y las guardaba en el armario. Siempre que estaba ella daba gusto entrar en la habitación, era una de las muchachas más eficientes y Vegeta se encontraba muy relajado con ella. Me daba cuenta de eso porque las otras le trataban con demasiada rigidez por ser el hijo del rey, mientras que Kale no perdía nunca de vista que a pesar de ser el príncipe, en realidad era un niño que todavía no había cumplido los cuatro años.

Hizo un gesto con la cabeza para indicarme que se retiraba y yo le di permiso para tomarse el resto de la noche libre. Hoy me apetecía que Vegeta durmiese conmigo en la habitación aprovechando que el rey estaba de misión, ya que no me quería sentir tan desamparada y sola en aquella enorme cama vacía.

- ¿También va a dormir con nosotros mi hermano? – me preguntó poniéndose de pie y mirándome la barriga con gesto intrigante, como si el hecho de compartir la cama con un ser al que no podía ver le desconcertara.

Solté una carcajada al ver el ceño fruncido en su rostro de preocupación. Para los niños era muy extraño el imaginarse que un nuevo bebé pudiese vivir dentro del vientre de su madre.

- Por supuesto que va a dormir con nosotros Vegeta… el bebé todavía es muy pequeño y debe estar un tiempo más aquí… - dije tocándome la barriga – para poder formar bien su cuerpo y después salir.

- Pues debe de estar muy aburrido… ¿es tan pequeño como yo? – preguntó haciendo un gesto levantando el brazo señalando su estatura.

- ¡Noooo… es mucho más pequeño todavía! mira… dame tu mano.

No pareció muy convencido pero era demasiado orgulloso como para admitir que tenía miedo. Evidentemente el mundo de los embarazos y los bebés era un completo misterio para un muchachito tan joven como él.

Puso su manita temblorosa sobre mi vientre y abrió mucho los ojos sorprendido al notar como el niño se movía dentro de mí. Su gesto me enterneció cuando pegó su oreja a mi barriga para ver si podía escuchar algo.

- ¡Hooooolaaaaa! – exclamó poniendo las manos a ambos lados de la boca - ¿puedes oírme?

Me eché a reír a carcajadas al verle hacer aquello que casi se me saltan las lágrimas. La espontaneidad de los niños era algo conmovedor.

- ¡Mira! ¡me ha dado una patada! ¡se ha movido!

- Eso es porque te ha escuchado y sabe que eres su hermano mayor.

- ¿Te duele? – me preguntó de pronto levantando la vista y mirándome a los ojos para luego volverse a fijar en mi abultado vientre.

- No, no me duele… - le dije acariciándole la frente con suavidad – créeme que tú me dabas muchas más patadas y aun así aquí estoy…

- Pero yo no quería hacerte daño… - me aseguró con cara de preocupación – es que yo no me acuerdo de cuando estaba ahí…

Puso un gesto tan triste que me entraron ganas de comérmelo a besos. Me senté sobre la cama con las manos entrelazadas debajo de mi vientre y observé que no perdía detalle de mis movimientos. Todavía me faltaban casi cuatro meses para dar a luz pero estar tanto tiempo de pie me destrozaba la espalda.

- No me hacías daño Vegeta, te lo aseguro – dije con una sonrisa – es más… cada vez que te movías en mi barriga yo me alegraba mucho, porque sabía que iba a tener un hijo sano y fuerte como tú. ¿Qué preferirías que fuese el bebé… niño o niña?

- Yo quiero que sea un niño, las niñas son muy aburridas – dijo con todo el convencimiento del mundo sin pensárselo dos veces.

- ¿Ah sí? no sabía yo eso… ¿y qué pasa con tu prima Kauri? ¿ella también es aburrida?

- Antes no, pero es que ahora solo habla de Raditz. Que si Raditz esto, Raditz lo otro…

- ¿En serio? ¡uy pues entonces a lo mejor tienes razón! - me hizo tanta gracia que tuve que girar la cabeza tapándome la boca con las manos intentando sofocar la risa.

- Y además es muy presumida, se cree la niña más guapa de todas. La tía Raina le regaña cuando está todo el rato mirándose al espejo peinándose y riéndose como una tonta.

Típico de mi hermana… como la cría se parecía mucho a mí cuando era pequeña estaba claro que no le apetecía que se convirtiera en alguien como yo cuando fuese un poco más mayor. Puse los ojos en blanco negando con la cabeza pensando en mi siempre correcta y aburrida familia.

- ¿Y tú qué crees sobre eso Vegeta…? ¿te parece que Kauri es la más linda de todas las niñas?

- Bueno… es que todavía es muy pequeña… aunque huele siempre muy bien… ¡pero tú eres la más bonita de todas mamá! ¡además lo dice todo el mundo!

Le di un fuerte abrazo atrayéndolo contra mi cuerpo y le estampé unos besos tan sonoros por toda la cara que me pidió avergonzado entre gritos y carcajadas que parase de una vez mientras movía la cola de un lado a otro con impaciencia. Le propuse que se quedara a dormir conmigo en mi habitación y aceptó sin dudarlo pero primero me hizo prometer que no le iba a besar más en toda la noche. Yo asentí frunciendo los labios para evitar que se me escapara de nuevo la risa. Cuando hablaba con ese tono tan solemne y calmado parecía incluso más adulto que yo.

- Es mejor que duerma durante un tiempo en tu cuarto mamá, además, mi padre me dijo que como él no iba a estar estos días yo debía cuidaros para que no os pasase nada ni a ti ni al bebé. Se lo prometí antes de que se marchara.

Sentí un fuerte nudo formándose en mi garganta y los ojos se me llenaron de lágrimas en tan solo unos segundos. Me tapé la boca con las manos y me di la vuelta para evitar que mi hijo me viese así, anhelando por un instante que el propio Vegeta entrase por la puerta y me dijese en persona esas mismas palabras.

El corazón me dio un brinco en el interior del pecho y en esos momentos desee con todas mis fuerzas encontrarme entre los brazos del rey sintiendo su calor y su cuerpo contra el mío. Quería sentirme otra vez protegida como cuando él era el causante de mis alegrías en vez de mis sufrimientos.

Achaqué toda esa mezcla de emociones al embarazo y a las hormonas. Después de todo lo que había tenido que pasar… pensé que mi corazón poco a poco se habría ido endureciendo contra lo que sentía por Vegeta, pero por desgracia, me daba cuenta de que no era así… mi anhelo por él y porque me demostrase su amor todavía seguía siendo lo más importante para mí…

Paragus

El rey Vegeta volvía a compartir de nuevo sus aposentos con la mocosa y eso me llenaba de profunda rabia. A pesar de mi elaborado plan por intentar distanciarlos, estaban otra vez juntos y además Bergine se encontraba encinta de su segundo hijo.

Aquello no tenía ningún sentido… me extrañaba mucho que la muchacha se hubiese dejado embarazar por el rey después de como él la había tratado, y según mis cálculos este niño había sido engendrado más o menos por esas fechas…

Pero la red de mi telaraña era muy extensa y alcanzaba todos los recovecos del palacio… uno de mis informantes, que me debía además varios favores, me aseguró haber visto una noche tormentosa, salir a la reina de su habitación con el rostro golpeado y el vestido hecho jirones. Otros también murmuraban que habían escuchado gritos lejanos y llantos provenientes de sus aposentos pero evidentemente nadie se atrevía a cuestionar nada de lo que hacían sus Majestades.

Con esos datos me podía imaginar entonces cual había sido la reacción del rey al recibir aquel vídeo… probablemente habría abusado de ella además de golpearla al sentirse traicionado como hombre por verla besarse con "otro".

Sonreí con perversidad celebrando mi gran triunfo pero al mismo tiempo sentí una mezcla de envidia y anhelo. No era justo que yo no hubiese podido doblegarla en contra de su voluntad… es cierto que el rey era más fuerte que yo y además contaba con la ventaja de que podía permitirse el lujo de golpearla mientras que yo debía andar muy cuidadoso con eso.

Solo imaginarme el hermoso y perfecto cuerpo de Bergine siendo despojado de sus ropas y violentado a pesar de sus protestas me hacía ponerme duro. Estaba seguro que había gritado y suplicado que parara mientras el miedo y la angustia desfiguraban su bonito rostro.

Sin embargo ahora volvía a estar otra vez en estado y el rey se mostraba muy complacido y esperanzado con el nacimiento de su futuro retoño. El pueblo se alegraba por sus soberanos y un ambiente de júbilo reinaba de nuevo en la Corte, siendo una raza guerrera como la nuestra nunca estaba de más tener un segundo heredero al trono por lo que pudiera pasar.

Sin embargo aquel inminente nacimiento no entraba de ninguna forma en mis cálculos… y al parecer tampoco en los de Bergine, por lo que parecía demostrar con su sombrío rostro.

A pesar de que se encontraba físicamente en buena forma, su estado anímico más bien se asemejaba al de una persona veinte años mayor y asumía un papel completamente distinto al que había desempeñado hasta ahora. Ya no hablaba en las reuniones, no organizaba fiestas, se mostraba esquiva, y su trato con el rey al menos en público era completamente sumiso y cortés.

Después de todo mi plan parecía que había dado sus frutos… no había logrado separarlos por completo, pero se veía a leguas que su relación no era remotamente ni la sombra de lo que había sido antes.

La reina Bergine… es una mujer… muy interesante…

Zarbon sonrió arqueando una ceja y me miró cruzando sus largas piernas debajo de la blanca mesa que había en mitad de la sala. Ahora se le veía mucho más relajado que la vez que nos habíamos visto en aquella oscura taberna llena de gentuza para poder hablar de nuestros… delicados asuntos, sin embargo yo no paraba de mirar hacia los lados con un sentimiento de continua intranquilidad por encontrarme en este lugar. La nave de Freezer no era uno de mis escenarios favoritos, pero gracias a Dios, el tirano estaba reunido con su padre, el rey Cold en alguno de sus innumerables planetas y no parecía tener intención de regresar, al menos por el momento…

- Y dime Paragus… ¿qué opinas… sobre el rey y esa muchacha, me refiero… a su relación? – se llevó la copa de vino a los labios dando un leve sorbo mientras me miraba a los ojos justo por encima del borde del cristal – porque desde mi punto de vista yo encontré a la reina un poco… digamos… indiferente, respecto a su Majestad, aunque a lo mejor es habitual en ella esa actitud hacia él.

- Digamos que este cambio ha sido… algo circunstancial, y aunque por mucho que me duela admitirlo… el trato entre ellos no siempre ha sido así…

- Pero… ¿el matrimonio se forjó como resultado de una alianza entre familias? ¿o ha sido por esa estupidez que algunos llamarían… "amor"?

- En realidad dudo mucho que la familia de Bergine estuviese enterada de lo que la mocosa tenía pensado hacer… pero… estoy un poco desconcertado mi Señor… os noto muy interesado en el casamiento de mis soberanos… - dije con sorna – nunca antes os habíais molestado en preguntarme nada referente a su inesperado enlace.

- ¡Respóndeme Paragus…! no quieras pasarte de listo conmigo… - me ordenó él frunciendo el ceño con tono peligroso inclinándose hacia mí – el todopoderoso Freezer te recompensa por la información que nos proporcionas, y no para que cuestiones las cosas…

Tragué saliva echándome un poco hacia atrás en la silla y miré al suelo apretando los puños debajo de la mesa. Más me valía andarme con ojo si quería salir vivo de allí… pero aquellas preguntas no sabía qué demonios tendrían que ver con lo que hasta ahora habíamos hablado.

Aquel hombre de piel verde era sumamente poderoso, y a pesar de su apariencia femenina y delicada yo no tendría ninguna oportunidad contra él en un combate a muerte, no había más que ver el respeto con el que le trataban el resto de soldados de Freezer cuando nos cruzábamos con alguno.

- Pues verá… - comencé levantando la vista – yo no sé si el matrimonio fue exactamente producto del amor, o de cualquier otro sentimiento… pero lo que sí sé, es que el rey deseaba mucho a la muchacha… cuando se la encontraba por los pasillos, en las salas de entrenamiento… la observaba con un ansia y de una forma tan intensa que…

- Tal y como la miras tú… o me equivoco… - me interrumpió con una sonrisa condescendiente – me doy perfecta cuenta de la actitud que tiene el estúpido de Vegeta con esa mujer, y aunque él lo negase hasta la muerte, se ve de lejos que lo tiene completamente encandilado y a su merced. Soy una persona muy observadora Paragus… - dijo jugueteando con el extremo de su trenza entre los dedos – y está claro que el rey ha perdido completamente la cabeza por ella… no es más que un necio, un hombre que se ha dejado llevar por sus instintos más básicos y por su patético corazón, sin embargo Bergine… me desconcierta más… no sabría decir exactamente qué es lo que le ronda por la cabeza a esa mujer…

La puerta de la sala se abrió en aquel momento y el bruto de Dodoria entró en la habitación con paso renqueante dirigiéndose hacia donde estábamos nosotros. Su desagradable y voluminoso cuerpo se movía bastante rápido a pesar del tamaño que tenía. Arrugué el ceño al ver que se sentaba a la mesa justo en frente de mí cogiendo la silla y dándole la vuelta dejándose caer pesadamente con las piernas abiertas.

- ¡ Vaya, vaya, vaya…! ¿a quién tenemos aquí? ¡cuánto tiempo sin verte Paragus! – dijo con una carcajada gutural mirándome a los ojos – ¿qué hace una araña fuera de su agujero y tan lejos de su hábitat?

Apoyó aquellos brazos rosados cubiertos de pinchos en el respaldo de la silla y me observó de arriba abajo con gesto de burla. Intenté mantenerme impávido con el semblante lo más neutral posible, pero odiaba a ese ser con todas las fuerzas de mi alma. Una cosa era tener que tratar con Zarbon, que aunque soberbio, al menos se podía hablar con él, pero entablar una conversación con aquel gordo asqueroso de Dodoria me enfermaba profundamente.

Era demasiado bruto y estúpido como para entender nada, y la nuestra, era una charla entre dos hombres inteligentes y al mismo nivel intelectual.

- Me decíais… Señor… - carraspeé dirigiéndome a Zarbon – que no sabéis que es lo que le ronda a la reina por la cabeza…

- Lo que verdaderamente me interesa saber… ¿es de dónde ha surgido esa encantadora muchacha…? creo recordar que antes hiciste mención a la familia de Bergine…

Dodoria lanzó un silbido llevándose una mano sobre la cabeza mientras sonreía con perversidad. Estaba claro que a él tampoco le habían pasado desapercibidos los hermosos atributos de la mocosa.

- Bergine… no es más que una niña de origen humilde… creo recordar que aunque su madre era una guerrera de clase alta, se crio en unas condiciones muy diferentes de las que disfruta ahora. Sin embargo llegó a la Corte con ínfulas de gran dama, cuando en realidad no tenía ni en qué caerse muerta – sonreí con desprecio y me crucé de brazos al ver el gesto de asombro en el delicado rostro de Zarbon. Después de haber conocido a Bergine y ver cómo se desenvolvía, para él debía ser muy extraño imaginarla con ropas de pueblerina y malviviendo en una casucha – así es mi Señor… ¡esa mocosa no es más que una arribista, que se aprovechó del insustancial matrimonio del rey con Shargot para insinuarse como una cualquiera ante él y ante todos!.

- Vaya… nunca antes lo habría adivinado… que interesante… - el hombre intercambió una mirada con Dodoria que se encogió de hombros frunciendo los labios – entonces ese matrimonio al menos por parte de ella fue por el interés… me das a entender entonces que… ¿Bergine no tiene ningún tipo de sentimiento hacia el rey?

- Bueno… yo… no sé si…

Dudé bastante al contestar… estaba claro que la mocosa sí que sentía "algo" hacia Vegeta, pues yo mismo pude presenciar varios momentos de intimidad entre ellos, y en los bailes, en los entrenamientos… e incluso en las misiones, no habían dudado en dar a entender que su unión era algo más que un simple enlace por obligación o conveniencia. Pero yo no quería admitirlo… me molestaba tener que asumir que Bergine sí que estaba en realidad loca por él, o de lo contrario…

- ¿Sí o no, Paragus? ¡no me vengas ahora con que no lo sabes… me decepcionas… pensaba que después de todo las ratas se colaban por cualquier tipo de grieta por estrecha que fuese...!

Dodoria se echó a reír ante ese comentario y yo sentí que mi cuerpo ardía por la rabia. ¿Quiénes se creían aquellos idiotas para hablarme así? ¡ya estaba más que harto de andar siempre con la cabeza gacha, ante el rey, ante ellos, soportando los continuos desprecios de Bergine… pero ya llegaría mi momento…!

- Hace unos meses… - proseguí intentando hacer caso omiso a sus provocaciones - hace unos meses el rey tuvo… un escarceo con otra mujer de la Corte, y cuando Bergine se enteró… se rumorea que… no tardó en persuadir a alguien para que le hiciese el trabajo sucio…

- ¿No me digas qué… se deshizo de ella…? – preguntó con los ojos abiertos de par en par inclinándose sobre la mesa con un gesto extasiado en el rostro - ¡ja! ¡esa muchacha es increíble! ¡con razón el Señor Freezer se mostró tan fascinado cuando la conoció…!

- Pues… no la mató… pero hizo que "alguien" le destrozara el cabello y le desfigurase la cara, por si se le ocurría volver a acercarse al rey… aunque me imagino que aquello fue más bien una especie de aviso para el resto de las mujeres…

- ¡Esa niña es asombrosa… vaya con el rey… no ha sido listo ni nada teniendo semejante hembra calentándole la cama! – volvió a servirse una copa de vino que me ofreció mirándome a los ojos pero yo rechacé con un gesto de mano… para lidiar con aquellos dos más me valía tener alerta mis cinco sentidos – aun así me extraña un poco lo que me cuentas Paragus… lo que yo percibí en la sala del trono fue más bien una especie de recelo de Bergine hacia su marido…

- Digamos que unas semanas antes, el rey tuvo una… discusión muy fuerte con ella que se le fue de las manos.

- ¿Qué tipo de discusión…? - me preguntó entrecerrando los ojos

- Pues… lo cierto es que él terminó golpeándola por decirlo de una forma suave, y presumiblemente también abusó de ella…

Zarbon se mostró muy sorprendido ante aquella revelación y posó la copa con cuidado sobre la mesa. Se quedó pensativo durante unos segundos y observé como Dodoria le miraba con gesto inquisitivo sin decir ni una palabra.

- Los Saiyans sois unos seres muy curiosos Paragus… os dejáis llevar por vuestros instintos violentos y sinceramente muchas veces no sé qué es lo que os impulsa a actuar. El propio rey Vegeta que siempre se ha jactado de ser un hombre imperturbable se ha dejado seducir y ha sucumbido a la pasión que le genera esa mujer. Tú mismo me has dicho que harías lo que fuera… para tener a esa muchacha en tu cama… y está claro que ella, a pesar de su intención inicial de salir de la miseria que la rodeaba, también se ha dejado llevar por lo que siente por el rey… pero no me extraña… es una niña hermosa, joven, sana, y fuerte… y Vegeta es un hombre poderoso y muy atractivo además del rey del planeta.

Fruncí el ceño y una mueca cruzó mi rostro cuando le escuché oír hablar así refiriéndose a Su Majestad. No hacía falta que me recordase las "virtudes" de mi amado soberano, además… viniendo de alguien como él tan preocupado por el aspecto físico, aquel comentario sonaba un poco… desconcertante…

- ¿Y cómo se encuentra la reina… digo… ahora que está gestando a su nuevo mocoso…? después de la demostración de poder del pequeño Vegeta me imagino que este futuro bastardo será igual de fuerte…

- El bebé nacerá en pocos meses… sin embargo Bergine… no parece encontrarse tan ilusionada como cuando estaba embarazada del príncipe…

- Me imagino que esa… "discusión" con su amado esposo le habrá pasado factura… además las mujeres suelen ser muy rencorosas… pero yo no estoy aquí para juzgar a nadie… a mí solo me interesan los hechos, y la cuestión es… que el perfecto matrimonio real ya no es tan perfecto.

Sonrió con perversidad y cerró los ojos durante unos pocos segundos cruzando los brazos sobre el pecho. Por mucho que lo miraba no conseguía descifrar en que estaría pensando. En toda la conversación casi ni había nombrado al príncipe Vegeta… solamente parecía mostrarse interesado por Bergine y en su relación actual con el rey.

Estaba claro que tanto él, como Freezer, habían quedado impactados por la belleza y el aplomo de la muchacha, si no… ¿a qué venia todo esa necesidad por saber de ella?.

Sentí una punzada de celos al pensar que podía haber otros que también se habían fijado en la mujer y que la deseaban con las mismas ansias obsesivas que yo. Eso era lo que provocaba Bergine en los hombres… intriga, pasión… ganas de doblegarla y de tenerla cerca… no sé cómo lo conseguía, pero por mucho que dijese Zarbon, estaba seguro que el rey y yo no éramos los únicos estúpidos que estábamos deslumbrados por ella…

BERGINE

Los días transcurrían lentos y tediosos. Cada vez me sentía más malhumorada y cansada, y a pesar de estar ya encinta de siete meses, mi vientre apenas se notaba en comparación con el embarazo anterior. Quizás se debiese a que últimamente estaba alimentándome peor, y las preocupaciones y el estrés provocados por mi relación con Vegeta no favorecían para nada el buen desarrollo de mi bebé.

Me había costado mucho volver a confiar en él, y durante días fui incapaz de mantener ningún tipo de contacto físico más allá de los besos o las simples caricias. Todavía estaban muy recientes en mi mente, los recuerdos vividos aquella horrible noche tormentosa, y en numerosas ocasiones, el rostro burlón de aquella mujer se aparecía como un destello cruel recordándome que si no era conmigo, el rey podría buscarse a otra que le calentase la cama.

Sin embargo hace unas semanas, por fin conseguí apartar todos esos oscuros miedos de mi cuerpo y de mi corazón. Vegeta entró en la habitación y sin previo aviso me levantó entre sus fuertes brazos tumbándome sobre la cama con una leve sonrisa en el rostro al ver mi cara de sorpresa.

Me besó en la frente, la nariz y los labios, y tratándome con todo el cuidado del mundo me hizo el amor suavemente con ternura como si yo fuese el ser más delicado y preciado del planeta.

Cuando posó su boca con suavidad sobre mi vientre, me entraron unas ganas inmensas de llorar, y no pude evitar derramar algunas lágrimas ante ese gesto tan conmovedor bastante impropio de él. Desde luego aquella noche parecía una persona completamente diferente a aquel hombre temible y violento que tanto dolor me había causado.

Aquella noche gimiendo de pasión entre sus brazos me sentí renacer. Volví a considerarme de nuevo querida, comprendida, y muy feliz. Al menos durante unas horas pude olvidarme por completo de todos mis problemas… ya no era la reina, la madre, y ni siquiera la guerrera. Simplemente era una mujer disfrutando del deseo y el gozo que le provocaba yacer con el hombre más vibrante de todo el planeta. El hombre que había trastocado todo mi mundo desde la primera vez que lo vi.

Sonreí con nostalgia al recordar aquel maravilloso momento y me cepillé el cabello varias veces antes de levantarme de la silla. Observé mi bonito rostro reflejado en el espejo y arrugué la nariz al notar unas oscuras marcas debajo de los ojos. Estaba claro que mi vientre me impedía descansar bien por las noches, se me hacía muy incómodo tener que dormir boca arriba y el bebé tampoco parecía querer colaborar. Las incesantes patadas advirtiéndome continuamente de su presencia me despertaban a cada rato. Vegeta tampoco paraba de moverse en la cama dando vueltas cambiando de postura a cada minuto y en ocasiones sentía unas ganas tremendas de ponerme a gritar de la desesperación.

No era la primera vez que me mareaba o me encontraba mal por descansar tan poco, además esta mañana había tenido que madrugar bastante para asistir a una aburrida reunión y ni siquiera había tenido un momento para tumbarme un rato.

Levanté la vista hacia la ventana y me di cuenta de que ya estaba empezando a anochecer. Vegeta se había ido con nuestro hijo y con Nappa a entrenar a una de las salas exteriores y probablemente ni se habían dado cuenta que ya era tarde para que el niño estuviese despierto y todavía sin cenar.

Estaba claro que si yo no me encargaba de aquellas pequeñas cosas rutinarias podrían seguir allí durante toda la noche. Negué con la cabeza poniendo los ojos en blanco y salí de la habitación en dirección a las salas acompañada por uno de los guardias que custodiaban la puerta de mis aposentos.

Nos cruzamos con varias personas y todos inclinaban la cabeza a mi paso en señal de respeto y algunos de ellos contemplaban mi vientre con gesto esperanzado. El nacimiento de un nuevo príncipe o princesa siempre era bien recibido y un motivo de alegría para todos. Mi hermana Raina me había llamado a través del scouter expresando su enorme alegría al enterarse del nuevo embarazo, y había mostrado su interés en que esta vez fuese una niña para que así la pequeña Kauri no se sintiera sola rodeada de tanto varón. A mí sinceramente me daba igual, y aunque yo sabía que el rey prefería un niño, no estaría mal dar a luz a una hermosa princesita que se pareciese a mí.

- Mejor que no sea así, mujer… no me apetece verme obligado a mantenerla encerrada para que no se le acerque ningún hombre con malas intenciones… a las muchachas hay que protegerlas constantemente de numerosos peligros, y yo no quiero ni necesito más quebraderos de cabeza – frunció el ceño y yo solté una carcajada ante tan sincera declaración.

- ¿Cuándo os referís a "ningún hombre con malas intenciones"… queréis decir… como vos… Majestad? – dije con picardía sentándome en su regazo acariciándole los abdominales con los dedos.

- Por ejemplo… - contestó sonriendo con malicia devorándome los labios.

No pude evitar sonrojarme con lo que vino después de aquello y me di la vuelta mirando de reojo al soldado que me acompañaba como si fuese capaz de adivinar lo que estaba pasando por mi cabeza en esos momentos.

Cuando llegamos a la amplia explanada donde se encontraban las salas de entrenamiento, hice un gesto con la mano al guardia indicándole que podía retirarse. Este me hizo una leve reverencia antes de marcharse y yo me elevé un poco levitando unos metros para llegar a una de las altas ventanas circulares del abovedado techo de la sala. Acerqué el rostro al rosado cristal y vi en su interior a Vegeta vestido con su pequeño uniforme de combate azul haciendo flexiones al mismo ritmo que su padre intentando imitarlo. A una distancia de ellos Nappa permanecía sentado en el suelo con los brazos y las piernas cruzadas y con los ojos cerrados como si estuviera meditando.

Me enternecí al ver el gesto de esfuerzo en el rostro de mi hijo mientras las gotas de sudor resbalaban por su carita infantil cuando subía y bajaba con los brazos. El rey le miraba de reojo con el semblante orgulloso y muy satisfecho por los enormes progresos que observaba en el niño.

Descendí posándome en el suelo y abrí la puerta con cuidado para recordarles la hora que era. No me apetecía tener que desempeñar el papel de madre pesada y agobiante, pero estaba claro que alguien debía de poner un poco de orden en esta familia.

Cuando Vegeta alzó la vista me miró con el ceño fruncido levantándose de mala gana recogiendo una toalla que colgaba de un gancho en la pared y se la echó sobre los hombros desnudos. Solamente llevaba puestos unos pantalones largos ajustados de color negro y las gotas de sudor resbalaban lentamente por su musculoso pecho. Daba igual las veces que lo contemplase… siempre me quedaba embobada mirando ese cuerpo perfecto esculpido en acero. Cada gesto, cada movimiento… me hacía sentir el deseo irrefrenable de deslizar mis dedos sobre esos músculos duros y bien definidos. Llevaba el pantalón varios centímetros por debajo del ombligo, y una "uve" perfecta y sensual se marcaba provocativa en su bajo vientre descendiendo hasta la ingle.

- Mujer… ¡mujer! ¿se puede saber que estás haciendo aquí? – me preguntó llamándome varias veces secándose la frente con la toalla.

- Esto… yo… ¡es muy tarde para que Vegeta esté aquí… a veces parece que se te olvida que solo es un niño, ya es hora de que vaya a cenar…! – carraspeé poniéndome colorada saliendo de mi ensimismamiento.

Mi hijo me miró levantando el rostro enrojecido por el esfuerzo pero no dijo nada. Se notaba que al igual que su padre a él también le molestaba que le interrumpiesen en mitad de un entrenamiento. Nappa abrió un ojo mirándome fugazmente pero lo volvió a cerrar manteniéndose en la misma postura estática.

- Ya irá después Bergine… ¿no ves que todavía estamos calentando y a punto de terminar?

Hice un mohín con la boca frunciendo el ceño enfadada por lo poco que se me tenía en cuenta. ¿Acaso eran tan egoístas que no se daban cuenta de que me aburría todo el día estando sola sin poder hacer nada por el embarazo?. Me di la vuelta no sin antes avisarles que estaría esperándolos por allí cerca e hice un gesto con la mano a modo de despedida.

Hombres… ya estaba más que harta de todos ellos… por un momento deseé con todas mis fuerzas que mi bebé fuese al final una niña que me comprendiese y se pusiera de mi parte.

Me senté en uno de los bancos exteriores a esperar que terminasen y alcé la vista contemplando el cielo estrellado de la noche. Me dolía un poco la cabeza y el aire fresco me iría bien para despejarme y sentirme mejor. Hacía una temperatura muy agradable y se notaba que dentro de poco empezaría el buen tiempo otra vez. Nuestro planeta se caracterizaba por tener un clima bastante bueno durante todo el año pero sin embargo por las noches las temperaturas solían descender varios grados en comparación con las horas de sol.

Agudicé el oído y pude escuchar dos salas más hacia la izquierda un ruido de golpes y varias quejas de una voz masculina que creí reconocer. Cuando me acerqué hasta allí con las manos bajo el vientre me di cuenta de que la puerta estaba entreabierta y vi a Turles dando varias patadas al aire con un gesto de rabia en el rostro. Llevaba un pantalón muy corto ajustado de color oscuro y una camiseta blanca sin mangas que se ceñía a su cuerpo como una segunda piel, en contraste con el color moreno de su tez.

Cuando se dio la vuelta y me vio, sonrió levemente apoyando los pies descalzos en el suelo mientras intentaba normalizar su respiración. Entré en la sala y vi que había varias botellas de agua vacías encima de una mesa y salí a rellenar una en la fuente que había justo al lado de la puerta para dársela a mi amigo.

El muchacho bebió con avidez y me dio las gracias mientas se pasaba el brazo por la boca para secarse las gotas que se deslizaban por su barbilla.

- Observo que tus entrenamientos cada vez van mejor… últimamente estás progresando mucho – le dije acercándome a él.

- Así es… pero lo que me preocupa ahora no es eso… - se agachó para ponerse las botas azul oscuro y observé que su pecho todavía subía y bajaba por el esfuerzo anterior – todavía sigo sin encontrar los miembros que me faltan para completar mi escuadrón. Daizu, Almond y yo no somos suficientes… necesito dos o tres guerreros más, y los aspirantes que quieren unirse a nosotros no me acaban de convencer del todo…

- No te preocupes… quizás en tu próxima misión encuentras a alguien que sea lo bastante fuerte y que esté a vuestra altura.

- Tienes razón… aunque no es suficiente con eso… también necesito a alguien que se comprometa y con un mínimo de disciplina. Quisiera que hubieses visto a Daizu cuando empezó… era imposible que llegase a los entrenamientos a su hora, y muchas veces ponía excusas absurdas para escaquearse. ¡Lo que me costó hacerle entender que no podía hacer lo que le viniese en gana! Pero al final lo conseguí… de hecho estaba aquí conmigo hace un rato, se fue un poco antes de que llegases… pero bueno… más bien cuéntame cómo te encuentras tú Bergine… te veo un poco pálida…

- No es nada… - aseguré restándole importancia – seguramente sea debido al embarazo que me impide descansar bien. He venido a buscar a…

Me llevé la mano a la frente y sentí que se me nublaba la vista percibiendo el rostro de Turles cada vez más difuminado. Estaba claro que el ajetreo de todo el día me estaba empezando a pasar factura. Notaba la boca seca y las piernas me temblaban al darme cuenta que me estaba bajando bastante la tensión. El Saiyan me miró preocupado y me rodeó los hombros con los brazos mientras yo apoyaba la frente contra su pecho con la cabeza completamente embotada.

- Tienes razón… me estoy mareando un poco…

- Bergine… quizá sea bueno que vayas a ver a un médico…

- No… estoy bien… poco a poco siento que se me está pasando.

Permanecí unos segundos en aquella posición con los ojos medio cerrados ajena a todo lo que me rodeaba. Notaba la respiración de Turles sobre mi cabeza y los latidos de su corazón en mi frente.

- ¡¿Se puede saber qué demonios está pasando aquí?!

No sabía si eran imaginaciones mías o si estaba escuchando la furiosa voz del rey justo detrás de nosotros. Alcé la vista dándome la vuelta con gesto aletargado y vi a Vegeta justo en el umbral de la puerta de la sala con el rostro encendido y una gran furia destilando en su mirada.

Ni siquiera nos dio tiempo a reaccionar. Se lanzó sobre Turles con un espantoso rugido propinándole un puñetazo tan fuerte que lo arrojó contra el otro extremo de la sala haciendo que su espalda golpease contra la pared. El muchacho cerró los ojos cayendo al suelo con ruido sordo y permaneció inmóvil tendido boca abajo.

Me llevé las manos a la boca ahogando un grito horrorizada saliendo de mi atontamiento y observé como Vegeta se acercaba a él con un gesto asesino en el rostro y lo levantaba por el cuello de la camiseta para mirarle fijamente. Turles abrió los ojos con lentitud y se aferró a su brazo al sentir que sus pies ya no tocaban el suelo mientras el rey le estampaba de nuevo contra la pared haciendo que se resquebrajase. Comenzó a mover la cola de un lado a otro con impaciencia y yo tragué saliva con el cuerpo tembloroso.

- Debí sacarte de la vida de mi mujer cuando tuve la ocasión… - le amenazó con voz profunda.

- Majestad… esto… no es lo que parece… - contestó él a duras penas con la mejilla amoratada ahí donde le había golpeado.

- ¡Vegeta por favor! ¡basta ya! ¡déjalo en paz! – me acerqué a donde estaban con el cuerpo tambaleante y levanté el brazo para intentar tranquilizarle.

- ¡Silencio! ¡ya estoy más que harto de que me veáis la cara de estúpido! – le asestó otro puñetazo este vez en el estómago y mi amigo soltó una jadeo de sorpresa quedándose durante unos segundos sin respiración.

Grité aterrada pensando en lo peor. Como Vegeta no atendiese a razones sería capaz de matar a Turles justo delante de mí sin importarle nada de lo que yo le dijera. Cuando esa ira animal asomaba en sus ojos no había poder suficiente para poder calmarle.

Me aferré a su espalda con los ojos cerrados y el corazón palpitando frenético en mi pecho y le imploré que parara rogando a Dios por la vida de mi amigo. Jamás me perdonaría que por mi culpa le llegase a pasar algo malo.

- ¡Vegeta por favor… escúchame… yo me empecé a sentir mal y por eso lo que viste… Turles solo me estaba sujetando! ¡eso es todo! – un chillido histérico agudizaba mi voz de lo nerviosa que estaba ante aquella angustiosa situación.

El rey le dio dos golpes más en el rostro y lo dejó caer de nuevo al suelo. Turles se incorporó a duras penas sangrando por el labio y también por la nariz. Debía estar agotado por el entrenamiento y recibir una paliza de alguien tan poderoso como el rey no era cualquier cosa… yo misma lo había experimentado en mis propias carnes y por suerte estaba viva para contarlo, aunque estaba claro que conmigo debía de haberse contenido mucho, o de lo contrario ya estaría muerta.

- ¡Turles te lo suplico! ¡vete de aquí! – le grité mirándolo a los ojos desesperada

- Pero… Ber… Majestad… - dijo a duras penas

- ¡No me repliques! ¡vamos márchate! – me puse justo entre ellos dos con los brazos extendidos intentando patéticamente que el rey no se pudiese acercar de nuevo a él - ¡obedece!

- ¡Haz lo que te dice muchacho… si lo que quieres es vivir un día más! – el rey apretó los puños dando un paso hacia adelante y Turles tragó saliva con un gesto de duda en la cara.

Se dirigió hacia la puerta lentamente con la mano apretándose el costado y volvió la cabeza para mirarme una última vez con el semblante cargado de preocupación. Estaba segura que él no se habría ido de allí por su propia voluntad, y rogué en silencio que por favor no fuese tan tonto y me hiciese caso de una buena vez. Hice un gesto con la cabeza señalando la puerta y él apretó los dientes resistiéndose a marchar. Los ojos del rey ardían de furia y su poderoso pecho cubierto por una ajustada camiseta subía y bajaba por la indignación de lo que había tenido que presenciar.

Cuando Turles se hubo marchado al fin suspiré aliviada porque mi amigo ya no se encontrase dentro del alcance de Vegeta y hubiese podido salvar la vida.

- ¡Ya estoy harto de ese niñato mujer! ¡harto de que esté siempre tan cerca de ti y se tome todas esas confianzas contigo! – se dio la vuelta intentando dominarse y observé como se le marcaban varias venas en el cuello por el esfuerzo de autocontrol que estaba haciendo.

- Vegeta… escúchame por favor… ya te lo expliqué antes… no me estaba sujetando sin ningún motivo… tranquilízate…

Alargué un brazo para intentar tocarle el hombro y él se giró con rapidez apartándome la mano agarrándome por los hombros con fuerza mientras me zarandeaba. Tenía su rostro muy cerca del mío y durante unos segundos me invadió el mismo terror que aquella noche cuando había abusado de mí. Cuando había puesto a este hijo en mi vientre en contra de mi voluntad y cuando sufrí el mayor dolor y la peor humillación de mi vida. Pero no iba a permitir que eso sucediera otra vez.

- ¡Suéltame! ¡no tienes ningún derecho a tratarme así! – esta vez no me iba a dejar maltratar, prefería la muerte antes que volver a revivir aquello.

Forcejeé con todas mis fuerzas queriendo soltarme de su agarre revolviéndome entre sus brazos para poder marcharme de allí. Él intentó impedirlo y sin saber exactamente como había sucedido, sentí que perdía el equilibrio dándome la vuelta de forma inconsciente para mitigar el golpe con las manos, pero fue inútil.

Caí con todo el peso de mi cuerpo sobre el vientre y un dolor agudo me dejó paralizada y sin aliento. Conseguí sentarme a duras penas en el suelo y un fuerte calambre me recorrió de arriba abajo. ¡Por favor… otra vez no…! ahogué un gemido introduciendo la mano bajo la falda de mi vestido y noté un líquido cálido y espeso entre mis dedos. Solté un sollozo y comencé a ver la habitación cada vez más oscura al mismo tiempo que sentía un dolor terrible en el abdomen.

Los ojos de asombro del rey miraban mis dedos manchados de sangre y percibí en ellos un fugaz destello de culpa. Se había quedado completamente quieto sin saber muy bien qué debía hacer.

- No… mi bebé… - emití un quejido angustioso cuando intenté ponerme de pie.

¡No puede ser… ya había sufrido demasiadas pérdidas a pesar de mi corta existencia en este mundo… no iba a permitir que otro de mis hijos muriera sin haber llegado siquiera a respirar!.

Un charco rojizo empezó a formarse debajo de mi vestido y vi que Vegeta miraba la escena horrorizado hasta que por fin pareció reaccionar de una vez. Se agachó rápidamente a mi lado y cogiéndome entre sus brazos salió corriendo por la puerta de la sala de entrenamiento en dirección a la clínica.

Por poco nos chocamos con Nappa que venía hacia nosotros seguido de mi pequeño, que alzó la vista mirándome con cara de preocupación al ver la sangre en la ropa y mi rostro desfigurado por el dolor.

- ¿Majestad? ¿qué es lo que…?

- ¡Ahora no hay tiempo Nappa! ¡tengo que llevar a Bergine a ver a un doctor de una vez! – exclamó el rey completamente fuera de sí - ¡llévate a Vegeta con alguna de las damas de la reina y después reúnete conmigo en la clínica!

Ahogué un gemido de dolor y escondí la cara contra el cálido pecho del rey, aferrándome a su camiseta mientras mi cuerpo se veía doblegado por los espasmos. Entre lágrimas pude distinguir el rostro de miedo de mi hijo que en esos momentos miraba hacia nosotros y parecía mucho más pequeño de lo que realmente era.

- Mamá… ¿qué te ocurre? ¿estás bien?... – me entraron unas ganas enormes de estrecharle entre mis brazos al escuchar su preocupada vocecita infantil y haciendo un gran esfuerzo intenté decirle que todo estaba bien y que permaneciese tranquilo.

Nappa asintió con la cabeza y antes de que le diese tiempo a decir nada más el rey ya estaba llevándome a toda prisa en dirección a la clínica.

REY VEGETA

De nuevo y por desgracia, otro de mis ataques de ira estaba poniendo en riesgo la vida de alguien de mi familia. En este caso de dos personas, ya que nada aseguraba que el bebé fuese a sobrevivir después de aquella caída.

Bergine gritaba de dolor tumbada en la cama de una fría habitación de la clínica, y su bonito rostro estaba empapado en sudor y deformado por el miedo. Daba lástima solo con mirarla, pues en estos momentos parecía una niña pequeña muy asustada y el hecho de que estuviera embarazada hacía que la situación fuese aún más perturbadora.

La mujer que había atendido sus partos anteriores había llegado hacía unos minutos y justo ahora se estaba arremangando para después mojar sus brazos en el agua tibia de una palangana dispuesta a recibir al bebé.

Salí de la habitación para dejar trabajar con más libertad a los médicos y di varias vueltas de un lado a otro en el pasillo con el rostro compungido.

No estaba muy seguro de lo que había pasado… no podía recordar a ciencia cierta si yo había empujado a Bergine, o si ella al intentar zafarse de mí se había caído sola… pero aquello no importaba ahora, lo verdaderamente necesario en estos momentos era que ambos pudiesen sobrevivir. Jamás me perdonaría si llegase a pasarle algo a cualquiera de los dos por mi culpa…

Me froté la cara con las manos sentando en un banco justo en frente de la habitación, donde los angustiosos gemidos de Bergine se podían oír con perfecta claridad.

Cuando la llevaba en brazos corriendo hacia aquí, sentí su pequeño y bonito cuerpo temblando contra el mío pidiéndome por favor que salvase al bebé, como si aquello dependiera de mí. Le besé en la frente intentando tranquilizarla pidiéndole internamente mil veces perdón pero sin que aquellas palabras saliesen en ningún momento de mis labios. ¡¿Por qué no era capaz de decírselo maldita sea?!.

Escuché otro fuerte grito que me partió el alma y segundos después el agudo llanto de un bebé hizo que mi rostro se iluminase con una amplia sonrisa. Aquellos lloros no eran tan intensos como cuando había nacido Vegeta, que desde recién nacido ya tenía unos buenos pulmones, sin embargo en este caso lo achaqué al prematuro nacimiento del niño.

Mi segundo hijo… un nuevo heredero al trono que al igual que el príncipe sería el orgullo de su pueblo y de sus padres. Ahora solamente faltaba averiguar cuál había sido el sexo del bebé, aunque yo estaba seguro de que también esta vez sería un varón.

Me puse de pie cuando vi que se abría la puerta de la habitación y uno de los médicos salió de allí con el rostro imperturbable y la bata manchada de sangre. Me di cuenta de que Nappa acababa de llegar corriendo justo en ese momento y se situó a unos metros de distancia de nosotros todavía jadeando por las prisas. No sabía cómo explicarlo pero su simple presencia siempre conseguía tranquilizarme aunque fuese un poco.

- Majestad… la reina acaba de dar a luz a un bebé varón. Todavía es muy pequeño ya que apenas tiene siete meses, pero tras un tiempo en la incubadora y con los cuidados necesarios sobrevivirá sin ningún tipo de problema – hizo una reverencia inclinando la parte superior del cuerpo y se atusó la frondosa barba blanca con una mano.

Respiré aliviado al conocer por fin el estado del niño. Otro muchacho… no cabía en mí de gozo… miré a Nappa que asintió con la cabeza también entusiasmado ante las palabras del médico.

- ¿Y la reina… como se encuentra ella? – pregunté ansioso al no escuchar ningún sonido tras la puerta.

- Ese es el problema… Majestad… por desgracia ha perdido demasiada sangre y está completamente agotada. Se ha desmayado justo después de dar a luz y no somos capaces de hacer nada más… sin embargo…

- ¡¿Cómo?! – grité alterado - ¡esto no puede ser! ¡más os vale que se salve o de lo contrario alguien va a pagar con su miserable vida el haber perdido la de ella!

Sujeté al hombre por las solapas de la bata que me miró completamente aterrorizado y sentí la mano de Nappa sobre mi hombro intentando calmarme. Necesitaba verla… no podía quedarme ahí plantado como un mero espectador. Entré en la habitación como una tromba sin que nadie se atreviese a impedírmelo y se me cayó el alma a los pies al ver el pálido rostro de Bergine perlado de sudor por el gran esfuerzo que había hecho.

La partera iba y venía de un lado a otro llevando toallas empapadas en sangre y dando órdenes a otra mujer que se encontraba en la sala que había ayudado también con el alumbramiento del bebé. Al parecer se habían llevado al niño con urgencia a la incubadora después de lavarlo y más tarde ya por fin podría verlo. Lo importante de todo era que se encontraba bien y que estaba fuera de peligro.

Miré con lástima a Bergine que respiraba de forma entrecortada y sus característicos ojos color avellana estaba ahora cerrados con fuerza mientras luchaba por seguir viviendo. No podía dejarla morir de aquella forma tan horrible, agotada y desangrada tras dar a luz a su segundo hijo.

- Tiene que haber algo que pueda curarla… - dije en un murmullo recorriendo su cuerpo con la mirada - ¡maldita sea! ¡¿por qué no hacen nada?!

- Majestad… quizá haya una forma… - comentó el médico acercándose a mí con cautela - ¿se acuerda de aquella agua milagrosa que encontró la propia reina durante una misión? Pues hemos estado haciendo recientemente unas pruebas con otros guerreros que llegaban malheridos de las conquistas e introduciendo sus cuerpos en un tanque lleno de ese líquido medicinal al cabo de un breve tiempo se han conseguido recuperar de sus heridas por completo…

- ¡¿Y a qué estás esperando?! ¡hazlo inmediatamente! – le grité apretando los puños - ¡ya os he dicho antes que si le ocurre algo a la reina la culpa caerá sobre todos vosotros! Así que más te vale que eso que dices surta efecto…

El hombre tragó saliva asintiendo con la cabeza y dio varias instrucciones al resto de asistentes sobre cómo debían proceder con la reina. Se la llevaron en una camilla con urgencia a otra sala y observé con impaciencia el continuo movimiento de médicos yendo y viniendo mientras Bergine se aferraba la vida. Yo ya no podía hacer nada más por ella… solo me restaba esperar y confiar en que todo saliera bien, sin embargo la paciencia no era uno de mis puntos fuertes.

Le ordené a Nappa que me esperase allí mientras yo me dirigía a paso rápido a la habitación donde habían trasladado a mi mujer. Nadie dijo nada cuando entré y me mantuve a una distancia prudencial observándolo todo con detenimiento. No quería que aquellos inútiles se pusieran nerviosos ante mi presencia y fuesen a cometer algún error imperdonable.

No pude evitar fruncir el ceño cuando vi como la desnudaban por completo antes de meterla en el tanque, lleno de aquel líquido más o menos hasta la mitad de su capacidad. Por el volumen de su vientre parecía que todavía no hubiese dado a luz, pero estaba claro que su barriga volvería a ser la misma al cabo de unos cuantos días. El cuerpo femenino aún me seguía pareciendo un completo misterio.

Estaba tan pálida con los labios de un tono azulado que no pude evitar angustiarme preguntándome si seguía con vida. La sangre seca manchaba el interior de sus muslos y un leve movimiento de sus dedos me hizo darme cuenta de que gracias a los dioses su corazón continuaba latiendo.

Le colocaron una especie de sensores por la parte superior del pecho y también a ambos lados de la frente supuse que para monitorizar sus constantes vitales. Cubrieron su boca y su nariz con una máscara de color gris y le sumergieron hasta la cintura en uno de los tanques que contenía aquel líquido verdoso. Cuando cerraron la compuerta llenaron el resto de la máquina hasta arriba con la medicina y la pantalla del ordenador más cercano se encendió conectándose con el aparato.

Uno de los médicos con aspecto de lagarto y una cresta naranja observó los datos que aparecían en la computadora y tras unos segundos asintió y levantó el pulgar dando a entender al doctor más anciano que todo funcionaba correctamente.

- Majestad… - dijo el hombre pasados unos minutos – podéis estar tranquilo, le puedo asegurar que la reina se recuperará por completo. Sus constantes son estables y su vida ya no corre ningún peligro. Desde que hemos desarrollado esta potente medicina los resultados son increíblemente asombrosos.

Asentí con la cabeza mirando fijamente el tanque donde se encontraba Bergine con gesto sereno y su hermoso y oscuro cabello flotando suavemente alrededor de su rostro. Se la veía tan bella e indefensa que me entraron unas ganas enormes de sacarla de allí y besar de arriba abajo su deseable cuerpo. Pero ya habría tiempo para eso… lo que debía hacer ahora era ir a ver como se encontraba mi hijo.

Cuando salí de la sala algo más calmado me encontré con Nappa esperándome en el pasillo y me tendió un scouter de color azul para que pudiese comprobar el nivel de poder del niño.

- Puedo adivinar por su actitud Majestad que la reina se recuperará sin ningún problema…

- Supones bien Nappa… esa medicina es todo un descubrimiento para la ciencia. ¡Cuántas bajas nos habríamos ahorrado si la hubiésemos llegado a utilizar mucho antes!

Nos dirigimos a la sala de incubadoras donde se encontraban la mayor parte de los bebés recién nacidos y otros cuyos padres no podían atender en ciertos momentos por encontrarse fuera del planeta. Me asomé a los amplios ventanales casi pegando la cara contra el cristal y recorrí con la mirada varias de las cunas que había allí. Deduje que la incubadora de mi hijo era la que se encontraba un poco separada del resto, mientras uno de los médicos introducía las manos en unos agujeros con forma de guantes para poder manipular al bebé sin ningún riesgo de contagio. Al no haber llegado el embarazo a término aquel pequeño evidentemente era mucho más delicado que los demás.

No había lugar a dudas… ese niño tenía que ser mi hijo por el reducido tamaño que presentaba. Arrugué el entrecejo al no poder evitar compararlo con Vegeta, que había nacido tan fuerte y robusto pataleando en todo momento y abriendo los ojos casi al instante.

Sin embargo aquel niño presentaba un aspecto totalmente frágil. Tenía el pelo oscuro, también de punta pero más corto que el de mi primogénito, y un pequeño mechón del flequillo le caía sobre la frente. No emitía ningún tipo de sonido, y se mantenía casi quieto moviendo únicamente su pequeña cola de un lado a otro con impaciencia. Apretó un poco sus diminutos puños cuando el doctor le terminó de ajustar con una pinza el resto del cordón umbilical que se caería solo al cabo de unos días.

Bajé un poco la vista y descubrí un oscuro letrero justo al lado de la incubadora con una palabra escrita.

- Tarble… - murmuré en voz baja – "supongo que ese nombre se lo habrá puesto Bergine justo antes de desmayarse"

Me puse el scouter encima del ojo ajustándomelo bien en la oreja y vi que Nappa estiraba el cuello para poder ver mejor al niño, observando en sus ojos un gesto de sorpresa cuando dio con él. Estaba claro que también había pensado lo mismo que yo…

Levanté la vista y el aparato comenzó a emitir su sonido característico cuando enfocó correctamente al bebé. La cifra que apareció de pronto en la pantalla me hizo estremecer.

Volvía a apretar el botón lateral del rastreador y a los pocos segundos obtuve el mismo resultado. Mi corazón empezó a latir con fuerza en el pecho. Aquello no podía ser verdad… el maldito aparato "tenía" que estar estropeado.

- Nappa… necesito que me traigas otro scouter… este no funciona correctamente – le ordené con voz apenas audible.

Él asintió con la cabeza con gesto extrañado pero sin emitir ninguna réplica. A los pocos minutos regresó con otro diferente de color verde y me lo puse en la oreja esta vez con las manos temblorosas.

Cuando los mismos números aparecieron de nuevo en la pantalla, sentí que el destino se estaba burlando de mí cruelmente por algo que había hecho. Apreté los dientes con rabia y un aura amarilla rodeó mi cuerpo mientras Nappa daba un paso atrás conteniendo la respiración. Me quité el scouter lleno de rabia y lo hice explotar entre mis dedos sin ningún esfuerzo, mientras miraba al niño con un gesto de impotencia y dolor.

- Majestad… ¿qué es lo que ocurre…? – me preguntó el guerrero en un leve murmullo

- Diez unidades Nappa… diez malditas unidades...


Zira3000: Bueeeeno, debo admitir que cuando empecé a escribir el fanfic no tenía ninguna intención de introducir a Tarble en él, básicamente porque todavía "no existía". Pero después me decanté por ello porque claramente le iba a dar un toque más dramático a la historia y más aun con el bajo poder de pelea con el que nació. ¿Cómo se explica en el anime que siendo el rey su padre, y con un nivel de poder alto como el de Vegeta que era su hermano, Tarble sin embargo naciese con uno tan bajo?

Aquí en mi historia yo lo achaco a que aunque tanto Bergine como su madre eran de clase alta, el padre era un guerrero de clase baja, de ahí que Tarble haya salido así, eso... sumado a que también ha nacido prematuro.

Muchas gracias por leer! Espero poder volver a actualizar pronto!

Espero reviews! (además de los de LEDEANA que en este capítulo ya salió de dudas respecto a si Tarble iba a nacer XD)

Estuve tentada a que Bergine sufriese de nuevo otro aborto pero pienso que el tema del hijo con poder bajo va a ser mucho mejor para el desarrollo de mi historia.

Saludos!