C Los personajes no son míos, tampoco los conceptos, son de MasamiKurumada

No planeo ni obtendré ningún beneficio monetario por esto, solo matar el tiempo jugando con la luz y la oscuridad

Por eso les ofrezco esta historia que busca ver donde empieza y termina entre ellas la cordialidad

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Criaturas de la noche

Tierra de Inmortales

Conquistador eterno, cruel y desquiciado Dios.

Quebraste la voluntad de los mundos más temidos,

Y sembraste la existencia de universos consumidos,

Deliro mortal que siembras el silencio eterno con tus pisadas

La pobreza que arrastra tú gloria jamás te dio lo que anhelabas

El alma evolucionada del inmortal no cae ante la debilidad,

Aquel cuyos pasos marcan el fin de la existencia no tiene la capacidad o deseo de amar.

No debería tener…

Pero no pudiste dejar al olvido la duda y aquel calor que sentiste.

El cruel sentimiento que incendio tu fría existencia por instante,

Y que en tu eterna existencia ya nunca olvidaste…

Por la eternidad resonó la furia del Caos que con rabia y celo presagiaba su ruina. El Vació se cernió sobre tu existencia con cadenas que arrastraron su alma hacia la más profunda oscuridad mientras la Vida te daba la espalda…

En la soledad de tu encierro el Delirio se torno en Locura y el Silencio se trasformo en una temible Agonía, las negras alas de la Muerte se abrieron en la inexistencia para extenderse, enfermas y corrompida por sobre toda la realidad. Quebraste tu ser para ser libre de toda cadena e ideal que te pudiera retener y te negaste a ver renegaste de sus hermanos y le diste la espalda a la eternidad… La omnisciencia es tú llave eterna y la libertad de elegir, el libre albedrío, fue la condena que nació ese día.

Creo la libertad de poder elegir tus propias cadenas y se creyó libre de elegir…

Infame y soberbio Dios.

Escucha la sinfonía de los abismos del alma donde él aun espera,

Allí donde el silencio eterno impera.

Habita la bestia que ni el olvido, el vacio o la soledad matan…

Hambriento, sus recuerdos y sueños es lo único que le ata.

El oscuro deseo del gran conquistador.

El terno, cruel y desquiciado Dios

Que anhela sellar tras la quietud y el silencio a toda criatura de la creación.

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Las pesuñas de Agonía resonaban contra los enormes azulejos de granito que cubrían todas las calles Acelot, Azrael fácilmente podía percibir como los demás seres y ángeles que habitaban la ciudad inmortal le contemplaban con una mezcla de miedo y admiración. La pesada carga de percibir las emociones de tantas entidades individuales no le era ajena, los Serafines como él tranquilamente podían percibir la cantidad exactas de seres vivos que habitaban todo un planeta. Como uno de los inmortales más fuertes, Azrael incluso podía concentrarse y seguir con facilidad todos los movimientos realizados por las criaturas que estuvieran en un radio de veinte kilómetros a su redonda…

Hacía mucho tiempo que no empleaba su rango máximo, no desde su última batalla, normalmente sólo fijaba su atención sobre la mansión y sus inmediaciones. Ping tenía razón al llamarlo viejo Dragón, él se comportaba como un inmenso y huraño dragón, feliz de echarse en su guarida para estar todas las horas de la vida con las gemas que considera su tesoro, saliendo sólo para mantenerse en forma su alas y afilar cada tanto sus garras. Se había instalado en la mortalidad, en la Tierra y su humanidad con lo que se podían contar con la palma de una mano humana las veces que había visitado el Tártaro. No obstante, hay cosas que ni en la eternidad se olvidan… Él no era capaz de incumplir su palabra.

Su cuerpo percibía con claridad su entorno, pero la mente del Serafín no se encontraba hay en esos momentos. Las pesuñas de su corcel apuñalaban los azulejos de granito en el presente, pero el eco de sus pisadas resonaban por el pasado… Un pasado recubierto de millares de carcasas vacías y los cadáveres de infinidad de criaturas, así era, porque así lo quería su naturaleza inmortal, por eso sus hermanos no lo entendían, por eso, sus legiones y los demás inmortales nunca le entenderían.

Su camino era un océano de muerte y soledad, donde el tiempo cabalgaba sin descanso tras sus pasos, triturando con sus bestiales pezuñas a todos aquellos que le acompañaran en su infinito camino. En la eternidad no existe nada a lo que te puedas aferrar, miras hacia atrás y vez como el destello del Big Bang marca la dirección del tiempo siempre hacia adelante, los mundos nacían y morían ante sus ojos, las galaxias colisionaban y la vida mortal… Era sólo un instante en su eternidad. Sus sicarios, sus amigos y familia se hundían tarde o temprano en el océano de tiempo por los que él sin descanso navegaba, sumándose a la estela de cadáveres que sus recuerdos cargaban. La mansión que habitaba en la Tierra no había sido ni de lejos su primer hogar alejado de la eternidad. Sus otros hogares ya habían desaparecido de la faz de la existencia, devorados por la misma estrella que los vio nacer o perdidos en la más completa oscuridad del frio espacio sideral, antediluvianas ruinas que cada tanto solía visitar.

La vida era efímera, la mortalidad frágil y pasajera. La Tierra tarde o temprano pasaría lo mismo, cuando las inmensas reservas del combustible de su estrella se consumiera, el mismo sol que dio calor y sostuvo el la vida del pequeño planeta azul lo consumiría por completo. Las grandes construcciones de la humanidad, sus recuerdos, sus anhelos y sueños se desintegrarían bajo el yugo del incandescente plasma de la estrella que le vio nacer… Aun no decidía si se quedaría a ver el final, o se marcharía cuando aquel pequeño mundo ya no diera para más, prefería esperar hasta el día en que tendría que tomar tal decisión, por ahora tenía que lograr que ese pequeño mundo sobreviviera al capricho de Lucifer y la indiferencia de Gabriel.

La vida de la Tierra pendía de un hilo, siempre lo hacía. Por otra parte, los inmortales no morían, no se detenían, nunca dejaban de luchar y evolucionar...

Contemplar las calles de Acelot era como detener el tiempo, sus edificios, sus mosaicos y decoraciones apenas cambiaban a lo largo de la eternidad. Los ojos rojos de la muerte volvieron al camino, contemplando las fantásticas construcciones que cubrían la ciudad, edificios que parecían ser termiteros inmensos hechos de brillantes aleaciones y cristal, otras que desafiaban la gravedad con sus curvas sinodales de bordes esféricos y particular asimetría que los hacía indescriptibles. Los ángeles se arrodillaban apenas le veían pasar, algunos asustados, otros emocionados y sorprendidos de contemplar a la muerte andar por la avenida de la calle principal una vez más.

Después de todo, era el gran conquistador de los inmortales quien volvía a la ciudad eterna, la tercera palabra, uno de los cuatro grandes señores de la creación…

Sariel, el mandato de Dios.

Guardián de Acelot, guerrero de hielo y conquistador de los inmortales.

Un cruel y desquiciado Dios…

El infame Señor que reniega de la gloriosa inmortalidad.

Azrael.

La gran mayoría de los inmortales jamás entendería porque dejo la gloria de los cielos para arrastrarse por los más humildes mundos, abandonar la belleza eterna de sus ciudades y su lugar entre los más poderosos seres de la creación por la compañía efímera de las criaturas mortales. De todas formas, Azrael nunca había sido dado a dar explicaciones, ni siquiera cuando le cegaron y encerraron por un tiempo indefinido en el vacio de la inexistencia por su osadía. Sus razones, sus decisiones y el precio que debía pagar por estas eran sólo suyas… De nadie más…

Con lo que era de esperarse que su aparición generara murmullos, sorpresa e instalase un halo de incertidumbre por sobre toda la ciudad. Los inmortales no eran como los seres humanos, si bien tenían organizaciones jerárquicas, estas estaban dadas solo por la naturaleza que poseían y sólo podían cambiar por agentes de influencia externa, es decir, por voluntad del destino mismo. En la cúspide del poder y las responsabilidades se encontraba él y sus hermanos. Primero, estaban las cuatro letras del nombre prohibido de Dios, los cuatro grandes señores de la creación, los primeros, los más fuertes e indiscutibles pilares que sostenían la eternidad. Seguido, están los tres ecos o alientos de la creación, sus hermanos menores, menos poderosos, pero quienes mantenían la hegemonía uniendo a los cuatro pilares… Bueno, ya no tan unidos como antes, pero sí lo suficientemente conectados para que todo funcionase correctamente.

La inmortalidad no se mantenía a base de rezos o plegarias, la sustentabilidad perpetua no existía, no sin pagar un precio por ella… Si Acelot le traía recuerdos de muerte y sangre era porque él mismo había ayudado a forjar la belleza de sus calles de granito, sus edificios de fantástica arquitectura y conseguido los materiales para formas a las míticas criaturas que la habitaban, todo obtenido de una infinidad de mundos diferentes. Los inmortales eran un reflejo de la creación, pero también eran bestias que contaban con sus propios mecanismos de supervivencia… Una naturaleza hambrienta que llegaba a exigir la desaparición de universos enteros en su nombre.

Habían aprendido a crear materia del mismo vacio, pero el costo energético de esta era excesivo… Siempre fue más fácil tomarla de otros lados, del mundo material por ejemplo, sacándola de los universos y mundos a los cuales arribaban. Cuando Lucifer y los demonios abandonaron el cielo no fue por que se los echará, sino porque anhelaban algo mejor, su ideal era el de mejorar su especie y tomar las riendas de su propia evolución. Para bien o para mal, Lucifer había sido el primer gran revolucionario de la creación.

Nadie puede negar lo útil que es la guerra y la depredación para hacer estallar la evolución tecnológica y/o biológica. Lucifer y su naturaleza destructiva fue lo que los convirtió en la raza poderosa que ahora dominaba casi todos los aspectos de la creación. Garras y dientes para destrozar, sentidos para captar al enemigo, alas y piernas para movilidad… Todo venido de los seres vivos que comenzaron a matar y devorar. Tecnologías de las razas sometidas, elementos, minerales y metales para la construcción de los mundos que ahora habitaban, material vivo; o hasta mundos enteros, para que Gabriel trabajara y mejorara su especie, para que vida creara las fantásticas criaturas que conformaban los ecosistemas que mantenían y embellecían las tierras inmortales. Sus naturalezas, todas ellas, mejoraron y se perfeccionaron gracias a los mundos que destrozaron, llevando al extremo máximo su capacidad de crear vida, materia y energía. Gabriel fue quien dio las órdenes y él mismo Azrael fue el estratega que las cumplió, guiando a Lucifer y demás hermanos hacia una especie de selección natural de proporciones cósmica, una que aun en la actualidad los hacía buscar mundos con la sola idea de luchar, devorar y evoluciona. El Señor de la muerte y la locura no podía cuestionar a sus hermanos en ese sentido, pues fue él quien ayudo a iniciar todo, fue el primero que poyo a Lucifer y era él único capaz de manejar su tiránico carácter para que el Caos y la Destrucción no se olvidara de que además de satisfacer a su cruenta naturaleza debía servir a sus angelicales hermanos. No obstante… Se canso de todo ello.

Gloriosa masacre, lo llamaban los demonios de Lucifer. Gran oportunidad, decían los ángeles de Gabriel… Azrael, él sólo sé había hastiado y llamaba a toda su existencia como una inmortalidad imperfecta. No podían morir, y su vida era el matar, sólo podían seguir perfeccionando sus naturaleza a lo largo de toda la eternidad. Empezó a sentirse desencajado con el paso del tiempo y la especialización de su día a día los separaba de su especie, se sentía vacio, anhelando algo que ninguno de sus aberrantes hermanos entendían, algo que el poder y la gloria no ofrecían.

Estaba cansado, cansado de correr por la existencia buscando el próximo mundo al cual darle caza, de vivir arrastrando con él a las legiones que con tal innecesaria devoción le seguían a cada cruenta guerra que a él le apeteciera, quería dejarlos descansar, el mismo quería buscar un lugar donde pudiera sentirse completo. Cumplía con la orden y los caprichos de sus hermanos, las otras tres letras se sentían en la gloria, su mundo prosperaba y el universo se doblegaba a los designios de su raza, pero ese crecimiento venia aparejado con el alejamiento cada vez más pronunciado de su tercer hermano.

Azrael dejó de estar cómodo entre los demás inmortales, su evolución y todas las feroces luchas que libro, ocasionaron que su neutral naturaleza se volviera aun más indefinida de lo que ya era, estaba constantemente chocando con las opiniones de sus hermanos, del consejo y de cualquier otra forma de autoridad que se le apareciera. Fue entonces conocido como un verdugo imparcial, ya que además de cumplir con sus eternas conquistas, se dedico a cazar a todos los ángeles y demonios que estuvieran demasiado lejos de la eternidad. Siguiendo un criterio que muy pocos inmortales lograban comprender, Azrael transformo a sus legiones del silencio en los ejecutores de aquellos inmortales que se negaban a tener la protección de alguna de las palabras o ecos de la creación, un cambio inquietante que lo convirtió, en sus propias palabras, en el "mandato de Dios". Sariel fue una cruel y desquiciada idea de justicia que sin lugar a dudas ayudo a consolidar el poder de los Serafines y darle forma a su especie.

Gracias a ello la naturaleza neutral y puramente angelical de Azrael fue puesta en duda. Los demonios eran ángeles, sólo que contaban con una naturaleza nociva para la existencia, un rasgo que los sus hermanos de naturalezas más positivas aprovechaban, tomando todo lo que los ángeles destructivos despedazaban para crear nuevos mundos, o mejorar sus propias bondades. Ángeles y demonios convivían de esta manera, con las ocasionales disputas que normalmente se generaban y que con la guerra o la sola presencia de algún Serafín se arreglaban. Contrario a lo que se pensaba, había tantos demonios en los cielos como ángeles en los infiernos, de hecho, los demonios y los ángeles de una naturaleza un tanto inquietante como la Azrael eran los defensores de los cielos… Él era el principal defensor de estas Tierras eternas, incluso tras haberlas abandonado.

Miguel, uno de los ecos y su hermano más cercano, fue quien logro mantener el titulo de ángel de Azrael y lo hizo por todo lo alto, empleando una capacidad de dialogar que hubiera hecho palidecer los foros griegos de la vieja Atenas. Miguel sostuvo que la Muerte y la Locura no son una bondad, pero esa no las hace necesariamente nocivas para la creación. Es un acto de Locura luchar por la hasta el final en una batalla que ya se ha perdido, es un Delirio mantener tu idea de justicia en un mundo corrompido hasta la medula, la Muerte era necesaria para la vida… Y con la Muerte puede venir tanto una pacifico Silencio o una temible Agonía.

Fue una cura pasajera, un soporte temporal que logro limar algunas de las asperezas que ya se daban entre Azrael y el consejo celestial, pues el primero a todas luces despreciaba la idea de recibir el titulo de demonio*. No obstante, todos los esfuerzos de su joven hermano terminaron siendo inútiles, la misma naturaleza inquietante de la tercera palabra fue la que termino arrastrando al Serafín a romper relaciones con sus otros hermanos, la misma que lo impuso a cuestionar esta idea y costumbre que tenía su especie de manejar el cosmos como si se creyeran los amos de la existencia. Esa fue la gran ruptura final que se dio entre los inmortales, entre él y sus hermanos….

Una inmensa sombra paso por sobre él, era una gran matriarca que se acercaba a una de las inmensas torres ciclópeas que decoraban los puntos cardinales de la cuidad. Terminadas en inmensas cúspides esféricas no eran meras decoraciones, sino inmensas centrales de fusión nuclear que empleaban el hidrogeno que generaban las matriarcas para crear los micro soles que alimentaban la con luz y energía a la eterna ciudad. Acelot, que era un enclave militar antes que una verdadera ciudad, ya por sí sola poseía la energía suficiente como para alimentar a un planeta del tamaño de Tierra durante varios siglos. Tanto las ciudades como sus edificios eran construcciones por completo biomecánicas, con lo que eran, literalmente simbióticas con los ecosistemas que les rodeaban, obteniendo energía de su ambiente a la vez que mantenía y corregían constantemente el equilibrio de este… Quizás algún día encontraran un fuente de energía perpetua mediante el uso de los núcleos de universos, o lo que es casi lo mismo, usando el proceso de formación de los mismos.

Pero eso era jurisdicción de Raguel y otros ángeles con naturalezas más creadoras e imaginativas, era una lástima que no pudiera llevarle a Augusto ninguna de estas chucherías para que se entretuviera, pero ya suficiente riesgo era que el pelirrojo jugara con reactores nucleares humanos como para llevarle un sol en miniatura… Una verdadera lastima.

Agonía se detuvo frente al inmenso edificio que tanto se asemejaba a dos serpientes de cristal enroscadas, por fin había llegado a su aciago destino.

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Extraño….

Era la única manera de definir el clima actual que reinaba en la mansión.

Tras ver que Shun volviera a la conciencia, la condesa y Augusto decidieron dejar solos a los dos hermanos, total, en la mansión Desolación solía estar más tranquilo y en su estado actual Shun debería estar demasiado cansado para dejarlo salir… No obstante.

— ¿Crees que es seguro? —Pregunto Augusto mientras seguía a su compañera a lo largo del pasillo. —Los caballeros no saben controlar sus emociones.

—Shun está agotado—Le contesto Iris. —Aunque Ikki pueda tener problemas, nuestro compañero esta consiente y debemos confiar en que pueda manejarlo… Tarde o temprano, Shun tiene que aprender a estar con más gente que sólo nosotros, debe aprender a dominarse a sí mismo.

—Pero… Azrael no está.

—Pues tendremos que saber manejar nosotros la situación, Augusto.

El pelirrojo asintió, aunque a leguas se veía que no estaba completamente seguro de poder controlar semejante escenario.

—Además, el combate no fue normal… Asmodeus prácticamente se retiro y los caballeros de Atenea resultado ser temiblemente fuertes, están al mismo nivel que Shun, exactamente al mismo.

—Pero no llegar al de Desolación —Comento Augusto. —Además, creo que realmente le quieres... No creo que le vayan a hacer daño.

—Ellos no han visto el veredero rostro de nuestro compañero, Augusto… Nosotros no podemos confiar en nadie, recuerda lo que somos.

Augusto volvió a asentir, el pelirrojo sabio que a veces el cariño sólo no basta… Realmente no bastaba.

—Me preocupa Asmodeus y Azrael, tenemos que averiguar porque se retiro el primero y rogar por que el segundo vuelva pronto—Continuo Iris. —Mientras, tendremos que atrincherarnos en la mansión. Azrael odia ver a sus hermanos, sólo algo inquietante en lo que Shun le dijo lo obligaría a volver a los cielos para hablar con Gabriel. Necesito que más tarde vayas a la biblioteca y averigües todo el posible sobre Sariel, si es necesario busca en el museo.

—No me gusta estar sólo en el museo, ese lugar esta maldito.

— ¡Augusto Hernández!

—Ok, vale, vale. Lo hago, ya tranquila. —Le respondió rápidamente en un tinto de apaciguar a su compañera.

—Yo debo asegurarme que todos los grupos vuelvan… Y que Bad Blood esté tranquilo.

—Hoo… ¡Espera! ¿Bad Blood? No me digas que ellos también—El asentimiento de Iris, logro que el rostro de Augusto se tiñera de horror. —. Pero, pero están los caballeros y el personal, no hemos informado al personal.

—El grupo de Bad Blood ya se encuentra en las inmediaciones de la mansión.

Aquella inmutable y antediluviana voz detuvo a los dos sicarios en seco.

—Hermes…

Comento Iris.

—Gusto de verte, princesa de la Muerte. Entiendo a la perfección la tribulación que se cierne sobre tú alma, pero no debes olvidar que la siniestra sombra y el arcaico cazador también se encuentran cerca de la mansión, así como la firme voluntad de la joven Teresa… Con lo que las gemas más filosas de la muerte habrán de controlarse.

—Eso es un alivio—Le respondió iris. —, pero no soluciona lo de Asmodeus.

—Tu duda se explica fácil, princesa. Recuerda que vuestro "Demonio" ha tenido la particular tutela de nuestro Señor, un privilegio del que muy pocos inmortales gozan y gozaran. Hasta los reyes infernales como Asmodeus, temen tocar algo que le pertenezca a un Serafín si no tiene la aprobación de su infernal majestad para protegerse, más si se trata de la letra más infame de la creación —Comento con inquietante parsimonia el hermetista. —. Sólo basta que se perciba en el aire el infame olor de la sangre de la Muerte y la Locura para que la mayoría de los ángeles y demonios corran con las colas entre las patas hacia sus Señores. Es algo antinatural hasta para ellos, pues entre los cientos de inmortales, nuestro Señor sólo había elegido a uno para ser su protegido… Y tras incontable siglos, ahora que ha renegado de su inmortalidad y su especie, ha decidido que exista otro campeón de la Muerte.

— ¿Campeón de la muerte? —Se atrevió a preguntar Augusto.

—Los protegidos de Lucifer, la primera letra, son los Siete Reyes infernales que han recibido parte de su diabólica sangre. Los protegidos de Gabriel, la segunda palabra, son los Cinco Reyes Celestiales a los que se les otorgo la divina sangre de su Señor. Los protegidos de la tercera palabra, el Señor sin reino y sin corona, son los campeones de la Muerte que porta la infame sangre del temible conquistador… Sariel.

—Los delirantes Demonios susurran su nombre cuando están a las puertas de infierno. Sariel, gloria de los inmortales, guardián de las ciudades eternas y uno de los más ominosos seres que existen sobre la faz de la creación. Muchos inmortales le temen, pero más temen, porque ofenderlo podría provocar la rabia de los mismos Señores a los que sirven y los únicos que pueden protegerlo de su Ira, pues la gloria de los inmortales aun tiene su flamante titulo de protector y la estima de poderosos aliados entre los de su especie… Una eternidad de oscuras y turbias relaciones de poder que tiñe sus andar con rosas y espinas por igual.

Ambos sicarios se quedaron sorprendidos tras aquella revelación, al parecer, la relación que tenia Azrael con sus hermanos era mucho más complicada de lo que habían imaginado … No obstante, una nueva duda surgió en la mente del pelirrojo.

—Espera—Pronuncio. —, dijiste que a lo largo de la historia Azrael sólo había tenido un sólo protegido, pero sí Shun es el nuevo… ¿Quién fue el primero?

—La estrella más brillante del averno, Abadon, él ángel del Fin… Más conocido por los mortales como Abbadon el ángel destructor.

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Tenía que serenarse.

Hyoga se encontraba caminando por el bosque que se hallaba en el patio de la mansión, el ruso era conocedor de que manejar sus emociones y calmarse, por eso había preferido tomar aire lejos de la mansión…Ese bastardo, debía dar gracias a Dios porque Ikki estaba inconsciente cuando Asmodeus le dijo aquello, porque no sabía como hubiera reaccionado el caballero de Leo ante semejante revelación, quizás hubiera sido mejor, estaba seguro de que el otrora caballero de Fénix no hubiera dejado escapar a ese miserable si se hubiera enterado de lo que le hizo a su amado hermano menor. Pero, en retrospectiva, ahora entendía la agresividad que Shun había demostrado ante Asmodeus, quizás era cierto que el joven de cabellos verdes no recordaba completamente lo que había pasado, pero seguramente sí lo presentía.

Se alejo más del jardín para dirigirse hacia la entrada del complejo para serenarse, no había hecho oído sordo ante las palabras de los actuales compañeros de Shun. Sí los demonios responden a las emociones, él era una de las peores compañías para el hermano de Ikki en estos momentos. Cuando llego hasta la entrada se apoyo sobre el portón macizo que marcaba la entrada a la mansión de la muerte, en esos momentos sólo estaba seguro de algo, no podía decirle esto al resto de sus hermanos lo que Asmodeus le había gritado.

— ¿Qué hace una oveja de la diosa Atenea tan lejos de su rebaño?

Una sensual voz femenina interrumpió sus pensamientos, inmediatamente volteo, encontrándose con una hermosa mujer morena parada en frente del camino a la mansión. Con una buena contextura ósea, de alta estatura y poseedora una marcada musculatura que resaltaba entre su piel de bronce, la desconocida sólo estaba cubierta por una túnica de apariencia muy antigua y que tenia los colores de la nobleza de antaño, un marcado purpura con detalles dorados… El caballero de Acuario inmediatamente se puso en una postura defensiva, ciertamente, el cambio de locación había hecho que perdieran unas doce horas, con lo que se encontraban de tarde e iluminados por el helado sol que pocas veces aparecía en esa zona de Rusia.

—Mejor dicho—Otra voz se hizo presente, masculina, de tono grave y embestida de un inquietante tono de diversión. — ¿Qué hace una escoria como tú pisando estas tierras?...Aquí rige la ley de "otro" Dios, uno que no es muy tolerante a los intrusos.

Hyoga volteo la mirada, la voz prevenía de atrás suyo pero se perdía entre todos los árboles que bordeaban la carretera.

— ¿Quiénes son ustedes? — Pregunto Hyoga.

Solo obtuvo una cruel sonrisa por parte de la morena.

— Nosotros hacemos las preguntas, caballero.

Le contesto con sequedad la voz masculina. Estaba más cerca, pero el caballero de los Hielos aun no era capaz de localizar su exacta ubicación.

— ¿Sabes? —Pregunto la mujer al tiempo que dio unos pasos hacia el caballero. — Estoy segura de que serás más cooperativo si te quebramos las dos piernas.

Los ojos marrones de la morena se volvieron de un verde brillante tan intenso como el de las escamas de una serpiente esmeralda, y sus pupilas agudas como la de los felinos. Hyoga apenas tuvo tiempo a reaccionar, en menos de un segundo la mujer se arrojo sobre él al tiempo que un poderoso cosmos esmeralda la cubría. El caballero de los hielos esquivo la feroz patada que le había lanzado la morena, misma que destrozo el suelo donde antes estaba parado e hizo volar en pedazos en macizo portón de acero. Abrió sus ojos con sorpresa, notando la estilizada armadura que había cubierto por completo a su atacante, con placas de gran tamaño que protegían sus órganos vitales, la coraza estaba decorada con escamas y una especie de cota de malla que se enroscaba en el resto de su cuerpo como si fuera la piel de una serpiente. Aquella salvaje y tribal armadura de rojo bronce brillaba con decoraciones de un esmeralda tan fuerte como el de los ojos de su portadora.

—Eres rápido.

Le concedió la mujer antes de volver a lanzarle otro patada, Hyoga intento pararla con uno de sus brazos, más la fuerza que tenía su enemiga fue tal que lo mando hacia atrás a caer de espaldas contra los guijarros que tapizaban la carretera de entrada. El caballero de Acuario intento incorporarse, pero no pudo, pues inmediatamente tuvo que usar toda las fuerzas de sus brazos para retener las enormes zarpas que se le arrojaron enzima, el Ruso se vio de repente teniendo que contener a un inmenso lobo antropomórfico que había aparecido de la nada para arrojarse sobre su persona. De un pelaje marrón cobrizo, aquella enorme bestia tenía en sus brazos la fuerza de un caballero dorado, Hyoga estaba teniendo que usar todas las energías que le quedaban tras la noche solo para mantener alejados aquellos músculos brazos y sus afiladas zarpas de su pecho.

—Veamos si puedo destrozar tu linda carita, caballero.

Los ojos del ruso se abrieron de par en par al contemplar a aquella enorme cabeza canina hablarle con la misma voz masculina que antes había escuchado. El inmenso hombre lobo lanzo sus fauces contra el rostro del caballero, que alcanzó a mover su cabeza, esquivando así la dentellada que resonó al lado de su oído el inmenso animal le lanzo otros dos tarascones que el ruso sabiamente esquivo. Pero cuando se disponía a dejar de jugar y usar toda su fuerza para destrozar al caballero contra el suelo, fue arrancado del lado de su presa con insana brutalidad. Hyoga sólo alcanzo a distinguir un destello blanco, cuando alzo la vista poderosos gruñidos resonaron por todo el bosque.

Era otro lobo antropomórfico, ligeramente más grande que la bestia que le ataco, de un pelaje blanco como la luna y recubierto de cicatrices mal curadas el que ahora se encontraba alzado sobre sus dos poderosas patas traseras frente de él. Con una postura amenazante de orejas levantadas y cola dura, emitía una cacofonía de aberrantes gruñidos que hacían retroceder lentamente al ejemplar marrón que ya había echado sus dos orejas hacia atrás y metido la cola entre sus patas. La escena se volvió surrealista, el caballero vio interactuar a aquella dos bestias como si de repente se encontrara en medio un documental sobre lobos, basto que la bestia marrón alzara un poco su cabeza entre los gruñidos para que el blanco se le arrojara directamente a la yugular, estrellando el cuerpo del lobo más joven contra la carretera mientras este sólo emitía una sarta de agudos chillidos que se parecían al llanto de un perro.

— ¡Calla!

Una voz deformada por un gruñido termino de silenciar al ejemplar más joven que se quedo inerme y sumiso en el suelo.

—Son invitados de nuestro Señor, el mismo Azrael les ha permitido rondar por sus tierras.

Pronuncio con sequedad, pero sólo tras ver al lobo marrón totalmente sumiso y quieto, retiro su feroz zarpa del cuello de más joven… Para esas alturas, Hyoga había sentido cierto aire de familiaridad en aquella voz, como si la hubiera escuchado antes.

— ¿Lo entendiste tú también, Lamia?

Le pregunto el inmenso lobo blanco a la mujer de armadura cobriza que sin emitir juicio alguno les observaba.

— ¿Un caballero de Atenea como invitado?

Pregunto con sorna la morena, sin mostrar el más mínimo miedo ante la enorme bestia que con sus enormes ojos amarillos le miraba.

—Sí. —Contesto secamente el lobo blanco. —Siendo sincero, me da pereza tener que llamar a Enki o tú ama, demonio.

Contesto el inmenso lobo mientras se acercaba a la mujer mostrando todos sus blancos dientes en una sonrisa que más parecía un gruñido. Lamia ladeo la cabeza, maldito mortales, pensó para sus adentros, no le era indiferente aquel despliegue de autoridad bestial frente a ella, de hecho, su lado demoniaco anhelaba enfrentar a su compañero para partirle la cara y demostrar que los inmortales son la única especie dominante de toda la creación, más tuvo que contentarse con mostrarle sus afilados dientes en una sarcástica sonrisa y sólo obedecer. Lamia no era idiota, Azrael le había dado rango a aquella estúpida bestia, y por más que fuera una ofensa para su orgullo inmortal, era una ofensa peor y muchas veces fatal desobedecer la orden de un Serafín… Más la de aquel que eran la gloria de los inmortales.

—Lamento el mal recibimiento, caballero, pero como turista no te conviene alejarte de la mansión.

Dijo el inmenso can mientras se acercaba al caballero, sin más que acotar, apenas llego hasta él le extendió la zarpa que tenia por mano en un gesto de ayuda. Hyoga solo le miro con desconfianza, ignorando la pata ofrecida se paro por sí mismo.

— ¿Quién eres tú?

Le pregunto, el caballero de acuario no bajaba la guardia, todo lo contrario, ahora pensaba responder con un certero puñetazo al primer movimiento en falso que hiciera alguna de esas tres bestias.

—Sé que mi voz puede sonar algo deformada ahora, mas no te debería resultar difícil el recordarla.

El inmenso canido antropomórfico le sonrió de manera amable, aunque no lo pareciera mucho debido a sus inmensos dientes y a intimidante altura que alcanzaba estando parado sobre sus dos patas traseras. Aunque superaba el tamaño de un oso grizzli, su postura era tranquila, y aunque Hyoga quisiera, no podía negar que le pareció demasiado familiar aquel gesto.

—Padre, no creo que su cerebro le dé.

Comento el ejemplar de pelaje marrón cobrizo, que viendo más calmado a su progenitor aprovecho para acercarse a la conversación. El lobo blanco sólo volteo a ver a su primogénito, logrando que este cerrara la boca y desviara la mirara, realmente era un dolor de cabeza, de sus seis vástagos, no había sacado ni uno decente.

—Caballero, pocos de los sicarios de Azrael son humanos, aunque no tuve la oportunidad de mostrarte mi verdadera forma durante nuestro combate de anoche.

—Tu…

Susurro el ruso ya reconociendo a quien se encontraba delante de él.

Caballero Hyoga de Acuario, perímeteme volver a presentarme, soy el cazador. Un lycan, o lo que normalmente se denomina como un hombre lobo—Le sonrió más amable, mostrando toda su hilera de afilados dientes. — . Lamento el comportamiento de mi Hijo, Anuk y de su compañera, la demoniaca Lamia — Continuó, al tiempo que señalaba respectivamente al otro lobo marrón y a la mujer que le habían atacado.

Hyoga abrió la boca dispuesto a decir algo, pero fue silenciado por una estridente y hermosa risa que se parecía al canto de los pájaros.

—Sabía que se meterían en problemas.

Todos los presentes se voltearon a ver la fuente de aquella voz.

Una bellísima joven de rasgos finos, pálida y extremadamente delgada se hallaba parada sobre la delgada rama de uno de los altos pinos del bosque, resaltando entre verde follaje que no hacía más que acentuar la palidez de su piel.

— ¿Dónde está Teresa y Fremont? — Preguntó rápidamente Lamia.

—Fremont la tele trasportó a la mansión.

Contesto la cantaría y alegré voz de la joven. Con una agilidad solo comparable a la del mismo viento, la chica de unos quince o diecisiete años descendió del árbol, saltando de rama en rama como si careciera por completo de peso, pudiéndose apoyar con total tranquilidad sobre los más finos tallos de la alta conífera. Llegando hasta el suelo con una grácil pirueta para clavar sus ojos celestes como cielo sobre los del caballero de los Hielos. Tenía puesto un vestido corto y pomposo de color menta, con una falda hecha de tela estilo tul y una blusa del tipo organza llenas de mostacillas plateadas… Parecía más un vestido de quince, pero combinaba a la perfección con su apariencia juvenil, sus cabellos de un rubio casi blanco y la hermosa tiara dorada que portaba.

—Mi nombre es Anya.

Le dijo rápidamente al caballero, pero luego se volteo hacia el al cazador y con esperanza le pregunto si podía usar su verdadera forma. El lobo blanco asintió, Hyoga no pudo hacer más que abrir los ojos con verdadera sorpresa, frente a él la carne y el hermoso vestido de la joven se desgarraron en mil pedazos para dejar salir unas plumas blancas como la leche y de ligeros destellos marrones. Aun machado por la sangre, la verdadera apariencia de aquella criatura se hizo presente, sólo quedo el rostro y torso desnudo de la hermosa joven que había visto, el resto del cuerpo fue remplazado por el de una enorme águila blanca.

Hyoga sólo atino a retroceder ante semejante cambio.

—Por cierto— Dijo el cazador. —. Te vuelvo a dar la bienvenida a la Mansión de Azrael… Ahora, con todos sus habitantes reunidos.

Por sobre ellos pasó una sombra que hizo que el caballero de Acuario alzara la vista. Tres enormes dragones chinos surcaban los cielos, enormes, con sus largos cuerpos de serpiente deslizándose por el aire como si este fuera agua, sus escamas brillaban como fino oro al sol y sus enormes melenas de destellos carmesís se removían al son del viento. Los tres ejemplares volaban en una perfecta formación triangular por sobre la mansión, el más grande de ellos poseía unos disiente metros de largo, como mínimo, y era coronado con una enorme cornamenta de ciervo plateada con siete puntas.

Seiya también contemplo aquel espectáculo desde la entrada de la mansión, totalmente anonadado con los tres hermosos dragones Chinos que se habían apoderado del cielo, no solo eso, al bajar la vista pudo ver las demás bestias que estaban en la entrada con Hyoga. Augusto apareció a su lado, por suerte, Shun aun no se sacaba de la cabeza los vendajes que le tapaban los odios y no había escuchado como el portón salía volando. No obstante, el pelirrojo si había sentido curiosidad por ver lo que pasaba, encontrándose con que la mansión ya estaba casi llena, sólo faltaban las chicas del Obsidian Cut…

Un grito como el de un agila perforo en aire, llamando la atención de todos los presentes Augusto sólo sonrió al reconocer a su poseedora. Un destello esmeralda ilumino el sur y con un bum sónico arribó un nuevo Dragón a la mansión. Marcadamente distintos a los tres dragones Chinos, esta delicada bestia de cuerpo serpentino poseía toda una cubierta de plumas verdes con la iridiscencia natural de un colibrí. Dos inmensas alas que extendidas abarcaban unos veinte metros de largo y cuyas plumas tornasoladas parecían ir del verde al azul brillante según como las miraras, una cabeza de serpiente con unos enormes ojos amarillos y sus dos cortas ; casi vestigiales, patas de ave ocultas entre su abundante plumaje. En su espalda cargaba a dos mujeres de rasgos latinos y embestidas con unas armaduras de acero y obsidiana que poseían un aspecto precolombino.

—Los dragones sudamericanos son distintos a los asiáticos, aunque ambas razas vienen de un mismo antepasado común, los rasgos que poseen se han diferenciaron tanto que no saben si ya clasificarlos como una especie aparte —Comento Augusto ante el mutismo del caballero de Sagitario. — . Bueno, amigo, ahora que tenemos casa llena te puedo dar la bienvenida a nuestro mundo.

El pelirrojo dejo de hablarle a un pasmado Seiya y saludo con énfasis a las bestias que surcaban con gracia el cielo, haciendo que los dos dragones chinos más pequeños le respondieran con intensas llamaras de incandescente fuego mientras que el dragón de plumas verdeazuladas lanzaba un canto que se asemejaba a la melodía de un sikus*

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Los paneles de cristal que formaban el muro volvieron a cerrarse tras Azrael. Una curiosidad de Acelot, era que la mayoría de los edificios no poseían puertas, ya que estaban hechos con una estructura inteligente que abría; literalmente, sus paredes para permitir el acceso de quien tenía autorización.

El Señor de Muerte y Locura había decidido desmontar y buscar a su hermano a pie, seguido de cerca por su inquietante corcel dentro de la instalación. El extremo blanco de la habitación le molestaba los ojos, nunca le habían gustado las viviendas de su especie, pues estas se componían casi exclusivamente de largos pasillos y habitaciones claras donde no había ningún elemento o mueble que rompiera la perfecta blancura de los mismos, esto generaba un efecto óptico que hacía parecer que todo la habitación fuera un inmenso vacío donde sólo existía el blanco.

Azrael estaba seguro de que sí en ese lugar entrara una persona normal, se estaría chocando contra los muros todo el tiempo, pues se tenía que tener muy buen ojo para distinguir donde comenzaban los pasillos y terminaban las salas. Los inmortales no tenían tales problemas, la mayoría de ellos ni siquiera necesitaba los ojos para moverse ya que podían usar su cosmos para percibir con claridad el ambiente que les rodeaba*. Los muebles y demás objetos materiales habían sido dejados en el pasado, como los edificios angelicales eran inteligentes, estos construían al instante los elementos que su usuario necesitara y siguiendo los requisitos que este le expresaba.

Azrael dio un paso, haciendo que todo el edificio cambiara. Blancas paredes decoradas con un estilo clásico surgieron del suelo para delimitar la construcción, no sólo eso, unos pocos muebles de estilo victoriano, estatuas de mármol y cuadros clásicos emergieron con ellas para darla a toda la construcción la apariencia de una mansión humana. No obstante, el lugar que se formo ante sus ojos poseía una simetría y orden que le daba un aire por demás artificial.

—Gabriel.

Llamo Azrael. Sus palabras bastaron para que en la pared que se hallaba a su costado se abriera para darle paso a otra sala del complejo edificio. El ángel de la muerte entro sin miedo, dejando la falsa habitación victoria para pasar a un lugar que parecía haber sido sacado de un laboratorio de ciencia ficción. Una sucesión de inmensos tubos llenos de un denso líquido celeste se alzaban a ambos costados del camino y plagaban por completo la nueva locación, algunos de ellos contenían seres vivos, cientos de criaturas de las más diversas formas y tamaños que parecían estar en una especie de suspensión. Efectivamente, era un laboratorio gigante, el lugar donde el mismo Gabriel creaba a toda la flora y fauna que habitaba las tierras de los inmortales… El lugar de donde habían salido los colosos de roca que habitaban los desiertos del olvido, las matriarcas que surcaban los cielos angélicas y miles de otras criaturas creadas por los inmortales… También, en donde él había dado vida a uno de los "sistemas de seguridad" de su mansión.

—Curiosa vista.

Una voz femenina le hablo, giro hacia atrás, viendo como de entre los tubos salía una mujer madura de negros cabellos y piel canela.

—Dichosos sea el gran constructor, por fin regresas tras el inmenso susto que nos diste, esas no son formas Azrael.

Superando con creces la altura de una persona normal, pero manteniendo la exacta armonía de las proporciones humanas. La gran mujer camino hasta estar frente a Azrael, le sacaba más de medio metro de alta, vestía un traje de sastre color beige que hacia juego con la blusa rosa que traía debajo, todo el conjunto le daban el aspecto de más de una mujer empresarial que la de un ángel celestial. Azrael no le sorprendió, desde que los inmortales habían estado en tan íntimo contacto con la tierra, la mayoría había adoptado apariencia humana para su día a día, así se ahorraban el tiempo de tener que andar cambiando de forma si iban a la Tierra… En este caso, él ángel sólo debía hacer un pequeño ajuste de tamaño.

—Por cierto, muchas felicidades.

— ¿Felicidades? —Pregunto con un ligero atisbo de sorpresa.

—Por tu nuevo campeón, muchos están deseosos de conocerlo—Le contesto su acompañante. —. Miguel me hablado de él, dice que es un cachorro de demonio precioso, Desolación ha de ser muy eficiente para la lucha y será excelente para guiar tropas en combate cuando su naturaleza se funda con el alma humana que ahora porta para ser un inmortal completo. Personalmente, ya era hora de que le dieras un compañero al solitario Abadon, y al ser del lado demoniaco, ya tienes dos muy buenas piezas para moverte por la eternidad cubriendo el cielo y el infierno por igual…Una buena jugada.

—Shun no es una jugada. —Contesto secamente Azrael. —. Hice lo que creí mejor, Raguel.

El relojero cósmico le sonrió a la tercera palabra del nombre prohibido de Dios, Raguel era uno de los principales miembros del concejo, creador de las cordilleras montañosas que adornaban la selva primigenia, constructor de los muros de Acelot y uno de los principales arquitectos de las tierras inmortales, el ángel de la Sublime Estructuración.

—Eres demasiado liberal con tus protegidos, prácticamente has dejado de Abadon se desenvuelva como se le da la gana con tus legiones durante toda esta eternidad, por lo menos, le hubieras dejado la indicación de que siguiera las ordenes de Jopiel o Uriel.

—Confió en Abadon, su criterio es más que suficiente como para saber a quién debe escuchar.

El tono cortante y agresivo de Azrael, al instante le recordaron al otro Ángel lo poco tolerante que se volvía el Serafín cuando alguien se atrevía a cuestionar el trato que este tenia para con sus protegidos.

—Era una sugerencia —Le respondió, en tono conciliador. — Cuando supe que decidiste expandir tu familia, pensé en crear un regalo para la nueva cría que has adoptado.

— ¿Un regalo para Shun? —Pregunto el Ángel de la muerte con recelo.

Ciertamente, Raguel era uno de los pocos inmortales que lograba mantener un trato cordial con el ángel de la Muerte, el Serafín era un conocido indispensable para todo aquel que quisiera conseguí los más diversos materiales que se encuentran por la existencia, ya que Azrael fácilmente podía traer lo que pidieses desde los rincones más lejanos del universo. Raguel, en cambio, era un excelente armero y constructor que podía hacer maravillas con lo que la Muerte le daba, fue una relación de beneficio mutuo que con el tiempo había llegado a estrechar sus lazos… Hasta el fatídico día que el tercer Señor renegó de la eternidad. Para su sorpresa, Raguel descubrió Azrael aun deseaba seguir negociando con él tras todo lo que había pasado, no obstante, su relación se volvió estrictamente profesional. Pero, el ángel de la sublimé estructuración no perdía oportunidad de darle algo más al Serafín, era la única forma que tenia de mostrarle su arrepentimiento por aquel triste hecho del pasado.

—Sí, velo como una muestra de aprecio por lo el ultimo cargamento que me has traído.

—No lo veo necesario—Azrael paso por al lado de Raguel seguido de Agonía

—Entonces, velo como un regalo para el joven demonio, una posibilidad de aumentar sus chances de supervivencia frente a los siervos de su infernal majestad y la batalla que le aguarda.

Aquellas palabras bastaron para que Azrael se detuviera, e hicieron Agonía volteara la cabeza para clavar sus ojos rojos sobre Raguel. Bien, el arquitecto de los ángeles supo que ya tenía la completa atención del Serafín.

— ¿Qué sabes?

Pregunto secamente el ángel de la muerte.

—Lo que todos —Le respondió Ángel de la Sublime Estructuración. — . Tras la orden que salió del consejo, se nos prohibió intervenir en el mundo humano, por lo que la gran mayoría de nosotros ya sospecha que Lucifer a de haber puesto sus ojos sobre la Tierra… Tras la abertura de las puertas del tártaro, la gran mayoría ya dio por perdido aquel mundo.

—Es mi mundo.

Le contesto Azrael.

—Pero las reglas no te permiten defenderlo como se debe y…

Las palabras del ángel murieron en su boca cuando vio la siniestra sonrisa que cubría el rostro de la muerte, inmediatamente se percato de que Azrael ya tenía planeada una forma para doblegar las inquebrantables leyes de los inmortales, otra vez.

—Es mi mundo, si mi hermano quiere devorarlo… Entonces tendrá que enfrentarse a la misma bestia que antes lucho a su lado. —Le contesto "cordialmente" la muerte, volteando completamente su cuerpo para clavar sus ojos rojos sobre Raguel. —Esta vez, no voy a perder.

— ¿En que estas pensando?

—En libertad, Raguel, en la más pura y desquiciada libertad.

El otro ángel se estremeció ante el siniestro e inquietante brillo que cubría los ojos de la Muerte y Locura, por unos segundos, volvió a recordar ante quien se encontraba… No importaba los eones que pasaran, o el tiempo Azrael conviviera con los mortales, el seguía siendo una de las bestias más temibles de la creación. Muerte, Locura y Agonía, una infame poesía viva, la aberrante criatura a la que nadie quiere tener como enemigo, un cruel y despiadado Dios que no había dudado a la hora de arrojar universos al olvido.

—Le llevaré tu regalo a Shun, por lo que vendré a buscarlo más tarde—Le contesto Azrael para cambiar de tema. —, pero te aconsejo que dejes de gastar tus recursos y tiempo en intentar encontrar a tu viejo amigo en mi.

Sin más se dio vuelta para seguir su camino, pasando entre los cientos de tubos azules que contenían las "muestras" que su hermanó la Vida y el Orden coleccionaba, sabiendo muy bien que entre todos estos habría uno que otro espécimen humano. Raguel lo contemplo marchar, y sin más cerró los ojos para trasmitir una orden hacia todos los ángeles y maquinarias del lugar… Era hora de evacuar.

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Las paredes blancas se abrieron frente al ángel de la muerte, dejando que Azrael entrara a un domo en cuya superficie se proyectaba un cielo falso mientras que en la extensa planicie que representaba su suelo crecían altos y artificiales pastizales de amarillento color. En el medio de aquel lugar se hallaba parada una hermosa mujer, su rostro parecía ser el fino retrato de la belleza humana, con una piel clara y ligeramente sonrosada, su cabellera enrulada y roja como el fuego era el perfecto marco para la etérea mirada que se posaba sobre unos ojos verdes como la esmeralda. Se Vestía con una túnica clara de hilos dorados que cubría los atributos de su perfecto cuerpo con el pudor de las épocas de antaño…Más que una mujer viva, parecía ser la recreación de la estatua de Pigmalión*, la más completa evocación de todos los ideales de belleza y feminidad que poseía el ser humano volcados en un cuerpo de expresiones tan frías como el toque de su Mortal hermano.

—El hijo prodigoregresa a su hogar.

Le dijo al recién llegado.

—El hijo prodigo ha venido a negociar, Gabriel*… A nada más. —Contesto Azrael.

Los ojos de la mujer se clavaron sobre su hermano menor, era la segunda palabra del nombre prohibido de Dios, regente de los cielos, Gabriel era el ángel de la vida y el orden.

—Más bien, has venido por información… ¿No es así, hermano?

La muerte enfrento con su mirada los verdes ojos de la vida.

—Entonces, no perdamos tiempo. Gabriel, sabes lo que quiero saber y sabes lo que tengo para ofrecer… Así como sabes que si no me das lo que busco, me presentare ante el concejo y ganare.

—Tienes surte de que los primigenios sean poseedores de los secretos prohibidos para nuestra especie, y la gracia de de poder obviar tu instinto de supervivencia para cometer la insana estupidez de enfrentarte a uno de esos asquerosos innombrables.

—Nunca te importo el costo, siempre que gane la batalla —Le contesto Azrael. —Tampoco los métodos que uso, si eso benefician a nuestra especie. Hasta tú reconoces, que el valor de uno de esos soles de magia blasfema es suficiente para comprar tu información, sangre para conseguirlo y sabes que puedo traerlo… Pero no te lo daré hasta que me digas todo lo que deseo.

—Estas fastidiando a una de las pocas criaturas que pueden enfrentarnos y caminando por el filo de unos poderes que no puedes comprender… Todo, por un algo que nunca vas a tener. *Siendo uno de los máximos exponentes de nuestra raza has renegado de nosotros, blasfemado contra nuestra naturaleza e ignorado las leyes que he dictado.

Gabriel desvió su atención de su hermano y contemplo el pastizal que le rodeaba, de entre las yerbas salto una pequeña criatura, un extraño animal que parecía ser la mescla entre ciervo y antílope, cuadrúpedo con una figura en extremo estilizada y con frágiles pesuñas de obsidiana. El animal no poseía pelaje, sino un suave manto plumoso como el de los pichones que variaba del blanco al gris a lo largo de todo su cuerpo y que tenía la particularidad de volverse una esponjosa melena blanca situada sobre su cola de gato. Con saltos alegres, la grácil criatura paso por al lado de Gabriel para con curiosidad acercarse a Azrael, no obstante, se detuvo a medio camino y con verdadero horror volvió saltando a esconderse tras la espalda el serafín mayor.

—No deberías asustarte —Comento él ángel de la vida con un cierto deje de decepción. —, no nos eres útil si no eres capaz de tolerar a nuestros hermanos de naturalezas más inquietantes.

Comento al tiempo que extendió la mano hacia la frágil criatura, que como un cervatillo, se acerco sin miedo hacia la mano extendida del Ángel de la Vida y el Orden, acariciando con su cabeza aquella suave extremidad femenina. Gabriel inmediatamente cerro su mano sobre el cráneo del animal, el delicado ser cayó presa del miedo, pateando y sacudiendo su cuerpo como todo un enajenado en un desesperado intento de librarse de aquel doloroso agarre. Pero el Ángel de la Vida no se inmutó, sin la más mínima expresión en su rostro aumento la presión, la criatura lanzo un chillido atroz mientras la piel y plumas de su cuerpo comenzaban a caer, todo su cuerpo comenzó a desintegrarse, derretirse y caer a pedazos sobre el suelo mientras su boca abierta sólo era capaz de emitir insufribles chillidos de Agonía.

Azrael contemplo el espectáculo sin mostrar gesto alguno, aquella actitud era normal por parte de su hermano mayor. No existía nada más cruel y necesario que la selección natural, Gabriel creaba vida, pero sí esta no era capaz de servir al propósito para el que él la había creado o habitar en el ambiente para el que fue creada, el mismo Ángel la devolvía a su material original… En un proceso en extremo doloroso, pero el sufrimiento siempre le fue indiferente a Gabriel.

*"Hay razones para creer que gracias a la vacuna, miles de débiles han sobrevivido a la varicela, y de esta forma, los débiles de la sociedad multiplican su descendencia…Nadie que haya observado la reproducción de animales domésticos, negara que este proceso es altamente nocivo para la raza del hombre…"

Repitió en un susurro Azrael, teniendo patente en la memoria la frase del reconocido Naturalista Ingles. Ciertamente, Gabriel era viva imagen de lo cruel que podría ser la madre naturaleza a la hora de aplicar su criterio de selección natural y decidir parir criaturas condenadas al sufrimiento..

—Tu sentimentalismo también podría ser un terrible fallo en tu diseño, hermano —Comento Gabriel para atraer su atención al presente. —. Pero, tienes la suerte de que es una desviación tolerable y hasta beneficiosa… Cuando no la usas en nuestra contra.

Tras sus palabras, dejo que la osamenta de lo que antes había sido una grácil criatura cayera al suelo.

—Hay cosas que no se pueden perdonar, hermano.

—Le das tanto valor a conceptos tan vánales, el perdón es irrelevante—Le respondió con su delicada voz Gabriel. —. Fueron vidas mortales lo que Lucifer devoro ¿Pedir perdón por saciar su naturaleza? Nuestro hermano mayor sólo adelanto lo que tarde o temprano pasaría, los mortales del polvo nacen y al polvo regresan. Tú deseo de ir en contra de nuestras leyes, de tu propio deber y enfrentar a nuestro hermano mayor porque mato a unas desgraciadas criaturas debía ser controlado y manejado, hicimos lo mejor para…

— ¡Cállate! —Azrael paró en seco sus palabra y encendió su cosmos en una muestra de claro desprecio. —No, lo bueno que hicieron fue abrirme los ojos para no desear regresar jamás… Suficiente es que aun cumpla mi deber como defensor de estas tierras, su conquistador fue destruido con el mundo que Lucifer sumió en el olvidó. Recuérdalo, Gabriel.

—No puede matar a un Inmortal. Esa es la respuestas por las que has venido ante mí, hermanito. Las mismas cadenas del Tártaro te lo han dicho a ti y a tu cría… Silencio de la creación.

Aquella palabra pareció sumir a todo el lugar inquietante quietud, la yerba ya no se mecía al son de un viento ficticio, sino que parecían estar congeladas en el tiempo.

—Ves, es tu naturaleza. — Una sonrisa fría y cruel adorno el femenino rostro de porcelana de la Vida. —Si dejaras de ocultar tu verdadero rostro y te atrevieras a volver a contemplar la existencia con tus dos ojos, quizás podrías tener un mejor criterio de lo que pasa en realidad. Tú cría sólo escuchó el llamado de su naturaleza, el cambio para que el que estaba predestinado y que se dará mucho antes que lo esperado.

—Es demasiado joven— Replico Azrael—, sabes que normalmente deben pasar mil años o más.

—No, no se es demasiado joven para acepta su naturaleza. Recuerda que nosotros nacimos con ella, ella es nosotros y nosotros somos reflejo de su abstracta existencia. Ciertamente, no dejara de ser un cachorro, pero cuando su mente humana termine de ser asimilada por la esencia de la Desolación será lo que siempre debió ser y nunca pudo por sentirse incompleto… Una adaptación nueva, una evolución completa… Tu protegido será un inmortal aberrante, más fuerte que la primera y eficiente que la segunda, será una bestia de la creación casi tan temible como tú…

— ¿Eso es lo que realmente temes, no? —Siguió Gabriel—.Que se pierda en la eternidad y olvide toda aquella humanidad que ha hecho que te encariñes con él… No, es mi error, lo que realmente temes es que al igual que tú, él jamás pueda hallar su lugar en la eternidad. Bestia solitaria, perseguida y condenada a vagar por toda la eternidad sin poder tener jamás aquello que anhela, perdiendo una y otra vez a todo lo que ama.

— Silencio…

Fue la seca y cortante respuesta de Azrael, Gabriel pudo percibir el blanquecino cosmos de la Muerte extenderse por todo el lugar, congelando al instante todos los altos pastizales y haciendo fallar el sistema de proyección que le daba al domo su cielo azul… La oscuridad lo cubrió todo.

—Podrías dejar tus delirios y orgullo de lado—Continuo Gabriel. —. Arrodillarte y pedir perdón para volver a ocupar el puesto que te corresponde, hermanito… Podrías tener toda la gloria, la devoción y poder que corresponde a un verdadero Dios.

Escucho el metal de la armadura de su hermano tronar en la oscuridad ya alistándose para atacar. El ángel de la Vida no se inmuto, ni siquiera cuando cuatro inmensos ojos rojos se abrieron en la completa oscuridad, brillando con un color carmesí completamente antinatural, al contemplarlos supo que su hermano había adquirido su forma real.

—Nunca asumiré esa rendición.

La bifurcada y bestial voz hizo temblar toda la instalación, quebrando los cristales del muro exterior, e instalando la quietud y el miedo sobre toda entidad que se encontraba en Acelot… Por primera vez en eones, el cielo de la ciudad de los inmortales se oscureció bajo el yugo de unas inmensas nubes de tormenta que con una velocidad antinatural sellaron tras sí el firmamento.

—Soy el guardián de lo eterno que nunca llorará por no poder amar, fruto de esta maldición, soy miedo hecho carne y defenderé hasta el final aquel anhelo al que jamás he de llegar. —Pronuncio la bestia voz de la Muerte, con una convicción que helaba hasta al más fuerte corazón. — Respóndeme, cruel Vida ¿Cómo las cadenas del Tártaro capaz de conocer mi aciago nombre? ¿Qué significa esto?

Gabriel rio levemente, una risa cristalina, tan bella y delicada que fácilmente podría embriagar los oídos de cualquier ser mortal, pero que no era capaz de ocultar su crueldad a los oídos de su inmortal hermano.

—Las cadenas por mero instinto ya sabe lo que eres, lo que tú demonio realmente es y su funesto destino—Le contesto Gabriel. —. Las cadenas del Tártaro fueron forjadas hace siglos en nuestro mundo, por lo que son capaces de creer su propia conciencia individual, pero ahora están conectadas a la Desolación y a su naturaleza. Ahora escuchan las voces de los infiernos, el abismo te está llamando, la clarividencia de los condenados te advierte lo que pasara.

—Sariel, veo los días que están por llegar, tu adorado mundo se destruirá hagas lo que hagas, será consumido por el Caos o su propio error. No habrá nada que puedas hacer, lloraras y sangraras por aquella mota de polvo que llamas Tierra, por todas las criaturas que quisiste proteger. Pero esta vez, cuando tu alma caiga en desdicha me asegurare que nadie vaya a rescatarte de tu error… No sabes el monstruo que tienes a tu lado, a la bestia que has protegido y amado, toda la creación te escuchara gemir de dolor cuando las gemas que tanto adoras sean las que escriban tu perdición.

Un rugido atroz hizo temblar todo el lugar, pero Gabriel se mantuvo indiferente ante aquellas fauces que con sólo abrirse estremecían las tierras inmortales, sin miedo ante la rabia que el cosmos de aberrante hermano no dejaba de destilar. Unas inmensas alas de metal y hielo se abrieron en su totalidad, destrozando el techo que los cubría, las fantásticas bestias que surcaban los cielos de Acelot chillaron de horror y todos los ángeles huyeron despavoridos ante un cosmos simplemente aterrador…. Solo uno de ellos permaneció firme y tranquilo en su posición.

Abadon contemplo como el edificio de la Vida y el Orden se venía abajo, destrozado por el leve movimiento de una inmensa cola de protegida con deformes placas plateadas. Las alas de obsidiana y hiel se dejaron ver imponentes entre los escombros que caían para de un solo aleteo alzar a una monstruosa e inmensa criatura hacia los cielos, draconiana bestia que apenas si fue visible por la velocidad de sus movimientos, destello negro que se perdió en la feroz tormenta eléctrica que castigaba los cielos…

—Soy guardián de Acelot, no de tu residencia personal… Soy dueño de mi destino y del sufrimiento heredado por las decisiones que he de tomar.

La bifurcada y draconiana voz resonó con prepotencia y seguridad por toda Acelot…

Un silencio seco se instalo entre los inmortales, solo el sonido de los furibundos rayos plagaba la ciudad. Entre las oscuras nubes de la inmensa tormenta, todos seres de ciudad eterna vieron brillar los enfermizos destellos verdes del regalo que la Muerte les había dejado. El trato pactado, uno de los objetos más raros de toda la existencia ahora se encontraba adornando la azulada bóveda de las tierras inmortales, un sol del mismo tamaño de la luna brillaba con una luz verde que trasmitía una sensación enfermiza y siniestra, una estrella blasfema que era visible a través de los oscuros cielos de una tormenta.

Abadon la vio con total sorpresa, un astro artificial, creado por aquellos seres aberrantes seres que habitaban las pesadillas de la creación ¿Cómo era que Azrael se había atrevido a enfrentarle solo? Se dio cuenta de que no todas las cicatrices que marcaban e cuerpo de su Señor eran por obra de sus hermanos.

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Extraño, no, lo siguiente…

Pensó Seiya ante todo lo que estaba ocurriendo, habían pasado unos pocos minutos desde que todos los grupos se habían presentado y ahora se encontraban la gran mayoría de los sicarios ubicados en el gran recibidor de la mansión, como si esperaran algo. Los dragones habían adquirido forma humana para poder entrar en la mansión, a excepción de la Dragona más pequeña y aquel que Dragón sudamericano al que llamaban Jade, que prefirieron seguir jugando en el cielo Ruso. Los dos hombre lobos, por su parte, seguían manteniendo su forma bestial, ambas criaturas hacharon en el fresco suelo como dos inmensos perros a dialogar sobre la cantidad de presas cercanas y armas pesadas. La extraña criatura, que Augusto había llamado un Sirin, con cuerpo de pájaro y rostro de mujer se había posado como una inmensa ave de presa sobre la lámpara de araña que decoraba el techo, observando con mucha curiosidad todo lo que ocurría bajo ella, moviendo cada tanto su cabeza uno trescientos sesenta grados como si fuera una lechuza, haciendo que Seiya se sintiera incomoda cada que rotaba su cabeza por completo hacia atrás para clavar sus ojos celestes sobre él.

Enki se había llevado a la mujer que ataco a Hyoga y acompañado de Santillán fueron al comedor a buscar una tal Teresa. Las mujeres con tribales armadura de acero y obsidiana se habían sentado en el sillón circular central, acompañando a las trillizas rubias que antes había conocido y que le miraba de una forma… Un tanto inquietante. Cubiertas con brillantes vestidos carmesís que no dejaban nada a la imaginación y con un escote en v que casi les llegaba hasta el vientre, sus ojos celestes no dejaban de mirarle con deseo mientras que cada tanto le sonreían con coquetería. El caballero de Sagitario se puso rojo como un tomate, algo que pareció por fin sacarle una media sonrisa a un ruso que sólo pudo negar para sus adentros, Miho, Saori, Sheena y ahora está tres rubias de muy buen ver, no entendía como Seiya podía tener semejante levanté con las mujeres.

No obstante, la actitud de las tres vampiresas no paso desapercibida por el joven demonio que bajaba las escaleras al lado de su hermano. Shun uso su impresionante velocidad para dejar a Ikki atrás, en un parpadeó apareció frente al blanco sillón circular, con sus ojos rojos como la sangre y aquellas felinas pupilas clavadas sobre las tres mujeres, un gruñido inquietante y gutural emergió de su garganta haciendo que las tres rubias borraron la sonrisas de sus rostros. Paso lo contrario con las dos guerreras latinoamericanas, ya que parecieron disfrutar aquella muestra de agresividad por parte del demonio hacia el trió de rubias. Las demás criaturas presentes también parecieron concentrar su atención en lo que ocurría entorno al sillón.

— ¿Conocidos? —Pregunto una de las guerreras de armadura de obsidiana y piel morena.

—Sí, y muy cercanos. —Pronuncio Shun, lo bastante alto como para asegurarse de que todos los demás miembros de la mansión escucharán.

—Lo tendremos en cuenta, Tártaro.

Le contesto la mayor de las trillizas en un tono cordial y con el rostro de quien no rompe un plato.

—Seguro que lo tendrás.

Confirmo Shun al tiempo que le sonría ampliamente, mostrándole los afilados colmillos demoniacos que poseía. El joven demonio se habia vestido con una de sus clasicas remeras negras para tapar las placas de metal que cubrian su espalda, asi como se habai sacado todo los vendaje del cuello y la cabeza pese a las criticas de Iris, prefiriendo esconder quellos cortes secos bajo sus verdes cabellos... Shun no dejaba de ser un demonio, por lo que su instinto le insitaba a mantener la guardia en alto, pues es bien sabido que no era buena idea mostrarse herido o debil frente a otros depredadores, por más que fueran sus compañeros, el demonio de cabellos esmeraldas no confiaba mucho en las criaturas que habitaban la mansion.

—Bien, tenemos otra escena para la National mythologic*, hoy tenemos otra increíble demostración del comportamiento demoniaco.

Comento el Pelirrojo que seguía al lado de los caballeros. Augusto había pensado en traer a los cachorros, pero viendo la actual situación de la mansión creyó que lo mejor era quedarse con los antiguos compañeros de Shun por si a alguno de los otros sicarios se le "antojaba" un poco de carne humana.

— ¿Qué? —Preguntó Seiya.

—Este no es tu mundo caballero, aquí no todos son humanos —Le respondió Augusto. —Los demonios, lycans, dragones y demás tienen su propio sistema de comunicación. Podemos ver otra delicada interacción entre distintas especies en esta escena, las venus—Dijo al tiempo que señalaba a las tres rubias. —, no les estaban mirando con cariño, sino con hambre. Son tres soberbios ejemplares de vampiresas, que intentaban atraerles tal y como hacen con sus presas habituales. Pero, nuestro joven demonio; al cual llamaremos Shun, acaba de marcar su territorio y dominio sobre las factibles presas con un inquietante gruido y mostrándole los dientes con fiereza.

Dijo el pelirrojo, poniendo un rostro serio e imitando el tono que tendría el narrador de un documental.

— ¿Factibles presas? —Pregunto el caballero de Acuario, a quien no le había parecido para nada graciosa la interpretación de Augusto.

—Bienvenido al fondo de la cadena alimenticia—Le respondió con una amplia sonrisa Hernández. —. Hyoga, aquí todos somos carne y Shun es un modelo depredador de lujo… Lo cual es bueno, ya que está de nuestro lado.*

Aquellas palabras le sacaron un escalofrió a Seiya ¿Acaso era normal que en la mansión se comieran humanos? En ese momento, la mujer con cuerpo de ave voleo su cabeza unos trescientos sesenta grados para volver a sonreírle. Abrió sus alas y planeo hasta aterrizar frente a los dos caballeros que inmediatamente se pusieron en guardia.

—Tranquilos—Dijo rápidamente Augusto. —, Anya es una Sirin, si bien es pariente de las sirenas griegas no tiene particular gusto por la carne humana.

—Obvio que no —Comento la rubia con torso de mujer y resto de cuerpo aviar— ¿Por qué comería carne humana si las vacas y ciervos son más deliciosos? Históricamente, las sirenas que habitaban el Mar Egeo y Mar Jónico comían seres humanos cada tanto para variar su dieta que solía consistir en puro pescado. Nosotros, los Sirin, al ser terrestres tenemos una gran variedad de presas como para andar cazando unas a los humanos que están tan pocos dotados de nutrientes y buenas grasas… Más ahora que comen pura comida rápida.

El bello rostro femenino se deformo en una mueca de asco, ante el solo pensar en tener que comer a un humano grasoso.

—Somos una especie muy inteligente, amantes del canto y las bellas artes. Nuestra voz es un arma mortal, pero cuando no usaos para cazar o defendernos, la empleamos como un medio de llevar alegría y felicidad a todas las criaturas vivas que nos rodean. —les dijo Anya, con marcado orgullo y felicidad. —Somos guardianas de los arboles más ancianos del bosque y protegemos con ferocidad aquellos que consideramos valioso. Pero, siempre desee ver a uno de los famosos caballeros de Atenea, mi madre me solía contar historias sobre ellos y de las guerras santas en las que luchaban…

Los caballeros había escuchado las palabras de la joven criatura mítica, no obstante, el castaño no podía dejar de observar cierta particularidad de la misma.

—Oye… ¿Siempre andas mostrando los pechos? —Dijo al tiempo que Señalaba su pecho desnudo.

Seiya pregunto más por curiosidad que por otra cosa. No obstante, la joven Sirin inmediatamente se puso roja como un tomate y alzo una de sus enormes alas para conectarle un golpe en todo el rostro a un sorprendido caballero de Sagitario, que con la guardia baja ni atino a defenderse. Seiya cayó de cara al suelo, para inmediatamente llevar la mano hacia su mejilla enrojecida por el brutal golpe.

— ¡Pervertido!

Exclamó con rabia la sirin que sin darles tiempo a replicar se dio vuelta y alzo vuelo, escapando hacia el segundo piso… Todos los sicarios presentes voltearon a ver a los caballeros con cara de muy pocos amigos, en especial el inmenso hombre lobo de pelaje marrón cobrizo que no dudo en lanzarle un violento gruñido.

— ¡Lo siento Anya, es la primera vez que conoce a uno de tu especie!

Grito Augusto en un vano intento de arreglar las cosas, pero la Sirin ya se había ido. Shun percibió el cambio de ambiente y rápidamente tomo la mano de su hermano para hacerlos cruzar con paso rápido el recibidor hasta donde se estaba levantando Seiya.

—Nos vamos para la cabaña, ahora.

Susurro apenas llegar con sus compañeros. Con la cabeza media gacha y el cuerpo tenso, el joven demonio soltó a Ikki y tomo rápidamente a Seiya para prácticamente arrastrarlo fuera de la mansión. Augusto le ínsito a los otros dos caballeros a seguirlos ya luego tendrían tiempo de disculparse con Anya, por ahora lo mejor era que los caballeros estuvieran (como los turistas) lejos de las criaturas que no conocían y de aquellos sicarios que te cobraban sus ofensas con la vida. Shun soltó a Seiya en el patio y suspiro con frustración, con lo que odiaba a Lamia, ahora tendrían que ir más tarde él y Seiya con la cola entre las patas a disculparse con Sirin ante todo su grupo, pues no podía obviar el hecho de que Seiya y sus hermanos más invitados suyos que de Azrael y no tampoco podía darse el lujo de crear asperezas entre uno de sus Hermanos y los Bad Blood… El grupo de exterminio de Azrael.

Continuara…

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Nos esperan lindos problemas hogareños y planes suicidas en los proximos caps :v

El grupo Bad Blood es grupo de exterminio o limpieza. Básicamente, son el grupo que cumple la misión sin preguntas y que realmente no tiene moral a la matar, por eso son el grupo de exterminio, ya que no dudan en mancharse las manos con la sangre de quien sea y hacer desaparecer especies o ciudades enteras sean adultos guerreros, niños, crías, santos u demonios… Son a quien Azrael asigna las misiones que otros grupos con miembros de ciertos ideales (como Shun) no podrían o querrían hacer.

Traigan la Info.

*El siku es un instrumento musical formado generalmente por dos hileras de tubos de caña de diferentes longitudes: el arca, normalmente de siete tubos, y el ira, normalmente de 6, aunque según el tipo de sikus estas cantidades pueden variar notoriamente. Es de origen altiplánico preincaico.

Si queire saber como suena busquen en you tube Leo Rojas Der einsame en facebook subire pronto su ilistracion

* Curiosamente, Shaka de Virgo y otros santos de su estirpe que viven con los ojos eternamente cerrados también podrían andar fácilmente por los pasillos angelicales. Ya que utilizan el miso método de "visión cósmica". Siendo sincera, esa fue la única respuesta que hayo para que el santo de los eternos ojos cerrados ( in usar sonidos ni ninguno de sus otros sentidos) pudiera moverse por el santuario tan tranquilamente y sin estar dándose de a madrazos contra los muros. Podríamos decir que el cosmos puede usarse para una especie de percepción especial si sabes manejarlo.

*Pigmalion fue un importante rey de Chipre, además de sabio y bondadoso, Pigmalion era un gran escultor, gastaba gran parte de su tiempo en crear hermosas esculturas y a menudo se quedaba hasta tarde trabajando en ellas, lo cual inquietaba a sus súbditos quienes veían como a menudo su rey gastaba su tiempo libre en sus obra sin encontrar tiempo para buscar esposa y así poder traer descendientes.

Un día Pigmalion se decidió a crear la más hermosa de sus obras, una mujer ideal, cuya belleza fuera inigualable, pasó día y noche trabajando en su obra hasta que por fin la termino, hizo una doncella tan hermosa que casi llego a enamorarse de ella, la vistió con las mejores ropas y la adornó con hermosas joyas, iba todas las noches a visitarla imaginando como seria aquella joven si viviera, tanto se obsesiono por ella que incluso la puso un nombre, la llamó Galatea.

Al cabo de un tiempo, Pigmalion asistió a una fiesta en honor de Afrodita, se encontraba pensando en Galatea cuando de pronto delante de todos se puso a rezar a la estatua de Afrodita suplicándole para que diera vida a su Galatea. Afrodita cumplió su deseo y cuando por fin Pigmalion regreso a su taller, la beso en los labios a su obra y al hacer esto no sintió el frio marfil, sino los cálidos labios de una mujer, sorprendido quiso abrazarla y besarla de nuevo lleno de pasión y fue en este preciso instante cuando Galatea cobro vida, se volvió de carne y hueso y se enamoró perdidamente de su creador

*Los ángeles son asexuados porque en realidad pueden elegir tener el sexo que deseen cuando lo deseen, hasta ser hermafroditas o cosas por completo indefinidas. No obstante, a la hora de hablarle suele usar femeninos o masculinos a pleno gusto, Azrael siempre llama a Gabriel de manera contaría al sexo que adopta por el deseo de fastidiarle.

*Hay razones para creer que gracias a la vacuna, miles de débiles han sobrevivido a la varicela, y de esta forma, los débiles de la sociedad multiplican su descendencia…Nadie que haya observado la reproducción de animales domésticos, negara que este proceso es altamente nocivo para la raza del hombre…" Esta frase que cita Azrael es del naturalista Charles Darwin, escrita en "El origen del hombre"… O sí, eso se llama racismo darwinismo científico y es muy patente en la actualidad.

* Siendo uno de los máximos exponentes de nuestra raza has renegado de nosotros, blasfemado contra nuestra naturaleza e ignorado las leyes que he dictado… Gabriel no va a olvidar lo que hizo Azrael en Dark´s melodys.

*Quien entiende la referencia de que todos somos carne… Es hora de aceptarlo :,v

* Mar Egeo y jónico, Mares de Grecia.