Día 29 ― Rehén
Adrien pudo vivir la experiencia propia de sentirse un rehén dentro de su propia casa. Cuando Sandboy atacó la ciudad y vio reflejado en vivo su mayor miedo se sintió casi asfixiado y aterrado. Incluso, el hecho de que no estuviera Plagg a su lado hizo replantearse cuan solo se sentía en esa gran casa.
Por lo que después de aquella ocasión, Adrien solía aceptar con un poco más de ganas los trabajos y estudios que su padre organizaba para él. Su idea era que siempre estuviera en constante actividad ―aunque a veces no le gustaba del todo―, y así era la mejor forma de no sentirse ofuscado dentro de la mansión, donde su padre ni siquiera le prestaba atención a la hora de cenar.
Adrien se sentó en su cama para apreciar nuevamente las fotos de su madre, con la intención de recordar aquellos momentos cálidos que su sonrisa o sus abrazos le daban.
―Plagg ¿Ya comiste?
El kwami estaba limpiándose los bigotes después de saborear su camembert.
―¿Quieres salir? ―le preguntó Plagg.
―Ya sabes cómo me siento en esta casa ―suspiró cabizbajo.
Plagg no dijo nada, nadie mejor que él conocía el corazón de su portador. Por eso, sin dudarlo más tiempo, dejó que el anillo lo absorbiera para darle la libertad al rubio de poder salir y gozar de esos minutos de paz.
Bebé Adrien merece mucho amor (L) y Plagg también :3
