Novela basada en One Piece, propiedad de Oda.

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27. Colérica.

Tras ese suceso, sentí como la sangre se acumulaba en mis mejillas. ¿A causa de la vergüenza de ser rechazada? ¿Por el coraje que me había producido su reacción? No lo tenía muy claro, pero, lo que sí sabía, es que si a partir de ahora, Trafalgar Law iba a tener que trabajar mucho si quería volver a obtener algo de mí. No pensaba volver a hacer el ridículo de una manera tan tonta.

Sin moverme de mi posición, no estando dispuesta a ceder un ápice, observé el horizonte, viendo cómo poco a poco el sol se iba escondiendo y la oscuridad comenzaba a rodearnos.

-¿Momonoske ya está en la cama? -preguntó el samurái, consiguiendo que saliera de mis pensamientos y centrara mi atención en la cubierta, percatándome de que Caesar permanecía desfallecido en el mismo lugar que ocupaba desde que había subido al barco, del mismo modo que los dos espadachines presentes enfundaban sus espadas… ¿Qué coño me había perdido?

-Está dándose un baño con Robin -aclaró Nami, provocando que el samurái, el esqueleto y el cocinero corrieran al interior del barco gritando cosas inentendibles, siendo seguidos por una rápida Nami con cara poco amigable.

-¡Andra! ¿Vienes a cenar? -preguntó Luffy agitando su mano desde una de las numerosas puertas del barco, recibiendo un ligero asentimiento de cabeza por mi parte.

Yo, sin mirar a Law, caminé con pasos largos hasta mi hermano y entramos a lo que supuse que era el comedor, sentándome en la silla contigua a la de Luffy, observado con mi rostro contraído la numerosa comida presente en aquella mesa.

-¿No te gusta? -preguntó de nuevo Luffy, provocando que yo le mirara rápidamente y le dedicara una diminuta sonrisa- La comida de Sanji es la mejor.

-Simplemente no tengo hambre, Luffy -sonreí, llevándome un vaso repleto de agua a los labios, intentando de esa manera que el nudo que tenía en la garganta me dejara al menos respirar. Sin embargo, la insistencia de la mirada de mi hermano sobre mí me arrancó un sonoro suspiro- No es nada, Luffy -murmuré cuando la puerta de la sala se abrió y comenzó a entrar el resto de la tripulación.

Yo me hundí en mi lugar cuando Law se sentó a mi lado y el resto de chavales comenzaron a comer sin preocupaciones, amenizando la cena con risas y conversaciones sin importancia. Me sentía en ese momento tan fuera de lugar…

Inspiré fuertemente, cabreándome aún más cuando el aroma de Law inundó mi cerebro, lo que provocó que de un fuerte golpe en la mesa retirara el taburete en el que estaba sentada y saliera echando humo por las orejas de aquel cuarto.

Una vez en la cubierta de nuevo, exhalé todo el aire que mantenía retenido en los pulmones, intentando de esa manera relajar mis hombros agarrotados por la rabia.

-Maldita sea -gruñí al no haber conseguido mi propósito, soltando una patada sin sentido al aire.

-Shuolololo -rio Caesar, consiguiendo que apretara mis dientes con tanta fuerza que pensé que se romperían- Parece que estás poco contenta, aunque no me extraña… Después del rechazo gratuito al que te has visto sometida… Yo también estaría furioso en tu lugar -se cachondeó el gaseoso, consiguiendo que me acercara a él a grandes zancadas.

Cuando estuve frente al hombre, coloqué mis manos en mis caderas y me incliné lo suficiente para poder colocar mis ojos a la altura de los suyos.

-Cierra tu sucia boca, porque si no fuera por mí, ahora estarías siendo devorado por peces en el fondo del océano que rodeaba tu asquerosa isla -susurré, viendo como sus ojos centelleaban con miedo, sin embargo, la sonrisa de sus labios se hizo aún más amplia.

-Si ese estirado rechaza a una mocosa como tú, no vengas a echarme a mí la culpa -rezongó Caesar, ampliando aún más, si eso es posible, su sonrisa, lo que consiguió que la poca tranquilidad que me quedaba en esos momentos desapareciera y lanzara mi puño directo a su rostro.

Ignorando los chillidos de cerdo que emitía el científico, descargué contra él toda la rabia que sentía en esos momentos.

Cuando el hombre dejó de cubrirse con los brazos y cayó desvanecido en la cubierta del barco, detuve mis golpes contra él y respiré entrecortadamente, sintiéndome mucho más tranquila.

-Bueno -suspiré, estirando mis brazos por encima de mi cabeza y estirando mis labios en una diminuta sonrisa, una vez quitado el estrés de encima… ¿qué podía hacer?

-¿Qué coño has hecho? -rugió Law, acercándose de dos largos pasos a mi posición y envolviendo una de mis muñecas con su gran mano para zarandearme sin cuidado, agarre del cual me libré en la primera oportunidad que encontré.

Sin siquiera mirarle, me acerqué a la borda del barco de pequeños saltitos y me acomodé en el suelo, clavando mis ojos en la tranquila superficie del mar, tal y como había sucedido esa tarde.

-Tu comportamiento de cría me está comenzando a sacar de mis casillas -rugió el pelinegro arrancándome una seca carcajada.

¿Mi comportamiento? Pues no había visto nada… Esto no era ni una diminuta muestra de lo caprichosa que podía llegar a ser, y le iba a hacer una pequeña demostración de ello.

Estirando mis labios en una sonrisa, carente de toda felicidad, dejé caer mis pies entre los huecos de la barandilla y balanceé mis pies ignorándole por completo cuando comenzó a reprocharme, otra vez, mi actitud.

Supongo que se percató de que estaba pasando completamente de él, pues después de varios minutos chistó su lengua y volvió a dejarme sola, tal y como estaba desde que habíamos desembarcado en la estúpida isla de Caesar…

Concluí que habían terminado de cenar, pues poco a poco, los nakamas de Luffy, y él mismo, salieron tiempo después de nuevo a la cubierta, provocando que yo rodara mis ojos…. Eran muy ruidosos, especialmente Chopper y el narizón, que no dejaban de hacer el gamba de un lado a otro con una extraña vestimenta. La misma que portaba Luffy, sin embargo, éste estaba sentado junto a mí sobre la barandilla, tranquilo de cojones para lo que solía ser él.

-Luffy, ¿me cuentas como los conociste? -pregunté alzando mi rostro hacia él, viendo como sus labios esbozaban una amplia sonrisa, haciendo referencia a su tripulación.

-Al primero que conocí fue a Zoro -comenzó a narrar él sin un solo segundo de titubeo, provocando que un extraño hormigueo comenzara a surgir en mi estómago. Mientras él seguía hablando, yo asentía de vez en cuando con mi cabeza, sin embargo, lo que menos estaba haciendo en esos momentos era escucharle.

Simplemente con saber que Luffy estaba a mi lado, mis problemas sentimentales desaparecían, eran opacados con su presencia y la positividad que transmitía a través de sus palabras, lo que me llevaba a preguntarme, ¿por qué le daba tanta importancia a mi situación con Law? Solo era un hombre, podía encontrar uno cuando y donde quisiera. Así que, tal y como me había propuesto, dejaría a un lado mis sentimientos por el pelinegro y me centraría en Luffy.

El tiempo en aquella cubierta pasó tranquilamente, aunque debo especificar que la tranquilidad mencionada apareció cuando la tripulación de mi hermano decidió que era hora de irse a dormir. Sin embargo, debo señalar que esa tranquilidad duró poco, pues el silencio que reinaba en la cubierta, en la que solo estábamos Caesar, Law y yo, fue roto prontamente por unas extrañas sombras que comenzaron a repartir a diestro y siniestro.

Yo, lo único que pude hacer fue esquivar los escasos ganchos que esas figuras lanzaban contra mí, hasta que todo volvió a estar en calma, sin embargo, algo estaba mal.

-¡Caesar! -gritó alguien, provocando que yo girara levemente mi rostro hacia el resto de la tripulación, sin embargo, todos ellos miraban hacia la misma dirección, el punto más alto del barco, donde el científico era retenido por una de esas cosas que nos habían atacado. Cuando Luffy se lanzó sin pensar hacia donde estaba Caesar, una nueva criatura le golpeó, provocando que el retrocediera los pasos que había recorrido para después frotar su mejilla, al mismo tiempo que la sangre huía de mi rostro. ¿Cómo era posible que le hubiera hecho daño?

Mientras todos permanecíamos expectantes, el barco comenzó a bambolearse de un lado a otro, por lo que me agarré fuertemente a la barandilla hasta que la situación volvió a calmarse. ¿Qué demonios era lo que estaba pasando?

-Me pregunto si estarán bien… -comentó con tranquilidad Nico Robin, consiguiendo que, con esas simples palabras, un extraño malestar se asentara en mi estómago- No por nada, los tres son usuarios…

-¿Quiénes? -me apresuré a preguntar, colocándome junto a ella en la barandilla contraria a la que me encontraba yo.

-Luffy, Chopper y Trafalgar -respondió ella clavando sus grandes ojos azules en mi rostro. Malditos idiotas… Siempre tomando decisiones estúpidas…

Con mis dientes fuertemente apretados caminé hasta el mástil del barco y me senté con las piernas cruzadas, deseando que Luffy estuviera bien. No tenía ni idea de qué había sucedido, pero ni ellos tres, ni Caesar estaban en el barco, por lo que supuse que el científico era el culpable de toda esta situación, lo que me llevó a desear partirle la cara aún más.

Ignoraba el tiempo que estuve con los dientes apretados, sin embargo, sabía que había sido un largo rato, pues mi mandíbula comenzaba a doler y los primeros rayos de sol comenzaban a cruzar el horizonte. Darme cuenta de esto, solo consiguió que mi angustia por saber si Luffy estaba bien aumentara.

Minutos más tarde, cuando llegué a la conclusión de que comerme la cabeza con preocupaciones no me iba a llevar a ningún lado y de que Luffy era lo suficientemente capaz de salir adelante por sí mismo, los nakamas de Luffy se reunieron de nuevo en la cubierta mirando por la borda.

Parecían bastante tranquilos, por lo que yo respiré profundamente, intentando relajarme, cosa que obviamente no conseguí, pues en mi cabeza, solo había un rostro. Un rostro que golpearía hasta el cansancio por todos los problemas que estaba causando.

Tal y como supuse, poco tardaron los tres en aparecer en la cubierta con Caesar siendo arrastrado por Law. Yo crují mis nudillos y me aproximé a estos dos últimos, intentando contenerme, intentando reprimir las ganas que tenía de destrozar a ese cabrón gaseoso, pero todos esos intentos fueron en vano.

Cerrando mi puño con toda la fuerza con la que era capaz, golpeé el rostro del científico lo suficientemente rápido como para que Law no pudiera intervenir. No conté las veces que le golpeé, pero podía decir que habían sido unas cuantas, pues cuando me detuve, mi respiración era bastante forzosa.

-¿Estás loca o qué te pasa? -chilló él malherido, arrancándome un gruñido rabioso.

-Deja de causarnos problemas, gilipollas -murmuré, dándole una última patada en el estómago, de regalo, por imbécil.

Ignorando los quejidos de Caesar, me giré rápidamente y volví hasta mi posición anterior, percatándome de que los ojos de más de uno de los nakamas de Luffy me miraban atemorizados.

-Es el periódico -comentó el esqueleto caminando hasta el papel que había dejado caer uno de los pájaros mensajeros, arrancándome una diminuta sonrisa. Así al menos, su atención estaría ajena a mi persona, cosa que agradecía enormemente.

Ante esto, todos los presentes se reunieron en torno al periódico y comenzaron a murmurar entre ellos. Yo simplemente miré por el rabillo del ojo el Den Den Mushi que descansaba a mi lado, el cual, pronto comenzó a sonar sobresaltándome, llamando la atención de todos los presentes.

-Soy yo, renuncié a los Shichibukai -pronunció una siniestra voz al otro lado de la línea, consiguiendo que todos y cada uno de los vellos de mi cuerpo se erizaran.

-Soy Monkey D. Luffy, el hombre que se convertirá en el próximo rey de los piratas -se apresuró a decir mi hermano, acercándose a Law y aproximando la mano de éste a su boca ignorando por completo los chillidos de su camarada el narizón- ¡Ey, Mingo! ¿Eres el jefe de ese idiota de Caesar que le hizo todas esas cosas a Chahige y los niños? ¡Te lo devolveremos porque lo prometimos, pero si lo vuelves a hacer, te patearé el trasero!

Ante sus palabras, yo solo pude rodar mis ojos ante la ingenuidad de la que era portador.

-Mugiwara no Luffy -pronunció con socarronería la voz, dándome muy mala espina- Han pasado dos años desde que murió tu hermano, y todo ese tiempo has estado desaparecido. Me pregunto qué has estado haciendo.

-No puedo decir nada de eso -se excusó Luffy, provocando que yo negara lentamente con mi cabeza. Era un bocazas…

-Deberías saber, que tengo algo que sé que desearás mucho -habló la voz, provocando que un mal presentimiento comenzara a surgir en mi pecho, sin embargo, como siempre, Luffy hizo una clara demostración de la ausencia de neuronas en su diminuto cerebro.

-¿Tan deliciosa es la carne de la que hablas? -preguntó Luffy emocionado con una expresión de loco psicópata mientras un hilillo de saliva descendía por la comisura de su boca.

-¡Mugiwara-ya, no caigas en su juego! -se apresuró a berrear Law, apartando a Luffy del Den Den Mushi. Pronto, mi hermano fue recogido por su nakama el narizón y comenzó a abofetearle, mientras mi atención seguía fija en el rostro sombrío de Law- ¡Joker! Deja de decir gilipolleces, tal y como prometimos, te devolveremos a Caesar…

-Por tu bien, deberías hacerlo -habló la siniestra voz a través del caracol- Si intentas huir después de llegar tan lejos, sabes muy bien lo que te pasará… Pero antes de todo, me gustaría comprobar que mi compañero de negocios está bien…

-¡Joker! -berreó Caesar aproximándose a la mano que Law había extendido la boquilla del bichillo- Siento que por mi culpa hayas abandonado los Shichibukai…

En el mismo momento en que el científico pronunció esas palabras, Law volvió a llevarse el aparatito a los labios.

-Ocho horas desde ahora en la isla solitaria del norte de Dressrosa, Green beat -habló el pelinegro con un gesto extremadamente serio en su rostro- Dejaremos a Caesar allí a las tres de la tarde.

-Me hubiera gustado beber contigo ahora que has crecido… -habló con un extraño tono la voz, justo antes de que Luffy llegara rápidamente al lado de Law y cortara la comunicación.

-Eso estuvo cerca… -habló mi hermano con el rostro hinchado y los ojos extrañamente transformados- He estado a punto de caer de nuevo…

-Espera… No hemos concretado los hombres que puede llevar -habló Sanji, dándole una nueva calada al cigarro que tenía entre los dedos- ¿Qué vamos a hacer si lleva a todos sus hombres?

-Eso no es problema, devolverle a Caesar solo es un señuelo -comentó con tranquilidad Law, y siguió hablando con los nakamas de Luffy mientras yo me acercaba a este último y agarraba suavemente su muñeca.

-Luffy -susurré llamando su atención, provocando que él pestañeara varias veces, lo que consiguió que sus ojos volvieran a la normalidad y me dedicara una amplia sonrisa- Tendrás cuidado, ¿verdad? No sé qué es lo que planea Law, pero supongo que no va a suceder nada bueno, así que ten cuidado, ¿vale? No soportaría que te pasara algo.

-Soy muy fuerte, el más fuerte -rio él, agarrando su bíceps mientras una amplísima sonrisa ocupaba sus labios- Por cierto, Torao, ¿tú has estado allí? -se volvió hacia Law, dejándome un amargo sabor de boca.

-No, es su país -gruñó Law, dejándome claro por su tono de voz que no estaba nada contento con la situación.

-Entonces ya pensaremos qué hacer cuando lleguemos -rio Luffy despreocupadamente, consiguiendo que mis labios se relajaran en una sonrisa involuntaria- ¡Aventura! ¡Aventura! Tengo ganas de ver Dressrosa, y también quiero ir a Wano… -canturreando, pasando por completo de la advertencia que le hizo Law, corriendo en dirección al comedor- ¡Sanji! ¿Qué hay de comer?

-Sándwiches -respondió el susodicho, siguiendo a Luffy del mismo modo que hicieron el resto de nakamas.

-¡No me gusta el pan! -gritó Law, provocando que yo le mirara con mis ojos sumamente abiertos antes de echarme a reír ante la expresión de su rostro. Al parecer, se había dejado envolver por la idiotez de Luffy, y ya se había dado cuenta.

Yo, sin dejar de reír, pasé junto a él y por un segundo, deseé que antes de comenzar a subir las escaleras me detuviera y me dijera algo, cualquier cosa, incluso podría reprocharme que me hubiera echado a reír por algo tan insignificante, pero nada de eso sucedió, por lo que continué hacia delante, dejando de reír, borrando la diminuta sonrisa que se había plasmado en mis labios, destruyendo paso a paso las esperanzas que había creado de que todo volviera a ser como cuando estábamos en el submarino.

Sin mirar a nadie, me senté junto a Luffy y agarré uno de los sándwiches para darle un diminuto mordisco, ignorando las quejas de mi hermano, pues al parecer, Sanji no iba a dejarle empezar a comer hasta que estuviéramos todos sentados, cosa que obviamente, yo me pasé por el sitio más sano.

A pesar de que los sándwiches estaban deliciosos, simplemente comí uno, pues el malestar que portaba en mi estómago desde la noche anterior me impedía disfrutar de nada. Sabía que mi actitud era irracional, y que Law tenía razón, me estaba comportando como una cría, pero ¿acaso él sabía lo que sus acciones provocaban en mí? No tenía claro si lo hacía intencionadamente, sin embargo, sabía que las cosas no eran así. Algo le sucedía conmigo, y todo había comenzado desde que se alió con Luffy, lo que me llevaba a la conclusión de que no era un problema conmigo, pero se sentía como si así fuera, y eso estaba provocando que la ¿relación? que teníamos antes se fuera a pique a pasos agigantados.

Cuando alcé los ojos de la superficie de la mesa, donde había mantenido mi atención durante todo el tiempo que llevaba hundida en mis pensamientos, me percaté de que el comedor estaba vacío salvo por Sanji, quien estaba fregando los platos sin despegar sus ojos de mi persona.

-No tienes muy buena cara, Andra-chan -comentó el con tranquilidad, recibiendo por mi parte una sonrisa carente de significado, únicamente esbozada para que no intentara seguir con la conversación.

-¡Veo la isla! -se oyó desde el exterior, provocando que Sanji dejara el último plato escurriendo junto al resto para salir a la cubierta. Cuando consideré que estaba preparada para afrontar lo que fuera a suceder en esa isla, salí del comedor comprobando que, a esas alturas, todos los nakamas de Luffy habían abandonado el barco.

-¿Dónde demonios están? Son esenciales para el plan -rugió Law mientras yo bajaba del barco de un salto y me colocaba junto a él.

-¡Entonces quién nos va a proteger a nosotros! -chilló Chopper, arrebatándome una diminuta sonrisa.

-Puedo quedarme yo -me ofrecí, provocando que el reno me mirara con sus ojos bañados en esperanza.

-Nosotros nos vamos ya -anunció Law, supongo que conforme con mi decisión pues no dijo nada en contra- Andando -zanjó, empujando a Caesar.

-Deberíamos pasar desapercibidos -anunció Robin con una sonrisa en sus labios- Estoy convencida de que no nos dejaran llegar a nuestro objetivo si nos descubren.

-Entonces disfracémonos -concluyó el narizón, consiguiendo que Robin, Law y él mismo volvieran al barco.

-¿Nosotros qué tenemos qué hacer? -pregunté mirando a Nami, quien miraba pensativa un papel blanco.

-Proteger el Sunny -sonrió la chica antes de guardarse el papel en el bolsillo trasero de su diminuto pantalón- ¿Quieres que te preste algo de ropa? -preguntó cuándo mis ojos miraron con envidia su femenino conjunto.

-No es necesario -respondí yo con una sonrisa similar a la suya, volviendo a subir al barco junto a ella, el niño samurái, el esqueleto y Chopper- La camiseta de Luffy me cubre lo necesario.

-¿Perdón? -preguntó la chica, arrancándome una seca carcajada de lo más profundo de mi pecho- ¿A qué te refieres con cubrir todo lo necesario?

-No me gusta enseñar las manchas que cubren mi piel -confesé, observando las marcas negras que adornaban mis brazos desnudos- Son muy útiles, pero son un tanto desagradables a la vista.

-Pues creo que eso es una chorrada -comentó la chica con tranquilidad, llevando sus ojos a la puerta del dormitorio de las mujeres, de donde salió Robin con unas gafas y un sombrero que ocultaba parte de su rostro.

Poco después apareció el narizón seguido por Law del dormitorio de los hombres. Mi vista simplemente se centró en el segundo, quien había cubierto su cuerpo con el abrigo que usó en Punk Hazard, sin embargo, bajo el abrigo se apreciaban sus perfectos tatuajes. Esto me llevó a mirar a Nami, quien observaba embelesada y con un ligero rubor en sus mejillas el pecho del pelinegro, provocando que mis dientes se apretaran fuertemente.

Cuando quise darme cuenta, en el barco solo quedaba el grupo de protección del Sunny, por lo que mientras los nakamas de mi hermano se dedicaban a poner en marcha el barco, yo caminé hasta la borda del barco y me agarré suavemente a la barandilla y observé la isla en la que se iba a decidir todo.

-¿Puedo echar una cabezada en vuestro dormitorio? -le pregunté a Nami cuando el barco estuvo lo suficientemente alejado de la costa y se sentaron los cuatro en el césped.

-Claro -respondió ella con una sonrisa.

Yo, sin pensarlo dos veces, me encaminé al cuarto que ocupaban ellas y me dejé caer en la cama, exhalando un leve gemido cuando mi cuerpo entró en contacto con la mullida superficie. ¿Cuánto tiempo hacía que no descansaba? O lo que es mejor, ¿cuánto tiempo hacía que no dormía en una cama tan cómoda como esta?


Bueno, nuevo capi subido.

Me alegra ver que esta historia cada vez llega a más gente :D Muchas gracias a todos y todas aquellas que dedicaís un ratito a leer y hacemos este grupo un poquito más grande cada día.

Sin nada más que decir, un besazo a todos.