Confianza


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El marionetista se pone serio, esta situación lo amerita. Las cosas podrían complicarse demasiado si sus sospechas se confirman, más aún si éstas resultan ser genuinas.

Se enfoca en perseguirles, pero no pasa mucho tiempo después de la partida de los dos sospechosos, antes de que ambos sintieran que algo está mal.

No puede dejar que le descubran. Así que opta por cambiar su estrategia, ya que el seguir persiguiéndolos a esta distancia es demasiado riesgoso a largo plazo. A partir de ahora, les rastreará manteniendo, lo que cree que son, poco menos de tres kilómetros de separación entre sí y sus sospechosos.

No obstante, a más minutos, horas, y días pasa siguiéndoles el rastro, menos entiende qué es lo que están haciendo. Nunca permanecen en el mismo sitio por mucho tiempo, aunque siempre dejen suficientes huellas para que les siga persiguiendo. ¿Estarán realmente cumpliendo algún tipo de misión?¿Saben que están siendo seguidos, y sólo están buscando despistarlo?

Por el momento, no se atreve a suponer nada, ya que las apuestas son demasiado altas. Si se confirma que sigue vivo, o si la información se escapa, pasaría de ser el perseguidor a ser el fugitivo más buscado; y por más facciones de las que podría mantenerse oculto. Si se da el caso, aprenderá en poco tiempo si sus convicciones actuales son lo suficientemente eternas para sobrevivir a la agonía.

Sin embargo, tarde o temprano, y por el motivo que sea, el par deberá regresar con sus superiores. En el mejor de los casos, sin saber que estarán condenándolos a todos. Al menos, eso es lo que venía suponiendo que ocurriría desde el principio, hasta que el rastro le guía hacia una vieja choza a las afueras de un pueblo pequeño, aún dentro de los territorios del país de Fuego.

En un primer momento, no se atreve a entrar. Este escenario tiene todo el aspecto de ser una trampa.

En vez de eso, decide rodear la humilde construcción, sin acercarse lo suficiente como para poder oír algo de lo que ocurre adentro. En vez de ello, opta por tomar posición sobre las ramas de un árbol relativamente cercano, a los alrededores del edificio desgarbado; no sin antes rodear el área con hilos de chakra, para mantener cierta presencia en los alrededores sin exponerse. Del mismo modo que una araña en su tela, si alguien sale o entra al edificio, él lo sabrá.

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En Konoha, un par de días más han pasado sin pena ni gloria. No obstante, las cosas cambian para Sakura durante el transcurso del de la fecha.

Había arribado al hospital en su horario matutino habitual, sólo para recibir, por parte de uno de sus colegas, una nota que le permitiría ausentarse durante su turno, y hasta nuevo aviso. Junto con esta nota, le había llegado un mensaje de la Hokage, indicándole que requería de su presencia tan pronto como fuera posible.

"Eso no puede ser bueno."

De repente, se teme que una mala noticia sobre Sasuke le espere en la oficina de su maestra, pero, por otro lado, quizá sea una chance de recuperarlo. Naruto aún no ha terminado su entrenamiento, así que dado el caso, esta vez tendrá que hacer las cosas por su cuenta.

Sin perder un segundo más de tiempo, consigue un reemplazo que cubra su puesto y se marcha de su sitio de trabajo para atender al llamado de su superior.

Cuando finalmente consigue arribar a la Torre, se abre paso a través de los peldaños de mármol de las escaleras, mientras el personal que transita en su interior le deja pasar por el angosto pasillo entre saludos. Al llegar a la oficina, en lo alto de la estructura, se encuentra con Sai y Tsunade en su interior.

—Buenos días, Sakura. Cierra la puerta, por favor—Habla la líder de la aldea desde su escritorio.

Sai, por su parte, observa a la recién llegada con su usual expresión sonriente, sin pronunciar palabra.

Sakura obedece la orden de su maestra. Frente al escritorio de ésta, los dos jóvenes se preparan para oír finalmente el motivo de la reunión.

—Sakura, Sai. Los reuní aquí para encargarles una misión que surgió hace poco. Debido a los eventos que han ocurrido recientemente con Akatsuki y Orochimaru, los considero el equipo adecuado para realizarla—Se pronuncia Tsunade, yendo al grano sin rodeos—.Verán, hemos recibido rumores inquietantes acerca de un nuevo y mortífero veneno haciendo estragos en el país del Río... Al principio, no le dimos importancia, pero con la nueva información al respecto que nos ha llegado, he tomado la decisión de que debemos actuar fuera de nuestro territorio.

— ¿Nueva información?—Pregunta intrigada la alumna, mirando a su compañero a su lado de manera discreta.

— ¿Qué encontraron?—Interroga Sai, sin denotar nada en su faz que respondiese al gesto cómplice de la rosada.

—Hemos sido contactados por un informante, que quiere mantenerse anónimo. Confiesa haber participado en la confección de un complejo veneno de particular letalidad—Prosigue con seriedad en la dura belleza de su aún joven rostro—. Además, dice que ciertos empleadores suyos están realizando pruebas con su creación en un pueblo que provee de maderas a la aldea de los Artesanos. Nos prometió información a cambio de que le protejamos en su viaje, y estadía, en una ocalidad fuera de las fronteras de nuestro país. Nuestra red de inteligencia dice que este sujeto es de fiar. Tengo pensado enviarle dos de mis mejores shinobis, porque necesita ayuda y cuidado sin llamar la atención del resto de posibles enemigos que quieran sabotear su investigación.

Ambos ninjas atienden, sin esbozar palabra ante lo que oyen. Uno impasible, y la otra con una expresión de ligera sorpresa, preguntándose internamente si no fue el propio Sai quien manipuló la situación bajo la mesa para que la Hokage y su Consejo de ancianos optasen por enviarlos a ellos dos a esta misión. Su intuición le dice que tiene que ser esto último.

—Necesitaremos un equipo especializado, pero que consiga ser discreto y preciso. Sakura, tus conocimientos médicos ayudarán a desarrollar la cura contra este veneno. Esa es la intención que nuestro informante declaró, y creo que tus habilidades médicas y de combate te hacen adecuada para esta misión. Por otra parte, la capacidad de combate contra múltiples oponentes, más el entrenamiento especializado de Sai serán de igual importancia para proteger a nuestro informante y a la información que nos conceda. Tenemos entendido que este contacto esperará por ustedes, a partir de mañana, en un pueblo cercano a nuestra aldea.

—Ya veo...—Responde la kunoichi, aún procesando lo que oye—. Sólo tenemos que escoltar a ese contacto, ¿Verdad?

—Escoltarlo, y asistirlo en la creación de la cura. Los objetivos en concreto son: encontrar a nuestro contacto, que lo reconocerán porque le hemos enviado nuestro símbolo de protección; escoltarlo al pueblo; asistirle en la investigación y creación del antídoto; y por último regresarlo con vida. Todo eso en la menor cantidad de tiempo posible, y, por sobre todas las cosas, sin revelar que nuestra aldea está involucrada en esta situación.

—Entendido—Acata Sakura, mientras Sai sólo se limita a asentir con un movimiento de su cabeza.

—Partirán mañana por la mañana. Tomen equipamiento, según sus criterios. La misión es por la seguridad de la aldea, por lo que no existirá un pago fijo sino hasta la evaluación final de los resultados. Una muestra del veneno, y del antídoto a desarrollar, es el principal beneficio que la aldea deberá sacar de esto.

—Con su permiso entonces, maestra. Será mejor que me prepare—Se inclina la kunoichi, en señal de respeto, para luego abandonar la habitación.

—Me retiro con la misma intención, Hokage-sama.

—Recibirán un pergamino esta noche con los detalles, más un mapa con las coordenadas exactas que nos proporcionó el contacto. Descansen, y que tengan suerte mañana en su misión.

Sai se acerca a Sakura una vez que terminan de dejar atrás la Torre del Hokage.

—Otros contactos fueron más certeros que los míos—Confiesa, admitiendo a la joven que no fueron sus datos los que dieron origen a esta misión—Pero no es problema. Enfocaré mi equipaje en armamento para la defensa. Permítete cargar equipo para asistir en la confección del antídoto, yo compensaré las herramientas que te falten.

—Entendido. Nos veremos en la mañana—Se despide sin otorgar demasiada trascendencia a la revelación, enfocando su mente en el equipo que debe cargar, y en encontrar gente que la pueda sustituir en el hospital por al menos un mes.

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Al día siguiente, ambos ninjas ya se encuentran posicionados en las enormes puertas de Konoha. Sai lleva consigo una mochila cargada, en su mayoría, de pergaminos. No se sabe cuántos de ellos portan armas físicas, y cuántos sean solo para rellenar con dibujos.

Sakura, por otro lado, lleva su equipo con ella, también dentro de una mochila, habiéndose cerciorado de que el peso no fuera un inconveniente que estorbase su movilidad. Su inventario consiste principalmente en víveres, equipo de medicina y, en una menor, pero no insuficiente medida: armamento.

— ¿Estás listo?—Pregunta estirando sus brazos y hombros, mientras aguarda por él.

—Listo—Asiente su compañero, sacando un mapa que recibió la noche anterior y ojeándolo en detalle—. Nos movemos hacia el norte, encontramos a nuestro contacto y luego seguimos camino.

Sin más contratiempos, el dúo comienza a moverse con velocidad para dejar finalmente atrás a su aldea de origen.

Esta es una misión inusual. El hecho de que ellos dos hayan sido los elegidos para realizarla, basta para hablar del nivel de confianza que sus superiores están depositando en sus habilidades, quizá por su desempeño, tanto en el rescate del Kazekage, como en su enfrentamiento con Orochimaru y compañía.

Sea cual sea el caso, no quita que este trabajo requiere de delicadeza y precisión. Según las características del supuesto veneno, esta podría ser la misión más importante de su carrera como kunoichi.

Sai había dicho que un veneno desconocido, en manos equivocadas, puede ser un arma devastador. Además, no es inteligente que un creador de venenos pruebe sus produtos en una población civil, dando a conocer de este modo la existencia de su arma.

Esto no es sólo una prueba del veneno, esto es un intento macabro de publicidad. Toda aldea, país u organización que tenga los medios para conocer los sucesos en el país del Río estaría interesado en adquirir ese veneno como arma. Así que sólo es cuestión de subastarlo entre los mejores oferentes.

Pero Konoha no negociaría con estos sujetos.

Si le hubiesen preguntado a Sakura el porqué de este hecho hace unos meses atrás, habría respondido que por honor. Hoy, una porción de su mente le dice que el verdadero motivo es mucho más práctico: gracias a este contacto, es posible conseguir el veneno, y la cura, sin pagar fortunas.

Escudándose de su propio cinismo, la joven se conforma con pensar que es mejor que esta arma esté con Konoha, y que la receta del antídoto esté en su mente, antes que dejársela a otra persona o aldea en la que no confía.

Con el transcurrir de las horas, el espacio que separa a ambos de su objetivo se hace poco a poco más corto. Siendo que el recorrido les llevaría al menos un día, y quizá un poco más, de viaje desde Konoha al punto de encuentro, es preferible aminorar los contratiempos lo máximo posible.

— ¿Cómo vamos, Sai?—Pregunta de repente Sakura, luego de horas y horas de haber viajado sobre los árboles sin mediar palabra, mirándolo con curiosidad mientras rodean un pueblo aledaño.

Ambos están tomándose en serio la tarea de evitar llamar la atención, o dar pista alguna de su presencia que pueda guiar a supuestos espías de otras aldeas u organizaciones, que podrían haber sido mandados, al igual que ellos, a recaudar información sobre el veneno.

—Acercándonos al objetivo—Responde el pálido, reduciendo la velocidad en su andar para recobrar un poco el aliento—. De por cierto, una vez que llevemos al contacto a su destino, la misión descansará más sobre tus manos que sobre las mías. No soy precisamente un químico para manejar el tema de los venenos, así que me dedicaré sólo a defender a nuestro contacto y a recaudar información útil para la misión. Aunque eso no quita que somos dos para defenderle contra un número indeterminado de asaltantes. Con algo de suerte, ese número será pequeño, pero por ahora no hay manera de saberlo.

La aprendiza de Tsunade asiente con la cabeza, alentando también su paso para ponerse a la altura de su camarada.

—Tengo que pedirte algo, Sakura—Vuelve a llamarla el moreno, con profesionalismo en su porte—.En esta misión, tus capacidades médicas y los conocimientos de nuestro contacto son nuestras posesiones más valiosas. Ni tú, ni él entrarán a ningún pueblo o edificio sin que yo lo observe y asegure antes. Sin mi aprobación, ustedes no se mueven. ¿De acuerdo?

Sakura vuelve a asentir sin objetar en lo más mínimo. En un principio no le agrada, pero puede entender el razonamiento.

Salto a salto continúan su camino. Las horas tempranas del día se habían consumido en su totalidad, dando paso a la tarde, y luego, al crepúsculo.

Avanzan incansablemente, midiendo a cuentagotas el tiempo perdido en descansos. La última pausa que hicieron, de sólo unos minutos, había sido hace unas horas atrás. Dicha pausa había consistido únicamente en comer algo y recuperar energías.

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Sasori permanece quieto en vigía, haciendo uso de toda su voluntad por seguir esperando alguna señal. Había llegado por la mañana y ahora, siendo de noche, sigue sin tener noticia alguna del dúo de ninjas, quienes aún no salen de su escondite. Además, para más calaña, no ha percibido ningún movimiento a través de su red de hilos en todo el tiempo que permaneció apostado allí.

Para cuando la monotonía de la situación finalmente cambia, siente a los dos sujetos salir del interior del depósito, en medio de la oscuridad de la noche. Ahora, éstos comienzan a alejarse con lentitud y actitud relajada.

El marionetista les sigue con la vista, escondido ahora entre la maleza circundante al edificio, aún sin atreverse a desplazarse de su actual posición.

Les seguiría una vez más. Al menos, ese es el plan, pero no quiere hacerlo sin antes ingresar al depósito, y averiguar por qué demonios le hicieron perder el tiempo quedándose allí dentro durante todo el día.

Estos sujetos siempre tuvieron los medios para procurarse un hospedaje decente, sin importar el pueblo en el que se encontrasen, así que éste no pudo haber sido utilizado como un sitio de descanso. Quizá es una base secreta de la organización, o una entrada a tal tipo de base.

Esa idea le alarma. ¿Qué pasa si ya contactaron con sus superiores? ¿Qué pasa si aquello con lo que se encuentre allí dentro es demasiado para él?

Prepara su armamento, y toma la precaución de mover su núcleo a uno de sus tobillos huecos, sólo para evitar que un ataque le alcanzase por error. Se pone de pie.

Es momento de averiguar qué es lo que le espera allí dentro. Después de todo, quizá la respuesta a todas sus dudas se encuentre allí.

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La noche comienza a caer sobre los dos miembros del equipo siete. Toman una nueva pausa para beber, y volver a llenar sus cantimploras en el arroyo más cercano. La deshidratación, en un día de viaje tan exigente como éste, puede ser más mortífera que cualquier arma.

Mientras tanto, observan el mapa una vez más, para interpretar su posición exacta y para repasar los datos de la misión. El contacto les había dado una lista de lugares en donde podrían encontrarle, y además, dijo que rotaría entre ellos cada amanecer. Esto les deja solamente unas horas para poder llegar a su meta a tiempo.

El escondite designado para esta noche es un depósito maderero, prácticamente abandonado en el extremo norte de un pueblo tan nuevo en sus orígenes, que carece de nombre.

Los dos jóvenes no pierden el tiempo, haciendo su último esfuerzo para conseguir llegar a la localidad antes de que la medianoche quedase atrás.

Una vez que por fin arriban al área lindante al objetivo, media hora antes de lo que tenían planeado, se deslizan, con sigilo y prisa, por los alrededores del pueblo. Para, de este modo, mantenerse alejados de cualquier carretera principal o sendero mínimamente concurrido.

No más de otra hora pasa, hasta que por fin alcanzan su objetivo. En medio de la oscuridad, atraviesan la maleza del bosque hasta que se topan con una valla de alambre, y unos metros más por delante de ésta, con una solitaria estructura techada en medio de un mar de pastizal silvestre. No demoran en deducir que se trata del depósito que tanto están buscando.

Saltan la valla sin hacer ruido y cautelosamente comienzan a atraviesar el prado que los separa de su destino. Sai, que va por delante de la rosada, la toma del brazo, cuando le pasa por el costado, para hacer que se detenga.

—Recuerda cómo hacemos las cosas desde ahora. Déjame investigar la zona y el edificio primero. Volveré en unos minutos—Susurra el ANBU de Raíz.

Su compañera asiente, y espera, escondida entre la vegetación, a una distancia prudente de la estructura.

Sai hace lo propio, alejándose de la kunoichi, y, tomando más distancia del edificio, despliega un pergamino. Luego de un par de sellos de manos, cinco arañas de tinta, casi invisibles en la lobreguez del ambiente, emergen del papel para explorar el área.

Sakura aguarda en silencio por unos quince minutos, antes de que Sai regresase a ella con su usual expresión, o falta de la misma, en el rostro.

—Todo parece en orden—Susurra, agachándose frente a su escondite.

— ¿No te parece un poco extraño que esté tan silencioso? Sé que el encuentro debería ser discreto, pero... ¿No debería haberse percatado ya de nuestra presencia? ¿O siquiera haber prendido alguna luz?—Señala incorporándose y sacudiéndose el polvo de la túnica negra que la cubre del frío, al observar que todo el interior del sitio parece estar en penumbras.

—No lo sé, pero el silencio nos sienta bien a todos. Él no quiere ser encontrado por nadie que no sea nosotros.

La respuesta no satisface del todo a Sakura, mas no objeta, confiando en el juicio de su compañero.

Sin perder la cautela, proceden a ingresar de una vez en el depósito. Sai abre la puerta con cuidado, mientras Sakura lo sigue detrás. No hay ninguna luz, ni señal de actividad en el interior.

Al momento de pasar a través del desgastado umbral de madera, la ninja siente un olor metálico en el aire, que no tarda en reconocer. Es sangre, pero Sai ya había hecho reconocimiento de la zona, así que no debería alarmarse.

El ANBU, adelantándose un par de pasos, le hace una seña a Sakura de que lo siga. Ella acata el silencio, confiando una vez más en los talentos de su compañero. Está tan oscuro y sucio allí dentro, que, a pesar de que el moreno está alumbrando su paso con una linterna, teme pisar algún tipo de trampa en el suelo, o cortarse con alguna de las viejas herramientas que se encuentran repartidas por todas las paredes y el suelo del lugar.

—Observa—Ordena Sai, en voz inusualmente alta, mientras apunta la luz del dispositivo hacia un bulto en el piso, que claramente es la fuente del hedor.

—No puede ser—Susurra atónita ante la imagen frente a sus ojos.

Ella se acerca a lo que obviamente es un cuerpo, y, con su chakra curativo concentrado en su palma, se agacha lo suficiente para revisarlo con más detalle. Es demasiado tarde, está muerto. No obstante, la ausencia de rigor mortis revela que su muerte ha sido relativamente reciente. Inspeccionando las ropas del frío cadáver, encuentra en sus bolsillos una moneda dañada en su borde.

Es el símbolo que Konoha otorga a los anónimos protegidos por la aldea, para que sólo sean reconocidos por sus protectores.

—Es nuestro contacto... Lo han asesinado—Dice con voz inerte, aún impresionada por el macabro descubrimiento.

—Sakura—Llama el artista detrás de ella, con voz gélida—.No estamos solos.

Esto es lo último que Sai atina a decir antes de que un senbon, tan rápido como un rayo y tan preciso como el pulso de su atacante, se clavase en su cuello. En un instante, se desploma en el suelo junto a ella, sin haber tenido tiempo para reaccionar.

La ninja, por otro lado, no se da tiempo a volver a impresionarse o paralizarse frente al peligro, poniéndose de pie de un salto y adoptando una posición de combate. De un segundo al otro, pasa de la conmoción a la violencia, estando preparada para abrir una grieta en el suelo para llevarse al edificio, al atacante y a todo en el medio al infierno si fuese necesario.

El asaltante desconocido aparece en escena desde algún oscuro pasaje oculto en el interior de la, no tan basta, estructura, sin temor alguno a la kunoichi de Konoha.

Sakura dirige sus ojos de inmediato a la dirección de la que proviene el sonido de los pasos. Cuando el atacante se asoma lo suficiente para ser bañado por la luz de la luna, que entra por las escasas ventanas del depósito, ella logra reconocer su figura.

Por supuesto que es él. ¿Quién más seria, si no es él? La persona que el destino se esfuerza en arrojar frente a ella, una y otra vez.

— ¿Qué demonios haces aquí?—Pregunta el marionetista, sin dar tiempo a formular palabra alguna a la joven.

De repente, Sakura pierde el interés en el combate, dándole la espalda a Sasori para pasar a agacharse junto a su compañero caído.

— ¡¿Qué es lo que tú estás haciendo aquí?!—Espeta exaltada por lo que acaba de presenciar, sin dejar de enfocar casi toda su atención en socorrer a su camarada.

—Persigo gente—Es lo único que responde el pelirrojo, con un tono que, bajo la situación actual, no es bien recibido.

La joven no comprende del todo su respuesta, pero por el momento no le atribuye mayor importancia. Ya que, tras palpar en detalle al shinobi en el suelo, nota con horror que su cuerpo no exhibe ninguna señal de respiración.

— ¡Sai! ¡Resiste! —Le grita al pálido ninja.

—No le di nada letal. Debería estar dormido. Además, aún no respondes qué te ha traído a este sitio—Sasori habla restándole importancia al estado del dibujante.

La rosada aprieta los dientes, sin poder dar explicación a lo que está ocurriendo frente a sus ojos.

—Si no le diste nada letal, ¿¡Entonces por qué cuernos no tiene pulso!?—Exclama iracunda. La situación comienza a subírsele a la cabeza.

—Es posible que esté teniendo alguna reacción alérgica—Parpadea Sasori con repentino un dejo de duda, sin saber tampoco lo que ocurre. Cosa que sólo altera más a la muchacha.

— ¡Idiota! Si le diste un veneno, en vez de un sedante ¡Juro que te mato!

Sakura se apresura a sacar unas jeringas de su mochila, y cuando está punto de clavarlas en el brazo de Sai, la luz de la luna le permite observar como una de sus oscuras venas contrasta demasiado con la pálida piel de su compañero. El vaso sanguíneo se mueve como si tuviese vida propia. Cuando logra observar mejor la escena, Sakura cae en cuenta de que la vena es en realidad tinta que se tuerce sobre el cuerpo de su compañero formando letras. Los oscuros símbolos rezan sólo dos palabras: "Continúa hablando"

Ella no tarda en interpretar el mensaje, aliviándose internamente. Sai hizo reconocimiento de la zona. Sai sabía lo que estaba dentro del edificio. Esto es parte de su plan.

Ahora entiende la estrategia; por lo que se vuelve hacia Sasori para volverse una cómplice consciente de la situación.

—Los antídotos que tengas, no servirán, incluso después de que trates su alergia—Pronuncia el marionetista en tono conciliador, acercándose a los ninjas. Por un momento cree que la equivocación fue suya—.Le daré el antídoto antes de irme. Sabes que no puedo permitirme que nadie sepa que sigo vivo.

Sakura no puede disimular una sutil risa, que le permite descargar toda la tensión anterior.

—Pero si él ya sabía que vives…—Se burla con sutileza del pelirrojo, quien conserva el silencio y se mantiene en una pieza luego de la revelación.

— ¿Quién crees que estuvo ayudándome a infiltrar tu información?—Pregunta de nuevo, esbozando una sonrisa socarrona, para luego ponerse de pie con determinación—.Él es digno de confiar.

—Extraño—Musita con los ojos más abiertos que de costumbre, aún sin recuperarse del shock—. Trabajaba bajo la suposición de que tu aldea no tenía gente dispuesta a colaborar con gente de mi estilo.

—Pues hay más de los que tú crees, y más de los que yo creía.

—Entonces ya no hay motivos para dispararme con toxinas—La voz del Sai real se oye desde la entrada del recinto, mientras el cuerpo falso junto a Sakura desaparece en un charco de tinta.

—... Parece que no... —Dice Sasori recuperando su porte analítico, girándose para escudriñar al compañero de la rosada con cierto recelo—Usar un clon engañando la muerte, hasta para con tus compañeros. Tenemos algo en común.

El ANBU comienza a caminar hacia su compañera, tomando la precaución de no mostrar ningún gesto que el peculiar invitado pudiese interpretar como desafío o amenaza. Sin lugar a dudas, puede decirse que la mayor ventaja de su entrenamiento en la Raíz, es que consigue que un shinobi sea capaz de suprimir sus emociones, incluso cuando se habla de la natural intimidación que personajes como Sasori pueden ocasionar en cualquiera.

—Mi nombre es Sai. No puede ser que este cruce sea casual, pero parece que ninguno de los dos lo planeó.

—Por un momento me asustaste—Sakura sonríe a su compañero de misión, con un dejo de alivio en su voz.

—Creo que ya conoces mi nombre—Habla el pelirrojo del mismo modo impersonal, devolviendo el "saludo" al ANBU—Admito que me has sorprendido. No sólo fingiste tu muerte, sino que planeaste esto. Debo ser más cuidadoso. Y coincido con tu opinión, nuestro cruce no puede ser casual. Antes de que lo pregunten, no, no fui yo quien mató a este sujeto.

Aclara el ex Akatsuki, dirigiéndole una mirada por el rabillo del ojo al cuerpo junto a ellos, y luego a la rosada.

—Teníamos una misión de escolta, pero, como podrás ver...nuestro contacto fue asesinado—Comenta como si nada el dibujante, manteniéndose en modo profesional sin mayores problemas.

—Tu turno. ¿Qué haces aquí? —Pregunta la mujer uniéndose a la conversación, ahora intrigada por la razón de ser de su anterior informante en aquel lugar.

—Estoy persiguiendo a dos personas que pertenecen a un grupo al que ayudé hace unos años...—Explica sin variar su semblante—Diseñábamos venenos juntos. Tengo sospechas de que saben que aún vivo... Quiero asegurarme de que eso cambie.

—Creo que ya tenemos una pista…—Señala la kunoichi con suspicacia, dirigiéndole una mirada al moreno.

—Este contacto, al que evidentemente fracasamos en proteger, dijo que tenía información sobre un veneno nuevo en el país del Río—Agrega el ANBU atando los cabos en voz alta.

— ¿País del Río? —Se sorprende el pelirrojo—Con que allí trabajan ahora… En ese caso, quiero darles una visita.

—Probablemente, sus creadores sean los mismos de los que estás hablando—Teoriza Sakura, tras unir la sucesión de información en su mente.

—Probablemente. Sino, no nos habríamos cruzado. Aunque, al hablar con ustedes es probable que esté perdiendo la pista a mis perseguidos... — Menciona el renegado de la Arena, haciendo notar su disgusto.

—Teníamos que encontrar la cura para este veneno en el país del Río, pero, para eso, necesitábamos la ayuda de este contacto—Prosigue Sakura.

—Pues, parece que fracasamos en la misión. Lo mejor sería reportar lo ocurrido—La interrumpe Sai, recordándole cuál era el objetivo principal en su misión.

La Haruno lo mira con disconformidad. No quiere simplemente echarse para atrás luego del viaje. No le gusta la idea de dejar la misión sólo por el inconveniente de que el contacto ha sido asesinado, y que eso signifique una pérdida valiosa para su aldea, para que otra gane poder militar con el veneno.

Ella aún tiene el objetivo de la misión en mente, resistiéndose a darse por vencida en su cometido. Necesita adquirir el veneno y su cura, y quizá sea posible hacerlo sin el contacto.

—Ayúdame y recibirás mi colaboración a cambio—Le propone al marionetista, sorprendiéndolo tanto a él, como a su compañero de misión.

— ¿Qué planeas? —Interroga Sai, entre intrigado y desconcertado por la súbita ocurrencia de su compañera.

—Dijiste que trabajaste con ellos en el pasado. Así que eres el único que puede ayudarme a hallar la cura, o al menos la ubicación de este veneno—Explica la aprendiz de Tsunade, totalmente convencida de su idea—. Además, eso significa que conoces a quienes están detrás de esto. Debes saber cómo combatirlos.

—No sé de ubicaciones, pero sí de venenos. Podría hacerme pasar por el contacto… y ayudarte en tu misión—Razona Sasori, analizando a fondo la propuesta de la muchacha—A cambio, quiero que me lleves ahí, a donde se vio el veneno. Localizaré a este grupo y me encargaré de proteger el secreto de mi existencia.

La mirada de Sakura se ilumina, al ver que su idea comienza a tomar forma de plan.

—Es un trato, entonces—Asiente con entusiasmo ante la afirmativa de su ex informante, esbozando una media sonrisa de complacencia.

El ANBU de la raíz les escucha sin decir palabra, y medita un segundo antes de emitir su opinión de este tema. A pesar de parecer una idea improvisada, guarda sentido. Necesitan un experto en venenos, y técnicamente tienen uno a su disposición. Quizá no haya participado en la creación de este veneno en partícular, pero su historial lo compensa.

— ¿Puedo pedirte algo? —Se dirige al ninja renegado, aún no acostumbrado a la idea hablarle cara a cara, y menos aún de llamarlo por su nombre.

—Depende de lo que me pidas—Responde Sasori con escepticismo.

No obstante, Sai percibe una pequeña diferencia en el modo en el que se dirige a su compañera, y el modo en el que se dirige a él.

—Quiero datos sobre esta agrupación de la que hablas. Suelo trabajar con el tráfico de información, y es algo valioso para mí.

El pelirrojo lo piensa por un segundo antes de responderle. Técnicamente, ya llevaba tiempo trabajando con el ANBU sin siquiera saberlo.

—Sé que están activos desde hace años, y que sus bases cambian según el proyecto en el que estén involucrados. Casi todos sus miembros son móviles, y, aquellos que no lo son, sólo se dedican a apoyar económicamente las operaciones desde el anonimato. Es difícil enfrentárseles porque dada la naturaleza, y cantidad de sus bases, existen demasiados riesgos, demasiados costos y muy poca información fidedigna sobre ellos. Su símbolo es una serpiente que se muerde su propio abdomen. Se dedican a la creación y tráfico de armas a favor de quien page un buen precio por ellas.

—La serpiente... —Razona las palabras del ex Akatsuki, con una mano sobre su mandíbula—He oído de ellos, sólo que no sabía que eran los responsables de este caso. Es más, creo que soy más cercano a ellos que lo que esperaba. Bueno, un contacto mío lo es. Hey, Sakura.

—Dime—Se gira a su compañero, contemplándolo con intriga.

—Yo sólo cumplo una función de protección en esta misión, y eso es inútil si nuestro contacto no requiere protección. Bueno, dudo que en este caso se requiera de mis servicios.

—Puedo cuidarme solo. Gracias—Añade el marionetista de modo seco, sin fingir modestia.

—Entonces, propongo lo siguiente: ustedes prosigan con la misión. Sakura, nos encontraremos en el país del Rio antes de que tengas que volver a Konoha. Si visito a mis contactos y muevo ciertos hilos, podré colaborar con esto mucho más de lo que lo haría acompañándoles—Sugiere, sumándose de este modo al nuevo plan de la muchacha, aunque a su propia manera.

— ¿Seguro que quieres eso? —Pregunta Sakura, no muy segura sobre la propuesta.

—Esta clase de cosas son mi verdadero tipo de misión. Además, si vamos a desobedecer los protocolos de nuestra aldea, entonces hagámoslo de manera tal que la misión tenga la mayor probabilidad de éxito. Vengo confiando en tu contacto de manera indirecta por un buen tiempo. Si tú consideras esto una buena idea, confiaré en tu juicio—Detiene su explicación por un momento, para esbozar una sonrisa, que contrasta con la seriedad anterior.

—Entonces, parece que tenemos un acuerdo—Concluye la kunoichi de muy buen humor, orgullosa de su propio plan.

—Perfecto—Prosigue el pálido—Me reuniré con ustedes en el pueblo. Así que supongo que llegaré unos días después que ustedes.

—Hecho—Pronuncia Sasori de forma concisa, con apenas la sombra de una sonrisa en su semblante—. Sai, gracias por traficar mi información a tu aldea.

—Un honor conocerte—Responde a la cordialidad ajena con la propia—. Sé que está de más decirlo, pero tu secreto está a salvo, y Konoha agradece tus datos. Adiós Sakura, nos veremos en unos días.

Tras este último intercambio de palabras, el ANBU se retira de la oscuridad de la desgarbada morada, para perderse en la inmensidad de la del bosque, dejando a su compañera de misión y al ex Akatsuki a solas.

—Limpiemos este desastre, mientras te pongo al día con la misión. La primera consigna es no dejar atrás nada que atraiga la atención a nosotros—Ordena la Haruno a su improvisado compañero. Aunque concentrada en su deber, aún está sorprendida de con cuánta naturaleza la situación está fluyendo.

Luego de lo que acaba de pasar, tiene que admitir que la confianza entre espía y contacto es algo real, algo que existe, y algo que acaba de presenciar con sus propios ojos. No obstante, nunca imaginó que fuese influenciable hasta este punto.