Lo sé, ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que actualicé el fic, pero he de deciros que no he tenido tiempo y además necesitaba aclarar algunas líneas de acción. Aunque los aspectos más importantes los tenía planeados desde antes de la batalla existían una serie de ramificaciones que requerían de un estudio más delicado.

En consideración con la prisa no me he parado a poner negrita y así poder enviar hoy el capítulo.

Sinceramente espero que lo disfrutéis, no os entretengo más.

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29.-Renacimiento.

La noche se cierne sobre los campos de Hogwarts, allí donde antes reinaba una paz apenas rota por alguna travesura de los escolares, ahora es el caos el que ha tomado las riendas y siembra de dolor y destrucción campos antiguamente llenos de esperanzas…

En las mazmorras del castillo, hogar de aquellos pertenecientes a la casa Slytherin, permanecen en una angustiosa espera los niños, arrebujados bajo gruesas mantas que aunque pueden alejar el frío y la humedad de tan tétrico lugar no pueden hacer nada por la angustia que mora en sus corazones. El profesor Flitwick pasea nervioso de un lado a otro de la sala común, estruja entre sus manos la varita y a cada ruido procedente de los pisos superiores frena el correteo de sus piernas, mira al grueso techo de piedra y exhala un suspiro de impotencia.

Hace horas que Neville y Krum se han ido, mucho más tiempo hace desde que los dos muchachos americanos y el prefecto de Ravenclaw lo hicieron acompañando a Hermione y Ronald… temía por lo que ocurría arriba y más aún temía por sus colegas de profesión y los jóvenes que estaban ayudándoles… ¿Saldrían victoriosos?

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La explanada que había servido a lo largo del curso para que el Ejército de Dumbledore practicase las distintas disciplinas que sus instructores habían impartido, era testigo ahora de una cruenta batalla… una batalla a muerte…

Los pocos que quedaban del Ejército de Dumbledore y que habían cruzado las puertas junto a Harry, luchaban ahora con todas sus energías para repeler aquellos Mortífagos que no habían huido ante la masacre de Draco. Los hechizos surcaban el oscurecido cielo de un bando a otro, las túnicas negras de unos y otros se rasgaban con el filo de las armas…

Fred y George Weasley estaban en medio de la refriega, cada uno portaba una espada y su varita, eran los que con más rabia estaban peleando, no sólo eran los que más apreciaban Hogwarts sino que con sus actos parecían querer demostrar a todo el mundo y a sí mismos que no eran como el traidor de su hermano, espalda con espalda lanzaban encantamientos sin pronunciar una sola palabra y hundían su acero en la carne de aquellos que lograban acercarse a su posición.

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Desde lo alto de la pequeña loma en que se encontraban, Harry y Draco observaron el avance de sus compañeros, pudieron ver cómo sus enemigos empezaban a huir algunos o caían otros, a su lado estaba la tumba de hielo en que Bella ya había dejado de batirse con la muerte, despedía un halo de frío aunque Harry pudo comprobar que a Draco no le afectaba aquello, en su mirada perdida podía ver el dolor por haber perdido a su esposa y su hijo, así como la tortura interna que debía estar padeciendo tras las revelaciones de Bella… no caían lágrimas por sus ojos pero suponía que era porque no era capaz de llorar o que el duro golpe que había sufrido se lo impedía… Le sorprendió que Draco se pusiese en pie y desenvainase las katanas de nuevo.

- ¿Qué haces? – le preguntó intrigado
- Tenemos que ir a ayudarles… - dijo en voz baja – Están en esto por mi culpa… - e inició una carrera hacia el valle en que se encontraba la batalla…

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Draco no podía seguir lamentándose, aunque sus ojos no eran capaces de enfocar la lucha que tenía lugar unos metros más abajo y que sus oídos percibían apenas como un susurro los alaridos de sus alumnos, se sentía responsable por todo lo que estaba ocurriendo y en su interior crecía el sentimiento del deber y el honor… un honor que durante generaciones sus antepasados habían mancillado al volverse unos patéticos elitistas y unos matones que gozaban amedrentando a los que eran más débiles que ellos… un honor que recorrió sus nervios cuando el sol teñía de anaranjado el cielo mientras se ocultaba al inicio del atardecer en el preciso instante en que de sus labios salió una palabra tanto tiempo olvidada y que infundía horror en sus enemigos… Mientras bajaba por la ladera de la loma para unirse a sus compañeros de armas volvió a pronunciar con todas las fuerzas que le quedaban el grito de guerra Malfoy…

Pero algo le obligó a detener su avance de forma tan abrupta que le hizo caer al suelo… una luz cegadora se alzaba ante las puertas de Hogwarts, el fuego consumía los cuerpos de los que habían caído bajo su espada, las llamas se alzaban a una altura asombrosa… pero lo que hacía que su corazón se desbocase en el interior de su pecho era la hermosa figura que estaba en medio de aquel espectáculo.

Harry llegó a su lado e intentó izarlo, pues no se había percatado todavía del significado de aquella visión… los ojos de Draco entre tanto habían mudado de nuevo para convertirse en aquellos pozos de profundidad insondable y una sonrisa asomaba a sus labios… En cuanto se alzó de nuevo también una pared de hielo separó a los contrincantes de la refriega que tenía lugar poco más lejos… abandonó las armas tras de sí y salió de nuevo en una frenética carrera para encontrarse con aquel ser de puro fuego.

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Nada más despertar supo que no estaba sola, la sentía allí indicándole que no tuviese miedo, que ella se encargaría de todo lo necesario y así fue… ahora contemplaba todo de un modo diferente, las llamas comenzaron a surgir a su alrededor, pero no tuvo miedo, al contrario, verlas la reconfortaba. Avanzó hasta el borde de las escaleras mientras el fuego lamía cada resquicio para purificarlo eliminando hasta el más mínimo resto de aquellos que se habían atrevido a enfrentarse a una fuerza infinitamente superior a ellos..

Lo vio y sintió su dolor… cuando empezó a correr incrementó la fuerza del fuego que la recorría, tenía que llamarlo para poder limpiar su pena… en el mismo instante en que él posó sus ojos sobre ella supo que se había dado cuenta… y acrecentó el infierno que la rodeaba para así demostrárselo igual que él mostraba su reconocimiento sin apenas percatarse de ello.

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Harry no comprendía nada de lo que estaba ocurriendo, primero Draco se comportaba como un autómata y corría hacia el lugar de la batalla y luego cuando caía iba en el sentido de un impresionante fuego que parecía querer hacerse con el castillo, no entendía de dónde había salido aquel incendio tan descomunal… pero mucho menos era capaz de encontrarle la lógica a que alguien corriese a su encuentro…

En cuanto Draco llegó al pie de la escalinata y se zambulló en el fuego, las llamas lo abrazaron con rapidez… para Harry sólo era una silueta apenas dibujada que ascendía escalón a escalón hacia lo alto… fue entonces cuando la vio y supo lo que pasaba. También salió corriendo en la misma dirección.

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En cuanto llegó junto a ella y vio sus ojos, confirmó todo lo que su cuerpo estaba indicándole desde el primer instante, tomó la mano que le ofrecía y subió al fin el último peldaño que los separaba… estrechó su cuerpo contra el suyo y sintió el calor inundándolo por completo antes de tomar sus labios con su boca y fundirse ambos en un ardiente beso.

Dos columnas se alzaron hacia el cielo carmesí del atardecer, una de ellas era de un rojo intenso por el fuego que la formaba y la otra era de color azul pálido como el agua clara de un manantial, ambas se retorcieron entre sí formando una sola columna que exhalaba vapor a su alrededor…

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La batalla estaba paralizada, todos observaban tan extraordinario fenómeno, las miradas convergían en el increíble monumento que despuntaba en la entrada de Hogwarts, todos los pertenecientes al Ejército de Dumbledore sintieron un maravilloso calor rodeándolos y reconfortando sus cuerpos ateridos por el efecto de la muralla de hielo que había detenido la lid. Apenas podían oír los embates infructuosos de los Mortífagos al otro lado, intentando echar abajo el muro, de pronto fueron sustituidos por alaridos de terror y dolor, pero por una extraña razón no les afectaron en absoluto, abandonaron sus armas, guardaron sus varitas y con un suspiro de cansancio se dirigieron hacia la escalinata que ahora estaba cubierta de negras cenizas, ante la cual esperaba Harry con una extraña sonrisa.

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La tierra temblaba bajo los pies de los asustados Mortífagos, así mismo comenzaron a sentir cómo el sudor manaba por cada poro de su piel. No le querían dar importancia a eso, llevaban mucho tiempo batallando, era normal que sudasen, se decían a sí mismos… pero uno de ellos no pudo evitar mirarse las manos cuando sintió que el sudor era más denso de lo que debía ser y observó que estaban ensangrentadas… estaban sudando su propia sangre. El grito de terror que escapó de su garganta alertó a sus compañeros… pero no tuvieron tiempo para reaccionar pues el suelo se abrió para engullirlos de uno en uno, salvo aquellos que comenzaron a arder como teas vivientes o los que se convirtieron en estatuas de hielo… muy pronto no quedó ni uno solo vivo.

Hogwarts había sobrevivido de nuevo a una batalla mágica y las huestes enemigas sucumbían al poder que le protegía.

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Fred, George, Crabe y Goyle se acercaron a Harry que observaba sonriente cómo el monolito de vapor iba perdiendo su fuerza.

- ¿Qué es eso, socio? – Preguntaron los gemelos al unísono.
- Son ellos… su poder es maravilloso, ¿verdad? – susurró – Creo que es necesario recoger un poco – mirando a la escalera.

Una suave brisa nacida en algún punto comenzó a barrer las escaleras, eliminando la ceniza y todos los restos del incendio que había engullido los cuerpos del enemigo… Pronto se le unió una débil llovizna que lavó asimismo la sangre que resbaló por los escalones y adecentaba igualmente a sus amigos caídos durante el combate.

Algunos de los "soldados de Dumbledore" no pudieron soportarlo y se alejaron para vaciar sus estómagos, a pesar del viento y el agua el hedor de la carne quemada y la visión de sus amigos muertos, unido al recuerdo de lo que habían hecho, era demasiado para sus jóvenes mentes. Éstos fueron ayudados poco después por sus compañeros con estómagos más recios pero no por ello menos impresionados ante la magnitud de lo que había ocurrido aquel día.

Pero aquellos que permanecieron mirando a lo alto de la escalinata no dieron crédito a lo que veían sus ojos cuando el fuego y el agua descubrieron las figuras que anteriormente ocultaban: Draco y Hermione estaban sanos y salvos. ¡Hermione estaba viva!

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- ¡Por las Barbas de Merlín! – Exclamó alguien a sus espaldas, se giraron y vieron a la sorprendida McGonagall en la entrada de Hogwarts - ¿Qué ha sucedido aquí? – Su rostro estaba contraído por el disgusto de ver en lo que se habían convertido los alrededores del castillo
- Sólo una pequeña escaramuza, profesora… - respondió Draco rodeando el talle de Hermione con un brazo y sonriendo de modo sarcástico – Ahora ha terminado y creo que todos necesitamos descansar y retomar fuerzas. – Mirando hacia el Ejército – Subid chicos, nos merecemos un poco de comida y asiento… creo que no se recogió nada en el Gran Comedor y puede que a los elfos no les importe darnos algo caliente. – sonriéndoles de manera cálida pues se sentía orgulloso de la bravura que habían demostrado.

Mas cuando intentó dar dos pasos hacia la profesora cayó de bruces contra la dura piedra, su cuerpo estaba del todo agotado y no le quedaba más adrenalina para moverse o siquiera levantarse, sus párpados se cerraron igual de cansados y su mente igualmente se abandonó a una deliciosa inconsciencia fruto del agotamiento y del conocimiento de que todo había terminado.

Hermione se arrodilló a su lado, sabía lo que le ocurría, sentía en su interior que no tenía nada que ver con las heridas ni con ningún hechizo, su cuerpo no podía más, eso era todo. Crabe y Goyle pronto estuvieron a su lado y los miraron con una mezcla de preocupación y alivio.

- Tranquilos, chicos, sólo necesita descansar como él dijo. ¿Podríais llevarlo hasta una de las salas? Creo que al profesor Firence no le importará demasiado si lo dejamos en su aula – bosque – indicó con una sonrisa – Yo iré en breve, antes he de hablar con Minerva. – Levantándose para ir junto a la profesora.

Crabe y Goyle se apresuraron a tomar a Draco en sus brazos y llevarlo desmayado en dirección al aula que indicara Hermione. De camino vieron cómo los que habían estado en el tejado del castillo bajaban corriendo las escaleras para reunirse con los que lucharan en primera línea. El centauro no puso demasiadas objeciones a que el joven descansase allí, siempre y cuando no hiciese ruido y no manchase de sangre nada, Goyle hizo un sencillo encantamiento sobre su amigo y eliminó la sangre y la suciedad de la batalla que lo cubría antes de tenderlo sobre una cama de mullido musgo.

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- Lo que ha ocurrido aquí, Sra. Malfoy, es una atrocidad… no entiendo cómo han podido degenerar las cosas de este modo en cuanto me dí la vuelta. Está bien que tengamos que luchar pero hay métodos y métodos. – Protestaba McGonagall paseando de un lado a otro del Hall ante la mirada impasible y sonriente de Hermione.
- No seas puritana, Minerva – Protestó Moody – Los chicos han peleado como jabatos y necesitan descansar, ya habrá tiempo para todas las explicaciones que quieras – abriendo las puertas del Gran Comedor – pero ahora será mejor que hagamos caso de lo que dijo Draco, ve junto a los elfos, tranquilízalos y pídeles que nos den algo caliente de comer, no hacen falta exquisitos manjares, con un poco de sopa, pan, queso, fruta y chocolate caliente llegará. – miró a Snape cuyo rostro estaba ceniciento e igualmente cubierto de sangre pues había ido con los chicos a la batalla – Severus, ayúdame a cambiar los bancos de madera por algo un poco más cómodo, aunque terminen durmiéndose todos aquí no les hará daño – pidió amablemente y obtuvo un leve gesto de asentimiento antes de que Snape lo siguiese al interior del Gran Comedor - ¡Ah! Que alguien vaya a avisar a Flitwick y a los demás de que suban.

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Podía oler el perfume de Hermione y sentir sus manos acariciando su rostro y su cabello, un pájaro trinó en la lejanía y el aroma de la hierba fresca inundó sus sentidos, la cama sobre la que estaba tendido era mullida y cálida, no deseaba despertar jamás de aquel delicioso sueño, mas se atrevió a abrir los ojos. Su esposa estaba arrodillada a su lado y le sonreía, el rostro de ella estaba enmarcado por el fuego de su cabello y a su vez por la espesura de las ramas de un árbol a cuyos pies estaba tendido. Hizo el intento de incorporarse pero su cuerpo no le respondió, estaba rendido y sus ojos se lo dijeron a ella que asintió en silencio antes de agacharse para besar sus labios con dulzura.

La dura realidad atacó su mente y pensó en todo lo que había ocurrido desde el momento en que se había despertado, cada uno de los detalles de la batalla comenzó a pasar ante sus ojos, analizándolos fríamente.

- ¿Hemos sufrido muchas bajas? – preguntó en tono sombrío.
- No, algunos heridos, pocos graves. Aunque han muerto dos de cuarto. – Bajó la mirada para que él no viese el dolor de tales pérdidas en sus ojos. – Por lo demás, apenas podemos quejarnos, hemos salido muy bien parados en comparación con ellos. McGonagall dice que ha sido una masacre sin sentido, Snape sólo gruñó un poco y Moody cree que somos un poco sucios pero eficaces. – Una risa melancólica escapó de sus labios – No sé lo que opinarán Flitwick o los demás, me fui antes de que subiesen.
- Lo único que me importa es lo que piensas tú… ¿Cómo estás? – sacó fuerzas de dónde pudo para poder tomar su mano débilmente – Cuando te ví caer… tras el avada, creí que yo también moría.
- Estamos bien los dos. El brazalete nos protegió. Sabes ya lo que contienen las piedras, ¿verdad? – preguntó ella con voz suave y él asintió levemente – Es algo increíble… - suspiró – Jamás pensé que Ron haría una cosa tal, de todos modos estoy un poco de acuerdo con McGonagall… ha sido una masacre, aunque no del todo sin sentido. Sé en mi interior que si no nos hubiésemos defendido las cosas habrían sido lo mismo pero al revés, puede que no hubiese corrido tanta sangre pero sería única y exclusivamente por que nos matarían con magia. – su rostro se endureció al imaginarlo – ¿Tú cómo te encuentras?
- Como si me hubiese pasado una apisonadora muggle por encima – riéndose - ¿Estoy herido? – preguntó preocupado.
- No, antes de que te despertases me encargué de comprobar que no tuvieses ningún tipo de herida o que tus magulladuras no ocultasen alguna hemorragia interna – acariciando su cabello – Me vino bien todo lo que estuve leyendo en aquel libro de medicina mágica. Aunque creo que todo ello se debe también al colgante… jamás permitirían que nuestros cuerpos fuesen dañados.
- ¿Cómo os encontráis? – preguntó una voz al otro lado de la habitación - ¿Crees que ya puedes levantarte?
- Firence, os aseguro que no es de mi agrado importunaros más de lo necesario – respondió Draco con una sonrisa burlona – pero me temo que tardaré al menos una hora en ser capaz siquiera de levantar la cabeza, no imagino cuanto tardaré en levantar el resto, pero os agradezco vuestra hospitalidad y paciencia.
- Quizás esto os enseñe a no acabar con vuestros semejantes de un modo tan vulgar.
- Os aseguro que mi intención sólo era mantener con vida a todos los que moramos en este castillo… digamos que las cosas se torcieron un poco.

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En el Gran Comedor las cuatro mesas con sus respectivos bancos desaparecieron y en su lugar había cómodos sofás que rodeaban pequeñas mesas sobre las cuales estaba la comida que Moody había pedido a McGonagall, los que habían luchado compartían la misma laxitud que Draco, quizás no tan acusada, mas sí notaban como todos sus miembros se quejaban del esfuerzo a los que les habían obligado, los pequeños que habían esperado en las mazmorras les ayudaban con la esperanza de oír de primera mano lo que había ocurrido en el exterior, pero se encontraron con que pocos de los combatientes tenían ánimos para relatar nada de lo acontecido.

Harry, Ginny, Neville y Luna compartían una mesa con los gemelos, ninguno tenía ganas de hablar, mucho menos los Weasley tras la traición de su hermano, tenían la mirada perdida en algún punto en el suelo, los otros tres no dejaban de intercambiar miradas de preocupación. Crabe, Goyle, Krum y los americanos ocupaban la mesa de al lado y la misma sensación de pesadumbre se extendía por sus caras.

Al abrirse una de las hojas de la puerta principal, los que estaban sentados más cerca dieron un brinco y buscaron sus armas, alertas por si algún enemigo había escapado a su suerte, suspiraron y se dejaron caer al ver a Hermione que ayudaba a Draco a entrar. Crabe y Goyle corrieron en su ayuda y sirvieron a su amigo de muletas para caminar hasta un sofá cercano.

- Gracias, chicos. – De pronto Draco comenzó a reírse a carcajadas, muchos le miraron extrañados - ¡Menuda mierda de General estoy hecho! – aunque su risa nunca había sido contagiosa por ser en ocasiones demasiado fría, pronto sus dos amigos comenzaron a reírse también.
- La verdad es que das pena… - comentó Greg entre risas.
- ¡Parecemos más los vencidos que los vencedores! – Exclamó Draco incorporándose con dificultad - ¡Arriba esos ánimos! ¡Hemos protegido Hogwarts y le hemos dado una patada en el culo a esos idiotas!

Tras sus palabras todos los que habían luchado a su lado se levantaron y lo aclamaron, comenzaron a reírse también con él y desapareció el ambiente de desolación que los había dominado hasta el momento. Ya relajados se sentaron y comieron con renovado apetito. Nadie se fijó en el amago de protesta que iba a hacer McGonagall y que Moody y Snape impidieron. Sabían que los muchachos necesitaban un poco de ánimo después de tanta sangre.

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Una vez la comida y el descanso hizo su efecto, cuando ya se encontraban mucho mejor, McGonagall se levantó y se adelantó en el estrado para hablarles:

- Hoy Hogwarts ha sido atacado y sus enemigos han sido rechazados en una batalla sin comparación con las que hasta ahora el castillo ha sido testigo. Han muerto muchos enemigos pero también algunos de nuestros amigos han encontrado su fin en ella, entre ellos el director Dumbledore, el primero en abandonarnos a causa de un avada de Bellatrix Lestrange. – Dos lágrimas surcaron sus mejillas y tragó con fuerza antes de continuar – En su ausencia yo soy la directora en funciones y he de deciros que él no habría deseado que su muerte hubiese sido excusa para la matanza que tuvo lugar a continuación. – mirando fijamente a Draco – Sino que habría deseado que nos hubiésemos valido de otros métodos que no provocasen tantas muertes. Os doy las gracias por salvar la vida de aquellos que no podían defenderse por sí mismos, os doy las gracias por manteneros firmes e impedir que entrasen en la escuela… pero no puedo agradeceros que mancillaseis sus muros y sus campos con la sangre de magos desarmados, que sólo disponían de sus varitas y su magia contra armas de fuego, flechas y espadas. No puedo agradecer que os hayáis convertido en asesinos.
- Perdone, profesora. – dijo Neville levantándose – No he usado las armas, sólo he usado mi varita y aún así me considero defensor de Hogwarts, no estoy orgulloso de que mis amigos hayan tenido que verter la sangre de un semejante para proteger las vidas de todos los que aquí se escondían… pero no puede decirnos que los Mortífagos estaban desarmados… una varita en sus manos es más que suficiente para convertirlos en un ser mortal, su vileza llega hasta el punto de corromper el corazón de alguien a quien muchos considerábamos nuestro amigo y que lanzó un avada contra Hermione, quien sí estaba indefensa pues en aquel momento estaba inconsciente… Puede que usted no se lo agradezca, pero los demás sí lo hacemos. – girándose hacia Draco y los que componían el Ejército de Dumbledore. – Gracias por salvar nuestras vidas a riesgo de las vuestras – y aplaudió, se le unieron todos los demás, incluso los profesores que se pusieron en pie para aplaudirles, ignorando a McGonagall
- Gracias… gracias… - dijo Fred levantándose del sofá que compartía con su gemelo – Siento mucho que piense que somos asesinos, profesora McGonagall pues he de decirle que no estoy de acuerdo con usted… quizás sea sólo un pequeño problema de semántica – encogiéndose de hombros sonriente – Pues considero que un asesino es aquel que se esconde en las sombras acechando a su víctima del todo indefensa y en absoluto consciente de que es vigilada, nosotros nos hemos batido de modo poco honroso pero hemos ido de frente y en todo momento pudieron huir… - mirando a su hermano – Creo que alguno huyó y todo, ¿verdad?
- Sí, sobre todo cuando oyeron a Draco gritar de ese modo tan escalofriante… - respondió George estremeciéndose.
- ¿Ve, profesora? Un asesino no deja que su víctima huya, nosotros sí. – Mirando al resto de la sala con gesto serio – De todos modos, no hemos hecho nada de lo que podamos sentirnos enteramente orgullosos ni que vayamos a contarle a nuestros nietos al calor del fuego, nos va a perseguir durante toda nuestra vida… pero alguien tenía que hacerlo. – terminó sentándose de nuevo.

Otra vez un siniestro silencio recorrió la sala, oír a Fred, que siempre estaba sonriente, decir en voz alta lo que a todos se les pasaba por la mente, hizo que la realidad de todo lo que había ocurrido resultase aún más insoportable. Flitwick se llevó a los jóvenes a sus dormitorios pues era noche cerrada y la tensión que habían sufrido les había agotado, además sabía que pronto la conversación debía tomar un aspecto aún más duro… y no se equivocaba pues al volver vio cómo Hagrid entraba apesadumbrado en la Sala, llorando desconsolado.

- ¿Hagrid? – Preguntó Hermione acercándose - ¿Estás bien?
- No… Mione… yo… - dijo el grandullón incapaz de decir las palabras – No encuentro su cuerpo… - al fin en un susurro inaudible – No lo encuentro… - volviendo a llorar
- Tranquilo, Hagrid – intervino Ginny en tono calmado – Yo sé dónde está, no te preocupes, no ha sufrido ningún daño – tomó su manaza en una de las suyas – yo te guiaré… - saliendo de la sala con el medio gigante tras ella.
- Eso me recuerda, Draco… - comentó Vincent acercándose – que hay que recoger lo que quedó de la batalla… no podemos dejarlo allí – terminó sombríamente.
- Tienes razón – levantándose con esfuerzo – Hay que organizar equipos… supongo que deberíamos cavar… tumbas. – suspiró agotado.
- Sr. Malfoy, creo que está atribuyéndose una autoridad que no le corresponde – comentó McGonagall – Nosotros nos encargaremos de recoger todo del modo apropiado.
- No sabe cuánto se lo agradezco, profesora – dijo Draco sonriendo con esfuerzo mientras la miraba cansado – Además, no me estaba atribuyendo ninguna autoridad, sólo que tengo la costumbre de limpiar después.

No hubo más comentarios por parte de nadie, los profesores salieron de la sala en dirección al campo de batalla, seguidos por algunos alumnos que estaban decididos a ayudarles, los que no habían visto la contienda quedaron asombrados ante el devastador panorama que se presentaba ante ellos… La escalera mostraba diluidos regueros de sangre y cenizas, los restos de un hombre lobo descuartizado terriblemente a los pies, la sangre regaba el césped por doquier a pesar de la lluvia que poco a poco la iba arrastrando, sin embargo se apreciaba un curioso fenómeno y es que de manera lenta pero sin pausa se iban recuperando las zonas que habían quedado pisoteadas por los combatientes, el muro de hielo se deshacía en dirección al lago apagando los pocos focos de fuego que aún quedaban y arrastrando consigo los restos carbonizados…

En dirección a ellos venía un lloroso Hagrid llevando en brazos el inerte cuerpo del director tan querido por todos, McGonagall y Flitwick no pudieron evitar llorar al verlo, su semblante era pacífico, su ropa no mostraba mancha alguna y aparentaba no haber sufrido daño alguno. El hombretón lo protegía de la lluvia con su cuerpo, acunándolo contra su pecho como si estuviese aún vivo. Tras ellos venía Ginny, altiva y con los ojos cerrados, concentrada en algo; cuando Hagrid estaba a punto de subir el primer escalón lo detuvo con un gesto y él se frenó como si alguien más fuerte que él lo hubiese detenido. La chica abrió los ojos y miró a sus dos amigos y su esposo de manera perentoria, sin decir nada les estaba pidiendo que bajasen. Draco suspiró y asintió con la cabeza, Harry y Hermione le ayudaron a bajar las escaleras hasta situarse al lado de Ginny. Harry siguiendo las mudas instrucciones de su esposa, se acercó a Hagrid y le pidió que depositase el cuerpo de Dumbledore en el suelo, al principio el grandullón no quiso obedecerle, pero algo en los ojos del muchacho que conocía desde hacía tanto tiempo, le dijo que le hiciese caso.

Dumbledore descansaba en la mullida hierba, cualquier rastro del hombre lobo se había desvanecido, a su alrededor brotaban hermosas flores, cesó de llover abruptamente, aunque para los mudos testigos de las escaleras quedó de manifiesto el hecho de que sólo había cesado en torno al director y los dos matrimonios, pero nadie osó decir nada, estaban paralizados por lo que sus corazones les decían que iban a presenciar. Harry se situó al lado izquierdo de su querido profesor, Hermione se arrodilló e hizo que la cabeza de Dumbledore descansase en su regazo, Ginny se puso frente a su marido y Draco hizo lo propio frente a su esposa, a los pies de Dumbledore. Los cuatro empezaron a entonar un suave cántico en una lengua que no se había escuchado sobre la tierra desde hacía milenios.

Un haz de luz blanquecina emanó del cuerpo de Harry e inundó el de Dumbledore, al mismo tiempo otro haz, esta vez de un tono verde esmeralda emanó de Ginny rodeándolo, de Draco salió una fuerte luz azulada que se unió a las otras neblinas para cubrir el cuerpo del director, para asombro de todos, el cuerpo de Hermione brilló a su vez con una poderosa luz rojiza que se extendió desde la frente del profesor hasta que dominó su cuerpo por completo. El cántico se fue haciendo cada vez más estentóreo, subiendo más y más su volumen así como aumentaba el resplandor que los recorría hasta que se volvió cegador y ensordecedor. No pudieron hacer otra cosa que cerrar los ojos y más de uno se llevó las manos a los oídos al no poder soportarlo más.

Cuando todo acabó no quedaba rastro de que hubiese existido una batalla, tan sólo permanecían los dos cadáveres de los chicos de cuarto que habían caído en combate… Dumbledore estaba parpadeando sonriente mientras intentaba levantarse.

- Vaya, vaya… he tenido suerte de que os dieseis cuenta a tiempo por lo que veo… - agradeciendo la ayuda de Harry para terminar de incorporarse – aunque no sé por qué habéis gastado una energía tan necesaria en un viejo chocho como yo…- viendo a Draco que estaba desfallecido - ¿Te encuentras bien muchacho? – Palmeándole el hombro – Necesitas descansar, todos necesitamos descansar – dirigiendo la vista a los atónitos profesores y alumnos – Las explicaciones mañana.

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Crabe y Goyle llevaron al desfallecido Draco hasta el lecho y lo depositaron con cuidado, Hermione les dio las gracias y ellos le sonrieron cariñosamente, besaron sus mejillas antes de irse y no pudieron resistirse a acariciar con reverencia su ya abultado vientre. Ella esperó en la puerta hasta que vio que doblaban la esquina del corredor, entonces cerró el cuadro que servía de puerta a la Sala de las Conspiraciones y se acercó a la cama en la que Draco estaba esperándola casi dormido.

- Estás hecho una piltrafa… - le dijo sonriendo – será mejor que te quite todo eso o no podré acostarme yo – riendo divertida.
- Ayúdame, por favor – le pidió él incapaz de incorporarse para quitarse el abrigo – Tengo que darme una ducha.
- ¿Y qué más? – preguntó ella sarcástica – Draco, no eres capas ni de levantar una ceja y quieres ir hasta el baño – quitando las dagas del abrigo para poder colgarlo – Cariño, sé cómo te sientes – desabrochando el cinturón – pero una vez estés desnudo, veremos si soy capaz de ayudarte a ponerte de pie – guiñándole un ojo – Por ahora con toda la ferretería que llevas encima, no me extraña que Vince y Greg lo tuviesen difícil para cargarte desde el jardín.

Pero al fin todas las armas y ropas de Draco descansaban sobre la mesa o la silla, con cuidado y un poco de maña, Hermione fue capaz de llevarlo hasta la ducha, lo sostuvo contra la pared y abrió el grifo para que el agua cayese sobre los dos… Había accedido principalmente porque sabía por qué Draco quería darse una ducha, aunque antes de posarlo en el claro de Firenze los chicos le habían lanzado un hechizo que quitó la sangre de su ropa, su pelo y su cuerpo estaban cubiertos de sangre seca.

- Cariño… - susurró Draco en su oído cuando la abrazaba ya entre las sábanas – Te amo. – Acariciando su vientre – A ti también te quiero. – Y se quedó dormido de inmediato.

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La suave luz del amanecer bañaba el pálido rostro de Draco, sentía su tibieza en su piel… abrió los ojos y se encontró a Hermione observándolo con ojos soñadores. Le dolía cada uno de los músculos de su cuerpo, pero no le importó cuando se incorporó para tomar su barbilla y besar sus labios. No dijeron nada, no era necesario entre ambos… fueron sus manos las que acariciando cada resquicio de sus cuerpos hablaron de su amor, de su dolor y de su afán por la vida.

- ¿Qué sabes de lo que ocurre ahí fuera? – Preguntó él besando la perlada frente de Hermione que estaba sobre él, enlazadas aún sus piernas tras disfrutar de su reencuentro con la vida.
- No sé mucho más que tú. – Respondió ella besando cada gota de sudor que resbalaba por el cuello de su marido. – Supongo que a estas alturas ya sabrás que el presentimiento que te hizo estar preparado para la batalla fueron las voces de los conspiradores resonando en tu mente.
- Sí… lo sé. Igual que tú debes estar escuchando todo aquello que se diga frente a un fuego yo puedo oír todo lo que ocurre en la cercanía del agua. Imagino que a Harry y Ginny les ocurrirá algo similar. – suspirando al abrazarla y atraerla contra su pecho – De todos modos… hay algo de lo que debemos hablar antes de salir de aquí… - cerró sus ojos para poder sentir con más fuerza el calor de ella contra su cuerpo, su respiración junto a su oído, agitada tras haber hecho el amor… oír los latidos de sus corazones bombeando al unísono – Es acerca de lo que me dijo Bella antes de morir.
- Me lo imaginaba… había algo en ti que no era normal y sabía que no tenía que ver con la batalla, era más profundo. ¿Por qué me supo a despedida? – le preguntó antes de saborear de nuevo sus labios y hundir sus dedos en el plateado cabello.
- Porque una parte de mí teme que tras contártelo decidas abandonarme – confesó Draco con voz ronca por la creciente pasión que su esposa hacía crecer en él con aquellos suaves gestos. – Pero he de decírtelo o no sería justo…
- Dilo pues… - lo animó ella cruzando los brazos sobre el pecho de su marido y apoyando la barbilla en ellos para así mirarlo directamente a los ojos mientras su larga melena de fuego caía en cascada por sus hombros acariciándolo.
- Bella confesó que había "arreglado" las muertes de nuestros padres, así como encantaron el colgante y el brazalete para intentar dominarnos… querían que nos uniésemos para engendrar un hijo apropiado para Voldie… Nos empujaron a estar juntos e incluso propiciaron el vínculo de los sueños por medio de los asesinatos de nuestros padres, utilizando un hechizo antiguo y oscuro. En ningún momento se les ocurrió que los poderes de las piedras fuesen del todo ciertos o por lo menos, no se les pasó por la mente que la leyenda que los acompañase lo fuese.- Terminó mirándola directamente – Por lo visto nuestra relación fue maquinada cuidadosamente hasta sus más nimios detalles.
- Bueno… reconozco que eso me quita un peso de encima… - dijo ella seria – Durante mucho tiempo me preocupó el hecho de que mi madre se suicidase y sé que a ti también al respecto de la tuya… Esto aclara muchas incógnitas que me intrigaron desde esos momentos. Me alegra que su arrogancia le hiciese decírtelo, así podremos descansar nuestras mentes en ese aspecto.
- Mione… ¿no lo entiendes?… - suspiró Draco al apenas poder hablar por culpa de algo que obstruía su garganta - ¡Nuestro matrimonio ha sido planeado por esos dos!
- Lo siento, pero no estoy de acuerdo contigo. – Lo miró ella tranquila y relajada – Tú me pediste en matrimonio y yo acepté, nosotros organizamos las bodas y nuestros amigos fueron testigos de ello. Yo sigo amándote a pesar de lo que Bella haya dicho. – Incorporándose y sentándose a horcajadas de él – Cariño, lo que debes hacer es cerrar los ojos de nuevo y dejar de pensar… concéntrate en sentir. – Draco la obedeció aunque resopló incrédulo – El cuerpo de tu esposa es el que te rodea – tomó sus manos y las llevó a su vientre de cuatro meses – El corazón de nuestro hijo es el que late entre tus manos… escúchalo, escucha el latido del mío y concéntrate para escuchar el tuyo… - se agachó para poner sus labios a la altura de su oído – ahora imagínate que anoche no nos alzamos entre las llamas… - sintió el sobresalto de su marido bajo ella, vio su mirada horrorizada al abrir de golpe los ojos – Ahora vuelve a decirme que Voldemort es el artífice de nuestro amor si eres capaz. – Sentenció calmada.
- Tienes razón… - dijo él unos silenciosos minutos después – sigo amándote – sonrió - ¿Me perdonas por ser tan crédulo?
- No tengo nada que perdonarte – besándolo dulcemente en los labios – Ayer fueron demasiadas emociones y tú fuiste el que más energías gastó de todos nosotros. Tu cuerpo y tu mente estaban agotados y es normal que cayeses en su última trampa. – sonrió cariñosa – Ahora vamos a la ducha de nuevo… - levantándose y mirándolo con picardía – Tenemos que estar presentables para el desayuno. – dirigiéndose hacia el baño.

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El comedor había recuperado su habitual aspecto pero se notaban las ausencias en la mesa de Slytherin que estaba prácticamente vacía. Pero todos miraban a la mesa de los profesores en la cual estaba sentado Dumbledore con un rejuvenecido aspecto, su barba más corta que antes y menos canosa, su rostro con menos arrugas y sin las gafas de media luna apoyadas en su nariz. Pero lo que no había cambiado era la sonrisa con la cual siempre los recibía por la mañana.

- Buenos días a todos… antes de decir nada acerca de lo sucedido ayer quiero que todos comáis… las malas noticias son mejor recibidas con el estómago lleno.

Dicho esto apareció la comida sobre las mesas y todos comenzaron a comer con ansia… deseaban terminar lo antes posible para enterarse de lo que el director deseaba decirles

- ¿A qué malas noticias se referirá? – comentó Ginny sirviéndose una tostada.
- Ni idea… - dijo Harry encogiéndose de hombros.
- Espero que él no se ponga como McGonagall ayer – refunfuñó Neville – Te aseguro que me sacó de quicio.
- Ya nos dimos cuenta, cariño – comentó Luna tranquilamente – Toma unos pocos de cereales, anoche apenas cenaste. – sirviéndole un cuenco lleno y escanciando leche con su varita sobre ellos. - ¿Cómo te encuentras hoy, Draco? – se interesó por su amigo.
- Mejor… creo que ayer demostré a todos que soy humano – respondió con una mueca.
- Sí, aunque esta mañana ya se encontraba del todo recuperado… - sonrió pícara Hermione.
- Con una deliciosa mujercita como tú a mi lado es imposible no recuperarse rápidamente. – bromeó él.
- Adulador… - mirándolo de reojo – No te pega ser tan meloso… prefiero tu sarcasmo.
- No estaba siendo meloso… - respondiéndole con una mirada lasciva. – Tus encantos son suficientes para resucitar a cualquier hombre…
- Ese sí es mi marido. – Aseveró ella riéndose. – Me encanta tenerte de vuelta… - acariciando su muslo bajo la mesa.
- Con vosotros es imposible comer en paz… - protestó George.
- ¿No podéis dejar de ser tan… cariñosos? – coreó Fred.
- Al menos durante las comidas… - apuntó George
- Eso… eso… dejad a los solteros comer en su divina libertad. – Apoyó Fred.
- Draco… - Crabe llamó su atención – Hemos recogido las armas y las entregamos a sus dueños.
- Todos las han devuelto a los baúles, pero creo que muchos aún llevan algunas encima. – comentó Goyle.
- ¿Crees que es apropiado o les insinuamos a todos que sería recomendable guardarlas en su sitio.
- No sabría contestarte… - dijo pensativo Draco.
- No les digas nada, saben que son para usarlas contra los Mortífagos, no harán daño a nadie – respondió Hermione dejando boquiabiertos a todos - ¿Qué miráis? Es verdad, no las usarán contra los alumnos. Además, sería un poco hipócrita decirles que las guarden cuando su líder no es capaz de salir de su habitación sin llevar al menos cuatro puñales y un cinturón de estrellas arrojadizas ocultos entre su ropa, – mirando a Draco – mientras que sus lugartenientes llevan otras tantas dagas ocultas, y un revolver cada uno… ¿o no es verdad? – sonriendo maliciosamente a Crabe y Goyle.
- Y Ginny no lleva su arco porque es muy aparatoso – comentó sonriente Harry. – Pero no sabes lo que tardó en decidir que no le era posible ocultar el rifle – riéndose a carcajadas al ver a su esposa sonrojándose.
- Bueno… dejemos la discusión. – Carraspeó Draco – Creo que no es necesario que todos sepan que vamos armados… - y añadió en un susurro a su mujer – Gracias por soplarles mis armas, gatita, pero te quedaste corta en unas cuantas.
- Lo sé.

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Las conversaciones cesaron de golpe cuando Dumbledore se puso en pie para dirigirse al mar de rostros que lo miraba expectante para conocer las malas noticias de las que había hablado. Muchos esperaban también que dijese algo acerca de la batalla que había ocupado a la mitad de los presentes durante más de medio día.

- Me alegra poder ver hoy vuestros rostros, igual que me complace observar que muchos de vosotros permanecéis entre nosotros. Todos sabéis que ayer se libró en los campos de Hogwarts una batalla sin igual hasta el momento en la que buena parte de vuestros compañeros y en especial uno de ellos arriesgaron sus vidas para defender las vuestras. Me entristece que el odio y la inquina de Lord Voldemort haya llegado hasta el punto de atacar una escuela llena de niños y mentes inocentes sólo por el placer de ver destruido el sueño de un viejo que le desagrada. Pero lo cierto es que nos han llegado noticias a lo largo de la noche de que Hogwarts no fue el único foco de sus ataques, todos debéis saber que tuvieron lugar más luchas encarnizadas en otros puntos de importancia para el mundo mágico y el muggle. De manera coordinada, por lo que hemos podido comprobar, atacaron así mismo el Ministerio de Magia y al Primer Ministro Muggle, así como lograron descubrir la sede de la Orden del Fénix y atacarla igualmente. – Su voz era serena y sonaba con mayor fortaleza que antaño – Quizás en un primer momento no pude agradecer del modo apropiado un gesto que ayer cuatro de vuestros compañeros tuvieron hacia mí, los que no lo sabéis aún no lo entenderéis hasta que no os lo cuente. Ayer la batalla se inició por parte de los seguidores de Voldemort cuando la fallecida mortifaga Bellatrix Lestrange lanzó un Avada sobre mi persona, tras mi consiguiente fallecimiento una avezada tiradora fue la primera en responder al eliminar a Rockwood… todo lo demás fue una concatenación de sucesos que será mejor no recordar, pero habéis de saber que me encontraba completamente muerto cuando mi buen amigo Hagrid recogió mi cuerpo y lo trajo hasta el castillo. En ese momento, la voluntad de los matrimonios Malfoy y Potter y quizás la comprensión por su parte de que sería necesario en el oscuro futuro que nos espera, hizo que reviviesen mi cuerpo por medio de un antiquísimo conjuro que no creo jamás vuelva a repetirse. – un suspiro de asombro recorrió la sala y todos miraron a los cuatro amigos que no deseaban tal reconocimiento – Cuando hablo de oscuro futuro quiero prepararos para las más terribles noticias, ya que aunque aquí hemos salido victoriosos en las otras batallas han caído muchos de nuestros aliados y enemigos de Voldemort. Algunos de ellos eran muy conocidos por nosotros y luego la profesora McGonagall repartirá unas listas con los fallecidos para que todos sepáis sus nombres, no os considero débiles de mente ni de corazón y querréis saber la verdad sobre aquellos de vuestros seres queridos que han muerto con valía y por la libertad. Aunque puedo adelantaros que ambos ministros, tanto el de magia como el primer ministro muggle han fallecido al ser tomados por sorpresa en sus despachos. Así como el Sr Fudge, conocido por todos por ser el anterior Ministro de Magia. Quiero también que sepáis que se ha enviado a por vuestras familias y que Hogwarts, así como Hogsmeade se convertirán en el bastión de defensa contra los Mortífagos, la aldea ha sufrido también el ataque de las fuerzas oscuras pero gracias a nuestra eficacia y arrojo han logrado expulsar hasta la última rata a favor de Voldemort. – tuvo que esperar a que los vítores de algunos cesasen antes de continuar – Por último he de hacer mención a aquellos que hoy faltan en esta reunión, supongo que sería ingenuo por mi parte esperar que sólo se estén escondiendo por miedo a las represalias, por ello me duele comunicaros que se sabe a ciencia cierta que los ausentes, salvo las dos víctimas que descansan en el sótano, se unieron de manera visible y sin ambages a los seguidores de Voldemort en su huída. En consecuencia son reconocidos a partir de ese momento como enemigos de Hogwarts.

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La guerra no ha terminado y el fic tampoco… sólo os pido un poco de paciencia.

Podéis darle las gracias a Nagini que ha sido la que ha estado azuzándome en el trabajo desde que se decidió a leer el fic.