Capítulo 29
Primer viernes
La semana había pasado volando. Los amigos se habían puesto al corriente de todo lo acontecido, en el tiempo que habían estado separados.
El ajetreo en la Madriguera, los había mantenido ocupados.
Ron ayudando a su padre en las reparaciones de la casa, Harry, colaborando en la cocina después de sus regulares visitas a San Mungo, y Hermione, se había ofrecido encantada para ayudar a Molly, con los cuidados de Perpetuo.
El niño era un santo, dormía, prácticamente, todo el día, y sólo lloraba cuando tenía hambre o necesitaba un cambio de ropa.
La matriarca de los Weasley se había sentido aliviada al tener a Hermione en la casa, y a pesar de que el pequeño, se había adaptado bien al biberón y a los chupetes; por las noches, la ausencia de su madre se reflejaba en los leves quejidos que producía. Se removía inquieto, como necesitando esa protección que solo Ginny podía calmar.
La familia estaba haciendo todo lo que podía.
—¿Y si alguno de los dos te acompaña?—soltó el pelirrojo, con las manos en los bolsillos de su pantalón.
Ron estaba nervioso. No le agradaba tener que dejar ir a su amiga, al encuentro con esa desquiciada.
—Sí, Hermione, deja que uno de nosotros vaya contigo. No tienes por qué enfrentarla tu sola—apoyó Harry.
—No puedo llegar acompañada, chicos. —recitó Hermione, como las tres veces anteriores.
Sus amigos habían aceptado, de mala gana, su decisión de ir. Y ahora que el momento había llegado, pensó que en definitiva, no era mala la idea—. Podrían acompañarme hasta el límite del colegio, ¿qué les parece?—propuso, apreciando el hermoso atardecer que lentamente desaparecía detrás de la colina.
—Algo es algo—masculló Harry, torciendo su boca, no muy conforme.
—De acuerdo—aceptó el pelirrojo—. ¿Y cómo llegaremos allí? —pensó, en voz alta.
—¿Volando?—propuso Hermione, levantando sus cejas, un tanto insegura.
Nunca le habían gustado demasiado las escobas, pero no se le ocurría otra forma de llegar. Su idea inicial, había sido trasladarse al colegio con cualquier y tonta escusa para luego escabullirse al final del puente colgante y desaparecer como la última vez, pero sabía que era un riesgo. Hogwarts estaba en remodelación, y por supuesto estaría lleno de gente, alguien la retendría o atrasaría y , ¿qué diría? : Disculpe, no puedo quedarme porque tengo que ir a encontrarme con Bellatrix Lestrange. ¡Una estupidez!.
—Buena idea—felicitó su amigo—. Harry, irá en su escoba y yo, te llevaré en la mía—finalizó, conforme y asintiendo.
—Bien, las buscaré—avisó, dándose la vuelta para ingresar a La Madriguera.
—Sácalas por la puerta de atrás, Harry—avisó, antes de que desapareciera—. Si no, mamá empezará con las preguntas…es mejor que nadie se entere. ¡Te esperaremos aquí!
El fuerte viento golpeaba su rostro. La humedad del creciente rocío, abrillantaba su piel pálida en esa inusual noche sin luna.
Ya estaban llegando. Se sostuvo fuertemente de la cintura de Ron, los últimos metros y de un momento a otro, aterrizaron limpiamente en el césped, al final del puente colgante.
—¡Llegamos!—exclamó Harry, aterrizando al mismo tiempo.
—Parece que está todo tranquilo—dijo Ron, observando el castillo a la distancia, y estirando las piernas. Después de casi una hora de vuelo, las sentía entumecidas.
—Eso parece—habló Hermione, arreglándose el pelo. Había quedado hecho un desastre, con el viento de frente y decidió que se lo recogería, haciendo un moño improvisado para que quedara, más o menos, decente.
—Chicos, regresen en una escoba y déjenme la otra—pidió la castaña
—. La esconderé junto a esa roca,—señaló—así cuando regrese, tendré en que irme.
—De ninguna manera. ¡Yo vendré a buscarte!
—Pero, Ron… no es necesario—quiso objetar. Ya bastante habían hecho sus amigos para que también se ofrecieran de taxi. No le parecía correcto.
—Claro que lo es, y no discutas conmigo, ¿quieres?—exigió, fingiendo molestia.
—Hermione, no te pongas difícil—suplicó Harry—. Ron vendrá a buscarte, mientras que yo, prepararé una cena rápida para que cuando regresen, no tengamos que comer en la sala. Inventaré una escusa, llevaré todo a la habitación, así estaremos tranquilos para que puedas contarnos todo con lujo de detalle.
—¡Buena idea, compañero!—apoyó—. En dos horas, estaré aquí—le dijo el pelirrojo a Hermione, sin darle opción a negarse.
Hermione sonrió agradecida y los abrazó a ambos.
—Nos vemos en dos horas—dijo, sacando la piedra de su bolso.
—Aquí estaré—aseguró Ron, despidiéndola con una sonrisa.
La primera vez que apareció en Luciole, cuando despertó, tendida en la hierba, era de día, pero en esa ocasión, había sido en un pestañar.
La pequeña piedra trasladora, la había jalado en un remolino, dejándola en el lugar exacto donde había aparecido la última vez.
Estaba oscuro. A lo lejos, el pueblo se divisaba sólo por algunas luces encendidas que destellaban a través de las cortinas cerradas.
Hermione, trató de no tropezarse y entrando en el conocido camino de piedra, comenzó andar con cuidado.
Recorrió el sendero con extraña tranquilidad. Reconoció que Luciole era hermoso, incluso en la noche.
Las luces en la casa de Antoine, estaban encendidas, como era de prever.
Hermione se detuvo un momento y giró su vista a la casa que estaba ocupada por Bella, a tres casa de ahí…el portoncito de madera, estaba abierto, como esperando su llegada.
No sabía si era resignación, pero primera vez podía decir que no se encontraba nerviosa por su inevitable encuentro.
Tocó la puerta y al instante fue recibida con una enorme sonrisa.
—¡Justo a tiempo, justo a tiempo!—repitió el anciano, haciéndola pasar, y sosteniéndola cariñosamente del brazo.
La preparación psicológica, no le había llevado tanto tiempo.
Nuevamente frente a su puerta, nuevamente verla y sentirla cerca.
Había dejado su bolso y su abrigo en la casa de Antoine, por lo tanto, su huida no podía ser directa, tendría que ir por ahí, antes de irse.
Pasó la mano por su cabello y acto seguido, sus nudillos llamaron tímidamente.
—Ho…hola—tartamudeó, de pie, frente a ella y con una nueva bandeja de galletas.
Esa noche, se parecía más a la Bellatrix que ella recordaba. Con un pantalón negro y blusa del mismo color, su piel blanca resaltaba, atrayendo ese halo de misterio y oscuridad que se escondía bajo el hechizo recibido.
¿Cómo podía ser tan hermosa y a su vez tan despreciable?, se preguntó, palpándose, inconscientemente, la cicatriz de su estomago. Esa mujer le había arruinado la vida, y ahí estaba ella… sin poder detener ese sentimiento tan profundo y vergonzante….el mismo sentimiento que la había arrastrado hasta ahí para terminar frente a ella con una bandeja de galletas, preparadas por un viejo que no sabía ni quién era.
—Hola…pasa, pasa, por favor—pidió Bella, emocionada y con una sonrisa—. Pensé que era tu abuelo—confesó—. Me da gusto volver a verte.
Bellatrix, sostuvo la puerta, haciéndose a un lado y la invitó a entrar a la casa.
Era la segunda vez que veía a la muchacha y a Bella, nuevamente le parecía percibir su profunda incomodidad. Era extraño, la observó un momento y nuevamente, la joven, evitaba mirarla a los ojos. No sabía que sucedía, pero definitivamente quería averígualo.
Hermione no supo de dónde sacó su valor para darle la orden a sus piernas para que avanzaran, pero así sucedió.
Atravesó la puerta, con la bandeja en mano y aguardó en el centro de la pequeña sala, dura como una estatua.
Bella, cerró la puerta y caminó hacia ella:
—¿Me permites?—preguntó, refiriéndose a las galletas, señalándolas con su dedo.
—Sí, claro, disculpa—dijo, extendiendo el envoltorio, rápidamente, para que lo tomara.
—¡Ven! , ¡Siéntate!—ofreció, tomando un plato grande para colocar los bocaditos en él.
En la cocina abierta, había una pequeña mesa de madera con cuatro sillas, haciendo juego.
La azabache, encendió la hornalla de la cocina y dándose la vuelta, preguntó:
—¿Quieres un té o café?
—Un té, está bien—agradeció, aun sin sentarse.
Dos horas, sólo dos horas, se repitió Hermione, mordiéndose el labio.
Quería desenmarañar el misterio que rodeaba a ese pueblo, a Antoine, sus sueños y la llegada de Bellatrix como muggle, y para descubrirlo, tendría que soportar.
La castaña respiró profundo y acercándose despacio, se sentó en una de las sillas.
Bella sonrió de lado, y estudiándola intrigada, se sentó frente a ella. Cruzó sus brazos por encima de la mesa y aprovechando el cortante silencio, buscó ese mínimo indicio que le dijera que estaba en lo cierto….que no eran delirios suyos. La sangre le fluía de manera vertiginosa, y se había dado cuenta que sólo ocurría cuando la joven estaba cerca, y eso, sólo podía significar una cosa… Era una locura, pero tenía que hacerlo, no podía quedarse con la duda. Tomando coraje, se animó a preguntar lo que venía dándole vueltas desde que la vio, la primera vez:
—Nosotras nos conócenos, ¿no?—soltó, sin más rodeos.
El corazón de Hermione, se detuvo por un momento, sin atreverse a observarla. ¿Y ahora que haría, qué diría? Antoine, prácticamente, le había suplicado para que no dijera nada.
¿No era que Dumbledore era infalible? Esto era grave, ¿recordaba? La magia dentro de Bellatrix, era poderosísima, nadie podía cuestionar eso. A las claras, estaba batallando por salir a flote. Pero la verdadera pregunta era: ¿Qué haría Hermione al respecto? Tendría que informarlo.
Su torturadora, su pesadilla, frente a ella…que irreal era la escena. Se veía preciosa y encantadora, quien podía imaginar lo que realmente era por dentro…lo que ella sabía que era por experiencia propia. Un alma podrida y corrompida, capaz de lo más siniestro.
Lisette…Bellatrix, ¿qué diferencia había?
La caldera hirvió, silbando suavemente, y ninguna se movió.
Hermione, cerró los ojos un instante y como una oleada irrefrenable, lo aspiró, lo sintió tan cerca y penetrante como aquella vez. Pero era distinto. No el que se mezclaba con la mugre y la sangre. Era el verdadero. Era ese aroma que la había hipnotizado desde un primer momento… el que le había nublado el juicio hasta la inconsciencia… el mismo por el que se sentía y se sentiría, siempre, culpable y asquerosamente sucia.
Sin saber por qué, y aún con sus ojos cerrados, las palabras salieron solas de su boca:
—Hueles a canela—murmuró, casi intangible, y sin contestar directamente a la pregunta.
—Así es—dijo la azabache, frunciendo el ceño y extrañada.
Bella se estaba exigiendo demasiado, su cerebro no lograba conectar absolutamente nada. Tenía una sensación de entendimiento y luego, en una milésima de segundo, se le escapaba, dejándola nuevamente en blanco…era frustrante. Pero algo estaba claro, no era algo que recordaba…lo sentía, lo palpaba como algo certero y sin discusión. Se sentía atraída, ¿pero cómo era posible que se sintiera atraída y triste, a la vez?, ¿Qué había pasado con esa chica?
—Me duele y me dolerá siempre—confesó Hermione, inesperadamente.
No sabía por qué había dicho aquello, pero no estaba arrepentida. En definitiva, era su verdad, y no estaba dando ninguna información en concreto, como para que Antoine le reclamara.
La castaña, abrió los parpados para mirarla por primera vez a los ojos y sus miradas se conectaron, como reconociéndose después de tanto tiempo.
—Sinceramente, no sé qué pasó entre nosotras, —se lamentó, sincera y tratando de buscar las palabras adecuadas para continuar— pero quiero confesarte algo…
—Dime—pidió, con la angustia brotando desde el centro de su estomago encogido.
—No recuerdo nada, pero desde que te vi, parada frente a mi puerta, supe que eras la dueña…
—¿La dueña de qué?—murmuró, haciendo lo imposible para que sus lagrimas no se les escaparan.
—De la voz que mi memoria guardo aquí—dijo Bellatrix, llevándose la mano al pecho y sin dejar de mirarla, con sus profundos ojos negros.
No demoré tanto como creí. Aquí estoy, nuevamente, con otro capítulo…por fin el momento llegó. De por medio, un té inexistente y una nueva bandeja de galletas.
Como siempre, dejen sus comentarios, y abrazos.
Lizi: Sí, ese es mi Facebook (Alphania Hodel) Pansy, pronto llegará a escena, y Harry es temperamental, terco y obstinado, pero ama a Hermione, supongo que en algún momento, cuando se entere, lo terminará aceptando.
Sthep: Sí, la actualización me lleva 15 a 20, ahora en verano, puede ser que me demore un poquito, pero no más de 2 a tres días. Siempre trato de tener alguna tarde-noche libre para adelantar lo más que pueda. Sii, pobre niño "Perpetuo" jajaja.
Karla: Había pensado algo parecido, (Celos de Hermione). Pansy está en un duelo profundo, pero tendrá ayuda para salir de ese estado, y a su vez, Tonks, también está en duelo por la muerte de Remus. Los hilos se irán enredando, jeje.
