Konungariket Sverige, Kingdom of Sweden

―Yo no lo llamaría una relación como tal―comencé, mirando mortalmente a Lukas―, pero sí tuvimos algo. Admito que me dejé llevar y esto me mantuvo cuerdo la mayor parte del tiempo, porque sin Lukas hubiese caído en la desesperación. Con Josefina molestando, con las nulas noticias que tenía de ti. Sin Lukas no estaría aquí. No fue una relación como tal, fue un soporte. No negaré nada, porque todo lo que quieras saber, pasó, pero no quiere decir que yo no siga completamente enamorado de ti, Tino.

Lukas mantuvo una expresión seria, casi neutral, indescifrable. La misma expresión que utilizaba cuando había gente cerca que no era de su confianza.

―No sabía cómo decírtelo, Tino―dije, al no obtener respuesta de ninguno de los dos.

Tino lloraba en silencio, sin levantar la vista del fuego ni poner ninguna expresión. Fue ahí cuando mi corazón se quebró.

Decidí no decir nada más. Cualquier cosa podría empeorar las cosas, tanto con Lukas como con Tino. Los ojos me ardieron y el labio me temblaba, lo que me hizo sentir vergüenza.

¿Me arrepiento de todo lo que pasó con Lukas?

Quizás eso es lo que más dolía. No me arrepentía. No podía ser así de ingrato para decir que Lukas sólo se aprovechó de mi situación, porque no fue así. Él me mantuvo con esperanzas. Lukas fue quién se ocupó de mi cuando ni yo mismo era capaz de hacerlo. Jamás entenderé cómo funcionan las ideas y tácticas de Lukas, pero funcionan. ¿Cómo podía explicarle eso a Tino?

Claro, no. No podía. Las palabras no fluyen con facilidad en mí.

Resolví colocarme de pie y alejarme un momento de ellos, aunque hiciera mucho frío y mi cuerpo rogara por el calor de la pequeña fogata. Me senté en un tronco un tanto alejado, en silencio. Me quité los lentes y cerré los ojos, dejando derramar una lágrima que dio paso a otra y así progresivamente. Lamenté no traer mi pañuelo, que estaba en la chaqueta que usaba Lukas. Apoyé mi cabeza en el árbol, alzando mi congestionada nariz a la brisa helada del bosque, dejando que esta me tocara con sus dedos invisibles.

¿Y ahora qué?

Mi mente no discernía cómo podría ser el futuro. ¿Acaso mi relación con Tino acabó? ¿Acaso tendré que alejarme de él una vez que esté a salvo?

No fue el mejor momento para contarle sobre lo que ocurrió con Lukas, pero mientras más tiempo pasaba, peor sería.

―Regresa al campamento―dijo Lukas, desde cierta distancia―. Hace muchísimo frío como para que estés lejos de la fogata.

― ¿Estás enojado conmigo? ―pregunté―Porque si es así, no entiendo.

Lukas se cruzó de brazos y me miró intensamente. Meditó un momento y se hizo el desentendido, dejándome solo.

Al cabo de unos minutos, regresé junto con Tino, quien se adentró en la tienda a dormir. Se acostó al fondo, dando la espalda al mundo. Sabía que le dolía el estómago y en la tarde nos percatamos que tenía algo de fiebre. Ahora, debe sentirse peor aún.

Me limpié las últimas lágrimas, recogiendo las cosas que habíamos utilizado. Lukas me observaba desde un rincón, expectante. Cuando hacía eso era porque quería que le hablaran.

―Lukas por favor―imploré―. Qué pasa. Dime por favor. No hagas esto más difícil.

Lukas me miró unos instantes más. Sonrió amargamente, con una expresión torcida que se transformó en un lamento. Con una seña de la mano, pidió que me acercara a su lado. Una vez que fui a su lado, el me pidió que nos sentáramos un momento, antes de apagar la fogata.

―Yo sé que está mal para ti y para Tino lo que hicimos, pero para mí no―comenzó, manteniendo la calma―, pero hay algo que sí está mal.

― ¿Y qué es, según tú? ―insistí, intentando no ser duro con mis palabras.

―Me enamoré de ti, pero no te preocupes. Si te parece muy desenfrenado y podrido mi estilo de vida, te diré que esto si está mal bajo mis conceptos, por lo que no intervendré en tu relación. Nunca más.

Lukas comenzó a llorar, pero se limpió las lágrimas rápidamente, con sus gestos elegantes. Su nariz se puso roja enseguida y me miraba fugazmente.

―Ya vete Berwald. Lo último que necesito es tu lástima. Déjame, yo arreglaré esto.

Alcé una mano para quitarle una lágrima con mi pulgar tembloroso. Lukas, con algo de violencia, tomó mi mano y la aparto.

―Vete.

―Lo siento―susurré, cerrando mis ojos y dando media vuelta.

Regresé a la tienda con Tino, dejando la salida algo cubierta, para poder vigilar a Lukas. Tenté una mano para acariciar la adolorida espalda de Tino, pero su voz me detuvo antes:

― ¿Por qué?

Retiré mi mano, sintiéndome un estúpido.

―Porque estaba débil. Porque me mantuvo con ánimos para continuar con todo. Porque soy incapaz de olvidarte. Él hizo tu papel muchas veces.

Tino se acomodó, mostrándome sus ojos enrojecidos y su nariz goteante. Busqué un pañuelo y se lo entregué en sus manos. Lo aceptó y se sentó un momento, respirando con dificultad. Se sopló la nariz y agregó:

―Yo también estuve solo y no me revolqué con nadie, Berwald.

Asentí y bajé la vista hacia la cicatriz de mi mano, la que nos unía en matrimonio.

―No sé qué decir. Todo lo que diga, sobra. Pasó, pero no por eso, te amo menos. Cada día te amo más, Tino. ¿Tú crees que tiraría siglos y siglos de sufrimiento en sólo un par de meses?

Tino negó, con una sonrisa triste en sus labios.

―No, eso lo sé―se acarició el estómago un momento y prosiguió: ―. Berwald, yo sé que tu amor es sincero. No lo dudo, en absoluto. Lo que no entiendo es lo que ocurrió con Lukas. No quiero que me cuentes nada, pero quiero que intentes explicarme qué te llevó a eso. No eres una persona viciosa, no eres inmoral, es por eso que no entiendo.

―Supongo que fue la desesperación. Tal como el alcohol. Me di cuenta que si estoy débil, caigo en vicios. Estuve tomando mucho alcohol durante ese tiempo, tanto así que no me permitieron pedir ni una gota, siquiera para navidad. Lukas dice que esto no es inmoral, que fue impuesto por la iglesia de un dios que no es el nuestro, que cuando éramos jóvenes las cosas eran diferentes.

―Sí, eran diferentes. Si siguiéramos esas leyes, yo podría salir con una espada y rebanarle el abdomen a Lukas por hacer lo que hizo―Tino asintió y se encogió de hombros―, pero los tiempos cambiaron, le guste a Lukas o no.

―Lo que quiero decir, es que él no lo hizo con ninguna mala intención.

―No lo defiendas, Berwald. Por favor.

―Te amo―susurré, sintiéndome terrible.

―Lo sé―dijo Tino.

Él se acostó, curvado sobre sí mismo, para dormirse.

Por otro lado, estaba Lukas, observando el fuego. Al menos estaba tranquilo. Divagué un momento por mis pensamientos, buscando descifrar los sentimientos de Lukas

¿Se puede estar enamorado de dos personas a la vez?

Yo no sentía el mismo amor que sentía por Tino cuando pensaba en Lukas. Era diferente. Lukas era seductor, atrayente, pero para mí, Lukas es mi alma hermana, como él dice muchas veces. Nos acompañamos cuando estamos solos, cuando lloramos y cuando reímos. Cuando todo el mundo se vuelve en contra nuestra él está ahí, sonriendo, con un comentario mordaz o una mirada sugerente.

Además, dudo mucho de que Lukas haya olvidado a Freydis como si nada. Mucho menos a Mathias.

¿Cómo demonios Lukas podía vivir entre tantos enredos amorosos?

Lukas es una persona bastante reservada en ese sentido; nunca sabemos de sus parejas y aseguro que, en muchos años, jamás lo vi con nadie. Esta debe ser la segunda o tercera vez que conozco a una de sus enamoradas en toda la vida, y para el tiempo que llevamos sobre la tierra, es bastante poco. Esposas ha tenido tantas como yo y tampoco se mucho sobre sus deseos o actitudes hacia ellas.

Los sentimientos de Lukas son intensos y es más enamoradizo de lo que creí. Lo más probable es que Lukas mantenga varias relaciones a la vez. Me cuesta entenderlo, pero no puedo dudar de sus sentimientos; a pesar de todo, mi hermano es un ser demasiado sensible.

Abrí mi reloj de bolsillo, que me regaló Josefina tanto tiempo atrás ("debería deshacerme de este reloj", pensé) y vi que eran las una y media de la madrugada. Al menos quedaban cinco horas de sueño y 8 de oscuridad. Me levanté con cuidado, intentando no despertar a Tino para apagar la fogata e ir por Lukas.

―Lukas, ven a descansar―dije, sentándome a su lado.

―No, me toca hacer guardia.

Era cierto, pero podía hacerla dentro de la tienda.

―Es mejor si mantenemos el fuego al mínimo Lukas. Algo como esto puede llamar la atención.

―Está bien―dijo, mientras se secaba las lágrimas con sus puños―, bajaré la intensidad.

―Lukas―susurré, buscando las palabras indicadas―, gracias por ser sincero conmigo.

Apoyó sus codos en sus rodillas para colocar su rostro entre sus manos. Me contestó con una sonrisa fugaz.

―Me siento culpable―confesó, ya tranquilo―. Siento que todo sucedió por mi culpa. Te casaste con Josefina para obtener mi independencia. Sí no te hubieses casado con ella, Tino y tu podrían seguir en el anonimato su relación. No tendría que haber dejado a Freydis o mi pequeño Emil... a Mathias. Todo esto que siento, es una manera de pagar mis errores, pero insisto, no te preocupes. Yo no destruiré lo que ustedes dos tienen. Yo los uní en sagrado matrimonio y así será hasta el final de sus días. Cuando te uní a Tino en el bosque, puse sobre ustedes un sello para que nadie ni nada los separara. No voy a profanar mis palabras. No necesito estar a tu lado para demostrarte cuánto te amo.

Lukas alzó una de sus manos y acarició mi mentón con sus dedos helados. Dentro de su tristeza, deslizó una expresión de picardía.

― ¿Podrás de vez en cuando, acostarte conmigo?

Reproché su pregunta con un gesto de desaprobación. Lukas soltó una sonrisa perspicaz. Se acercó a mi rostro y me habló suavemente:

―Cuando los tiempos sean malos, ahí estaré, en cuerpo y alma para ti. Ve el lado positivo: al menos Tino sabrá con quién lo estás engañando.

―Eres terrible, Lukas―solté, manteniendo firme mi expresión.

Lukas me robó un beso antes de incorporarse. Suspiré algo superado y miré con disimulo a la tienda, encontrándome con la espalda de Tino.

A pesar de lo descarado que demostraba ser muchas veces, Lukas era un hombre de sacrificios.

Se sentó a las afueras de la tienda, con su cruz entre sus dedos, sumando una culpa más a su via crucis.