Disclaimer: Los personajes pertenecen a Hiro Mashima

Chicos, si bien avisé hace no muchos capítulos que nos estamos acercando al final de la historia, el que haya demorado las entregas puede haber hecho que algunos no hayan reparado en eso, por lo cual es mi deber informarles a todos que este es el penúltimo capítulo. Desde mediados de la historia que ya tenía visualizado que iban a ser treinta capítulos en total, así que espero que disfruten de lo que va quedando...

¿Y dónde nos quedamos?

Ah, si...

Supongo que a veces el amor no basta... – digo en tono casi insultante.

¡Juvia no lo sabe! – Dice subiendo el tono, para bajarlo nuevamente y agregar en cansado reproche – y Gray-sama nunca le ha hablado a Juvia de amor...

¡Tienes razón, no soy bueno poniéndolo en palabras!

Siempre me dio la impresión de que Juvia podía leerme mejor que nadie, que podía ver lo que quería decir entre líneas, pero supongo que en este momento no está especialmente interesada en leerme y mi confesión le pasa velada, como si nunca hubiese ocurrido.

El rumbo de esta conversación no me gusta y creo saber lo que ocurrirá, así que tampoco quiero aclararle mis palabras.

Tal vez Gray-sama debería irse, es tarde y puede meterse en problemas si lo descubren.

Déjalo, sólo déjalo... si no me quieres aquí, ya no vendré – siento los ojos arder y parece que ya no puedo respirar aquí dentro – ¿sabes qué? si quieres sufrir está bien por mí, pero yo no quiero ser tu excusa...

Di la vuelta sin ver su expresión y dejé el lugar tan pronto como terminé de decirlo porque si hay algo que no puedo permitir que pase en este momento es que me vea llorar... ella no lo necesita y, obviamente, yo no lo necesito.

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CAPÍTULO 28: Perdido

No sé cómo llegué a casa, a mi habitación, ni tampoco cuánto tiempo llevo en el mismo lugar...

¿Realmente estoy aquí? Ya no lo sé. Me siento como un cajón vacío: sin dirección, sin propósito... fútil. No es la primera vez que me he sentido así, pero era un dolor de una herida tan antigua que creí que había cicatrizado, hace tiempo, pero ahora he encontrado que sólo se encontraba cubierta... olvidada en la oscuridad y aguardando a resurgir.

Apegarme a algo implica sufrimiento... Primero mis padres, luego Ul. Ultear se metió en mi cabeza pero no en mi corazón y, a pesar de ello, perderla fue perder también uno de los eslabones que me unía a mi pasado. Y ahora Juvia... ella sí que se ganó su espacio dentro de mí... poco a poco y sin prisas, llegó hasta el fondo, navegando en mi oscuridad y despertándome de un largo letargo, aunque en estos momentos hay una parte de mí que se lamenta de haber abierto esa posibilidad.

Si cada vez que llego a alguien este me es arrebatado de alguna forma ¿Cómo puedo confiar? ¿Cómo puedo aventurarme a hacerlo?

Es como si la vida se encargara de hundirme cada vez que respiro con tranquilidad, intentando ahogarme... pero bueno, no quiero pensar en analogías con agua...

Me siento dolido, porque realmente llegué a pensar que esta vez la tranquilidad, la estabilidad y felicidad que había obtenido sería duradera... realmente se sentía bien tener a alguien a mi lado que compartiera mi rutina diaria, que me aceptara y quisiera a pesar de todo. Y, nuevamente, lo he perdido. Ella ya no me quiere a su lado e inclusive duda de mis intenciones...

Es imposible que no vengan a mi cabeza todos esos "¿Qué hubiera pasado si...?" y me atormenten, trayendo consigo el frío a mi interior... aquel que siempre he intentado mantener fuera, pero que ahora me llega hasta la médula. Me siento como si hubiese muerto parte de mi alma, pero mi cuerpo todavía respirase, negándose a dejarme salir del suplicio.

Sí, es cierto, estoy aquí... pero solo en carne, porque mi mente deambula, entre recuerdos de su piel, en las noches que pasamos juntos, en los desayunos y caminatas, en las misiones y en cada expresión que pude ver en su cara, en mi pasado y en lo que conseguí ver del suyo, además del futuro... aquel incierto futuro que se yergue sobre ella y sobre mí... y, sobre aquel que podría haber sido.

Nunca pensé en tener un hijo... nunca me lo había planteado, hasta que Juvia y yo pasamos aquel susto en Crocus, y luego de eso estuve en una actitud de rechazo absoluto a la idea... pero pensar ahora que fue más que una idea, que fue un hecho, y que ya no se puede recuperar es desalentador. Si bien no me siento preparado para algo como ser padre el saber que era una posibilidad tan cercana... es extraño. Y no entiendo lo que siento al respecto. Es una maraña de emociones que no sé cómo desenredar... imagino que para Juvia ha de ser aún más abrumador.

Saber que he abierto mi mundo para ella y que he sido rechazado, excluido de su vida, de su compañía, de la posibilidad de asistirla en su dolor y sufrimiento es frustrante... Es más de lo que puedo soportar. Me despierta rabia, pero sobre todo pena.

He llorado más que suficiente en mi vida, y me niego a hacerlo ahora, pero las lágrimas no saben de razones y arden en mis ojos, dejando calientes y molestos surcos por mis mejillas.

Si tan solo no la hubiera llevado conmigo ese día... quizás estaría muerto ahora, pero ella estaría sana y sin problemas... o quizás, si no hubiese aceptado su propuesta en aquella fiesta, seguiríamos en nuestra dinámica anterior... quizás no serían las mejores soluciones, pero ambas me hubieran evitado el sufrimiento que tengo.

Bueno, no puedo desandar el camino hecho... y no sería justo, porque no lamento lo que he vivido con Juvia... Inclusive las discusiones y dificultades.

¿Gray? – No... No quiero hablar con nadie... – ¡Gray, sé que estás en casa! – Puede ser, pero ni siquiera yo lo he notado porque a estas alturas bien podría ser parte del mobiliario. – ¡Hablé con Juvia y me quede preocupada por ti...! ¡Abre la puerta, por favor!

Bueno, si Erza es capaz de pedir por favor, supongo que estoy más hundido en la mierda de lo que pensaba.

Como comienza a golpear insistentemente la puerta supongo que tengo que hacer algo antes de que la eche abajo o llame la atención de mis vecinos, así que junto aire y camino desde mi cómoda posición en el piso de mi pieza hasta llegar a la puerta de entrada.

¿Qué quieres? – le pregunto abriendo de improviso y llevándome de paso un par de golpes de los que iban dirigidos a la puerta – Despiertas a mis vecinos.

Gray... – su tono de sorpresa y confusión son ofensivos, pero parece sacudirse eso de encima para mostrarse molesta – Son las 6 de la tarde, no voy a despertar a ninguno de tus vecinos...

¿Erza, qué haces aquí? – Pregunto en tono más cansado de lo que me gustaría.

¿Puedo pasar? – pregunta suavizando un poco más su tono.

Bueno, ya estás aquí. – digo abriendo la puerta.

Mira el desorden que recuerdo levemente haber hecho cuando llegué y luego me vuelve a mirar.

Juvia me dijo que se vieron – dice seria.

Si vienes a amenazarme por haberme colado en Fairy Hills te recomiendo que te lo guardes, porque no volveré a hacerlo – Hago una pausa cuando pienso en la siguiente frase porque me da una especie de puntada de dolor antes de decirla – Ya no tengo razones para aparecerme por allí nuevamente.

No sabía que te habías colado en los dormitorios... – dice con cara de cabreada, pero se vuelve para poner en pie uno de los sillones que yacían en el suelo y se sienta en él – Pero Juvia me contó lo demás.

Lo demás... qué lástima que algo importante para mí sea "lo demás"

O sea que te conto que me botó – Deseaba inyectar más disgusto a esa frase, pero cuando la escucho salir de mi boca suena a dolor.

Así que es cierto... – dice bajando la mirada – Ella... bueno, la entiendo... pero no me gusta que ambos estén sufriendo.

Ya es difícil pasar por esto, pero escuchar que alguien más tiene lastima es una carga... una que no necesito.

Erza, si viniste sólo a corroborar eso, te voy a pedir que te vayas – le digo cerrando los ojos, esperando que con ello no vea dentro de mí, como muchas veces lo ha hecho.

Venía a saber cómo estabas... me tenías preocupada, porque no te apareciste ayer ni hoy por el gremio.

Estoy bien, no soy tan tonto como para cometer una locura... sólo necesitaba estar solo. – Un día... O sea, no salgo, no duermo ni como algo contundente hace más de un día.

Lo entiendo... – dice levantándose y caminando hacia la puerta – Sólo... no quiero que te encierres. Tú sabes que cuentas con nosotros.

Lo sé. – le digo antes de que salga.

Tomo aire profundamente cuando ella deja la habitación, pero me encuentro con los ecos de mi propia mente cuando el silencio lo invade todo.

Vuelven a mí las voces que me culpan, que dicen que destruyo todo lo que está a mi paso y que me recuerdan lo solo que he estado, que estoy... que estaré.

No quiero este dolor, no quiero nada de esto...

Voy al baño y dejo el agua corriendo, a fin de meterme en la ducha y lavar mis penas de encima, o al menos acallar mis pensamientos por un rato, pero no alcanzo a hacerlo cuando siento unos toques en la puerta nuevamente y voy a abrir con toda la rabia que he acumulado, esperando encontrar a Erza allí, pero no es ella quien está frente a mí.

Gray-sama, Juvia estuvo buscando en su habitación algo y no pudo encontrarlo y... – Verla me duele más de lo que esperaba y, sinceramente, no es algo que quisiera ahora... no estando así de desbalanceado...

Si necesitas buscar algo aquí puedes hacerlo, pero te advierto que está más desordenado que de costumbre. – Le digo bajando la mirada al suelo, para evadir la suya. Suelto la puerta, dejándola entrar y confiando que ella la cerrará mientras me dirijo al baño, porque no quiero ver su reacción cuando mire el lugar – Yo voy a tomar una ducha.

Cierro la puerta del baño y me recuesto contra la misma, sin saber qué hacer. No quería que se topara con el desastre que estoy hecho ahora mismo, y con la hecatombe que dejé a mi paso después que volví a casa intentando apaciguarme tras hablar con ella. No quería que supiera cuánto me duele todo esto... cuanto duele estar encerrado en una casa llena de recuerdos suyos, que ella misma plantó a punta de insistencia...

Abro los ojos y el espejo me devuelve la mirada. El vapor que se ha juntado, producto del agua caliente, hace que mi imagen se vaya empañando poco a poco, desvirtuándose, quedando sólo unos difusos colores sobre el cristal... sigo siendo yo, pero ya no soy el mismo.

Cierro la llave y salgo a buscar a Juvia por la casa.

La encuentro sentada sobre mi cama, con semblante triste, mientras observa su entorno: los muebles descorridos, la ropa tirada que salió volando de los cajones... pero algo brilla entre sus manos: el prendedor que le regalé.

Yo ya no soy el mismo que era... Tú te encargaste de cambiarme...– le suelto desde la puerta de la recámara, antes de sentarme junto a ella en la cama. Lo hago con tal intensidad que ella me mira con tristeza... y eso duele como la mierda – Por eso es que no puedo permitir que el último recuerdo que tengo de nuestra relación sea la discusión de la otra noche. – le digo tomándola por el mentón y estampando un beso en sus labios, el cual no espero que devuelva, pero que responde lentamente.

Siento sus manos tomar mi cuello y mi rostro, mientras que las mías la atraen de la espalda. Siento cuando un sollozo escapa de su boca y la sal de sus lágrimas tiñe el sabor de sus labios, contagiándome de su emoción.

Quédate conmigo esta noche, aunque sea la última... – le digo haciendo cosquillas en sus labios con mi boca. Sólo asiente con la cabeza, pero eso es suficiente para mí.

No busco más que su cercanía, el derretir el hielo de mi interior durmiendo abrazado a ella.

Solloza varias veces en la noche, pero se refugia en mi pecho para calmarse. Lo sé porque ninguno de los dos pudo conciliar el sueño.

Para cuando la luz comienza a amenazar con aparecer, y vislumbro la posibilidad de que tendré que separarme de ella, la desesperación puede conmigo y soy yo quien se sorprende a sí mismo dejando escapar silenciosas lágrimas. Juvia parece notarlo y vuelve a sollozar, esta vez con más fuerza. La beso y siento la necesidad de dejarle mil recuerdos que opaquen las últimas malas experiencias que tuvo a mi lado, aunque no sé cómo. Nuestro beso, mezclado con los sollozos, comienza a hacerse más desesperado y siento las manos de Juvia recorrer nerviosamente mi espalda. Respondo de la misma manera y, prontamente, veo que el placer y el dolor se mezclan en su expresión.

Me cierno sobre ella, aumentando el roce entre nuestros cuerpos y es ella misma quien comienza a quitar mi ropa.

Es la primera vez que experimento el deseo de esta forma... Como una necesidad más emocional que física.

Descubro su piel rápidamente, dejándole sólo en ropa interior, pero dedico todo mi tiempo a tocarle, acariciarle, teniendo en consideración que podría ser la última vez. Me doy el tiempo de besar cada espacio de su cuerpo y ella me abraza y acaricia en todo el proceso. Pero, cuando quito la ropa interior de su sitio Juvia cubre con una de sus manos la sonrosada cicatriz de su reciente operación que, si bien es nueva, parece completamente curada por los cuidados que se le han brindado.

No... Déjame... – le pido, empujando suavemente su mano fuera de aquel lugar – es parte de tu historia – le digo besando aquella marca y los dedos que recién la cubrían. – es parte de nuestra historia.

Siento mis ojos nublarse nuevamente, por lo que los cierro y respiro hondo, empujando las lágrimas nuevamente a un lado.

Vuelvo a besarla y dejarme llevar por mi necesidad de ella, de sentirla... de amarla... de expresarle todo aquello que las palabras no pueden...

Entro en su cuerpo con calma y, aunque lo conozco, y también sus reacciones, intento plasmar en mi memoria todo aquello que pudiera olvidar. Su aroma silba en mis sentidos, su tacto, sus gemidos...

Cuando su orgasmo rompe el silencio, el mío le acompaña... y en su pecho cansado deposito un beso, y otro más en sus labios.

Te amo – Le digo con los ojos cerrados y apoyando mi frente contra la suya – No me importa si me crees o no... Porque no va a ser menos cierto por ello.

La siento sollozar mientras me abraza y, así de revueltos, nos encuentra el alba.

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Capítulo 30: Final

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Estaré esperando sus reacciones y distintas hipótesis respecto a lo que ocurrirá. Acepto también mensajes personales (creo que he respondido todos los que se me han enviado) porque, aunque no suba capítulos a menudo, si voy revisando la progresión de las visitas y de los otros fics que sigo con regularidad.

¡Besos!