Aquí estamos de nuevo... con poquito para el final de esta historia, la que espero y estén disfrutando. Mil gracias por los comentarios de Favoritos que me han llegado, los reviews... en fin, gracias por cada palabra y el tiempo que dedican a leer.
Abrazos especiales a mi super beta Paly...
Con amor: Cata!
Abrazo de reconciliación
-¿Madre?- preguntó Edward absolutamente sorprendido.
-Edward… hijo… ¿tienes un tiempo para mí?- preguntó Esme muy apenada.
-Sí, sí, claro. Pasa por favor- dijo Edward, dándole paso a su madre para que entrara en su apartamento. Ella nunca había estado allí. Se imaginaba ese lugar de otra forma. Pero estaba colmado de un ambiente hogareño que la hizo estremecer. Era muy amplio y luminoso. Muy bien decorado. Seguro Alice estuvo involucrada, pensó Esme. Edward, al ver el mutismo de su madre, carraspeó, haciendo que ella se volteara y quedara de pie frente a él
-No sé… no sé cómo comenzar- asumió ella con mucho nerviosismo.
-Comienza por decirme a qué has venido-
-Odio… odio esto… este distanciamiento- dijo, con la voz temblorosa.
-La distancia la has puesto tú, madre-
-Lo sé, lo sé Edward. Pero ya no… ya no quiero más esto…- dijo, dejando que el llanto comenzara a aflorar, mientras a Edward se le formaba un nudo en la garganta. Él había estado esperando por ese momento desde hace mucho -¡Por Dios hijo, te extraño tanto!- dijo ella al fin, rompiendo en llanto.
-Madre, nada cambiará si no cambias tu actitud…-
-¡Hijo, por amor a Dios, perdóname! Te lo suplico hijo, perdóname. He sido una tonta por mi actitud… y ya no quiero más eso…-
-Mamá… no supliques perdón- dijo, abrazándola con fuerza, y besando con adoración el tope de su cabeza -yo nada tengo que perdonarte. Sabía que cambiarías tu actitud- le dijo suave y sinceramente a su madre.
-Y tengo que hablar con ella también… con Isabella…-
-Ella estará encantada de oírte mamá- contestó él, limpiando las lágrimas de sus mejillas.
-La traté muy mal… espero que no me guarde rencor-
-Ella también estaba esperando que cambiases de opinión. Le hablé de ti, de cómo eras en verdad, así que no te guarda rencor- aseguró, mientras acariciaba el hermoso rostro de su madre.
-Pero Edward, hijo, hay algo importante de lo que tengo que hablarte: se trata de Tanya. Mi actitud tenía una razón de ser… no sé si consciente o inconsciente…-
-¿De qué se trata?- preguntó, llevando a su madre de la mano hacia uno de los sillones.
-Verás, las cosas con ella no marchan bien… y no quiero contarte esto para que cambies de opinión, sé que eso no pasará, te lo quiero contar porque hay que tener cuidado...-
-Me estás asustando…-
-Ella… ella no está bien. Hace tiempo tuve una conversación con Carmen…- y ahí, Esme comentó a relatarle a su hijo todo lo que sabía. La cara de Edward se fue tornando de la sorpresa, la extrañeza y el pánico, mientras su madre le hablaba de la extraña deficiencia psiquiátrica que Tanya ha poseído durante toda su vida, y de la que él jamás se percató. ¿Cómo pudo haber estado tantos años con una persona, y conocerla tan poco? Intentó hacer memoria de alguna conducta extraña de Tanya, pero nada llamaba su atención. Bueno, Tanya siempre fue una mujer que gustaba de tener todo planeado. Se disgustaba cuando las cosas salían de sus planes, pero eso era normal, ¿no? A veces él se sentía de cierta forma obligado a seguir los planes de su novia para no disgustarla: "Eres un maldito macabeo, Cullen" le restregaba James cada vez que eso sucedía. Pero él lo hacía para no tener problemas con ella, para hacerla feliz. Pero de ahí a ese extraño síndrome posesivo del que hablaba su madre… quizás en los detalles… las veces en que Alice insistía en que compartiesen ropa, pero ella se negaba tajantemente; o cuando me celaba con James… ¡Dios, los detalles...! Pero él siempre encontró eso normal… claro, se estaba tratando, tenía que parecer normal…
-¿Enfermedad psiquiátrica? ¿Cómo… cómo no me di cuenta…? Ella nunca me comentó nada… nunca vi nada extraño…- se preguntaba Edward, sorprendido por lo que su madre acababa de contarle, y por los detalles sobre los que trató de recordar y las mil cosas que quizás pasó por alto.
-Se trataba de eso, de que no te dieras cuentas. Además, ella estuvo bajo control todo ese tiempo. Las cosas marchaban con normalidad, ya sabes. Tenía todo lo que quería, pero ahora ni siquiera la reciben en su trabajo. Allí también hizo un escándalo. Sus padres han tratado de hacerla entrar en razón, pero ella se revela a eso. Insiste en que está bien…-
-¿Has hablado con ella madre?- le interrumpió Edward, comenzando a asustarse por la desaparición de Tanya. Quizás le podía haber pasado algo… o quizás…
-Hace un par de semanas que no la veo. Siempre traté de estar al pendiente de ella, ya que no quiere que sus padres se le acerquen, por lo menos a mí se acerca. Dice que soy la única que no la traicioné…-
-¿Sabes dónde está?-
-No hijo. Sé que rentó un departamento porque ella misma me lo dijo, pero no sé en donde…-
-Madre, ella sabe que Bella y yo…-
-Sí hijo, lo sabe. Sabe de tu relación con ella, sabe del embarazo de Bella…-
-¡Por Dios!- exclamó, sintiendo temor por lo que pudiese maquinar ahora aquella mujer
-¡¿Qué?- preguntó Esme asustada al ver la reacción de su hijo
-Madre, ella intentará acercarse a Bella… y no quiero ni pensar…- llevando sus manos a su cabello, en su tan común gesto de desesperación.
-No sería capaz de llegar a tanto…- dijo ella, tratando de negar las teorías de Edward.
-No en su sano juicio, pero sabemos que precisamente ese no es su estado ahora-
-Me siento tan culpable…- iba a lamentarse ella, pero su hijo enseguida la detuvo
-No tienes la culpa de nada- dijo, tomando la mano de su madre y llevándola a sus labios. Luego se levantó y tomó su celular -Ahora déjame llamar a Bella, quiero saber quién está con ella. Charly la irá a buscar para almorzar juntos, pero quiero cerciorarme…- decía, mientras maniobraba su móvil, buscando a Charly entre sus contactos. Habló con él, mientras Esme recorría el apartamento. Deambuló por las estancias del lugar y se encontró con un dormitorio amplio, que estaba a medio decorar. Claramente sería el de los niños. Estaba pintado de un color amarilla pálido y unos detalles en la decoración con dibujos en alusión a animales, pero aún faltaban las cortinas, "Podrían ser de tonos combinables con las cunitas y con la alfombra" pensó Esme, observando las dos cunas que había en el centro de la habitación, ambas de madera blanca. Además, había paquetes de regalo esparcidos por toda la habitación. Esme pensó en lo mucho que se había perdido, y le dolió haber estado ausente de todo aquello. ¿Dejaría Bella que ella estuviese presente ahora? ¿Sería capaz de olvidar…?
-¿Te gusta?- preguntó Edward desde la puerta de la habitación, con un semblante más tranquilo.
-Es perfecto, de muy buen gusto- asintió ella.
-Alice se ha vuelto loca con la decoración. Las gavetas de ropa están llenas. Todos los días llega con algo nuevo. Esta tarde decidirán con Bella el color de la alfombra…-
-Deben estar a tono con las cortinas…- concluyó ella, haciendo sonreír a su hijo.
-¿Por qué no las acompañas?-
-Yo… yo no creo… antes de ponerme a hablar de decoración con Bella, debo disculparme… y estaría en todo su derecho de sacarme a patadas de su casa…-
-No diga tonteras señora. Acabo de hablarle y está feliz de que estés aquí. Ella también quiere verte, ella quiere conocer a la verdadera Esme, de la que siempre le hablé- dijo Edward. "¡¿De verdad está ahora contigo? Oh Dios mío… no dejes que se vaya… Dile… dile que nos espere… Sí… también quiero verla Edward… dile que estaré feliz de verla… ¡Díselo Edward!" recordó Edward las palabras de su mujer minutos atrás cuando se lo dijo. Ella se escuchaba emociona, y aquello lo emocionaba a él también. Que Bella compartiese su emoción de volver a tener a su madre cerca, lo llenaba de dicha.
-¿De… de verdad?- preguntó, volviendo a derramar lágrimas, esta vez de felicidad.
-De verdad mamá. Ahora señora Cullen, permítame preparar almuerzo para usted. Seguro Alice llegará en unos momentos, y se alegrará tanto como yo de verte aquí- dijo, mientras llevaba a su madre a la cocina. Edward y Esme estaban rebosantes de felicidad. Por fin él sentía una felicidad completa, que no estaba dispuesta a que nada ni nadie le arrebatara. Ni siquiera Tanya.
Cuando Alice arriba al departamento de su hermano, y ve a su madre ahí, se puso a dar saltitos de felicidad. Comenzaron a hacer planes enseguida y quedaron en preparar una cena para la noche siguiente, con los padres de Bella y ellos. Sería perfecto. A Edward no le quedó otra que acatar. Así que allí las dejó, revolviendo muestrarios de telas para las cortinas y las alfombras, mientras esperaban que Isabella llegase del almuerzo con su padre. Él tenía clases en la universidad, así que no regresaría sino hasta las ocho, con Jasper y James, a quienes había invitado a comer.
-¿Tienes algo hija? Te inquietaste cuando tu hermano nombró a sus amigos, ¿Pasa algo con James?-
-No, James no-
-¿El otro chico entonces, Jasper, no?-
-Ese es el problema mamá… que no pasa nada…- comenzó a decir, pero la puerta del apartamento se abrió.
Bella acababa de llegar. Iba muy nerviosa con el hecho de encontrarse allí con Esme, por fin. Con la verdadera Esme.
-¡En el dormitorio de los niños!- gritó Alice cuando sintió cerrar la puerta de entrada. Dejó su cartera y su chaqueta y a paso lento se dirigió hasta allá.
-¡Mira quién vino a ayudarnos!- dijo Alice cuando vio entrar a Bella, abrazando a su madre por los hombros. Isabella la miró y esbozó una gran sonrisa. Esme sintió deseos de llorar, y fue lo que hizo.
-Yo espero… yo espero no molestar-
-La esperábamos hace tiempo ya- dijo, sin dejar de sonreírle. Por lo que Edward le había contado, las cosas ahora marchaban muy bien.
-Isabella… Bella… yo quisiera que… que perdonaras mi actitud…-
-Yo no tengo nada que perdonar, sólo estabas cuidando a tu hijo de una mujer como yo-
-¡No, no, yo no…!-
-Esme, hay cosas de mi pasado de las que me arrepiento. Incluso a veces me pregunto si me merezco tanta felicidad. Pero el amor de tu hijo me cambió… yo, yo estoy arrepentida de cómo hice las cosas… pero amo a Edward, esa es la pura verdad Esme…-
-Eso ni que lo digas… sé que lo amas, como él te ama. Pero no estoy aquí para cuestionar eso, estoy aquí porque te debo disculpas, más que eso, debes perdonarme… pero la lejanía con él, estar lejos del desarrollo de mis nietos me está matando… yo…-
-Esme, nunca hubo una pizca de rencor en mi hacia ti, muy por el contrario… no tengo nada que perdonarte…-
-¿Puedo…?- dijo Esme, acercándose a ella con una clara intención: abrazarla. Isabella sólo asintió y dejó que la madre de Edward la abrazara. Enseguida, Esme llevó su mano hasta el vientre prominente, y al instante que posó su mano, desde adentro, una muy fuerte patadita hizo que Bella diera un respingo de sorpresa.
-¡¿Lo sentiste? Apenas y tocaste y ellos quieren hacerse presentes… Ni siquiera cuando Edward toca ellos responden así…-
-¡Hola pequeñitos míos! Soy abuela Esme…- dijo, hablando con ternura en dirección a la barriga de Bella, mientras la acariciaba. Bella estaba feliz, Alice en silencio contemplaba la escena llena de dicha y Esme se sentía emocionada y dichosa de poder por fin compartir la alegría de su hijo.
Allí se quedaron las tres mujeres haciendo planes de decoración para el dormitorio, además de coordinar la cena familiar que mañana los reuniría al fin a todos.
Alice, con mucho tino, decidió dejar a su madre y a Bella durante un par de horas a solas para que hablasen. Había dejado pendientes un par de cosas en el centro comercial, así que se dirigió hasta allí. En el lugar, había un sector especializado en recién nacidos, y ella necesitaba un par de cosas para terminar de decorar el cuarto de sus sobrinitos. Su madre le había ayudado a elegir la tela perfecta para las cortinas y ya el pedido con las medidas de la alfombra lo acaban de pedir mediante una página de internet, entre otras cosillas. Eso sí, debía ser todo desmontable, pues ni Edward ni Bella se imaginaban la sorpresita que el par de abuelos locos, Charly y Carlisle, tenían para ellos. Eso de que vivieran en un apartamento por muy espacioso que fuera, no les gustaba. Así que, con ayuda de ella y de un corredor de bienes raíces, encontraron una casita en un muy buen sector de la ciudad, regalo para sus hijos y nietos. Ellos esperaban que no se fueran a poner orgulloso y en plan de rechazar el regalo. Así que la hermana menor de los Cullen, tenía mucho trabajo: la decoración de la casa, y sobre todo el ambiente exclusivo de sus sobrinitos la tenía todo el día con la mente ocupada.
Iba llegando a la tienda, cuando de frentón se encontró con un alto y guapo hombre, rubio de ojos claros que le había quitado el sueño desde el mismo día que lo conoció: Jasper Whitlock. Él le dedicó una asombrosa y preciosa sonrisa, mientras Alice sentía que comenzaba a derretirse. La última vez que habían salido fue para el evento automotriz de la empresa que dirigía Bella. Después él coordinaba salidas con ella, pero se retractaba, aludiendo a compromisos de trabajo de última hora es más, la dejó plantada un par de veces en un restaurante, así que Alice decidió tomar distancia. Ya ni siquiera le preguntaba a Edward por él, y por lo que presintió, él tampoco preguntaba por ella. Ahora entendía por qué. De cualquier modo, el encontrárselo allí después de todo ese tiempo, hizo que ella se sintiera como si comenzase a flotar con el solo hecho de tenerlo allí en frente y eso que aun ni siquiera se saludaban… pero un carraspeo femenino la hizo pisar tierra de nuevo. Jasper no andaba solo. Una colorina mujer, con quien le vio por primera vez, lo acompañaba. Victoria, como marcando su territorio, se allegó más al cuerpo de Jasper, agarrándole del brazo, sin quitarle la vista a la pequeña Alice, quien sintió ganas de llorar y salir corriendo de allí:
-¡Pero qué sorpresa! Alice, han sido meses sin verte…- dijo Jasper, con un tono encantador
-Sí… he estado ocupada...- dijo ella, desviando su vista de la intensa mirada de Jasper.
-Los sobrinos… claro. Esta noche he quedado con Edward de ir hasta su apartamento… precisamente estaba comprando regalos para tus sobrinitos- dijo él, mostrándole las bolsas que llevaba en su manos
-Oh, qué bien-
-¿Te veré ahí?- preguntó él, sintiendo deseos de empujar lejos a Victoria con quien se había encontrado fortuitamente en ese centro comercial y que ahora lo "acosaba" de forma tan inoportuna frente a Alice.
-No… no creo… tengo una cita- dijo ella, inventando una historia en su cabeza, ¿pero por qué?
-¿Cita?- preguntó él, sintiéndose contrariado al instante que supo de esa cita.
-Sí… este… un amigo... o más que amigo… ya sabes- respondió ella, muy nerviosa. Generalmente era ingeniosa, pero esta vez le estaba resultado difícil hilar esa mentira, pero "¿por qué se supone que estoy mintiendo?" Se preguntaba.
-No, no sé. No sabía que tenías novio- dijo, mordazmente, sintiendo deseos de conocer al patán ese, y ver qué era lo que se atrevía a hacer con su hermoso duendecito… "¿Mi hermoso duendecito?" razonó segundos después.
-Yo, yo…- iba a explicarse, cualquier cosa, pero la colorina mujer interrumpió su balbuceo:
-Sí, es fabuloso que tengas novio. Ahora querida, nos tenemos que ir, ¿verdad Jasper?- preguntó al rubio hombre, que no le quitaba los ojos de encima a Alice
-¿Eh?... sí, creo que sí. Fue un gusto verte Alice- se despidió él en tono serio, dejándose llevar por la molestosa de Victoria.
-Claro Jasper- susurró ella, agachando la cabeza, derrotada. Lo sintió pasar junto a ella. Segundos después, inconscientemente, giró su cabeza hacia atrás, percatándose que Jasper había hecho lo mismo. Las miradas de estos dos jóvenes se cruzaron por fracción de segundos. Ella, con los ojos le rogaba que volviese y la abrazara, y él… él le pedía que la esperase, que ya pronto, muy pronto estarían juntos. Por siempre.
Con una sensación extraña en el cuerpo y el alma, Alice dio un suspiro, y se concentró en ponerse a trabajar y hacer las compras pendientes que tenía. Ahora, sus sobrinitos, su familia, debían ser lo más importante para ella.
Durante la noche, mientras su hermano estaba ocupado con sus amigos, entre ellos Jasper, ella hablaba con Bella, y le contaba de sus pesares sentimentales:
-¿Sabes? A Jasper lo conozco desde hace años. Él trabaja para una consultora externa que trabaja para la empresa, además de hacer clases en la universidad donde mamá es directora. Creo que debes cuidar ese corazoncito tuyo, ese tipo tiene fama de "picaflor", ya sabes-
-¿Qué me cuide? ¿Ahora me lo vienes a decir, cuando yo ya le entregué mi corazón?-
-Pero si me dices que a penas y has salidos con él una vez…-
-No hizo falta más que verlo la primera vez para saber que me había enamorado como una tonta, Bella…-
-No puede ser…-
-Pero le soy indiferente, lo sé. Hoy andaba con su amiga Victoria-
-También la conozco: caza fortunas-
-¿Caza fortunas?- preguntó Alice confundida
-Es como se le conoce en el ambiente… oye, este mundo de los negocios es un micro mundo paralelo, donde todos se conocen con todos. Alice, aléjate de Jasper, tú te mereces a alguien mejor que él…-
-¡¿Y por qué no puede ser él, eh? ¿A caso no estoy a su altura?-
-¡¿De qué maldita cosa me hablas Alice? Mira nena, si él está interesado, deja que él sea quien se acerque, y deja de mirarlo con cara de borrego a medio morir cuando lo veas. Que ese tipo pelee por ti Alice, se merece que se arrastre tras de ti, así que no te dejes convencer con miraditas o un ramo de simples flores…-
-¡Que ruegue!-
-¡Si, que ruegue!-
-Oye, ¿y él aún está allí en el apartamento?-
-Sí, Jasper y James aún están aquí-
-Ok, mejor me voy a dormir. Mañana tengo mil pendientes, y tú tendrías que hacer lo mismo-
-Sí, estoy rendida- declaró Bella, recostada sobre su cama y pensando en su trabajo de "Cupido express": primero con Jane, luego con Rosalie y ahora con Alice. Y se rió, porque ¿cuándo se imaginó ella estar dando consejos sentimentales? Ja, qué gracioso.
-¿Es usted feliz, señor Cullen?- preguntó Bella a Edward, después que sus "amigotes" Jasper y James se fueran. Ambos se encontraban recostados en su cama, acurrucados uno junto al otro.
-Mmm... Sí, puede decirse que sí- respondió él, dubitativo.
-¡¿Qué te pasa, eh?- dijo, golpeando su pecho en señal de reprobación de su respuesta.
-Calma mujer, calma. Lo que pasa es que me parece que la palabra "feliz" no abarca en verdad mis sentimientos en este momento. Es quedarse corto, y dudo que haya un humano más feliz que yo en este momento- dijo, besando sus labios.
-Pues aquí hay una humana y dos mini humanos muy felices también…- dijo ella sonriendo sobre los hermosos labios de Edward. Él no dijo nada. Volvió a tomar por asalto los labios de su mujer. Era difícil para él mantener la calma cuando besaba a su mujer. Enseguida comenzaba a sentirse excitado, pero claro, ahora tenía que irse con más calma. Era difícil hacer el amor con ella de forma desenfrenada, como solían hacerlo. Pero demonios, la deseaba tanto. El embarazo no había quitado una pisca de sensualidad en su mujer y adoraba eso. Claro, pero siempre que comenzaban el juego previo, uno de sus hijos, pateaba el vientre de su madre en señal de protesta, como lo estaba haciendo en ese momento
-Hay alguien celoso aquí adentro- indicó Bella cuando sintió la patadita
-Apostaría que es nuestro campeón; pero ahora se aguanta, después tendrá toda tu atención y yo tendré que andar mendigando cariño-
-Tonto Edward… quizás sea nuestra princesita que cela a su padre, ¿no crees?-
-Adoro pensar que sea así. Pero como sea, ¡Se aguantan los dos allí adentro!- dijo, dando una orden en dirección a sus hijos. Enseguida volvió a arremeter contra la boca de Bella y a acariciarla, antes de que ambos cayeran dormidos acurrucados uno junto al otro.
-Así que… hoy es tu último día en la empresa, ¿no?- preguntó Edward la mañana siguiente, mientras terminaba su café.
-No, mañana es mi último día- corrigió Bella, revisando el periódico
-Bella…- dijo Edward en señal de protesta, pero Bella lo interrumpió al instante:
-Edward, por favor… estaré un par de horas en la oficina. Tengo una reunión importante, luego me reuniré con tu madre y Alice para preparar lo de esta noche. Nos reuniremos en casa de papá, allí haremos la cena, ¿te parece?-
-Sí, me parece. ¿Quién irá por ti?- aceptó él, sabiendo que aquella batalla diaria no la ganaría él, además, no quería preocupar a Bella con el asunto de Tanya.
-Creo que puedo conducir…- se arriesgó a responder ella, sabiendo cual sería la reacción de Edward. Y le atinó.
-¡Ni lo sueñes Isabella!- protestó casi al borde del enojo
-Oye, cálmate- dijo, acariciando su cabello. Se le hacía extraño verlo tan preocupado -Alice irá por mí, y me quedaré el resto de la tarde en casa de papá, hasta la cena- explicó
-Desearía ir por ti…-
-No puedes, tienes clases, ¿lo olvidas? Y ya estás retrasado…-
-Bella, cualquier cosa me avisas, ¿Sí, por favor?-
-¿Pasa algo Edward? Por qué estás tan preocupado-
-Nada cielo, nada de qué preocuparse. Ahora vámonos antes que nos despidan a los dos- dijo, sonando despreocupado. Pero en verdad, la idea de que Tanya anduviese dando vueltas o que estuviese planeando algo en contra de Bella lo aterraba. Por eso su insistencia de que en ningún minuto estuviese sola. Por supuesto, no había querido decirle nada.
Para la tranquilidad de Edward, las cosas durante el día siguieron su rutina habitual. Le había hablado a Bella unas tres o cuatro veces en el día, además de cerciorarse de que Alice fuese por ella y que estarían en casa de Charly el resto del día. Que su madre estuviese con ellas le tranquilizaba. Y le alegraba profundamente.
Cuando llamó a su hermano mayor para contárselo, él suspiró de alivio:
-Vaya que buena noticia me has dado Edward-
-Fue una sorpresa para mí también, aunque las razones que la movieron a su acercamiento…-
-Dispara Edward, qué sucede-
-Se trata de Tanya. Mi madre presiente que algo está tramando… es largo de explicar…-
-Ella no sería capaz de hacerle daño a nadie si es eso lo que quieres decir-
-Las cosas han cambiado Emmett…-
-Ya veo. Me hubiese gustado que esta noche hubieses estado en la cena con la familia, pero quizás en un par de días nos podamos poner al día con unas copas del excelente vino que se fabrica por estos lados…-
-¿Significa eso que ya estás de regreso?-
-En dos días sale mi vuelo rumbo a Londres-
-¡Magnifico! Iré por ti al aeropuerto, debes darme los datos de la llegada de tu vuelo…-
-Que no se corra la voz Edward, digamos que quiero que sea sorpresa… o algo así…-
-¿Digamos que hay alguien en especial que no quieres que se entere de tu llegada?-
-Como decía Edward, nos vemos en dos días- dijo Emmett, pasando por alto la pregunta de su hermano, que ya bien sabía él hacia donde iba esa pregunta. Y no, no quería que "ella" se enterara.
-¡Ya iba siendo hora que nos reuniéramos, ¿no?- dijo Charly, recibiendo a Esme y a Carlisle cuando iban llegando a su casa. Alice, Renée, Edward y Bella estaban ya en casa, esperándoles. El ambiente en la casa era de algarabía. Las familias en plano estaban reunidas. Charly les contaba sobre sus planes del parque de entretención que estaba construyendo para sus nietos, cuestión a la cual Isabella no tuvo más que acatar, aun cuando supo que Carlisle, quien se suponía más sensato que Charly, también estaba involucrado. Renée y Esme se estaban recién conociendo, y ya la madre de Bella sentía una especie de simpatía absoluta por Esme, a quien encontraba tan encantadora. Alice en tanto, estaba compartiendo con las muchachas del servicio, las nuevas fotos de la última ecografía 3D que Bella se había hecho. Las 4 mujeres que trabajan para Charly, habían compartido con él la alegría que suponía para él ser abuelo y sobre todo cuando supo que lo sería por partida doble.
Isabella mientras tanto deambulaba por la casa, mientras el resto de la familia compartía. Quiso pasear en silencio por aquella casa que la albergó durante toda su vida. Era la casa de los Swan, lo había sido por generaciones… había tanto de su familia allí, pero sentía que había tan poco de ella impregnado en ese lugar… pero las cosas cambiarían cuando llegaran sus dos retoños a poner de cabeza todo aquel orden. Se rió ante esa idea.
Entró en uno de los salones que ella misma había mandado a decorar: la sala donde se encontraba el gran piano de cola que ella muy pocas veces usó. Recordó el porqué de ese piano en ese lugar, y toda la historia que aquello encerraba. De como una simple atracción se convirtió en una obsesión, y como esa obsesión en desenfreno y luego en amor. De lo mal que había comenzado a hacer las cosas, hasta darse por vencida y dejar que las cosas pasaran sin forzar nada. Recordó a la gente que pasó a llevar y a la que dañó. Y ese mismo recuerdo la llevó a Tanya y un escalofrío recorrió su espalda. ¿Podría alguna vez pararse frente a ella y pedirle perdón? Lo había intentado, justo antes de su boda… pero ella no oyó razones. Y estaba en todo su derecho.
Una especia de angustia la invadió al recordar a Tanya, no sabía por qué. Hace tiempo que no sabía de ella, desde la última vez que la vio en el concierto de navidad. Y de pronto, recordó la última pesadilla vino a su memoria, y otra vez, por instinto, llevó sus manos hasta su vientre. Su respiración se agitó un poco y se sintió un poco mareada. Intentó tranquilizarse. Se sentó en uno de los sillones de la sala de música, tratando de buscar calma.
-¿Bella?- la voz de Edward llamándola la sobresaltó. Él se acercó hasta ella, preocupado -¿Qué sucede? ¿Te sientes bien?-
-Sólo me dio un leve mareo Edward, nada de qué preocuparse-
-No me escondas nada…-
-Oye, es normal que pase esto, han sido muchas emociones en muy poco tiempo…-
-¿Estás segura?-
-¡Claro!- dijo, tratando de sonar convincente para no preocupar aún más a Edward -Será mejor que vayamos adentro, deben estarnos buscando-
-Ok, vamos, ya estaban preguntando por ti-
-Vamos entonces, ya tengo algo de hambre- le dijo, haciendo un poco de broma para olvidar esa sensación de preocupación que la acababa de invadir. ¿Pero qué podría pasar, si todo estaba bien? "Nada Bella, nada va a pasar…" se repetía, mientras iba de la mano de Edward, rumbo a reunirse con el resto de la familia que esperaba por ellos.
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