CAPITULO 29
Los personajes pertenecen a JK Rowling y la historia a Kikicullenswan
o-o-o
Hermione regresó al hotel con el tiempo casi justo para ducharse antes de que cerraran la cocina del restaurante.
Durante el último mes había ocupado cada día de la mañana a la noche. Para cuando la hora de irse a la cama llegaba, estaba exhausta y no tenía fuerzas para pensar en Harry. Por esa razón, no tenía la más mínima intención de cambiar su rutina.
Ese día había visitado la residencia, había supervisado las obras de la nueva ala de la clínica pediátrica en la que estaba colaborando, y se había hecho un tiempo para pasarlo con el pequeño Nahuel.
Hermione había vivido el parto de ese niño de principio a fin, y era por eso que el pequeño era tan amado como si fuera su propio hijo. El hecho de que además fuese un pequeñín muy listo y simpático, era un plus. En ese momento sólo quería cenar algo antes de encerrarse en su despacho para dar un vistazo a las cuentas del hotel.
Había bajado bastante de peso ya que este último mes había descuidado mucho su alimentación, pero tras la preocupación de sus amigos Charlotte y Mark, se obligaba a no saltarse las comidas, aunque no siempre lo hacía. Entró al restaurante y se sentó en el sitio más alejado de la barra, su lugar preferido.
- ¿Qué te sirvo, Hermione? – le preguntó Amun, el camarero que estaba tras la barra
- Mmm, lo que sea – dijo apática abriendo el periódico que había traído consigo desde la recepción
- ¿Lo que sea? ¿Y me aseguras que comerás lo que te sirva? – preguntó el hombre que también estaba preocupado ante la evidente pérdida de peso de la chica
Hermione sonrió ante el atrevimiento del hombre.
- Sí, pero no te pases, eh
Harry estaba sentado en el reservado más apartado del restaurante. Había llegado esa tarde al hotel y se había instalado. Para su fortuna, la recepcionista que le había recibido era nueva y no le había conocido. Fue sencillo alojarse sin que nadie se lo dijera a Hermione. Fue sencillo también preguntar por Hermione sin llamar demasiado la atención.
La chica le informó que Hermione no pasaba mucho tiempo en el hotel, aunque acostumbraba cenar y desayunar en el restaurante del hotel. Ya estaba pensando en retirarse resignado por no haberla visto.
Cuando al fin decidió que la buscaría a la mañana siguiente a la hora del desayuno, la vio entrar. Su corazón se aceleró al verla. Estaba preciosa, tal como él la recordaba aunque quizás un poco más delgada.
Vestía unos vaqueros pitillo y un jersey azul que parecía muy abrigado. Sus Converse negras completaban su atuendo. Tenía el cabello recogido en un moño flojo, que dejaba caer unos suaves mechones que enmarcaban su rostro.
La vio comer el sándwich y la ensalada que el camarero dejó frente a ella.
Inspiró profundamente bebiéndose el último trago de su cerveza para infundirse valor, cuando la vio dar el último bocado a su comida y el camarero retiró los platos dejándole una taza de café. Cogió la carpeta que llevaba consigo para Hermione y se levantó.
Se acercó a ella lentamente. No habló hasta que estuvo de pie detrás de ella. Hermione sostenía la taza entre sus dedos mientras leía el periódico.
- Hola, Hermione – la saludó nervioso
La manó de Hermione tembló derramando unas gotas de café antes de que depositara la taza en el platillo. Hermione inspiró antes de voltear la cabeza y mirarle.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó cuando al fin encontró su voz
- Herms, tenemos que hablar – dijo sentándose a su lado en la barra
Estar finalmente a su lado, lo conmocionó. La había echado tanto de menos que no sabía cómo había podido sobrevivir ese mes y medio desde que ella lo abandonara sin siquiera una palabra de despedida.
- No tengo nada que decir y no hay nada que quiera escuchar – dijo evasiva volviendo su mirada al periódico
Sus dedos temblorosos hacían tremolar las páginas.
- Te fuiste sin decirme una palabra, Hermione – argumentó Harry acongojado – Necesito escuchar de tu boca las razones para dejarme así. Necesito que me digas por qué no me diste la oportunidad de defenderme de lo que pensabas que había hecho.
- Hay hechos que dicen más que mil palabras, Harry. ¿Crees que necesito tus palabras? – Replicó molesta – ¿Crees que quiero escuchar tus disculpas o excusas o lo que sea que quieras decir? Pues no, no me interesa escuchar nada que venga de ti
- Pues yo sí tengo cosas que decir, y sí tienes que escucharme
- Te equivocas, no tengo que hacerlo – espetó cerrando el periódico y levantándose de su asiento
- Espera – rogó poniendo la mano sobre la suya para detenerla – Espera, por favor
Sentir su tacto en su muñeca la estremeció tanto como a él, al tocar nuevamente su piel. Movió el brazo zafándose de su agarre y le miró con fijeza.
- De acuerdo – aceptó Harry – Si no quieres hacerlo por mí, ni por ti, al menos lo harás por la fundación. Es importante.
- ¿La fundación? ¿Mi fundación? – inquirió interrogante – ¿Acaso tú y tus abogados han encontrado algún resquicio legal por el cual también poder arrebatármela?
- Claro que no. Nunca lo haría.
- Sí, claro. He escuchado muchos "nunca" y muchos "siempre" de tu parte, Harry.
- Por favor, Hermione. Si no quieres escucharme, al menos lee esto – dijo entregándole el sobre que llevaba
Hermione tomó la carpeta que él le entregaba mirándolo sarcástica.
- La última vez que recibí un sobre así, me fui a la cama siendo bastante menos rica
- No te va el sarcasmo, Herms – replicó – Llévatelo y léelo. Es importante – dijo levantándose de su asiento y abandonando el bar
Hermione estuvo unos instantes de pie en su sitio mirando hacia la puerta por donde Harry había salido. Después de unos instantes salió del bar y se encerró en su despacho del hotel.
Sentada frente al escritorio miraba el sobre como a una bomba a punto de explotar en cuanto se decidiera a abrirlo. Finalmente se decidió y lo abrió. Lo primero que encontró dentro, fue un documento legal.
No podía entender lo que significaba. Hasta donde entendía, Harry había donado a la fundación la totalidad de sus acciones de Granger Investments.
La Fundación Marie Dwyer era la propietaria del cincuenta por ciento de las acciones de Granger. No lo creía posible. Pensó en llamar a Royce pero no le parecía una hora prudente para molestar a su abogado. Lo hablaría con Harry. Al fin y al cabo era de él de quien necesitaba una explicación.
Buscó en el sobre y encontró también un ejemplar de la revista TIME. Eso sí la hizo temblar.
En la portada y bajo el titular "Hermione Granger. Conocemos realmente a La Heredera", había una foto suya. Era una foto que le habían sacado para un artículo sobre modelos y actrices que habían comenzado muy jóvenes sus carreras, que la revista había publicado dos años antes.
Con prisa buscó el artículo en las páginas centrales. Era un artículo de siete páginas, con fotos, entrevistas y copias de diversos documentos.
En él encontró todas y cada una de las portadas escandalosas que había protagonizado a lo largo de los años. Junto a cada una de las portadas, había una detallada explicación de la realidad.
Desde una entrevista a su gran amigo Blaise Zabinni y su novio, donde explicaba la razón para aquella primera exclusiva, además de la certeza de que nada de lo que se había dicho era cierto, así como el interés de Hermione de ocultarlo para no perjudicarles a ellos; hasta su último escándalo, donde constaba la denuncia policial que la había eximido de todo cargo sobre posesión de drogas.
Había también un largo apartado sobre la fundación y la labor que allí llevaban a cabo.
Pansy, Blaise y Mark, además de un par de profesores de la universidad, eran las principales entrevistas. Todos ellos habían participado de una u otra forma en algún artículo denigrante sobre Hermione, y todos estaban allí desmintiéndolos.
Se pasó las siguientes dos horas leyendo el artículo al completo y analizando cada detalle.
Sin dudas había sido requerido mucho trabajo de recopilación para ponerlo a punto, y sin dudas alguien lo habría leído y releído para evitar que se filtrara ni una sola palabra o interpretación que no fuese cierta. Ese alguien seguramente había sido Harry.
Guardó los papeles en el sobre y salió del despacho rumbo a la recepción, donde se encontró con Mia
- Buenas noches, Mia
- Buenas noches, Hermione. Creí que ya te habrías retirado
- No, aún no. Mia, ¿puedes decirme en que habitación se hospeda Harry Potter?
- Harry Potter – dijo la chica accediendo al ordenador – Oh – sonrió – Es ese bombón que llegó hoy a la tarde – Hermione arqueó una ceja haciéndola sonrojar – Lo siento. Habitación 615.
- Gracias, Mia.
Harry estaba sentado en una de las butacas de su habitación con un vaso de whisky en las manos. Había esperado que Hermione le buscara al ver los papeles, pero ya pasaban más de dos horas y no tenía noticias suyas.
Dejó su vaso sobre el bar, dispuesto a irse a la cama, cuando en la puerta sonaron dos suaves golpes. Hermione estaba allí cuando abrió.
- Hola, Hems – susurró
- Tenemos que hablar – sentenció Hermione entrando a la habitación sin esperar a ser invitada
- Supongo que sí – murmuró Harry cerrando la puerta tras ella – ¿Quieres beber algo? – ofreció
- No, gracias – declinó ella – ¿Qué significa esto, Harry? – dijo soltando el sobre encima de la mesa
- Imagino que ya lo has visto
- ¿Estás donando tus acciones a la fundación?
- Sí – asintió
- Pues no las acepto – refutó incómoda – No sé a dónde pretendes llegar con esto pero no me interesa
- No vas a rechazarlas
- Desde luego que sí. ¿Crees que me manipularás con ello?
- ¿Que te manipularé para qué?
- No sé – reconoció embarazosa – Para lo que sea que pretendas
- No lo entiendes, Herms. No voy a permitir que unas estúpidas acciones nos separen.
- No nos hemos separado por unas estúpidas acciones – le corrigió molesta – Nos hemos separado porque me traicionaste, me mentiste, me utilizaste.
- No es verdad. Puedo explicarlo, pero nunca me creerás mientras pienses que para mí Granger es más importante que tú.
Le observó desafiante sopesando sus palabras.
- Te amo, Hermione – confesó él con ternura – Te amo y tú eres lo único que me importa. Sé que tal vez debí hablarte sobre la existencia de esos documentos, pero te juro que no sabía que Charlie aún los tuviera.
- Llevaban tu firma, Harry – dijo irónica
- Lo sé, cielo. Los firmé, es verdad. Pero los firmé el verano pasado, cuando tú te dejaste ver con Ateara, Charlie hizo que los redactaran y los firmamos. En aquel momento no creí que te importara
- ¿No creíste que me importara que me quitaran lo que me pertenecía?
- En aquel momento, no. Y ambos sabemos que no puedes culparme por eso. Era lo que tú pretendías. Que creyéramos que no te importaba Granger. Firmamos la compra y Charlie guardó los documentos para hacértelos llegar. Pero tú desapareciste, no hubo más portadas y simplemente los olvidé. Luego sobrevino el accidente de tu padre y todo lo que sucedió después ya lo sabes. Nunca volví a pensar en esos documentos. Simplemente olvidé su existencia, aunque parece ser que Charlie sí los había guardado.
- ¿Por qué nunca me dijiste que los habías firmado? – preguntó escéptica
- No lo sé, cariño. Debí decírtelo, lo sé, pero te juro que simplemente no lo pensé. Tienes que creerme, Hermione. – rogó acercándose a ella
Hermione retrocedió un paso y Harry detuvo su avance.
- ¿Por qué le dejas tus acciones a la fundación?
- Pensé que podría venderlas, pero luego me di cuenta que sería una tontería. Granger da buenos beneficios, tú lo sabes. Una vez me dijiste que la fundación estaba abierta a donaciones, así que ¿por qué no hacerle una donación que le dará buenos réditos?
- ¿Lo sabe Charlie?
- Sí – dijo acercándose a ella con lentitud
- ¿Qué le ha parecido?
- No lo tengo claro – confesó restándole importancia – Al principio se quejó un poco de que dimitiera y me deshiciera de las acciones, pero la verdad es que tampoco he vuelto a saber de él desde entonces, así que...
- ¿Y esto cuándo sucedió?
- Después de que te fueras. Organicé los contratos pendientes para que funcionaran bien hasta tanto nombraran un nuevo director, y luego me desvinculé.
Estiró una mano para apoyarla en su cintura. Al ver que Hermione no se alejaba de él, la rodeó con sus brazos y la atrajo hacia él.
- Dios, Herms – susurró contra su pelo – Te amo tanto, mi amor. He sentido tanto miedo a perderte.
Hermione hundió su rostro en el pecho del chico.
- Me hiciste mucho daño, Harry – sollozó Hermione dejando salir el llanto que llevaba atrapado en su pecho
- Lo sé, cariño. Lo sé y nunca podré disculparme lo suficiente. Lo siento, Hems, lo siento. Necesito que me perdones, cariño. Te amo, Hermione, te amo y nunca te engañaría. Necesito que me creas, Hermione. – dijo separándose de ella para levantar su rostro y mirarla – Tú eres todo lo que me importa.
Bajó su rostro hasta alcanzar sus labios y besarla con ternura, mientras sus pulgares secaban el rastro de lágrimas que recorría sus mejillas.
- Dios – gimió Harry – Te he echado tanto de menos, cielo. Te amo, Hermione. Te amo y quiero pasar el resto de mi vida contigo.
- Me dolió tanto creer que me habías estado engañando todo ese tiempo para poder hacer lo que quisieras con Granger – confesó llorosa
- ¿Cómo pudiste siquiera pensarlo, cielo? ¿No te he demostrado acaso cuánto te amo?
- No lo sé – reconoció – Sabes que no sé mucho de esto
- Tontita – rió burlón – Pues ahora voy a demostrarte cuánto te he echado de menos – dijo y atacó sus labios con desmesurada necesidad
Llevó las manos a la cintura de Hermione colándolas por debajo de su jersey y la apretó contra él.
Hermione enredó sus manos alrededor de su cuello y se apretó contra él buscando calmar la necesidad y el deseo que había acumulado detrás de su dolor.
La levantó por la cintura obligándola a enredar sus piernas alrededor de la cintura. Caminó con ella hasta que la cama golpeó sus rodillas y la recostó sobre ésta.
Sin separarse de ella se recostó sobre su cuerpo besándola necesitado.
Se desnudaron mutuamente con premura presos de la excitación. Harry llevó sus dedos hasta la tibia abertura comprobando la creciente humedad que la invadía.
- Tengo que hacerte el amor,Hermione – murmuró contra su cuello
- Lo necesito, Harry – rogó con voz ronca
Se recostó entre sus piernas y la penetró sin preámbulos arrancándole un jadeo al que respondió de igual forma. Hicieron el amor con la ternura, la pasión y la necesidad que habían acumulado en tantas semanas de separación.
Dormitaron enredados y satisfechos y volvieron a amarse al despertar. Cuando finalmente el sol se alzaba sobre el horizonte, seguían con sus cuerpos enredados y sudorosos.
- Supongo que ahora deberías explicarme también lo que significa esa revista – pregunto recostada sobre su pecho
Harry la abrazaba acariciándola adormilado.
- ¿Qué quieres saber? – murmuró
- Todo. ¿Cómo la conseguiste? ¿Por qué?
- No sé. Supongo que porque me cansé de permitir que Charlie Granger piense lo peor de ti. Podría haberme sentado a decírselo, pero la verdad es que no tenía ganas de hacerlo, además de que hubiera buscado hacerme creer que todo eran mentiras.
- ¿Lo hiciste por Charlie?
- No, aunque no negaré que quiero cerrar de una vez el capítulo Charlie Granger en nuestra vida. Pero no lo hice por él. Lo hice por ti, por mí, por nuestros hijos. Porque no quiero que nunca nadie diga ninguna de esas mentiras sobre ti.
- ¿Por nuestros hijos? – indagó sorprendida
- Sí. ¿No quieres tener hijos?
- ¿Eh? – Abrió sus ojos desconcertada – No sabía que estábamos en ese punto.
Harry sonrió antes de alejarse de ella para acercarse al bolsillo interior de su chaqueta que colgaba del respaldo del sofá.
- Lo siento. Creo que me olvidé de un paso. – dijo cuando volvió a la cama con la cajita negra que había sacado de la chaqueta
Hermione se sentó en la cama mirándolo realmente extrañada.
- Quise hacer esto cuando volví de Chicago pero te habías marchado – confesó abriendo la cajita y poniéndola frente a ella – Hermione Jean Granger, te amo con mi vida y te necesito en ella, para siempre. ¿Me harías el enorme honor de ser mi esposa?
Hermione levantó la vista para mirarlo con los ojos llorosos.
- ¿De verdad quieres casarte conmigo? – preguntó
- Esa no es la respuesta que esperaba, pero sí, desde luego que quiero casarme contigo.
- Oh, Dios mío – exclamó llevándose la mano al pecho donde su corazón latía frenético
- Convengamos que esa tampoco es la respuesta que esperaba – sonrió él obligándola a sonreír más profundamente
- Oh, Harry, sí – gritó lanzándose a su abrazo – Claro que sí. Claro que quiero casarme contigo
