Capítulo 28
Armonía
Enseguida llegaron a la ciudad y, en cuanto entraron en su espacio aéreo, la presión volvió a caer sobre sus oídos, notándose mucho más que antes; por su parte tanto lugia como ho-oh la notaron, pero gracias a su enorme poder pudieron resistirla con relativa facilidad.
-¡Vale, allí está!-exclamó Oro, viendo el efecto óptico de la antena conforme se acercaron.
Los perros legendarios, aguantando el tipo como podían, se subieron al domo en obras dando lustrosos saltos y de allí se encaramaron hasta la grúa más alta; Oro los vio y supuso entonces que les ayudarían. Sacó entonces a ampharos, typhlosion y lanturn, que se posaron al lado de cada uno de los legendarios.
-¡Dadles apoyo en lo que sea, chicos!-indicó él.
Desde el mirador de la torre, el hombre se quedó a cuadros ante la llegada de tanto legendario.
-¿Qué es todo esto? ¡Aumentad la potencia, ya!-apremió en ese momento a través del teléfono interno.
-¡Sí, señor!
Al punto, el ave oscura intensificó su brillo y emitió la señal con más fuerza; Oro y Cristal se taparon los oídos y los legendarios lucharon como pudieron ante ese incremento súbito de fuerza.
-¡Venga, no vamos a rendirnos! ¡Lugia, aerochorro!-gritó el chico.
-¡Por los pokémon! ¡Ho-oh, fuego sagrado!-gritó la chica.
Cada pokémon legendario ejecutó su movimiento característico; un chorro de aire a presión salió de la boca de lugia e impactó en el ave oscura, mientras que un fuego de color violeta intenso hacía lo mismo, en el mismo punto. Los perros legendarios atacaron simultáneamente; entei lanzó un potentísimo lanzallamas, doblado gracias al de typhlosion, mientras que raikou lanzó el mayor trueno del mundo, potenciado por el de ampharos, y suicune lanzó un rayo aurora igual de potente, potenciado por el rayo hielo de lanturn. Todos los ataques impactaron en el mismo lugar y comenzaron a empujar al ave oscura, que se inmovilizó de repente.
-¡Maldición, una fuerza desconocida está incidiendo sobre nosotros!-exclamó en ese momento Gil, manejando el panel.
-¿¡Qué?! ¡Atlas! ¿Qué está pasando ahí fuera?-inquirió Atenea a través del teléfono.
Pero el tal Atlas no contestó, puesto que estaba demasiado ocupado viendo el increíble despliege de fuerza por parte de los pokémon legendarios; sin embargo segundos después masculló.
-¡Doblad la potencia, vamos, vamos!
-¡Recibido!
El ave oscura se envolvió aún más en oscuridad, emitiendo la maldita señal con algo más de fuerza; todos los pokémon legendarios eran afectados progresivamente, sin embargo no dejaron de atacar en ningún instante. Al cabo de unos pocos minutos tanto lugia como ho-oh comenzaron a dar muestras de empezar a salir afectados, lo que repercutió de cierta forma en la potencia de sus ataques. Al ver esto ambos chicos les alentaron para que no dejaran de atacar.
-¡Adelante, no desfallezcáis, podemos hacerlo, lo haremos, no nos detendremos por nada, esta batalla es nuestra!-gritaba Oro a pleno pulmón para animar a todos.
-¡Sigue soplando, ho-oh, puedes hacerlo, los pokémon nos necesitan, ánimo, creo en ti!-exclamó también Cristal.
Las dos aves legendarias, sintiendo todas y cada una de las palabras de los entrenadores en los que se fijaron, pusieron todas sus fuerzas en ignorar los efectos de la señal y siguieron atacando sin cejar, recuperando la potencia inicial. Todos los demás también hicieron fuerza con sus ataques, tratando de repeler la señal; parecía que ninguno de los dos iba a ceder, pero en ese instante los ataques comenzaron a hacer mella en las ondas y éstas se fueron retrayendo hacia atrás.
Al mismo tiempo, en la sala de control, una alarma comenzó a sonar insistentemente, alertando de seguido a Gil, el cual exclamó.
-¡Oh, no, no, no, esto es malo!
-¿Qué ocurre?-inquirió Atenea.
-¡Las ondas se retrotraen hacia atrás, las cargas se invierten, esto se va convertir en un polvorín dentro de poco!-anunció el científico, tratando de controlar la situación.
-¿¡Qué?! ¡Pues haz algo y rápido, aumenta la potencia!
-¡Podría hacerlo pero la presión sería tan fuerte que nos podría reventar los tímpanos, nos quedaríamos sordos de por vida! ¡Y los pokémon que controlamos podrían morir, les estallaría el bulbo raquídeo!-explicó Gil, preocupado de verdad por primera vez.
Atenea se quedó de piedra ante semejante revelación, dándose cuenta de lo que esto suponía: podrían fracasar.
Los pokémon legendarios seguían atacando imparables, lo que permitió que el ave oscura siguiera perdiendo terreno, echándose sobre la antena.
-¡¿A qué esperáis para aumentar la potencia?!-rugió Atlas en ese momento desde el otro lado.
Atenea por un momento no dijo nada, aún demasiado impactada como para responder, pero en ese momento Gil cogió el teléfono y le explicó la situación; aun y con todo Atlas tan sólo musitó.
-¿¡Y!?
-¿Có… cómo?
-¡Me importa una mierda, sólo hágalo, hágalo!-chilló Atlas, como poseído.
El científico miró a la nada, pensándoselo seriamente durante unos breves segundos que parecieron horas hasta que finalmente decidió.
-Lo siento, señor… pero aprecio mi vida. Y mis oídos.
Atlas se quedó callado, como si no entendiera muy bien lo que había pasado, y antes de que llegara a explotar, Gil colgó el teléfono.
Fue entonces en ese instante cuando la energía de los ataques logró empujar del todo a las ondas, llegándose a encontrar en un solo punto; ese mismo punto fue alcanzado por los ataques y, de repente, estalló de forma brutal, liberando gran cantidad de energía hacia todos los lados. La torre Radio tembló entera, los cristales de toda la ciudad se rompieron y un destello iluminó por unos segundos toda Trigal. Los pokémon afectados se desmayaron de golpe.
En cuanto el destello se apagó, el ave oscura había desparecido y la antena de la torre estaba completamente carbonizada.
-¡Lo hemos conseguido!-exclamó Oro.
Lugia y ho-oh soltaron un rugido y los perros legendarios les imitaron; Oro vio entonces en ese momento a alguien en el mirador, entre los restos de cristales rotos, y le indicó a lugia.
-Bájame al mirador.
Antes recogió rápidamente a sus pokémon, probando la potencia del rayo láser de las poké ball, y lugia extendió una de sus alas para que el chico pudiera bajar; corrió a través de ella y de un salto se plantó en el mirador, dirigiéndose a esa persona.
-Tú eres el responsable de todo ¿verdad?
El hombre era alto y joven, tendría unos treinta y pocos años; de pelo corto y muy bien peinado, tintado de azul claro, sus ojos, del mismo color, irradiaban una furia inmensa. Vestía igual que Atenea, con un chaleco blanco con mangas y cuello negros junto con la insignia del Team Rocket en el lado izquierdo del pecho, pantalones de igual color, cinturón plateado y zapatos a juego.
-¡Contéstame! ¿¡Has sido tú el causante de todo?!-chilló Oro, deseoso que así fuera.
El hombre le miró con fiereza y, al segundo siguiente, murmuró con un tono de orgullo.
-Así es… yo soy Atlas, administrador y líder provisional del Team Rocket. La mente maestra detrás del lienzo.
Oro le fulminó con la mirada, tratando de serenarse aunque sólo fuera un poco, pero finalmente desechó las buenas formas y le espetó.
-¿¡Sabes cuanto han sufrido los pokémon por tu culpa!? Los slowpoke, los magikarp del lago… y ahora esto… eres… un miserable… un… un deshecho humano…
-Piensa lo que quieras, yo me considero un genio. Sí, un genio que hará lo que sea con tal de que el Team Rocket renazca de sus cenizas, cual fénix. En su día hice un juramento y no puedo romperlo-murmuró Atlas, seriamente.
Oro le escuchaba y aun así cada palabra era como un insulto para él.
-Basta de tonterías-masculló entonces, sacando una ball.
Atlas reaccionó y sacó a un koffing; por su parte Oro sacó a ariados y la batalla dio comienzo.
-¡Pantallahumo!
El pokémon veneno se cubrió a sí mismo con un humo negro, ocultándole de esta forma de la vista.
-¡Disparo demora!
Ariados comenzó a tejer por todos los lados para tratar de agarrarle, pero no consiguió atinar.
-¡Gira y residuos!
Koffing giró sobre sí mismo como una peonza, a la par que soltaba el nocivo ataque; sin embargo ariados se movió deprisa y salvó todos los disparos reptando por las paredes y el techo.
-¡Tinieblas!
Desde el techo, ariados lanzó dos oscuros rayos de sus ojos, consiguiendo dar en el objetivo.
-¡Placaje!
-¡Telaraña!
Aprovechando que se abalanzaba sobre él y lo tenía a tiro, extendió entonces una tela de araña ya formada que enrolló a koffing de seguido y le hizo caer al suelo, debido al peso.
-¡Ahora, psíquico!
Ese último golpe fue el decisivo, aprovechando que lo tenía a su merced; un aura psíquica envolvió a koffing, haciéndole hacer varias cabriolas en el aire hasta dejarle caer completamente KO. Atlas le retiró, contrariado, y sacó a un houndour.
-¡Colmillo ígneo!
Antes de que Oro le recogiera, el pokémon fuego siniestro se abalanzó con las fauces en llamas y mordisqueó a ariados, dañándole.
-¡Agh, eso es un golpe muy bajo! ¡Aléjalo con bomba lodo!
Ariados contraatacó de seguido lanzando una serie de proyectiles venenosos que dieron de lleno en houndour, lanzándolo hacia atrás. Aprovechó entonces para recogerlo.
-¡Vuelve ariados!
Lo recogió a tiempo y ésta vez sacó a stantler en su lugar, el cual presentó batalla de seguido.
-¡Agilidad!
Nada más salir de su ball, stantler se movió muy deprisa e incrementó su velocidad drásticamente.
-¡Finta!
Ignorando entonces este cambio, houndour se acercó a él para no fallar y le asestó un duro golpe en el pecho, haciéndole algo de daño.
-¡Pisotón!
Aprovechando la cercanía, stantler contraatacó inmediatamente después asestándole un fuerte golpe con sus duras pezuñas.
-¡Mordisco!
Sobreponiéndose enseguida, houndour le mordisqueó las patas, haciéndole caer; pero entonces, Oro exclamó.
-¡Derribo!
En un visto y no visto, Stantler reapareció desde atrás lanzando a houndour al otro lado del mirador; Atlas contempló entonces atónito cómo el stantler tirado en el suelo se desvanecía hasta desaparecer.
-¡Argh! ¡Arriba, hondour, ascuas!
-¡Hipnosis!
Aprovechando que lo tenía a tiro logró entonces dormirlo, contraatacando inmediatamente después con derribo y lanzándolo por los aires hasta acabar chocando contra la pared, donde cayó KO.
-¡Atlas!-se oyó entonces una voz femenina.
En ese momento se abrieron las puertas del ascensor y de esta salieron Atenea junto con Petrel y Protón, pero él les increpó con furia.
-¡Atrás, no os acerquéis, ésta batalla es mía!
Recogió a houndour y sacó a un houndoom, su evolución; Oro sacó a lanturn sin dudar.
-¡Surf!
-¡Salta!
Antes de que le alcanzara, logró esquivar el ataque por los pelos y el agua cayó por las ventanas rotas hasta la calle.
-¡Rugido!
Acto seguido emitió un profundo rugido que incidió sobre lanturn, haciéndole recular hasta que acabó regresando por su propio pie a su ball, al tiempo que otra saltaba al azar de su cinto y saliendo de esta typhlosion.
-¡Finta!
Aprovechando el momento de confusión, se acercó a él para no fallar y le golpeó con todas sus fuerzas; sin embargo typhlosion se mantuvo firme en todo momento y Oro contraatacó acto seguido.
-¡Ataque rápido!
-¡Triturar!
Typhlosion atacó primero embistiéndole con fuerza, pero houndoom contraatacó inmediatamente después abalanzándose sobre él y asestándole una fuerte dentellada que le hizo un daño considerable.
-¡No recules, typhlosion! ¡Lanzallamas!
-¡Tú también!
Ambos pokémon atacaron al mismo tiempo, dos ardientes columnas de llamas chocaron entre sí, bloqueándose mutuamente hasta que el fuego se disolvió en el aire.
-¡Finta!
-¡Intercéptalo con corte!
Houndoom atacó primero moviendonse como una gacela y logrando golpearle acercándose a él primero, pero typhlosion reaccionó a tiempo y logró detenerlo en seco usando sus afiladas garras.
-¡Ahora, cógelo!
Aprovechando el momento y su gran envergadura, typhlosion se echó sobre houndoom y, haciendo uso de su gran fuerza, alzó al pokémon sobre su cabeza de la misma forma que hizo con el piloswine de Fredo y lo lanzó hacia atrás, dañándolo un poco más.
-¡Maldita sea! ¡Polución!-masculló Atlas, nervioso.
Desde donde estaba, houndoom lanzó una densa nube tóxica que fue directa hacia typhlosion.
-¡Rapidez!-ordenó Oro.
Al punto una ristra de estrellas fue directa hacia houndoom, atravesando la nube mientras la disolvía en el aire e impactando sobre él; el pokémon fuego siniestro cabeceó, a lo que Atlas masculló.
-¡Ni se te ocurra perder! ¡Finta!
-¡Ataque rápido!
Los dos pokémon atacaron al mismo tiempo, golpeándose al mismo tiempo y lanzándose hacia atrás; typhlosion encajó buenamente el golpe al contrario que houndoom, que se vio azotado hasta caer al suelo.
-¡No! ¡Arriba ahora mismo, houndoom, ataca, vamos!
El aludido trató de levantarse y seguir peleando, pero finalmente se dejó caer al suelo, derrotado. Atlas se quedó entonces de una pieza, incapaz de comprender lo que había pasado. Miraba al suelo con la cara desencajada y gesto desesperado.
-He… he perdido… yo… yo… ¡Giovanni, perdóname!-exclamó, dejándose caer de rodillas al suelo.
Oro le miró fijamente, sin ningún atisbo de nada en su cara y permaneciendo en silencio junto a typhlosion.
-Atlas… déjalo, hemos perdido, se acabó…-murmuró Atenea en ese momento, acercándose a él.
-¡¿Te has vuelto loca?! ¡Le juramos al gran Giovanni que resucitaríamos al Team Rocket!
En ese mismo momento el ascensor volvió a abrirse y Clever, junto con ocho hombres más que iban con él, salió del mismo y anunció.
-Interpol, están todos detenidos.
Los ejecutivos del Team Rocket no opusieron resistencia y les esposaron, terminando de esta forma con todo.
Oro bajó a la calle con la ayuda de lugia, el cual se posó al lado de ho-oh observando todo lo que le rodeaba con sumo interés. El director de la torre hizo acto de presencia y dio las gracias como unas cincuenta veces tanto a Oro como a Cristal.
-¡Oh, gracias a los dos, gracias, gracias, nos habéis salvado a todos!
-No ha sido nada, aunque me temo que hemos chamuscado un poco su antena…-murmuró Cristal, algo cortada.
-¡No te preocupes por eso, querida, la podremos reponer sin problemas, lo importante es que habéis impedido un desastre!
-Sí, y menos mal…
En ese momento un buen montón de agentes de la Interpol comenzaron a salir de la torre, escoltando a un multitudinario grupo de soldados Rocket esposados, viendo Oro entre ellos al científico Gil; Clever fue el siguiente en salir, acercándose a ellos, y los ejecutivos fueron los últimos en salir. Atlas iba el último escoltado por dos hombres.
-Y por fin, ésta vez sí… el Team Rocket es historia. Y todo gracias a ti, Oro-le felicitó Clever.
-Ah, no ha sido nada…
-No te quites mérito, muchacho, si no hubiera sido por ti y la señorita hacer frente a esas ondas hubiera sido imposible. Hice bien en interesarme por las leyendas locales, por eso me puse en contacto con las bailarinas del teatro de danza-reveló el agente.
-Pero… ¿cómo sabía que íbamos a ser yo o Cristal los elegidos por lugia y ho-oh?-inquirió el chico, ceñudo.
-¡No lo sabía realmente! En ese sentido fue cuestión de suerte, aunque en todo caso eso os lo podría aclarar ellas ¿no te parece?
Tanto Oro como Cristal miraron a sus respectivas aves legendarias, las cuales tan solo esbozaron sendas sonrisas satisfactorias; los dos muchachos respondieron con el mismo gesto, acariciándolas con respeto y cariño.
La gente desplazada comenzaba a volver a la ciudad tan solo para poder contemplar, maravillada, a las leyendas de la prefectura, más vivas que nunca.
En ese momento, y cuando Atlas pasó al lado de la criadora, con un rápido y sorpresivo movimiento se zafó de los agentes que le escoltaban, se abalanzó sobre ella y la atrapó por la espalda con la corta cadena de las esposas, oprimiéndola el cuello con ellas.
-¡Quieto todo el mundo!
-¡Cris!-chilló Oro, sintiendo como una furia atroz se apoderaba de él.
Todos los agentes cercanos reaccionaron elevaron sus armas y lugia y ho-oh, sobre todo ho-oh, se pusieron en guardia, con las caras desencajadas por la sorpresa.
-¡Alto ahí, alto ahí, deja a la chica!
Por su parte Clever se acercó un poco más con su arma en alto.
-¡No empeores las cosas, Atlas, suelta a la chica y levanta las manos!
-¡Quieto todo el mundo, atrás, bajen las armas o la chica no lo contará, hablo en serio!-gritó el ejecutivo, desesperado.
-¡Atlas, déjalo, sólo harás que la condena sea más larga!-exclamó Atenea en ese momento.
Tanto Petrel como Protón no dijeron nada, mirando a su compañero sin pena ni gloria.
Por su parte Atlas aprovechó la coyuntura para alejarse de los agentes, usando a Cristal como escudo.
-¡Suéltala, cabronazo!-rugió Oro, acercándose a él.
-¡Quieto, chaval, si pretendes ver de nuevo a tu novia!-gritó Atlas, apretando un poco más.
Oro jamás había sentido tanta furia, verla así y en semejante peligro hacía que le hirviera sobremanera la sangre, incluso se sentía capaz de hacer cualquier cosa, hasta la más horrible de las barbaridades. Mató a Atlas con la mirada mientras se alejaba con ella.
-¡Eso es, atrás! ¡Esas pistolas, abajo con ellas o hago lo que no he hecho jamás!-amenazó entonces el hombre, ya algo desquiciado.
-¡Bajen las armas, bájenlas, ahora!-exclamó Clever, haciéndolo.
Sus hombres obedecieron rápidamente para evitar males mayores; ho-oh y lugia se movieron un poco, pero Atlas lo vio a tiempo y añadió.
-¡Todo esto va también a los legendarios, ni un paso, ni un aleteo, nada!
Sin embargo, y como si hubiera presentido algo, una ball botó del cinto de la criadora y salió de ella unown, dándose la vuelta y descubriendo lo que pasaba, pero a un precio demasiado elevado.
-¡He dicho algo, tú lo has querido!-gritó entonces Atlas, comenzando a apretar con fuerza.
-¡No, no, no!-chilló Oro, impotente.
Atlas tenía la cara desencajada, y ni siquiera miraba lo que hacía; el pokémon símbolo lanzó un hondo chillido y, entonces, algo pasó. Y muy deprisa. En el cielo, a unos pocos metros de altura, se dibujó una especie de mancha violeta y de ésta, surgió una gran manada de unown de diferentes formas que se reagruparon rápidamente hasta reunirse con el unwon de Cristal.
Inmediatamente después todos los unown rodearon a Atlas y Cristal, que por un momento dejó de apretar, demasiado sorprendido como para hacerlo; los pokémon símbolo les envolvieron de forma súbita y, en cuanto se disiparon, y como si hubiesen hecho magia, Cristal fue separada de Atlas.
Acto seguido, los unown se reagruparon de nuevo rápidamente y formaron una barrera, uniéndose todos a la vez. Parecían una sopa de letras flotante y entonaban su nombre como si fuera una corta cantinela. Todos sus ojos se clavaron en Atlas, el cual retrocedió.
-¡Maldita sea!
-¡Oro!-tosió Cristal, con la garganta algo tocada.
-¡Cris!-exclamó él, yendo a por ella y abrazándola con gesto protector.
Como los unown le impedían el paso, echó a correr hacia el otro lado en dirección al paseo que daba hacia el mar, con intenciones de huir.
-¡Malditos pokémon!
Cuando se iba a tirar al mar y ponerse a nadar, en ese mismo instante reaparecieron los perros legendarios y le cortaron el paso de golpe.
-¡Ah, ah!-exclamó entonces el hombre, asustado por primera vez.
Los tres perros lanzaron un rugido, intimidándole, aunque suicune se lanzó sobre él con furia, tirándolo al suelo; Atlas se levantó a trompicones y quiso dar la vuelta para buscar otro camino cuando un buen montón agentes se echaron sobre él cual jugadores de rugby, inmovilizándolo por completo contra el suelo.
-¡Estás bien, pensaba que… que…!-musitó Oro, aún algo atacado.
-Estoy bien, tranquilo…-masculló ella, con la voz algo tomada.
-Cómo te ha dejado el cuello ese desgraciado…
-Sssh, ya está, ya pasó… ya estamos bien…
Se abrazaron con fuerza, aliviados, y dejando pasar el tiempo.
Al cabo de un rato Atlas reapareció pero sin representar ningún peligro, ya que había sido atado con fuerza con fuertes sogas de nylon, acabando completamente inmovilizado, al tiempo que era llevado entre diez personas al mismo tiempo. Sin embargo eso no le impedía zarandearse como un loco, chillando entre medias.
-¿¡Por qué, Giovanni, por qué nos has abandonado?! ¿¡Por quééééééé?!
La pareja no le hizo caso, observando cómo lo metían en un furgón policial junto con el resto de ejecutivos y se los llevaban; el resto de soldados y demás integrantes estaban siendo metidos en varios autobuses penitenciarios debido a que eran muchos.
-Así os pudráis todos en la cárcel…-masculló Oro, con rencor.
Aun así Cristal prefirió no echar más leña al fuego, proponiéndole en ese momento.
-Hey… ¿damos un paseo por las nubes?
-Volando alto en el cielo-añadió él.
La chica sonrió y montaron en sus respectivos legendarios; estos alzaron el vuelo ante la atenta y maravillada mirada de los ciudadanos que volvían a la ciudad, lanzando vítores y aplausos. Rafi estaba entre ellos, coreando el nombre del entrenador a voz en grito.
-¡Ese Oro, cómo mola, se merece una ola! ¡Ueeeee!
Las aves legendarias recortaban el cielo volando lentamente mientras que los perros legendarios les seguían por tierra. Los dos adolescentes se miraban a los ojos mientras el aire les azotaba la cara, siendo en ese sentido una sensación única.
Enseguida llegaron a ciudad Iris, donde los habitantes les recibieron con gran alegría y jolgorio cuando vieron llegar a las leyendas. Ya habían visto antes a ho-oh cuando fue invocado, pero ver ahora además al ave plateada animó aún más los espíritus de todas las personas y pokémon de la localidad.
Ho-oh rodeó su torre y finalmente aterrizó en la azotea, bajándose Cristal de su grupa y acariciándole.
-Gracias por todo, ho-oh, nos has salvado… y gracias también por creer en mí.
El ave dorada sonrió y soltó un brillo dorado agitando sus alas, cayendo sobre la chica y sintiéndose bien consigo misma, al tiempo que todas las dudas y temores que aún albergaba su corazón se disipaban, como si nunca antes hubieran existido.
Por su parte lugia estuvo revoloteando sobre los restos de la torre Latón, observándoles atentamente con un deje de nostalgia grabado en su rostro.
-Esa fue tu casa por un tiempo ¿verdad?-murmuró Oro en ese momento.
Lugia asintió, recuperando al poco rato su gesto calmado.
-Tranquilo, siempre puedes volver a las islas Remolino-le animó el chico.
La luz del ocaso comenzaba a inundar ciudad Iris, descubriendo entonces que había pasado el tiempo sin ni siquiera percatarse de ello; a pocos metros de allí se recortaba la figura de la torre Campana, con Cristal y ho-oh en lo más alto de la misma. El corazón del chico palpitó, viéndola más hermosa que nunca. Lugia lo notó y le acercó hasta la torre; el chico se apeó y se dirigió a ella, al tiempo que las dos aves se retiraban para dejarles intimidad.
-Hola…
-Hola. Lo hemos conseguido…
-Sí… eres impresionante, Oro.
-No, tú lo eres más…
Ante eso la chica sonrió y él sintió otra punzada en su pecho. Recordó entonces los últimos momentos pasados juntos, sabiendo entonces que era el momento. Nada de medias tintas, nada de seguir negando la realidad.
-Cris, yo…
Sin embargo decidió desechar las palabras y se acercó a ella con gesto resuelto y decidido; la chica la imitó y cerró los ojos mientras acortaban distancias hasta el final. Se dieron entonces el beso más dulce y suave de sus vidas, recreándose en ese mismo instante y dejando pasar el tiempo. Nada importaba ya, salvo ellos dos, sintiendo por fin que todo estaba bien entre ellos, sintiéndose como algo totalmente nuevo y renovado.
Finalmente, y después de alargar un poco más un momento tan especial, bajaron al centro de la ciudad, donde los perros legendarios descansaban junto a lugia y ho-oh mientras que tanto propios como extraños se acercaban a ellos para contemplarlos en toda su gloria. Los turistas se hartaban a sacar fotos y los ciudadanos más ancianos rezaban con gran fervor, dando gracias a los cielos por tan histórico momento. Los monjes del Centro Histórico, llorando como magdalenas, se arrodillaron ante el ave dorada y exclamaron.
-¡Lo sentimos muchísimo, ho-oh, fuimos unos egoístas, perdónanos por favor!
Ho-oh les observó por un instante hasta que finalmente extendió sus alas y un polvillo dorado calló suavemente sobre los monjes, que se calmaron de golpe.
-Me siento… muy bien…
-Pues claro, tonto, estamos iluminados…
El anciano monje, al ver a Cristal, se acercó a ella con actitud arrepentida, murmurando de seguido mientras se agachaba avergonzado.
-Señorita, debo de disculparme, en verdad fue usted elegida por ho-oh… mi más sinceras disculpas…
Aun así la criadora sonrió y le levantó, asombrando aún más al anciano, que también se disculpó con Morti por haberle tachado de traidor. Las chicas kimono estaban algo más apartadas, pero sonrientes y muy felices.
En cuanto a suicune no se había atrevido a mirar a la cara ni a sus compañeros ni a ho-oh aun a pesar de todo, mostrándose un tanto distante en ese aspecto; sin embargo en ese momento el ave dorada encaró al viento del norte, aunque éste apartó la mirada, demasiado avergonzado como para hacerlo. Sin embargo ho-oh alzó un ala y levantó con ella la cabeza a suicune, obligando al perro legendario a mirarle a los ojos.
Por un instante se sostuvieron la mirada, suicune con gesto arrepentido y ho-oh con una cara de póker envidiable. Por un instante parecía que le iba a reprender, pero entonces el ave dorada sonrió y suicune notó cómo se liberaba de un gran peso, agachando la cabeza en signo de gratitud.
Acto seguido se dirigió a entei y raikou, los cuales no le dijeron nada, tan solo asintieron con gesto tranquilo; suicune les imitó y los tres juntaron sus cabezas en signo de fraternidad.
Entonces, en ese justo momento, una voz conocida se alzó sobre la multitud mientras exclamaba.
-¡Oh, ahí está, es él, el legendario suicune!
-Eusine…-murmuró Oro, con resignación.
El aludido apareció de repente y estuvo abrazando y haciendo fotos a suicune, que ni le vio venir y se quedó clavado en el sitio con gesto incómodo; entei y raikou se le quedaron mirando patidifusos.
-Suicune… ¿Quién es este intento de humano?-inquirió raikou, cortado.
-Madre mía…-comentó entei.
-Me quiero morir…-musitó suicune, aguantando a Eusine.
Ante esa situación tanto lugia y ho-oh dejaron escapar varias risas, pero en ese momento el guardián de los mares se percató de que Oro se marchaba con la chica hacia el este y fue a su encuentro, deteniéndole en seco mordiéndole un poco la sudadera.
-Ey ¿Qué pasa? Ay, es verdad, que no me he despedido… me marcho a por mi última medalla, la conferencia es dentro de una semana-explicó él.
Aunque pareciera mentira el tiempo había pasado más deprisa de lo deseado, y entre la espera para su séptima medalla y el enfrentamiento contra el Team Rocket los días se habian ido reduciendo sistemáticamente, aunque aún había tiempo más que de sobra para ganar su última medalla antes de que comenzara el campeonato.
El pokémon legendario le miró por un momento y volvió a tirarle de la ropa, dándole un toque en el hombro con su gran hocico; fue entonces cuando Oro comprendió lo que le quería decir.
-Espera ¿Quieres… venir conmigo?-inquirió, asombrado.
Lugia asintió, lo que hizo muy feliz al muchacho, aunque antes de capturarlo le dio la ball de noctowl a Cristal para hacer un hueco en el equipo; tras eso sacó una ultra ball que guardaba para alguna captura importante y se la lanzó, cogiéndolo sin problemas y saltando el seguro enseguida. Luego se pasaron un momento por el centro pokémon y contactó con Elm para enviarle a noctowl usando el sistema de la tecnología de la transferencia recién instaurado en toda la prefectura.
-Cuide bien de noctowl, profesor.
-Tranquilo, no hay ningún problema.
Colocó la poké ball en el transportador y, en cuanto dio al enter, la bola se transfirió de golpe convirtiéndose en datos, viajando a través de internet hasta el laboratorio. Una vez que la transferencia fue efectuada, el profesor la recibió sin mayores problemas.
-¡Lo tengo!-anunció Elm.
-Genial, gracias profesor.
-A ti, cuidaré muy bien de tu noctowl. Por cierto ¿al final qué ha pasado con el Team Rocket? Vi las noticias, es terrible…
-Oh, no se preocupe por eso, profesor, ya está del todo resuelto ¿verdad?-inquirió el chico, mirando a Cristal.
-Huy, ya lo creo, ya se enterará por las noticias-asintió ella.
-Estupendo entonces… ¿cómo lo llevas a todo esto, cuantas medallas tienes ya?-inquirió Elm, curioso.
-Muy bien, ya sólo me queda la última.
-¡Eso es estupendo, Oro, estás a las puertas del campeonato! Para la semana que viene fletaré un autobús para llevar a todo el mundo a pueblo Plateado, así que espero verte pronto por aquí.
-Sí, en cuanto gane la última medalla volveré a casa.
-Maravilloso, mucha suerte, Oro.
-Gracias, nos vemos profesor.
Finalmente, y tras despedirse, los dos se pusieron en marcha volando hacia el este a lomos de lugia hasta pueblo Caoba, desde donde continuarían el viaje. No quedaba nada para entrar en la conferencia de ese año, y Oro haría todo lo posible para ganar. Eso por descontado.
Mientras tanto, en las ruinas Alfa, los unown ya habían vuelto de su incursión y flotaban por el aire lentamente de forma organizada, como si meditaran; aunque no lo pareciera festejaban los más recientes acontecimientos y, sobre todo, cantaban. Los unown interrogación y exclamación se unieron a la procesión, al tiempo que hablaron con voz profunda y hasta mística.
-Ha regresado… una nueva era se abre ante esta tierra… regocijaos…
-Ahora que la armonía vuelve a estar presente entre nosotros, una nueva puerta se abre… el ser original se pone en camino y los humanos han sido llamados a su reencuentro…
-Todas las cosas buenas proceden de él… y la luz dorada iluminará el camino hacia el origen… la corona del universo será tallada otra vez… y el ser original regresará…
-Que así sea.
Ya está, se acabó el Team Rocket... ¿no ha sido emocionante? XD la verdad es que me ha gustado mucho cómo me ha quedado todo en su conjunto, lugia y ho-oh hacen honor a su aparición (además de darla sentido, biba yo), estos dos tortolitos se reconcilian de una vez, beso incluído (¡aleluya!) y todo ya está bien con el mundo... ¿¡o no?! XD na, claro que sí, aunque la escena final quise añadirla para darle un poquito más de misterio además de un poco de foreshadowing para la cuarta generación, aunque la tercera va entre medias, así que va a tener que esperar.
El detalle de Atlas volviendose loco ha sido para darle algo más de fondo al personaje, siendo más producto de la desesperación que otra cosa, pero oye, como elemento de tensión funciona, así que...
A partir de aquí la historia se concretará aún más, la siguiente medalla será lo siguiente, seguido después de la liga pokémon y el paseo por Kanto, aunque comento desde ya que la parte de Kanto va a estar todo mucho más resumido y sintetizado para no saturar demasiado la historia con tanto combate, pero no os preocupeis que la liga y la batalla final sí que tendrán más chicha. Pero por ahora, y dado que he publicado tres capítulos seguidos, voy a darle un breve descanso a pokémon para ponerme con otras cosas como amor de madre o sombras de Mordor.
Por otro lado, y antes de cerrar, le he dado a ho-oh un valor que ni siquiera los juegos le dan; me explico, hasta el momento todos los pokémon legendarios vistos representan algo, ya sea una idea o un elemento. De esta forma las aves legendarias representan a los tres elementos naturales, agua, fuego y electricidad, lugia es el guardián de los mares, groudon encarna a los continentes, kyogre a los océanos, dialga es el señor del tiempo, palkia es el del espacio, giratina el de la antimateria, arceus la divinidad, reshiram la verdad, zekrom los ideales, kyurem el vacío, xerneas la vida, yveltal la muerte, zygarde el equilibrio, solgaleo el sol y lunala la luna. Como veis, todos representan algo. Sin embargo ¿qué representa ho-oh? ¿qué sabemos de él? nada, nunca nos lo dicen, la pokédex dice que tiene los colores del arcoiris y va a por ahí haciendo gala de su magnificencia, pero eso ¿qué significa al fin y al cabo? ¿que es por verse bonito? no sabemos absolutamente nada de él. Y después de todos estos años pensando y pensando, creo haber dado con la respuesta. Ho-oh es la armonía, ya sea ente humanos y pokémon o armonía en sí misma en el amplio sentido de la palabra. De ahí a que sólo se aparezca ante personas puras de corazón y decidiera irse en su día al ver conflicto. Porque con conflicto, no hay armonía.
Y eso es todo, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
