Los personajes son de J. , yo solamente los uso :D


Capítulo XXIX

¿Cuándo había sido la última vez que había sentido su corazón latir con tanta rapidez? Probablemente había sido cuando Hermione había estado a punto de morir por el veneno de la vieja Meryem. Aunque podía jurar que la velocidad de su ritmo cardíaco era aún más grande ahora, por la incertidumbre. Esperaba poder llegar a tiempo, tenía que hacerlo, sino no sabría qué hacer.

Recorrer los metros que lo separaban del lugar para aparecerse se le hizo eterno, solamente una frase se asentó en su cabeza "no puedo perderte, Hermione". Corrió como si la vida se le fuera en ello y al alcanzar el lugar para aparecerse no lo pensó dos veces.

Su departamento tenía un toque rojizo producto del atardecer que se estaba efectuando afuera. Pero la luz del sol era lo único que alumbraba el lugar que parecía estar vacío.

-Hermione - la llamó obteniendo silencio como respuesta -, Hermione - su voz sonaba cada vez más desesperada y un agonizante miedo cubrió su mente - vamos, bebé, no me hagas esto - pidió caminando rápido hacia la habitación buscándola -, siento mucho lo que dije, soy un completo imbécil, el más idiota de todos los hombres de la tierra y merezco tu desprecio, pero no me asustes así, por favor, debemos irnos cuanto antes.

Nada.

El departamento estaba vacío, ni una sola alma había ahí aparte de la suya. Comenzó a hiperventilarse. No podía estar ocurriendo eso. ¡No! ¡No podían haber llegado a ella en tan poco tiempo!

Un resplandor captó su atención cuando volvió a la sala, e inconscientemente buscó el origen de éste, para hallarlo en la mesita de café. Su rostro se puso blanco en el mismo instante en que reconoció el anillo que le había dado a Hermione en Florencia al comprometerse. Y bajo él, una nota. Corrió hacia allí para recoger la carta que a todas luces era de ella por la fina caligrafía.

Draco:

no puedo seguir con esto, Créeme que Me duele tanto como a ti, tal vez otros Encontraron un futuro juntos, pero ahora yo no puedo. te pido Por Favor que lo entiendas, Ayúdame a superarlo quedándote alejado.

Hermione.

Cayó de rodillas al duro y frío suelo del departamento, con el rostro contraído por el dolor y el sufrimiento de haberla perdido, pero no por unos mortífagos, sino por sus palabras y cobardía. Qué irónico era todo. Él tratando de protegerla de aquellos que querían matarla, pero no la había protegido de sí mismo. ¡Pero que imbécil, estúpido, tarado, inepto, zoquete, zopenco y un montón de sinónimos mas, era! ¡¿De verdad pensaba que tras decirle semejante barbaridad ella se iba a quedar esperando a que regresara?! ¡Idiota! La había cagado en grande esta vez y dudaba que Hermione lograra perdonarlo algún día.

Tomó el teléfono celular de su bolsillo, si ella no quería estar con él, aún debía asegurarse de que estuviera protegida, sabiendo el peligro que corría, y que en su interior crecía un pequeño Malfoy-Granger.

-Potter - su voz salió estrangulada y sintió sus ojos picar producto de lágrimas que se acumulaban en ellos -, me dejó.

-¿A qué te refieres con eso, Malfoy? - preguntó Harry angustiado.

-¡Me dejó, se fue, me abandonó! -le gritó con rabia triste - ¡No está aquí, dejó una nota de despedida y el anillo!

-¿Anillo?

-El anillo de compromiso, de nuestra boda... ¡Ese anillo!

-¡¿Te casaste con ella, hurón?!

Podía sentir la rabia en la voz de Potter del otro lado de la línea, pero no le importaba, solamente podía importarle el hueco que había en su pecho producto del abandono.

-Sí... Búscala, puede estar en peligro.

-Tú no te quedes ahí parado ¡también ve a buscarla!


Decir que recordaba cómo había llegado a ese lugar sería una terrible mentira, porque luego de dejar el anillo sobre la mesa de café había caído en la inconsciencia al recibir el embrujo por parte de uno de los dos mortífagos que habían ido a secuestrarla. Decir, además, que sabía dónde se encontraba sería también un engaño, pues lo único que con certeza sabía era que estaba en un espacio carente de luz, sumido en la total oscuridad, donde reinaba además un furioso silencio que calaba sus huesos.

Palmó con sus pequeñas manos el suelo en el que estaba recostada, notándolo tan frío y húmedo que las retiró de inmediato. Un calabozo, seguro era eso. Se incorporó, y observó todo su alrededor, en busca de algún vestigio de luz que le diera la esperanza de que no se encontraba al final de un abismo. Del primer escaneo de la oscuridad no obtuvo absolutamente nada, pero luego se percató que lejos de donde estaba sentada, a unos diez o quince metros, un halo de luz blanca interrumpía la negrura del lugar. Se levantó para ir hacia él como una polilla va hacia una vela encendida. Elevó los brazos por si chocaba con alguna pared o pilar y que el impacto no fuera tan fuerte. Tocó un par de estructuras en su trayecto, sin embargo no se detuvo a averiguar de qué se trataban. Solamente estaba concentrada en llegar al origen de la luz.

Se trataba de una pequeña abertura en las rocas de la pared que parecía haberse hecho por la antigüedad del lugar. Al mirar por el agujero pudo ver el suelo de un jardín justo horizontalmente a sus ojos, un interminable césped verde y café que era interrumpido por maleza de años de vida, que era iluminado por la luz de la luna. ¿Sería esa la Mansión Riddle? ¿Estaría en el sótano de la casa del padre de Voldemort?

Tocó su vientre en ese instante, prometiéndole a su bebé que saldrían de esa, que su padre, Draco, los sacaría de ahí, porque a pesar de lo que había dicho, él los amaba con su alma.

Sólo esperaba que pudiera llegar a tiempo.

Un sonido extraño quebró el silencio en el que estaba sumido el espacio. No supo identificar de qué se trataba, pero pronto escuchó otro más, y esta vez lo identificó como algo metálico siendo golpeado. No era un ruido fuerte, era apenas audible, pero le permitió saber que no estaba sola.

Unos pasos sonaron luego, pasos que parecían bajar una larga escala que seguramente conducía a donde ella estaba, ya que los escuchaba cada vez más cerca.

Al caer en cuenta de la situación, Hermione se apegó a la pared y se hizo un ovillo, tratando de pasar desapercibida, en un vano intento de que no la torturaran, ni a ella ni a su hijo. Ocultó su cabeza entre sus piernas y cerró sus ojos, tal vez si veían que estaba "inconsciente" volverían luego y con ello le darían tiempo a Draco para que entendiera que no lo había dejado sino que la habían capturado.

Percibió luz tras sus párpados, un tenue resplandor que la impulsó, sin querer, a abrir los ojos, revelándole de esta forma que estaba lúcida al mortífago encapuchado y enmascarado que estaba parado tras una puerta con barrotes. El individuo vestido de negro la miraba a través de las rendijas de su máscara, revelando un brillante color azul en los iris, el que, a pesar del contexto, no le trasmitía terror, sino paz, inexplicablemente.

La puerta se abrió tras el movimiento de varita del mortífago e instintivamente Hermione se arrastró por el suelo para poder alejarse de él.

-No temas - dijo el seguidor del mal, caminando hacia ella mientras dos candelabros eran encendidos, iluminando aún más la estancia.

Hermione lo miró jurando que esa voz ya la había escuchado, y que no sonaba tan feroz como creyó que sonaría, pero aun así, volvió a arrastrarse para distanciarse de él.

-No te acerques a mí, sucio mortífago - ordenó con una valentía que todos en su casa Gryffindor habrían aplaudido.

-Hermione, escucha, no te haré daño - la mención de su nombre en un susurro dulce picó las fibras nerviosas de ella rogándole para que se tranquilizara, pero sabía que no podía confiar en alguien que creía en Voldemort y sus sucesores. - De verdad, no tienes que tenerme miedo.

Con el ceño fruncido, Hermione lo miró fijamente mientras el mortífago quitaba con su varita la máscara que ocultaba su rostro y escondía su identidad. Su corazón latía con fuerza con cada segundo que pasaba y se detuvo cuando las facciones de su captor le fueron reveladas.

-Theodore Nott.

-El mismo - sonrió el muchacho, agachándose para quedar a la altura de ella.

-¿Qué haces aquí? - cuestionó Hermione, sintiendo más confianza.

-Escucha, no tengo mucho tiempo, nos acuartelaron a todos, no podemos salir de aquí hasta que nos lo ordenen - explicó en voz baja -. Oí a Blaise hablar con Lestrange de que estabas aquí y bajé a verte. Te traje algo de comer, supongo que no has comido nada.

Nott se levantó un momento para abrir su túnica y sacar una bolsa de lona que tenía amarrada al cinturón de su pantalón. Luego volvió a arrodillarse y le entregó el paquete a la castaña, quien al abrirlo vio que había un sandwich, dos manzanas verdes y un plátano.

-Gracias, tenía mucha hambre - le dijo Hermione con sinceridad, Nott sólo asintió. -¿Podrás avisarle a Draco o Harry que estoy aquí?

Nott bajó la mirada, con el ceño fruncido, y eso no significó un buen augurio para Hermione. Tal vez el joven los había estado engañando y sí deseaba que muriera. Aguantó la respiración mientras esperaba una respuesta.

-No... La mansión está embrujada para que no puedan enviarse mensaje desde aquí a menos que sean de parte de los Lestrange - explicó con pesar -, pero según escuché esperarán hasta la Luna Menguante para hacer lo que quieren hacer contigo, el mismo día que Potter y yo romperemos el hechizo de protección.

-Hay esperanza... - comentó más para sí misma que para Nott, acariciando y mirando su vientre, donde crecía en esos momentos el pequeño Malfoy.

-Sí.

-Pero Theo - volvió a mirarlo -, puede que quieran matarme, quemarme o lo que sea ese día, pero eso no les impide venir antes a divertirse torturándome.

-Haré lo posible para que eso no suceda, créeme, tú y tu bebé no saldrán heridos si estoy de guardia.

-¿Cómo...?

-Por la forma en que miras y tocas tu estómago es obvio que algo quieres proteger - comentó con una sonrisa serena.


Ronald Weasley le temía a las arañas, eso era sabido por muchos, también le temía al fracaso, temía seguir siendo un pobretón toda la vida y no poder surgir. Pero lo que más temía era volver a perder a alguien amado, por eso ahora estaba aterrado. Harry lo había llamado diciendo que Hermione había desaparecido. Según él, Malfoy había dicho que ella había dejado una nota de despedida y se había marchado. El rubio la estaba buscando en Canadá, pero Harry ya había emprendido la búsqueda en Inglaterra, y él estaba metido en ella.

Ron, comandando a un grupo de aurores, y Harry a otro, habían visitado todos los lugares donde podría haber estado ella, pero no habían tenido éxito, no había señales de Hermione en ninguna parte.

Esto era insólito, de seguro el estúpido hurón albino le había hecho o dicho algo que había provocado que ella se fuera. Juraba que si le pasaba algo por culpa de Malfoy, no le importaría terminar en Azkaban si podía matar al rubio imbécil.

Un escandaloso sonido quebró el silencio en el que estaba sumido el callejón Diagon, por donde patrullaban, buscando signos de su amiga de la infancia y ex novia. Los aurores que caminaban junto a él lo apuntaron con la varita, ignorantes de que el ruido era proveniente del aparato muggle que tenía en el bolsillo. Los calmó con unas palabras, diciendo que no se preocuparan, antes de coger el celular y atender la llamada de Harry.

-¿Dónde estás? - cuestionó éste con urgencia desde el otro lado de la línea.

-En el Callejón Diagon.

-Deja a los aurores buscando, Luna sabe cómo encontrarla - un cierto alivio se asentó en su pecho al escucharlo, pues sabía que, a pesar de presentar actitudes y creencias un tanto alocadas la mayoría del tiempo, Luna era una excelente bruja, muy inteligente y sensata -. Ven al cuartel.

No pasaron más de dos minutos antes de estar corriendo por los estrechos pasillos del Ministerio de Magia. En esos momentos era cuando deseaba tener un puesto más alto para poder aparecerse dentro del recinto y llegar rápido al lugar que fuera. Agradecía la baja temperatura del lugar para poder enfriar su caliente cabeza, y aclarar y calmar sus ideas.

El Cuartel de Aurores siempre era el lugar más frío del Ministerio por la noche, por esta razón al atravesar sus puertas un estremecimiento lo embargó. Luna y Harry movían con la varita los cubículos de los aurores para dejar en el centro un espacio grande libre.

-OK, aquí estoy - dijo Ronald -, ¿cómo la encontramos, Luna? ¿Qué clase de hechizo es?

-Uno muy antiguo - contestó la rubia con su voz peculiar -, aunque es un poco complicado, por lo que necesitaremos.

Luna elevó su varita hacia el escenario libre de cosas que habían improvisado, para luego hacer un movimiento con ella, haciendo aparecer ante ellos un mapa mundial del porte del espacio, con relieves, bosques en miniatura, ríos, montañas, mares, etc. Harry silbó con admiración y Ron asintió dándole la razón.

-Es un hechizo de localización usado en el Renacimiento cuando la peste negra impulsó a muchos a abandonar Europa. Se necesita un mapa - se detuvo un instante para mirarlos fijamente a ambos, quienes desconfiaron de esa mirada - y sangre.

-¿Sangre? - repitió el pelirrojo confundido y horrorizado - ¿De quién?

-Tiene que ser de alguien de su linaje con quien comparta ADN - contestó Luna - o de alguien íntimo... Con unas palabras aparecerá en el mapa los lugares donde haya personas relacionadas.

Luna tenía razón cuando había dicho que era complicado, pues Hermione no tenía muchos familiares. Sus abuelos habían muerto, tanto su padre como su madre eran hijos únicos por lo que no contaba ni con primos ni tíos y bueno, ellos estaban ocultos en algún lugar de mundo.

-Tal vez mi sangre sirva - sugirió Ronald con un deje de esperanza -, pues nosotros fuimos íntimos...

-No, Ron - dijo Harry -, si usamos tu sangre aparecerán todos los Weasleys que hay y realmente no tenemos tanto tiempo.

-Además ya no son íntimos en la actualidad - acotó Luna.

-¿Qué hacemos entonces? No conocemos más familiares de ella y buscar a sus padres sería lo mismo.

Un carraspeo detrás de Harry y Ron los hizo voltearse y este último hirvió de rabia al reconocerlo.

-Entonces usen mi sangre - dijo Draco Malfoy mirando a Luna, antes de avanzar hacia ella y extender su brazo, mostrando las venas gruesas, llenas de sangre, que lo recorrían.

-Malfoy ¿qué haces aquí? - preguntó Harry enojado - Se suponía que estabas buscando a Hermione en Canadá.

-Mi esposa no está allá, el portero de mi edificio no la vio salir, lo que significa que se desapareció desde el mismo departamento...

-¿Esposa? ¿Por qué diablos la llamas así, idiota? - preguntó Weasley furioso, con las ojeras rojas y los puños apretados.

-Porque nos casamos hace dos semanas, Weasley.

Le hubiese encantado regocijarse de la cara de sorpresa y furia del pobretón, pero no era el momento para eso, ahora lo importante era encontrar a su Hermione y rogarle para que lo perdonara.

-Lovegood ¿me ayudarás a encontrarla?

-¿Tú, un Malfoy, pidiendo ayuda? - trató de burlarse Ron, para pasar el mal trago del matrimonio. Ya Malfoy recibiría sus golpes, ahora lo necesitaba, muy a su pesar, para encontrarla.

-Escucha tampoco me caes bien - comentó con desprecio, mirando sobre todo a Weasley -, y no me agrada la idea de tener que pedirles ayuda, pero mi esposa, quien por cierto está embarazada, está desaparecida y si lo que deduje en su nota es verdad, la capturaron… Tengo que salvarla.

Pensar que Hermione podría estar desamparada en algún calabozo, llena de heridas, débil por las torturas y casi inconsciente hizo que se le quebrara la voz al final. Tenía que salvarla, a como dé lugar. No podía vivir sin ella, no podría vivir en un mundo donde la castaña no estuviera, lo volvería loco. Sus ojos se volvieron rojos, pensar en ella como su estuviera muerta lo hacía débil. Pasó sus manos por su cara, y luego por su cabello, desordenándolo, mientras la frustración corría por sus venas.

-Vaya, de verdad pareciera que estás enamorado de ella – comentó Ron en voz baja, más para sí que para el resto, sintiendo por un mísero momento un poco de empatía por el rubio.

-¡Lo estoy, Weasley, lo estoy! – le gritó Draco - ¡La amo desde hace mucho tiempo, he estado enamorado de ella desde antes que tú, idiota, desde antes de que te dieras cuenta de lo hermosa que es! – Ron lo miró serio, pero por dentro corría una sorpresa enorme que luchaba por reflejarse en su rostro - ¡Y no puedo perderla por el capricho de unos descerebrados mortífagos!

Ninguno de los dos hombres se atrevió a decir nada ante las palabras de Draco. No se burlaron ni lanzaron algún comentario de comprensión, sólo se quedaron viéndolo, hasta que Luna se acercó a él, le acarició el brazo con empatía, y luego lo agarro de la mano para conducirlo al escritorio donde tenía un recipiente de vidrio, un bisturí, una poción azul, unas gazas y vendas.

Luna le pidió su permiso con los ojos, a lo que Draco solamente asintió y estiró el brazo. La joven tomó un pedazo de gaza que empapó con la poción antes de frotarla contra la piel de la muñeca de Malfoy. Por un momento, el lugar que había sido mojado por el líquido azul brillo, reflejando un resplandor pacífico de luz blanca. Y cuando este desapareció, Luna tomó el bisturí y cortó el lugar donde las venas se veían más claramente. Draco apretó los dientes al sentir el corte, pero no dijo nada, pues el dolor valía la pena si con él podía salvar a su mujer. La sangre, roja, viscosa y gruesa, se derramó sobre el recipiente de vidrio en un chorro constante, llenándolo en sus tres cuartas partes, cuando Luna le cubrió el corte con una venda.

-¿Qué descubriste en la nota, Malfoy? – preguntó Harry, mientras Luna llevaba el recipiente al centro del mapa.

Draco metió la mano sana en el bolsillo de su pantalón para sacar de ahí la nota que Hermione le había dejado, y se la tendió a Potter sin vergüenza alguna. Tan pronto como la tomó, Harry leyó su contenido y luego lo miró interrogante.

-Las letras mayúsculas no están donde deberían estar - comentó, viendo como Potter volvía a mirar el papel -. Si las tomas todas no formas nada, pero si tomas las palabras que encabezan hay una frase.

-"Draco créeme, me encontraron, ayúdame" - leyó Harry.

-Parece algo que ella haría - comentó Ronald, tomando la nota para verificar con sus propios ojos las palabras ahí escritas.

Por su parte, Luna se paró justo al norte de donde estaba la sangre de Draco y cerró los ojos, tratando de concentrarse en el hechizo que debía hacer. La luz de las velas que iluminaban el lugar bajó en intensidad, provocando que los tres aurores que esperaban el resultado la miraran expectantes. Ella colocó su varita sobre su corazón, apuntando hacia arriba. De su boca salió una serie de palabras que parecían tener un origen élfico, o tal vez celta o latín. Ninguno estaba seguro de eso.

Un resplandor anaranjado rodeó a Luna enteramente, y luego se desprendió de ella para dirigirse al recipiente con sangre, la que, en el instante en que la luz la tocó, comenzó a burbujear, tornándose más oscura y más viscosa aún. Luna abrió los ojos, viéndose un iris azul mucho más cristalino de lo que era realmente y al fijar la vista en el líquido escarlata, éste salió de recipiente para vagar por el mapa e instalarse en la isla de Reino Unido.

Con un movimiento de varita, Luna hizo un acercamiento del mapa, dejando a la vista solamente la isla en cuestión y en ese instante, el acúmulo de sangre se dividió en seis, de las cuales tres estaban posadas sobre Rowly, un pueblo del condado de Surrey... Y tres sobre Little Hangleton.

Todos tragaron saliva.

-¿Dónde están mi madre y Andrómeda? - preguntó Draco ansioso.

-En Rowly... - respondió Harry angustiado.

-Tal vez el tercer punto sea Hermione...

-No - dijo el jefe de aurores, pasándose la mano por el cabello -, es Teddy Lupin, tu primo segundo.

Las palabras de Potter provocaron el Draco una descarga eléctrica que recorrió su cuerpo enteramente. Si Hermione no estaba en Rowly significaba que estaba en Little Hangleton, seguramente en algún calabozo de la Mansión Riddle. Tuvo ganas de gritar, de romper cosas, pues no podía estar pasando esto. No podía creer que después de haberse esmerado tanto en protegerla de esos imbéciles, ellos la habían encontrado de todas formas. Permitir que la mataran sería un acto que no concebía en su cabeza. No los iba a dejar hacerlo, sobre su cadáver.

Caminó hacia la puerta decidido a salir del Ministerio e ir en busca de su familia. Hermione y su hijo estaban en Little Hangleton, seguramente el tercer punto de sangre que había ahí se trataba de algún pariente lejano del que no tenía conocimiento, pero no importaba ahora. En su mente sólo estaba ella.

-¿A dónde vas, Malfoy? – cuestionó Harry.

-A salvar a mi esposa.


Varias horas habían pasado desde que Nott la había dejado sola en la celda. Había intentado dormir, pero el duro suelo en el que estaba no le permitía estar en una posición cómoda, además estaba tan frío que se estremecía a cada momento. Estaba cansada y aburrida, muy aburrida, y no sabía si Draco ya se había dado cuenta de que no estaba en el departamento. Se entristecía al pensar en cómo él reaccionaría cuando leyera la nota, sabía que lo iba a destrozar, pero tenía la esperanza de que viera más allá de las palabras.

En ese momento, se escuchó una fuerte discusión, luego un golpe y posteriormente cuantos pares de pasos bajando la escala que conducía a donde ella estaba. Su corazón latió con fuerzas, producto del miedo que le provocaba el sonido de la expectación. No podía tratarse de nada bueno.

Las velas que iluminaban se encendieron todas de golpe, dejándola momentáneamente encandilada por el brillo de ellas después de pasar tanto tiempo en la oscuridad. Y cuando pudo enfocar la vista, distinguió a tres mortífagos de pie frente a ella, Rodolphus y Rabastan Lestrange, y Blaise Zabini, quienes lucían en sus rostros una sádica sonrisa.

-Vaya, vaya, vaya, así que ésta es la chiquilla que encegueció a mi sobrino, un auténtico sangre pura – comentó Rodolphus, frotándose las manos como si mirara un exquisito plato de comida. - ¿Será tan sabrosa como para poner patas para arriba los ideales de un respetable mago?

-Comprobémoslo – dijo Rabastan, sacando su varita para abrir la reja de la celda y así poder entrar.

-No se acerquen – gritó Hermione, retrocediendo hasta chocar con la pared de piedra, tratando de pensar en qué posibilidades tenía de escapar de ahí.

¿Dónde estaba Nott? Dijo que la protegería.

-Les dije que era especial – bramó Zabini con burla, entrando luego de los Lestrange a la celda, quienes no se habían detenido ni por un solo instante ante las palabras de Hermione.

Rabastan cruzó el espacio antes de que ella pudiera siquiera tomar un respiro y desde su altura, la tomó de la barbilla, moviendo su rostro de un lado a otro, como examinándola. Tenía el rostro serio, pero Hermione sabía que no podía fiarse de eso, pues el sádico mortífago sacaría sus burlas en cualquier momento. Luego se alejó un par de pasos, y la recorrió con la mirada, deteniéndose un momento en su escote, instante en el que su fruncida boca formó una sonrisa de lado, antes de cruzar sus ojos con los de ella.

Hermione no había sentido tanto miedo hacía bastante tiempo.

-Bien, haremos esto por las buenas o por las malas – dijo, cruzándose de brazos, mientras le daba un momento a ella para elegir.

-Vete al infierno.

-Cómo gustes.

Un grito salió desde el fondo de la caja torácica de Hermione al tiempo en que Rabastan levantó su varita e hizo añicos la blusa azul de ella.


Hola, sí, soy yo, no he tardado tanto esta vez. Quería subirlo el 2 de mayo, por el aniversario número 16 de la Batalla de Hogwarts, pero no alcance. Una hora tarde, aquí en Chile.

Bueno hablemos del capítulo. Draco era sincero cuando le decía todas esas cosas a Hermione mientras la buscaba por el apartamento, a pesar de que ella no estaba ahí, y si no hubiese sido atrapado, él le habría dicho muchas más cosas con tal de que ella lo perdonara. Pero ya ven, no estaba, y eso lo desesperó. Por suerte Luna pudo encontrarla, aunque claro, ninguno estuvo lo bastante tranquilo al saber dónde está. (Por cierto, el hechizo que hace Luna está basado en uno que hace Bonnie Bennett en la serie The Vampire Diaries, así que no es del todo invención mía)

Ron por su parte, parece que empieza a aceptar que Draco realmente ama a Hermione y que hará cualquier cosa por salvarla. Eso es bueno, pues a pesar de todo, Ron fue primero uno de los mejores amigos de ella y no querría perderlo porque él no acepta a su marido.

Y por último, el final del capítulo. Realmente no sabía si poner esta situación, aunque creo que le dará más realismo al tema del secuestro y le dará otro motivo a Draco para querer matar a esos imbéciles.

Bueno, no tengo más que decir sobre el capítulo. Quiero agradecerles por el apoyo que me están dando en este fanfic. De verdad. Espero que lo sigan hasta el final, porque las cosas se ponen feas, cada vez más.

Me despido muy agradecida :D y bueno, espero que la musa vuelva a aparecer así de seguido. Besos!

MRS Taisho-Potter