PREPARANDO EL TERRENO
El día se levantaba gris en Hogwarts, el ambiente en el castillo parecía encajar a la perfección con la previsión del tiempo. Albus Dumbledore había convocado todo el personal del castillo, alumnos y profesores, en el gran comedor antes de empezar las clases, con la intención de explicar lo sucedido en Hogsmeade y tranquilizar a los estudiantes.
En la mesa de profesores, había un silencio sepulcral. Los profesores, informados ya de la situación, restaban a la expectativa. En la pasada reunión, habían dado todo el apoyo a Dumbledore y también a la profesora de Estudios Muggles, Eve Riddle. Siguiendo las instrucciones del director, la identidad de la profesora no era revelable bajo ningún concepto, y la mantendrían a salvo en Hogwarts hasta que su traslado a una casa franca de la Orden fuera viable. Teniendo en cuenta esto, estaba claro que lo que se avecinaba era una guerra, y Hogwarts, en vista de los acontecimientos, ya no era lugar seguro, este era el motivo del silencio que regentaba en la mesa del profesorado.
—Alumnos, profesores —empezó con tono seguro y serio el director consiguiendo al instante un profundo silencio.
—En vista de los últimos acontecimientos, debo remarcar unas nuevas normas y medidas a seguir des de ahora hasta fin de curso. —continuó el director. —Primero, las salidas a Hogsmeade queden totalmente prohibidas, el ataque a la profesora Sanders no deja duda de que Hogsmeade no es lugar seguro. Segundo, la clase de Estudios Muggles queda suspendida hasta nueva orden, de momento no habrá profesor sustituto. Tercero, la protección del castillo aumentara con la presencia de aurores. Esta misma mañana he hablado con el ministerio y nos proporcionará protección. Eso es todo, pueden dirigirse a sus respectivas clases.
El ambiente tenso y silencioso dio a paso, luego del discurso de Albus Dumbledore, a un ir y venir de comentarios por parte de los estudiantes, que a su vez se levantaban y se dirigían a sus respectivas clases. La mesa de profesores también se iba despejando poco a poco. Albus Dumbledore, hizo un imperceptible gesto de cabeza dirigido al profesor de pociones, que éste interpretó al instante como un; debemos hablar.
—Caramelos de limón. —pronunció Dumbledore para entrar en su despacho.
Severus Snape seguía al viejo con cierta indignación ya que sabía hacia donde se dirigiría la conversación.
—Bien Severus, ¿de cuánto tiempo disponemos? —empezó el director con más seriedad de la habitual.
—¿Sabe que es una pérdida de tiempo meter aurores en el castillo, verdad? —contestó sin querer hablar del tema, el cual sabia a donde conduciría.
—No tuve opción.
—Gran parte del ministerio es un fraude, están por todas partes Albus. —insistió Snape.
—¿Cómo fue tu encuentro? —volvió a preguntar sin desviarse de sus intenciones.
—La matara si vuelve a suceder, de momento está a la exceptiva y esperando a que Draco esté preparado. Le comuniqué el traslado de Riddle, no me informó de un ataque a este. —contestó con resignación el profesor.
—Bien, entonces hoy mismo la trasladaremos a Grimmauld Place. Remus va a encargarse de ella hasta que informe a los otros miembros de la Orden. —Informó el director controlando la situación y sin enfatizar mucho en el nombre del ex profesor a sabiendas de que no le iba a gustar a Severus Snape.
—¿Lupin? ¿Va a sacarla del fuego para meterla en la garras de Lupin? –preguntó con rabia contenida Snape.
—Cuando esté recuperada iniciarás las clases, esperemos que no aparezcan visiones hasta entonces.
—Mientras no intente controlar lo que siente no se entrometerá en la mente de Voldemort. Si esta débil, en principio, no hay peligro.
—Sí, pero tener conocimiento de los movimientos de Voldemort es primordial. Debe de estar lista lo más pronto posible. Ahora debo encargarme de Harry, demasiado lo estoy posponiendo.
—¿No se cansa de tratarnos a todos como títeres? —preguntó retóricamente y con asco el profesor de pociones. —Déjelo, no necesito una de sus respuestas inverosímiles. —añadió al instante cortando la intención de Dumbledore de contestar.
—Eve estará acompañada las veinticuatro horas, se montaran turnos e informaremos de cualquier cambio. La mantendremos a salvo, te lo prometo Severus— dijo el director intentando suavizar la posición de su profesor de pociones.
—No haga promesas que no pretende cumplir— puntualizó Snape al mismo tiempo que se dirigía hacia el exterior del despacho.
Unos momentos antes, en el pasillo de fuera del gran comedor, Ron Weasley y Hermione Granger esperaban a Harry Potter, que había permanecido en el interior de la sala con la esperanza de poder hablar con Albus Dumbledore después de su discurso. Hecho que no sucedió.
—¿Conseguiste hablar con Dumbledore en el comedor? —preguntó animadamente Ron al ver llegar a su amigo.
— Imposible, ha salido con Snape detrás. Tengo la sensación que me evita.— contestó pensativo Harry.
—De hecho hablamos con McGonagall del ataque a Hogsmeade, pero no con Dumbledore, quizás tengas razón. Pero estoy convencida de que fue él quien envió Snape. —apuntó Hermione.
— Snape es uno de ellos, Hermione. También ayudó a Draco. — dijo Harry con seriedad no comprendiendo la actitud de su amiga.
— Cualquier profesor lo hubiera hecho, pudiste haberle matado, Harry. —se defendió ella.
— ¿Y con la profesora? ¿Que explicación das a eso? ¿Recuerdas donde se encontraba Snape antes de partir a Hogsmeade? — continuó Harry subiendo el tono.
—Sí, pero quizás para prevenirla, o ayudarla. ¡Te recuerdo que también dudaste de ella! — pronunció ella continuando a la defensiva.
—Vamos, esto es distinto. Draco trama algo, eso lo sabemos por qué Harry lo vio con Bellatrix, Snape está al corriente y lo ayuda. La profesora Sanders sabia más de lo que debía y la condujo a una trampa. —recapituló Ron —La explicación más sencilla suele ser la correcta. —continuó él, imitando el tono habitual de Hermione en clase, intentando romper el momento de crispación que se estaba creando entre sus dos amigos.
— No siempre Ronald. —le contestó ella con cierto enfado.
—He oído que ya esta despierta. Después de clase vamos a la enfermería y salimos de dudas. — dijo Ron sin dar mucha importancia a lo dicho.
—No creo que sea buena idea, Ron. ¿Qué le vas a decir?, ¿Profesora, cree usted que el profesor Snape quiere matarla? — dijo la chica con cierta burla, intentando finiquitar la idea que se le había metido a su amigo en la cabeza.
— ¡Genial Ron! Al menos si conseguimos respuesta a esto podremos ir a Dumbledore con algo seguro. — dijo Harry avanzándose a la respuesta de Ron.
Hermione no iba a discutir ni defender más la situación. Sabía que si insistía en el tema al final terminarían por sospechar que ella sabía algo más. Antes de contar todo lo que vio en la enfermería, quería llegar a comprender el papel que jugaba Draco Malfoy en todo aquello. Lo único por el momento que sabia con total certeza, era que Severus Snape no dañaría a Eve Sanders bajo ningún concepto y por lo que pudo escuchar, dedujo que la relación con la profesora lo comprometía como espía.
Horas más tarde, en la enfermería, Eve Riddle, recostada en su cama, hablaba con Poppy Pomfrey sobre su estado y todo lo que había ocurrido. El dolor de la maldición había remitido casi por completo, ahora solo faltaba recuperarse de los golpes y moratones, en un par de días volvería a estar como nueva.
Eve recordaba a la perfección todo lo ocurrido en Hogsmeade y Pomfrey se había encargado de ponerla al corriente de que todo el profesorado era conocedor de su situación y la apoyaban.
Interrumpiendo la charla entre ambas, entró en la enfermería el director de Hogwarts con un par de personas más.
— Buenos días, querida. Tienes buen aspecto. —dijo Albus Dumbledore contento de ver a la profesora despierta. —Te presento a Remus Lupin, antiguo profesor de Hogwarts, amigo y fiel miembro de la Orden y su compañera, Nymphadora Tonks, antigua alumna del colegio y también miembro de la Orden.
—Solo Tonks, encantada— dijo ella tendiéndole la mano con cortesía.
—Como te habrá comentado Pomfrey te trasladaremos a una casa franca. Tus pertenencias ya se encuentran allí. Remus y Tonks se encargaran de tu seguridad durante el traslado y durante toda la estancia allí. No estarás sola en ningún momento. Las clases con Severus se realizaran allí, dentro de un par de días. Creo que eso es todo. Lamento que sea tan precipitado, querida pero es por tu seguridad. —finalizó Dumbledore.
—Lo… lo entiendo…— dijo Eve un tanto abrumada por todo lo que se le venía encima.
—Debéis iros, tendréis tiempo de poneros al corriente de todo cuando estés en Grimmauld Place. — añadió Dumbledore.
Y así, sin tiempo para despedirse, excepto de los presentes, Lupin, Tonks y Riddle, partieron dirección a la torre de astronomía. Con el permiso de Albus Dumbledore, que había quitado por un momento las protecciones del castillo, pudieron permitir aparecerse y llegar a la casa franca de Grimmauld Place.
Unos momentos más tarde, los tres Gryffindors, que ya habían terminado sus clases, se dirigían a toda prisa hacia la enfermería. Excepto Granger, la cual, por primera vez, parecía haber perdido el valor de su casa y se mostraba muy reticente a la idea de sus compañeros de hablar con la profesora de Estudios Muggles.
A la entrada de la enfermería se encontraron con alguien que no esperan, que con porte amable fingió cierta sorpresa al verlos.
—Señorita Granger, señor Weasley, señor Potter, ¿se puede saber a dónde se dirigen con tanta prisa, si no es mucho preguntar? —dijo el director de Hogwarts amablemente.
—Hola director, íbamos a la enfermería a visitar a la profesora Sanders— contestó Harry rápidamente. —Hemos oído que ha despertado, y después de todo, no estaríamos aquí de no ser por ella— se explicó Harry sorprendiendo a Albus Dumbledore, que esperaba que la explicación viniera de parte de la señorita Granger.
—¡Oh! Me ha pedido que también os de las gracias, su intervención fue clave tengo entendido. — dijo el viejo preparando ya su siguiente explicación.
—¿Se encuentra bien la profesora?— preguntó Ron Weasley, dejando otra vez a Hermione en segundo plano.
—¡Oh! si, si, muy bien, esta recuperada y de hecho ya no se encuentra en Hogwarts, por su seguridad está en Grimmauld Place en compañía de Remus y Nymphadora. — explicó el director calmadamente. — Siento decepcionarles— añadió él viendo la cara de decepción de los dos muchachos y cierta expresión de alivio de la chica.
—¿Se encuentra bien señorita Granger? ¿La veo muy callada hoy? — preguntó el viejo con curiosidad.
—Sí, perfectamente, gracias director, nos alegramos que la profesora se encuentre bien— dijo al instante la chica, con una recién aparecida normalidad cosa que no pasó desapercibida por Dumbledore.
—Bien entonces. ¡Ah!, Harry, podrías acompañarme, tenemos una conversación pendiente. Hay algunas cosas que debo enseñarte. — dijo el viejo.
—Por supuesto director— contestó Harry con firmeza. Quizás de esta forma podría sacar algo en claro de todo lo que estaba ocurriendo en Hogwarts. —Os veo luego, chicos— se despidió Harry de sus dos amigos.
Dumbledore condujo a Harry, tranquilamente y sin prisas hacia su despacho. Después de pronunciar la contraseña y subir por las escaleras de caracol, el director del colegio tomó asiento y cogió uno de sus caramelos de limón.
—¿Un caramelo? —le ofreció Dumbledore tendiendo el frasco lleno de pequeñas bolas amarillas a Harry.
—No, gracias— negó el muchacho absorto en sus pensamientos y preguntándose cómo podía sacar el tema.
—¿Qué te preocupa, Harry? — empezó preguntando Dumbledore para llegar descubrir todas las conjuntaras a las que había llegado el trío dorado.
— Draco Malfoy, señor. — dijo Harry un tanto nervioso
—Se tu de tu disputa con él, Harry. Draco, sigue influenciado por su familia. Depende de él continuar bajo su protección o seguir otros pasos, no podemos juzgarlo antes de tiempo. Debe madurar y decidir por él mismo qué camino tomar.
—Creo que ya ha decido el camino señor, y creo que tiene ayuda en Hogwarts, el profesor Snape…
—El profesor Snape tiene mi total confianza. — interrumpió Dumbledore zanjando el tema. — Hay otro punto, por el que si necesito de tu ayuda y es el motivo por el cual estas aquí, Harry.
Dumbledore empezó su relato con tranquilidad y serenidad. Evitando no contar más de lo necesario, explico a Harry la magia oscura por la cual su antagonista, Tom Riddle, seguía en vida después de todo; los Horrocruxes. Contó como Lord Voldemort, hizo añicos su alma y la escondió en varios objetos, objetos pequeños y no fácilmente localizables.
—Tú destruiste uno de ellos en tu segundo año aquí, Harry. El diario de Tome Riddle.
—¿Y que hay de los otros? ¿Sabe dónde están? — preguntó Harry con curiosidad.
— Me temo que solo he podido encontrar uno. Y destruirlo no fue nada fácil como puedes comprobar— comentó Dumbledore mostrado su mano aún ennegrecida por la maldición. — Tranquilo, no duele— añadió rápidamente para desviar la atención de Harry. — Encontrarlos y destruirlos será nuestra tarea des de hoy en adelante si aceptas ayudarme, Harry.
Harry aceptó su propuesta sin pensarlo, si esa era la única forma de destruir a Voldemort, él iba a hacer lo posible para que así fuera. Su conversación concluyó por el momento, ya que, des de ese día en adelante tendrían más encuentros para trabajar en su tarea particular. Por el momento, y para evitar preguntas por parte de sus amigos, acordaron contar que Albus Dumbledore le daba clases particulares.
