Mechero: Bienvenidos gente, estamos en un nuevo capítulo de Historia de Po y, aparte, tengo un pequeño mensaje que daros.
Machetazo: ¿Y de que se trata?
Mech: Lo contaré al final del capítulo para no entretener a los lectores hasta que hayan terminado de leer el nuevo capítulo, pero por ahora di el disclaimer.
Mach: Vaaaaale. Kung Fu Panda no nos pertenece sino a DreamWorks.
A la mañana siguiente, me levante pronto, debido a que tenía un asunto pendiente con el baño.
-¿De qué asunto se trataba?- preguntó inocentemente un niño, provocándole un pequeñísimo sonrojo a Po.
-Eso no tiene nada que ver con la historia así que, lo dejaremos pasar- dijo Po, un poco cortado.
Bueno, tras salir del baño- reanudó el panda la historia-, me fije en que en un reloj que teníamos en la habitación, ponían que eran las 7:57. Faltaban 3 minutos para que fueran las 8:00, así que no supe si debía volver a la cama y dormir esos 3 minutos que faltaban o si lavarme la cara para despejarme, y despertar a mis compañeros de cuarto.
Y al final opté por la segunda opción.
Me volví al baño, abrí el grifo del agua, cogí un poco de agua con mis manos y me la eché en toda mi cara.
El contacto del agua fría contra mi cara hizo, al instante, que todo el sueño que tenía se disipara, como si de un mal sueño se hubiera tratado y ahora, que ya estaba despierto, solo me quedaba hacer una cosa por hacer: despertar a los demás.
Salí del baño, me puse en medio de la habitación y empecé a pensar en como podría despertarles.
Pensé en un millón de formas para hacer que todos se levantarán, pero al final decidí hacerlo de la forma más simple que conozco: al modo Shifu.
Vi que en el reloj ponía que eran las 8:00 y, cogiendo todo el aire que podían retener mis pulmones, grité:
-¡DESPERTAD!- grité, haciendo que se despertarán de forma abrupta .
-¿Qué sucede Po?¿Ninjas, samurais?- preguntó Mono, que se acercó a mi en postura de batalla, por la impresión de mi grito.
-Sí, Po, ¿qué ocurre?- preguntó Shifu, que estaba un poco exaltado.
-Oh nada, tan solo es que son las 8:00. Era hora de despertarse- dije y, de repente, se hizo un silencio incómodo.
-A ver si me he enterado bien- dijo Mantis, intentando asimilar lo que había dicho-. Dices que nos has metido un susto de muerte, ¿sólo para despertarnos?
-Más o menos, sí- dije y todos se volvieron hacia sus camas, excepto Shifu.
-Anda, sal de la habitación y déjanos dormir en paz- dijo Mono, que ya se había arropado con las sábanas de su cama.
-Sí, por favor, no nos molestes- dijo Mantis, que estaba recostado en el sombrero de Grulla.
-Alumnos- dijo Shifu, acercándose un poco hacia Grulla, Mono-lo que ha hecho Po, aunque de mala manera, era lo que tenía que hacer. Son las 8:01 y tendríamos que estar despiertos, y a punto de salir de la habitación para ir a ver si las chicas están preparadas.
-Solo un minuto maestro Shifu- dijo Mono, revolviéndose entre las sábanas.
-Ni un minuto, ni nada- dijo Shifu, con voz autoritaria. Despertad ahora mismo o sino lo que ha hecho Po para despertaros, os parecerá un paseo por el campo- y a Shifu se le cambió la expresión seria de su cara, por una expresión siniestra.
Todos mis compañeros, asustados por lo que había dicho Shifu, se levantaron.
-Bien, ahora id a lavaros- dijo Shifu.
-Sí, maestro- dijeron todos al mismo tiempo y se dirigieron al baño en fila.
-Y tú Po, ve a la habitación de Tigresa y Víbora y pregunta que si están preparadas para ir a desayunar- dijo Shifu.
-Claro, maestro- dije y salí de mi habitación.
Me dirigí, tranquilamente, hacia la habitación de las chicas. Llegue medio minuto después de que saliera de mi habitación, me puse delante de la puerta de la habitación 30 y di unos golpecitos en la puerta para que abrieran la puerta. Los segundos pasaban y al final alguien abrió la puerta.
Era Víbora, que traía consigo un par de flores de cerezo en su cola.
-Hola Po- dijo Víbora, con un ritmo de voz un poco acelerado.
-Hola Víbora. He venido, de parte de Shifu, para preguntar si estabais listas para bajar a desayunar.
-Oh, pues aún no estamos listas- dijo Víbora y se colocó las flores a ambos lados de la cabeza-. Ahora sí que estoy lista, pero Tigresa está terminando de vestirse.
-¿Ah sí?- pregunté, sin creérmelo.
Y cómo no me creí eso, moví la cabeza hacia la izquierda para ver si era cierto eso, pero mi vistazo a distancia de la habitación de las chicas hizo que recibiera, de parte de Víbora, un latigazo en toda la cara.
-Señor Po- dijo un niño, interrumpiendo la historia de Po-. No lo entiendo, ¿Por qué te golpeo la maestra Víbora? Si tú no estabas haciendo nada malo, solo querías comprobar si era cierto lo que te había dicho.
-Manías de las mujeres niños- contestó Po-, no intentéis entenderlas.
-Vale- afirmaron todos los niños al mismo tiempo.
-Bien, nos habíamos quedado en el momento en el que Víbora me dio un latigazo.
Víbora me había dado un latigazo, torcí mi rostro y empecé a tocarme la zona en donde me había golpeado.
-¡No mires!- dijo Víbora, un poco enfadada.
-¡Está bien, está bien!¡No miraré!- dije, un poco fuerte.
Víbora, qué no confiaba en que fuera a cumplir lo que había dicho, salió de la habitación y cerró la puerta tras de sí.
-¿Y por qué aún no se ha vestido Tigresa?
-Es que, justamente cuando nos has llamado, Tigresa se estaba terminando de duchar y ahora mismo estará terminando de vestirse, así que no tardará mucho.
-No, si a mí no me importa esperar un poco.
Entonces, Shifu y los demás salieron de la habitación y se dirigieron hacia donde estábamos nosotros, o sea, en frente de la puerta de la habitación 316.
-Hola chicos, ¿Y Tigresa?- preguntó Mono.
-Está adentro- dijo Víbora, adelantándose a mí que también iba a contestar a Mono- terminando de vestirse. Tened un poco de paciencia.
-Paciencia, ¿para qué?- preguntó una voz al lado nuestro.
Me giré, al igual que mis compañeros, pero no me hacía falta hacerlo porque reconocería esa voz en cualquier lado. Era Tigresa, que estaba saliendo de la habitación, ya vestida, y, nada más salir de la habitación, cerró la puerta con llave y se la guardo en un bolsillo de su pantalón.
-¿A qué estamos esperando?- preguntó Shifu, retoricamente- Vamos al comedor, a desayunar.
Ninguno de sus alumnos dijimos nada, simplemente seguimos al maestro Shifu, con rumbo hacia el comedor.
Para ello, tuvimos que andar hasta el comienzo del tercer piso, después bajar el multillón de escaleras que había para bajar hasta la planta principal del hotel y por último, ir hacia el comedor, que, como ya os he dicho niños, estaba en una puerta hacia la izquierda, cerca de donde estaba la recepción.
Entramos por aquella puerta junto a la recepción, vimos el gran y espléndido comedor al que íbamos todos los días a desayunar, a comer, y a cenar y, aunque el comedor siempre era lo mismo, no paraba de impresionarme el gran tamaño del mismo y la gran variedad de comida que había para escoger que, aunque siempre era la misma, no te cansabas de comer lo mismo, porque estaba delicioso.
Nos sentamos en una mesa del fondo del comedor y cada uno de nosotros, fuimos, por nuestra cuenta, yéndonos a coger el desayuno, pero después primer día de estancia en el hotel, hicimos como una pequeña regla no hablada, por la cual las personas que terminarán de elegir lo que se iban a tomar, debíamos esperar a los demás en la mesa, sin comer, hasta que los demás hubieran terminado de elegir y de sentarse a la mesa.
De este modo, todos comíamos juntos y la mesa no se volvía un caso. Además, así podíamos mantener una agradable conversación entre nosotros. Por esa serie de motivos era por lo que existía aquella regla no hablada del comedor.
Todos, tras dar unas cuantas por el buffet, cogimos lo que íbamos a coger; unos cogimos más que otros, pero eso no era lo importante, lo único importante es que ya estábamos todos allí.
La comida estuvo muy animada al principio gracias a unas charlas sobre la situación del torneo, sobre lo mucho que vamos a echar de menos la ciudad de Kulla, las ganas de Tigresa por volver a entrenar, un chiste de Mantis y Mono que provocaba la risa a muchos de nosotros, excepto a Tigresa, que se enfadaba con ambos, ya que la usaban como blanco de sus chistes, hasta que, durante las risas, hice un movimiento con el cuello, debido al dolor en la tripa que me estaba provocando por reírme tanto, mis ojos se fijaron en una de las mesas del fondo.
Ahí, en esa mesa del fondo, estaba Kichiro, comiéndose una manzana con su diminuta boca de topo, mientras se le pasaban por la cabeza, o al menos eso pensaba, planes maquiavélicos para destruir el torneo de Mahjong.
De repente, mi risa se cortó de forma brusca nada más verle.
Desde que había llegado a la conclusión de que él era la cabeza pensante de un plan secreto y malvado. Cada vez que le veía, me veía embargado por un sentimiento irracional de odio hacia él. No sabía porque, pero no podía soportar mirarle. Bueno, en realidad sí que sabía porque le odiaba tanto, aunque no quería admitir el motivo.
Era por el miedo.
El miedo a perder a mis compañeros.
Sabía que cada uno de ellos 6 eran capaces de defenderse perfectamente solos, pero si algo malo llegará a pasarles, y yo no estuviera allí para ayudarles, sería mi fin. El fin de mi vida, tal y como la conozco. Sentiría un vacío en donde antes estaba mi corazón. ¿Por qué dije antes? El motivo es muy simple: porque ellos, con su muerte, se habrían llevado parte de mi corazón hasta que al final, no quedaría nada en donde antes se encontraba mi corazón.
Y por ello, odiaba a Kichiro.
Kichiro representaba una amenaza para todas las personas a las que quería, y a las que quiero actualmente, y no permitiría que él dañará a mis amigos, aunque ello significará volverme en un paranoico que cree que hay conspiraciones por todos lados y arriesgar mi vida por ellos. Me daba igual todo eso. Solamente quería protegerles, aunque no dejé que eso me obsesionara. Pero volvamos con la historia, porque nos hemos desviado un poco del tema.
Cuando me centré en mirar a Kichiro, no me había fijado en que, al parar de reírme tan de golpe, había llamado, sin querer, la atención de todos los que estaban en la mesa.
-Po- dijo Víbora, sacándome de mis pensamientos, y me centré en ella- ¿te ocurre algo?
-No, no me ocurre nada- contesté.
-¿Y qué era eso que estaba mirando tan fijamente?- preguntó Mono.
-Lo que estaba viendo era...- dije, intentando pensar en algo que se pudieran creer- la bandeja de las tartas de chocolate, solo queda el último trozo de tarta y ese trozo tiene grabado, en letras mayúsculas, mi nombre- me levanté de la mesa, cogí el plato que había usado anteriormente, y me dirigí, rumbo hacia la bandeja de las tartas de chocolate.
-¡A por él, tío!- exclamó Mantis, dándome ánimos, aunque no los necesitaba para coger un trozo de tarta.
En verdad, no me apetecía aquel trozo de tarta- contó Po y los niños, que no eran tontos, le echaron miradas acusadoras. Bueno, un poco si que me apetecía, pero la tarta era una excusa para que no me siguieran preguntándome si me pasaba algo, o cosas por el estilo, aunque, eso sí, la tarta estuvo exquisita.
Cuando termine de comerme la tarta, en mi mesa, claro está, el maestro Shifu dijo que era hora de irnos y, instintivamente, dirigí mi mirada hacia el reloj que había en el comedor. Según el reloj, el maestro Shifu tenía razón.
El reloj marcaba, con sus manecillas, las 11:17.
Tardábamos en llegar al estadio 30-35 dichosos minutos de aburrimiento y de cansancio porque, antes no lo he mencionado niños, para llegar hasta el estadio había que subir una gran cuesta, debido a que se encontraba en la ladera de un pequeño monte y eso nos quitaba mucho tiempo en subirlo, sobre todo a mí.
Y todos, hicimos caso a lo que nos dijo Shifu, nos pusimos de pie, salimos del comedor, después del hotel y ya solo teníamos que llegar hasta el estadio.
Unos casi 40 minutos más tarde, llegamos al estadio y, porque aún nos sobraba un poco de tiempo, entramos al estadio sin darnos demasiada prisa.
Tras atravesar el túnel oscuro, llegamos a la pista, la cual estaba llena de espectadores, pero era todo lo contrario en lo que se podía decir con respecto a los participantes y mesas. Solo quedaban, contando al maestro, 16 participantes y 4 mesas, eso significaba que esa ronda eran las semifinales.
Shifu se puso con los demás participantes, en concreto, junto a Ray, que le miró y le mostró una sonrisa, y Shifu, como respuesta, le mostró la suya; nosotros, mientras tanto, nos dirigimos hacia la grada en la que nos solíamos sentar y allí estaban nuestros asientos, libres, como si todos supieran que estos sitios tenían dueño (y, obviamente, lo sabían).
-¿Esto funciona?- comprobó Hiroshi que el micrófono estaba encendido y funcionaba. El micrófono, tras la prueba de Hiroshi, hizo un ruido muy desagradable que destrozó los tímpanos a todas las personas que se encontraban en el estadio-. Bien, funciona- concluyó Hiroshi. ¡Bienvenidos otro día más al torneo de Mahjong!¡Esta ronda es la semifinal!¡Los que ganen esta ronda, pasarán a la increíble final!- e Hiroshi iba a continuar hablando, pero se fijo en que ya no tenía el micrófono, sino que lo tenía su novia.
-¡Ánimo, queridos participantes!- exclamó Narumi, transmitiendo parte de la energía tan positiva que poseía- ¡Ya os falta poco para lograr vuestro objetivo!¡Sólo os falta hacer el último esfuerzo!
-¡Oh, por el amor de Dios!- refunfuño Raito, de forma muy fuerte, y le quitó el micrófono- A los participantes que hoy ganen, quiero que se coloquen junto a nosotros para hacer la presentación de los finalistas. ¿Entendido?- y todos los participantes afirmaron- Bien, que los participantes del grupo A se coloquen en la mesa 1, los del grupo B en la mesa 2 y así sucesivamente.
Todos se colocaron en sus respectivos puestos: Shifu en la mesa 1, junto a pequeño conejo, un ganso y un cuervo, Kichiro en la mesa B, con un pequeño macaco, un gallo y una lagartija Ray en la mesa C, junto a un sapo, un lobo y una araña, y Wind en la mesa D, con un rinoceronte, un gato negro y un chimpance.
-¡Qué comience las semifinales!- anunció Raito y empezaron a jugar.
Yo decidí olvidarme, por un momento, de lo de Kichiro y me concentré en la partida de Shifu.
Vi que el maestro ya no estaba como al principio del torneo: nervioso, dubitativo, sin saber que hacer. Ahora se veía más relajado y más seguro de sí mismo, con respecto al torneo. Se podría decir que confiaba en sus posibilidades de ganar y se veía en la actitud a la hora de jugar que estaba mostrando, aún así, sus rivales eran mejores de lo que me imaginaba y a mi maestro le costó vencerles.
El primero en derrotar a sus rivales fue Wind, tras 17 minutos de que comenzará la partida.
No era un logro tan impresionante como lo que me contó aquel cerdo que jugó contra él, pero, para ser la final, era impresionante que pudiera lograr eso en 17 minutos, ya que normalmente una partida dura entre 25 minutos y 45 minutos. Wind, que había terminado de jugar, se acercó hasta los administradores y se quedo allí, esperando a que los demás terminarán sus partidas.
Después fue el turno de Ray, que derrotó a sus rivales en 28 minutos, a continuación fue Kichiro, que venció a sus contrincantes en 30 minutos y, por último, pero no menos importante, Shifu, que superó a sus rivales, en una partida complicada, en 35 minutos y todos, al igual que Wind, se levantaron de sus sitios cuando habían ganado y se pusieron junto a los administradores.
-¡Y esto ha sido todo!- concluyó Raito¡Las personas que pasarán a las finales son Shifu, del Valle de la Paz, Ray, de la ciudad de Urdu, Kichiro de la región de Denian, y Wind, del pueblo de Steliprov!¡Quiero recordar a los participantes que la ronda final será, como siempre, hoy, a las 17:00!
Entonces, toda la gente que estaba por las gradas empezaron a dispersarse, con rumbo hacia la salida.
Nosotros, que ya sabíamos que iba a pasar, nos pusimos de pie y nos bajamos de las gradas; luego apareció Shifu desde la pista y nos metimos en el túnel.
El túnel estaba a punto de reventar, llenísimo de gente, podría haber asegurado que no cabía ni un alma más allí. Durante nuestro duro paso por el túnel, empecé a pensar y llegue a una conclusión.
No era una conclusión brillante, ni nada por el estilo, tan solo era una conclusión que tenía en mi mente: A las 17:00 comenzará uno de los momentos más importantes para mi maestro. Después, pensaré en la conspiración, pero por ahora, voy a pensar en ayudarle en todo lo que pueda.
Mach: Esto es el final del capítulo y ahora, Mechero, ¿te importaría contarnos que es eso tan importante que nos tenías que decir?
Mech: Ah sí, quería avisar que el siguiente capítulo de Historias de Po tardará un tiempo en que lo suba, debido a que tengo que informarme de cómo se juega al Mahjong para describir la partida final de una forma menos redudante, que como lo he hecho últimamente, pero, a cambio, subiré próximamente un capítulo de El alcohol no es tan bueno como creemos.
Mach: En definitiva, a los que les guste El alcohol no es tan bueno como creemos, pueden alegrarse porque dentro de poco habrá nuevo capítulo y los que prefieran Historias de Po, pues a joderse y a esperar.
Mech: Resumiendo, así es. Pero vamos a dejarlo ya. Espero que os haya gustado este capítulo, dejad, si os apetece, vuestras impresiones sobre este capítulo mediante un review o por PM y hasta la próxima vez que no encontremos por FF. Adiós.
