Disclaimer: los Juegos del Hambre no me pertenecen.

Regalo para Giselle Jay. Nos leemos abajo.


Capítulo XXIX

Al final, no habían acabado acostándose.

Aun así, Katniss no se sentía decepcionada. No cuando Peeta la veía de la forma en que lo hacía.

Habían entrado a tientas. La llave metida con torpeza en la cerradura, Katniss casi había olvidado que las bisagras estaban algo flojas y que había que alzarla unos cuantos milímetros para que la llave girara. Se debatió unos segundos hasta que Peeta rio un poco y le ayudó.

Katniss le tiró los brazos al cuello y cerró la puerta con el pie, casi pillándole el rabo a Muffin, que no dejaba de dar saltitos por todas partes en cuanto Peeta soltó su correa, sin separarla del arnés.

A tropezones, llegaron hasta la cama, convertidos en una maraña de brazos y piernas, con bocas hambrientas, como si fueran polluelos en el nido. Siempre buscando más.

Viéndolo en retrospectiva, a Katniss no le quedaba claro si había sido ella o si había sido Peeta quien había tomado la decisión de que las cosas no fueran mucho más lejos. Se habían recostado, besándose perezosamente y Peeta la había abrazado hasta que el cansancio de un día lleno de emociones intensas la había terminado agotando. Lo último de lo que fue consciente fue de la presión que ejercían sus brazos alrededor de su cintura mientras se dormía.

Levantarse, aún y cuando lo único que quería era seguir en aquella cama, había sido toda una prueba para su fuerza de voluntad. Al final, la decisión no la había tomado él sino Muffin que, cerca de las cuatro de la mañana, había empezado a saltar, intentando capturar los dedos de sus pies. Aún no era lo suficientemente ágil como para subirse a la cama por sí mismo, aunque lo intentaba con ganas.

Un hormigueo le recorrió el brazo cuando liberó la extremidad de debajo del cuerpo de Katniss. Ella se removió un poco, pero no se despertó.

A Peeta lo asaltó una ola de dolor cuando puso ambos pies en el suelo. Muffin saltó directamente hacia él, babeando sus dedos y presionando su húmeda naricilla contra su pantorrilla. Peeta lo acarició y trató de acallarlo mientras se lamentaba por no haberse quitado la prótesis antes de dormir.

Lo había pensado por largos minutos antes de dormirse, pero Katniss parecía tan cómoda, tan en paz, que se sintió incapaz de sacar su brazo de debajo de su cuerpo para poder utilizar ambas manos para retirar los seguros y trabillas de la prótesis. Ahora, el dolor lacerante en su muslo le pasaba la factura.

Se detuvo un momento antes de sacar al perro, acercó su maleta y extrajo un frasco con el gel que utilizaba para aliviar el dolor. Soltó un gemido quedo mientras extendía la sustancia sobre su piel y, de no haber sido por la insistencia de Muffin, posiblemente se habría quedado unos cuantos minutos más ahí, disfrutando del descanso.

Se tomó una pastilla para el dolor, colocó una esponja delgada entre el muñón y la prótesis y la volvió a colocar en su lugar. Caminar le dolía un poco, pero era manejable.

Sin hacer ruido, sacó a Muffin a hacer sus necesidades y volvió a darse un baño y a cepillarse los dientes. Katniss seguía profundamente dormida cuando se marchó.

Se sintió satisfecho consigo mismo cuando llegó a la edificación principal, en donde se encontraba la cocina, antes que Prim o la señora Everdeen, dejó que Muffin jugueteara por ahí y, él, por su parte, preparó los ingredientes para empezar a hacer el pan y luego, aprovechando que se encontraba solo, acercó un banco de madera a la encimera para amasarlos. Para cuando su suegra y su encantadora cuñada llegaron a la cocina, él ya tenía las bandejas llenas y estaba empezando a batir la mezcla para hacer panqueques.

Sonrió ante la expresión sorprendida de las mujeres cuando entraron a la cocina.

Una inexorable sensación de pérdida invadió a Katniss en el momento en que se despertó. No tardó más de unos segundos en caer en cuenta que era lo que le faltaba: Peeta se había ido. Mientras ella dormía.

Un vistazo al reloj le anunció que apenas daban las siete y cuarto de la mañana, pero el lado de la cama de Peeta estaba frío, así que seguramente había pasado un buen rato desde que él se había marchado. Tardó unos minutos en apartar la bruma del sueño de su cabeza y comprender que uno, Peeta siempre se levantaba temprano y, dos, era una ocasión especial. Él se había comprometido con su madre y con Prim para ayudarlas con el desayuno.

Katniss era lo suficientemente egoísta como para sentirse estafada por el hecho de que su madre y su hermana le habían robado unas cuantas horas con el hombre que ella…

¡Ay Dios! ¿Realmente había pasado todo eso la noche anterior? Ni siquiera habían regresado para cenar, cosa que su estómago le estaba recordando con gruñidos nada sutiles.

Una sonrisa, lenta y algo tonta, se formó en sus labios y estaba tan distraída que casi se cayó de la cama cuando Prim entró, como un huracán, en su habitación.

—¡PRIM!

—Ahora que lo pienso— dijo su hermana con una sonrisa traviesa en los labios—, tal vez debí tocar antes de entrar. Pensé que aún estarías dormida. Habría sido muy bochornoso encontrarte desnuda— le sonrió y Katniss la vio con mala cara—. Peeta me ha dado su llave para que me asegurara de que te levantaras. Me pregunto si te dejó demasiado agotada anoche y le preocupaba que…

—No voy a discutir mi vida sexual con mi hermana pequeña.

Prim rio.

—El sexo es perfectamente natu…

—La, la, la, la, la— Katniss se cubrió los oídos con las manos y empezó a cantar.

Prim se rio y se dejó caer en la cama aún sin hacer de Katniss.

Unos segundos después, Katniss la imitó.

—¿Te puedo preguntar algo?

—Si es sobre mi vida sexual, no.

Prim esbozó una sonrisa.

—¿Eres feliz?

Katniss giró el rostro.

—¿Qué?

—Peeta ¿te hace feliz?

Katniss se lo pensó por unos momentos.

—Lo amo— fue lo que le respondió y Prim se sentó en la cama, de golpe, como si la hubiesen electrizado.

—¡Oooooh! ¡Katniss! ¿Ya se lo has dicho?

Katniss permaneció acostada, con su rostro calentándose.

—Anoche— fue todo lo que pudo decir.

La sonrisa de Prim se volvió mucho más amplia.

—¡Lo sabía!

—¿Disculpa?

—¿Has visto a Peeta hoy?

—Aún no.

—Pues diría que él también está contento. Muy, muy, muy contento.

Katniss enrojeció aún más.

—Ustedes… ¿ustedes ya?

Katniss encontró una almohada y se la arrojó a su hermana.

—No es asunto tuyo… Pero no. Anoche estuvimos a punto, pero… Peeta dijo que no íbamos a hacerlo como respuesta a lo de Cato.

—Un hombre razonable e inteligente.

—Luego de eso, de alguna manera acabamos declarándonos. No me preguntes cómo pasó. No tengo ni idea. Nunca pensé que después de Cato volviera a…

—¿Enamorarte?

—Ni siquiera estoy segura de si estaba enamorada de Cato. No realmente…

El rostro de Prim se volvió serio.

—Si me lo permites… creo que existe una gran diferencia entre lo que estás viviendo ahora y lo que pasó con él, Katniss. No sé si recuerdas los últimos meses que estuvieron juntos, pero creo que hay un abismo enorme entre la Katniss que veo hoy y la autómata que se arrastraba por la vida en ese entonces. Es como si, de repente, hubieses vuelto a la vida. Y creo que Cato lo ha notado también. Por cierto, aún no puedo creer lo imbécil que fue ayer durante la cena.

Katniss la observó sin decir nada por unos segundos.

—Pensé que estaría lista. Que podría decirle todo lo que yo alguna vez... —la voz de Katniss se quebró.

Prim se recostó junto a su hermana, rodeándola con los brazos y apoyando la frente sobre su hombro.

—Creo que me distraje en el proceso.

—Peeta lo manejó bien. ¿No te parece?

Katniss le sonrió.

—No lo esperaba. La mayor parte del tiempo es tan noble… tan dulce…

—Pero te quiere. Es normal que te haya protegido.

—Nunca había pensado en mí misma como el tipo de persona que otros tuvieran que proteger.

—Pero ¿te gustó que lo hiciera?

Katniss compuso una sonrisa.

—Estoy siendo una idiota ¿no? Tengo a este hombre, casi demasiado perfecto y a veces pienso que yo no… que no me lo…

—¿Mereces? —Prim soltó un resoplido desdeñoso—. Sí, lo haces. Y es evidente que él lo piensa también. Mereces alguien que te vea de la manera en que él lo hace, Katniss. Las cosas con Cato no funcionaron y él fue un cretino ¿y qué? Aprendiste de ello y ahora, muy oportunamente, has decidido seguir adelante. En lo personal, creo que Peeta es fantástico y que es justo lo que necesitas en tu vida. Mamá también lo adora, lo cual sospecho que podría ser un motivo para que pases de él— dijo rodando los ojos—. Madge, que nunca parece expresar muy abiertamente lo que piensa de la gente, también ha dicho que le gusta. ¡Gale le dio su sello de aprobación durante la cena!

—¿En serio?

—Grábate esto en la cabeza, Katniss: tienes derecho a ser feliz.

Katniss lo consideró por un momento.

Era cierto, lo tenía.


¡BOOM, baby! ¿A que no esperaban tener noticias mías tan pronto? ¿Eh?

Pues bueno, me llegaron tantos reviews con el capítulo anterior y me sentí tan abrumada que, ya que tenía este capítulo listo, se me ocurrió que tenía que ser agradecida por tanto amorsh y publicar pronto.

¿Qué les ha parecido esto hasta ahora? ¿Qué creen que suceda en el próximo capítulo? ¿Creen que Cato deje las cosas como están o que algo más vaya a pasar con él?

Muchas gracias a Sunjoshifer, X, Anna Scheller, L, Igora Mellark, Paola ozuna, Claudia Hernandez, Sheenaggp11, prettylu, johanna. M, 96Ale-G, Nai1987 y Scarmellark por sus hermosos reviews.

Un abrazo, E.