Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima
Anteriormente…
Ante mi afirmación, él sonrió con superioridad, golpeando mi cabeza contra la superficie dura sin piedad, sintiendo como la consciencia me abandonaba definitivamente
Capítulo 29 – Prisionero
"Ugghh…" Me desperté con un estridente dolor de cabeza, en un dormitorio que al instante reconocí como el de Natsu, recordando que estaba en su casa. Me trasladé a una posición sentada, intentando visualizar más la zona, pero una repentina sensación de mareo se hizo cargo de mis sentidos "Maldita sea…"
Momentos después, y por fortuna para mí, esa sensación horrible desapareció, aunque la zona impactada de mi cabeza todavía me dolía como el infierno "Me voy de aquí" Declaré firmemente, disponiéndome a salir de la cama, hasta que noté una presión en mi cuello. Llevé mis manos, sintiendo una especie de collar metálico, que enseguida comprobé que estaba unido al cabecero de la cama con unas cadenas "N-No puede ser…" Susurré incrédulo
Casi al momento, la puerta del dormitorio se abrió, revelando a la persona que menos querría ver en este momento "Natsu…" Dijo con voz irritada, dirigiéndole una mirada molesta
"No parece que te alegres mucho de verme" Habló con un tono arrogante mientras se acercaba a mi posición, por lo que yo rápidamente retrocedí sobre la cama "¿Haah? ¿Qué pasa, tienes miedo?" Se burló mientras se deslizaba por encima de mi cuerpo tembloroso "Esto me trae mucho recuerdos" Dijo, acercando su rostro al mío
"N-No me toques…" Murmuré con una voz casi inaudible, abrumado por el miedo
Esto pareció molestarle, pero mantuvo su sonrisa enfermiza por encima de todo "¿No tocarte?" Cuestionó en voz alta, sujetándome con fuerza bruta mi barbilla, lo que provocó un grito de dolor por mi parte "Eres mío, te tocaré siempre que quiera" Su voz era tranquila, pero a la vez amenazadora, lo que amplificó todavía más mi miedo
"Déjame ir…" Supliqué "Yo… solo quiero volver a mi casa…"
"No" Dijo fríamente, alejándose de mi cuerpo y poniéndose de pié "No volverás a tu casa, ni siquiera volverás a la academia"
"¿Q…Qué?..." Susurré con un hilo de voz, incrédulo por lo que acababa de oír
"Oh, ya sabes, ya no confío en ti" Espetó con una voz profunda mientras entrecerraba los ojos "Vivirás aquí ahora, y trabajarás en mi local"
Mi corazón se detuvo ante sus palabras… ¿Vivir con él?...
"¿Q-Qué estás diciendo?..." Intenté aclarar la situación, esto tenía que ser una broma pesada, estaba seguro
"¿No me crees?" Sonrió, enseñando sus colmillos "Has sido expulsado de Fairy Tail bajo mi orden, y en cuanto a tu casa… no puedo hacer nada con ella, simplemente no volverás" Hizo una pausa "Yo me encargaré de las facturas mensuales, así que a partir de ahora esta es tu casa"
"No…" No podía estar hablando enserio "¡No!" Grité, tratando de asimilar algo tan repentino y horrible "¿¡Por qué?!" Alcé la voz mientras las lágrimas empezaban a teñir mis mejillas. Todo lo que había logrado, todas las esperanzas que puse en mis estudios, han sido destruidas por él…
Su rostro siguió inexpresivo, ignorando mi estado emocional por completo. Con un movimiento rápido, sujetó mis tobillos, tirando de ellos para atraerme hacia él y posicionando mis piernas encima de sus hombros "Es tu castigo" Declaró repentinamente, desabrochándose la cremallera de su pantalón "¡Nadie traiciona a Natsu Dragneel!" Gritó, volviendo su rostro en la ira al mismo tiempo que introducía su miembro en mi interior de una sola vez
"¡WUAAAAAHH!" Aullé ante el dolor familiar, pero esto no era nada comparado con el dolor de ver tu vida desmoronarse delante de tus narices, a pesar de que un horrible ardor recorría mi cuerpo, ya no significaba nada para mí
.
.
.
.
Yacía en la cama, completamente empapado de los fluidos de Natsu, al mismo tiempo que una hilera de sangre salía de mi entrada dolorida. Escuché como él se subía la cremallera de sus pantalones, satisfecho después de haberme torturado tanto como quería, aunque sabiendo que ahora me tendría preso en su propia casa, estaba seguro de que esto no sería más que rutina diaria a partir de ahora "Te odio…" Susurré, totalmente sin fuerzas y casi al límite de perder mi consciencia "Te odio tanto…" Repetí mientras las lágrimas inundaban mis ojos, mojando las sábanas blancas de la cama
Pero… como esperaba, él me ignoró completamente. El mundo ante mí se volvía negro, mientras oía el sonido de los pasos de Natsu en la lejanía
Pasó una semana desde que Natsu me encerró en su casa. Cada vez que quería, entraba y me utilizaba para satisfacer sus necesidades, sin preocuparse en absoluto cuánto daño me hacía o que tan malas eran mis heridas, siempre terminaba sangrando y las sábanas estaban casi completamente teñidas de rojo por ello. Ocasionalmente, él me traía comida y agua siempre que le diese placer por mi propia voluntad, de lo contrario, no importa cuanta hambre o sed tuviese, se marcharía por donde había venido
Día a día vivía un infierno, temeroso de cada momento en el que estaba solo en ese dormitorio, inseguro de cuándo él vendría a torturarme horriblemente, desconociendo cuánto tiempo iba a durar así, si no moría en la espera…
Cada vez sentía mi cuerpo debilitarse más, y por mucho que descansara, no recuperaba mis fuerzas, temiendo estar perdiendo demasiada sangre, sin mencionar que mi alimentación era mínima. Muchas veces intenté romper las cadenas que me mantenían preso, pero lo único que conseguí es hacerme daño a mí mismo, renunciando a cualquier intento al comprobar que todo lo que hiciese era inútil
Tan solo habían transcurrido 7 días y ya deseaba morir, terminar con mi vida y abandonar este mundo lleno de dolor y gente horrible como Natsu, pero no tenía ninguna forma de hacerlo, y sinceramente, dudo que tuviese la valentía necesaria si surgía algún tipo de oportunidad
Entré en estado de pánico cuando la puerta se abrió, miré a la ventana, comprobando que era casi el anochecer, y Natsu siempre solía 'hacerme una visita' en este momento del día. Instintivamente, mi cuerpo retrocedió, aún sabiendo que no tenía ningún tipo de escapatoria
"¿Me echaste de menos?" Su voz resonó en mis oídos, sintiéndome enfermo con el mero hecho de escucharla. Él se acercó a mí mientras se retiraba la chaqueta y la camisa, quedando desnudo de cintura para arriba
"¡NO, POR FAVOR!" Supliqué desesperadamente, sabiendo muy bien lo que venía, a pesar de que él nunca escuchase mis súplicas
Como me imaginé, fue inútil, de hecho, esto solo profundizó su sonrisa de superioridad mientras se arrastraba por encima de mi cuerpo, abriéndome las piernas con fuerza
Ya no podía hacer nada llegados a este punto, una vez más, él no se detendría hasta estar satisfecho, así que simplemente me rendí, cerrando los ojos e intentando que mi consciencia me abandonase
