Los novios se encontraban aún en la cama. Hasta que de un momento a otro, tocaron la puerta. Luka se levantó a abrir y permitió que su hermana ingresará a la habitación.

Juleka lo primero que hizo fue darle un fuerte abrazo a su hermano, era un abrazo de apoyo. Luka acarició la espalda de su hermana con un cariño fraternal que solo ellos comprendían.

Luka cerró la puerta y los tres jóvenes se sentaron en la cama. Al principio hubo un silencio algo incómodo para los tres. Pero fue Juleka quien acabó con aquél silencio.

—Quiero decir que estoy orgullosa de que ustedes admitan quienes son sin tener miedo a nada. Es una actitud muy valiente por su parte —los felicitó la fémina.

—Es valiente, pero aún así las personas no comprenden bien lo que es el amor. ¿De qué sirve ser valiente si el mundo nos tacha de locos? —preguntó Adrien.

—No todos los ven así. Y de ser así ¿qué? Debería importarles solamente la opinión de aquellos a quienes quieren, como sus amigos o familiares —les recriminó Juleka.

—Juleka tiene razón en ese sentido, Adrien. El mundo es demasiado grande, es imposible complacer a todas las personas.

Juleka asintió orgullosa.

—Además Luka, no eres el único en la familia que tiene gustos distintos. Nunca pensé que admitiría esto en voz alta, pero soy lesbiana —confesó. Aunque ya lo había confesado aquella vez jugando Verdad o Reto. Pero ahora se sentía mejor, estaba en familia.

—Y yo jamás te juzgaría por tus decisiones. Sabes que te amo, hermana —ambos se dieron un abrazo, era un momento muy emotivo.

Cuando la madre Couffaine apareció, invitó a Adrien a tomar el té con ellos. Había comprado un pastel en la Panadería Dupain-Cheng.

—Yo quiero que sepan que no estoy en contra de su relación. Después de todo, Luka, eres mi hijo y no porque seas homosexual significa que eres distinto. Para mí sigues siendo él mismo. Sigues siendo mi hijo.

Luka no pudo evitar llorar. Era la primera vez que su madre hablaba del tema.

—Siempre serás mi niño, no importa lo que hagas yo te seguiré amando.

Luka se levantó para darle un abrazo a su madre. Solo que al hacerlo, provocó que la taza de té de Adrien se volcará en su ropa. Adrien quedó empapado.

Besó a su madre, le agradeció por su apoyo y luego observó a su novio. Se sintió muy torpe.

—¡Lo siento tanto! ¡no me di cuenta! Fue la emoción del momento.

—No hay problema.

Luka guió a Adrien a la ducha perteneciente a su habitación. Adrien se estaba desvistiendo, mientras Luka sacaba de su ropa para prestarle a Adrien.

Una vez que Adrien se encontró completamente desnudo, Luka abrió la puerta ¡y lo vio!

Adrien no pudo evitar el dejar salir un grito y cubrirse con sus manos. Luka por su parte estaba sonrojado, había visto todo, realmente todo.

—Lo siento, pensé que ya estarías dentro de la ducha —expresó entre risas.

—¡Luka! ¡se supone que es privado! —Adrien seguía rojo debido a la vergüenza de haber sido visto desnudo.

—Adrien, Rayito de Sol, no es como si tuvieras algo que no hubiera visto antes. De hecho, lo veo todos los días al vestirme.

Adrien estaba demasiado ruborizado. ¿Por qué tenía que ser tan incómodo?

—¡Oh, vamos! —y sin darle tiempo a reaccionar, Luka también se desnudó.

Adrien abrió los ojos debido a la sorpresa de aquella actitud. ¡Su novio estaba demente! ¡era un loco!

Sin querer verlo por más tiempo, corrió a la ducha y en ella se encerró. Luka tuvo miedo de que se cayera, se colocó el calzoncillo y cuando lo vio a salvo, no pudo contenerse de darle un beso en los labios.

Adrien seguía sonrojado, ahora le costaba un poco más verlo a los ojos.

—Lava bien tus pies, se ven negros —expresó antes de salir del baño sin poder contener sus risas.