Una decisión puede cambiar tu vida
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Capitulo 78: La eternidad perdida.
La oscuridad reinaba en medio del bosque, lo único que podía verse era a un muchacho de ojos plateados saltando de árbol en árbol mientras huía de cinco peligrosas sombras. Ella podía ver el brusco agitar de las ramas que dejaba tras de si, podía sentir la agitada respiración y el fuerte latido en su pecho, el joven llevaba un buen tiempo arrancando de las sombras que lo seguían muy de cerca, estaba asustado, nervioso y deseoso de encontrar una pronta salida del bosque, de pronto, una luz al fondo de la oscuridad, se dirigió aún con mayor rapidez hasta ella, encontrándose con un enorme prado, ella pensó que se detendría, pero no lo hizo, estaba lejos de ello, la huida continuaba tan intensa como antes, podía ver sus piernas moverse como si no fuese a haber un mañana, oía el rose de sus pies con el húmedo césped, el del viento con su piel. Quiso hablar, preguntarle ¿Quién te persigue? Pero nada salió de sus labios, de hecho, todo indicaba que ella ni siquiera estaba ahí, no existía en ese momento sólo era observadora, pero pronto deseo no serlo, el joven se detuvo bruscamente, dos personajes habían aparecido frente a él, ella los reconoció al instante, vio al muchacho intentando retroceder, pero era demasiado tarde, tras él aparecieron las otras tres sombras que lo habían estado siguiendo, pero ahora sus rostros eran visibles, el acorralado trato de encontrar otra salida, pero dos nuevos rostros se habían sumado a la caza, estaba completamente rodeado. Los atacantes dijeron algo, no supo muy bien qué fue, en ese momento toda su atención se centraba en el centro del círculo recientemente formado, sólo él.
Los inmortales mostraban una sonrisa triunfante, cada uno junto sus manos de tal forma que era claro que estaban haciendo un conjuro, pudo ver el gesto de dolor de la victima, aprisionaba sus manos contra su cabeza, luego oyó dos timbres de voces emitidos por la misma persona, una rogaba que se detuviesen y la otra aullaba furiosa para que continuasen, era un festín de contradicciones salidas de la boca del muchacho, todo era un caos y ya le era imposible entender lo que estaba pasando, de pronto… dejo de observar desde afuera para comenzar a ver lo que veía él, sus garras arrancaban el pasto y la tierra ante el dolor que le estaban ocasionando, los siete inmortales restante aún estaba concentrados en su conjuro, todo se volvió un caos, un momento se encontraba observando dificultosamente el suelo y en el siguiente sentía que su visión se alejaba, a segundos volvía y al próximo se aleja, ocurrió aquello una y otra vez hasta que llego un punto en el que no regreso a la normalidad y la oscuridad se hizo permanente… Luego un resplandor enceguecedor se apareció frente a ella, nuevamente estaba en el prado junto a esas ocho personas, Kiseki estaba de rodillas con la cara contra el suelo, su visión se acercó a él tratando de ayudarlo, quiso tocarlo, pero no pudo, recordó que ella no estaba ahí realmente. En ese momento él se movió ¡Estaba bien! La chica se alegró para finalmente quedar paralizada al momento de ver su rostro. Frente a ella estaban los ojos más fríos y diabólicos del mundo. Despertó.
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Tei dormía a un lado de Kagome cuando despertó con sus leves balbuceos, la miro preocupado, sudaba demasiado y su semblante era preocupado, evidentemente estaba teniendo una pesadilla y una muy mala, la movió con suavidad tratando de despertarla, pero no hubo ningún resultado favorable, Kagome estaba sumergida en sus pesadillas, de súbito, pareció aliviada, creyó que sus malos sueños habían llegado a su fin por lo que volvió a recostarse, pero Kagome se despertó de un sopetón, tan impactada con lo que había visto que había quedado sentada tratando de calmar su respiración. Tei se dirigió hasta ella para hacerle ver que no estaba sola y que el susto ya había pasado, la abraso con fuerza dejando que la cabeza de la chica reposara en su pecho.
- Has soñado con él ¿No es cierto? - Ambos sabían a quien se referían, Kagome asintió aún con la respiración acelerada - él… él iba a contártelo todo, cuando tu te fuiste él te siguió, dijo que te lo diría todo, incluso lo que yo no sabía…- el silencio de la noche reino- yo vi sus ojos ¡Vi que te amaba! – Ambos sólo podían mostrar un gesto de dolor - si yo… si yo pudiera darte una explicación razonable de lo que pasó, créeme que lo haría… pero – la abrasó aún más - no sé que fue, trato de pensar en qué estaba mal y aun así no logro saberlo… - Guardó silencio unos segundos- … Lo perdimos.
- No puedes perder lo que nunca te perteneció… - Susurró levemente en su pecho.
- No trates de ocultar tu dolor…
- No tengo dolor.
- Sé que te rompió el corazón…
- No, no me ha roto el corazón - respondió para luego alejarse de él y volver a recostarse.
Tei creyó que le mentía, pero lo que había dicho Kagome era cierto, Kiseki no le había roto él corazón, no, él había roto algo mucho más allá que eso…
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La mañana no tardo en llegar y con ella comenzó el regreso a la aldea de la anciana Kaede, después de todo lo que había pasado necesitaban tomar un respiro y ninguno dudaba de que en ese lugar encontrarían un poco de necesaria tranquilidad, sí, creyeron que en ese sitio estarían bien…
- ¿Qué ocurre Inuyasha? - Preguntó Shippo que lo vio detenerse drásticamente.
- ¡Sangre, el viento apesta a sangre!
- ¿Seguro? Yo no huelo nada - contestó el pequeño mientras hacía intentos por encontrar el aroma.
- Tengo mejor olfato que tu niño - contestó de mal humor.
- ¿Y qué estamos esperando? Hay que ir ahí ahora mismo - opinó la exterminadora, todos estuvieron de acuerdo con ella y decidieron marchar hasta el lugar que producía aquel aroma.
- ¡Tienes razón, ahora si puedo olerlo! - Chilló Shippo una vez que se acercaron más.
- Yo también - agregó Tei con cierta dificultad desde el lomo de Kirara.
- Debemos estar cerca, por suerte aún estamos alejados de la aldea de la anciana Kaede - se alivió el monje.
- No… - Inuyasha parecía paralizado.
- ¿Qué ocurre Inuyasha? - Preguntó una miko preocupada.
- Debe ser una gran masacre para que se sienta de tan lejos…
- ¿Aún estamos lejos? - Preguntó Miroku asombrado.
- ¿Dónde es Inuyasha? - Podía notar la preocupación en el rostro del hanyou.
- ¡Es la aldea de la anciana Kaede! - Anunció.
Si antes habían estado apurados no podía compararse con lo exasperados que estaban ahora por llegar de una vez a su destino. Corrieron por largas distancias hasta que finalmente visualizaron su objetivo, y lo vieron, desde lejos podía verse el desastre que era la aldea, las fumarolas y algo de fuego aún vivían, pero se notaba que el desastre había ocurrido horas atrás. Al llegar todos corrieron a diferentes puntos de la aldea para ver si había sobrevivientes, Miroku se aventuro en los escombros y Sango gritaba una y otra vez esperando que alguien le respondiese, pero nada, en ese lugar sólo podían verse cadáveres y cenizas.
- Aquí no hay nadie vivo - susurró Shippo al borde del llanto.
- Hay que buscar a la anciana Kaede, ella nos dirá qué fue lo que paso aquí - habló Kagome mientras corría hasta la cabaña, pero se detuvo drásticamente.
(The piano theme - The pianist)
Si bien era el único lugar que no había sido quemado o tratado de quemar, tampoco tenía buen aspecto, la persiana que tenía en la entrada estaba colgada de un solo extremos y podían verse algunas cosas botadas en su interior, pero eso no fue lo que aterro a Kagome ni a los que la seguían desde muy lejos, sino que lo que la tenía pasmada afuera de la cabaña fue el corazón estacado en el umbral.
- …Un corazón… - Susurró Shippo con terror, él cual se encontraba junto a la pierna de la miko.
- Chung Li Ch'uan - fue lo que escapo de los labios de Tei quien estaba sobre Kirara y completamente seguro que los responsables de aquel desastre habían sido los inmortales.
Desde lejos Inuyasha y los otros se acercaban hacía la cabaña, vio la expresión de Tei y Shippo como también vio el corazón en el umbral de la puerta, inmediatamente supo que dentro de ese lugar no se esperaba nada bueno, se apresuró aún más, porque también vio el rostro de Kagome, estaba decidida, entraría a ver qué era lo que pasaba…
- ¡Kagome no entres ahí! - Chilló Inuyasha, pero ya era tarde.
Kagome había corrido con la mayor velocidad que pudieron darle sus piernas, necesitaba comprobar que aquel corazón estacado no tenía nada que ver con la anciana Kaede, se aventuro en la cabaña esperando encontrarla descansando luego de una larga batalla, riendo por volverlos a ver, pero no, lo que encontró ahí estaba muy lejos de lo que ella imaginaba, su grito de horror inundo el ambiente, todos corrieron a socorrerla especialmente Inuyasha, el primero en llegar.
- ¡Kagome! - La llamo al entrar, luego comprendió aún más por qué la chica gritaba con tanto horror.
La anciana Kaede estaba colgada de cabeza, una vieja cuerda sostenía sus pies mientras sus brazos colgaban, había una enorme herida en su pecho que dejaba en evidencia que el corazón puesto en el umbral le pertenecía a ella, su rostro mostraba una fea quemadura y la mitad de la ropa que cubría su vientre había sido arrancada con el único propósito de arañarle el estomago y formar un mensaje en él. Las palabras "UN REGALO PARA KAGOME" habían sido escritas con firmeza en su carne.
Muy pronto todos habían entrado en la cabaña para ver la espantosa escena, Inuyasha se abalanzo a abrazar a la muchacha que aún gritaba con horror, le tapo los ojos y la saco de ahí sin poder detener su griterío, lo que había visto había sido demasiado espeluznante, si bien estaba acostumbrada a ver muertos en la época antigua, nunca había visto un asesinato tan repulsivo y, mucho menos que la persona asesinada haya sido alguien que ella conocía y apreciaba, pero eso no era lo peor, el estomago de Kaede decía claramente "Un regalo para Kagome" aquello había sido con toda la intención de que ella lo viera y sufriera al verlo, no había que rematarse la cabeza pensando en quien había sido el responsable del homicidio, Tei lo había dicho y ella lo tenía claro, Kiseki había matado a la anciana Kaede, lo había hecho de una forma espantosa únicamente con la intención de hacerle daño a ella.
- ¡Kagome tranquilízate, por favor tranquilízate! - Suplicaba Inuyasha sosteniendo su cabeza en sus manos.
- ¡Él la mato, él la mato! - Chillaba ahogándose con el llanto.
- Sí él lo hizo y lo haremos pagar por esto, pero ahora necesito que te tranquilices ¡Tranquilízate! - Insistió por los nervios de la chica.
- ¡Kiseki, Kiseki fue, él la mato! ¡Kiseki…! - El control se veía muy lejos de ella, lo que vio le causo tanta repugnancia que no pudo evitar tener arcadas. Inuyasha la sostuvo y acaricio su espalda mientras ella vomitaba, había llegado al límite.
Shippo lloraba como condenado y Miroku abrasaba a Sango mientras lloraba evitando las ganas que tenía de vomitar al igual que lo hacía Kagome. Tei sólo podía preguntarse en qué minuto Fugimi Kiseki se había reconvertido en el monstruo que ahora era, sólo él entendía que aquello era nada más que el principió de una ola de sufrimientos que él provocaría.
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Estaba acostada sobre el lado derecho de su cuerpo en el césped, todo en ella le pesaba inmensamente, trató de mover uno de sus brazos, pero el peso se lo hacía imposible, sentía la brisa cálida sobre su rostro, sin embargo, no podía saber dónde estaba ya que sus parpados tampoco respondían, sus ojos estaban tan pesados como su cuerpo, se sentía aprisionada sin estarlo, pero aquello no la venció, no era una mujer que se rindiera ante las adversidades, o al menos eso creía, por lo que siguió luchando para observar su alrededor, finalmente lo logró, sus ojos se abrieron al mundo con lentitud, al principió pensó que era una ilusión, que lo que estaba viendo no era cierto, espero unos segundo, creyó que con el pasar del tiempo la imagen desparecería y lo que realmente estaba frente a ella se daría a conocer, pero no fue así, él seguía durmiendo plácidamente sin darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor, ambos estaban ahí, frente a frente recostados en el césped, uno permanecía durmiente y el otro observaba con atención, Kiseki y Kagome…
Por un momento la chica quiso saber dónde se encontraba, trato de ponerse de pie, pero no pudo, había olvidado que el cuerpo le pesaba de forma descomunal, no siguió intentando, la verdad era que aquello ya no tenía tanta importancia al verlo a él recostado junto a ella a tan sólo treinta centímetros de distancia, asumió que se encontraba en un prado, el cielo resplandecía sobre ella, era un día hermoso.
(Natalie Imbruglia – Torn).
Centro nuevamente su atención en el muchacho que dormía junto a ella, una ola de ternura le invadió el cuerpo y si no fuese porque lo único que podía hacer era parpadear, hubiera sonreído abierta y placenteramente. Asumió que era pasado del medio día ya que aquella era la hora en que Kiseki solía tomar la siesta cuando estaban en la cueva del lago, recordó que por esos días ella también había tomado la costumbre de tomar siestas, pero a diferencia de Kiseki ella nunca dormía, sólo fingía hacerlo para poder contemplar al que sí lo hacía sin que Tei le dijese nada que pudiera avergonzarla por aquel acto. Aquello ya se había hecho una costumbre, a tal punto que aquel ritual se había convertido en la mejor parte de su día, claro, él nunca se percato de que era observado mientras se entregaba por completo a Morfeo. Se veía tan tranquilo y pacifico, parecía un niño, el más dulce de los niños. Kagome solía acomodar su respiración al ritmo de la de él, de alguna manera quería sentir que iba a su mismo paso por la vida. Pasaba enormes batallas con ella misma aguantándose el inmenso deseo que tenía por estirar su brazo y acariciar su sereno y suave rostro, era hermoso, sí, al verlo dormir lo único que se cruzaba por la mente de Kagome era que Kiseki era hermoso, hermoso, aunque tuviera ese carácter explosivo y soliese gritar más de lo debido, aunque su rostro se torciera al emitir unas cuantas palabras venenosas cuando quería dañarla, aunque sus genuinas sonrisas fueran furtivas y generalmente ocurriesen sólo cuando estaban solos, aunque la sombra de sus ojos creciese ante el tema de sus secretos y misterios… nada de eso lograba opacar la belleza de su rostro, la única diferencia era que cuando dormía era más fácil mirarlo. Entonces recordó… Kiseki atacando a Inuyasha, Kiseki golpeándola y burlándose de lo patética que era, Kiseki engañándola, Kiseki tratando de matarla, Kiseki incendiando la aldea, Kiseki matando a la anciana Kaede, Kiseki confesando su burla, Kiseki siendo Chung Li Ch'uan…
Pronto toda la ternura se trasformo en miedo, olvido el dulce rostro que mostraba al mundo y recordó la cara que se escondía detrás de la mascara, las imágenes de lo que había hecho se le vinieron una a una a la mente, su corazón palpitaba con aceleración, ya no quería estar ahí, no, él la mataría tan pronto despertara, la mataría y le haría algo aún peor que lo que le hizo a la anciana Kaede, estaba aterrada y sin poder moverse, pero eso no era todo, había algo más, algo que no sabía explicar, pero sin embargo estaba inmensamente latente, dentro de ella, un agujero, una cavidad sin fondo, un hoyo negro sin fin, algo que la carcomía. La adrenalina recorría su cuerpo, su corazón parecía querer salirse de su cuerpo, el miedo no quería marcharse, y de pronto, con igual brusquedad como el terror había remplazado a la ternura, él abrió sus ojos, los platinados la miraron fijo y ante el susto y la terrorífica sorpresa, ella despertó…
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Abrió sus ojos espantada y con el corazón a punto de salírsele del pecho, nuevamente estaba recostada en el césped, pero sabía que había vuelto a la realidad, podía ver a sus compañeros dormir y a Inuyasha que la miraba sentado apoyando su espalda en un árbol.
- ¿Todo bien? - Preguntó.
Kagome despego su rostro del césped y se sentó, observo a su alrededor, el césped, el cielo, el sol que acababa de asomarse por el horizonte, cerro sus ojos e inhalo fuerte, el viento rozo su rostro, todo era diferente, ahora estaba en la realidad, en un lugar común y corriente donde no había nada parecido con su sueño, si bien estaba rodeada por las mismas cosas, lo que observaba en ese instante le parecía mundano, recordó el césped, la brisa y el cielo en el prado, le parecían cálidos como si hubiese estado en el mismo paraíso, pero no podía ser el paraíso, ahí estaba él, un asesino, el personaje que acababa con la utopía.
- Todo bien - contestó fingiendo una sonrisa.
Aquella noche habían acampado a un lado de la destruida aldea, el día anterior apagaron las llamas, pero por desgracia no habían encontrado sobrevivientes y pasaron el resto de la tarde cavando tumbas, esa mañana se marcharían de ahí.
- Kagome debemos buscar joyas, es la única manera de detener a los inmortales - dijo Tei con seriedad.
- ¡¿Para qué quieres buscarlas?! - Gruño Inuyasha - ¡¿Para sacrificar a Kagome?!
- No me diga que aún esta considerando eso Tei - apoyó Sango negándose ante la idea de ver a su amiga muerta.
- No quiero ver muerta a Kagome, si pudiera cambiar a la persona créanme que lo haría, pero no puedo- aseguro Tei - … Es su destino.
- ¡Al carajo con tu destino! ¡No seguiré buscando algo que sé que terminara matando a la mujer que amo! - Inuyasha estaba que golpeaba al débil hombre.
- Inuyasha… - El monje estaba dispuesto a apelar, si bien tampoco la quería muerta había que ser razonable con la situación que estaban viviendo.
- ¡Yo me encargare de acabar con Li Ch'uan y su banda de idiotas así que no necesitamos de esas joyas!
- Tú no podrás con ellos… - Tei estaba seguro de eso.
- ¡Inuyasha podrá hacerlo, ya lo veras! - Alentó Shippo.
- ¿Kagome? - Tei observo a la chica buscando alguna respuesta, si alguien iba a decidir algo, sería ella.
- …No quiero morir Tei – había tristeza en su rostro - encontraremos otra forma, ya lo veras…
- Espero que la haya…
Por suerte unos gritos interrumpieron la situación antes de que el ambiente se pusiera más tenso de lo que estaba.
- ¡Señorita Kagome, Inuyasha! - Grito un grupo de personas que los veían desde los escombros.
- Esos son… - El monje no podía creerlo.
- ¡Aldeanos! - Chilló Shippo.
No tardaron en ir hasta donde ellos estaban, eran quince aldeanos totalmente asustados al ver el estado en que se encontraba su querida aldea, ellos les contaron que antes de que ocurriera el ataque se dirigieron a la montaña a buscar leña y a poner algunas trampas de caza mientras sus mujeres buscaban algo de hiervas medicinales para tener en caso de emergencia, habían visto el fuego en la aldea, pero el miedo los había vencido así que decidieron permanecer en la montaña y regresar cuando todo hubiese pasado, jamás creyeron que se encontrarían con semejante tragedia.
- Todos han muerto y nos hemos quedado sin hogar - lloraba una de las mujeres.
- Se equivocan, este sigue siendo su hogar - afirmó Kagome.
- Está totalmente destruido señorita - argumentó un hombre.
- ¡Eso no quiere decir que haya dejado de ser su hogar!
- Reconstrúyanlo - dijo el hanyou.
- Levanten su hogar nuevamente - animó Sango.
- Este no tienen por qué ser el fin de la aldea, no mientras haya personas que crean en ella – aseguró el monje.
- ¡Tienen razón! ¡No dejaremos que unos demonios nos derroten! ¡Reconstruyamos la aldea! - Grito un hombre.
- ¡Sí! - Apoyó el resto.
- La próxima vez que regresen volverán a ver a nuestra querida aldea - dijo una mujer.
- La próxima vez que volvamos habremos derrotado a los infelices que hicieron esto - aseguró el hanyou, luego de aquellas promesas se marcharon, la aldea no moriría mientras quedasen aldeanos que lucharan por ella...
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- ¿No es divertido? - La chica de mirada felina reía y bailaba entre los escombros y el fuego - ¡Es divertido!- gritaba girando en un solo lugar.
- ¿Qué es eso? ¿La danza de los muertos? - Preguntó con ironía Kou-Lao para luego darle un sorbo a la botella de sake.
Ella lo miro sonriendo y continuo girando por el lugar, estaba feliz, acababan de terminar de destruir aquella aldea y ahora se encontraban todos entre los escombros observando las ruinas que ellos mismos ocasionaron, todo volvía a ser como antes, el temible grupo de ocho se había vuelto a reunir para dedicarse a hacer lo que mejor sabían hacer, destruir.
- ¿Encontraron algún sobreviviente? - Preguntó Lu.
- No hemos ido a buscar ssfff – respondió la serpiente un poco ansiosa.
- ¿Y qué estamos esperando? - Se adelantó a decir Hsiang-Tzu.
- Hay que desmembrar a las ratitas escurridizas - la chica aún bailaba sin parar. Todos en el lugar sonrieron, menos uno.
Li Ch'uan se puso de pie y comenzó a caminar en la dirección contraria, no mostraba interés en los planes de sus compañeros y tal parecía que tenía mejores cosas por hacer, su extraño comportamiento causo que la muchacha parase de danzar, además de que todos los ojos se centraron en él.
- ¿Dónde vas? - La pregunta de Lu causo que se detuviera.
- Me largo, tengo otras cosas de las cuales ocuparme.
- Pero… Si íbamos por las ratitas, tu parte favorita… - Hsiang-Ku no podía creer que él se fuera a perder su parte favorita.
- Ya no lo es, gatita – dio una sonrisa un tanto petulante, se dio media vuelta y continuo con su camino.
- ¿Dónde vas? - Repitió Lu.
- Los veo luego. Recomiendo que no me sigan, saben que no les conviene ¡Diviértanse! - Hizo un gesto con la mano y desapareció.
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- Tei, tú no estás bien – Le dijo una preocupada Kagome que había logrado sostenerlo antes de que éste se cállese. Se había negado a seguir viajando en el lomo de Kirara, quería caminar, pero ante el primer paso perdió el equilibrio.
- Shii lo ha dejado bastante lastimado.
- No la llame así excelencia, es una traidora, recuérdelo.
- ¡Sí Miroku! - Apoya Shippo.
- Lo lamento, la verdad es que todavía no me acostumbro a nuestra nueva situación.
- Es mejor que Kirara te lleve - insistió Kagome pasando el brazo de Tei sobre sus hombros.
- No te preocupes, estoy bien…
- ¡Jah! ¿Estás bien? ¿A quien crees que estas engañado? Es cosa de mirarte - luego se le acerco y sin siquiera consultarlo lo tomo y lo volvió a colocar sobre Kirara - ¡Aquí estarás mejor! - Sentenció sacudiendo sus manos ante un trabajo acabado.
- Inuyasha por favor ten cuidado - Kagome estaba segura que aquello no le había agradado a Tei.
- ¡Yo sé dónde estoy mejor! - Argumentó el testarudo hombre mientras trataba de bajarse nuevamente.
- A Kirara no le molesta que este ahí - comentó Sango.
- Tei por favor no te muevas ¡Mírate! Tu no estás bien y lo sabes – Tei pareció rendirse ante las palabras de la miko - ¿Hay alguna manera de revertir lo que a hecho esa mujer?
- No, no la hay - se mostraba seguro de la respuesta - sólo ella puede revertirlo y dudo que quiera hacerlo, mi alma esta tan vieja que moriré dentro de poco…
- ¡No! ¡No puedes morirte, eres como mi padre! ¡Tiene que haber una forma! - Estaba alterada – por favor no me dejes tú también, por favor… - Tei comprendió inmediatamente que el "no me dejes tú también" no se refería al padre de Kagome.
- Puede haber una forma de atrasar todo esto un poco…
- ¿Sólo de atrasarlo? - Preguntó el hanyou.
- Sí, sólo atrasarlo, ya dije que la única manera de detener esto y regresar a la normalidad es que la misma Hsiang-Ku lo deshaga…
- Entonces la obligaremos a que lo haga - dijo Kagome con decisión.
- Pero mientras tanto necesita algo para recuperarse, si sigue así no estará vivo para cuando enfrentemos a esa mujer y a todos los inmortales - afirmó el monje.
- Tiene razón - lo apoya Sango.
- Dime que tengo que hacer- insistió Kagome consiente de la situación.
- No muy lejos de aquí hay un templo de sacerdotisas y monjes, en su templo principal guardan una hierba exótica, una que tiene el poder de devolverle la vida al alma, rejuvenecerla…
- Iremos por ella - aseguró Inuyasha mientras todos los otros asentían.
- No es tan fácil, ellos no te dejaran simplemente tomarla, debes convencerlos de que la tomaras por una buena causa, para algo realmente importante, de otra forma no te dejaran tocarla aunque lo intentes y créeme que ellos tienen poderes suficientes como para impedírselos.
- Es algo realmente importante - aseguró Kagome
- El punto es, si ellos lo consideran realmente importante…
- Los convenceremos, te lo juro.
- Debes hacerlo de otra manera moriré al amanecer… - Tei la miro con seriedad y ella con decisión, de ninguna manera dejaría que él muriese.
- ¡Entonces en marcha! - Inuyasha entendía la gravedad del asunto y sabía que mientras más rápidos fueran, mejor.
El viaje hacía el templo había comenzado, sabían que seguramente sería difícil conseguir lo que buscaban, pero también estaban seguros de que lo conseguirían, era de vida o muerte y no permitirían que la muerte les ganara. Sí, iban totalmente concentrados en llegar hasta el templo, pero de pronto algo los detuvo.
- Huelo sangre - afirmó Inuyasha.
- ¡Yo igual! - apoyó el pequeño zorro.
- ¿Acaso no son… - Sango no sabía si completar o no la oración.
- Los inmortales - afirmó Tei.
- Están destruyendo una aldea ¡Debemos ayudarlos! - Dijo el monje.
- ¡Debemos ver si encontramos sobreviviente, además de enfrentar a esos mal nacidos! - Gruño Inuyasha, todos parecían apoyarlos menos Kagome.
- No iré, me adelantare al templo.
- Kagome no es necesario - intervino Tei.
- Iremos luego de ocuparnos de esto Kagome, no te preocupes - dijo Sango.
- No, no sabemos cuánto tiempo perderemos con ellos, necesito llegar al templo, pero tampoco está bien dejar a esa gente a su suerte, ustedes vayan, yo me adelantare- insistió.
- ¡Pero…! - Inuyasha estaba listo para decir que no estaba a favor de esa decisión.
- Por favor Inuyasha, no me pasara nada, esto necesita ser así estoy segura de que yo podré convencerlos, soy una sacerdotisa.
- Promete que te cuidaras.
- Lo prometo, pero ustedes también prométanlo - Kagome estaba consiente de lo peligrosos que eran los inmortales, sobretodo uno. Todos en el grupo asintieron.
Fue así como Kagome se separo del grupo para dirigirse hacía el templo que ya no estaba muy lejos de donde se encontraban, sólo tenía que correr y esforzarse para llegar sin pérdidas de tiempo.
Llego cuando no quedaba ningún rastro de luz solar en el horizonte y eran la luna y las estrellas las que guiaban su camino, podía ver el enorme templo a unos cuatrocientos metros, pero algo no estaba bien, el templo estaba cubierto por llamaradas y podían haber dos alternativas; la primera era que había ocurrido un accidente dentro y como consecuencia se había ocasionado ese enorme incendio, la segunda alternativa: estaban siendo atacados. La miko no se detuvo a analizar las dos posibilidades, sino, que se apresuró aún más hasta el lugar.
Al entrar en el templo lo primero que vio fue los cuerpos de monjes y sacerdotisas rostizados en el suelo, no perdió el tiempo en ver si alguno aun vivía o no, era evidente que eso era casi imposible, además de que le preocupaba que hubiesen robado la hierba exótica que salvaría a Tei, o peor aún, que se hubiese quemado. Avanzo entre los pasillos humeantes hasta que al final dio con el lugar que le había indicado el debilitado hombre, y ahí estaba, en un altar siendo asechada por las peligrosas llamas, corrió para tomarla antes de que fuese demasiado tarde, pero cuando lo hizo una trampa se activó y desde el altar fue lanzado un extraño liquido que le llego a la cara, aquello tenía un aroma tan fuerte que la hizo dormir…
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Su cuerpo nuevamente le pesaba, pero esta vez sus ojos se abrieron con facilidad, todo era exactamente como antes, todo seguía estando en su lugar, él seguía durmiendo frente a ella. Por un segundo lo miro atenta, luego su corazón se desespero, había estado ahí antes y sabía que él se despertaría y de seguro lo primero que haría sería atacarla, y no quería, no quería vivir eso nuevamente. Trato de moverse inútilmente, una y otra vez, estaba concentrada en esa labor, tenía que huir lo más pronto posible, no se dio cuenta de que él ya había abierto los ojos y los tenía fijos en ella.
- No puedes moverte… - La voz pareció un pensamiento de decepción dicho en voz alta.
Kagome clavo sus asustados ojos en él, si hubiera podido temblar de miedo lo hubiera hecho, él no se movió ni un centímetro, permaneció recostado como antes mirándola con tristeza, dudoso de si actuar o no actuar, finalmente su brazo derecho comenzó a moverse lentamente hacía ella, el corazón de la chica estaba hecho un frenesís al ver que la mano de Li Ch'uan estaba a punto de rozarle la mejilla, pero se detuvo, entonces ella notó sus plateados ojos que se mostraban aún más tristes que en un principio.
- Me temes - aseguró en un susurró - …Me lo merezco - aquello sonó como si realmente le importase lo que ella sintiese, su corazón se tranquilizo de golpe. Entonces sintió el calor de la mano sobre su mejilla y vio el brillo que creyó perdido en sus ojos, estaba en casa nuevamente… Pero en un segundo todo se acabó, estaba siendo asechada por el calor de las llamas, había regresado a la cruda realidad.
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El calor de la habitación la había despertado justo a tiempo, ya que si hubiera continuado desmayada en ese lugar lo más probable es que se hubiese muerto incinerada, se levanto rápidamente tratando de olvidar lo real que parecían sus sueños, aun creía sentir el calor de aquella conocida mano acariciarle la mejilla y aquel brillo platinado que la observaba con tanta tristeza y desamparo, pero no podía distraerse de su objetivo, sus sueños no eran más que eso ¡Sueños! No había nada más ilógico y alejado de la realidad que ellos.
Logró salir del templo con cierta dificultad, ya tenía lo que había estado buscando, era hora de buscar sobrevivientes y ayudarlos. Comenzó a buscar por los alrededores, pero cada persona que encontraba estaba completamente muerta, ni siquiera un hilo de esperanza había para socorrerlos, no podía creer que alguien había hecho semejante masacre, para donde fuese que mirase encontraba fuego, cenizas y cuerpos carbonizados. Ya comenzaba a asfixiarse con tanto humo así que se dirigió al primer lugar libre de él, era un lugar más abierto, seguramente era el patio del templo, podía sentí la tierra rosar con la suela de sus zapatos, pero no había mucho que ver, las cenizas nublaban su visión y no pudo ver al hombre que estaba sentado sobre una roca a pocos metros detrás de ella, pero él podía verla a la perfección.
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Había recorrido el templo una y otra vez asegurándose de haber destruido todo lo que caminase y respirase, había quemado todas las esquinas del templo asegurándose que nada pudiese sobrevivir al incendio, había destrozado todo, absolutamente todo, y aun así su alma no hallaba la calma que estaba tratando de encontrar cuando decidió aniquilar el templo y todo lo que tuviese dentro, se sintió miserable y apretó los puños, aquel era el espectáculo que hace siglos atrás le hubiera fascinado ver, pero ahora, ahora no causaba nada, ni una mísera célula se regocijaba ante tanta destrucción, todo ardía en llamas frente a sus ojos, y nada… decidió salir, sus pasos eran lentos y deprimentes, el pasado lo atormentaba en silencio y hubiese preferido hundirse en él, estaba derrotado. Sus pasos lo llevaron hasta el patio trasero, camino hasta una roca y se sentó en ella encorvando la espalda y apoyando los antebrazos sobre sus rodillas, bajo su cabeza observando sus impotentes manos colgar, no había nada que pudiera hacer, todo estaba perdido, sólo había rabia y desolación, subió su cabeza pero el encorvamiento en su espalda continuaba, había pasos, alguien quedaba con vida en ese lugar, le pareció inexplicable, él mismo se había asegurado de que no quedase nadie, seguramente era una persona que acababa de llegar atraído por las llamas, era un tonto, por dárselas de héroe había encontrado la tumba. Entonces la vio y no pudo comprender cómo el mundo lo trataba de esa manera.
- ¿Nadie te enseño a no meterte donde no te llaman? - Hizo notar su presencia con una voz fastidiada.
Kagome se volteo rápidamente, todo había estado en completo silencio hasta que él abrió la boca asustándola. Estaba ahí, sentado pacíficamente en una roca mirándola de una manera que pareciese que dijese "De todas la personas del mundo, me tenía que topar contigo."
- ¿Tu mataste a toda esta gente?
- ¿Tu mataste a toda esta gente? - Repitió en tono burlón mientras enderezaba la espalda - ¿No tienes nada más interesante que preguntar? – Tan sólo con su voz podía notar lo hastiado que estaba de verla - ¿Acaso me estás siguiendo?
- No, vine por algo puntual – apretó las hiervas contra su pecho.
- Yo también, y de haber sabido que me toparía contigo lo hubiera dejado para más tarde.
De pronto, la mente de Kagome comenzó a volar.
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- Me alegra haberme encontrado contigo - sus ojo plateados brillaban al decirle esas palabras.
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Pero la realidad se interponía entre el sueño, o mejor dicho, la expectativa.
- ¡Pero qué va! Ya estoy aquí y me arruinaste la noche - dijo poniéndose de pie
- ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué los mataste? - Un nudo se formo en su garganta
- Porque quise y pude.
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- Lo siento, fue un error, no quise hacerlo, simplemente no puedo detenerme - sus ojos se mostraban sinceros
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- ¿Por qué quise y pude? ¡Mataste a los aldeanos y a la gente de este templo! ¡A la anciana Kaede! ¡Kaede! - El nudo en su garganta aumentaba.
- Se te olvida mencionar la otra aldea que no está muy lejos de aquí – no mostraba ninguna señal de arrepentimiento.
- ¿Los mataste a ellos para luego venir a matar a los del templo? - Kagome no podía creer lo que él decía.
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- ¡Lo siento, lo siento, de verdad lo siento! ¡No quise hacerlo pero no puedo detenerme! ¡Jamás quise matar a nadie, jamás quise matar a Kaede! - Se disculpaba en su mente.
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- Sí, eso fue exactamente lo que hice - respondió con una sonrisa en los labios - por cierto, veo que te ha encantado mi regalo, eso me alegra.
- Tú realmente no quieres hacer esto, en el fondo no eres un asesino.
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- No, no soy un asesino, no quiero seguir haciendo esto - la expectativa de Kagome esperaba un hombre arrepentido.
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- Soy un asesino y quiero hacer lo que hago - comenzó a acercársele - pero lo que más quiero es verte muerta.
- ¿Por qué? - Había una expresión de dolor
- Porque te odio – respondió sin pesar, aquello que dijo venía de lo más profundo de su corazón, era cierto.
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- Te amo, por favor… perdóname, perdóname - suplicó su voz – eres lo más importante en mi vida, no quiero perderte, por favor… - Kiseki estaba al borde de las lágrimas.
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- Te odio – repitió haciendo sentir el sentimiento en su voz – eres la peor plaga que existe en este mundo, tan sólo al verte siento que voy a estallar de ira, eres repulsiva, abominable, sólo quiero que mueras…
- ¿Entonces por qué no me has matado?
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- Siento haberte lastimado, siento haberte dicho esas cosas horribles, no eran ciertas lo juro, yo te amo, te amo Kagome - estaban frente a frente y tomo su rostro entre sus manos – perdóname… - susurró antes de besarla
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Un beso apasionado y necesitado, un beso sincero, un beso como el de su encuentro en la lluvia, un beso que no era real… Tan sólo era lo que a Kagome le hubiese gustado que pasara, era lo que ella esperó al verlo sentado sobre la roca, su expectativa, una simple ilusión, la realidad la estaba golpeando con toda su brutalidad en esos momentos y el deseo solo quedo así, como un deseo, nada más…
(Florence and The Machine - Never Let Me Go)
- ¿Crees que no he tenido las ganas de hacerlo?
- Si quisieras matarme ya lo hubieras hecho… - Aquella afirmación lo hizo enfadar, la sostuvo del mentón con brusquedad haciendo que lo mirase
- En cada segundo de mi vida deseo matarte - aseguró con voz maliciosa y llena de odio - no hay algo que desee más que tu destrucción ¿Pero de verdad crees que mi odio es tan tenue como para sencillamente matarte y dejarte en el olvido? No… - Una sonrisa diabólica se formo en sus labios para luego volver a mirarla con severidad - mi odio hacía ti va mucho más allá de eso. Te haré sufrir tanto que desearas nunca haber nacido, haré que tu alma se desespere, te haré llorar, gritar y odiarme, sufrirás tanto que me imploraras que te mate de una vez, y yo no lo haré porque sabré que eso te hace sufrir aún más - sus ojos la miraban con resentimiento – te haré sentir tan desahuciada que serás tú misma la que terminará quitándose la vida.
- Jamás deseare morirme por tus agresiones físicas - respondió la chica que jalaba inútilmente para que soltase su mentón.
- ¿Quién dijo que sólo te agrediré físicamente? - Sonrío burlesco – hace ya bastante que comencé a destrozarte la vida.
- ¿Qué?
- Primero, te hice pensar que te amaba como un loco y logré que me amaras, te engañé como a una estúpida y te arroje por el precipicio de la desilusión.
- No te amé, nunca te amé - respondió inmediatamente.
- Tu sigue diciendo eso querida, ambos sabemos la verdad - sonrió con malicia – te rompí el corazón y lo sabes, pero no me basto con eso, destruí tu amada aldea y masacre a la querida anciana Kaede.
- No tenías que haberla matado ¡Ella no tenía nada que ver en esto!
- Oh, claro que sí - respondía con sátira – tú la querías… Por eso la mate de esa manera, sabía que la muerte de esa mujer te dolería hasta los huesos.
- ¿La mataste… sólo porque a mi me afectaría? - El nudo en su garganta crecía.
- Desde luego ¿Qué otro motivo tendría para perder el tiempo con semejante vejestorio?
- ¿Por qué haces esto? ¿Qué fue lo que te hice? ¡No entiendo por qué me odias tanto!- el vacío en su pecho crecía aún más.
- ¡Porque existes! - Grito – voy a destrozar tu vida, te hare ver como pierdes poco a poco todo lo que te importa, te quitare ¡Todo! Así que no llores cuando mueran todos tus amigos, porque será tu culpa ¡Todo lo que yo haga será tu culpa!
- No lo hagas… - Susurró.
- ¡Es más! ¡Cada día que pases con vida una persona morirá! Yo que tu me suicidaría ¿Cómo vas a vivir sabiendo que cada día muere alguien cruelmente por tu culpa? Eso debe pesar en la conciencia… - Comentó con burla.
- ¿Quieres que me suicide? – Por más que supiera que todo era real no podía creer lo que Li Ch'uan decía.
- Eso me haría saber que te lleve al limite de la desesperación - sonrió.
- ¿Y qué sacaría? Seguirás exterminando aldeas me muera o no me muera…
- Sí, pero si sigues viva una de esas personas estará muriendo por tu culpa.
- Y el otro centenar por tu diversión.
- Exacto – la soltó con la misma brusquedad que la sostuvo - más vale que te prepares, porque conocerás el infierno en vida - se dio media vuelta y dio unos pasos - ¿Eternidad? ¿De verdad creíste esa tontería? Una eternidad junto a ti sería un martirio… - Comenzó a irse.
- Sé que en el fondo de tu alma hay algo - afirmó Kagome temerosa de las consecuencias que podrían traer sus palabras.
Li Ch'uan rio mientras volteaba para hablar con voz burlesca - ¿Amor por ti?
- No, eso nunca existió.
- ¿Entonces?
- Algo de luz debe haber en el fondo de tu alma.
- En mi alma sólo hay oscuridad, niña.
- Sé que en el fondo debe haber algo – él la miro con burla – y yo me encargare de sacarlo a flote y que te arrepientas de todas las barbaridades que haz hecho – la decisión se notaba en su mirar.
- Diviértete buscando la nada – respondió con sequedad para luego sacar sus alas y marcharse.
Él había jurado destruir todo lo que le importara, ella se había propuesto encontrar la luz en el fondo de su rencoroso corazón, nadie podía ser tan oscuro, aunque lo intentara… Aun así después de todo esto ¿Dónde quedo la eternidad que deseaban? ¿Alguna vez estuvo ahí?
- Eternidad… - Susurró tristemente la muchacha en la soledad - ¿Dónde estás…?
Continuara...
