¡Hola queridos lectores!
Quizás les sorprenda que a pesar de haber terminado Shikamaru Hidden no he comentado nada al respecto. Bueno el motivo es bastante simple: no lo he leído.
Empecé como una nena quisquillosa diciendo "ah pero yo lo quiero traducido a español no en inglés" y cuando finalmente encontré a alguien que lo traducía al español me dije a mi misma "ugg que tal si leo algo que me gusta mucho y después lo quiero agregar a mi fic, eso rompería todo el balance de la historia" ya que toda la trama argumental de esta historia esta decidida hace mucho tiempo y agregar a modificar algo sería tedioso y contraproducente por lo que terminé no leyendo nada T.T
Así que si llega a haber algo en este fic que contradiga de manera demasiado directa Shikamaru Hidden sepan disculpar!
El Sabio y la Valiente
Ni siquiera los tibios rayos de sol filtrándose a través del cristal de la ventana con el noble propósito de acariciar las pieles a su paso, tuvieron la fuerza para despertar a los shinobis que tan plácidamente se habían quedado dormidos en el pasillo de aquel metálico transporte, fuera de la habitación de los señores feudales. A pesar de lo incómodo que resultaba ser el lugar donde el sueño se había apoderado de ambos, la profundidad del mismo era visible mediante el ritmo lento de sus respiraciones.
Afortunadamente, las primeras pasajeras en abrazar el nuevo día no fueron otras sino que las ancianas que tan amenamente habían conversado con Nanami-sama el día anterior. Por esta razón, resultaron ser estas hermanas las que con asombro encontraron a la pareja en tan insólito lugar.
-Son adorables –susurró una de ellas a su compañera para luego buscar consenso en la otra– ¿no lo crees?
-Baja la voz o los despertaras –regañó la mayor mediante un murmullo ansioso y, volviendo a clavar la vista en la pareja para enternecerse nuevamente, añadió– pero sí, ciertamente lo son.
-Shikamaru, ¿ya amaneció? –balbuceó Temari entreabriendo sus verdosos ojos para afrontar la luz de un nuevo día, opacada por la sombra de las ancianas– oh, ohayo –saludó abriendo los ojos ampliamente al ver a las canosas damas encorvadas frente a ella. El domador de sombras se quejó levemente debido al entumecimiento en su cuello producto de la mala postura al dormir y, aun adormilado, procedió a cubrirse los labios con la palma de la mano para exhalar un hondo bostezo.
-Ohayo jovencita –respondió la menor de las octogenarias con una cálida sonrisa en los labios para posteriormente indagar con un deje de genuina preocupación– ¿Se encuentran bien?
-Sí –se adelantó a responder el azabache mientras se limpiaba sus adormecidos ojos con la mano– solo nos quedamos dormidos mientras hablábamos –mitigó poniéndose de pie para inmediatamente después extenderle la mano a la Sabuko No, ayudándola a hacer lo mismo.
-Ya veo –exclamó la mayor enderezándose y, al perfilarse hacia el salón comedor para desayunar, le dio un tironcito a la manga de su hermana indicándole hacer lo mismo– me alegra ver que arreglaron sus diferencias –acotó antes de retirarse junto a su acompañante para brindarle un poco de privacidad a la joven pareja.
-¿Tienes idea de donde estamos? –preguntó la embajadora mientras tomaba la manta del suelo y comenzaba a doblarla para posteriormente ingresar en su habitación acompañada de su interlocutor.
-No estoy seguro –respondió el estratega cerrando la puerta detrás de sí con el objetivo de buscar su mochila y retirar de ésta un pequeño reloj de bolsillo– pero deberíamos llegar en dos horas –se percató al recordar el itinerario.
-Entonces será mejor que despierte a los señores feudales –sugirió ella estirando sus brazos, esperando relajar sus músculos de esta manera. Inmediatamente después, expuso los motivos de tal incentivo– de seguro se molestarán si deben desayunar a prisa.
-Yo iré a reservar una mesa para cuatro –programó el ninja de Konoha recordando la concurrencia que presenció aquella discusión fingida el día anterior– a juzgar por la cantidad de gente que abordó el tren ayer, deberé apresurarme o no será nada fácil.
-De acuerdo, intentaré llegar pronto pero no prometo nada –bromeó la rubia con una sonrisa traviesa en los labios. Después de todo, dependía principalmente del humor con el que hubiesen amanecido los nobles.
Al salir de la habitación, la kunoichi de Suna no necesitó dar más de cuatro o cinco pasos para ubicarse frente a la habitación de sus protegidos así que, golpeando con firmeza pero no con rudeza, llamó a la puerta de metal esperando obtener una quedada y lánguida respuesta del otro lado.
Sin embargo, su predicción no podría haber sido más errónea, ya que al abrirse la puerta se encontró con una brillante y clara sonrisa perteneciente a Nanami, siendo ella también la portadora de la vivaz voz que con tanto entusiasmo salió a recibirla.
-Temari, querida –reconoció la mujer de inmediato, alegrándose un poco más de ser eso posible– muy buenos días.
-O-Ohayo, Nanami-san –logró soltar la domadora de viento cuando salió del asombro en el que se había abstraído debido a la actitud de la señora.
Se ve que es una persona madrugadora –caviló la rubia aun un tanto anonadada.
-Apúrate querido o te dejaremos atrás –amenazó Nanami a su esposo de manera jocosa, casi como si estuviese tramando una travesura.
-Ya voy –respondió el hombre casi antipáticamente y, sin mucho interés en seguirle el juego a su mujer, con calma se calzó aquellos zapatos de gama media, propios de la clase media de la época.
-Hump, con esa actitud Temari y yo deberíamos conseguirnos nuevos esposos –exclamó la mayor simulando estar ofendida mientras cariñosamente tomaba a la rubia del brazo anhelando complicidad– si no fuera porque eres mi nuera y, difícilmente mi hijo podrá conseguir a otra que lo aguante, te pediría que fuéramos a conocer muchachos.
-No diga eso, Nanami-san –pidió la dama de ojos azul verdosos guiada por la educación mientras se sonreía por las ocurrencias de la mujer del Daimyo, casi como si se estuviese contagiando de aquella picardía que tanto entretenía a la dama de la nobleza.
-Ahora que lo dices, se me olvidaba que mi marido también es demasiado demandante como para conseguir otra mujer –agregó divertida la esposa del monarca para luego sisear– tú y tu hijo tienen suerte de que seamos consideradas, querido.
-Sí, estoy extasiado de felicidad –respondió el Daimyo impasible y sosamente, recalcando así el sarcasmo de su frase– ya estoy listo –aclamó saliendo de su cuarto para notar que la kunoichi de Suna no era acompañada por el shinobi de Konoha– ¿y Shikamaru?
-Lo asesiné mientras dormía, como vendió nuestros anillos de bodas… –explicó la Sabuko No con tal soltura que la dama que la tomaba del brazo no pudo hacer más que adorar tal actitud y no tardó en celebrársela.
-¡Oh querida tú tienes la chispa! –Elogió Nanami encantada con quien fingía ser su nuera y, mientras ingresaban al salón comedor pidió– por favor no dejes a mi hijo nunca.
El desayuno se sucedió de igual modo que lo había hecho la cena el día anterior. Los comentarios mordaces y astutos de Nanami no cesaron ni por un segundo y su marido tampoco dejó de buscar la poca mesura que él aseguraba existía en su mujer. Por otro lado, los ninjas solo ansiaban llegar a la siguiente estación, bajar del tren y abandonar toda aquella pantomima para asumir completamente sus funciones como guardaespaldas.
No obstante, después de recorrer el insignificante camino desde la estación de trenes hasta el palacio del Daimyo del País de las Aves, Shikamaru y Temari supieron que les aguardaba un destino un poco diferente al estipulado.
Al acercarse al enorme predio perteneciente a los dirigentes del País de las Aves, la seguridad se tornó más estricta. Poco a poco varios guardias vestidos con pesadas armaduras comenzaron a aparecer en el camino. La lujosa mansión, que finalmente se extendió frente a los ojos de los visitantes, parecía haber sido expandida recientemente. Ediliciamente, se notaba claramente el contraste ente la estructura vieja y la nueva misma que, si bien conservaba el diseño y características propias de la arcaica arquitectura, también resaltaba por su pintura nueva y la carencia de arbustos circundantes.
Ni bien se anunció la llegada de los Daimyos del País del Fuego, varias criadas se aproximaron en busca de su equipaje con el propósito de aligerar la carga de los nobles, haciendo caso omiso de los ninjas quienes debieron continuar cargando sus pertenencias.
Luego de que los anteriores sirvientes desaparecieran una mujer muy peculiar apareció. Su cabello, teñido de canas, había olvidado su anterior color para sucumbir al blanco de la vejes. Sus ojos negros se escondían tras una oleada de arrugas y uno de ellos, el derecho, poseía una filmina blancuzca, una película cornea que delataba su ceguera. A pesar del aspecto deteriorado de la anciana, de su figura encorvada y encogida y de su andar enclenque, los invitados estaban frente a la asistente personal de Daimyo del País residente.
-Bienvenidos sean sus excelencias –saludo la mujer con voz potente mientras realizaba una respetuosa reverencia– tal vez ya no me recuerden, mi nombre es Sukikyo.
No se necesitaba ser un adivino para saber que aquella expresión de incredulidad estampada con tanta precisión en los rostros de los señores feudales indicaba que éstos habían dado a la mujer por muerta hace muchas décadas atrás. Sinceramente, nadie podía culparlos. De haber tenido que darle una edad aproximada a la vigorosa anciana de seguro hubiese requerido un número de tres dígitos.
-Sukikyo-baa, hace mucho que no nos veíamos –saludo de inmediato el Daimyo apelando a la cortesía y diplomacia mientras codeaba a su mujer para que se recuperara de la sorpresa que había apresado a todos por igual.
-Ciertamente, ciertamente –aseguró la mujer, reincorporándose para proceder a hacerse a un lado y, extendiendo a la mano hacia el pasillo, invitó– pero pasen por favor, Toki-sama los espera.
Sukikyo guio a los invitados a través del palacio con paso firme y constante sin siquiera presentir que sus acompañantes la observaban con minucioso detenimiento anticipando alguna posible caída o accidente, producto de un tropiezo o descuido propio de la edad. Sin embargo, la anciana superó las expectativas de los presentes llegando hasta su señora sin contratiempos.
-¡Tíos! –Exclamó Toki ni bien divisó a los señores, levantándose de aquellos acogedores almohadones revestidos de terciopelo celeste pálido– me alegra que hayan llegado a salvo –agregó abrazando a Nanami, quien amorosamente le devolvió el gesto.
-Bueno tuvimos unos guardaespaldas muy peculiares pero sumamente eficientes –señaló el señor feudal del fuego mirando de reojo a los shinobis mientras ambos Daimyos intercambiaban saludos formales.
-Déjame adivinar, fue el turno de Nanami-oba para elegir acompañantes –se anticipó la joven magnate de cabello violáceo.
-Parece que hubieses estado allí –corroboró el hombre de manera jocosa recordando el berrinche de su esposa durante los exámenes Chunin.
-Permíteme que te los presente –pidió la esposa del monarca acercándose a los ninjas y, luego de aclarar su voz, manifestó– el joven de aquí es Shikamaru Nara, único hijo de Shikaku Nara, quien fue nuestro más astuto estratega.
-Oh si, el famoso Shikaku Nara –comentó Toki al poseer referencias del renombrado ninja– Komei, nuestro estratega, siempre está glorificándolo.
-Después de su trágica perdida en la guerra, Shikamaru tomó su lugar demostrando ser tan hábil como su padre –explicó el Daimyo a su sobrina sin dejar pasar la oportunidad para recalcar en tono bromista– y aunque eso ha redoblado mi interés en convertirlo en uno de mis doce guardianes, él sigue rechazándome.
Shikamaru no pudo hacer otra cosa que rascarse la nuca con nerviosismo. Él sabía que se trataba de una broma pero ésta, en particular, escondía algo de verdad.
-Es un placer Toki-sama –acotó el ninja táctico respetuosamente.
-Igualmente, Shikamaru-san –manifestó la anfitriona afablemente– gracias por cuidar de mis tíos.
-Y esta hermosa joven que ves aquí es Temari Sabuko No –se apresuró a continuar Nanami al ver el rostro avergonzado del azabache– ella es la embajadora de Suna, es hija del Cuarto Kazekage y hermana del Quinto.
-Vaya, estamos en presencia de una princesa –aclamó con notoria sorpresa y potente interés la dirigente del País de las Aves.
Por Kami-sama, esto no va a terminar bien –pensó de inmediato el domador de sombras mirando de reojo a la rubia quien hacía un esfuerzo sobrehumano por mantenerse serena al escuchar la preferencia de la monarca por los distinguidos títulos.
-También es una excelente kunoichi, se dice que es la más cruel entre ellas –señaló Nanami generando cierta confusión en su sobrina quien no dudo en despejar sus dudas.
-Tomemos asiento un momento –invitó la dueña de la mansión sospechando que iniciarían una larga conversación. Una vez que todos se encontraron cómodamente ubicados, la dama de cabellos color violeta continuó– Nanami-oba dice que eres una excelente kunoichi, ¿es eso cierto?
-Bueno, puede que no sea la mejor –acotó con humildad la Sabuko No para luego aseverar con seguridad– pero si acepto una misión estoy garantizando su cumplimiento.
-Se ve que eres una ninja responsable –resolvió la mujer sin hacer que su frase sonara como un cumplido para luego inquirir como si se tratase de un reproche– dime, ¿eres también una princesa responsable?
-¿Disculpe? –Siseó Temari buscando que la propietaria de tan lujoso castillo preguntara abiertamente lo que quería saber.
-Lo que me pregunto es si tu rol como guerrera interfiere en tu desempeño como princesa –esclareció Toki dándole primacía al puesto de noble ante el de ninja.
Yo diría que es al revés –consideró Temari mientras buscaba toda la elocuencia de su ser para explicar esa opinión de manera clara.
-Sinceramente Toki-sama, creo que mis acciones como kunoichi aportan más a mi nación de lo que podrían hacerlo mis labores de princesa –opinó la rubia sin importarle que tal apreciación pudiese incomodar a los nobles presentes.
-Tu forma de pensar me dice que fallaste como princesa –profirió la señora feudal con total impunidad, menospreciando a su interlocutora y logrando que ésta frunciera un poco el entrecejo.
-No tengo tiempo para comportarme como tal –se excusó la hermana del Kazekage sacando a flote su naturaleza su espíritu de lucha y los objetivos que anhelaba para su pueblo natal– no puedo permitir que mi aldea y mi país pierda su lugar como una de las cinco grandes potencias ninjas, no importa que sacrificio tenga que hacer.
-Sin embargo, tengo entendido que la semana de los mil vientos se llevara a cabo –arguyó Toki puesto que, tal conocimiento, era común entre los líderes de las naciones. Y, con esa arma en la punta de su lengua viperina, indagó sin rodeos y mordazmente– ¿no significa eso que fallaste en tu deber?
Esta mujer… está sacando de quicio a Temari en tiempo record –se percató Shikamaru sintiendo cierta aprensión al presentir que las cosas se complicarían a la brevedad si su compañera no era capaz de contenerse.
-¡¿Qué tan importante puede ser encontrar marido cuando las personas de tu aldea se sienten intranquilas y sufren necesidades?! –preguntó de manera retorica la dama de ojos verdes al perder la calma, refutando con mayor ahínco las ideas de la señora feudal.
-Oh entiendo… –soltó la Daimyo con una sonrisa burlona– cuando dijiste que te sacrificarías no estaba hablando de tu país sino de tu gente, ese es un grave error –corrigió ella, aun firme en su postura de que la rubia debía ser primero princesa y después todo lo demás.
-¡¿Qué dice?! –cuestionó la embajadora, horrorizada ante tal premisa.
-Son los súbditos quienes deben sacrificarse por los nobles y no al revés –estableció Toki mientras su tío asentía con la cabeza en silencio, como aprobando la enseñanza que su sobrina estaba impartiendo.
-¿Cómo puede decir eso? –Indagó la domadora de viento aun indignada y seguidamente preguntó– ¿Quién cree que le da vida a una nación?
-El rey por supuesto –estableció Toki contundentemente sin dejar lugar a dudas para luego preguntar con desdén– ¿qué clase de princesa eres? –Temari apretó el puño con fuerza ante tal desafío, sin embargo, la dama de cabello morado continuó con su lección– todo se hace en base a una convicción y tú eres la encargada de generar y preservar esa convicción en los corazones de tus súbditos.
-Tal fin solo puede lograrse luchando a su lado –aseguró la rubia sin poder disimular del todo su molestia.
-¡Te equivocas! –Contradijo rápidamente la señora feudal para luego manifestar– no se empuña un arma para defender un ideal, se vive una vida de emociones intensas que resulte admirable y envidiable para todo el que escuche tu nombre, vives de tal manera que otros quieran imitar el camino que recorriste y se aferren a los arquetipos que te llevaron por ese sendero –detalló con emoción en la voz como si se tratara de una proeza loable– y, ciertamente, nadie en su sano juicio seguiría los pasos de un mártir.
Sin esfuerzo ni dedicación –caviló la dama de la arena calificando de tal modo y con desprecio el proceder de la reina del País de las Aves– ¿qué clase de personas servirían y seguirían gustosamente a alguien así?
No obstante, antes de que la discusión prosiguiera la esposa del Daimyo del Fuego consideró que sería prudente intervenir.
-Toki-chan tiene razón –habló Nanami con notable calma, misma que contrastaba con las enervadas palabras de las debatientes– no es suficiente con salvarlos en el campo de batalla, tienes que dirigirlos para que tomen el camino correcto y puedan valerse por sí mismos cuando tú ya no estés –explicó suave y maternalmente.
-Incluso la Mizukage, una mujer bella hasta lo ridículo no es capaz de conseguir marido por llevar la vida de una kunoichi –ejemplificó Toki considerando que se trataba de un desperdicio, inmediatamente después preguntó retóricamente– ¿qué mujer se atrevería a liderar Kirigakure después de ver cómo Terumi-san a sacrificado su excelsa femineidad en pos de su Aldea? –escupió la oradora y, sin siquiera esperar a recibir respuesta, sugirió dominantemente– Apresúrate a casarte y muéstrale a tu pueblo lo feliz que eres, aun estas a tiempo.
La embajadora de Suna difícilmente podía controlar el temblor que le robaba control sobre el pulso de sus manos. Hasta ahora había hecho un esfuerzo extraordinario por no faltarle el respeto a la magnate pero su límite había sido notoriamente sobrepasado. Estaba tan enojada que bien podría haber retirado el pergamino que aun escondía en su kimono, invocado su abanico y destrozado la habitación entera con el único propósito de silenciar lo que a su parecer eran las palabras vacías de una necia mimada.
No obstante, el Nara se percató de que su compañera no resistiría mucho tiempo más. Ya venía anticipando que la acalorada discusión no llegaría a una solución en común cuando ambas establecieron que sus prioridades se contradecían con las de su interlocutora. Por esta razón, decidió intervenir antes de que una nueva guerra fuera librada allí mismo tras el asesinato de la Daimyo de las Aves.
-Toki-sama, ¿será posible que dejemos nuestro equipaje en algún lado? –Solicitó amablemente el estratega buscando apartar a Temari de la Daimyo.
-Oh por supuesto, ¿dónde están mis modales? –Se reprochó la anfitriona poniéndose de pie e incitando a los demás a hacer lo mismo– Sukikyo-baa, muéstrales a mis tíos y a sus guardaespaldas sus aposentos por favor.
-En seguida Toki-sama –acató la anciana emprendiendo el camino, sin embargo se detuvo en el umbral de la puerta al escuchar la voz de su empleadora.
-El palacio es seguro así que no necesitan preocuparse de nada mientras estén aquí, aprovechen para relajarse –invitó cordialmente Toki a los shinobis y luego sugirió– quizás Shikamaru-san disfrutaría de la compañía de nuestras más finas geishas.
-Eso no será necesario –se negó el domador de sombras mostrándose nervioso, ocultando de la mejor manera posible lo atemorizado que estaba por el destino que le esperaba en manos de su novia si llegaba a aceptar tal oferta.
-Oh vamos, ya estás en edad –insistió la Daimyo sin esperar ni recibir respuesta por parte del Nara, posteriormente fijó su vista en la rubia quien aún exhibía su entrecejo fruncido– y Temari-san, esta es una buena oportunidad para que entiendas como una princesa debe ser –estableció tomándose la situación de la hermana del Kazekage como algo personal– así que te espero en el salón del sastre en una hora, Sukikyo-baa pasará a buscarte por tu alcoba para que no te pierdas.
-Yo no… –estaba por negarse la dama de ojos verdosos pero se abstuvo de hacerlo al sentir como Shikamaru la tomó del brazo y, dándole un pequeño tirón hacia atrás, tomó la palabra en su lugar.
-Estará encantada –respondió el azabache con un pequeña reverencia de por medio mientras la anciana se adentraba por los pasillos para empezar a guiar a los invitados.
-Supongo que debí habértelo advertido, querida –comentó la esposa del señor feudal una vez que se adentraron en el área de las habitaciones– Toki-chan tiene una alta estima por la belleza femenina por lo que deberás seguirle el juego, si no es mucho pedir.
-Pero Nanami-sama –se quejó levemente la kunoichi de Suna para luego exclamar– yo no soy exactamente una dama.
-Claro que si pequeña, solo te falta un poco de rubor en las mejillas –explicó la mujer aminorando el asunto mientras agradecía poder deshacerse de tan burdo atuendo para vestir algo más acorde a su posición social.
-No me refería a eso –expresó Temari advirtiendo la picardía en la mirada de su interlocutora– y usted lo sabe.
-Oh vamos, ¿qué tan malo puede ser? –Indagó Nanami sin darle mucha importancia al tema y, esperando un poco de respaldo, posteriormente se dirigió al estratega para preguntarle– ¿qué opinas tú Shikamaru? ¿No se vería hermosa vistiendo un fino kimono?
-Eh… bueno… yo creo que… –exclamó el shinobi de Konoha, titubeando al verse acorralado por la repentina pregunta.
-Nana, ya déjalos en paz –pidió el Daimyo conociendo las intenciones de su mujer.
-Hai, hai –accedió la aludida sin desvanecer su infantil y alegre sonrisa.
-Esta es la recamara que Toki-sama ha dispuesto para sus tíos –informó la anciana deteniéndose frente a una puerta corrediza de madera.
-Arigato, nos vemos más tarde –se despidió el señor feudal entrando a su habitación mientras dejaba atrás a su esposa.
-Sukikyo-san –llamó Nanami con el objetivo de realizar una solicitud antes de que ésta y los ninjas se retiraran– yo también quiero ver lo que Toki-chan tiene en mente para Temari-san, por favor pasen por mi antes de ir con ella –exclamó como si esa situación se tratara de un juego más a pesar de que sus verdaderas intenciones consistían en mediar entre ellas para evitar discusiones prolongadas e innecesarias.
-Así se será, Nanami-sama –obedeció la criada para luego continuar escoltando a los shinobis hasta sus habitaciones sin poder evitar percatarse del resoplido de frustración que la rubia había emanado.
-Toki-sama te ha escogido, ella piensa en ti como un desafío así que hará todo lo posible por exaltar tus dotes femeninos –explicó Sukikyo dando a entender que no había escapatoria a tal destino– entiendo que pueda no agradarte pero dudo que haya algo que la convenza de cambiar de opinión.
-Entiendo –soltó la dama de ojos azul verdosos sin sentirse verdaderamente satisfecha con aquel argumento, aun así exclamó– gracias.
-Fue un placer –respondió la anciana y dando no más de tres pasos hacia adelante se detuvo frente a una puerta corrediza de madera un tanto más modesta que la anterior– esta es tu habitación Shikamaru-san y cruzando el pasillo está la de Temari-san –señaló la mujer y, tan solo cuando vió a cada uno parado frente a su respectiva alcoba, se despidió– descansen.
-Así lo haremos –respondió Shikamaru adentrándose en su cuarto.
El shinobi de las sombras espero no más de quince minutos antes de abandonar su habitación para ingresar, sin pedir permiso, a la de su compañera.
-¿Ya te calmaste? –indagó el Nara cerrando la puerta detrás de sí, no obstante, el gesto en el rostro de la dama le indicaba que aún seguía molesta por lo ocurrido.
-Debiste haberme dejado continuar –recriminó ella volteándose para ver a su novio y proferir combativamente– aún tenía mucho que decirle.
-No hubiese tenido sentido, ella no estaba escuchándote desde el principio –detalló Shikamaru al haber prestado suma atención durante la discusión de ambas– está demasiado cómoda en su posición como para intentar comprender como te sientes.
-¡¿Entonces tengo que ser una muñeca humana para esa… esa…?! –Indagó la indignada y exaltada domadora de viento sin ser capaz de encontrar un calificativo poco despectivo.
-¿Daimyo? –Sugirió el azabache sabiendo que la rubia estaba a punto de utilizar un vocabulario más fuerte para referirse a Toki.
-¡Sí!, por Kami-sama, sí –soltó Temari descargando gran parte de su coraje para luego suspirar con pesadumbres al intentar calmar su ira y, con más serenidad pero aun amargo semblante, agregó– tengo el presentimiento de que antes de que esta misión termine estaré abofeteando esa reina mal criada.
-Desearía que intentaras evitar eso –manifestó el shinobi de Konoha sentándose en la cama de la kunoichi de Suna donde vislumbró uno espantoso almohadón decorando el lecho, mismo que no dudo en tomar.
-No creo que sea capaz de evitarlo, es una cuestión de piel –estableció ella obstinadamente, mientras se cruzaba de brazos. En ese momento Shikamaru se puso de pie y le proporcionó un pequeño golpe en la cabeza con el cojín- ¡Oi! ¿Qué demonios haces? –se quejó mirándolo con cierto desconcierto.
-Sigues alterada –mencionó implantando un nuevo golpecito la cabeza de la dama de ojos verdosos misma que comenzaba a perder la paciencia. Temari estiró sus brazos para quitarle el almohadón al Nara sin embargo, cuando este enderezó un poco su brazo por sobre su cabeza, ella supo que no sería capaz de lograrlo de esa manera.
-¿Y tú estás intentando enfurecerme más? –retó la hermana del Kazekage parándose sobre la punta de sus pies para ganar unos cuantos centímetros, mismos que no bastaron para arrebatarle el cojín al domador de sombras y detener aquellos esporádicos golpecitos. Odiaba admitirlo, pero el estratega había crecido. Ahora era todo un hombre y la diferencia de altura estaba entorpeciendo la tarea de la Jounin– Porque eso es lo que estas logrando –clamó con el entrecejo fruncido mientras su novio se sonreía al ver como no era necesario estirar completamente su brazo para mantener el almohadón fuera del alcance de la embajadora.
-Oh que miedo –acotó él sarcásticamente para posteriormente volver a golpearla con el cojín y mirando tanto el objeto en cuestión como el entrecejo fruncido de su novia opinó– los almohadones de tu cuarto son horribles.
-¡Hump! Como si la habitación asignada a un vago insufrible fuese a estar mejor decorada –respondió la Sabuko No malhumoradamente, colocando sus manos sobre su cadera a modo de tetera.
-Así es –aseguró el Nara tirando el cojín sobre la cama de la dama– de hecho puedes venir a ver si quieres… una vez que caiga el sol –invitó sensualmente con una sonrisa ladina que logró divertir a Temari y arrancarle una risita burlona.
-Baka –calificó ella olvidando su descontento por un momento para dar paso a una incontenible sonrisa.
Con que ahí estaba –reflexionó el pelinegro complacido al sentir como su pecho se entibiaba– sabía que esa sonrisa no podía haber desvanecido.
-No dejes de sonreírme por más que sientas deseos de asesinar despiadadamente a alguien –pidió él, abrazándola con fuerza para apropiarse de su calor. La mujer de dos coletas se sorprendió primeramente pero al escuchar las palabras de su novio retumbar con claridad dentro de ella reposó su cabeza en el masculino pecho sintiéndose dichosa y abochornada por igual.
-Presumido –atribuyó ella duramente correspondiendo su abrazo mientras sentía como el cuerpo del ninja se estremecía un poco al reír ante la acotación.
-Lo tomaré como un sí –sentenció Shikamaru apartándose de ella para encaminarse a la puerta, desde donde argumentó– mejor vuelvo a mi alcoba antes de que Sukikyo-san se aparezca por aquí.
-De acuerdo –concordó ella, sin embargo, cuando el hombre de la coleta estaba por salir, ella lo incitó a detenerse al advertir– solo una cosa más, si veo una cortesana saliendo de tu habitación puedes ir eligiendo epitafio para tu lápida.
-¿Por quién me tomas? –Indagó él asombrado ante tal innecesario aviso– no necesito una cortesana, son problemáticas.
-Oh pero a ti te gustan las mujeres problemáticas –le recordó ella con una pícara sonrisa en el rostro y una amenazante mirada en los ojos.
-Te equivocas –difirió él para luego corregir antes de retirarse– solo me gusta una mujer problemática.
Tonto –calificó en silencio la Sabuko No sin poder dejar de sonreír aun embelesada– solo haces que me sonroje como una estúpida y te quiera aún más.
No mucho tiempo después de aquel renovador y necesario encuentro, la anciana que tan fielmente servía a la anfitriona tocó a la puerta de Temari estando ya en compañía de Nanami. Al atender la puerta, las visitantes se sorprendieron de lo serena que la rubia se veía. Casi parecía que no había protagonizado discusión alguna durante años.
-Temari-san te ves radiante –alagó Nanami perpleja ante la sutil pero visible belleza que emanaba de la Jounin de Sunagakure.
-Arigato –respondió la dama de dos coletas un tanto sorprendida por el cumplido– usted se ve muy diferente con ese atuendo –correspondió el alago al ver lo elegante que la mujer vestía.
Sukikyo-baa simplemente sonrió imperceptiblemente, casi como si supiera que era lo que le había regresado la calma a la guardaespaldas.
-Por aquí por favor –pidió la anciana procurando que la siguieran hasta un enorme cuarto adornado por telas que colgaban del techo y muchos otros rollos de paños sedosos de vistosos colores y bonitos estampados– Toki-sama, Nanami-sama desea unirse a usted durante el tiempo que le tome a Teira-san confeccionar el kimono de Temari-san.
-Oh me agrada la idea de una reunión de chicas –exclamó entusiasta la dama de cabello morado para luego dirigirle una mirada apenada a sastre– sin ofender Teira-san.
-Pierda cuidado, señora –permitió el afeminado sujeto a cargo de la confección de los atuendos reales mientras se daba a la tarea de tomar las medidas del cuerpo de una incómoda kunoichi, misma que se estremeció sin parar mientras cada centímetro de su cadera, cintura y pechos era tomada.
-Por cierto Toki, ¿cuándo conoceremos al pequeño Jikan? –indagó la señora feudal del Fuego mientras Temari hacia un esfuerzo sobrehumano por no golpear al hombre que, no conforme con la poca sutileza que había mostrado al momento de medir a la Sabuko No, ahora mismo decía en voz alta y como si de un crimen se tratara las medidas para que Sukikyo-baa las anotara en una libreta.
-Tendremos una pequeña ceremonia para el pueblo esta tarde a las cinco –comentó la Daimyo de las Aves un tanto ansiosa por la formalidad– los aldeanos se aglomeraran afuera del balcón principal y Shima y yo saldremos a presentar a Jikan, Oji-san y tú tendrán la mejor vista ya que estarán a nuestro lado –detalló para luego relatar de manera bromista– bueno, eso si su padre lo permite.
-¿Shima-san te causa problemas? –preguntó abiertamente Nanami ensalzándose gustosamente en el chisme.
-Ya sabes cómo son los hombres, no le quitan la vista de encima a sus primogénitos por más que haya tres docenas de guardias custodiándolos –mitigó Toki jocosamente para luego confesar con dulzura– aunque debo admitir que su faceta de padre me resulta sumamente atrayente.
-Ya hemos terminado de tomar las medidas Toki-sama –informó Teira sofisticadamente y con aires de grandeza lo cual produjo una muy mala impresión en la Sabuko No, quien consideraba que el sujeto era exagerada y desmedidamente superficial.
-Oh perfecto, es hora de enseñarle un par de lecciones a nuestra princesa entonces –anunció la anfitriona poniéndose de pie y tomando la mano de la dama de ojos verdes la arrastró hasta donde se encontraban las telas– bien Temari, esto es sencillo y divertido –profirió ella un tanto emocionada– elije dos tipo de telas de esta basta variedad, uno para tu kimono y otro para el obi que lo sujetará.
-De acuerdo –accedió la embajadora intentando no pensar en la pérdida de tiempo que configuraba tal actividad. Su vista recorrió el sin fin de finas telas, cada una más escandalosa que la anterior hasta que se percató de la existencia de una en particular. De color negro y con estampado de abanicos en dorado, le pareció apropiado y junto a esa se encontraba otro rollo de tela de color rojo liso– supongo que esa tela negra servirá para el kimono y aquella roja para el obi.
-Kami-sama dame paciencia –pidió el sastre apartando la mirada mientras un bufido se escapaba de sus labios.
-Temari-san ¿no crees que eso sería demasiado similar a lo que llevas puesto? –preguntó de buena manera Nanami al ver que las preferencias de la hermana del Kazekage en cuanto a vestuario estaban demasiado delimitadas y definidas.
-Piénsalo por un momento –pidió Toki esperando poder introducir uno o dos consejos de moda en la domadora de viento– ¿no crees que un color tan oscuro te haría ver enfermizamente pálida? Además el rojo no le queda bien a las rubias –decretó ella como si se tratase de una verdad absoluta.
-¿Qué tal aquella tela azul? –Cedió un poco la kunoichi de coletas sabiendo que la flexibilidad era su único recurso ante aquellas exigentes damas.
-¿Por qué esa obsesión con los colores oscuros? –Indagó un tanto molesta Toki al ver que Temari no entendía el punto.
-¿Has intentado quitar manchas de sangre de un kimono blanco? –Inquirió la Sabuko No a modo de argumento para luego establecer– te aseguro que no es tarea fácil.
-Que horror –exclamó espantado Teira mientras recuperaba el aire al agitar un pequeño abanico de bolsillo.
-Temari-san, hay suficientes guerreras en el mundo y muy pocas princesas –replicó la dama de largo cabello violáceo para luego proponer– déjale el trabajo duro a ellas y concéntrate en tu deber.
La rubia apretó los dientes sin permitir que su ira aplacara su autocontrol. Era cierto que una guerrera no es lo mismo que una princesa, no óbstate, de tener que elegir viviría una vida de kunoichi una y mil veces.
-Entonces ¿qué sugiere? –cuestionó la kunoichi de la Arena con la poca cordialidad que quedaba en su ser.
-El verde por supuesto o el violeta, ambos van muy bien contigo –manifestó Toki asombrando a su interlocutora, quien no esperaba que uno de sus colores favoritos fuera una opción.
-Preferiría el violeta –hablo Temari pensando que su atuendo de muñeca real no terminó siendo tan malo como esperaba– y me gustaría que tuviese un bolsillo interno.
-¿Bolsillo interno? ¿Para qué quieres tal cosa? –curioseó el sastre un tanto asombrado de que la joven mujer tuviese pretensiones.
-Para llevar maquillaje, por supuesto –exclamó Temari como si estuviese mencionando lo obvio, engañando por completo a todos los presentes– podría necesitar un retoque rápido.
-Oh es una excelente idea –felicitó Toki encantada y ansiosa de imitar tal practicidad por lo que luego ordenó– quiero que los míos tengan un bolsillo interno de ahora en más.
-Si su alteza –accedió el modista pensando en lo tedioso que sería modificar los miles de kimonos que componían el guardarropa real de la Daimyo.
-Perfecto, lo completaremos con un obi blanco con detalles en dorado –sentenció Nanami intercediendo con el propósito de evitar un nuevo desacuerdo por parte de esas dos en cuanto a la elección de la segunda tela.
-Me parece una gran idea Oba-san –elogió la Daimyo encantada con la propuesta.
-Si Nanami-sama lo dice –concedió la dama de Suna sin ánimos de volver a emprender la tarea de seleccionar un color y modelo para el obi.
-Bien, lo tendré listo para esta noche –aseguró el costurero comenzando con su labor.
-¿Puedo retirarme ahora? –indagó Temari escondiendo lo más eficientemente posible su disgusto.
-Esperaba que pudiésemos retomar la charla que dejamos inconclusa –alegó Toki cambiando su expresión divertida por una más bien seria.
No es muy astuta Toki-sama –pensó la embajadora mientras forzaba una sonrisa intentando fingir predisposición– debería dejar las cosas como están antes de que algo horrible le pueda pasar.
-No creo haber dejado nada inconcluso, usted fue muy clara sobre su predisposición a una vida lujos –le recordó la embajadora de Suna sin poder evitar recordar la historia que Nanami le había relatado el día anterior– permítame decirle que le hace honor a sus ancestros.
-¿Mis ancestros? –Repitió la Daimyo desorientada y curiosa por igual por lo que posteriormente preguntó– ¿a qué te refieres puntualmente?
-Nanami-sama relató la historia de su abuela durante el viaje –reveló la dama de ojos verdes mientras apreciaba como el asombro se posaba en el rostro de su interlocutora.
-Oh Nana-oba, sigues contando esa versión inconclusa de la historia ¿verdad? –regañó Toki a su tía quien se dio por desentendida.
-¿A quién le importa si falta un detalle o dos? –mitigó la mujer del señor feudal del Fuego.
-Déjame adivinar Temari-san –solicitó la dama de cabello violáceo mientras aun le dirigía una mirada recriminadora a su pariente– lo que mi tía tan irresponsablemente te dijo fue que mis abuelos se conocieron, se separaron y volvieron a encontrarse para luego vivir felices por siempre ¿verdad?
-Básicamente –afirmó ella presintiendo que estaba por escuchar que no se trataba de un relato tan simple.
-Mi abuela tenía prometido para cuando decidió fugarse, faltando a todas sus responsabilidades como Daimyo, para ir tras mi abuelo –remarcó duramente la monarca sorprendiendo a la rubia, quien no esperaba coincidir en con la señora feudal sobre la actitud de su antepasada– cuando mi abuela regresó a casa con otro hombre, mi bisabuelo se vio forzado por el antiguo pretendiente de mi abuela a enmendar el desastre que su hija había causado –escupió con desdén, sin ser capaz de ocultar su opinión ante tal situación– mi bisabuelo no tuvo más remedio que prometer que entregaría en nupcias a la primer mujer que naciese dentro de la familia real para que ésta desposara a alguno de sus sucesores cuando llegase el momento –comentó buscando completar el relato y exponer el daño que su abuela había ocasionado con sus egoístas elecciones.
-Toki-chan es suficiente –pidió Nanami con maternal calma y dulzura.
-¡No, ella necesita saberlo! –se negó exasperada la magnate del País de las Aves para luego proseguir sin recuperar el aliento– pero mi abuela era hija única y solo tuvo un descendiente, mi padre –sentenció mirando fijamente a los abrumados ojos verdes de la guardaespaldas mientras de los propios emanaba una llama de rencor– así que, mientras cómodamente vivía una vida soñada, tuvo que ser el hermano de mi abuelo quien entregase a su primogénita para que el Daimyo del País del Fuego recuperara aquello que le había sido robado durante la anterior generación.
-Nanami-sama –comprendió de inmediato la Sabuko No mirando con desasosiego y simpatía a la mujer.
-Están haciendo mucho escándalo de aquella vieja historia –opinó la aludida con una cálida sonrisa en el rostro– además, yo amo a mi esposo tanto como Miyuki amaba a Kisho.
-Eso fue una bendición –aseguró Toki– el que tú y mi tío pudiesen entenderse y amarse fue un milagro –repitió volviendo a respirar con normalidad para recuperar la compostura– pero el corazón de tu padre se rompió cuando debiste irte sin mencionar que, por haber faltado al compromiso, el País de las Aves tiene prohibido establecer una aldea ninja dentro de su territorio.
-¿No es usted la que dice que un Daimyo tiene que vivir una vida llena de lujos y ostentaciones? –Cuestionó Temari sorpresivamente, volviendo sobre el argumento que la anfitriona había presentado con anterioridad– ¿no hizo Miyuki-sama lo que usted, con tanto empeño, pregona?
-Como gobernante es importante discernir y medir las consecuencias de tus actos –estableció Toki repudiando el accionar de su abuela.
-Miyuki-sama pudo haber sucumbido ante el egoísmo propio del amor –concedió la rubia al momento de replicar impasiblemente– pero estoy segura de que vivió con esa carga hasta el último día de su vida, ella no quería ser un Daimyo y entendía que sin Kisho su fortuna espiritual no se correspondería jamás con su riqueza material.
-¡¿De qué demonios hablas?! –Cuestionó la joven noble volviendo a enervarse.
-Miyuki-sama entendía que los lujos propios de la nobleza no pueden aplacar el vacío que se generó en ella cuando Kisho salió de su vida así que ni siquiera intentó engañarse a ella misma al pensar que podría amar a otro hombre –explicó la kunoichi de Suna sin poder promover del todo el comportamiento de la difunta señora feudal pero aceptando su humanidad por sobre sus títulos imperiales– no espero que lo entienda Toki-sama, pero ella se ha sobrepuesto a su debilidad sin caer en la oscuridad.
-Como se nota que muy poco sabes sobre los deberes de quienes nacen en nuestra posición –se defendió soberbiamente la señora feudal de las Aves.
-Supongo que eso significa que puedo retirarme –exclamó con una sonrisa victoriosa la Jounin sintiéndose poderosa al no ser afectada por la actitud caprichosa de su interlocutora.
-Hump –masculló Toki sin interés en dirigirle la palabra para responder.
-Dile a Shikamaru que deben estar a las cinco en el balcón principal para la presentación de Jinkan –solicitó Nanami permitiendo así, de manera tácita, que la kunoichi se retirara a su aposento.
-Hai –acató la rubia para luego garantizar– seremos puntuales Nanami-sama.
-Teira-san te llevará tu kimono antes de eso –profirió Toki sin siquiera mirarla a la cara– intenta verte como una dama por una vez al menos –rugió la pelimorada tan solo para ser cruelmente ignorada por la dama de ojos verdes.
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Para cuando el reloj marcó las cinco de la tarde, tanto nobles como guardaespaldas y algunos guerreros portando armas se asomaron al gigantesco y elegante balcón que comunicaba la mansión con un refinado jardín.
Esa fue la primera vez que los shinobis pudieron ver al pequeño bebé mismo que, cargado por su padre, era llevado a la ceremonia que se realizaba en su honor. Pequeño y frágil es como hubiese sido descrito de preguntarle a Temari, ya que hacía años que no veía un bebé probablemente desde que Gaara era pequeño. Por otro lado, Shikamaru había visto crecer a Hitsuke por lo que su apreciación fue un poco más enriquecedora que la de su compañera. El azabache de inmediato distinguió que los ojos y rostro de criatura se asemejaban a las de su padre mientras que su corto cabello y tez blanquecina eran herencia de su madre.
-Atención –pidió una voz potente acallando a la multitud que tan gustosamente se había aglomerado en el jardín imperial para conocer al pequeño. Dicha voz pertenecía al estratega del País de las Aves, quien dando un paso adelante se dirigió al público clamando por silencio– hoy se cumple un año desde el nacimiento de nuestro siguiente Daimyo, reciban respetuosamente a nuestro pequeño príncipe –solicitó provocando una ovación por parte de la muchedumbre, de donde provinieron elogios y aplausos.
Toki y Shima se acercaron al borde del balcón con su hijo entre brazos mientras que el emocionado Komei volvía atrás para presenciar el ritual junto con los señores feudales del País del Fuego y sus guardaespaldas.
-No puedo respirar con este atuendo –acotó por lo bajo la Sabuko No sintiéndose incomoda a pesar de la suavidad de la tela– el obi está muy apretado.
-Resiste un poco Temari-san –pidió amablemente Nanami mientras la voz de Toki retumbaba por todos lados. Luego miró de reojo a su guardaespaldas y esbozo una pequeña sonrisa antes de elogiarla– te ves preciosa.
Es fácil decirlo pero creo que voy a reventar –caviló la domadora de viento evitando moverse más de lo estrictamente necesario para ahorrar energías y no perder por completo el aliento.
-Esta formalidad no debería durar mucho más de diez o quince minutos ¿estarás bien hasta entonces? –Indagó el Nara sabiendo que no estaba en él la capacidad de aplacar la incomodidad de la dama de ojos verdes.
-Creo que sí –murmuró la rubia mentalizándose de que solo eran unos minutos más.
No obstante, en medio del discurso de la señora feudal, ciertos hombres encapuchados que se encontraban entre la agitada multitud se abrieron paso hasta ubicarse lo más cerca del edificio posible y, estando a buena distancia, treparon por las paredes hasta llegar al palco donde los monarcas se encontraban.
La muchedumbre se quedó expectante y aturdida y, aunque los guardias allí presentes atinaron a intentar capturar a los intrusos, los malhechores mostraron habilidades superiores al eludirlos sin mayor esfuerzo. Una vez que ya nada se interponía entre aquellos hombres con habilidades ninja y el primogénito los shinobis supieron que deberían actuar. No obstante, ni siquiera tuvieron tiempo de moverse, puesto que el pequeño Jikan fue rápidamente arrebatado de los brazos de su padre sin que éste pudiese siquiera resistirse.
-Las cinco naciones y sus aliados caerán –sentenció uno de los secuestradores arrojando una bomba de humo en el balconcillo.
Todo sucedió tan aprisa que para cuando Toki pudo gritar con desesperación los encapuchados ya emprendían la huida del lugar. Temari vió esto como la oportunidad idónea para ponerse más cómoda, después de todo ahora tenía excusa. Así que aflojando su obi y rasgando levemente su kimono para poder desplazarse con mayor facilidad, tomó su el pergamino que llevaba en aquel bolsillo destinado a su maquillaje y rápidamente invocó su abanico.
-Kamaitachi no Jutsu –exclamó la rubia seguidamente para apartar la humareda y recobrar visión.
-Quédense aquí –ordenó Shikamaru a los alterados nobles para inmediatamente después saltar del balcón al igual que su novia y darse a la tarea de perseguir a los delincuentes.
Una vez abajo, los shinobis supieron que necesitarían elaborar algún procedimiento puesto que la alborotada concurrencia dificultaba la búsqueda de los raptores. Afortunadamente, la guardia real se hizo presente de inmediato para evacuar a los civiles y dar caza a los ninjas rebeldes.
-¡Demonios! –Se quejó la hermana del Kazekage para luego afirmar– los perdimos.
-No creo que vayan a huir, esto no se trata de un secuestro normal ellos quieren probar algo –estableció el azabache al considerar las circunstancias bajo las cuales los hombres habían decidido actuar– de seguro estarán esperando a la guardia de Toki-sama en la puerta principal.
Dicho esto, ambos se apresuraron a llegar a aquel lugar y cuál sería el acierto de Shikamaru que no solo los responsables de apartar al bebé de sus padres se encontraban allí cargando al pequeño que se hundía en llanto sino que, además, estaban bien acompañados por una gran cantidad de cómplices.
A los pies de estos bandidos, varios guardias yacían heridos en el suelo. Evidentemente, una desigual batalla se había llevado a cabo en los límites entre el palacio del Daimyo de la Aves y los vencederos habían sido obvios.
-¿Dos refuerzos? –preguntó uno de los maleantes.
-Tiene que ser una broma –acotó otro con sorna mientras el líder de la pandilla se limitaba a medir a los shinobis en silencio.
-Ya que nos hicieron correr hasta aquí podríamos devolverles la gentileza –sugirió Temari con una aterradora sonrisa en los labios para luego buscar la complicidad de su compañero– ¿no lo crees?
-Sí, es su turno de ver nuestras espaldas –concordó Shikamaru y, al cruzar miradas ambos comprendieron perfectamente qué era lo que pasaba por la mente del otro, por lo que se limitaron a proceder en base a eso– Kagemane no Jutsu –exclamó el azabache atrapando al sujeto que tenía consigo al futuro Daimyo para inmediatamente después comenzar a correr de vuelta hacia el jardín de la mansión donde la ceremonia había sido interrumpida, forzando al hombre a imitarlo mientras Temari cuidaba la espalda del desafortunado secuestrador para evitar que sus cómplices se les acercaran y tomaran al bebé.
Una vez que se encontraron bajo el balcón donde aún permanecían los nobles, los ninjas se percataron de que los guardias se habían encargado de evacuar a la totalidad de los civiles hacia otra área del palacio. Fue entonces que el estratega obligó al bandido a entregar a Jikan a la embajadora, quien ascendió hasta el palco para depositarlo en los brazos de su madre y prontamente volvió a bajar para ver como los refuerzos del forajido llegaban al jardín real.
-¿Cuál es el plan genio? –cuestionó la dama de ojos verdes confiándole la estrategia a su novio al saber que los guardias reales no estaban en condiciones de prestar ayuda alguna.
-Como nos superan en número creo que lo mejor sería desmotivarlos un poco primero –opinó el azabache clavando su vista en el único entre ellos que portaba un atuendo un poco diferente al de los demás.
-Oh… entiendo –exclamó ella visualizando a aquel líder que tan sereno había permanecido– ¿me abres camino? –indagó desplegando las tres lunas de su abanico.
-No podría ser de otra manera, un caballero no puede dejar a una mujer sola en una situación como esta –exclamó el shinobi de Konoha carismática y elocuentemente para luego realizar unos cuantos sellos de manos– Kagezukami no Jutsu –exclamó mientras su sombra se alargaba alcanzando la de sus oponentes y, maniobrándola con facilidad, levantó a los legítimos dueños de aquellas sombras por los aires para colisionarlos unos con otros mientras la dama de la Arena corría a toda velocidad, ignorando a los malhechores para concentrarse únicamente en su objetivo final.
Cuando a Temari solo le faltaban cuatro pasos para llegar al corpulento líder de bandidos realizó el sacrificio de sangre requerido y aprovechó la corta distancia para procurar un potente golpe– Dai Kaimatachi no Jutsu –exclamó mientras de su abanico salía expulsado Kamatari, quien guiado por una potente correntada, realizó múltiples cortes de profundidad con su kama intensificando las fisuras que el sujeto recibía por la incesante ráfaga de viento.
A pesar de ser notoriamente más alto que Shikamaru, el delincuente se desplomó en el suelo sin ser capaz de oponer resistencia. Es verdad que el ataque de Temari había sido tan rápido como letal pero ambos guardaespaldas supieron que algo andaba mal cuando el resto de los delincuentes se mostraron apacibles ante tal situación y eventualmente se pusieron a la defensiva como si nada hubiese sucedido.
-Shikamaru –exclamó la embajadora queriendo indicarle que debía prepararse para el combate puesto que las cosas no se resolverían fácilmente.
-Ya sé, mujer –respondió el estratega antes de que ella pudiese decir algo más– Kage-Kubishibari no Jutsu –exclamó apresando a aquellos oponentes que se encontraban cerca de él para proceder a inmovilizarlos mientras Temari volvía a mover su abanico generando una nueva correntada para que Kamatari se deslizara con su hoz cortando las cabezas de los estáticos guerreros.
-Su forma de pelear, nunca había visto algo así –mencionó Toki pasmada mientras se aferraba con fuerzo a su hijo sin poder detener el llanto de éste– Mis guardias no tienen esa bravura ni sincronía. ¿Tanto aprecian sus vidas? –cuestionó sin poder comprender lo que sucedía.
-Oi –exclamó Shikamaru percatándose de que Temari estaba por ser atacada por la espalada para luego utilizar su Kagemane en la dama y apartarla al obligarla a imitarlo procediendo sin piedad a empalar a los agresores de la kunoichi con su sombra.
-Baka –calificó la Sabuko No puesto que, al liquidar a aquellos hombres, el shinobi de las sombras dejó una abertura arriba de sí mismo, misma que fue aprovechada por un adversario para asegurarse de golpear al Nara, o eso creyó. Ya que, antes de que el maleante pudiese encontrarse con el cuerpo del azabache, la dama de ojos verdes fue liberada del Kagemane y no dudó al desaparecer en su abanico para reaparecer detrás del agresor, golpeando fuertemente en la cabeza con el revés de su abanico cerrado– concéntrate en lo tuyo –regañó ella colocándose de espaldas a su novio sin divisar la sonrisa que se posó en los labios de éste.
-Míralos bien, a ellos no les importa lastimarse o morir –observó Nanami conmovida por la devoción que mostraban al batallar juntos– Solo quieren proteger al otro y pelan con esplendoroso vigor para lograrlo –agregó sin percatarse de que Toki entreabrió los labios sin poder hacer comentario al respecto debido al asombro que la invadió– Tanto el astuto y meticuloso estratega como la poderosa y valiente guerrera saben que no serían nada sin el otro.
-Mendokusei, son persistentes –acotó el shinobi de Konoha al observar que los bandidos no tenían pensado escapar y, uniendo su sombra a la de la hermana del Kazekage, inquirió– ¿qué tal un poco más de sincronía?
-¿Me estas pidiendo ayuda vago? –cuestionó la dama de dos coletas rubias con sorna, portando una maliciosa sonrisa en los labios mientras volvía a desplegar su abanico al ver cómo eran rodeados por el enemigo.
-Me estoy cansando, problemática –argumentó él como si eso fuese excusa mientras alejaba a aquellos hombres que se acercaban a ellos al estirar sus sombras como si se tratase de infinitos látigos mediante su Kage Nui no Jutsu.
Temari se llevó dos dedos a la boca para producir un agudo silbido y posteriormente alertó a su invocación que aún se encontraba rondando el campo de batalla– ¡Kamatari! –exclamó ordenándole a la comadreja que volviese a ella, cosa que el animal hizo pero no sin antes girar alrededor de la kunoichi con la que había realizado su contrato y el compañero de ésta, decapitando a cada hombre que se interpuso en su camino para finalmente saltar contra el abanico de la dama deshaciendo la invocación en una nube de humo blanco.
-Que mala suerte tuvieron estos hombres –exclamó soberbiamente el señor feudal del Fuego soltando una potente carcajada de orgulloso, vanagloriándose del shinobi que la aldea ninja de su país había formado– no podrían haber elegido un peor momento para sublevarse.
-Ciertamente son magníficos –opinó Shima un tanto boquiabierto.
Lo presentí la primera vez que los vi actuar en conjunto en los exámenes Chunin, y ahora puedo comprobarlo –pensó Nanami con una sonrisa en los labios– Cuando la sombra de esos dos se fusiona la verdadera fuerza del sabio y la valiente emerge, ese poder es el que ahora mismo está defendiendo un castillo completo se presentó ante mí con tanta naturalidad que ni siquiera fui capaz de retener mi propio aliento.
-Tsk, será mejor que terminemos con esto de una vez –opinó con cierta molestia Shikamaru retirando algunos sellos explosivos de su chaleco– ¿lista?
-Lista –exclamó Temari comprendiendo el plan de Shikamaru.
Inmediatamente después, el shinobi de las sombras arrojó un kunai atado a un sello explosivo a un lugar estratégico, provocando así que los hombres lo esquivaran forzados a moverse en cierta dirección. Sin embargo, los malhechores se sorprendieron al ver que el papel bomba no estallaba y cuando volvieron a ponerse en guardia ya era demasiado tarde.
El Nara los había arrinconado de forma tal que la Sabuko No pudo apresar a todos ellos dentro de una poderosa correntada de aire cortante gracias a su Kamaitachi no Jutsu. Y una vez que los enemigos se encontraron girando sin cesar dentro de tal técnica, el azabache de una coleta arrojó una serie de papeles bomba amarrados a shurikens para que conservaran estabilidad dentro del tornado, explotándolos en el interior del Jutsu de la rubia para intensificar el daño.
Habiendo vencido con la combinación anterior a la mayor cantidad de bandidos, uno por uno los intrusos restantes fueron cayendo. No obstante, parecían estar interesados en combatir dentro de las cercanías del cuerpo inerte de su líder, algunos hasta se arrastraban para dejarse caer allí, así una belicosa danza se llevó a cabo en aquel lugar en particular.
El último en sucumbir ante las armoniosas combinaciones del shinobi de Konoha y la kunoichi de Suna exclamó como últimas palabras– en nuestra muerte él encontrará nueva vida.
-Estoy exhausto –exclamó el ninja táctico llevándose ambas manos a los bolsillos después de vencer al último de los bandidos.
-No te quejes, la verdad es que no dieron mucha pelea –regañó la rubia, un tanto sorprendida de que así sea.
-Es verdad –concordó el Nara emprendiendo el camino hacia el palco y no fue sino hasta el momento en que la dama de verdosos ojos quiso imitarlo que notó que su pie estaba enredado en algo. Sin embargo, al mirar más de cerca, se percató de que una enorme mano la sostenía desde el tobillo.
-¿Qué rayos…? –iba a preguntar la domadora de viento sin ser capaz de hacerlo al observar como una silueta de gran tamaño se ponía de pie de entre los cuerpos sin vida. Se trataba del primer caído, el líder de aquella banda de malhechores, mismo que no solo se encontraba con vida sino que todas sus heridas habían sanado misteriosamente– ¡Shikamaru! –Llegó a gritar para alertar al genio de la Hoja antes de que un fuerte golpe propiciado por el hombre y detenido por el abanico de acero de la dama, marcara la diferencia entre ser expulsada varios metros hacia atrás de ser aplastada en el acto.
-¡Temari! –exclamó el domador de sombras tan aterrado como enfurecido mientras a rápidamente volvía hacia su oponente para arrojarle un kunai atado a un papel bomba al sujeto.
El arma de hierro se estampó limpiamente en el pecho del secuestrador y, al detonar el explosivo, la pólvora quemó la piel del invasor y generó una pequeña nube de humo. No puedo explicar cuál sería la sorpresa e incredulidad que se apoderaron de los presentes en ese momento cuando al disiparse la polvareda el ninja renegado no solo seguía de pie sino que además parecía no haber percibido el daño que su cuerpo recibió. Era como si estuviesen en presencia de un guerrero sin alma.
-Imposible –calificó Komei aun desde el balcón donde observaba la batalla junto a los nobles.
-¡¿Qué significa esto?! –indagó Shima abrumado y despavorido ante tal suceso.
Y, a pesar de lo espantoso de la situación, aquella reacción por parte del adversario le dio la pauta al Nara sobre la necesidad de llamar su atención para que la Sabuko No ya no fuera un blanco de ataque. Por aquella razón, primeramente lo detuvo con su Kagemane para luego corroborar lo más importante– Temari ¿estás bien?
-Ahora han de empezar a pelear seriamente, justo cuando están exhaustos –acotó Toki viendo el espectáculo con angustia mientras encomendaba el cuidado de su hijo a su marido ya que su propio pulso había comenzado a temblar.
-Si –respondió la kunoichi de Suna ante tal pregunta y, aun aturdida, se puso de pie para fijar la vista en el bestial hombre que poco a poco comenzaba a zafarse del jutsu del Nara con mera fuerza física– sus ojos están completamente en blanco, ten cuidado, ese hombre está vivo pero no consciente.
-Ya lo noté –respondió el domador de sombras mientras su pulso comenzaba a flaquear, cediendo poco a poco ante la fuerza bruta de su oponente.
Shikamaru ya no tiene chakra –se percató la rubia apretando los dientes con fuerza mientras tomaba con firmeza su abanico lo extendía intentando dilucidar una forma de salir de aquella situación– yo no estoy mucho mejor pero, aun así, no puedo permitir que se le escape a esa distancia o será asesinado en un instante.
-¡Shikamaru, muévete! –ordenó ella recurriendo a cada gota de voluntad que había en su ser– Tsumuji Otoshi no Jutsu –manifestó para luego enviar una ráfaga de viento que elevó al corpulento ninja por los aires y, cambiando la dirección del viento con su abanico, la presión de aire descontente se cuadriplicó produciendo que el sujeto cayera más estrepitosamente más aprisa de lo normal, estrellándose fuertemente contra el piso. En condiciones normales, la técnica realizada le hubiese roto una gran cantidad de huesos a cualquier persona normal. Pero tanto la kunoichi de Suna como el shinobi de Konoha sabían bien que no estaban frente a una persona normal.
El delincuente, o lo que quedaba de su espíritu, se puso de pie al cabo de unos instantes mostrándose notoriamente más lento. A pesar de esto, los guardaespaldas no contaban con el tiempo necesario para reagruparse ya que en pocos segundos los ojos del hombre se tornaron negros como la más oscura de las noches y, mientras un espantoso alarido salía de su boca, sus energías parecían renovarse como si estuviese recurriendo a una reserva mágica de siniestro chakra.
-Inmovilicémoslo –sugirió Shikamaru retirando de su porta shurikens un poco de alambre sin poder terminar de concluir la tarea ya que a toda velocidad y con indomable fuerza, el malhechor se abalanzó hacia el azabache, quien logró esquivar el puñetazo pero no el golpe que le siguió y fue propiciado con el revés de la mano del bandido.
El cuerpo del Nara rebotó contra el muro de roca como si de la cosa más frágil del mundo se tratase y, aprovechando que éste había perdido el conocimiento momentáneamente, el secuestrador decidió exterminar al más astuto de sus contrincantes. Sin piedad alguna, el colosal adversario junto y cerró los puños para posteriormente estirar sus brazos hacia arriba, buscando impulso para acabar con el shinobi de un solo y fatídico golpe.
-Renku Yosen no Jutsu –gritó con desesperación la domadora de viento generando un ciclón guiado que apartó al peligroso oponente del azabache, y sin ser capaz de aplacar su ira arrojó al musculoso hombre contra una columna decorativa de cemento que se partió a la mitad instantáneamente, cayendo dichos escombros sobre el bandido.
Por primera vez en mucho tiempo, la kunoichi más cruel del mundo estaba realmente furiosa. Ni siquiera le importó que el brutal maleante estuviese plenamente consciente y en condiciones de pelear, ella solo quería destruirlo por sus propios medios por haber osado lastimar al shinobi de las sombras. Con nada más que esto en mente, la dama de ojos verdosos siguió caminando hacia el sujeto quien aguardó por ella con calma y solo cuando estuvieron frente a frente, el hombre transformó su brazo derecho en una cuchilla filosa y larga como un kodachi con la cual asestó un corte en la cintura de la dama.
No obstante lejos de inmutarse por esto, la Sabuko No expandió su abanico, mismo que abierto en toda su gloria no llegaba a tocar al hombre y ya sin chakra realizo su antiguo jutsu centrado en el brazo modificado del hombre– Kamaitachi no Jutsu –exclamó sintiéndose pesada y cansada.
Además de provocar intensos cortes en varias partes del cuerpo debido a la cercanía, la técnica logró cortar la carne del brazo del sujeto hasta llegar al hueso, desprendiendo el antebrazo del resto de su cuerpo y expulsándolo hacia atrás para ver como volvía a incrustarse contra la base de la previamente destruida columna ornamental.
Lamentablemente, el instante que sobrevino a aquel giro en la batalla prontamente fue desvanecido. Si bien, el brazo dañado no se regeneró, el guerrero utilizo su mano izquierda para levantar a la debilitada dama desde el cuello. Mientras sus pies colgaban en el aire y el oxígeno de sus pulmones se agotaba Temari cayó en la cuenta de lo que había sucedido y de cuan imprudente había sido. Se criticó el haberse dejado llevar al ver caer a Shikamaru y como, en los momentos consiguientes, se comportó de manera irresponsable y esporádica.
Y cuando pensó que todo terminaría escuchó la voz del Nara, que llena de angustia y entrecortadamente exclamaba– Kage Onishibari no Jutsu –tras pronunciar aquellas palabras, desde la sombra de la dama emergieron pequeñas de sombras en forma de manos, mismas que se enredaron en el robusto cuerpo con fuerza inmovilizando a su presa al paso. Al llegar al brazo que sostenía el maltratado cuello de la kunoichi de Suna, los dedos del opresor se abrieron instintivamente ya los nervios fueron estrangulados hasta lo absurdo por sobre la piel.
Una vez que la rubia se encontró libre del agarré de su captor, su cuerpo cayó al suelo y fue entonces que se percató de que la sombra de Shikamaru jamás se había unido a la de ella, sino que de ella misma emergía el ataque del Nara.
¿Cómo es posible? –Se preguntó anonadada y, como si su cuerpo buscara darle la respuesta, instintivamente se llevó la mano derecha a uno de los pendientes que colgaban de sus lóbulos– ahora que lo pienso Maki dijo que había chara en ellos.
La misma técnica que el Nara solía utilizar para alargar su sombra llenando de chakra un kunai había sido aplicada en los pendientes de le había obsequiado a la Sabuko No. La única diferencia es que ahora no necesitaba que el objeto se incrustara en una sombra para poder ser útil, simplemente tomaba prestada la sombra de la dama de la Arena como si le perteneciera.
Y mientras Temari difícilmente podía creer lo que ahora se hacía evidente ante sus ojos, Shikamaru aprovecho la vista directa del enemigo, que ahora tenía y antes había sido bloqueada por el cuerpo de la rubia, para estirar sus dedos índices y pulgares dibujando con ellos una ventana. Al mirar por aquella ventana, mientras concentraba sus últimas reservas de chakra en la cabeza del bandido, las sombras se retrajeron completamente sobre la zona vislumbrada para proceder a aplastar el cráneo del hombre.
Creo que no fui la única que exageró –caviló la domadora de viento riendo un poco por lo bajo mientras era salpicada por la sangre del hombre y, al recobrar la seriedad, se puso de pie para volver a pensar en los aretes de Shikamaru y el verdadero significado de ellos que ahora emergía tan claramente.
Temari no pudo hacer otra que voltearse a ver al domador de sombras con una cálida sonrisa y una mirada serena y, sin titubear, comenzó a apresurar el paso para no prolongar su reencuentro.
Viéndola correr hacia mí de esa forma, con esa gran sonrisa –pensó Shikamaru al ver que su compañera estaba a salvo– hace que me sienta sumamente feliz pero…
-¡No vuelvas a hacer eso ¿entiendes?! –Reprendió duramente el azabache conteniéndose de abrazarla al saber que estaban siendo observados– Casi me matas del miedo –escupió con impotencia por lo débil que se sintió al despertar y ver como la rubia cortaba el brazo de su oponente solo para ser apresada desde el cuello.
Sin embargo la verdadera sorpresa invadió al domador de sombras cuando, en lugar de un contraataque o un comentario sarcástico, recibió una enorme y caótica sonrisa. Esa misma mueca que en la rubia era rara y maravillosa logró dejar sin argumentos al moreno.
-¡Oi! ¿Están bien? –cuestionó un guardia volviendo hacia donde los shinobis estaban, seguido por otros dos que escoltaban a los nobles.
-¿Dónde están los ciudadanos? –indagó la embajadora recordando a la muchedumbre.
-Los hemos evacuados hacia el interior del palacio, todos están a salvo –informó un capitán quien había tomado parte activa en la evacuación de los pobladores para que nadie quedara atrás.
-Esto es horrible, horrible –repetía Toki encontrándose en un estado catatónico, y aun temblorosa agregó– ¿cómo puede haber pasado algo tan terrible en mi palacio?
La Sabuko No intervino de inmediato sin darle tiempo a alguien más para consolarla. Por lo que caminó hasta la Daimyo mientras veía como el rostro inmaculado de la magnate se distorsionaba al verla aproximase a ella.
-¡No te acerques estas… estas… bañada en sangre! –gritó la dama de largos cabellos violeta escandalizada y fue entonces que Temari la tomó por el cuello del kimono y le proporcionó una no tan potente bofetada, pero suficientemente intensa como para obligarla a torcer la vista.
-¿Qué clase de reina eres? –preguntó la Sabuko No con la misma soberbia que Toki había empleado horas antes para cuestionar el desempeño de la rubia como princesa– Ahora es cuando reúnes a la gente en lo que queda de tu jardín y sales a ese ostentoso balcón que tienes para decirles que todo está en orden, que los invasores han sido reprimidos sin que un solo civil fuese herido –ordenó autoritariamente la dama de ojos azul verdosos penetrando en el alma de la señora feudal con la mirada para luego agregar– y que, sin importar cuantos vengan a quebrantar la paz de tu país, tú los protegerás a pesar de lo desfavorable que las circunstancias puedan ser, tú los repelerás a todos porque para eso los gobiernas, su seguridad es tu responsabilidad –estableció y tan solo entonces la dirigente pudo dejar de temblar– así que deja de llorar y ve a decírselos de una vez.
-H-Hai –exclamó la joven mujer, buscando serenarse para llevar a cabo tal tarea de la mejor forma posible– iré ahora mismo, ven conmigo Shima –le pidió a su esposo quien aún cargaba a su primogénito habiendo logrado que el llanto de éste cesara.
No obstante, ni bien los señores feudales del País de las Aves se retiraron, Temari no pudo seguir soportando el pronunciado y agudo dolor en su abdomen y, sin poder resistirse, se desvaneció.
-¡Por Kami-sama, Temari-san! –exclamó con preocupación Nanami mientras Shikamaru la atrapaba antes de que su cuerpo golpeara el piso.
-¡Oi Temari! –Llamó el azabache sin poder despertarla queriendo creer que solo estaba agotada y entonces se percató de que la sangre en su obi no era ajena– aguanta baka, ¡¿por qué demonios tenías que exponerte así?! –cuestionó mientras su corazón se encogía.
-Necesita atención médica de inmediato –dictaminó el señor feudal del País del Fuego.
-El doctor de la familia real se encuentra dentro del palacio –informó Komei apresurando el paso para guiarlos.
-Dime donde está –exigió Shikamaru cargando a la rubia con el objetivo de adentrarse en la mansión lo más pronto posible, siguiendo de cerca al estratega del Pais de las Aves.
-Por allí, al final del pasillo, en aquella habitación –indicó el hombre, dando indicaciones sin aire en los pulmones y sin ser capaz de seguir corriendo.
El domador de sombras irrumpió en la habitación sin siquiera pedir permiso con una angustiosa suplica atravesada en la garganta– ayúdela, por favor –solicitó al hombre que allí se encontraba.
El sujeto se apresuró a desocupar las cosas que cubrían la cama que en el medio de la habitación yacía y con señales de mano pidió al shinobi que depositara allí a la herida kunoichi. Después de retirar el obi y entreabrir el kimono de la dama, el doctor se dispuso a revisar su cuerpo encontrando velozmente la lesión. Después de una expresión seria que con naturalidad se había dibujado en el rostro del médico, sobrevino una más bien neutral al constatar que, si bien el corte no era profundo, la kunoichi había perdido mucha sangre.
-No te preocupes, no es nada grave –aseguró el señor abriendo un poco más el kimono de la guardaespaldas para trabajar con mayor comodidad y, tomando unas cuantas hiervas medicinales y esparciéndolas por sobre la herida para luego aplicar una especie de ninjutsu médico, manifestó– solo estará un poco débil por la pérdida de sangre pero no es nada que un día de descanso y buena alimentación no puedan arreglar.
-Baka –masculló con marcada molestia el Nara sintiéndose aliviado.
-Te dio un buen susto ¿verdad? –bromeó el hombre mientras vendaba la cintura de la hermana del Kazekage.
-Le sorprendería saber cuánto disfruta hacer eso –se quejó el ninja táctico arrancándole una carcajada a su interlocutor.
-Sé bien que hablas, muchacho –soltó el médico mientras cubría a la mujer con una manta– deberás dejarla descansar por hoy, mañana podrás visitarla –acotó el afable caballero mientras escoltaba al moreno hasta la puerta– ahora que lo pienso, ¿tú no estás herido?
-Estoy bien, gracias doctor –se despidió el shinobi con una respetuosa reverencia que recibió a cambio un ademán de manos que le quitaba importancia a los servicios prestados. Al salir del cuarto notó que alguien allí afuera esperaba por él– ¿Nanami-sama?
-Oh Shikamaru, dime ¿cómo esta ella? –indagó la mujer con genuina preocupación.
-Está bien, solo debe descansar por hoy –explicó el estratega para luego curiosear sin reserva– ¿usted no debería estar presenciando el discurso de Toki-sama?
-¡¿Cómo podría con Temari-san en ese estado?! –Cuestionó la noble aun angustiada al recordar el momento en que la rubia se desmayó– además para eso está mi marido –aminoró dejándole la carga al Daimyo del Fuego.
Shikamaru no pudo hacer otra cosa más que sonreír. No era natural que las personas de la nobleza sintieran empatía y, aun así Nanami no tenía intenciones de moverse de aquel lugar hasta que alguien le garantizara que su guardaespaldas estaría bien.
-Usted le tiene aprecio ¿verdad? –preguntó el vago de la Hoja dejando en evidencia a la mujer quien no se acobardo ante tal comentario.
-Toki-chan pensó que podría enseñarle a Temari-san como ser una princesa pero terminó siendo fue Temari-san quien terminó dándole una lección –manifestó Nanami dejándole entrever la conversación de mujeres que se había llevado a cabo esa misma tarde– yo creo que eso dice mucho de Temari-san.
-Ella siempre es así, llega a tu vida como un huracán y no se va sin dejar huellas –comentó el domador de sombras.
-Tu humor cambió rápidamente cuando viste que estaba herida –señaló Nanami con su ya característica picardía– antes de eso solo la regañabas por imprudente que había sido pero cuando notaste que sangraba la sermoneaste porque estabas asustado.
-No se le escapa nada –acotó el shinobi ganándose una orgullosa sonrisa por parte de la dama.
-No tienes que decirlo si te molesta hacerlo pero ella despierta algo en ti ¿verdad? –cuestionó ella con ilusión esperando escuchar que sus sospechas eran ciertas.
-Temari es despiadada, sus ojos honestos no te permiten refugiarte tras excusas triviales e incluso la imagen de su abanico desplegándose no me deja rendirme –comentó él rascándose la cabeza en señal de vergüenza para luego recobrar la confianza y continuar con mayor sinceridad– es verdad que rara vez encuentro motivación para hacer las cosas que tengo que hacer pero, cuando estoy con ella, siento que tengo que dar lo mejor de mí siempre.
-Es una tragedia que la semana de los mil vientos vaya a realizarse y sinceramente no entiendo por qué –se quejó la esposa del Daimyo del Fuego para luego afirmar– tú la quieres y ella te quiere a ti.
-El concejo de Suna no ve las cosas con tanta claridad como usted –explicó vagamente el Nara mientras su interlocutora movía la cabeza hacia los lados como decepcionada de los gobiernos contemporáneos.
-Realmente espero que ganes la esa aberrante competencia –deseó ella con una cálida mirada– sería muy triste de otro modo.
-Arigato, Nanami-sama –respondió el estratega apreciando sinceramente la bondad del corazón de Nanami– ganaré sin importar cuanto tenga que esforzarme.
Ninguno de los guardaespaldas que ese día defendieron la mansión de la señora feudal podría asegurarlo ya que no estuvieron presentes en ese momento, pero se dice que el discurso que Toki emitió esa tarde fue inspirador y conmovedor.
A pesar de la emoción y unión que acompañó la jornada, cuando la gente se dispersó, la pelimorada no pudo evitar buscar a los guardaespaldas para agradecerles y grande fue su sorpresa al enterarse mediante el comentario de su médico personal que Temari estaba herida. La angustia volvió a ella como si nunca se hubiese retirado en primer lugar y junto a la puerta de aquella habitación que era utilizada como enfermería, la monarca encontró al ninja de Konoha aguardando el despertar de su compañera aun sabiendo que no tenía permitido entrar a verla.
-Ahora lo recuerdo –le comentó Toki a Shikamaru parándose frente a él– en ese momento, ese horrible hombre transformó su brazo en una especie de katana y atacó a Temari-san, sin embargo no pudimos ver bien la situación porque el ángulo en el que estábamos era desfavorable.
-Debería mantener el cuerpo de ese tipo en un lugar sellado –sugirió el Nara considerando lo inconveniente que sería que resucitase– no creo que vuelva a revivir pero ser precavido no estará de más.
No era la primera vez que Shikamaru se enfrentaba a un inmortal por lo que conocía el procedimiento y los recaudos que eran necesarios tomar. Toki, por su parte, estaba más que predispuesta a seguir el consejo que el salvador de su familia, su gente y su palacio le daba.
-¿Cómo es posible que haya revivido? –preguntó la dama de largos cabellos violáceos aun desconcertada.
-Estimo que se trata de algún ninjutsu prohibido –anunció el azabache para luego especificar– si se fija bien, notará que hay rastros de sangre en el lugar donde la mayoría de sus aliados cayeron –su interlocutora pareció recordar la situación con más detalle al escuchar cada palabra que Shikamaru pronunciaba– ubicación que convenientemente estaba cerca del cuerpo de este hombre.
-¿Crees que se apoderó de su sangre para revivir? –cuestionó la Daimyo ante la insinuación del Nara.
-No solo eso, revivió como un hombre con cualidades sobrenaturales –declaró el domador de smbras para luego diferenciar sus dos muertes– cuando Temari lo atacó por primera vez, ella logró asesinarlo sin mayor esfuerzo pero la segunda vez que lo enfrentamos su cuerpo era notoriamente más resistente y era, además, incapaz de sentir dolor alguno por lo que asumimos que estaba en trance.
-Que temible –soltó Toki mientras un escalofrío trepaba por su columna vertebral– pobre Temari-san, hablé con nuestro médico y me comentó que deberá dormir en la enfermería por hoy.
-Esto no es nada para ella –mitigó el azabache confiando plenamente en la tenacidad de su novia– esa mujer es mucho más fuerte de lo que parece.
-Lo sé, la subestime injustamente y sentí que era mi deber reencauzar su curso cuando en realidad era yo quien se había desviado del camino –se criticó a sí misma la monarca para luego establecer– deberé agradecerlo cuando despierte pero, por ahora, te diré algo que quizás te interese.
-¿Huh? ¿De qué se trata Toki-sama? –cuestionó él al ver que el semblante de la Daimyo había mutado para tornarse travieso.
-El cuarto donde está ahora Temari-san tiene una buena vista de un pequeño jardín japonés tradicional –informó la mujer con cierta picardía en sus palabras– quizás quieras visitarlo ya que, si aguardas allí pacientemente, puedes escuchar las campanas del templo de la ciudad marcando la hora.
-Ya veo –comprendió de inmediato el ninja intentando no inmutarse mientras sus mejillas se encendían levemente– gracias por la información.
Al caer el sol, la luna llena tomó protagonismo en aquel cielo estrellado que el Nara observaba desde el jardín japonés de la señora feudal. Ni un alma se escuchaba por los rincones del palacio y el silencio generó la ilusión de soledad. Hacía casi una hora que el tiempo de descanso había tomado lugar en la mansión y, aun así, un hombre seguía haciendo guardia, reusándose a tal merecido, apreciado y ansiado descanso que hubiese relajado su cuerpo pero no su mente, ya que sus pensamientos estaban llenos de ella.
Ella, quien tan valientemente había luchado a su lado, se encontró a sí misma despertando en medio de la oscuridad en una habitación que nunca antes había visto. Se quejó levemente al sentarse en su cama ubicada sobre el tatami y en el centro de la habitación. Observó que su cintura estaba vendada y, por ello, su movilidad reducida. Lo que no imagino fue que los casi imperceptibles sonidos que ella había emanado, alertaron y alegraron a su custodio, mismo que aún no tenía permiso de mostrarse o verla.
Por esa razón, y para que la rubia se encontrara a gusto en una situación donde normalmente nadie podría sentirse así, Shikamaru comenzó a silbando aquella canción que ambos habían escuchado tocar a Yukata en la taberna de su tío, esa misma canción que la Chunin tocó para ellos ahora le informaba a Temari que él estaba allí, afuera, cuidando de ella aunque ella no lo pueda ver.
No hay nadie más que pudiese conocer esa melodía aquí –pensó la kunoichi de Suna sonriendo levemente– el sonido de su rítmico silbido hace que el mundo se vuelva sorprendentemente brillante, incluso en una noche como esta.
-¿Qué haces allí? –preguntó finalmente la Sabuko No con voz suave.
-El doctor dice que no puedo visitarte hasta mañana –informó de estratega aun recostado en la pared de la mansión que lo separaba de su interlocutora– pero Toki-sama me contó que desde aquí se pueden oír las campanadas de la iglesia marcando la hora.
-¿Así que esperaras las doce campanadas? –intuyó casi jocosamente la dama de dos coletas.
-No tengo nada mejor que hacer –soltó el domador de sombras despreocupadamente y un instante de cómodo silencio sobrevino la dulce sonrisa que Temari no pudo mostrarle.
-Nee… ¿por qué no me dijiste lo que significaban tus pendientes cuando me los regalaste? –cuestionó la rubia directamente, pasmando al azabache quien se quedó sin habla un momento.
-Con que te diste cuenta –soltó el shinobi de Konoha recordando el momento en que su corazón casi se detuvo al ver como la vida de la dama peligraba y, justo cuando él comenzó a responderle, a lo lejos se oyó la primer campanada seguida por varias más– supongo que me pareció muy problemático lidiar con esa situación estando tus hermanos detrás de ti esperándote para volver a Suna.
Tuviste un millón de oportunidades después de eso, vago –caviló la dama de ojos verdosos desmantelando rápidamente su explicación sabiendo que había algo más– pero si querías protegerme y no sabías como, creo que elegiste la forma más bonita de hacerlo así que por esta vez pasaré por alto tu argumento de flojo.
-Así que era eso –exclamó la kunoichi de Suna sintiendo un cosquilleo en el pecho que la llevó a presionar un poco a su novio de manera involuntaria así que, cuando las campanas terminaron de sonar, ella señaló– pero ahora no están Kankuro y Gaara.
Shikamaru ingresó al cuarto por la ventana tapando la luz de la luna que quedó a sus espaldas y, una vez allí, se aproximó hasta donde Temari se encontraba para inclinarse y quedar a su altura. Seguidamente colocó sus manos sobre las mejillas de la embajadora y deslizándolas con suavidad alcanzó sus antiguos aretes, mismo que volvió a impregnar de chakra.
Luego se sentó a su lado y miró el cielo estrellado en silencio mientras buscaba el valor necesario para decir en palabras aquello que había exteriorizado mediante acciones.
Mendokusei, se me está haciendo costumbre –se criticó el pelinegro mientras su novia se disponía a observar el cielo nocturno al percatarse de que lo había incomodado sin desearlo. El ninja de una coleta la miró de reojo para percatarse de que ella no insistiría y entonces continuó aquel hilo de pensamiento– cada vez que te quiero decir algo importante le regalo algo, así sucedió con la flor del desierto y no fue diferente con esos aretes.
-No tienes que decirlo –permitió la domadora de viento afablemente al saber que él aun pensaba en aquello sin despegar la vista del cielo– yo lo entiendo de todas maneras…
-Mataku –se quejó el Nara ante el trato especial. Se sintió avergonzado al sentir como su ego era herido, puesto que un hombre no permite que una mujer se compadezca de él en ese tipo de situaciones. Así que actuando como el hombre que siempre se jacta de ser, explicó clavándole la vista– Cuando te di esos pendientes no te estaba entregando mi pasado sino que le estaba encomendando a ellos mi futuro.
Solo entonces la dama apartó la vista del firmamento para mirarlo fijamente. Sus ojos se encontraron al igual que tantas otras veces con anterioridad para reforzar aquel sentimiento que parecía crecer un poco más a cada instante. Y fue entonces que, luego de una sutil sonrisa, los labios de Temari se aproximaron lentamente a los de Shikamaru para rosarlos con dulzura y tiernamente ejercieron un poco de presión cuando los ojos de ambos se cerraron para percibir una intensa emoción que sobrepasa el sentido de la vista. Con calma y amor sus labios se amoldaron a los del otro de manera dócil y delicada para compartir desde la tibieza y suavidad hasta la respiración.
-Si conocieras algo nuevo y maravilloso sobre la persona que amas, ¿no haría eso que la amaras aún más? –cuestionó en un susurro la Sabuko No al separarse no más de uno o dos centímetros de los labios del Nara quien le respondió con un nuevo beso.
Casi como si se limitara a ser una simple espectadora, una innecesaria estrella fugaz surcó el cielo esa noche de luna llena, y digo innecesaria porque lo que Shikamaru y Temari deseaban estaba frente a sus ojos.
Nota del capitulo: Los que leyeron el Omake se estaran haciendo un pregunta, aquí la respuesta: no, no proliferan las estrellas fugaces xD Lo que sucede es que este día es el mismo día que el del Omake.
Reviews
danu: ¡Hola querida! Si fue un final triste pero su historia no termina ahí. Como bien decis ambos siente lo mismo solo que Gaara aun no lo entiende.
Como pudiste ver en este cap seguimos con ShikaTema como se debe. Oh la reaccion de Yoshino la veras una vez que Shikamaru vuelva a Konoha para prepararse para la semana de los mil vientos. Así que prometo narrarlo en detalle solo pido paciencia hasta ese momento. ¡Gracias como siempre por comentar! Besitos.
mari: ¡Hola corazón! Quizas te desagrade Yakumo porque cuando salio en el anime era odiosa, aunque despues te muestran que era porque no sabia nada de lo estaba pasando. Así que yo atribuyo ese error al tercer hokage que para variar no hace nada bien. Pero como no a todos puede gustarle lo mismo, aclaré que no era necesario leerlo, así no se amargan. Todo el mundo quiso a Nanami xD Yo tambien creo que si la discusion de Shikamaru y Temari hubiese ido en serio Shikamaru hubiese tenido que despedirse de su hombría. Pero no fueron dos capitulos de relleno juntos, y no vendran más capitulos de relleno por un buen rato así que eso solo momentaneo :D Espero que este capitulo te haya gustado en compensacion por los anteriores. Besitos!
Kaori: ahhh! no sabes lo feliz que me hizo saber que te gusto otra de mis historias :D pero empecemos por el principio: Bienvenida a mis delirios, espero que sean de tu agrado. Me alegra saber que te gusta este fic y no te preocupes porque no lo dejaré por la mitad es solo que me lleva mucho tiempo escribir los capitulos por lo que tuve que desestimar la actualizacion semanal. Ahora simplemente actualizo cuando esta listo el capitulo. Gracias por comentar! Saluditos.
loveotaku: mientras leas los pertenecientes a la trama principal no me molesta que esquives los omakes xD Oh si, el mundo acepto muy bien a Nanami porque hace lo que quiere y aprecia el shikatema como nosotras jaja Afortunadamente Shikamaru y Temari reaccionaron rapido para amoldarse a la mentira de Nanami que estaba de lo más entretenida xD no se cuando actualizaré pero quedate tranquila que será lo más pronto posible. Besitos!
