¿PUEDE SER ALGUIEN MÁS FELIZ?

La verdad es que si Belle y Mulan llegaron o no, si el resultado de estas intrigas románticas sería positivo, o si Hook volvería a ser hombre otra vez o no, algo que Emma le cuestionaba por su proceder con la bibliotecaria, es algo que ni rubia ni Regina podrían responder ahora mismo si las interrogan. El caso es que en medio de un momento de excitación general por el hecho de que hechos trascendentes en la vida de personas que no eran ellas estaban pasando o por pasar, la salvadora de Storybrooke tomó de la mano a la salvadora de Camelot y se escabulleron silenciosamente.

El caso es que Regina no tenía idea de a donde se dirigían con exactitud pero no era un sitio cercano, sino que lo suficientemente distante para necesitar caballos. La morena preguntó un par de veces a la Señorita Swan por su destino pero la mujer parecía decidida a no mencionar detalle concentrándose en el camino, el cielo, los pajarillos y el bar "Las Maraya", por delante del que pasaron y que pertenece a unas jóvenes que todos conocen. Emma estuvo como cuarto de hora reflexionando en cómo el fin de semana sería bueno para las dos chicas y los hijos de Nandito, quien por cierto era de la tripulación de Killian desde que había tenido que empezar a pagar por 2 niños todo lo que había por delante. Regina se rió ligeramente de ciertas propuestas de Emma para aumentar los ingresos aún más y con otras estuvo completamente en desacuerdo. No quieren saber, en verdad.

El caso es que Emma-sin-filtro acabaría influenciando en la vida de medio mundo por allí donde pasaba. Esto de haber salido del armario la volvió alguien imposible de no notar por más de medio minuto. No era la oscuridad, no, era que Emma siempre fue así pero sus miedos y sus inhibiciones le impedían expresarse con interés. Eso o habían cambiado el autor/autora de esta historia en algún punto, y esta nueva persona que re-escribía su historia no tenía todas consigo. O bien, le gustaba mofarse mucho del resto del mundo con Emma como vehículo. Pero para ser una historia donde Emma no tenía temor del ridículo ni capacidad para guardar silencio sin corromper mentes y corazones, tenía que reconocer que no cambiaría a Emma por nada del mundo, ni por la anterior versión que se guardaba sus fantasías para ella misma, ni por ninguna otra con sistema de depuración verbal o algo parecido.

Regina llevaba más de un año siendo demasiado feliz para cambiar nada. Emma era detallista, encantadora y lo suficientemente pervertida para llamar su atención siempre que se proponía hacerlo. Puede que a veces la metiera en aprietos con sus ideas extravagantes pero la protegía de cualquier amenaza y no duda un segundo en defenderla. Confiaba en ella como nunca nadie había confiado. Nunca la ponía en dudas. Simplemente secundaba sus decisiones y sus dichos sin preocuparse de corroborar nada más. Nadie la había tratado nunca de esa manera si no fuera por la fuerza. Nadie nunca le había sonreído solo por el hecho de mirarla de reojo como hacía ahora mientras andaban el camino hacia donde sea que fueran. Y es que no era una sonrisa o una mirada, era complicidad. Una sensación familiar, algo propio de esas personas que se aman tanto como para serlo todo para la otra persona: amiga, esposa, amante.

Tan absorta estaba en su disertación interna que no notó dos observaciones básicas: primero, el camino ya lo conocía porque había estado allí antes; segundo, Emma llevaba un largo rato hablando del mismo tema con emoción. Se despertó a notar aquel sitio tan familiar.

-¿La encrucijada? – indagó al ver aquellos senderos angulosos en el camino.

-Ajam… la encrucijada – repuso Emma.

-No entiendo, ¿qué hacemos aquí exactamente? – preguntó Regina mirando alrededor.

-Bueno, este sitio es especial – comenzó a explicar la rubia – y además está lo suficientemente lejos de todo aquello – señaló en dirección al palacio – nadie nos interrumpirá.

-Hace una hora de viaje que estamos lo suficientemente lejos – replicó Regina y recordó un asunto que Emma alguna vez compartió con ella - esto no tendrá que ver con aquel asunto del follaje ¿verdad? – preguntó estrechando los ojos – con esa maniática fantasía que tiene desde la primera vez que estuvimos aquí.

Emma meditó unos segundos – no realmente, pero… ahora que lo mencionas – le guiñó un ojo y cuando Regina volvió a estrechar los ojos se corrigió – vale, es tentador pero no, no se trata de eso, estaos aquí por otra cosa en realidad

-¿Por qué cosa? – inquirió Regina.

-¿No te lo imaginas? – le cuestionó Emma – vengo hablando del mismo tema por casi la mitad del camino y no te imaginas lo que es.

Regina pasó su mano por su rostro pensando en cómo iba a decirle a Emma que gran parte del camino no estuvo prestando atención en lo que decía – hem ¿no? – dijo suavemente.

Emma la observó con sospecha - ¿no escuchaste nada de lo que dije verdad?

-Ah, veras – Regina no encontró la forma de suavizarlo – la verdad es que no, estaba pensando en otra cosa, ni siquiera me di cuenta que no estaba prestándote atención, lo siento.

-¿O sea que estuve hablando sola por un buen rato no? – Emma la observó divertida – oh dios, no me lo vas a hacer fácil Regina Mills ¿verdad?

-Al parecer no – la morena se encogió de hombros - ¿por qué no me lo explicas?

-En este lugar invocamos a tu madre…

-Eso ya lo sé – contestó Regina.

-Pero no es solo eso, en ese lugar por primera vez me reconociste como familia – Emma le tomó la mano – aquí, en este sitio, cuando te enfrentaste a tu madre con el argumento de que eras feliz conmigo y Henry nos reconociste como tu familia – Emma meneó la cabeza – y no te lo voy a negar jamás… me hiciste la mujer más feliz del mundo.

-Si no fuera porque ya nos hemos casado diría que vas a hacerme una proposición – le dijo Regina acariciando suavemente la mano de Emma.

-Es que es una proposición aunque no de matrimonio… pero es igual de importante – Regina la observó confusa y en silencio – cada día que David y Mary Margaret vienen a vernos te veo como disfrutas de Neal, la manera en la que tu rostro brilla es algo tan inusual, algo que yo no puedo lograr, algo que Henry puede solamente… pero él está creciendo tan rápido y yo… quiero verte brillar así otra vez…

Regina apuró aire a sus pulmones porque se habían vaciado con las últimas palabras de Emma – Oh por Dios – susurró.

-Déjame que termine – Emma le pidió silencio antes que dijera nada más – me perdí la infancia de Henry, me perdí verlo crecer así que esta proposición no es solo por ti sino que es egoístamente por mi también – se mordió el labio un momento mientras su respiración se alteraba – puedes decirme que estoy loca si eso quieres.

-Es que lo estas – repuso Regina.

Emma sonrió con una sonrisa tierna – lo sé, puede que esto sea una locura pero quiero que tengamos un hijo – confesó – quiero que tengamos uno de las dos, uno para ver crecer, para cuidar, para enseñarle lo bello de la vida y a ser buena persona – apretó las manos de Regina – uno que te haga brillar a ti como Henry lo hace, y que me dé a mí la posibilidad de vivir algo que me perdí en el pasado – tragó saliva – tú y Henry me dieron una posibilidad única, la de tener una familia, así que ahora digo… agrandemos esa fuente de felicidad y tengamos un hijo, uno de las dos…

Regina no se dio cuenta que estaba llorando hasta que las lágrimas no inundaron su visión – oh Emma – rió suavemente.

-¿Te ríes y lloras a la vez porque finalmente has entendido que debería internarme o algo? – le preguntó la rubia.

-No, hace tiempo que ya sé eso – bromeó Regina – esta mezcla de sentimientos es una cosa muy distinta.

-¿Qué es?

-Felicidad – Emma abrió ante los ojos a las palabras de Regina – creo que es una locura, no te voy a mentir… para empezar ¿cómo haremos…?

-¿Cómo? ¿Esa es tu única duda? – indagó Emma – eso es lo de menos.

Ambas rieron mientras se sacudían los nervios del cuerpo – quiero – la voz de Regina sonó por encima de la risa de Emma – quiero que tengamos un hijo – repitió cuando Emma la miró fijamente – desde que nos hemos casado he estado pensándolo pero otra vez me ganas de mano, Emma.

-¿De veras? ¿De veras querías tener un hijo conmigo? – Emma lo preguntaba como si no se lo creyera.

-Emma ya tenemos un hijo juntas – le respondió Regina - ¿acaso lo olvidas?

La rubia la estrecho contra si mientras reía encantada con la noticia – vamos a tener un hijo, ¡vamos a tener un hijo! – dijo felizmente mientras las hacia girar bajo el cielo de la encrucijada – un hijo, un niño pequeño – relataba alegremente – un hijo de ambas.

-Como Henry – repuso Regina.

-Mejor aún, de ambas de verdad – exclamó la rubia.

-Espera – Regina la detuvo - ¿Cuándo dices de ambas a que te refieres exactamente?

Emma se encogió de hombros – de las dos, tuyo y mío, biológicamente hablando incluido.

Regina sacudió la cabeza luego de quedarse un segundo en silencio – pero… ahora si te lo pregunto… ¿cómo? Es decir, ni la magia ni la medicina moderna han logrado algo semejante nunca – replicó sonriendo – es imposible.

-Amor – Emma la acercó un poco mientras acariciaba su rostro – nosotras tenemos algo que la medicina y la magia conocida no han tenido hasta ahora – Regina se sintió curiosa – tenemos a Merlín – Emma le guiñó el ojo – puede que sea incapaz de enviar por si solo a la oscuridad a otro mundo pero créeme estoy segura que sabe que podríamos intentar.

-¿Convertirás a Merlín en nuestro obstetra oficial? – cuestionó Regina divertida.

-No, solo le pediré que nos diga que hacer para hacer realidad lo imposible – Emma le sonrió feliz.

-¿Y si no puede? – preguntó Regina.

-¿Y si puede? – contestó Emma – estoy convencida que puede y que pronto tendremos un pequeño o pequeña en casa, uno con tu mirada y mi cabello, con tu belleza y mis encantos – dijo orgullosamente.

-Mientras no tenga tu verborrea estaremos bien – anunció Regina - ¿tan segura estás de que Merlín lo conseguirá?

-Por supuesto, tengo toda mi fe puesta en eso, después de todo ¿a quién crees que salió Henry? – exclamó la rubia mientras se frotaba las manos – un bebe, que lindo será tener un bebe.

-Lo será – corroboró Regina y le dio a Emma el beso más dulce que le había dado hasta ahora, disfrutando suavemente del roce – te amo Emma Swan y nada que me apetezca más que tener otro hijo contigo.

Emma la estrechó contra ella – yo también te amo cielo – respondió mientras apoyaba sus labios contra el cuello de la morena – y hablando de tener un bebé… ¿no sería mejor ir practicando el tema?

Regina soltó una risa – sí, pero no será aquí si eso es lo que estas pensando, no lo haré en medio del follaje donde puede haber quien sabe que alimañas.

-Pero si incluso es familia de palabras… follaje… foll…

-¡NO LO HARE! – interrumpió Regina – pero si vuelves pronto a Camelot puede que esta noche nos escabullamos hasta aquel claro en lago con todas las florecillas.

-¡Estas hecha una cursi tremenda! No sé con quién te juntas – exclamó Emma haciendo aspavientos – pero vale… compró, volvamos – se subieron a los caballos y Emma se giró a verla – increíble, me fui de Camelot con mi esposa y la vuelvo con la futura madre de mis hijos.

-Emma… yo ya era la madre de tus hijos – le aclaró la morena.

-No, eras la madre de mi hijo… ahora serás de mis hijos – espoleó al caballo y mientras galopaba con suavidad extendió las manos al cielo - ¡VOY A SER MAMÁ!

-¡PERO SI YA LO ERES! – la corrigió Regina.

-¡VOY A SER MAMA OTRA VEZ! ¿PUEDE ALGUIEN SER MÁS FELIZ? – expresó con una encantadora sonrisa.

-Si… YO – retrucó Regina.

-No, pero yo más – se quejó Emma.

-No yo más – jugueteó Regina.

-YO MÁS – volvió a soltar la rubia.

-Las dos iguales – terminó la discusión la morena – no me apetece pasarme las próximas horas tratando de dilucidar quién es más feliz de las dos, en lo posible.

-Oh, ¿prefieres que apostemos a qué parte del cuerpo voy a tocarte primero esta noche? – Emma se relamió.

-¿Cómo si no supiera que serán Thelma y Louise? – Regina rodó los ojos con lo obvio que era.

-Es que son tan hermosas… tan irresistibles… oh, y puede que vayan a creceeeeer – los ojos de Emma se abrieron como platos.

-Eso me convierte en la embarazada de las dos ¿verdad? – repuso Regina con una sonrisa de medio lado.

-¿No quieres? – la interrogó Emma con seriedad.

-Por supuesto que si – Regina sonrió más si cabía esa posibilidad – aunque no estaría mal ver crecer a Xena y Gabrielle – la morena espoleó el caballo y salió disparada por el camino.

-¿A Xena y Gabrielle…? ¿Quiénes son Xena y Gab…? ¡OHHHHH! ¡OHHHH! ¡OH! ¡OH! – de la mente de Emma solo profería adjetivos imposibles de reproducir - ¿Les has puesto nombre…? – gritó viendo a Regina muy lejos ya - ¡VUELVE AQUÍ PRINCESA Y EXPLICAMEEEEE!

¡The end!

OK! Ahora si! GRACIAS POR TODO CHICAS! FUE UN PLACER! Espero que lo hayan disfrutado como yo! Y que se hayan divertidos! Desde este reino les envió un besote enrome! Blondeoverdosis!