Disclaimer: Los personajes no son míos,.. ¡ya quisiera!,.. son de la fantástica S. Meyer, yo, simplemente , los tomo prestados para soñar con ellos….pero la trama y algunos de ellos si…


¡Hola, mis niñas preciosas!...acá os dejo el capítulo nuevo.. espero que os guste.

Pero antes, me gustaría hacer una aclaración sobre este capítulo. En él aparecerán unos personajes de otro fic, que seguro muchas de ustedes conozcan, "Un cuento de hadas moderno". Para quién no lo conozca, cuando haga mención a estos personajes, no penséis que me volví loca…..jajajjajaj y para las que sí… ¡Chicas… veremos a nuestro Príncipe favorito…! jajá jajá

Alicia; gracias por lo que me has hecho soñar con este hermoso cuento…


Y ahora si….¡Disfrútenlo!


XXIX.

Después de una agradable tarde en compañía de la Sra. Jones; Edward decidió que era hora de enseñarle toda la mansión a Bella.

Tomados de la mano recorrieron cada una de las salas y habitaciones que albergaba. Bella disfrutó como una verdadera enana para el regocijo de Edward; que veía, embelesado, cada gesto, cada mueca o cada expresión en la cara de Bella al ir descubriéndolo todo.

Pero lo que más le fascinó, sin duda, fue la impresionante biblioteca.. Bella recorrió toda la estancia admirando impresionada, la cantidad de ejemplares que albergaba; una multitud de estanterías contenía miles y miles de libros, desde lo más bajo hasta casi llegar al techo. La luz que entraba a través de las muchas vidrieras que había en la estancia, le confería un ambiente idóneo para la lectura y para relajarse en los distintos divanes, que elegantemente, había colocados a lo largo de toda la sala. Una gran chimenea presidía la estancia proporcionando una cálida sensación de bienestar. Sin duda alguna, podría perderse horas y horas allí sin que nadie lo notase, pensó ella..

Edward rió cuando la vio corretear entre el laberinto de estantes. Ella reía y saltaba de un lado a otro leyendo entusiasmada los títulos, hojeando y admirando las encuadernaciones, haciendo comentarios sobre todos los que conocía o los que aún no había tenido oportunidad de leer y soplando el polvo, que en algunos de los ejemplares más antiguos y menos asequibles, se había acumulado.. Él supo desde ese mismo momento, que esa sería su habitación favorita, por eso la dejó para el final.

-Edward… ¡corre ven! - le pidió ella desde un lugar oculto detrás de una de las estanterías.

- Pero..¿dónde estás?..- le contestaba divertido mientras caminaba hacía donde ella se suponía que estaba.

-¡Oh, Edward.. Mira… es "Romeo y Julieta"!

-Si… ¿y? - le contestó con indiferencia cuando llegó hasta ella, pero una fingida ya que estaba más que ilusionado de verla tan contenta y entusiasmada..

-¿Cómo que.. y?, ¡Edward, por Dios!…- decía con voz alarmada. - ¡Este ejemplar fue editado por Alexander Pope en el siglo XVIII!

-¿A sí?, ahora entiendo porque mi padre casi me mata cuando le pedí que me lo dejara para recortar figuritas….- le contó divertido.

-¡¿Qué?… es un broma, ¿verdad? - chilló ella. Edward no pudo contener la carcajada cuando vio la mueca de horror que apareció en la cara de Bella..

- Claro que es broma, tontita - le besó el tope de la cabeza.- ¿Lo quieres?.. Puedes quedártelo..

-¡Oh, no Edward!…¿cómo crees? - le dijo apenada. - Este ejemplar tiene un valor incalculable.. No podría dormir tranquila si lo tuviera en casa…

-Ya lo tienes en casa… lo tienes aquí.- refutó él encogiéndose de hombros. Bella no pudo evitar mirarlo con la emoción que la envolvía al escucharlo hablar con tanta seguridad. Amaba cada vez que él trataba todo lo suyo como si fuera de ella, realmente la hacía sentir en casa.

Bella respiró hondo intentando aplacar las mariposas del estomago antes de colocar el valioso ejemplar en su sitió y lentamente, se acercó a él hasta atrapar sus labios en un apasionado beso, incapaz de contenerse.

-¡Mmnnhh! - gimió él sobre los labios de ella, lo que la hizo sonreír.- ¿ y esto? - preguntó cuando finalmente se separaron.

- Porque tienes razón…- contestó ella rozando sus labios nuevamente - ..ya lo tengo en casa.

Esa admisión por su parte llegó a lo más profundo del corazón de Edward y después de que una gran sonrisa se dibujase en su cara, acunó el rostro de Bella entre sus manos y la miró fijamente.

- Te amo, mi desconocida chica del rincón - susurró antes de besarla. Bella no pudo evitar sonreír ante las cosquillitas que le subían desde el centro mismo del estomago; pero estar cerca de él, tenía ese efecto en ella y si encima la reclamaba como suya, se acentuaba mucho más la sensación.

Después de recorrer el interior de la enorme vivienda, decidió llevarla a pasear por el exterior. Con las manos entrelazadas se adentraron en un laberíntico jardín de caminos tortuosos , donde hermosas esculturas victorianas y encantadores puentes de madera que cruzaba pequeños estaques, se confundían entre una vegetación aparentemente no domesticada. Era imposible negar el halo de romanticismo que los envolvían mientras recorrían abrazados por aquellas veredas franqueadas por grandes arces y abedules, donde por sorpresa, te podías encontrar con alguna significativa roca o con unas ruinas que te llamaban a contemplarlas como testigo fiel de un tiempo pasado lleno de vida.

Edward relataba emocionado cada batallita que, de pequeño, imaginaba entre aquellas paredes rocosas llenas de musgos y rodeadas de la vegetación más salvaje; lo que hacía reír a Bella, que entusiasmada, lo escuchaba como si lo estuviese viendo en ese preciso momento.

La tarde fue cayendo y cuando llegaron al gran lago, los rayos crepusculares dibujaba de tonos rosados y violáceos tanto el cielo como las nubes, que opacaban de pronto los últimos rayos de sol que iban muriendo lentamente sobre el horizonte y que se reflejaban sobre las aguas, creando una postal de belleza inacabable. Bella admiraba la hermosura del paisajístico lugar abrazada al cuerpo de Edward que, cariñosamente, la arropaba para refugiarla del frío húmedo de la tarde.

-Es hermoso e irradia tanta paz - exclamaba Bella aferrándose más a los brazos de Edward que la rodeaban desde la espalda.

-Si que lo es.. - susurró Edward sobre el hombro de Bella balanceándola en un suave vaivén. - Este era uno de mis rincones favoritos, este lugar ha sido testigo tanto de mis alegrías como de mis más amargas lágrimas.- Bella se abrazó más a él intentando protegerlo de sus propios recuerdos. - Pero ahora estoy feliz de poder compartirlo contigo, mi amor. - Tiernamente depositó un suave beso en el hueco entre el cuello y la clavícula de Bella haciéndola estremecer.

-Te amo..- susurró Bella alzando la cabeza mientras descubría en sus ojos un amor infinito.-…como no he amado a nadie.- concluyó antes de rozar delicadamente sus labios y volver a perderse en las sensaciones que le producía ese contacto.

Esa noche decidieron cenar en la habitación un delicioso platillo que la Sra Jones había preparado ya que Edward tenía pensado salir temprano para llevarla a recorrer la ciudad. Y así, a la mañana siguiente, comenzaron con la extenuante visita a la cosmopolita ciudad de Londres.

-Bueno qué..¿Qué te apetece ir a ver primero? - le preguntó Edward con tono burlón, nada más entrar en la limosina que había alquilado para hacer la visita lo más cómoda posible.

-¡Ay, Dios..Edward!.. No sabría ni por donde empezar. - dijo entusiasmada.

-Lewis, al Palacio de Buckingham - ordenó al chofer por el intercomunicador

Bella sonrió de oreja a oreja antes de palmotear como una niña pequeña; había soñado toda la vida con ir allí y hoy se haría realidad uno de su sueños…

La primera parada la hicieron en dicho palacio donde Bella quedó impresionada por la majestuosidad de la arquitectura. Después de esperar el tiempo necesario para ver el cambio de la guardia junto a un público de turistas al igual que ellos, bastantes expectantes, Edward decidió llevarla a la Abadía de Westminster.

Durante el camino, Edward le comentaba los últimos cambios producidos en la realeza Británica y le confesó lo entusiasmado que estaba de que por fin, el Príncipe de Gales, un chico al que admiraba, hubiese encontrado a la futura Princesa de Gales; Bella se sorprendió bastante de que la prometida del Príncipe fuera Norteamericana al igual que ella , y más aún de que coincidieran en el nombre; por lo que no faltaron la bromas al respecto, ya que tanto el Príncipe de Gales como la futura princesa se llamaban justo igual que ellos dos. Edward le confesó entusiasmado que al día siguiente la llevaría a la inauguración de la temporada de Teatro en la Royal Opera House, donde seguro se encontraban con los príncipes ya que era el primer acto oficial a la que asistiría la prometida del príncipe junto a toda la familia real..

Bella se abrazó emocionada por eso, ya que no sólo tendría la oportunidad de conocer en persona a la familia Real, sino que asistiría a una función de Ballet que siempre había soñado ver. La Bella Durmiente..

Cuando llegaron a la Abadía, no faltaron la expresiones de asombro de Bella. Edward le contaba que era el lugar donde se realizaban las coronaciones de todos los reyes y que acogía las tumbas de todos los monarcas. Más de tres horas les llevó recorrerlo, por lo que decidieron ir a ver el Big Ben, que les quedaba cerca y después de ahí ir a Picadilly Circus para comer algo.

Bella se sorprendió mucho cuando reconoció el lugar como la conocida postal de los tableros luminosos. Pasearon por la plaza y recorrieron las calles llenas de bares , Cafés y tiendas, donde compraron algunos regalos para los chicos; y desde allí decidieron volver a casa, para descansar y seguir con la vistita al día siguiente.

Como era de esperar llegaron exhaustos y apenas se ducharon cayeron rendidos en la cama.

Los siguientes tres días fueron tanto o más ajetreados. Como le prometió, al día siguiente la llevó al Ballet. Edward disfrutó viendo en todo momento la expresión de expectación en la cara de Bella al entrar en el teatro, y lo ansiosa que se veía, no sólo por ver a los príncipes, sino por el espectáculo en si..

En cuanto sonaron los primeros acordes del Himno Nacional, ambos se levantaron al igual que el resto de los asistentes mirando hacia el palco real para dar la bienvenida a la Familia Real. Bella presionó más de la cuenta la mano de Edward cuando, justo después de que entrasen los Reyes, un chico y una chica joven se colocaban junto a ellos.

- Mira Bella, el es Edward, el Príncipe de Gales y a su lado, su prometida. - le indicó susurrándole en el oído..

- ¡Es guapísimo!- exclamó en un susurro sin poder evitarlo.

-¡Vaya hombre!, veo que el príncipe ganó otra fan.- dijo Edward con un fingido tono molesto.

- No te molestes amor, sólo digo que es muy lindo..- dijo sonriéndole..

- Si claro, ahora es lindo…

- ¡Oh vamos, Edward! no seas celoso… además…- dijo mordiéndose el labio, - Tiene cierto parecido contigo… ¡Mnnhh!, te pareces al príncipe.- dijo sonriéndole.

- Para empezar, señorita, en todo caso el Príncipe se parece a mí, ya que yo soy mayor, recuerdas..- dijo en tono divertido - y segundo… Ya quisiera el Príncipe tener la libertad que yo tengo..

Bella no dejaba de mirarlo embelesada, adoraba esos momentos en el que los celos salían a frote.

- De acuerdo, te admito eso… aunque reconoce que es guapo, sobretodo si se parece a ti..

Edward rodó los ojos pero finalmente sonrió…

-Pues sabes qué… la prometida del príncipe tampoco se ve nada mal, - dijo él mirando hacia el palco entrecerrando los ojos, - y es curioso, pero también tiene cierto parecido a ti…- dijo volviendo su vista a Bella, - aunque tu eres mil veces más guapa..- dijo finalmente acercándose a sus labios y dejando en ellos un suave y leve beso..

- Cierto..- dijo Bella aún sumergida en las sensaciones que los labios de Edward le provocaba, - La futura princesa de Gales es muy linda y se ve seria, estoy segura que serán felices - dijo sin apartar la mirada de Edward. - Aunque como dices, ellos ni siquiera podrían hacer esto…- y acortando nuevamente el espacio volvió a unir sus labios en otro pequeño roce..

- Te adoro - susurró él sobre sus labios… - Me alegro de que el príncipe haya encontrado a su princesa, yo desde luego, ya encontré a mi reina…- dijo haciendo que Bella sonriera sonrojándose mientras las mariposas volvían a cosquillear su estomago.

Aparte de la hermosa velada en la Royal Opera Hosuse, Bella había disfrutado de la visita al London Eye desde donde vieron todos y cada uno de los destinos que tenían pensado visitar.

Bella totalmente emocionada intentó captar todo lo que Edward, completamente entusiasmado, le contaba de cada palacio, iglesia, parque o cualquier monumento o plaza que tenían a la vista. Durante la media hora que duraba el recorrido, permanecieron abrazados y no faltaron tampoco las exclamaciones de asombro que profería Bella.

Edward, completamente embelesado en la mujer que tenía al lado, disfrutó de cada momento, de cada risa, de cada suspiro que salía de su boca y no pudo evitar que sus manos siempre estuviera en contacto con cualquier parte de su cuerpo; ya fuese sobre su delicada cintura, su espalda, sobre uno de los hombros o simplemente tomados de las manos mientras paseaban por Trafalgar Square, callejeando por el Soho, o cuando comieron en Chinatown.

Bella suspiró cautivada por la magnificencia de la torre de Londres y no pudo evitar estremecerse ante esos muros, esa almenas y esas piedras, que habían sido testigo de decapitaciones tan importantes como de dos de las mujeres de Enrique VIII. O pasar por el famoso Tower Bridge, contemplando la belleza de las dos torres que lo sostenían.

Un torbellino de sentimientos invadía cada poro de su cuerpo en un estado de completa felicidad. Edward consiguió que sus primeras vacaciones fueran sencillamente inolvidable y para Bella, no pasaba desapercibido como cada minuto, cada segundo que pasaba a su lado, era mucho más difícil imaginar la vida sin él.

En cada una de las iglesias o catedrales que visitaban, un pellizco le azotaba en el estomago, imaginando cómo sería entrar toda vestida de blanco por esos pasillos para entregarse en cuerpo y alma al hombre que tenía al lado. Pero por más que su cuerpo se estremeciese emocionado por la idea de que se hiciera realidad, las dudas seguían martilleando su cabeza impidiéndole dar ese sí que Edward tanto ansiaba.

Para Edward, tampoco pasaba indiferente su visita a esos lugares, porque no podía evitar imaginarla con un traje blanco caminando hacía él; pero le prometió que esperaría, y no volvería a cometer la torpeza de anticiparse.

-¿Qué te apetece hacer mañana? - Susurró Edward sobre su hombro cuando la abrazó por la espalda mientras Bella contemplaba, maravillada, las luces de la ciudad tintinear sobre las aguas del río Támesis. Ella suspiró profundamente intoxicándose tanto de la perturbadora fragancia de su novio como del olor procedente del río.

-¿Sabes lo que me gustaría hacer mañana? - le preguntó girándose entre sus brazos y quedando frente a él. No pudo evitar soltar otro suspiro cuando vio lo extremadamente guapo que se veía Edward bajo la tenue luz de las farolas que alumbraban el paseo . - Descansar en los brazos de mi novio mientras leo unos versos al calor de la chimenea. En serio Edward, todo esto es fantástico y aún no logro bajar de la nube en la que me encuentro, pero… necesito un descanso, amor..- fingió un puchero que hizo que Edward comenzara a sonreír.

-¡Mmmnh!, como plan no me parece mal, pero que nada mal - contestó él sonriendo antes de apresar sus labios.- Además nos vendrá bien descansar y reponernos para seguir con la ruta que tenía planeada.

-¿Qué ruta? -preguntó de nuevo con mucha expectación.

-Te dije que conocerías todo de mí, tengo pensado llevarte a Cambridge, a Canterbury, a Windsor y otros muchos lugares donde pasé parte de mi vida y que sé que te cautivaran, en especial uno pero….¡es una sorpresa!

-¡Edward.!. - se quejó Bella.

-¡Ah,ah! - dijo negando con la cabeza -..no insistas, no te lo pienso decir, señorita. - sus labios se curvaron en una sonrisa traviesa antes de darle cariñosamente, un pequeño toque en la nariz. - A si que, tu plan, se acaba de convertir en planazo. Además, tenemos que llamar a mis tíos, prometieron en venir.

-¡Cielo Santo Edward, no los hemos llamados desde que llegamos! - exclamó Bella exaltada.

-No te preocupes Bella, mis Tíos sabían que veníamos aquí, ellos mismos no han llamado para no importunar. Pero pronto tendrás a la loca de mi prima y a mi Tía para robarte de mi lado, ya verás.- dijo poniendo una graciosa mueca. Bella suspiró como una tonta enamorada, amaba cada una de sus expresiones ya fuera fingiendo estar molesto o cuando sus ojos se achinaba al mostrar una radiante sonrisa; cuando interrogativo, elevaba sensualmente un ceja… ¡Dios! cómo le gustaba cuando hacía eso, o simplemente cuando se la quedaba mirando intensamente, tanto.. que hasta sus propios ojos comenzaban a picar por la intensidad y la profundidad de ese mar verde.

Cuando volvieron a la casa y como era costumbre los últimos tres días, cayeron rendidos en la cama, pero con la seguridad que al día siguiente, lo pasarían tranquilos disfrutando de la comodidad que la gran Mansión Cullen les ofrecía.

-¡Buenos días, Connie! ¿ sabes donde está Edward? - preguntó Bella desde el interfono.

-¡Buenos días, Bella!, Edward salió temprano pero no dijo dónde, sólo que te pusieras ropa cómoda, vendrá por ti sobre las once. ¿ te subo el desayuno o lo tomas aquí?

-No, no te preocupes Connie, bajaré a desayunar.

Después de cortar la comunicación, salió de un salto de la cama, se ducho y vistió con un pantalón beige y un jersey de lana blanco, se calzó una botas altas de piel marrón a conjunto con el cinturón y la cazadora. Se había decidido por un conjunto cómodo y calentito ya que imaginaba que pasearían por el jardín.

Después de un nutritivo desayuno a mano de la Sra. Jones, Bella decidió visitar nuevamente la biblioteca mientras esperaba a que Edward regresase...

-Buenos días, princesa -le susurró al oído sobresaltándola.

-¡Edward, me has asustado!-dijo Bella cerrando el volumen que estaba hojeando.

Edward la atrajo por la cintura buscando sentir el calor de su cuerpo antes de unir sus labios en un cálido beso. -¡Mnnh!, adoro tus labios. - susurró sobre ellos.

-¿Por qué no me has despertado?, te he echado de menos - murmuró sobre los labios de Edward. El sonrió y se apartó después de presionar una vez más sus labios con los de ella.

-Quería prepararte una sorpresa, además… estabas tan linda durmiendo que no quise despertarte.

-¡Mnnhh, una sorpresa!-gimió una vez más sobre su boca.

-¿Ya has desayunado?

-¡Ajá! - asintió.

-Ven, acompáñame fuera, ¡te va a encantar!

Salieron hacia la parte de atrás donde estaban los establos; este era el único lugar de la casa que aún no conocía. Al llegar, los ojos de Bella se ensancharon desmesuradamente. Ante ella había un impresionante caballo completamente ensillado y sujeto de las riendas por un joven que, supuso, era un mozo de cuadra.

-Ven, Bella - dijo Edward asiéndola de una mano y tirando de ella hasta aproximarse al magnifico ejemplar.- Este es "Strenght," mi pura sangre español. Bella se acercó vacilante hasta donde estaba Edward y contempló maravillada la belleza del animal.

Era un magnifico ejemplar de caballo Andaluz, de un reluciente color castaño; su cabeza, ligeramente convexa y con una pequeña mancha blanca en la frente, daba lugar a un cuello fuerte y arqueado cubierto de un crinera larga y negra; su grupa redondeada y potente de una gran fortaleza, de ahí el nombre, imaginó Bella, era revestida por una hermosa silla de montar. El animal de ojos vivaces, golpeó cómplicemente con la cabeza el hombro de Edward cuando éste comenzó a acariciarlo.

-Mira "Strenght", ella es Bella, ¿a qué es hermosa? - preguntó al animal como si entendiese y éste, dejando totalmente atónita a Bella, relinchó y movió afirmativamente la cabeza, lo que provocó la risa tanto de Edward como del mozo. - ¡Ven Bella, no tengas miedo!; "Strenght" no te morderá - le dijo divertido.

Bella, tímidamente, se acercó y comenzó a acariciar titubeante el cuello del animal. "Strenght", al igual que a Edward, comenzó a golpear pero con suavidad el hombro de Bella y ésta, aunque en un principio se asustó, comenzó a sonreír al ver que el animal aceptaba sus caricias.

-¡Vaya, Bella!, creo que te ha salido otro admirador.- dijo con una gran sonrisa.

-¡Oh, Edward! - le riñó ella por hacerla avergonzar.

Bella se sorprendió cuando, Edward, de pronto, afianzó el pie en el estribo, con un fuerte impulso subió a lomos de "Strenght" y tendió una mano hacía ella.

-¡Ven sube! -le pidió.

-¡¿Qué? - exclamó Bella alarmada.- ¡Oh,no! No,no,no.. Yo nunca he montado Edward, mejor te espero aquí.- dijo atropelladamente enfatizando sus palabras con un movimiento negativo de su cabeza, "Strenght" bufó en desacuerdo.

-¡Oh vamos, Bella!, estás haciendo entristecer a "Strenght", además, yo te sujetaré.- y sin más, se inclinó, pasó el brazo por la cintura de Bella y la izó como si fuera una pluma, para ponerla a horcajadas delante de él.

-¡Aaahh! - gritó Bella al sentir como su cuerpo era elevado inesperadamente, y de una manera totalmente instintiva, pasó un pierna por sobre el cuello del animal para quedar a horcajadas sobre él. - ¡Edward!- le regañó aferrándose, como si la vida le fuera en ello, a las crines del animal.

-No tengas miedo, cariño, yo te sujetaré - le susurró al oído mientras la rodeaba con sus brazos atrayéndola a su pecho.

Bella suspiró pesadamente al recibir el escalofrío que le recorrió por toda la espina dorsal al sentir la firmeza del pecho de Edward contra su espalda; pero se aferró aún con más fuerza, al notar como Edward ordenaba a "Strenght" comenzar la marcha.

En un principio, Bella sintió verdadero pavor al notar el vaivén lento y pesado, pero al pasar de los minutos y al sentir en todo momento los brazos de Edward rodeándola, se comenzó a relajar hasta el punto que empezó a disfrutar del suave traqueteó .

Más de una hora estuvieron cabalgando a través de todo el bosque que rodeaba la mansión. Cabalgaron en silencio, sólo con el sonido de los cascos de "Strenght" golpeando sobre el terreno, el cimbrear de los insectos revoloteando a su alrededor y el murmullo lejano de las aguas de un río de fondo.

Todo era perfecto, todo era mágico; ni en sus mejores sueños y fantasía, Bella había imaginado nada igual. Todas las sensaciones que le producía aquel relajante paseo, se fueron arremolinando en su interior, haciéndola estremecer cada vez que el salto del trote la hacía rebotar con sus nalgas sobre el regazo de Edward.

El seguía rodeándola con sus fuertes brazos y mientras que con una mano, sujetaba fuertemente las riendas dirigiendo en todo momento a "Strenght", con la otra, acariciaba distraídamente sobre el estomago de Bella; llevándola, inconcientemente, a un estado de excitación que ella jamás había sentido antes. Claro que él no estaba mucho mejor; sentir el pequeño cuerpo de Bella estremecerse entre sus brazos y sumado a las sacudidas que, sus apretadas nalgas daban sobre su más que animado miembro, prácticamente lo estaban llevando a la locura; tanto es así, que no pudo evitar que sus labios se fueran directamente sobre la piel de su cuello.

Bella sintió crecer en su interior algo que desconocía y que, al mismo tiempo, era una sensación dolorosa y placentera haciéndola jadear suavemente.

Edward, al escuchar esos sonidos, decidió que era hora de aligerar el paso para poder desmotar lo antes posible sino quería tomarla allí mismo sobre el caballo; y golpeando suavemente el lomo de "Strenght", comenzó a cabalgar a más velocidad.

-¡Edward! - gritó Bella que ante el inesperado cambio de ritmo, se aferró a sus manos clavándole las uñas..

-Tranquila amor, no caerás. Te tengo bien sujeta- le dijo con voz ronca.

Edward, que había apresurado el paso con el objeto de llegar lo antes posible al prado y así poder separarse del cuerpo de Bella, no se percató que las sacudidas serían mucho más rápidas y fuertes, lo que lo llevó casi al punto de culminar. Gracias a Dios, el fatal incidente no llegó a suceder y un cuarto de hora más tarde desmotaba del caballo asiendo a Bella por la cintura para ayudarla a desmontar también. En esos momentos se alegró de haberse puesto unos fuertes vaqueros que le ocultaba su vergonzosa y dolorosa situación.

Bella que tenía las piernas y las nalgas un poco adoloridas, trastabilló nada más poner los pies en el suelo, pero por suerte, Edward seguía cerca y la sostuvo evitando la caída.

-Gracias..- dijo Bella avergonzada. - Realmente siento las piernas de mantequilla - confesó finalmente haciendo que Edward riera por su ocurrente comentario. Pero Bella enseguida se recompuso y comenzó a apreciar todo lo que había a su alrededor.

El lugar le pareció extrañamente familiar, conocido pero sabia perfectamente que eso no era posible de ninguna manera; aunque estaba completamente segura de que había soñado alguna vez con él; y es que era igualito al prado en el que escuchó aquella voz y sintió aquella presencia que no pudo ver.

Caminó ausente algunos pasos recordando hasta que de nuevo escuchó aquella voz.

-Abre los ojos, Bella - le pedía Edward un poco asustado, ya que llevaba paseando un rato con los ojos cerrados y temía que no se sintiese bien.

Bella se estremeció nada más sentir la voz y abrió los ojos para encontrarse a Edward mirándola preocupado

-Eras tú…. - dijo llevando sus manos al rostro perfecto de su novio..- Siempre has sido tú.. - Edward la miró interrogantemente porque no llegaba a comprender. -¿Te acuerdas el días que desperté? - preguntó y Edward asintió aún sin comprender.- Justo antes de despertar, sentí que estaba en un prado, - dijo girando sobre si misma - el prado era exactamente igual a este, y sentí una presencia en él, al principio me asustó, pero después vino la voz, esa voz me pedía que abriera los ojos, como acabas de hacer tu ahora mismo - Edward que escuchaba con atención, pasó su mirada al igual que ella al prado, a ese prado que había sido suyo en exclusividad, nadie de su familia había ido allí y por eso era tan especial para él - Eras tú…- volvió a repetir sacándolo de sus pensamientos..

- No tengo explicación para lo del prado, realmente este lugar sólo lo conozco yo; pero no me extraña que la voz fuera la mía amor, me la pasé pegado a tu cama pidiendo que abrieras los ojos hasta que lo hiciste - dijo Edward atrayéndola a su cuerpo por la cintura y uniendo sus frentes - no sabes el miedo que pasé, Bella; esos días fueron un infierno al pensar que podría perderte, mi amor.

De los ojos de Bella salieron dos gruesas lágrimas al oír el dolor que había detrás de sus palabras. Sabía que él estuvo allí pero nunca habían hablado sobre como se sintió. Y que él ya temiera en perderla le encogió el corazón.

-No llores mi vida, no quiero que estés triste… Te amo Bella, no..no sé como vivir ya sin ti - se separó para mirarla directamente a los ojos. - ¡Dios Bella!, te amo tanto que hasta duele. - se llevó una de las manos de Bella hacía el lugar donde estaba su corazón y apretó sobre él.

Bella lo miraba con los ojos anegados incapaz de contener la emoción que la embargaba al sentir todo ese amor de parte de él; de su amor, de su hombre y por fin lo tuvo claro. Ella no podría vivir una vida sin él, ya no podría; lo amaba con la misma intensidad, y lo deseaba de la misma forma.

-Hazme el amor, Edward - susurró con la voz quebrada por la emoción.

Edward, que la miraba embelesado se quedó impactado ante su petición. ¿No podía ser cierto lo que estaba oyendo? ¿en serio Bella le estaba pidiendo que le hiciera el amor? No, no podía ser cierto, pensó.

-¿Qu..qué has dicho? - preguntó intentando salir de esa duda.

- Quiero que me ames Edward, quiero que me hagas el amor; necesito sentir tus besos, necesito sentir tus caricias, te necesito a ti...

-Bella…- susurró completamente emocionado ante la inesperada petición.

Bella acortó la distancia que los separaba y hambrienta lo besó; lo besó con verdadero ímpetu, con verdadera necesidad y vehemencia; sus manos fueron a su nuca y enredando sus dedos entre su sedoso cabello, lo atrajo a más no poder hacia ella.

-Ámame, amor.. -le suplicó sobre sus labios que lamió sin piedad.

-Bella…¿estás.. estás segura? - le preguntó con dificultad ya que los besos de Bella lo estaban llevando de nuevo a la locura.

-Te deseo Edward.. Te deseo como nunca, aunque no te negaré que tengo un poco de miedo. - le confesó separándose de sus labios y mirándolo fijamente con los ojos tintineantes.

-Bella..- intentó protestar

-Shhh…- le hizo callar poniendo un dedo sobre sus labios. - Tengo miedo sí, pero confío en ti, Edward… confío en ti y te deseo, mi amor. - dijo con la respiración entrecortada - Sé que no me harás daño, sé que serás tierno.

-Te amo Bella, no... no sabes lo que esto significa para mí...- volvió a unir sus labios con urgencia en un beso demandante, que hizo que Bella se tuviera que aferrara a sus brazos para no caer -…pero no será aquí, no será de cualquier manera, amor. - susurró sobre su boca, - ¡Ven, volvamos!…

Continuará…


N/A.

¡Aaaaahhhhhhhhh!…. Es… es …¡aaaaaahhhhhhh!.. Me mataba a mi misma por dejarnos asiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii… Esto sólo significa que…¡Dios, no me lo puedo creer! ¿Sabéis qué significa chicas? Que para el próximo… ahhhh! …

Por cierto, os he dicho que adoro a ese caballo…..jajajajjajajaa

AGRADECIMIENTO

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Espero que no se me haya olvidado nadie, si es así, hacédmelo saber. Y sorprendentemente… ¡Este aquelarre sigue creciendo! ¡Bienvenidas, nuevas lectoras!, espero que nos acompañéis hasta el final.

¡Gracias chicas! Ya llegamos a los 2466 rr, estaré eternamente agradecida por el tiempo que me habéis dedicado en cada uno de ellos. Gracias de corazón..

También por las alertas y favoritos que no dejan de llegar; y a las lectoras silenciosas, que me consta que sois muchas... ojalá os animarais a haceros notar, asi podría agradeceros personalmente.

Perdonad los rr que no alcancé a contestar… chicas lo siento.

¡Requesonas de mi alma!...¡Os adoro!

¡CHICAS... NOS VEMOS EN EL PRÓXIMO!... Y… las recomendaciones sobran ¿verdad?…

Hasta pronto!

Besitos!

/(^_^)\ saraes.