¡Muy buenas a todos de nuevo! La semana pasada hubo problemas con la página (qué raro) para dejar comentarios y subir actualizaciones. Si alguno de vosotros escribió y no ha llegado la reseña es por culpa de la página. Aún así, gracias por seguir así semanalmente. Aquí os traigo el siguiente capítulo recién salido del horno. Desenlace impactante... Lo dejo ahí.


La sala donde iba a celebrarse el juicio estaba repleta. Se podía decir que no cabía ni un alfiler. Literalmente. El caso había generado mucha expectación. O'Brian estaba sentado en una de las filas de en medio, pegado al pasillo por el que tenía que pasar el condenado. Seguía sin entender muchas cosas, pero lo único que tenía claro era que cada uno había tomado un camino completamente diferente, y que Lansdale había cogido el equivocado.

Seguía sin creer que su viejo colega se hubiera dejado seducir por el poder. El ataque de Terragrigia había estado muy bien planeado, y había sido culpa suya que todo se hubiera alargado más de la cuenta. Había sospechado de Lansdale desde el comienzo, y había oído de la existencia de la grabación de Jack Norman. Gracias a Chris y a Jill todo había terminado bien. El que podría haber estado en prisión habría sido de él de no ser por ellos.

Los llamaría en cuanto terminara el juicio. Sabía que estaban tan interesados en la resolución como él. Pero le dolía tanto ver a su antiguo compañero en ese estado… Por protegerlo había perdido su empleo en la B.S.A.A., o más bien, había decidido dimitir. Ahora sólo participaba en las reuniones de los fundadores como consejero. Chris y Jill habían sido los únicos que lo habían apoyado aunque con bastante suspicacia. Pero lo entendía perfectamente; había ocultado información muy importante.

Le debía a esos dos la vida. Cuando se enteró por el aviso de Chris a Barry Burton casi creyó que esos dos estaban locos. ¿Cómo demonios se les había metido en la cabeza involucrarse en una operación tan complicada sin ningún tipo de apoyo? Dentro de dos días tenían una reunión con ellos para sancionarlos. O'Brian se opondría claramente. De no ser por su actuación tal vez estarían hablando de una catástrofe mayor.

Consultó su teléfono pero no tenía ningún mensaje ni ninguna llamada. Mejor. No quería que nadie lo interrumpiera en ese momento. Tenía mucho en lo que pensar… En ese momento las puertas que daban acceso a la sala se abrieron. Un par de guardias escoltaban a un hombre bastante alto que llevaba el uniforme naranja de la prisión. O'Brian suspiró. Se acabaron los juegos. Era la hora de comprobar cómo la justicia caía sobre Lansdale.

Si no recordaba mal, había leído que era el segundo juicio más importante en la historia del bioterrorismo tras la caída de Umbrella, donde también habían estado presentes. Chris y Jill habían tenido ciertos problemas burocráticos para abandonar Rusia y no habían podido llegar a tiempo para presenciar la caída de ese gigante que les había arruinado la vida.

Y ahora tampoco estaban, pero estaba convencido de que, desde el hospital, estarían siguiendo con mucha atención todo lo que estaba pasando. Lansdale pasó por su lado. Le dedicó una mirada gélida. O'Brian permaneció impasible. También lo miró.

-Cómo no… La B.S.A.A. dando por culo como siempre –espetó deteniéndose por completo junto al banco. Uno de los policías le dio un empujón para que avanzara.

-Cierra el pico, Lansdale. Andando.

O'Brian no podía apartar la mirada de esa figura que había luchado en el pasado a su lado contra la injusticia y el bioterrorismo. La F.B.C. había funcionado muy bien al principio gracias a la ayuda de la B.S.A.A., y habían crecido tanto en tan poco tiempo que cada vez más personas habían querido formar parte de ella. Pero todo se fue al traste con Terragrigia: la F.B.C. empezó su declive, la ciudad desapareció, el bioterrorismo asestó un golpe mortal al mundo…

Lansdale se sentó en una silla que estaba enfrente de aquéllos que iban a juzgarlo. O'Brian conocía a alguno de ellos, y sabía perfectamente que no iban a consentir que Morgan se pasara lo más mínimo. Si había algo que le gustaba del sistema judicial estadounidense es que era implacable. Los criminales cumplían con creces sus castigos, y todos, o la mayoría, eran bastantes proporcionales.

La sala se quedó en silencio. Sólo se oían los flashes de las cámaras por el sector donde estaba la prensa. Suspiró. Era hora de conocer la verdad, una verdad que seguramente sería muy dolorosa, pero que no le quedaba más remedio que aceptar. Lo había hecho mal, realmente mal, y ahora le tocaba cargar con las consecuencias. Al menos ahora tenía más tiempo para dedicarlo a su novela detectivesca, una que había empezado antes de entrar en la B.S.A.A., pero a la que no había tenido tiempo de dedicar.

Uno de los guardias le indicó a Lansdale que se sentara en el asiento que estaba frente al jugado. Todos lo miraban con curiosidad. Pero no era una curiosidad sana; era de inquietud, de resignación. O'Brian supo en ese momento que su antiguo compañero estaba condenado al fracaso. Los jueces ojeaban unos documentos que tenían en las manos mientras un policía le quitaba a Lansdale las esposas. La vigilancia era extrema; tenía a cuatro rodeándolo. Sería una estupidez intentar escapar de allí.

-Bien, demos comienzo a esta convocatoria extraordinaria a petición del alcaide y la B.S.A.A., que ha aportado una serie de pruebas que podrían dar resolución a este caso…

-¿Y qué pruebas son esas? –le interrumpió el preso apretando los puños sobre sus rodillas. O'Brian arqueó una ceja. ¿Cómo se atrevía a cortar al juez de esa forma? Sabía que Morgan siempre había sido muy directo, y que le importaba poco lo que los demás dijeran.

-¿Alguien le ha dado derecho a hablar, señor Lansdale? –le espetó de mala manera el juez cambiando por completo su gesto. Hubo un murmullo general en la sala. Tuvo que dar un golpe con el martillo -. Silencio en la sala, por favor. Como iba diciendo, tenemos pruebas que acreditan que usted es el principal cabecilla de los ataques bioterroristas producidos ayer en Chicago y Salt Lake City –hizo una pequeña pausa mientras los flashes no dejaban de sonar. O'Brian temía quedarse ciego con tanta luz -. Se ha puesto en conocimiento de este jurado que usted poseía dos instalaciones en dichas ciudades donde llevaba a cabo experimentos… ¿Es eso cierto?

Lansdale se quedó en silencio. Si habían descubierto sus dos instalaciones secretas todos sus secretos, sus investigaciones, sus planes, todo habría salido a la luz. Lo habían conseguido. Le habían asestado de nuevo un golpe muy fuerte cuando pensaba que lo tenía todo muy bien atado. ¿Habrían detenido también a Jessica? ¿Y a Fisher? Era posible que a Jessica sí… No había dado señales de vida.

-Responda –le advirtió el juez con un tono de voz sereno. A O'Brian le gustaba cómo estaba manejando la situación. No estaba dejando que Lansdale se pavoneara en ningún momento -. ¿Llevaba a cabo experimentos en esas instalaciones? ¿Quién eran sus cómplices?

-No pienso decir absolutamente nada –respondió con la mayor serenidad posible. Aceptaba su destino; había fracasado, y era justo que pagara por ello. Su abogado le hacía gestos con las manos desde el otro lado, pero Lansdale ni le prestaba atención. Era un hombre de fuertes convicciones morales, y sabía perfectamente aceptar la derrota. Había pasado lo mismo que en Terragrigia, sólo que esta vez habían salido a la luz sus secretos, su comodín.

-Eso sólo empeorará las cosas…

-¿Más de lo que están? -eso sorprendió a todo el mundo. Se oyeron exclamaciones de sorpresa. O'Brian seguía impasible; ese circo tenía que terminar pronto. Era un espectáculo realmente lamentable.

-Tenemos también constancia de que la desaparecida F.B.C. envió dinero a unas cuentas fantasmas en las Islas Caimán… ¿Tiene algo que decir al respecto? ¿Y qué me puede decir que esos ataques informáticos que sufrieron las centrales de la B.S.A.A. y la Casa Blanca? Tenemos constancia de que usted tuvo que ver algo al respecto –le preguntó el juez echando un vistazo al documento en cuestión. No sabía cómo, pero la B.S.A.A. había conseguido en unas horas desmantelar todo lo que ese hijo de puta había estado haciendo en los últimos meses.

-Absolutamente nada.

-¿Y Jessica Sherawat? ¿Sabe algo de ella? Tenemos constancia de que ha sido su compinche todo el tiempo, desde que formó parte de la F.B.C. La Interpol la está buscando, así que le pediría que nos contara algo más.

-No tengo ni idea de qué es lo que está hablando, señoría…

-Así no vamos a ninguna parte… -murmuró el juez a sus compañeros negando constantemente con la cabeza. Sus palabras habían sido totalmente audibles por los micrófonos. Todos los presentes tenían la sensación de que el caso iba a terminar pronto, antes de lo que pensaba -. Esto es una pérdida de tiempo, así que no me andaré con rodeos. El jurado, tras verificar y contrastar la información que tiene en sus manos, y tras deliberar durante horas, ha decidido que el acusado Morgan Lansdale… sea condenado a muerte –hubo de nuevo murmullos. O'Brian ni se inmutó; en parte se lo esperaba -. Se le atribuyen delitos de falsedad documental, blanqueo de capitales, incitación al terrorismo, pertenencia ilícita de armas… Como ve, son numerosos los cargos que se presentan contra usted… Le tenemos cogido, Lansdale… No tiene escapatoria –el juez se dirigió a los guardias -. Escóltenlo a su celda. Que todo el trámite burocrático esté listo para mañana a más tardar… No podemos dejar que un monstruo como él siga entre nosotros. Se levanta la sesión.

Y con un nuevo martillazo todo se terminó. Volvieron a ponerle las esposas. Los periodistas intentaban abrirse hueco para tomar la mejor fotografía. Los policías escoltaron al preso de nuevo. Pasaron junto a O'Brian, que miraba a Lansdale con una mezcla de decepción y repugna. Entendía perfectamente la decisión del jurado.

-Le felicito, O'Brian. Ha sido el justo vencedor –dijo deteniéndose en el pasillo. Las cámaras seguían haciendo fotos sin parar. Lo más seguro era que apareciera en el periódico del próximo día.

-Eligió el bando equivocado, Morgan. Siempre lo dije.

Los guardas se lo llevaron a toda prisa. Se estaba formando un gran revuelo. Todo quedó preparado para esa noche. Enviaron notificaciones a los familiares y amigos más cercanos para que le dieran el último adiós, pero nadie respondió. Se veía que casi nadie le tenía demasiado aprecio. O'Brian sí estuvo allí. No apartó en ningún momento la mirada a través del cristal.

Junto a él había algunos periodistas y representantes de la prisión. Todo fue rápido, más de lo que cabía imaginar.

Estaba sola. Completamente sola. Lo había perdido todo: la muestra, la confianza de Lansdale. ¿Qué iba a ser de ella de ella ahora? Ni siquiera podía ponerse en contacto con Fisher. Lo único que haría sería levantar sospechas. A estas alturas la policía la estaría buscando por todas partes, y la única carta que parecía quedar en juego era la de Neil. No, no podía arriesgarse de esa forma.

No tenía ni idea de cómo había logrado evitar a toda la B.S.A.A., pero lo había conseguido. Se había refugiado en una casa a las afueras de Salt Lake City, en un pueblo cercano. La casa estaba llena de polvo y cosas viejas; no parecía que nadie viviera allí. Estaba en el interior de un bosque, así que tardarían en dar con ella. Necesitaba un plan urgentemente. El problema era que no tenía ninguna garantía en el exterior.

Observó con pena dos latas de conserva que había sobre la mesa roída de madera. Llevaba un montón de horas sin comer. Había decidido echar un vistazo a la casa para ver qué provisiones había… y sólo había encontrado dos malditas latas de conserva. Podría salir al bosque a coger alguna fruta o algo que fuera medianamente comestible, pero no podía arriesgarse a que la vieran. La policía estaría peinando todos los rincones del condado.

Se llevó las manos a la cabeza e intentó respirar con tranquilidad. ¿Cómo habían podido salir tan mal las cosas? Era la B.S.A.A., la maldita B.S.A.A. que siempre aparecía para aguar la fiesta. Si tan sólo hubieran acudido unos minutos más tarde se habría podido largar sin problemas y nadie hubiera sospechado de ella. Cuando había colocado las bombas se había asegurado de que su rostro no era enfocado por ninguna cámara.

Sabía que no podía quedarse mucho tiempo allí. Tal vez un par de días a lo sumo antes de que la policía se acercara demasiado. No podía quitarse de la cabeza cómo Valentine la había humillado. Con un hombro mal había conseguido darle una buena paliza. Tal vez estaba más preparada de lo que pensaba; su aspecto engañaba mucho. ¿Cómo había podido permitirlo?

Lo cierto era que le costaría mucho olvidarlo, puede que incluso nunca. Estaba metida en un buen lío, y no tenía nadie en quien confiar. Se quedó mirando a través de la ventana que tenía enfrente. Hacía un poco de viento; las ramas de los árboles se movían ligeramente. No tenía ni idea de qué hora era, pero a juzgar por la claridad debía ser mediodía o algo más.

Su estómago rugió. Estaba realmente hambrienta. Necesitaba llevarse algo a la boca. ¿Y qué haría cuando se quedara sin nada? Negó con las manos aún en la cabeza. Tenía ganas de gritar, de llorar, de dar patadas hasta romper todo lo que había allí. La máscara que había utilizado estaba tirada en el suelo. Tenía un lateral roto, pero ya no le hacía falta para nada.

Se levantó con lentitud sintiendo todos sus músculos agarrotados. Había tenido que darse una buena carrera para huir de sus enemigos y de las B.O.W.S. que la perseguían. Y, por supuesto, todo el esfuerzo al que se había visto sometida por culpa de esa idiota de Valentine. Dio unos dubitativos pasos hacia la mesa y cogió uno de los botes con manos temblorosas. Echó un rápido vistazo a la etiqueta. Melocotones en almíbar. No le entusiasmaba demasiado la idea, ni a su estómago, pero era lo único que tenía a mano.

Consultó la fecha de caducidad… y su gesto cambió por completo. Apretó los dientes y arrojó la lata contra la pared. ¡La maldita lata llevaba caducada meses! ¿Desde cuándo no pasaba nadie por allí? Su respiración se volvió más agitada. Necesitaba tomarse las cosas con calma, y pensar con frialdad lo que iba a hacer a continuación. No podía perder los nervios de esa forma. Había otra lata. Con un poco de suerte podría comerse.

Cogió el envase, y antes de mirar qué contenía, consultó la fecha de caducidad. Gritó de rabia. Otra puta lata que no podía comer. La tiró al bosque, a través de la ventana, que se hizo añicos. El aire empezó a entrar. No era demasiado frío, pero tampoco era para estar en mangas cortas. Le dio una patada a una silla que tenía a su izquierda. No tenía electricidad, ni agua, nada que llevarse a la boca.

En aquella maldita casa tenía que haber algo que pudiera utilizar. Tal vez no había mirado bien. Sí, tenía que ser eso. Salió de la cocina a toda velocidad y empezó a registrar una a una todas las habitaciones de la casa. No era demasiado grande, pero había bastantes trastos acumulados, y la mayoría eran cosas rotas y que no tenían ningún valor.

Olía ligeramente a humedad. Debía ser una zona bastante húmeda, y el hecho de que nadie pasara por allí había transformado el lugar en grandes capas de polvo allá por donde iba. Estornudó un par de veces mientras abría un armario. Estaba vacío. Había varias perchas, y en una de ellas había colgado un cinturón. ¿Un cinturón? ¿Podría servirle de algo? Lo cogió por si acaso.

El cuarto de baño no estaba en mejores condiciones. El espejo estaba hecho trizas, y la bañera tenía tanta suciedad que parecía negra en vez de blanca. Ni muerta se daría un baño ahí aunque tuviera agua. Abrió todos los cajones sin encontrar siquiera un bote de agua oxigenada o algún medicamento. El anterior dueño se había asegurado de llevárselo todo.

Estaba jodida, realmente jodida. En los dormitorios ni siquiera había cama. Había tenido que dormir la noche anterior en el suelo, con tanto frío como si estuviera en el exterior. Volvió a la cocina con lentitud, aguantando las lágrimas. Lo único que había encontrado era un puto cinturón. Se dejó caer contra la pared y apoyó la cabeza contra las rodillas.

De ninguna manera podía dejarse capturar. Moriría antes de hacerlo. Morir… Sintió un escalofrío. ¿Realmente era la única opción que le quedaba? Se quedó pensativa. ¿De verdad que estaba pensando en toda esa mierda? Observó detenidamente el cinturón, que lo sujetaba con la mano izquierda. Tragó saliva con dificultad. No había alternativa: era morir o ser capturada… y a saber qué harían con ella.

Existía la posibilidad de abandonar aquel lugar y buscar cualquier otro para pasar los siguientes días, y a ser posible bastante lejos de la ciudad. La policía no pararía hasta dar con ella, y si tenía que recorrer el país entero para conseguirlo, lo haría. Pero era una auténtica locura: ¿adónde iría? ¿Encontraría algo para comer? ¿Un refugio seguro? No tenía ninguna garantía a fin de cuentas.

Volvió a observar el cinturón. Había un ventilador con aspas en el techo, justo encima de la mesa. Parecía bastante resistente. Se subió a la mesa y lo observó detenidamente. Había parte de la cuerda; el resto estaba roto, quizá en alguna parte de aquella pocilga. Intentó activarlo, pero no funcionaba, tal y como sospechaba. Dejó sujeta la hebilla en la parte superior del ventilador e hizo un nudo en la parte inferior.

Tragó saliva con mucha dificultad. ¿De verdad que iba a hacerlo? Cerró los ojos y se pasó el nudo por la cabeza. Sólo hacía falta un poco de valor. No podía dejar que la capturaran. Aún había posibilidades de salvar todo el lío que había provocado. Tenían que confiar en Neil. Él era el único que aún tenía un as en la manga. Con dedos temblorosos apretó el nudo contra su cuello.

Le temblaba todo el cuerpo. Y de repente, le dio una patada a la mesa, que cayó con gran estruendo. Ella quedó suspendida en el aire. Para siempre.

Dos días después

Jill caminaba un tanto nerviosa por el pasillo que llevaba a la sala de reuniones. No sabía qué esperar. Lo único que tenía claro era que no iban a regalarles piropos ni iban a agradecerle su labor. Ni siquiera habían pasado veinticuatro horas desde que había aterrizado en Nueva York y ya volvía a sentir ese pellizco de tensión que a veces le provocaba el trabajo.

Podía considerarse una afortunada por estar haciendo algo que realmente le gustaba. Era muy arriesgado, sí, ponía su vida constantemente en peligro, pero más difícil era lidiar con los problemas de la oficina. Eran tantos que era un milagro que estuvieran de acuerdo en algo. Abrió la puerta con la mano derecha y empujó la puerta viendo que la mayoría ya estaban sentados a lo largo de la mesa.

Chris debería estar por allí. Ella había tomado un taxi. No estaba en condiciones precisamente de conducir. Tal vez podría haberle dicho a Chris que la recogiera, aunque su piso estaba bastante más lejos. Su compañero levantó la mirada y la vio. Le sonrió. Jill le devolvió el gesto como una adolescente perdidamente enamorada. Cambió su gesto al darse cuenta de que estaba rodeada de los máximos dirigentes de la B.S.A.A.

Caminó con paso decidido hacia el asiento que estaba a la izquierda de Chris, que le retiró la silla en cuanto la vio acercarse. Jill se sonrojó ligeramente. Procuró mirar hacia otro lado para que nadie la viera. Bastante vergonzosa era ya la situación. ¿Por qué siempre le provocaba ese tipo de sentimientos? Se sentó rápidamente apoyando el único brazo que tenía disponible en la mesa.

-¿Qué tal estás? –le preguntó el moreno sin dejar de observarla. Ella se giró un poco, pero sin llegar a mirarle directamente. Tenía un mecanismo de atracción muy fuerte, demasiado.

-Deseando que me quiten este condenado trasto –respondió provocando una sonrisa en el rostro de su mejor amigo. O'Brian, que estaba al otro lado de Chris, se inclinó un poco para unirse a la conversación.

-Bienvenida, Jill –hizo una breve pausa. Bajó su tono de voz. Tal vez iba a contarles algo confidencial -. Le he dicho a Chris que, pase lo que pase, voy a apoyaros. Sé que las cosas van a ponerse un poco calientes, pero quiero que sepáis que estoy de vuestra parte.

-Gracias, Clive.

Y esta vez le tocó a ella sonreír. Sabía que se sentía culpable por lo que había ocurrido en Terragrigia. Había ocultado la actuación del que consideraba su confidente y amigo, pero todo había salido a la luz, y no le había quedado más remedio que dimitir. La resurrección de Veltro no había sido más que una patraña para ocultar las intenciones de Lansdale.

-¿Fue… rápido? –le preguntó Chris con una voz tomada por la duda. Jill frunció el ceño. No sabía a qué se refería al principio, pero luego cayó en la cuenta. Lansdale había muerto. Lo habían condenado en el último juicio que se había celebrado hacía dos días.

-Sí… -respondió el antiguo dirigente de la B.S.A.A. con el gesto serio. Chris no dijo nada más. Entendía perfectamente por lo que debía estar pasando. Si a él Jill, Leon o su hermana le hiciera algo parecido… No sabría qué pensar -. Al fin y al cabo, era el desenlace que esperaba…

El ex miembro de S.T.A.R.S. asintió en silencio. Cuando O'Brian los llamó para contarles la noticia se quedó mudo. El sistema había actuado con bastante rapidez, más de la que cabría esperar. Estaba claro que Lansdale era un peligro para la sociedad, y que sus posibilidades de reincidir eran altas. Aún tenían que encontrar a Jessica, que seguía en paradero desconocido. La policía seguía peinando la zona sin descanso.

-Le he dicho a Julia que no nos interrumpa salvo que sea una llamada del Gobierno, de la Interpol o el F.B.I. –le contó a Jill mientras la puerta que daba acceso a la sala volvía a abrirse. Ya estaban todos. La reunión iba a empezar. Se sentía como un criminal. ¿De verdad que iban a juzgarlos por haber evitado otra catástrofe?

-Me parece perfecto.

Julia era la secretaria sustituta. La otra estaba de vacaciones. No sabía por qué, pero siempre que tenían una reunión importante ocurría algo. ¿Sería esta vez una excepción? Puede ser. Chris no tenía ni idea de qué le esperaba, pero observando el ambiente que se respiraba… no hacía presagiar nada bueno. Estaban enfadados. Realmente enfadados. Siempre había hecho las cosas a su manera, y nunca iba a cambiar. Cualquier acto bioterrorista merecía ser cortado de raíz.

La puerta que daba acceso a la sala se abrió, y por ella entró el único fundador que faltaba. Jill se puso algo tensa. Si ya estaban todos quería decir que iban a empezar a juzgarlos. ¿Tan complicado era entender que habían evitado que el virus se propagara más allá de las ciudades? Se hizo un silencio absoluto cuando todos estuvieron sentados. Jill le echó una rápida mirada a su compañero, que tenía la mirada fija en el horizonte, como si todo aquello lo aburriera.

-Bueno, ahora que estamos todos, demos comienzo a esta reunión de urgencia –dijo Timothy Ryan, el que casi siempre llevaba la voz cantante en estos temas. Realmente no había un líder nato. Todos los fundadores ostentaban el mismo cargo y tenían las mismas responsabilidades. Sin embargo, los únicos que habían decidido pasar a la acción habían sido Chris y Jill -. Estamos aquí para juzgar los hechos acontecidos en las últimas horas, hechos en los que el señor Redfield y la señorita Valentine han participado sin el consentimiento ni la autorización de la directiva –hizo una pequeña pausa para mirarlos. Chris se cruzó de brazos como si todo le diera igual, mientras que Jill permanecía atenta, con el gesto serio -. No sólo han puesto en peligro su vida, sino que han actuado a escondidas de la organización, lo que supone el incumplimiento del artículo trece de nuestro estamento –algunos asintieron mostrando su conformidad -. Quiero escuchar lo que tengan que decir… y luego decidiremos entre todos la sanción pertinente. Hablen.

-Si actuamos en secreto fue porque nunca íbamos a conseguir la autorización para llevar a cabo la operación –respondió el ex miembro de S.T.A.R.S. adelantándose a su compañera, que había abierto la boca, pero de allí no salió ningún sonido. Decidió esperar y ayudarlo en todo lo que pudiera -. Sabíamos que Sherawat estaba por ahí, esperando el momento oportuno para realizar el ataque. Encontramos… -se detuvo unos segundos sin querer recordar esa noche… La cara de decepción de Jill, el cómo había sido engañado…

-Una pista… -añadió la morena al ver que su compañero no arrancaba. Sabía que debía estar pensando en lo que ocurrió en aquel local. Esa maldita noche en la que esa hija de puta jugó con ellos a su antojo -. Eran unas coordenadas. Conseguimos descifrarlas, y coincidían con la localización de Salt Lake City.

-¿Y por qué Chicago? –preguntó otro de los fundadores que estaba sentado cerca de una de las ventanas.

-Lansdale tenía una zona de investigación secreta allí –esta vez fue Chris el que respondió -. Nos llegaron unas fotografías y unas pruebas que confirmaban la existencia de ese lugar…

-¿Y de dónde procedía dicha información?

-Del Gobierno.

Todos se quedaron en silencio. Lo cierto era que había Leon el que había conseguido parte de la información. Ellos simplemente se habían encargado de unir cabos sueltos. Pero todo había estado relacionado: los ataques informáticos, el asesinato del Presidente, el ataque bioterrorista en Nueva York…

-¿Y esa fuente era fiable? –insistió Ryan tomando nota de todo lo que se decía.

-Por supuesto… -respondió Jill con un ligero tono de enfado. ¿De verdad que iban a cuestionar todo lo que decían? -. El agente Kennedy lleva años al servicio del Presidente. Es un viejo amigo nuestro. Es de total confianza.

-Y como ya sabrán, fracasaron estrepitosamente. El virus se expandió por la ciudad, la población entera pereció, cientos de armas biológicas quedaron liberadas, por no mencionar que nuestros agentes resultaron heridos… -y señaló el brazo de Jill. Chris también había sido operado con éxito, y necesitaría algo más de tiempo para incorporarse al trabajo -. Y por si fuera poco, en el informe dicen que el objetivo escapó, y que la muestra ha desaparecido… ¿Pueden explicarme eso?

-Todo está perfectamente claro en el informe –espetó Chris perdiendo poco a poco la paciencia. Sabía que habían fracasado, que la operación había sido un completo desastre, pero habían evitado que el virus se propagara, y eso era lo más importante. Además, los equipos de limpieza se habían encargado de eliminar a las B.O.W.S. que habían quedado -. No logramos evitar el ataque, pero sí que el daño fuera mayor. A estas alturas podríamos estar hablando de miles de afectados, y de cientos de ciudades infectadas.

-Todo esto supone claramente un acto de rebeldía… -opinó Mayo que estaba sentado al lado de O'Brian. Jill arqueó una ceja sorprendida y negó varias veces evitando reírse. Desde luego que la situación estaba tan mal como imaginaba -. Actuar a espaldas de la organización, con el peligro que conlleva enfrentarse al bioterrorismo sin ningún tipo de aval… Ha sido un acto totalmente fuera de lugar.

-Si me permite la intervención… -le interrumpió Clive inclinándose hacia delante para que todo el mundo pudiera oírle bien -. Es cierto que los señores Redfield y Valentine han quebrantado algunos de nuestros principios, y que la operación podría haber acabado realmente mal si nuestros equipos no hubieran llegado a tiempo… Pero yo sé lo que es estar en el campo de batalla, y no conozco a nadie con más credenciales y con más experiencia que ellos dos. ¡Estamos hablando de las dos personas que hicieron caer a toda una corporación! –Chris estaba sorprendido, y Jill estaba al borde del llanto. No imaginaba que O'Brian iba a defenderlos de esa manera -. Tal vez los modos no hayan sido los correctos. En eso estoy de acuerdo. Pero han evitado que la crisis fuera aún mayor.

-Gracias por aportar tu punto de vista, O'Brian –le cortó de forma tajante Ryan levantando una mano. Estaba claro que no estaba demasiado de acuerdo con su defensa -. ¿Qué opinan los demás? Bajo mi punto de vista, el ocultamiento de información es una infracción bastante grave, y ya no hablamos de actuar a espaldas de la directiva. Pienso que se les debería suspender de sueldo y empleado durante, al menos, un mes.

-¿Un mes? –repitió Chris incrédulo y levantándose de su silla. Jill ni parpadeaba. Estar un mes sin cobrar era una auténtica cabronada. No es que no lo ganara bien, pero todos tenían ciertos gastos que se llevaba buena parte del sueldo.

-Me parece un poco excesivo –opinó uno de los fundadores que estaba sentado cerca de O'Brian -. Es cierto que se han tomado la libertad por su mano, y que la cosa podría haber acabado mucho peor, pero creo que han evitado que la situación fuera más complicada de lo que ya es de por sí. Un mes me parece excesivo, pero un par de semanas les serviría para recordar que somos un equipo.

-Y lo somos –saltó Jill casi sin darse cuenta. ¿Ahora acaso pensaban que actuaban siempre por su cuenta para hacer todo lo que quisieran? Desde luego que la cosa no pintaba nada bien -. Una cosa es que luego se presten a ofrecer esa ayuda si se presenta el caso…

-Jill… -murmuró Chris viendo que se estaba dejando llevar por los impulsos. A él le solía pasar mucho también, pero estaba tan decepcionado con la opinión que sus compañeros parecían tener de ellos que ni siquiera tenía ganas de hablar.

-No, Chris –se levantó y dio un puñetazo sobre la mesa. Todos se quedaron sorprendidos. Contuvo una mueca de dolor. Su otro se había resentido con el golpe -. Somos y seremos siempre un equipo que lucha contra una amenaza que no deja de crecer día a día. La B.S.A.A. se está convirtiendo en un modelo a seguir para muchas personas que lo han perdido todo o que simplemente buscar crear un mundo mejor donde todos podamos respirar con tranquilidad. Llevo más años luchando contra el bioterrorismo que todos ustedes juntos. Sé que se siente al estar allí, en medio de la acción, ver morir a personas inocentes, a compañeros… Pero es parte del trabajo, y me encanta lo que hago. Y es por eso que cuando sé que una nueva amenaza se acerca, tengo que hacer todo lo posible para intentar que los daños sean los menores posibles.

Todos se quedaron en silencio. Sus palabras habían llegado muy hondo. La miraban como si se tratara de un espécimen que tenían que analizar. Jill odiaba ser el centro de atención; siempre había dejado esa parte para Chris. Pero no había podido evitar saltar al ver la injusticia tan grande que estaban a punto de cometer. Todos se equivocaban, y posiblemente ellos mismos los primeros, pero no había nada malo en sus intenciones. Hizo un amago por levantarse y marcharse para huir de toda aquella parafernalia, pero eso sí que no sería correcto.

Y de repente, todos empezaron a hablar a la vez. Allí no había quien entendiera nada. Estaban discutiendo. El tono de las voces estaba subiendo. La reunión estaba siendo bastante acalorada. Los fundadores no paraban de discutir unos con otros. No fue hasta que Timothy Ryan dio un sonoro golpe en la mesa cuando las voces cesaron. Desde luego que las palabras de Jill habían provocado un gran fuego que no parecía acabarse.

-¡Basta! Seamos personas civilizadas. Decidamos con respeto y educación la pertinente sanción para el señor Redfield y la señorita Valentine en caso de que se aplique… -alguien pegó a la puerta. Todos se giraron curiosos. ¿Quién demonios se atrevía a cortar una reunión tan importante? Había dejado claro que no quería interrupciones salvo que fuera una cuestión de vida o muerte. Volvieron a pegar al ver que nadie invitaba a la persona que estaba detrás a entrar -. Adelante.

La puerta se abrió con lentitud, y por ella apareció Julia Adams, la que era la secretaria provisional de Chris y Jill hasta que la anterior volviera de sus vacaciones. Todos se volvieron hacia ellos, que estaban tan sorprendidos como el resto. Intercambiaron una rápida mirada. Había pasado algo grave. Otra vez.

-Siento molestar –se disculpó la chica con algo de nerviosismo; le temblaban ligeramente las manos -. Sé que el señor Redfield y la señorita Valentine me dijeron que no interrumpiera, pero… hay una llamada que no puede esperar.

Todos volvieron a mostrarse sorprendidos. Chris y Jill no sabían qué decir; les había pillado tan de sorpresa como al resto.

-¿De dónde es la llamada? –se atrevió a preguntar Chris al ver que nadie decía nada.

-Del Gobieno –la secretaria hizo una pequeña pausa, como si intentara recordar algo -. Del agente Kennedy.

Eso era más que suficiente. Chris se levantó de su asiento, y su compañera hizo lo propio. Los demás los miraron con cara de sorpresa.

-¿Adónde creen que van? ¡La reunión aún no ha terminado! –les increpó Timothy Ryan levantándose de su asiento y situándose delante de la puerta, interponiéndose ente ellos y la puerta. Julia se alejó un poco con el rostro ligeramente sonrojado.

-Es una llamada que tenemos que atender sí o sí –le espetó el mayor de los Redfield situándose delante de él -. Le rogaría que se apartara de nuestro camino. Podría estar entorpeciendo la investigación.

-¿Investigación? Aquí ahora la única investigación que se está llevando a cabo es su constante tendencia a desobedecer y a hacer lo que le viene en gana.

Chris ya había oído suficiente. Y sabiendo que lo que iba a hacer podría traerle graves consecuencias, actuó por impulso. Le dio un empujón a Timothy Ryan estrellándolo contra la pared. Todos soltaron una exclamación de sorpresa. Algunos se levantaron. Jill lo miraba con ojos como platos. Se dio cuenta de inmediato del error. Tenían que largarse de allí de inmediato. Agarró a su compañero del brazo y tiró de él hacia la salida. Pero no se movía. Seguía mirando desafiante a Ryan.

-Esto no ha terminado –anunció Chris en voz alta dirigiéndose a todos los presentes. O'Brian no sabía dónde meterse. Había oído en numerosas ocasiones del carácter temperamental de Chris, pero nunca había pensado que pudiera llegar tan lejos -. Volveremos para terminar con este asunto. Les pondré al día con las novedades que se produzcan.

Y salió de la sala sin mirar atrás. Aceleró el paso antes de que el ascensor se le escapara. Si Leon llamaba era porque había ocurrido algo muy importante. ¿Habrían encontrado alguna pista sobre el paradero de Jessica? ¿La habrían capturado? Era lo único que tenía en mente en ese momento. Se detuvo junto al ascensor y pulsó el botón de llamada. ¿Y si se había producido otro ataque? No, no quería pensarlo. No quería ni imaginar que él estuviera allí tan tranquilo discutiendo una sanción que no tenía ni pies ni cabeza mientras una nueva amenaza surgía.

Jill llegó a su lado apresuradamente, e instantes después lo hizo la secretaria. Su compañera lo miraba como si fuera la primera vez que se vieran.

-¿Qué demonios se te ha pasado por la cabeza para hacer algo así? ¿Sabes que podría denunciarte? –su tono, efectivamente, era de enfado. Chris la entendía perfectamente: se había dado cuenta de su error en cuento su puño golpeó el pómulo de Timothy Ryan.

Las puertas se abrieron. Todos accedieron, y fue la secretaria la que pulsó el botón de la planta ocho. Las puertas se cerraron con un ligero traqueteo y empezó el ascenso. Chris miraba al vacío con los brazos cruzados.

-Sé que me ha equivocado… ¿pero y lo a gusto que me he quedado? –guardó silencio. Creyó detectar que Jill sonreía ligeramente -. Si hay algo que no puedo consentir es que pongan en duda mi dedicación y lo hago en mi trabajo.

-Eso es exactamente lo que yo he dicho… pero sin pegar a nadie –se cayó repentinamente cuando el trayecto terminó. Las puertas volvieron a abrirse -. Deberías disculparte.

-Lo haré a su debido tiempo, no te preocupes…

-La llamada está en espera en la línea dos –les informó la secretaria saliendo la primera.

-Gracias, Julia –Jill miró a Chris, y asintió -. Vamos. Espero que Leon tenga buenas noticias para variar un poco.

Avanzaron a buen ritmo dejando atrás la mesa de la secretaria. Jill fue la primera en llegar y abrió la puerta. Dejó entrar a Chris en primer lugar, que le dedicó una ligera sonrisa. Jill no pudo evitar volver a sonrojarse ligeramente. ¿Pero qué demonios le pasaba? Se acomodó el brazo lo mejor que pudo y se sentó en la silla que estaba delante de la mesa de Chris. La luz del teléfono estaba en intermitencia, en color rojo.

-Vamos allá –dijo el mayor de los Redfield descolgando el auricular. Pulsó el botón número dos -. Voy a poner el manos libres para que nos enteremos de lo que dice.

-No esperaba menos…

No pasaron ni dos tonos cuando la voz del agente sonó al otro lado.

-¿Chris?

-Leon… No esperábamos tu ayuda tan pronto… ¿Ocurre algo?

-¿Está Jill por ahí?

-Sí, está aquí conmigo –y le dedicó una rápida mirada -. Está oyendo todo lo que hablamos.

-Bien… -hizo una breve pausa. Chris se movía en su silla algo nervioso. Desde luego que parecía algo serio -. Hace unos minutos me ha llegado un informe del F.B.I. Esta mañana han encontrado el cadáver de una mujer en una casa a las afueras de Woodridge Terrace –Chris frunció el ceño. Jill negó con la cabeza. No tenían ni idea de qué pueblo o ciudad era ni dónde se encontraba. Leon estaba demasiado callado. Eso no era buena señal.

-¿Leon? –insistió Chris, que estaba empezando a preocuparse. Y un nuevo temor volvió a invadirle. ¿Y si era Claire? ¿Acaso estaría trabajando en algo relacionado con Terrasave?

-La autopsia ha confirmado que esa persona murió asfixiada –volvió a quedarse en silencio -. Se suicidó –y ahora venía la mejor parte -. El cadáver… pertenece a Jessica Sherawat.

Chris y Jill se miraron de hito en hito. ¿Qué habían encontrado a Jessica muerta? ¿Cómo era posible? Chris se pasó la mano por el pelo nervioso, y Jill ni pestañeaba. Esa confesión los había pillado completamente por sorpresa. Eso daba un auténtico giro al caso.

-¿Están… completamente seguros? –se atrevió a preguntar Jill cuando más o menos se recuperó de la impresión -. Quiero decir… Los datos no mienten… ¿verdad?

-No, me he asegurado de que todo estaba en orden antes de llamaros… Si hubiera algún error no os habría llamado. Creo que era importante para vosotros saber este… inesperado desenlace…

-Sí… Gracias, Leon…

-¿Qué vais a hacer ahora?

-No lo sé… -respondió el ex miembro de S.T.A.R.S. sin dejar de pasarse la mano por el pelo. Eso mismo se estaba preguntando él: ¿ahora qué? -. Tendremos que hablarlo con la junta para determinar si cerramos el caso. Con Lansdale y Sherawat muertos, no tenemos a nadie que pueda testificar.

-Entiendo… Estaré al tanto de todo lo que ocurra.

-Gracias de nuevo, Leon.

Y la comunicación se cortó. Chris soltó el auricular con lentitud, con la mano temblándole ligeramente. Miró a Jill, que debía tener la misma cara de impresión que él. Jessica muerta… Eso cambiaba mucho las cosas. Ahora el caso quedaría cerrado con toda probabilidad. No tenían una pista, nadie que pudiera explicar con detalle los planes del difunto Morgan Lansdale.

-Deberíamos informar al resto –opinó su compañera con un tono de voz decaído. Desde luego que la noticia había caído como un jarro de agua fría, porque ahora no podían llevar a cabo una investigación propiamente dicha. Lansdale no había dicho una mierda en el juicio, y habían contado con capturar a Jessica y obligarla a confesar. Pero estaba visto que eso ya era imposible.

Chris asintió lentamente y se levantó de su asiento con un dolor de cabeza considerable. ¿Cómo habían dejado que la situación se les escapara de las manos? El juicio se había celebrado sí, y el principal culpable ya había pagado por ello, pero su cómplice principal se había ido a la tumba guardándose un montón de secretos. El caso iba a quedar en el olvido.

Se acercó a la puerta y la abrió sin decir nada. Sentía una sensación de derrota absoluta. Caminó hacia el ascensor sin esperar a Jill, que se unió a él poco después. También estaba bastante seria, aunque en su rostro había un ligero aire de decepción. Las puertas del ascensor se abrieron. Ambos entraron sin intercambiar palabra. Las puertas se cerraron poco después y Chris pulsó el botón de la planta ocho. Comenzó el ascenso.

-Muy en el fondo me da hasta pena… -dijo Jill rompiendo el silencio y mirando hacia un punto situado por encima del hombro de su compañero, que la miró sorprendido.

-¿Qué te da pena? –repitió sin dar crédito a lo que estaba oyendo. ¿Había que sentir pena también por los terroristas? Eso era lo último que le faltaba por escuchar. Tal vez serían los antibióticos que estaba tomando que la estaban haciendo delirar.

-Me he expresado mal… Me refiero a la sensación de decidir acabar con todo cuando no te quedan más acciones… El suicidio es el método más eficaz para quitarse de en medio, pero también hay que tenerlo muy claro, y mucha sangre fría…

Chris creyó entender a lo que se refería. Lo más seguro era que Jessica se hubiera visto sola, sin ningún tipo de ayuda, y que iban a cogerla tarde o temprano, que había decidido quitarse la vida antes de confesar todo lo que sabía sobre los planes de Lansdale y su implicación en ellos. Las puertas se abrieron. Jill fue la primera en salir. Chris se quedó algo más rezagado, pensativo.

Con Jessica fuera de combate, quedaba una amenaza menos con la que rendir cuentas. No sabía cómo se lo tomarían los demás, pero estaba seguro de que se quedarían tan sorprendidos como él. Jill estaba esperándolo a mitad de camino. Decidió seguirla. Esperaba que la situación estuviera más tranquila, pero después del espectáculo que había montado hacía unos minutos, lo dudaba.

La noticia, tal y como esperaba, no cayó demasiado bien entre los fundadores. Todos parecían bastante decepcionados. Finalmente, las sanciones fueron mejor de lo que podía esperar: Jill perdería su sueldo el tiempo que estuviera de baja, al igual que él. Lo bueno es que ambos esperaban estar de vuelta para la próxima semana con un poco de suerte.


Bueno, bueno... Lansdale y Jessica fuera de combate... ¿y ahora qué? La idea de Jessica se me ocurrió mientras empezaba el capítulo, y me pareció buena para darle algo más de dramatismo. Final peliagudo donde los haya...

Xaori: take it easy! no me seas impaciente, que ya mismo viene lo bueno :D En realidad el encuentro entre Leon y Ada quería hacerlo de otra forma, pero era, de nuevo, alargarme enormemente, y lo cierto es que ahora no voy a tener tiempo para casi nada porque empiezo un master y estoy a las puertas de que vuelvan a llamarme para trabajar, así que veremos a ver. "Suerte que sólo quedan dos capítulos". Claire es un punto aparte. Habría que darle un buen escarmiento para que vea que Neil se está riendo de ella en su cara. Y claro, para hacerlo lo más fiel posible, hasta Revelations no va a saber quién es realmente su jefe (vamos a dejarla disfrutar un poquito más xD). Muchísimas gracias como siempre por estar ahí.

Bueno amigos esto es todo por esta semana. Como ya he mencionado antes, ¡sólo quedan dos capítulos! Haré como una especie de conexión entre el final de Terragrigia y el encuentro Chris-Jill vs Wesker muajajaja