1998. Mayo

Cuando las puertas del Gran Comedor se abrieron y dejaron entrar por ellas a Potter una sensación de alivio llenó a Severus.

Potter lo había conseguido sino no hubiera estado allí, sano y salvo y con su ahijado tomado de la mano.

Había llegado la hora, la última parte del plan de Dumbledore estaba por cumplirse.

La conmoción no se hizo esperar, los Carrow se levantaron varitas en mano pero fueron atacados inmediatamente por el claustro de profesores.

La misma Mcgonagall le apuntaba con su varita mientras alumnos afines a Potter entraban detrás de él y blandían sus varitas.

Esos chicos a los que había tratado de proteger, dejándolos entrenar para cuando llegara ese momento.

La Orden del Fénix llegaría en unos momentos, y estaba seguro que Sirius estaría con ellos. Pero no había tiempo, debía encontrar a Harry y contarle aquello que Dumbledore le había dejado encomendado para cuando ese momento llegara.

Pero Minerva impidió que aquello pudiera suceder, miró a su ahijado. Él le había enseñado toda la legeremancia que sabía, y era un buen alumno, no necesitó mucho para que este entendiera su señal y entrara en su mente.

La imagen de la Casa de los Gritos apareció en su mente, seguida de una secuencia de escenas que tan solo esperaba que el joven Malfoy entendiera y pudiera transmitirle al que ahora era su pareja.

o0o

Sirius acaba de llegar acompañado de Remus y Tonks, los recientes padres habían dejado al pequeño Teddy al cuidado de la madre de ella, Andrómeda.

Aquello era lo que todos habían esperado, un ataque final donde todos pusieran las cartas sobre la mesa y atacaran con toda su fuerza.

El aviso de Minerva y la apertura de las chimeneas para que ellos pudieran acceder llegados el momento había sido decisivo.

La Orden al completo estaba reunida en el Gran Comedor, todos miraban con asombro a Sirius, pero no era momento para preguntas. Los mortífagos estaban llegando a pie. La única manera en la que no podrían contrarrestarlos por mucho tiempo.

Los Carrow habían sido atrapados y encerrados en la antigua torre de Ravenclaw.

Pero Severus había escapado antes de que ellos pudieran llegar.

Él había visto a Harry, y sus acompañantes. Aunque Sirius había sido testigo y partícipe del pacto inquebrantable por parte de su pareja y su ahijado sobre la seguridad de Draco Malfoy, saber que este había aparecido tomado de su mano cuando junto con Hermione y Ron habían llegado a Hogwarts le había sorprendido.

Estaba deseando ver a Harry, pero este se había ido a la búsqueda de uno de los últimos Horrocruxes, el que debía pertenecer a Rowena Ravenclaw.

No había tiempo que perder, y entre todos levantaron las barreras mágicas que les darían tiempo para que Harry acabara con el trozo de alma de Voldemort.

Sabía que caerían pero cualquier tiempo que ganaran era más que necesario.

—Sirius, voy con Hagrid al bosque prohibido—le dijo Remus antes de salir corriendo.

Las criaturas que allí vivían habían sido dejadas al margen, contando tanto con aliados como enemigos allí adentro.

o0o

Harry hablaba tímidamente con el fantasma de la Dama Gris, aquel fantasma escurridizo que le había recomendado Nick casi decapitado, como la fuente para saber cualquier cosa sobre reliquias de Ravenclaw.

Lejos Draco le esperaba, un vistazo a su reciente pareja que le miraba dándole ánimos le hizo sonreír.

Aquel hermoso chico que había sido como un grano en el culo durante siete años había cambiado todo cuanto sabía sobre sí mismo en tan solo unos meses.

La mano que le tendió en su casa no fue tan solo por aquella maldita promesa que realizó con Snape. Draco había mentido por él, estaba seguro que le había reconocido. Pero no le delató, y lo vio luchar contra Bellatrix cuando Hermione estaba inconsciente en el suelo.

Desarmarlo fue solo una medida de seguridad, pues a pesar de todo, ellos eran enemigos. Ellos estaban en bandos contrarios.

Las fuertes ojeras, el aspecto opaco en el que se encontraba su siempre lustroso cabello, sus ojos llenos de miedo y dolor.

Tendió su mano delante de todos, un momento donde solo ellos importaban.

Draco le sostuvo la mirada, una que hacía más de un año que no veía. Un simple vistazo hacia atrás, donde sus padres que no lucían mejor que él fue suficiente. Pero Harry no los miró a ellos, seguía concentrado en la figura de Draco.

Cuando este volvió los ojos hacia él, algo había cambiado. Esperanza, la primera vez que la veía en mucho tiempo en él.

Tomó su mano, y todo lo que siguió fue una carrera sin cuartel en la que las maldiciones volaron sobre sus cabezas.

Gracias a la ayuda de Dobby pudieron escapar de la Mansión.

En la casa del reciente matrimonio de Bill y Fleur, todos apuntaron sus varitas contra Draco Malfoy, a excepción de él que lo protegió con su cuerpo.

—Él viene conmigo, nadie le hará daño—fue lo único que dijo y todos bajaron las varitas.

Eso no significó que no tuviera largas conversaciones con sus amigos que le pedían que dejaran a Draco allí para seguir con su misión.

Harry se negó, no le dejaría, no era seguro y no quería separarse de él. De hecho, eso fue lo que pasó hasta ese mismo momento, nada los iba a separar salvo la muerte.

Aquella promesa hecha meses después volaba sobre la mente de Harry, él no tenía claro que su muerte no estuviera por acaecer. Un miedo que no había querido compartir con Draco en todas esas noches buscando Horrocruxes, en esas noches llenas de palabras de amor, de besos y promesas.

Solo la muerte lo separaría de su reciente descubierto amor, solo suplicaba que esta le diera cancha para poder acabar con aquella pesadilla.

o0o

Lucius Malfoy había sido llevado a la batalla exento de varita, aquello parecía ser la humillación final del que un día llamó Señor. Indefenso y como avanzadilla de un grupo de mortífagos sería incapaz de realizar ningún tipo de hechizo.

Su mujer retenida por su hermana, lo miraba con lágrimas en los ojos. Lo único que lamentaba era que no había podido avisar a Draco de nada. Solo confiaba en que este estuviera a salvo y de que Potter ganara la dichosa guerra.

Lucius no se considera un cobarde, y esperaba morir con valentía, aunque no podía negar que esperaba que fuera algo rápido.

—Malfoy, conmigo—dijo Fenrir, el rubio miró al hombre lobo. Este había ascendido dentro de las filas de los mortífagos mientras él era relegado. Asqueado con la idea de seguirle, se tragó su orgullo. Al menos, podría tener alguna posibilidad en uno contra uno, fantaseó.

o0o

Remus se había adentrado siguiendo las sombras de los árboles al bosque precedido de Hagrid.

No tardaron en estar tan profundo que ni siquiera las barreras que habían levantado eran posibles de ver.

Una de sus misiones en esos años habían sido ir de grupo en grupo de licanos buscando su apoyo. Pocos habían sido los que habían querido apoyarlos, pero algunas manadas habían acudido a su llamada final.

Él se ocuparía de guiarlos a ellos, mientras Hagrid hacía lo mismo con los pocos gigantes que había conseguido convencer.

Notó algo a su espalda, sus sentidos agudizados olió el fuerte olor de uno de los suyos. Pero jamás olvidaría aquel hedor.

Desenfundando sus colmillos, gruñó a la oscuridad.

Unos ojos amarillos le miraban y no tardó en sacar su rostro a la luz. Fenrir Greyback. El hombre lobo que le mordió cuando no era más que un niño.

—Bastardo…—gruñó en un tono bajo y grave que erizó su piel.

—¿El hijo pródigo vuelve al hogar?—dijo con sarcasmo Greyback—¿No vienes a dar un abrazo a tu padre?

Los colmillos de Remus dolían de las ganas de desgarrar la piel de aquel bastardo.

Desenfundó su varita, y apuntó al hombre lobo que parecía ir solo. Pero una cabellera plateada le distrajo. Saliendo de las sombras apareció Lucius Malfoy.

Su aroma siempre había sido dulce y picante, pocas veces habían vuelto a coincidir en su vida. Pero era un olor que no se olvidaba fácilmente.

Aquella distracción le costó a Remus ser derribado por el otro hombre lobo, y Remus se maldijo. Había caído en una ridícula trampa.

—Malfoy, átalo—gruñó el lobo.

Un sencillo incarcero retenía a Remus, podría destruirlo en cuestión de minutos, pero las cadenas de plata que convocó el lobo eran otro cantar.

Vio como el rubio se aproximó a él, su rostro quedaba en sombras oculto de la luz del pálido retazo de luna entre los árboles.

Su olor a pesar de las circunstancias era abrumador, nunca habían estado tan cerca para que Remus se intoxicara de él como ahora le sucedía.

—Toma su varita—gruñó el lobo a Malfoy, Remus luchó contra las ataduras de plata, pero era imposible escapar de ellas y un grave gruñido volvió a salir de su garganta—. Me debes una, Malfoy, no lo olvides—dijo Greyback.

El rubio agarró su varita, hasta el momento no se había dado cuenta de que este iba desarmado. Algo extraño en un momento de guerra como el que estaban viviendo. Pero lo que menos se esperaba fue lo que ocurrió.

Después de coger la varita de Remus, Malfoy atacó a su compañero dejándolo inconsciente en el suelo.

Al momento se vio libre de las cadenas, pero apuntado por su propia varita.

—Vamos a necesitar esas cadenas—dijo Malfoy.

—¿Por qué haces esto?—dijo Remus levantándose.

—Tengo mis propios motivos, y estos ya no están de ese bando—dijo señalando al hombre lobo inconsciente.

Remus lo miraba detenidamente, se veía desmejorado, con grandes ojeras y la ansiedad reflejada en sus ojos plata.

—Átalo—dijo finalmente Remus, tomando su propia varita de nuevo.

Malfoy agarró las cadenas que Remus no podría tocar y ató al otro.

Mientras tanto Remus había tomado la varita de su creador, miraba con odio a aquel que le hizo lo que hoy era, el motivo de tantos sufrimientos para él y para su familia.

—Yo no seré quien te detenga si quieres hacerlo—le dijo Malfoy.

Remus le miró, ¿por qué no hacerlo?¿Por qué no matarlo?

Saboreó la satisfacción de desangrarlo con sus propios dientes, pero se contuvo. Matar a Greyback no era su misión. Él tenía que encontrar a las manadas que se escondían en el bosque, aquellas con las que habían pactado.

Dio un par de pasos hasta Malfoy y le extendió la varita de GreyBack.

Pero antes de que este la pudiera tomar, lo agarró de la muñeca, aproximándolo a sí mismo. Olfateando su cuello, donde el olor dulce y picante era más fuerte.

Una última inhalación y le soltó dejándole en la mano la varita.

—Con esto estamos en paz—dijo Remus marchándose de allí.

Malfoy tardó unos minutos hasta que recobró el dominio de sí mismo, aquel que nunca le había fallado.

Con aquella varita en la mano tendría algo con lo que luchar, era hora buscar a Draco y Narcisa.

o0o

Severus estaba esperando en la Casa de los Gritos, esperaba que su ahijado hubiera pasado el mensaje a Potter.

Aunque no esperaba la visita de otra persona.

Voldemort acompañado de su inseparable Nagini aparecieron.

—Mi querido Severus—dijo con aquella voz siseante suya.

—Mi señor—se inclinó.

—¿Acaso te estás escondiendo?

—No, mi señor.

—No habría lugar donde no te encontrara, Severus—dijo mientras acariciaba a su serpiente.

Aquello era más que una reprimenda por no estar con ellos en la inminente batalla.

—Siempre fuiste un fiel siervo, pero desgraciadamente tienes algo que yo necesito—dijo mientras se aproximaba a él.

—Dígame lo que necesita y yo se lo daré, señor—dijo Severus jugando al juego que mejor conocía.

—Desgraciadamente requiero de ti un último sacrificio—su voz era helada.

Nagini rodeó a Snape y este tragó duro.

—La varita no me reconoce, ese mi querido siervo es el problema. Y solo encuentro una solución.

—No señor, por favor—pidió Snape, aunque sabía que ese hombre o lo que un día fuera un hombre nunca otorgaba clemencia.

Sintió los afilados dientes de Nagini contra su piel, una y otra vez. Gritó de dolor, y de frustración, así acababa su vida. Y no es que no hubiera pensado que ocurriría, tan solo no podía evitarlo.

Los ojos grises de Sirius y su sonrisa perruna era todo cuanto anhela ver por última vez.

Notaba como se desangraba pero no era ese el problema, antes moriría por el veneno de la enorme serpiente que por la sangre que estaba perdiendo.

o0o

Draco había convencido a Harry de ir a la casa de los gritos. Cuando escucharon un grito desgarrador corrieron aún más pero se quedaron estáticos cuando vieron salir a Voldemort seguido de Nagini.

Debían acabar con la serpiente, era uno de los Horrocruxes de Voldemort, lo tenían cerca, Harry aún conservaba el colmillo del Basilisco.

Pero Draco tiró de él, no era el momento, y temía lo que estaba allí sucediendo. Su padrino le había mostrado mentalmente el lugar donde reunirse con él. Tenía que ver con Harry, y no iba a dejar que se enfrentara aún a Voldemort, aún no.

Entraron con sigilo y lo que encontraron heló la sangre de Draco. Severus se desangraba por varias heridas en su cuello tirado sobre el suelo.

—Padrino—corrió hacia él.

—Draco—las palabras sonaban húmedas en su boca.

Harry se acercó lentamente hacia él, a pesar de haberle intentando explicar que su padrino no tuvo más remedio que matar a Dumbledore para protegerle a él. Harry nunca lo perdonaría, ¿lo hubiera hecho él?

—Ven—Severus dijo mirando a Harry, este de mala gana se acercó más, pero Draco tomó su mano dándole ánimos.

—Tómalos—dijo Severus sabiendo que no le quedaba mucho, serían sus recuerdos los que contaran lo que Dumbledore le había pedido.

Tomó su varita y sacó varios recuerdos de su sien, uno a uno los fue metiendo en un frasco vacío.

—Idos, en mi despacho—dijo interrumpiéndose por una tos.

Harry a pesar del odio que había llegado a tenerle al asesino de Dumbledore no pudo evitar sentir pena por el hombre moribundo.

Neville, Luna y Ginny le habían contado como este había logrado contener a los Carrow contra ellos, como había mantenido la paz en el colegio.

Harry se negaba a aceptar perdonarlo, él lo vio matar a Dumbledore, sin temblar, sin dudar. Una maldición certera.

—Idos…

—Padrino, no podemos dejarte aquí—decía Draco llorando—. Tenemos que llevarlo a la enfermería, Harry.

Draco abrazaba al hombre que estaba a punto de morir. Y Harry sacó su varita.

Expecto patronum—de su varita un majestuoso ciervo fue tomando cuerpo—. Busca a Sirius, corre, y dile que hemos encontrado a Snape en la Casa de los Gritos, tiene que venir corriendo, está muriendo.

El animal de humo azul corrió evaporándose entre las paredes de madera.

—Gracias. —Fueron las palabras de Snape, sus ojos tan negros como la misma noche brillaban.—Corred, Harry míralos, sé prudente.

Harry tan solo asintió, y se dispuso a irse.

—No podemos irnos, Harry, no podemos dejarle solo—gimió Draco.

—Tenemos que irnos, Sirius vendrá, no lo dudo—dijo Harry tomando la mano de Draco.

—No, él es como mi padre, no le voy a dejar—dijo Draco enfadado.

—Draco…

—No, Harry, no me pidas que le deje mientras muere—dijo Draco sacando su varita intentando cerrar la heridas abiertas en el cuello del herido.

—Draco, vete—le dijo Snape—Vete, hijo mío, no hay tiempo.

—No—dijo con un quejido lastimero el rubio.

o0o

La puerta que había estado entornada se abrió de golpe, Sirius entró corriendo, un segundo para entender la escena y otro para llegar hacia Snape.

—Severus—gimió llevando las manos al rostro pálido de su amor—¿Qué ha pasado?

—Vámonos—escuchó que decía Harry a su espalda, Sirius se giró para mirarlo. Sabía como odiaba su ahijado al hombre entre sus brazos y como no lo había hecho por él mismo sino por Sirius.

—Ve, Harry yo me quedo con él—el niño que se fue ya no era más uno, tomado de la mano del joven Malfoy era una versión más adulta de su ahijado que lo miraba serio—. Gracias.

Ambos salieron corriendo de la habitación dejándolo a solas con Severus.

—¿Qué pasó, mi amor?—preguntó abrazando al herido mientras lanzaba varios episkey sobre sus heridas.

—La serpiente, su veneno—dijo Severus.

Sirius entendió el motivo por el que sus heridas no cerraban aunque sí habían dejado de sangrar tan copiosamente.

Extrajo de su túnica algo con lo que siempre había cargado. Introduciéndolo por la boca de Severus.

Tan solo esperaba que funcionara con la cantidad de veneno que la enorme serpiente hubiera expulsado en su interior.

o0o

Las barreras habían caído, y una horda de mortífagos y criaturas habían irrumpido en el castillo, Tonks los hacía frente con cada hechizo que conocía, uno tras otro, pero eran demasiados. El número de aquellos malditos creció mientras ellos no contaban con más miembros en la Orden.

Duelo a duelo se iban adentrando en sus posiciones que iban teniendo que abandonar.

Tan solo contaban con la estrategia de tener el castillo como refugio, pero finalmente incluso este caería.

A lo lejos pudo ver como desde el bosque prohibido salían varios grupos de criaturas, esperaba que su propio esposo con las manadas que le habían jurado lealtad.

Un último pensamiento a su pequeño que estaba seguro con su abuela, seguro si conseguían ganar aquella batalla.

—Tonks, vámonos—escuchó a uno de sus compañeros.

—Cissy, mira a quien tenemos aquí—escuchó una desagradable voz—. La hija de la traidora de nuestra hermana.

—Bella, vamos. —Tonks se giró para ver quienes eran esas dos mujeres.

El parecido con su propia madre no daba lugar a dudas, y aunque esta no tenía nada que la vinculara con su pasado. No podían ser otras que sus hermanas.

Aquellas que la repudiaron por casarse con su padre.

—No puedo decir que sea un placer veros, tías—dijo con rencor Tonks.

La morena que era casi una copia desquiciada de la serenidad que era su madre, alzó la varita contra ella.

Un rayo verde casi rozó su hombro, aquella bruja tenía la clara intención de matarla. Y ella contraatacó.

Una ristra de hechizos volaron pero la maldición asesina fue evitada por la otra mujer, ella no había alzado su varita contra Tonks.

—¿Qué haces, Narcisa?—le recriminó Bellatrix.

—Es nuestra sangre, no la vas a matar—dijo la rubia con tranquilidad.

—Esa no es nada mío, y menos mi sangre, ellos corrompieron nuestra pureza.

–No, Bella, vámonos—dijo con firmeza la rubia.

—Sabía que no podría confiar en ti, siempre fuiste débil—dijo Bellatrix apuntándola con su varita.

La maldición que iba a dar de lleno en el pecho de la rubia fue evitada por Tonks que la desvió haciendo que esta solo cortara unos mechones de su rubio cabello.

El movimiento fue rápido y antiguas enemigas se convirtieron en aliadas por la sangre que las unía más fuerte que el odio que las movía.

Bellatrix demostró ser la más poderosa de las tres, atacándolas a las dos a la vez. La diferencia sustancial era que Narcisa nunca quiso matarla, solo trataba de herirla y huir de allí.

El hechizo que dio de lleno contra Tonks no fue evitable, fue certero y letal. Haciéndola caer a plomo sobre el sucio suelo.

Narcisa sintió el dolor que aquella pérdida ocasionaría a su otra hermana, aquella que llevaba años sin poder ver.

Pero la maldición que la hermana frente a ella le lanzó era más real, más letal.

—Solas tú y yo, traidora—gimió con odio Bellatrix.

—Bella, esto no tiene sentido—dijo Narcisa—. Somos hermanas, vayámonos de aquí.

—No puedes llamarte más mi hermana, has traicionado a nuestro Señor—dijo esta sin dejar de mandarle maldiciones.

—Bella…

El septum que cercenó su cuello imposibilitándole hablar por más tiempo la arrojó al suelo, mientras la sangre corría por su cuello.

La morena se acercó a su hermana, la sonrisa demencial que lucía era del todo macabra, inclinándose sobre ella, recogió la sangre que brotaba de su cuello y lo llevó a su boca.

—La sangre está corrompida—dijo marchándose cuando el último aliento de su hermana desapareció.

o0o

Lucius contempló aquella última escena sin poderla evitar, demasiado lejos para que sus hechizos dieran contra Bellatrix. Corrió a todo lo que sus piernas le dieron.

Cuando tomó a su esposa entre los brazos, solo era un cadáver. La abrazó con fuerza, no la había podido salvar.

Y alzó su varita contra la figura oscura de su cuñada, contra la que dio un hechizo debilitado. La varita no le reconocía lo suficiente para que le obedeciera completamente.

—Tú—gritó Bellatrix—. Ninguno merecéis servir a nuestro señor, traidores.

Lucius alzó su varita lleno de rabia dispuesto a lanzarle un avada a aquella arpía.

Pero no fue más que una triste sombra de lo que una imperdonable debía ser. Y la risa de Bellatrix le hirió los oídos.

Lucius no había soltado el cuerpo laso de su esposa.

La mirada asesina de Bellatrix le decía que no iba a sobrevivir a ese momento.

Pero esta fue desarmada con velocidad, detrás de ella apareció Remus Lupin.

Sus ojos se reconocieron, y apartó de una patada la varita de la bruja. Esta sabiéndose en desventaja salió corriendo, eso solo sucedió debido a que Lupin había visto una cabellera rosa tirada sobre el suelo, desmadejada, su propia esposa yacía allí.

o0o

Remus había visto como Malfoy abrazaba a su esposa la que parecía muerta por su propia hermana.

No sabía que le había hecho ir en su ayuda, pero la desarmó aprovechando el factor sorpresa.

Lo que nunca esperó ver fue a Tonks tirada sobre el suelo, su pelo rosa inconfundible fue lo que llamó su atención.

Sintió como perdía pie, como un agujero en su estómago le hacía caer.

Corrió hacia ella, esperando equivocarse, esperando que no fuera ella.

Pero cuando la volteó los ojos abiertos de su mujer lo miraban carentes de vida.

Un grito de dolor le cruzó el pecho hasta salir por su garganta.

Abrazándola con fuerza olvidó cualquier otra cosa, que estaban en una guerra, que los enemigos lo rodeaban. Nada importaba, solo la mujer que había desaparecido entre sus brazos.

—Lupin, ya vienen—dijo Malfoy tratándolo de mover—. Lupin…

Pero no había nada más, no más que dolor.

—Remus, vámonos—dijo tirando de sus brazos haciendo que dejara caer a Tonks sobre sus piernas.

Remus le gruñó queriéndolo destrozar allí mismo, pero Malfoy no lo soltó.

—Vámonos, no podemos hacer nada más por ellas.

Los ojos amarillo de Remus no reconocían ya a nadie, y sus colmillos solo buscaban que desgarrar para calmar el dolor que sentía.

Pero cuando trató de atacar a Malfoy el aroma de este le trajo de vuelta, dulce y picante. Él lo conocía.

—Vámonos, ya vienen—gimió de dolor Malfoy bajo sus manos.

o0o

Harry tenía el frasco delante de sí, varios hilos de color plata se arremolinaban allí. Sabía que debían ser importantes si ante la muerte quien pensó que fuera su enemigo ansiaba que los tuviera.

Los depositó sobre la superficie acuosa del pensadero.

Sumergiéndose en aquellos recuerdos que iban a cambiar la percepción que tenía sobre su realidad.

Draco lo miraba vigilando la puerta, cuando habían dejado la casa de los gritos se habían doblado por la mitad sosteniendo sus cabezas. La voz de aquel que atemorizaba a todos se introducía dentro de ellos.

Una tregua, ofrecía una tregua y perdón a cambio de la vida de Harry Potter.

Ambos se miraron, había puesto a Harry entre la espada y la pared. Salvar las vidas de aquellos a los que quería si él se entregaba.

—Es una trampa, Harry, él no perdonará a nadie, no es así como su mente funciona—corrió a explicarle a Harry cuando vio la duda en sus ojos.

Allí estaban ellos, mientras Harry veía los recuerdos que su padrino había luchado por que él tuviera. Debía ser de vital importancia y tan solo esperaba que Sirius Black hubiera podido hacer algo por él.

La figura de su pareja inclinada sobre el pensadero era en todo lo que ahora podía pensar.

Aquel chico por el que tanto había sufrido, tratando de agradarle, y no pudiendo hacerlo al menos puso todo su ahínco en nunca ser indiferente para él. No fue odio lo que sintió, fue algo mucho más profundo. Algo que le había hecho dar la espalda a su familia y jugarse la vida por él.

Cuando su espalda se irguió de nuevo, su rostro le decía que había descubierto algo con lo que no contaba.

—Tenemos que matar a la serpiente—dijo Harry, abrazándole con fuerza.

—Harry…

—Lo siento—dijo besándolo.

—¿Por qué?

—Por no creerte.—Su abrazó decía mucho más que eso.

—¿Qué has visto?—preguntó Draco.

—Snape no era lo que yo pensaba, vamos—dijo Harry sin querer dar más explicaciones.

o0o

Sirius abrazaba a Severus, el color había vuelto, aquello era buena señal pero aún estaba débil, necesitaba pociones reconstituyentes. Necesitaba reponer toda la sangre que había perdido y para ello debía llevarlo al Castillo.

Cargándolo sobre su cuerpo, lo ayudó a caminar por el túnel que le llevaba debajo del sauce boxeador.

—¿Un bezoar?—dijo en no más que un susurro, estaba agotado.

—Quizás aquellas clases de apoyo que me diste sí que sirvieron de algo—dijo con cariño Sirius.

—Gracias—dijo simplemente Severus, cualquier esfuerzo era un exceso en ese momento.

—No habría nada que no hiciera por ti—dijo tan bajo que pensó que Severus no le habría escuchado.

—Y por eso soy afortunado.—Besó su cuello Severus.

o0o

Harry se había separado de Draco, necesitaba hacerlo si quería hacer lo que debía hacer.

No podía decir que la idea no había pasado por su mente, tenía sentido. La noche que Voldemort había tratado de matarlo lo había convertido accidentalmente en su último Horrocrux.

Escuchar en los recuerdos de Snape como Dumbledore afirmaba que debería morir para destruirlo solo le confirmó algo que siempre había sospechado.

"Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida"

Aquella conexión, dentro de él, un trozo del alma de aquel ser vivía. Por eso él mismo notaba cuando un Horrocrux era destruido, aquel fragmento de alma que desaparecía se hacía eco dentro de él.

Necesitaba que acabaran con Nagini, él y el animal era lo único que separa a aquel ser de una muerte real.

Separarse de Draco fue doloroso, prometiéndole volver y sabiendo que la promesa que hizo acabaría por ocurrir.

Solo la muerte los separaría, solo hubiera esperado que esta no llegara tan pronto.

Se encaminó a su destino, morir a manos de su enemigo. Destruirlo a través de su muerte.

Bajo la capa de invisibilidad recorrió el camino que le llevaba al bosque prohibido.

Los cuerpos se amontonaban en el exterior. Aquello debía acabar.

Ya era hora.

o0o

Hermione y Ron, acompañaron a Draco cuando la voz de Voldemort de nuevo se escuchó en sus cabezas.

"Harry Potter ha muerto"

Draco no quería creerlo, pero vio como todos se dirigían a la entrada del colegio.

El bando que decía ser el ganador venía con el cadáver de Harry en brazos del guardabosques.

No podía ser cierto, ellos solo se habían separado para buscar a la serpiente.

Fue un estúpido en creerlo, Harry se había entregado, ¿cómo no? Decía conocerlo y no había calculado que el "héroe" se entregaría por salvar a los demás.

—Todo el que se una a mí, será perdonado, no habrá más casas que dividan a los magos. Todos seremos orgullosos discípulos de Salazar Slytherin. Draco, vuelve con los tuyos—dijo señalándolo.

La atención de aquellos ojos rojos puestos sobre sí fue espeluznante.

—Nunca—dijo abrazándose a sí mismo mirando el cadáver de Harry.

La voz sibilina del Señor Oscuro habló a la enorme serpiente que reptaba de su cuello al suelo mirando a Draco mientras se le acercaba.

A su lado, Hermione y Ron se le pegaron. Nunca imaginó que contaría con el apoyo de otros que no fueran sus compañeros de casa. Pero allí, cuando todo estaba acabado él sabía que no estaba solo. A su espalda notó como Neville Longbotton ponía algo en su mano. Era frío y pesado.

—Mátala, por Harry—le susurró.

Cuando la serpiente estaba a escasa distancia, Draco saltó hacia delante cercenándola por la mitad con la espada que perteneció a Godric Gryffindor.

Voldemort gritó como si él mismo hubiera sido herido de muerte. Y en ese momento Harry cayó de los brazos de Hagrid, vivo.

El grito de victoria de todos ellos se hizo oír, y en ese momento comenzó la verdadera batalla.

o0o

Aquellos que por años habían sido enemigos jurados ahora peleaban codo con codo.

Sirius y Severus espalda contra espalda lanzaban maldiciones contra un grupo de carroñeros.

Remus y Lucius, extraños aliados que habían hecho de tripas corazón en ese último momento donde todo estaba por definirse.

Draco y Neville, luchaban contra Dolohov y Yaxley.

Y Harry, conectado con el el rayo que lo había unido tantas veces a su enemigo.

Este no se mostraba tan seguro como antes, no había restos de almas a los que pudiera recurrir. Era ahora o nunca.

Y viendo a todas las personas que amaba rodeándolo, defendiéndose con todo lo que tenían. Contraatacó.

El rayo fulminó a Voldemort que cayó inerte al suelo.

El ruido a su alrededor seguía, la batalla no había parado. Nadie había notado que aquel ser todo poderoso al que seguían había muerto en silencio.

Fueron los centauros los primeros en darse cuenta, poco a poco todos se giraron a mirar la escena.

Voldemort había muerto y de pie permanecía Harry Potter.

La guerra había acabado.

o0o0o0o

Cuando acabé este capítulo no me lo podía creer, 5000 palabras, casi nada... Eran tantas las cosas que quería contar.

A falta del epílogo que ya casi casi está, esta historia termina.

Como os dije saldrán dos nuevas historias, no sé si serán One Shots o serán de varios capítulos. Cuando comience a escribir lo iremos viendo.

La semana que viene me voy de vacaciones y no volveré hasta finales de agosto, espero poder subiros el epílogo antes de irme.

Gracias por acompañarme con este drama con final feliz (para casi todos)

Cuquiluna.3: a ti no puedo contestarte por mensaje, ya hemos llegado!

Besitos.

Shimi.