La verdad era que no le prestaba atención a lo que estaban subastando. Con escuchar los precios exorbitantes por los que se estaban vendiendo las cosas había perdido la capacidad de pensar.
—Y el ultimo objeto de la subasta, pero no por eso es el menos importante…—solo entonces presté atención. —…es el prototipo de inteligencia artificial. Y sé que todos están esperando por esta pieza.
En ese momento se acercaron dos hombres, uno de ellos con una maleta en la mano. Pusieron la maleta en un mostrador, la abrieron y después se pararon los dos a custodiar la maleta.
—Esta es la pieza final y comenzaremos la puja en 500.
—Anastasia tienes que ganar esa puja. —me dijeron al oído.
Levanté mi paleta.
—Quinientos a la dama de negro. —dijo el hombre mirándome fijamente.
Solo esperaba que no me reconociera.
— ¿Alguien da cincuenta más? —dijo aún con la mirada fija en la mía.
En ese instante alguien levantó la paleta y el hombre apartó la mirada de mí.
—Tengo quinientos cincuenta. ¿Alguien da seiscientos?
Levanté mi paleta nuevamente. Y así fue avanzando la puja. Solamente pujábamos por esa pieza tres personas hasta que al llegar 800 millones de dólares nos quedamos solamente dos personas. ¿Era posible que alguien tuviese tanto dinero?
— ¿Alguien da más? ¿La dama no apuesta más?
Al parecer mi contrincante quería irse con la pieza a casa. Cada vez que subía la apuesta él la rebatía. Creo que era momento de sacar el as debajo de la manga.
Me puse de pie y levanté la paleta.
— ¡Un billón de dólares! —exclamé mientras se comenzaban a escuchar los murmullos en todo el almacén.
Mi contrincante levantó las manos a modo de rendición.
—Vendido a la dama de negro. Espero que todos hayan disfrutado de esta subasta hoy.
En ese momento pusieron una laptop en la mesa al lado de donde tenían el maletín con el prototipo.
—Ahora haremos los trámites para que se lleven sus piezas. Las paletas tienen un número pequeño debajo. Es el número de la cuenta a la que deben trasferir el dinero para llevarse la pieza a casa. A medida que hagan la transferencia se pueden ir acercando para comprobar que este hecha, y una vez comprobado se podrán llevar su premio.
Todas las personas que habían adquirido algo comenzaron a sacar sus teléfonos para realizar la transferencia. El resto de las personas comenzaron a retirarse. Y en cuanto una colgaba su teléfono se acercaba a la laptop para hacer la comprobación.
—Espera que se marchen todos Anastasia, pídele el teléfono a Christian y finge que estás hablando.
—Mi teléfono. —le exigí a Christian con voz autoritaria.
—Mira a la paleta para coger el número.
Christian me tendió el teléfono y mientras miraba por un momento la paleta, pretendí que marcaba un número y hablaba. Nos alejamos un poco de las personas para que no sospecharan. Después de hablar un rato colgué y esperé un rato. Solamente quedaban dos personas. Volví a pretender que hablaba en el teléfono mientras hacía tiempo para que se marcharan las dos personas.
— ¿Cómo harán para hacer la transferencia? ¿Acaso van a transferirle esa cantidad de dinero?
—No Anastasia solamente les haremos creer eso. Ellos verán la transferencia a nombre de Caterina pero solo la verán por un minuto. Después de ese tiempo el número desaparecerá. Así que esperemos que no estén mirando la cifra más alta de la noche por más de un minuto.
En ese momento la última persona se alejaba de la mesa abandonando el almacén. Lo que solamente nos dejaba a Dago, con cuatro matones—guardaespaldas, Christian y yo.
Caminé hacia la mesa aún con el teléfono en la oreja y lo colgué tendiéndoselo a Christian cuando me acerqué a la mesa. Christian se paró a mi lado con los brazos cruzados en la espalda.
—Hoy te vas más ligera cariño. —decía mientras actualizaban la cuenta y esperaban unos segundos.
Dago se quedó mirando fijamente la computadora y yo también. Y en cuanto terminó de actualizar apareció el nombre de Caterina Smirnova y justo al lado la suma acordada.
—Tienen sesenta segundos para salir de ahí con el prototipo. —me dijo Leah en el oído.
— ¿Eres la hermana de Elena? —me preguntó Dago mirándome fijamente.
— ¿Algún problema?
—Nada es solo que no sabíamos que Elena tuviese una hermana, nunca ha hablado de ella.
—Sí, la verdad es que no me gusta meterme en los asuntos de mi hermana, pero le debía un favor.
—Ajá. —dijo entrecerrando los ojos.
Apartó la mirada de mí y la dirigió nuevamente a la laptop.
—Treinta segundos.
—Al parecer todo está bien. —dijo mientras cerraba la laptop. — Entrégale su pieza. —le dijo a los dos matones que se disponían a cerrar la maleta.
—Espera, te crees que soy tan estúpida como para pagar un billón y no comprobar lo que estoy comprando, déjame ver la maleta. —pedí mientras me mostraban la maleta abierta.
Miré fijamente el chip sin apartar mi mirada de él.
—Ese es Anastasia, ahora salgan de ahí corriendo. —me dijo Leah al oído.
Sonreí.
—Un placer hacer negocio con ustedes. —cerraron la maleta.
Me disponía a coger la maleta cuando fuimos interrumpidos.
—Dago, Dago, Dago. —era la voz de una mujer.
Me giré hacia atrás para ver quién era la que había interrumpido.
La mujer era de una belleza deslumbrante. Cabello rubio largo cayendo en cascada por su espalda, ojos de un azul intenso y un cuerpo esbelto, como el de una modelo. Caminaba en nuestra dirección como si lo hiciese por una pasarela.
—No pudiste esperar a que yo llegase, soy tu mejor cliente.
—Llegaste tarde hoy, ya está todo liquidado.
—Pero por lo que vine aún no se lo han llevado. —dijo mientras miraba fijamente la maleta.
—El prototipo ya se ha vendido, lo siento.
La mujer se paró frente a mí y me miró fijamente.
— ¿Cuánto han pagado por él?
—No necesitas saberlo.
— ¿Un billón? —se giró hacia detrás de ella y le hizo una seña a dos guardaespaldas.
Se acercaron con enormes maletas. Y las depositaron en la mesa frente a Dago.
—Ahí tienes un billón y medio en efectivo si me lo das a mí.
—Lo siento, pero este trato está cerrado. —contesté envalentonada. —Yo he pagado por eso.
Quien era esta mujer que podía llegar y hacer lo que le daba la gana.
—Nada está cerrado hasta que lo está cariño. —dijo mirándome despectivamente y después mirando a Dago. — ¿Y bien?
—Me estas tentando Gise.
—Pues acepta entonces, que más te da. Nunca vas a conseguir dos y medio por eso. —dijo señalando la maleta
¿Dos y medio? Pero si ella dijo que solo había traído uno y medio. Mierda piensan desaparecernos.
En ese momento Christian que había estado todo el tiempo impasible, sin perder de rastro la maleta la cogió rápidamente con una mano mientras con la otra sacaba su arma y se giraba rápidamente apuntándole a la mujer a la cabeza.
Y entonces vi como su rostro cambió de serio a uno de sorpresa. ¿Acaso el la conocía?
—Vaya, vaya, vaya. Pero si es Ryan Chasting en persona. ¿Ahora juegas a los policías?—eso confirmaba mi pregunta, ella lo conocía también.
Solamente había visto a Christian sacar el arma en una sola ocasión y había permanecido firme en su mano. Pero ahora mientras le apuntaba a aquella mujer podía ver cómo le temblaba ligeramente la mano. Estaba dudando, nervioso.
— ¿Qué piensas hacer con esa pistola nene? ¿Crees que con eso podrás detenerme? ¿Tú y cuantos más?—le preguntó ella.
Pero Christian no hablaba, se había quedado en shock. Entonces en un rápido movimiento levanté mi pierna y saqué mi pistola apuntándole también. La mujer aquella no le importó en lo más mínimo que le estuviesen apuntando dos personas, simplemente se echó a reír a carcajadas.
— ¡Están locos! Apuntarle a la Reina con un arma.
— ¡Callate Dago! —le gritó ella enérgicamente haciendo que cerrar la boca al momento.
Al menos Dago no nos había reconocido.
— ¡Déjanos ir! —le grité mientras aferraba el arma con las dos manos.
—Déjame adivinar, tu eres la que se va a follar esta noche. —me dijo mirándome despectivamente. —Crees que no lo sé, que no te acuestas con la misma más de dos veces, crees que no he seguido tus pasos. —decía mirando a Christian fijamente. —Les voy a hacer una proposición, denme la maleta y los dejaré marchar, vivos.
— ¿Cómo sabemos que cumplirás tu palabra? Que nos dejarás marcharnos. ¿Cómo sabemos que afuera no tienes a más de tus hombres esperando para llenarnos de plomo? —le dije enérgicamente.
Christian no decía ni una palabra, al parecer lo de no hablar se lo había tomado muy en serio. Porque en ese momento, se había quedado mudo.
—No lo sabes, por eso los acompañaré a su auto y comprobarán que nadie les está apuntando, y me darán mi maleta o de lo contrario, me encargaré de recuperar lo que es mío.
—Ve adelante, y ni un movimiento brusco. —le dijo Christian muy serio.
Era una suerte que hablara. Ya estaba por pensar que había entrado en algún tipo de shock.
—Yo no tengo miedo. —dijo mientras comenzaba a caminar hacia afuera.
Y justo como habíamos imaginado afuera había casi diez hombres, todos en cuanto vieron salir a su jefa con alguien que le apuntaba sacaron rápidamente sus armas.
—Relájense chicos, guarden las armas, ellos no me harán nada.
Todos los hombres guardaron rápidamente las armas pero sin quitarnos la vista de encima.
— ¿Qué vamos a hacer? —le pregunté muy bajito a Christian.
—Por ahora, salir vivos de aquí. —me dijo en un susurro.
Llegamos a nuestro auto y Christian abrió la puerta mientras aún le apuntaba a la mujer. Yo di la vuelta y monté rápidamente. Christian cambió el arma de mano y aún continuaba apuntándole cuando arrancó el auto.
—Un trato es un trato cariño, mi maleta. —exigió.
—Sostente.
Christian le lanzó la maleta y apretó el acelerador fuertemente.
—Síganlos. —escuché que gritó la mujer.
El auto salió de allí chillando gomas.
—Imagino que no va a cumplir su parte del trato. —le dije a Christian mientras el aceleraba a fondo y yo me aferraba fuertemente.
Detrás de nosotros venían dos autos siguiéndonos, casi pisándonos los talones. Christian conducía intrépidamente entre los carros mientras los adelantaba intentando perder a los autos que nos perseguían.
—Leah, esto se fue a la mierda, nos vienen siguiendo dos autos, necesito que me despejen lo más que puedan Lake Shore Drive, intentaré perderlos en el parque. —dijo mientras pasaba un semáforo a toda velocidad.
Miré brevemente a Christian, lucía irritado, furioso. Y no sé porque vino a mi mente la imagen de aquella mujer. ¿Ella tendría algo que ver?
— ¿La conoces? ¿Sabes quién es verdad?
—Ahora no Ana. —me contestó irritado.
—Dijiste que no más secretos, lo prometiste. —le insistí.
— ¡Mierda Ana! Ahora no. —me gritó cuando un auto nos golpeó por el costado.
Christian aferraba fuertemente el timón, tenía los nudillos blancos de tanto que lo apretaba. Miré fijamente hacia el semáforo que teníamos casi sobre nosotros y la luz verde estaba por terminarse. No le iba a dar tiempo cruzar.
— ¡Christian! No te da tiempo. —faltaba apenas dos segundos. — ¡Christian!—le grité mientras me agarraba de la pizarra y el cruzaba justo delante de una rastra que venía contrario a toda velocidad.
Cruzamos casi rozando el frente de esta. Pero uno de nuestros perseguidores no tuvo tanta suerte y se estrelló contra ella. Aún nos quedaba un auto siguiéndonos. Y Christian lo perdió diestramente dos intersecciones más adelante. Cuando se cercioró de que no nos seguían dirigió el auto hacia una estación de policía.
Detuvo el auto y nos bajamos cambiándonos ahora a otro que había allí parqueado. Al parecer lo tenía todo planeado. Lo miré fijamente mientras el conducía en silencio rumbo a el hotel imaginaba.
Y decidí no preguntarle nada más.
Cuando llegamos a nuestra habitación ya no había señales de nadie por todo aquello. Tal parecía que nunca lo hubo. Christian se sacó la americana mientras caminaba rumbo a la habitación y la lanzaba sobre la cama junto al arma.
—Necesito una ducha. —dijo mientras terminaba de desnudarse rápidamente y se dirigía hacia el baño.
Se podía notar en sus movimientos y en las facciones de su rostro que estaba preocupado ¿Quién era aquella mujer que lo había afectado tanto?
Me quité la funda con la pistola de la pierna, me saqué los tacones, el vestido, el audífono de la oreja y me dirigí hacia el baño. Christian se encontraba en la ducha, de espalda a mí mientras el agua caía sobre sus hombros y apoyaba las manos frente a él al igual que la frente.
Me acerqué y lo abracé por detrás recostando mi rostro contra sus espalda mojada. Dejando que al agua helada cayera sobre mí y me mojara a mí también. Consolándolo, dándole tiempo a que el contestara mis preguntas cuando él lo decidiera.
Su cuerpo cálido era un contraste delicioso y bienvenido contra el agua gélida que golpeaba mi cuerpo.
—Sí, la conozco. —me dijo de repente y yo no dije nada.
Simplemente me quedé allí abrazándolo dejando que el terminara de hablar.
—Incluso la llegué a amar…
¡Que!
—…y creí que ella me amaba también, pero al parecer, todo estaba planeado desde hace más de dos años.
¿La amaba? ¿A cuántas personas él había amado?
—Antes de ti…solamente he amado a dos personas Ana y una de ellas es mi madre. —me dijo contestando mi pregunta no formulada.
¿Acaso lo había dicho en voz alta y no me había percatado?
Pero volviendo al asunto, eso solamente dejaba a una persona en la ecuación.
— ¿Qué quieres decir? —le pregunté temerosa de ya conocer la respuesta a mi pregunta.
Christian se giró entre mis brazos. Y se quedó mirándome fijamente a los ojos antes de contestarme.
—Esa mujer…es Giselle mi ex—prometida.
