Capítulo 29

Ver a Snow White dentro de su despacho y de pie cerca de su mesa es un shock para Regina. Mientras estudia a su ex hijastra, intenta adivinar el motivo de que esté allí y precisamente a aquella hora. Y por más que piense que es imposible, imagina que la princesa ha ido a causa de Emma. Aquel tono del "tenemos que hablar" no había sido nada amistoso y la alcaldesa sabe que nada bueno puede suceder.

«¿Puedo saber que estás haciendo aquí?» decide usar el arma que conoce tan bien: su sarcasmo y su máscara de frialdad.

«Buenas noches también, alcaldesa, ¿cómo estás?»

«Que yo sepa, Snow, mi despacho no es la sede del club de La Pequeña Lulú y no recuerdo haber solicitado tu presencia aquí, así que…»

«¡Ok, si lo quiere así, yo también sé ser muy mal educada!» retira la silla y se sienta «A propósito, bello collar» se fija en el collar de la alcaldesa que, por instinto, se lleva la mano al cuello y sonríe.

«Gracias…»

«¡Wow! Para que tengas una sonrisa como esa, debe ser algo muy especial de verdad» intenta sondear cualquier pista sobre la cita con Emma, pero la reina es muy astuta para caer tan fácilmente

«Apuesto a que no es para elogiar mi buen gusto que te has dado un salto hasta aquí»

«Ahm…no»

«¿Entonces?»

«Emma»

Al escuchar el nombre de la sheriff, la alcaldesa se remueve nerviosa en su silla. Respira hondo e intenta no dejar transparentar su pánico.

«¿Qué ocurre con la salvadora?»

«¡Pues ocurre que mi hija ha vuelto a ser quien era…gracia a ti! Y ahora la ciudad también está a salvo…o, al menos, por ahora…» escuchar aquello hace que Regina suelte la respiración que contenía. Por lo visto, Snow aún no sabe que ella le había pedido a Emma que fuera su novia y que la rubia había aceptado.

«¡Espero que esta tregua de villanos queriendo pasar las vacaciones en Storybrooke sea bastante larga!»

«De verdad sería genial tener vacaciones…» está de acuerdo la princesa con su ex madrastra

«Vamos, Snow, Henry me está esperando en casa y quiero ir a cenar con mi hijo. Di ya a qué has venido»

«Muy bien, Regina, quiero proponerte algo»

«¿Proponerme algo a mí?» la alcaldesa ya imagina que se irritará profundamente con aquello

«Quiero organizar una conmemoración por el regreso de Emma»

«¿Y por qué rayos estoy yo metida en eso? ¿Y ya no ha habido una especie de celebración en Granny's?»

«¡Regina, por favor! Solo porque nos hayamos reunido en Granny's y brindado no quiere decir que haya sido de hecho una celebración. Estoy pensando en algo más que eso…»

«¿Algo más como qué, Snow? ¡Di di una vez!»

«Un baile»

«¿Un…baile? Un…»

«Sí, un baile como los que hacíamos en el Bosque Encantado. Ah, aún recuerdo la música, los danzas, los vestidos…» devanea

«¿Y dónde crees que puede celebrarse un baile como ese en Storybrooke? ¿Puedo saberlo?»

«Bueno, pensé que podría ser en tu mansión…» Regina encara a Mary Margaret estupefacta.

«¿Te has vuelto loca?» la alcaldesa se levanta de su silla y ríe guasona «¡No existe la MENOR posibilidad de que TE preste mi casa a ti para organizar un baile!»

«Regina…»

«Es la idea más estúpida que has tenido en la vida, Snow ¡Y mira que no han sido pocas!» la mira con las manos en la cintura

«¿Por lo menos puedes escucharme?» pide la princesa

«¿Escuchar tu idea insensata de llenar mi casa con todos los habitantes de esta ciudad para recibir los cumplidos por ser la princesa del año? ¡JA JA! ¡Eso nunca sucederá! ¿Escuchaste bien? ¡NUNCA!»

«Regina, no estoy interesada en llevarme el mérito de eso, ¡escúchame!» se levanta y se pone frente a la alcaldesa. Considerando que no se libraría de ella hasta que no la dejara hablar y ya que ya no había posibilidad de matarla, ya que estaba saliendo con Emma, la alcaldesa respira hondo y se pasa las manos por el cabello.

«Tienes dos minutos» mira su reloj de muñeca

La más joven suspira e intenta calmarse.

«Hemos pasado por muchas cosas, tuvimos que ir tan lejos, casi perdemos a personas demasiado importantes para llegar aquí…pero estamos y todos juntos. No es solo una celebración por tener a Emma de vuelta, Regina. Es un modo de agradecerte a ti y celebrar tu presencia entre nosotros. Una forma de agradecer a todas las personas que nos han ayudado, que se entregaron, que hicieron cosas increíbles siendo quienes son y que siguieron luchando, que creyeron en Charming, en mí; que creyeron en ti»

«Hum…» la alcaldesa comienza a gustarle aquella idea

«Creo que no lo sabes, pero he escuchado a personas comentando por la calle, en la escuela…»

«¿Comentando? ¿Sobre qué? Sé más precisa»

«Sobre ti, Regina»

«¿Sobre mí? ¿Y qué andan diciendo esas personas sobre mí?»

«Que les gustaría llegar más cerca de ti, darte las gracias»

«Nadie tiene que darme las gracias por traer a Emma de vuelta, dije que lo haría y lo hice, solo eso»

«Las personas no quieren darte las gracias por lo de Emma, Regina. Al final, a pesar de que todos nos vimos afectados por su llegada, la mayoría de la ciudad ni siquiera la conoce. No es por eso…» aquello la sorprende

«¿No?»

«No»

«¿Entonces?»

«Quieren darte las gracias por Storybrooke, por la vida que nos diste aquí, por todos los años dedicados a cuidar de la ciudad»

«¿Y por qué eso ahora?» no logra creer fácilmente en aquello

«Porque hemos estado muy cerca de ver nuestra ciudad destruida. Hemos estado muy cerca de perder lo que nos diste aquí»

«Que yo maldije, quieres decir…»

«Quizás fue un golpe cuando la maldición fue rota, Regina, pero…sinceramente, no creo que tengamos muchos candidatos que quieran regresar al Bosque Encantado»

«Bueno…diles a esas personas que aprecio los agradecimientos»

«¿Eso es todo, Regina?»

«¿Todo qué, Snow?»

«Unas palabras dichas por una tercera persona, ¿es eso lo que tienes que ofrecer a tu ciudad? ¿A tu pueblo?» la determinación de la profesora incomoda a la alcaldesa

«No veo motivos para un baile»

«Si no es por ti, si no es por la ciudad, hazlo por mí, Regina, por favor»

«¿Por ti?»

«Yo…te lo pido, por favor» los ojos casi lagrimosos de Mary afectan a la reina más de lo que quiere admitir

«No vas a parar hasta conseguirlo, ¿no?»

«Sabes que soy una persona insistente» sonríe

«Testaruda, diría yo»

«No más que tú, majestad» se mete con ella sutilmente

«Está bien, Snow, hazlo» se arrepiente de haber dicho eso en cuanto las palabras salen de su boca

«¿De verdad?»

«No me preguntes de nuevo porque ni sé por qué he estado de acuerdo con este absurdo»

«¡Gracias, Regina!» Mary abraza a la alcaldesa

«Solo te digo que como le pase algo a mi jardín, a mi manzano o vea cualquier daño en mi casa, Snow White, ¡no dudaré en aplastar tu corazón! Y olvídate de aquellos vestidos pomposos, incómodos y enormes. ¿Quieres un baile de gala? Hazlo. Pero no te atrevas a pedir que llevemos aquellas ropas o puedes olvidarte de esto antes de comenzar» amenaza

«No tendrías valor…» le da una débil sonrisa

«¡No me subestimes!»

«¡Está bien! Tomaré las debidas precauciones. Ya entendí, nada de los vestidos del Bosque Encantado»

«¿Para qué fecha piensas llevar a cabo esto?»

«¿Qué te parece en el solsticio de invierno?» a la princesa le brillan los ojos

«Buena fecha» admite la reina, recordando cómo ella y su padre solían celebrar, solo los dos, aquel día especial.

«¡Entonces así será!» Snow sale del despacho de Regina con una enorme sonrisa y llena de planes. Tiene exactamente 13 días para planearlo todo.


Regina abre la puerta de la mansión con un suspiro. Finalmente, tras un día ajetreado, está en casa. Intenta olvidarse de la visita de Snow White y, sobre todo, el haber estado de acuerdo en aquella locura de su ex hijastra. Dos bultos pasan corriendo y riendo bajando la escalera y se encaminan hacia la sala de la televisión. A pesar de haber dicho centenares de veces que no deben correr allí, la alcaldesa sonríe ante la escena. Es como si finalmente estuviera todo en su lugar.

Las risas aumentan de volumen y la morena ni necesita acercarse para saber que la sheriff está atacando al hijo a cosquillas y los dos están rodando por el suelo. Se detiene en el marco de la puerta y se queda mirando, encantada con aquellos sonidos, que llenan la estancia y su corazón. Regina se limpia la garganta para anunciar su presencia y los dos se quedan quietos, mirándola.

«Mamá, yo…»

«Regina…»

La reina mantiene la pose, el semblante serio, los brazos cruzados y la mirada intimidadora. A pesar de todo el jaleo, por milagro, han conseguido no romper nada y por eso, pero no solo, no está tan irritada.

«Henry Daniel, ¿qué te enseñé incontables veces sobre correr dentro de casa?» usa su tono más cortante

«Ahm…yo…tú…»

«Aún tenemos reglas, mocito. Aunque tu madre te deje hacer lo que quieras en casa de tus abuelos, no voy a tolerar el desorden aquí»

«Ahm…en mi defensa…no hacemos esto en casa de mis padres…despertaríamos a Neal y…» Henry se levanta y Emma intenta recomponerse, pero aún se siente intimidada por la mirada de la morena.

«¡Ah, genial! No podéis despertar a Neal, pero bajar casi cayéndoos por las escaleras y rodar por el suelo como dos inconsecuentes, casi tirando todo sobre vosotros y pudiendo causar un grave accidente, todo eso está bien, ¿no, señorita Swan?»

Aquel es el quid: no el alboroto, sino el riesgo de que los dos se cayesen y se lastimasen, que tropezasen con algo y acabasen heridos de alguna manera.

«Mamá…perdóname, nosotros solo…estábamos jugando en mi cuarto, le enseñé a Emma mi colección del Guía del aventurero de las Galaxias que me compraste, comenzamos a bromear y bajamos así. No fue adrede…»

Regina intenta mantenerse firme, sin embargo, es imposible resistirse a aquellas dos miradas sobre ella.

«Solo quiero que entiendas que me preocupo, Henry…»

«Lo sé, mamá…» el muchacho sonríe y mira a Emma «¿Te acuerdas cuando tenía unos…creo que seis años? Era mi cumpleaños y aquel día me desperté sin que tú me llamaras, bajé corriendo las escaleras porque olí tu perfume en el pasillo y tú estabas haciéndome la tarta de manzana» los dos sonríen y Emma adora participar en aquel momento, recuperando un recuerdo de infancia de su pequeño «Yo estaba en mitad de las escaleras cuando tú apareciste y entonces corrí…»

Regina se despega del marco y entra en la sala

«Te pedí que no corrieras» se acerca a Henry

«El resultado fue que faltando unos cinco escalones tropecé y caí rodando hasta donde estabas tú»

«¡Lloraste tan desesperadamente que casi me vuelvo loca!» abre los brazos al hijo

«¡Y tú lloraste tanto o más que yo, mamá!» se abraza a la morena y vuelve a mirar a la rubia «Pero ya no tengo seis años, ¿eh?»

«¡Me he dado cuenta! Ya necesito mis tacones para quedar más alta que tú» le sonríe «Pero ya te he dicho que tú…»

«¡Siempre seré tu pequeño príncipe!» le da un beso en su mejilla «Tampoco quiero que eso cambie»

Con apenas una mirada, Regina invita a Emma a juntarse a ellos. Y estar ahí, unos en los brazos de los otros, hace que los tres se sientan completos, que se sientan familia. Cuando se separan, Henry sube a tomar el baño y deja a las dos solas. La sheriff no pierde tiempo y atrae a la alcaldesa hacia un beso, queriendo contar todas las horas que han estado separadas en ese día.

«¿Día lleno, alcaldesa Mills?»

«¡Ni se lo imagina, sheriff Swan!»

«¿Muchas cosas necesitando aún tus manos mágicas?» se sienta en el sofá y arrastra con ella a Regina, haciendo que se siente en sus rodillas.

«Durante parte de la mañana, sí, pero también había bastante trabajo burocrático. Y siempre tengo alguna reunión en la que, aunque estoy segura de tener la razón, la gente quiere discutir conmigo. ¡Eso me cansa!» revira los ojos

«Me gustaría tanto ver eso…» dice divertida la rubia

«¿Te gustaría?»

«¡Claro que sí! Tú, toda linda» beso «Maravillosa» beso «¡En tu pose de alcaldesa, fingiendo que escuchas a las personas solo para después llevarlas a hacer lo que tú quieres!» le aprieta la cintura

«Hum…¡pues ha resumido muy bien mis reuniones, señorita Swan!» busca los labios de su rubia para un beso demorado «Entonces, ¿qué es lo que tú y nuestro hijo tramaban aparte de una batalla de cosquillas antes de que yo llegara?»

«¡Nada! ¡Dejamos el jugo de arándanos y traje el postre!» guiña un ojo

«¿Puedo saber de qué se trata?»

«Tarta de manzana» se encoge de hombros

«¡No tendrías tanta osadía, Emma Swan, de traer una tarta de manzana a mi casa!» se levanta del regazo de la rubia y la mira desafiándola

«¿Ah no?» Emma la mira

Regina la deja sentada en el sofá y se va a la cocina. Se sorprende al ver todo limpio y en su sitio. Cuando ve un brownie de chocolate en la encimera, sonríe de oreja a oreja hacia la sheriff que llega tras ella.

«¿Tarta de manzana, eh?» la provoca con las manos en la cintura. La rubia, sin embargo, no se intimida y la abraza, anulando la distancia entre ellas.

«De hecho, aún pretendo vivir muchos años, así que…¡tarta de manzana aquí, solo la tuya, majestad!» abre una enorme sonrisa al poder mirar a la morena y llamarla así

«¡Menos mal que lo sabes, novia mía!» las dos se besan sin prisa, pero se apartan al escuchar pasos en la escalera.

La morena se deshace rápidamente de sus tacones y comienza a reunir los ingredientes para las hamburguesas. Después de preparar la carne, mientras la deja asando en el grill y las papas dorándose en el horno, sube a tomar su baño. Les pide a los dos que no las dejen quemar. Minutos después, cuando Emma y Henry ya están montando los platos con la lechuga y el pan integral que Regina había separado, la alcaldesa aparece con el cabello recogido en un moño suelto, una camiseta negra bien justa, unos vaqueros más claros, que resaltan sus curvas, y unas cómodas zapatillas.

Al verla, la sheriff se queda tres segundos sin respirar, lo que encanta a la morena. Lo que más perturba a la rubia, sin embargo, es el perfume de manzana que se esparce por la estancia y le recuerda lo dulce y suave que es la piel de Regina.

«¡Chico, no exageraste al decir que las hamburguesas de tu madre son las mejores!» sonríe la rubia lamiéndose de los dedos la salsa de mostaza y miel.

«Mamá sabe hacer un montón de cosas ricas, creo que deberías venir a cenar a casa más veces, má» guiña un ojo

Regina solo los escucha en silencio y sonríe

«¡Puedes apostar a que vendré más de lo que esperas, chico!» mira a la morena

«¡Ok, genial, muy bien, me encanta eso!» Henry deja su comida a un lado y bebe algo de jugo «Pero, ¿confiaréis en mí y me contaréis lo que está pasando?» mira a las dos

«En verdad, podemos» responde la alcaldesa y extiende el brazo sobre la mesa, agarrando la mano de la sheriff con la suya «Y es bien sencillo lo que está pasando, hijo» ellas se miran y sonríen al adolescente

«¿De verdad?» le brillan los ojos al mirar las sonrisas de ellas «¿Vosotras…los collares, ellos…significan de verdad lo que creo que significan?»

«Si lo que crees que significaban es que son una especie de alianza entre tu madre y yo, bien, eres un muchacho muy listo, chico»

«Henry, Emma y yo estamos juntas, somos novias»

«¡SÍIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!» se levanta y duda sobre a quién abrazar primero y ellas lo ayudan abrazándolo al mismo tiempo, llenando al muchacho de beso «¡Ahm…ok, mamás, parad…mamás, ya…no es necesario tanto…mamás, ya no soy un niño pequeño! ¿Estos ataques hacia mí podéis mantenerlos solo dentro de casa?»

«Ah, ¿quieres decir que hay por aquí alguien que no quiere que sus madres lo besen en público, hum? ¿Vergüenza de que alguien especial pueda verlo?» pregunta Regina

«¿Alguien especial?» Emma mira al hijo y después a su novia

«No, no hay nadie especial. Ahora vamos a terminar de comer, si no se va a enfriar y aún nos queda el postre»

Cuando terminaron de comer, ya era bastante tarde debido a las muchas bromas durante el postre. El propio Henry rechazó la invitación de Emma para una partida de videojuego y dice que prefiere dejarlo para el día siguiente, así la rubia tendría un motivo más para cenar allí.

Las dos suben con el muchacho, esperan que se prepare para ir a dormir y lo meten en la cama. Un gesto tardío, pero de gran significado para los tres. Henry ya está acostado, Regina se sienta apoyándose en el cabecero y Emma se acomoda en los brazos de su enamorada.

«Hijo, no me estoy quejando, pero…¿por qué quieres dormir en casa cada vez más?» aquello intriga a la morena y decide preguntar de una vez.

«Er…es algo incómodo hablar de eso, mamá, pero el loft de los abuelos está bastante lleno, ¿sabes?»

«¿Bastante lleno?» ella arquea una ceja

«Ahora, además de mi tío Neal, que ya se despierta menos, pero aún llora de madrugada queriendo leche; Mulan y Elsa están allí también» explica «Aquí es diferente, no hay tanta agitación nocturna, mi cuarto es solo mío, y tengo mi mesa de estudio, mis comics, mis libros, todo aquí…y, bueno, no tengo que preocuparme por si interrumpo algo cuando estoy en la sala, esas cosas…» habla para las dos

«Chico, sé que la situación es bastante incómoda, yo a veces también me vuelvo loca con Neal llorando en casa, y prometo que solucionaré esto» agarra la mano de su hijo

«¿Vas a mudarte del loft, mamá?»

«¡Creo que ya es hora!» sonríe

«Hum…si necesitas ayuda…» ofrece la morena

«Mamá, mientras no resuelvas eso de marcharte del loft, estaba pensando…puedo quedarme los días de entre semana aquí y los fines de semana allí, ¿qué te parece?»

«Henry, amo la idea de tenerte aquí, de tenerte cerca, pero tu madre y yo llegamos al acuerdo de esta guarda compartida, así que…» la alcaldesa abraza a Emma por la cintura y la sheriff hace caricias en sus brazos «No sería justo para con ella si te quedaras aquí durante toda la semana, mi amor»

«Regina, sé que llegamos a ese acuerdo, pero si Henry se siente mejor así, y yo realmente creo que aquí puede estudiar mejor, tener el espacio al que siempre ha estado acostumbrado, así que, todo bien»

«Y tú puedes venir a estar con nosotros todos los días» se dirige a Emma «¿Qué te parece, mamá?» mira a Regina

«¡Ninguna oposición!» sonríe la alcaldesa «Adoraré encontrar a mis dos amores en casa, todos los días, cuando llegue del trabajo» da un beso en el rostro a Emma, que adora la idea

«¿Dos amores?» los ojos verdes de Emma se humedecen un poco «¡Por mí, ya está hecho!» sonríe la rubia

«Ahora, no es que me esté quejando, pero…¿puedo dormir?»

«Buenas noches, mi amor» Regina se inclina, le da un beso en la cabeza a Henry y se levanta, esperando a Emma.


La noche estrellada en Storybrooke y el clima estable, a pesar del frío, invitan a un paseo. Tras la cena en casa de Snow y Charming, Mulan y Elsa pasean dadas de la mano por el muelle. Las luces de los barcos confieren una atmosfera romántica al sitio. La guerrera conduce a la reina hasta uno de los bancos cerca del mar y se sientan, aún con las manos dadas.

«No tenemos una vista así en Arendelle…» comenta la rubia

«¿Cómo es todo allí?» la morena acurruca a la reina junto a ella, aunque sabe que el frío no le afecta.

«Quizás es más como el Bosque Encantado, de donde ellos vienen…de donde tú viniste. Pero con un invierno más riguroso. Allí, los meses de nieve duran lo mismo que los meses sin nieve» ella sonríe al hablar de su tierra natal.

«¡Wow!»

«¡A Anna y a mí siempre nos gustó el invierno!»

«¿Por qué?»

«A pesar de que en verano es más fácil caminar fuera de palacio, mi hermana y yo siempre nos divertimos juntas, nos gustaba esquiar, patinar, ir en trineo y…»

«Tu magia…» las dos se miran y Mulan acaricia el rostro de Elsa con cariño

«Tenemos un amigo hecho de nieve» enrojece «Se llama Olaf»

«¡Espera! ¿Me estás diciendo que…?»

«Bueno, aquí el amor de un hombre convirtió en humano a un muñeco de madera, ¿no es verdad?»

«¡Es lo que me contaron!» la guerrera aún se siente más obnubilada por la reina

«Bien, pues digamos que mi magia también es capaz de crear algo. Y así nació Olaf»

«¿Y en verano, cuando no hay nieve?»

«Lo mantengo en la temperatura correcta» confiesa algo tímida

«Yo voy…yo…» Mulan encara aquel tono azul verdoso de los ojos de Elsa y no consigue apartar sus ojos. Cada vez más, la guerrera desea estar con la reina. Su reina.

«¿Tú…?»

«Pienso que…» respira hondo «¡Me encantará conocer a Olaf!» sonríe tímidamente.

«¡Estoy tan feliz por haber aceptado acompañarme!» acerca el rostro a la morena

«¿De verdad?» dice desviando los ojos hacia la boca de la soberana

«¡Sí!» Elsa besa a Mulan. Un sencillo roce de labios, al principio, pero que se va volviendo un beso lleno de sentimientos, de deseos «Sé que puede parecer precipitado esto…» lleva su mano al rostro de la guerrera y le acaricia la boca con el pulgar «Pero realmente espero que quieras quedarte en Arendelle, Mulan»

«¿Que…quedarme?» la morena frunce el ceño

«Yo…¿sabes? Quiero tenerte a mi lado…»

«Elsa…»

«¿No lo piensas tú?»

«No sé si…» baja los ojos un instante «si tengo derecho a pensar algo» murmura

«¿Por qué no?» una lágrima resbala por el rostro de la guerrera «Mulan…¡mírame!» pide la reina «¿Por qué piensas así?» está preocupada por ella

«Porque…de donde vengo, majestad, jamás se me habría permitido sentarme al lado de mi soberano. No…de esa forma»

«Quiero escuchar las historias de donde vienes» Elsa le recoloca la trenza «Quiero contarte muchas historias de Arendelle…pero estate segura, Mulan, de que en mi reino, estarás a mi lado ¡porque…es eso lo que me hará feliz, es lo que me hará sonreír todas las mañanas!» las dos se abrazan «Quiero poder compartir mis miedos contigo, preguntarte cómo te ha ido el día…» sonríen y se dan las manos «¿Tú también lo quieres?»

«Elsa…me parece un sueño tenerte aquí…agarrar tus manos, estar junto a ti. A veces, no sé cómo actuar, me siento avergonzada por eso, pero nunca he formado parte de ninguna corte o algo parecido…»

«Nada de eso me importa, ya te lo dije. Conozco tu integridad, tu valor…y no hay nada que aprecie más que verme en tus ojos, Mulan. ¡Quiero poder hacer esto todos los días de mi vida!» confiesa la rubia y atrae a la morena hacia un beso calmo, largo, entregado.

«¡No habría nada que me hiciera más feliz…mi reina!» se besan una vez más y la guerrera finalmente se permite soñar con un hogar, aunque sea hecho de nieve, hay algo que calentará su corazón todos los días: Elsa.

«¿Cómo era tu reino?» pregunta la rubia recostándose en el pecho de la morena. Aquella se había vuelto la postura preferida de las dos para conversar.

«El reino de Chin, muy, muy lejos de aquí. Al este. Donde el sol nace rojo. Allí, no tenemos un rey, exactamente, sino un emperador. El hijo del cielo. O así lo creemos»

«¿Hijo del cielo?»

«Enviado a nosotros por los dioses»

«Oh…¿y por qué dejaste tu reino, Mulan?»

«Cuando era muy joven, comenzó la época de reclutamiento»

«¿Reclutamiento?»

«Para el ejército del imperio. Todos los hombres y jóvenes convocados de cada familia debían presentarse, si no, habría represalias por parte del gobierno imperial. Como el racionamiento de comida estaba cortado…» se pone triste al recordar esos tiempos

«Si…si no quieres contarlo…» rodea las manos de Mulan con las suyas

«Está bien, quiero compartir esto contigo» besa una de las manos de Elsa «Mi madre había fallecido ya algunos años antes. Fue durante un invierno muy riguroso, no teníamos ropa suficiente, mantas suficientes, comida o madera suficiente. Ella…no aguantó y nos dejó» suspira «Así que mi padre se encargó de mí y me prometió que sobreviviríamos a todos los inviernos. Sería nuestro homenaje hacia ella…» enjuga una lágrima

«Tu padre era un hombre fuerte…»

«Determinado, diría yo»

«¿Qué ocurrió?»

«Cuando se realizó el reclutamiento, mi padre estaba enfermo. Una vez más, el invierno nos castigó bastante. Ni cuando el sol apareció fue suficiente para sacarle el frío del cuerpo. Mi padre cayó en cama y yo cuidaba de él, hacía también su trabajo en la aldea, no podía permitir que faltara la comida o madera…»

«Lo siento mucho…»

«Al recibir la convocatoria para el reclutamiento, sencillamente decidí que mi padre no iría, podría morir. El ejército lo dejaba claro, un hombre de nuestra familia tenía que presentarse. Así que fui yo. Fingí ser un muchacho, tomé el sitio de mi padre» Elsa se gira y mira fijamente sus ojos, no puede decir en palabras cuánto la admira en aquel momento «Un pueblo guerrero, llamado los Hunos, invadió nuestra tierra, poniendo en peligro a nuestra gente. Era necesario reforzar el ejército»

«¿Tú…lo conseguiste?»

«¿Hacerme pasar por un chico?»

«Sí»

«Por un tiempo, pero no el suficiente»

«¿Y qué ocurrió?»

«¡Fui la primera guerrera entrenada por el ejército imperial!» su sonrisa se iluminó

«¡Y yo estoy tan orgullosa de ti!»

«¿De verdad?» no esperaba aquella declaración de la reina

«¡Sí…mucho!» aprieta los brazos de Mulan contra su cuerpo

«Nunca me arrepentí de haber salido de casa…he conocido tantos lugares y…bueno, en el ejército había comida suficiente, agua, suplementos, mantas. He conocido lugares mucho más allá de mi aldea, he luchado en innumerables batallas…¡he hecho amigos!»

«¿Alguien a quien eches de menos desde que te marchaste?»

«¡Mushu mi dragón guardián!» sonríe al recordar el tiempo que habían pasado juntos

«¿Tenías un dragón?»

«Bueno, no es que tuviera uno, creo que nos escogimos mutuamente. ¡Éramos amigos y era muy divertido!»

«¿Qué te hizo salir del reino de Chin?»

«Después de haber visto tantos lugares, tantas cosas, no quise volver a mi aldea. ¡Necesitaba más! Cogí mi armadura, mi espada y mi honra y me marché» suspira «Quizás haya sido mi decisión más difícil, pero…después de que mi padre también se fuera, sentí que tenía que irme. Y lo hice»

«¿Te arrepientes?»

«No…todos los caminos que he recorrido hasta hoy me han traído hasta ti» dice cerca del oído de la rubia, que se estremece y sonríe.

«¡Estoy muy feliz por escuchar eso! Y lo estaré aún más cuando me digas que te quedarás conmigo» se sienta frente a la morena y la besa.


Emma baja a desayunar aún con sueño. Había regresado tarde de casa de Regina y por poco no acepta la invitación para dormir con la alcaldesa. Sabía, sin embargo, que su madre ya no aguantaba más no saber nada de la cena de la noche anterior. Así que, era mejor que estuviera allí. Cuando la hija pasa por su lado y apenas la saluda, yendo en busca de su taza de café, Snow repara en el collar que Emma llevaba puesto. Idéntico al de Regina. La princesa se limpia la garganta intentando llamar la atención de la sheriff.

«¿Qué ocurre, mamá?»

«¿A qué hora llegaste anoche, Emma?»

«Tarde…» responde sin humor para hablar a aquella hora

«Sí, eso lo vi…»

«Mamá, estaba…»

«En casa de Regina, eso lo sé»

«¿Entonces?»

David con Neal en los brazos, Mulan y Elsa asisten a la interacción entre las dos.

«Emma, saliste de aquí ayer para cenar con Regina, no dormiste en casa, apenas llegas y te vas a trabajar, no te vi en todo el día, sales de comisaria y te vas corriendo con Henry a la mansión…»

«Mamá, ya, ya he entendido, sientes curiosidad por saber lo que ha pasado. Bien, vamos a acortar la historia: Regina y yo estamos saliendo juntas y Henry va a pasar la semana con ella y los fines de semana aquí. ¿Satisfecha?»

Los cuatro se miran boquiabiertos.

«Ahm…hija, ¿por qué Henry se va a quedar con Regina entre semana?» David no tiene el valor de hacer una pregunta sobre el noviazgo

«Ha sido él quien lo ha pedido» confiesa «A Henry y a mí nos gusta estar aquí con vosotros, pero…es pesado despertarse de madrugada con Neal llorando. Y Henry echa de menos su espacio, como el que tiene en casa de Regina»

«Oh…» escuchar aquello es doloroso para Snow, a pesar de estar de acuerdo en que un bebé en casa da bastante trabajo y exige atención, y que es imposible prever el llanto de madrugada o durante el día.

«Pero, no os preocupéis, ¡él vendrá a veros siempre!» bosteza

«Siento que, en breve, también nos despediremos de ti» Snow se gira hacia el fregadero, no quiere que la vean llorar

«¡Ok, el deber llama!» Emma deja su taza en la encimera y, cuando abre la puerta, se encuentra con una caja. Se agacha y reconoce la caligrafía de la nota pegada encima «Para Emma. RM»

«¿Emma?» Elsa la ve agacharse para coger algo y siente curiosidad. La sheriff les enseña a todos la caja

«Es de Regina…» sonríe como boba y abre el paquete. Cuando retira la tapa, su sonrisa se borra y mira el contenido sin entender.

«¿Qué hay dentro?» David se acerca, no le gusta nada aquello

Swan mira a su padre y después a Mary Margaret, que también se acerca. Ella coge el objeto con cuidado y lo levanta, enseñándoselo a todos.

«¿Un atrapasueños?» Mulan reconoce el objeto

«Emma…» Snow se acerca preocupada «Cuidado»

«Mamá, es un regalo, ¿ok?» intentan también convencerse a sí misma

«¿Y por qué Regina te daría un atrapasueños, Emma?» David sigue intrigado

«Bien, vamos a ver lo que dice el sobre que hay en el fondo…» coge la tarjeta y lee un sencillo mensaje «Al menos la primera vez que invoques tu magia, estate sola para ver esto. RM»

«¿Entonces?» Elsa no contiene su curiosidad

«Ah…yo…necesito ir a mi cuarto, por favor, no me acompañéis» pide la rubia y, sin dar tiempo a protestas, sube corriendo las escaleras. La salvadora cierra la puerta y se tranca. Analiza con cuidado el objeto, tocándolo con cariño «Vamos allá, Regina, ¿qué pretendes con esto, eh?»

Emma respira hondo y se sienta en la cama. Se dice a sí misma que confía plenamente en su novia y que el atrapasueños es un regalo. En cuanto se calma, cierra los ojos y usa su magia para invocar lo que fura que el objeto tenía que enseñarle.

Con el objeto suspendido ante sus ojos, Swan no contiene el asombro al reconocer la primera imagen: Henry de bebé llorando en su cuna. Sin tardanza aparece la alcaldesa, intentando hablar con él para calmarlo. Regina coge al pequeño en sus brazos y baja a la cocina, le prepara el biberón mientras lo acuna y le susurra algo a su oído, calmándolo.

«Entonces, ¿así pedías tu leche en la madrugada…?» sonríe emocionada ante aquello. Ya había visto unas pocas fotos de su hijo cuando bebé, pero nada que se pareciera a un recuerdo tan vívido.

La escena continúa con Regina subiendo de nuevo las escaleras, agarrando a Henry con uno de sus brazos, mientras le canta algo al oído del pequeño, que presta atención, y en la otra mano llevando el biberón. La alcaldesa lleva el bebé a su cuarto y se acomoda en la cama, recostándolo sobre su pecho y dándole la leche. El momento de los dos es hermoso. El pequeño mira encantado a la morena y le da pequeñas sonrisas mientras succiona del biberón, haciendo sonreír también a su madre…

«Mi pequeño príncipe…» aspira el aroma de sus cabellos. Cuando Henry termina de mamar, ella se levanta con él, pasea por el cuarto, recostándolo sobre su hombro para que eructase. El bebé está irritado y vuelve a llorar. La alcaldesa intenta cambiarlo de posición, pero no funciona. Él restriega su carita en el pijama de ella «Henry, mi amor, ¿qué quieres de mamá?» la voz de ella es de súplica, de quien está aprendiendo a cuidar, sola, de un bebé.

Ver cómo pasa aquello llena de angustia incluso a Emma y se pregunta si podría haber pasado por eso, si hubiera sabido lidiar con la situación, si habría continuado intentando, de todas las maneras, agarrar a su pequeño en los brazos, inventándole mil canciones…

Regina deja de caminar por el cuarto cuando la pequeñita mano agarra una parte de su pijama, tirando de él con fuerza. Quizás aquello no tenga ningún sentido, aún así, ella decide intentarlo. Había escuchado decir que a los bebés recién nacidos les gusta el contacto con la madre. Con cuidado, recuesta a Henry en la cama y se acomoda, abriéndose los botones de su camisa de dormir, exponiendo la piel de su pecho. Lentamente, vuelve a coger al bebé en sus brazos y lo coloca ahí. Como si fuera magia, en contacto con el cuerpo de Regina, escuchando su corazón latir, Henry se calma, bosteza y rápidamente cierra los ojos. La alcaldesa llora de alivio y alegría al tenerlo ahí.

«¡Eres increíble, mi amor!» susurra la rubia

La escena cambia. Henry está gateando por su cuarto de bebé. Es rápido, intenta alcanzar los juguetes esparcidos por el suelo. Regina está sentada en el suelo, en una esquina de la colorida alfombra y se divierte llamando al pequeño. Las carcajadas de Henry, cada vez que encuentra algo, un chupete, un cochecito, un oso de peluche, llenan el cuarto y hacen que las lágrimas de Emma resbalen. La sheriff jamás imaginó poder escuchar aquel sonido. Sin tardanza, la morena también está gateando sobre la alfombra, jugando con Henry. Ella varía la velocidad, casi dejando que él la alcance y huye. Los dos pasan un buen rato así, hasta que el bebé se sienta y estira los bracitos.

«¡Mamá!» Henry llama y Regina se paraliza. Se gira hacia él emocionada, casi en shock «¡Mamá!» dice una vez más.

«Henry…» corre hasta su niñito y lo coge en brazos, llenándolo de besos. Por primera vez, su hijo había dicho una palabra. Por primera vez, era llamada de madre. Regina sonríe y llora al mismo tiempo, sin saber lidiar con aquella emoción «¡Te quiero tanto, mi pequeño príncipe!»

«¡Mamá!» los dos ríen juntos

«Yo os quiero tanto a los dos…» Swan no controla ya su llanto, se ve invadida por un amor que casi no soporta retener. Jamás había imaginado poder recibir un regalo como aquel. Nada, en su vida, se compara con aquellos recuerdos, aquellas memorias, aquellos momentos de su pequeño.

Otra imagen aparece ante la rubia. Regina y Henry están en la sala de televisión. La morena está descalza, dando pasitos junto a su pequeñín. Por la desenvoltura, ya debe de tener un añito. Su sonrisa ahora tiene varios dientitos, balbucea algunas palabras, pero la alegría de estar con Regina continúa igual. Se siente amado, protegido y seguro con ella.

«¡Vamos, mi pequeño príncipe, ya estás casi!» mira al cercano sillón y lo conduce al ritmo de sus pasitos. La morena da un pequeño paso hacia atrás.

«Ven» llama al pequeño

«¡Mamá!» él responde y se suelta de su apoyo, quedando de pie solo

«¡Ven, Henry, ven hacia mamá!» aumenta un poco más la distancia entre ellos, sin embargo, comprobando que está lo suficientemente cerca en caso de que pierda el equilibrio.

Medio inseguro, medio torpemente, Henry da un pasito y luego para, necesitando equilibrarse, levantando los bracitos.

«¡Lo vas a conseguir, mi amor, ven, mamá está aquí, no te vas a caer!» lo alienta

El pequeño da otro paso, se siente más confiado. Otro más. Regina sonríe encantada. Otro pasito. Ella se aparta un poco. El pequeño intenta dar tres pasos seguidos, pero se desequilibra. Antes de que pueda tocar el suelo, es acogido por los brazos de su madre y recibe incontables besos y cariños por su proeza en aquella mañana.

Las próximas imágenes son escenas más cortas. Pero no por eso, menos emocionantes: la primera vez que Regina lo llevó a la playa; el pequeño Henry jugando en el despacho de su madre, corriendo por todos lados, tirando cosas al suelo y riendo; la primera visita de los dos al picadero y la alcaldesa montando junto a su pequeño; el primer día de clase en la escuela, cuando Henry le había prometido que sería el mejor alumno de su clase y que se sentiría muy orgullosa de ser su madre.

Las escenas acaban y Emma está completamente emocionada. La decisión de dejar a su hijo al nacer fue la más difícil de su vida. Cuando lo reencontró, sin embargo, tuvo la certeza de que había sido la mejor elección, ya que Henry había sido cuidado muy bien y había tenido una óptima vida, a pesar de los desencuentros tras descubrir que había sido adoptado y, aún más, tras haber encontrado el libro de cuentos. Desde el primer momento, Emma había imaginado cómo sería Regina de madre. Ahora, tiene esas imágenes. Y no puede imaginar otra persona cuidando tan bien del hijo de ambas.

La salvadora baja las escaleras y se encuentra a todos aún en la casa, mirándola a ella, que tiene el rostro rojo y algo hinchado por las lágrimas.

«Hija, ¿qué ha pasado? ¿Estás bien?» Snow la abraza, consternada

«¡Regina me ha dado el regalo más increíble que podría recibir en toda mi vida, mamá!» le enseña el atrapasueños y llora aunque con una sonrisa

«¿De qué se trata entonces?» pregunta David

«Ved…» ella agarra el objeto mágico y lo acciona de nuevo

Cuando las imágenes terminan, los cuatro se juntan para abrazar a Emma y compartir con ella aquella emoción.

«¡Yo estoy…sin palabras!» admite la princesa

«Increíble» Elsa coge el atrapasueños y lo admira

«Hija…»

«¡Ahora tengo que irme!» se enjuga las lágrimas y sale corriendo por la puerta

Emma Swan entra en su escarabajo escuchando los acelerados latidos de su corazón. Su primer pensamiento es ir derecha al ayuntamiento, donde sabe que Regina estará, sin embargo, antes, hace una pausa y toma un camino diferente. La mujer que ama merece mucho más que todos sus besos y agradecimientos por aquel regalo.


Frente al edificio administrativo de Storybrooke, la salvadora cierra los ojos y hace surgir un enorme ramo de tulipanes rojos. Se había fijado en el centro de mesa de la cena en la cabaña del árbol, sabe que a Regina le gustan esas flores.

«¿Señorita Swan?» Ashley Boyd la aborda cuando la rubia llega al despacho

«Hey…buenos días. ¿Está Regina?» pregunta ansiosa

«Sí, la alcaldesa ya llegó, ¿debo anunciarla?»

«¡Prefiero darle una sorpresa!» le guiña un ojo a la secretaria y pasa directamente, hasta la puerta.

La salvadora abre de un tirón y sonríe con las flores en la mano, casi sin saber cómo actuar al verla dejar de lado sus tareas de alcaldesa y recostarse en su silla, sorprendida y feliz por la presencia de Emma.

«Buenos días…» sonríe la morena

«Buenos días…» al recordar las imágenes de Regina con Henry bebé, la rubia se emociona una vez más y llora.

«Emma, ¿qué ocurre?» se levanta y va hasta ella

«¡Ocurre que tengo la novia más linda e increíble de este y de todos los mundos!» le entrega las flores «¡Ocurre que nunca he recibido un regalo tan especial y magnífico en toda mi vida!» agarra las manos de la reina «¡Ocurre que te amo tanto Regina, tanto que no puedo explicarlo, no sé cómo ponerlo en palabras, y sé que será así todos los días, que necesitaré compartir esto contigo todos los días, para siempre…» las dos sonríen «¡Porque tú eres mi todo! Mi amor verdadero, mi magia, todo» coge a la morena en sus brazos y gira con ella «¡Te amo, Regi…te amo, mi amor!»