CAPITULO 29.

Enero de 1930.

– ¡Mami! ¡Mami! ¡Apúrate que ya se nos hace tarde para llegar al colegio! – Gritaba la pequeña Maggie desde abajo de las escaleras mientras Ricky salía de su habitación tomando su mochila y bajando las escaleras rápidamente.

– Ya voy, no me tardo. – dijo Candy saliendo de su habitación vestida de enfermera y los dos niños se quedaron boquiabiertos.

– ¡Mamá, eres una enfermera! – Exclamó Ricky sin creerlo.

– Así es, desde hoy comienzo a trabajar en el Hospital General como enfermera. – Comento con una sonrisa en el rostro. – ¿Están felices por mi?

– ¿¡Qué!? ¡Estás bromeando! – Se puso furiosa Maggie – Eres la Condesa de Grandchester, ¡No deberías de trabajar como enfermera! A Papá no creo que le guste, menos a mis abuelitos. ¿Qué dirá mi abuelo cuando se enteré?

– ¿¡Maggie pero... de qué demonios estás hablando!? ¿No creo que estés molesta por lo que piense tu abuelo?

– En gran parte – apretó sus puños con fuerza – Hablo de ¿Qué terminando las clases a donde vamos a ir ya que Diana está de vacaciones? ¡¿Nos vas a dejar en la oficina de papá hasta que termine su trabajo?! ¡Hasta que nos muramos de aburrimiento! – La miro con resentimiento – No me gusta que mi papá nos revise la tarea, es muy estricto, ni deseo quedarme en el Parlamento estando como estatua...

– ¡Margaret! No seas tan dura con mamá. – Dijo Ricky interrumpiendo a su hermana pues era claro que sus palabras estaban lastimando a su madre... aunque admitía que también le dolía profundamente la situación al igual que Maggie a ver a su madre que comenzaría a trabajar, pues no le gustaba la idea de quedarse todo el tiempo con su padre ya que él los reprendía severamente si hacían alguna travesura y que decir referente a las cosas del colegio. Con su mamá era completamente distinto.

– ¡Claro que no! Antes de tomar esta decisión me fije en sus prioridades primero, no van a estar en la oficina de su padre, van a pasar la tarde con Eleonor. – Los dos niños abrieron sus ojos de asombro – los llevará al parque, al Río Támesis o donde ustedes deseen. – Comento con una gran sonrisa en los labios cuando vio que sus dos hijos daban un profundo respiro de alivio.

– Yo estoy feliz de que trabajes mamá. – Dijo Ricky con un beso en la mejilla cuando bajo Candy.

– ¿Y tú cariño? ¿Estás feliz de que vaya a trabajar? – Maggie no dijo nada y solo se acercó a su madre para darle un beso en la mejilla y que les diera la bendición como todos los días. – Su padre ya los está esperando en el vehículo y no le gusta que lo hagan esperar.

– Sí, ya vamos – rápidamente salieron los dos niños y subieron al vehículo.

Ya en el camino Terry les comento referente al trabajo de su madre y que está muy orgulloso de ella por trabajar en algo que le apasionaba y se sienta plena y realizada. Además comento que Eleonor estará ahora todo el tiempo con ustedes y que todos los días pasarían primero al departamento del Duque para que puedan hacer su tarea y coman, ya después Eleonor los llevará de paseo donde ustedes gusten.

Ricky estaba entusiasmado con la noticia pero la mirada de Maggie era diferente.

– ¿Te ocurre algo mi amor? No estás feliz con la noticia. – Preguntó Terry preocupado por el semblante de su hija.

– No es que no esté feliz por la noticia, pero me hubiera gustado que primero nos consultarán, que mamá nos hubiera dicho de sus planes, que iba a trabajar – dijo con un sentimiento de tristeza – Nunca nos consultan nada de las decisiones que toman...

– Te comprendo hija. – dijo dándole un beso en su cabeza ya que Maggie estaba en el lugar del copiloto.

– No creo que me entiendas. Finalmente todas las decisiones que toman siempre han sido los mejores para nosotros.

– Créeme, entiendo lo que tratas de decirme. – La miro a los ojos y su hija volteo a verlo que su padre le decía la verdad. – Y tienen toda la razón, prometemos que su mamá y yo les diremos las cosas para consultarlo primero con ustedes. – Maggie y Ricky sonrieron. – Hoy vendrá por ustedes el chófer de mi padre y los llevará a su apartamento, espero que se porten muy bien y que no hagan travesuras, no quiero quejas de que me diga su abuelo que hicieron esto o lo otro. ¿Entendido? Su abuelo tiene la autorización completa de reprenderlos si es necesario si hacen algo que no le agrade.

– Sí papá – Ambos niños salieron del vehículo para ir a clases, pero no sin antes de darle su beso de despedida – Nos vemos en la tarde.

Residencia Grandchester.

– Creí que estarías para despedirte de los niños cuando se fueran al colegio y que les dirás la noticia esta mañana. – le decía Candy a Eleonor.

– Sí, me hubiera gustado decirles, pero anoche me dormí muy tarde.

– ¿Esto es obra del Duque, Verdad? – Eleonor simplemente dio un trago a su té de limón. – Sí es así no deseo ir a trabajar, – Eleonor levanto la mirada – No, si esto te perjudica y no deseo que el Duque te siga lastimado. – tomo un sorbo a su té para luego proseguir. – creí que había conseguido el trabajo de enfermera por mis propios medios, porque soy capaz de hacer un excelente trabajo a pesar de que no he ejercido en mi profesión desde hace muchos años, que idiota he sido.

– ¿Candy de que hablas? ¡¿Estás loca?! – Dejo su taza de té y fue hacia ella y le tomó de las manos – yo siempre he deseado estar al lado de mi hijo, despertar cada mañana y verlo, convivir con Terry, ¡Además voy a estar con mis nietos Candy! ¡¿Tú crees que pienso dejar todo esto?! Ni loca, es lo mejor que me ha pasado en toda mi vida – a Candy se le resbalar las lágrimas por sus mejillas – y tú Candy es tu gran oportunidad de trabajar y que no seas solo la Condesa... yo sé que esto es lo que habías deseado desde hace mucho tiempo, no importa si fue el Duque quien hizo todo esto... pero he llegado a pensar que a pesar de todo, en su forma dura y que siempre desea tener la última palabra y que se cumplan sus deseos y órdenes a pie de la letra... en el fondo de él… creo que nos quiere y desea darnos algo de felicidad, a su manera... Finalmente siempre ha sido así...

– Eleonor.

– La vida lo ha cambiado a lo largo de los años… no ha sido nada fácil… para nadie de nosotros… pero yo creo que a pesar de todo él nos quiere.

– Yo lo dudo mucho, - bajo el rostro Candy – El Duque me odia.

Otoño de 1917.

Terry salía del vehículo para abrir la puerta de la cajuela y sacar la silla de ruedas, en un movimiento saco a Susanna y la coloco en la silla llevándosela hasta la sala de su nuevo departamento que habían rentado, había terminado la premier de Hamlet con un éxito rotundo. Susanna al entrar pidió que la sentarán sobre el sillón mientras su enfermera iba a la cocina y les traía algo para cenar.

– ¡Terry! ¡Estuviste espléndido! Seguro que mañana en todos los periódicos alabarán tu trabajo tan excepcional. – decía Susanna con orgullo.

– Eso lo dices tú porque me quieres, espero que los críticos opinen lo mismo. – comento Terry con una mueca chistosa.

– ¿Te puedo confesar algo? – Dijo Susanna con una sonrisa picara.

– Claro, dime – Terry comenzó a quitarse el saco y servirse una copa de agua, mientras la enfermera le traía su té de manzanilla.

– Observe a tu padre en su palco... estaba llorando de la emoción de verte actuar, sin duda alguna vi en sus ojos más que orgullo y amor mientras aplaudía de pie al finalizar la función.

– Sí, yo también lo vi… – se sentó junto a ella en el sofá mientras bebía su agua. – sabes… mis padres fueron muy diferentes a los padres que conoces ahora… – termino su copa y la dejo sobre la mesita del café. – mis padres nunca fueron a verme al colegio… yo sentía como si me hubieran abandonado en el internado, pues ellos nunca me recogían un quinto domingo... o verme en alguna de las presentaciones que hacían por parte del colegio. – miro con nostalgia el techo.

Susanna volteo a verlo y se sintió tan feliz de que comenzara a confiar en ella, sabía que nunca la amaría como amaba a Candy, pero sabía que la quería y la estimaba como una gran amiga y con eso le bastaba, ya que su futuro estaba condenada, la enfermedad avanzaba y cada día se debilitaba más y más, ya no podrían hacer más por ella los avances médicos. Además que Terry esté con ella en sus últimos días de vida... con eso le bastaba para ser la mujer más feliz del planeta.

– Ahora que veo a mi padre que va a verme al teatro y que esté orgulloso de mi presentación es una maravillosa experiencia que nunca había sentido en mi vida.

– ¿Tu infancia fue muy difícil? ¿Verdad?

– Si... pero hubo algo que hizo que mi vida no hubiera sido tan obscura ni tan vacía.

– ¿Te refieres a Candy? – Terry se sorprendió de la contestación de Susanna y ella le sostuvo la mirada y Terry no hizo más que confirmarle con un movimiento de cabeza de que era verdad.

Los meses continuaron, Hamlet era todo un éxito, las localidades se vendían como pan caliente, y al mismo tiempo la salud de Susanna cada vez empeoraba, vivían juntos pero en recamaras separadas, deseaba cumplir con la promesa que le había hecho a Susanna, de hacerla feliz, además le había salvado la vida. Por otra parte deseaba independizarse y no vivir más con su padre bajo su techo y bajo sus reglas y normas, ya era mayor de edad y quería demostrarle que ya había madurado, que no era más aquel chico rebelde del colegio.

Lo más extraño fue que conocí otra faceta de mi padre, en aquel tiempo hizo cosas realmente maravillosas que después de algunos meses se lo agradecí profundamente.

Hacía que la vida de Susanna no fuera tan miserable en sus últimos meses, me entere que mi padre había ayudado a Susanna a publicar sus memorias, le había dado trabajo como narradora en algunas obras de teatro y habían publicado varios proyectos mientras combatía su enfermedad.

Debo de admitir que fueron meses muy difíciles, pues poco a poco la vida de Susanna se estaba apagando, los dolores eran más insoportables y los medicamentos a veces no eran lo suficientemente fuertes para quitarle el dolor, llegue a quererla y apreciarla profundamente.

Un año después. Finales de agosto de 1918.

– Me he enterado que mañana no solo será el cierre de temporada de Hamlet en Broadway si no que habrá una gira larga a lo largo de todo el país. – dijo Susanna en el hospital completamente pálida y muy delgada.

– No pienso ir a la gira. – Le sostuve sus manos con una sonrisa de compasión – no te lo había dicho para no preocuparte.

– Yo deseo que vayas.

– Sabía que me lo ibas a pedir, pero aunque no lo creas yo prefiero quedarme contigo en estos momentos, – a Susanna le brillaron los ojos e hizo una sonrisa que hace tiempo no veía – no deseo dejarte sola en el hospital.

– ¡Terry eres maravilloso! Pero no... Deseo pedirte un favor enorme… – sus manos me apretaban mientras bajaba la mirada – no me queda mucho tiempo de vida…

– No digas eso – la interrumpí.

– No, déjame hablar pues me siento muy débil – levanto la mirada y con ella me rogó que la escuchara y yo di un asentamiento de cabeza – me queda poco tiempo de vida, y quiero agradecerte infinitamente todos estos años que has estado a mi lado, casi cuatro años desde el accidente... – suspiro profundamente mientras pensaba y ordenaba sus ideas. – hemos vivido cosas juntas que siempre estarán en mi memoria, buenas y malas, triste y alegres, ver tu descenso y tus logros, tus fracasos como tus triunfos que también los considero míos. Te agradezco infinitamente que hayas estado conmigo en este viaje… yo sé que amas a una persona que vive en Chicago.

– Susanna.

– No déjame terminar y no me interrumpas, te lo imploro, – solo cerré los ojos en señal de estar de acuerdo. – Le pedí a Robert que me diera las fechas y los lugares de la gira de Hamlet y él me los proporciono… – su voz era más débil. – y casi al finalizar la gira vi que estaba Chicago… – se detuvo un momento para respirar profundamente – deseo que vayas con ella y que le digas la verdad de tus sentimientos… – dijo tocando mi corazón – y de nuestra situación, deseo en lo más profundo de mi ser que seas el hombre más feliz de todo el mundo… no sé mucho de tu infancia y juventud antes de conocerte… conozco muy poco... pero sé que has sufrido mucho y no quiero eso para ti… deseo que tu porvenir tengas una familia a lado con la mujer que amas. Prométeme que iras a verla. – me rogó con la mirada.

– Susanna.

– Prométeme que iras a verla por favor. – Movía la cabeza en forma de negación – yo no podré morirme hasta que regreses y me digas que serás feliz a lado de ella. Te esperare para verte por última vez y ver esa mirada que una vez vi en ti y fue cuando estabas con Candy – los ojos de Susanna estaban tan cristalinos.

– Te prometo... iré a la gira y le pediré que sea mi esposa… – comencé a llorar en silencio, quizá de agradecimiento, no lo sé, pero no podía parar de llorar.

– Yo te esperare y dile que venga Candy aquí para darles mi bendición y pedirle perdón por sepárala de ti. – lloramos juntos, nos abrazamos y dos días después partí a Boston para comenzar la gira.

Pasó un par de meses y faltaba ya tres días para llegar a Chicago. Me comunique a Nueva York y Susanna estaba mucho más recuperada, pues su voz no se escuchaba queja de algún dolor.

– No regreses a Nueva York sin ella, los estaré esperando para ver una sortija de matrimonio en su dedo anular. – comentaba alegremente Susanna.

Pero deseaba hacer las cosas bien. Por alguna extraña cosa me sentía inmensamente feliz.

– Papá – le llame por teléfono – quiero pedirte un favor que es muy importante para mí.

– Claro, ¿Pero dime, te ocurre algo? – su voz se escuchaba preocupada.

– No ocurre nada malo, sólo deseo que vengas a Chicago.

– ¡¿Chicago?! ¿Ocurre algo en Chicago?

– No puedo hablar de esto por teléfono, esto quiero decirlo en persona.

– Está bien, trataré de terminar unos asuntos y mañana a primera hora parto a Chicago… ¿Te párese bien?

– ¡Claro! Ahí estaré en la estación para recogerte.

Mi padre tomo el tren para Chicago, lo recogí en la estación y fuimos a un hotel para platicar.

– Aquí estoy, ¿Qué ocurre? Estoy preocupado. No suelo dejar el trabajo a medias.

– Tú me has dicho que me quieres – hice una sonrisa tan tierna que mi padre me vio un poco molesto.

– Siempre que haces eso, es porque haz echó algo que no me agrada – suspiro profundamente – ¿Que has hecho Terruce?

– Nada sólo quiero un favor – sonreí – ¿Qué su hijo no le puede pedir un favor?

– Está bien, Te quiero, eres mi hijo y eres lo más importante en mi vida, bueno… aparte de tus hermanos y la Duquesa.

– Quiero que me lo demuestres. – Alzó la ceja – en el pasado nunca me complaciste un favor.

– ¿Qué quieres pedirme? Suéltalo ya. – se estaba desesperando y suspire profundamente.

– Deseo que vengas conmigo a la Residencia de los Andley, quiero pedirle la mano a… Albert... de su hija adoptiva... a Candy.

– ¡¿De qué hablas?! – Preguntó completamente anonadado, no entendía lo que decía.

– Deseo casarme con la mujer que amo… no quiero repetir la misma historia de ustedes. – mi padre negaba con la cabeza y apretaba los puños con fuerza. – si me amas como dices, entonces desearás mi felicidad.

– Está bien, ¿Qué es lo que tienes pensado?

– En estos meses que he estado de gira he visto unos anillos que me agradaron, y encontré uno que me gusto muchísimo, – saco una cajita de terciopelo negro y la abrió. Era un anillo de oro con un pequeño diamante solitario.

– Debió de haberte costado mucho dinero.

– Casi todos mis ahorros, pero vale la pena haberlo pagado, – estaba tan entusiasmado que esa misma tarde decidimos ir con Albert para hablar, la mucama de los Andley me había proporcionado la dirección donde trabaja el jefe de la familia más poderosa de América.

Una hora después de haber llegado a la oficina de Albert, salí de ahí corriendo como pude, corrí y corrí, no supe como llegue hasta el Río Michigan donde algún día le prometí a Candy contemplar juntos el río, ya nunca más estarás a mi lado, los sueños que alguna vez tuve contigo no se podrán realizar, tener una familia, vivir juntos en una hermosa casa con niños, una razón para que mi vida estuviera alumbrada con unos hermosos ojos verdes que pudiera ver cada mañana que me despertará.

Me hinque suplicando a dios que me ayudara, que no me dejara solo. Pero ese era mi destino desde que había nacido. Deseaba tirarme al río y ahogarme en sus profundas aguas frías. Pero unas manos me sostuvieron.

– Lo lamento tanto. – Mi padre lloraba también – hubiera deseado que fueras feliz a lado de la mujer que amas… sinceramente.

– Prometimos ser felices cuando nos separamos, estoy feliz por Candy... porque Albert es un gran hombre y sé que él… hará a Candy la mujer más feliz de todo el mundo – las lagrimas bañaban todo su rostro – le ha dado siempre protección y ha estado con ella en los momentos más difíciles de su vida desde que era una niña de 10 años... cuando estaba en el colegio prometí protegerla pero…

– Terry… hijo mío.

– Tuve la sensación que dios me iba a permitir ser feliz ya que en mi infancia sufrí de muchas carencias, y que de alguna manera me lo debía, ahora sé que no hay un dios… porque si lo hubiera… no sería tan cruel y despiadado conmigo.

– Lo lamento tanto, sé lo tanto que la amas. – lo abrace fuertemente.

– Cuando vi la invitación pude conocer finalmente las rosas de Anthony... la Dulce Candy. Son muy hermosas. – mire hacia el cielo.

– ¿Las dulce Candy?

– A pesar del tiempo transcurrido aun tiene presente a su primer amor, no lo ha olvidado ya que las invitaciones de ella tienen ese hermoso detalle.

– ¿A su primer amor?

– Si, era el sobrino de William Albert Andley el jefe de la familia. Él cultivaba rosas y creó una nueva estirpe, pero murió en un accidente de caballo. – El Duque se sorprendió que su hijo supiera referente a los pasados amores de Candy y se extraño, Terry vio divertida su expresión – un día que me escape del colegio – se interrumpió, pero su padre ya sabía que él se escapaba del internado así que continúo. – bueno Candy también lo hacía, era una chica diferente a las demás que había conocido y un día fuimos al Zoológico Blue River, ahí me comento que cuando me vio por primera vez se había confundido, pues decía que me parecía él, pero solo le duro un instante – río con nostalgia. – a veces me comparaba con él y cuando decía algo malo de Anthony me miraba como sí me fuera a matar con esos ojos verdes que tanto me encanta hacerla rabiar.

– Supongo que el primer amor nunca se olvida. – comento el Duque pensando en Eleonor.

– No, ciertamente no – se detuvo por un momento – ella fue mi primer amor y no logro olvidarla, sin embargo yo trataba de que ella olvidase a Anthony pues él estaba muerto y nunca más iba a regresar… y me he dado cuenta que ahora estoy comportándome como Candy… pero me he dado cuenta que aunque estemos vivos no puedo estar al lado de la mujer que amo. – su padre simplemente lo abrazo fuertemente consolándolo en silencio, las palabras estaba demás.

Al día siguiente Terry como todo un actor profesional, dejo sus problemas, sus tormentos atrás para interpretar su personaje.

Decidí ir al teatro para apoyarlo moralmente pues no deseaba que hiciera alguna locura como hace unos dos años que trató de suicidarse, estaría cerca de él, en la mañana cuando estaba haciendo los ensayos finales, supe que la familia Andley había apartado con días de anticipación un palco privado y en lugar preferencial. Tenía la esperanza de verla y poder hablar con ella, estaba enojado, furioso, porque había jugado con los sentimientos de mi hijo, no merecía que Terry sufriera lo que había sufrido. Tenía muchas cosas que decirle y pedir una explicación, pero su sorpresa fue mayor cuando comenzó a levantarse el telón y el palco de los Andley estaba completamente vacío, al igual que los lugares que había reservado su hijo para Albert y Candy.

Ver aquellos lugares vacíos fue aun más doloroso para Terry, cuando termino la obra y dio la reverencia para agradecer los aplausos, las lágrimas se resbalaban sobre sus mejillas blancas. Todos pensaron que Terry estaba muy conmovido por su excelente papel que había hecho, pero solo el Duque sabía perfectamente el motivo de las lágrimas que Terry había derramado.

En esa ocasión llegue a odiar a Candy profundamente al ver que lo primero que había hecho Terry era acostarse en la cama, había un minibar en la habitación donde agarro una botella de whisky, la abrió y se la empino, pero antes que el liquido tocará sus labios, dejo nuevamente la botella.

– No puedo, ¡Llévate esto por favor! – Dijo Terry completamente devastado entregándome la botella y señalo el bar y las botellas que estaban adentro, – no puedo tomar ni una copa, ¡Soy un maldito alcohólico! ¡Qué sé, que si la pruebo no podré pararme nuevamente y no quiero convertirme en un asqueroso alcohólico vagando y durmiendo en las calles como antes... no quiero convertirme en esa persona otra vez, no otra vez!

– Tranquilízate, estoy aquí contigo, no debes de temer, no permitiré que recaigas nuevamente. – lo abrazo y lo llevo hasta la cama y como si fuera un niño chiquito lo arropó. – retirare todo esto para que no tengas ninguna tentación.

– Gracias – le agradeció profundamente mientras lloraba.

Al medio día teníamos que tomar el tren para ir a Misisipí, había decido ir hasta el final de la gira que faltaba ya menos de un mes. Pero sabía que era imposible por mi trabajo. Decidí que solo iba a viajar con él unos tres días más para que Terry no recayera.

Cuando de repente como si hubiera una fuerza magnética voltee la mirada y a lo lejos pudo observar perfectamente a Candy, el Sr. Andley me había dicho que ella no se encontraba en Chicago sino en el Hogar de Ponny – ¿Por qué el Sr. Andley le había dicho que no se encontraba, porque le había mentido? ¿Qué trataba de hacer ella estando aquí? Darle falsas esperanzas para luego votarlo como basura. No lo iba a permitir, gracias a dios que ella no se acercó a su hijo nuevamente y se mantuvo alejada, porque no se lo iba a permitir, suficiente ha hecho con lastimarlo.

Pasando esos tres días con su hijo, hablo con uno de sus guardaespaldas y le pidió que siguiera a su hijo discretamente para saber que no hubiera recaído, y por otra parte contrató a unos investigadores para saber de la vida privada de Candy y comprender muchas cosas acerca de ella.

El Duque regreso a Nueva York, necesitaba pensar algo rápidamente, la temporada de Hamlet se terminaba y su hijo cada día ganaba mucho más prestigio y podía vivir muy bien, sin necesidad de su apoyo económico. Y deseaba por otra parte destruir a Candy White. Había jugado con los sentimientos de su hijo, lo había hecho sufrir, lo humillo, y su hijo valía mucho para tal humillación. Y más siendo un Grandchester, el hijo del Duque. Tenía un plan maquiavélico pero fue en esa mañana que tenía ya todo planeado para pagar a Candy tal humillación, fue aquel día que amaneció y lo voceadores anunciaban la noticia que la Guerra se había terminado finalmente, habían firmado el Tratado de paz.

11 de Noviembre de 1918.

Su mucama rápidamente le trajo el periódico con lágrimas en los ojos. Sus doncellas se abrazaban la una con la otra, podrían regresar a casa y ver a sus familiares quienes estaban vivos. El Duque estaba tan conmocionado de la noticia, – regresaré a casa... – se decía. – Oh Dios mío, se me hacia tan eterno y todavía no puedo creerlo, pareciera que fuera un sueño. "El gobierno de la nueva República alemana firma elArmisticio de Compiègne"

La salud de Susanna cada día empeoraba más, hasta ya no poder levantarse de la cama. Esa misma mañana del 11 de noviembre me llamaron del hospital para decirme que Susanna había tenido como un tipo de ataque respiratorio así que fui al hospital lo más rápido que pude. Ya que Terry todavía estaba de gira.

– Susanna, ¿Estás bien? ¿Qué ocurre? Todo estará bien, no te preocupes. – Susanna lloraba en silencio, pues los médicos hicieron todo lo posible para que saliera de la crisis y ahora ya estaba un poco más estable.

– ¡Terry! – Pudo apenas decir, parecía que le costaba mucho trabajo hablar.

– No hables, trata de descansar, aún no termina la gira, pero si deseas puedo llamarlo, estoy seguro que Robert aceptara que Terry venga aquí. – Susanna negaba con la cabeza mientras lloraba. – Susanna ¿No deseas que venga Terry? Estoy seguro que te sentirás mejor. Tu salud es primero ante cualquier cosa.

– Me llamo ayer... – trato de tranquilizarse para poder hablar – soy una mujer horrible, – dijo sollozando – he arruinado la vida de la persona que más amo de toda mi vida.

– ¿De qué hablas Susanna? – Decía el Duque consternado.

– Candy está comprometida con otro hombre, – lloro abrazándose al Duque y él no comprendía porque Susanna le dolía tanto que Candy se fuera a casar con el Sr. Albert Andley – sí yo no hubiera interferido, Terry ahora estuviera casado con la mujer que ama... Mientras que yo… aún así me hubiera enfermado...

– No, no pienses en eso, si no hubieras interferido, Terry podría estar muerto en el accidente o invalido. Yo siempre estaré muy agradecido por lo que hiciste por él, aunque en el corazón no haya podido a enamorarse de ti.

– Duque de Grandchester, usted ha sido muy bueno conmigo... Yo no sé cómo agradecerle todas las intenciones que ha hecho conmigo.

– No tienes que agradecerme nada, yo aún sigo en deuda contigo, ya que salvaste la vida de mi hijo y eso no tiene precio.

– Me entere que la Guerra término...

– Sí, estoy tan feliz – se levantó y se dirigió a la ventana.

– Supongo que ahora se irá a Inglaterra.

– Si, ya no tengo nada que hacer aquí. Mi hogar está allá y como diplomático ayudare a levantar a mi país de la ruina, ayudar a toda la gente que lo ha perdido todo.

– ¿Puede hacerlo?

– Claro, trabajo en el Parlamento para dirigir y ayudar al pueblo británico, aunque no lo creas es maravilloso. – Una lágrima de felicidad se asomaba por sus ojos. – yo amo a mi patria con todo mi corazón, y ayudar en lo que pueda, eso es lo que más satisfacción tengo en mi vida, mi trabajo… es gratificante.

– Terry y usted se parecen mucho… me acuerdo que Terry hablaba de que él deseaba ayudar siempre al prójimo, odiaba la clase elite. ¡Lo aborrecía! Sin embargo él siempre luchaba para que la gente más humilde pudiera ver las obras… personas quienes no podían pagar un boleto de entrada. Creo que tienen mucho en común.

– ¡¿Eso te dijo Terruce?! – Susanna movió la cabeza afirmativamente – Susanna podrías hacerme un favor enorme. – le sonrió.

– ¿De qué se trata?

– Es referente a Terruce.

– Si puedo hacerlo con gusto le ayudaré. – el Duque sonrió y hasta la mirada le cambio. Después de todo no estaba su batalla perdida.

Dos días después.

– Enfermera podría llamar a mi madre, no me siento bien. – decía Susanna que sentía que en cualquier momento dios la llamaría.

– Claro, enseguida la llamo.

– Mamá – dijo Susanna una vez que entró la señora y se sentó a lado de su hija.

– Dime, hija mía.

– Me siento muy mal, antes de partir… desearía ver por última vez a Terry... llámalo por favor.

Actualidad, enero de 1930.

– Emma, tengo una sorpresa para ti. – Decía Ricky muy entusiasmado a la hora de recreo.

– ¡¿Ricky dime qué es?!

– Sí te diría entonces no sería una sorpresa.

– Qué malo eres – hizo un puchero.

– Ahora ya sé lo que siente mis padres cuando tratos de chantajearlos cuando quiero saber algo.

– Dime por favor si no, no me podré concentrarme en la clase pensando en la sorpresa que tienes para mí.

– Bueno, yo si no soy bueno para guardar secretos. – Emma le tomo de las manos para escuchar su sorpresa – desde hoy iremos a la casa de mi abuelito y haremos la tarea y después jugaremos...

– ¡¿De verdad?! – Emma estaba tan feliz, pero tenía miedo – ¿No hay problema con tus padres no se molesten que juegues conmigo...? – Pregunto insegura.

– ¡Claro qué no! Mi papá como mi abuelito no tienen ningún problema.

A Emma casi se le llenaban los ojos de lágrimas, pues le gustaba mucho Ricky y estar con él en el colegio y después que le ayudará a hacer la tarea y jugar… ¡Era como un sueño tan hermoso!

Ya a la salida del colegio Emma salió rápidamente del salón de clases una vez que sonó la campana para retirarse, pues no le gustaba hacer esperar al chófer del Duque, porque seguramente tenía que hacer otras cosas más importantes que recogerla a ella al colegio.

– Hola Alfred, espero que no te haya dejado esperando mucho tiempo por mí.

– Hola señorita, no se preocupe, además tengo que esperar a alguien más. – dijo el chófer abriéndole la puerta e inmediatamente entro al vehículo súper lujoso y bastante amplio como todos los diplomáticos y aristocráticos que viajan en esos vehículos.

– ¿Te refieres a Ricky?

– ¿Ricky? – El hombre sonrió alegremente – Sí, a lord Richard y lady Margaret.

– Yo, yo lo siento... yo...

– No debe porque sentirlo, el joven Richard es su amigo y a Ricky le gusta que le llamen por su nombre. – le guiño el ojo en forma de complicidad.

– Gracias Alfred.

– Solo espero que al joven Richard no lo hayan castigado. – Emma negaba con la cabeza cuando el chófer los veía salir del colegio. – Ahí vienen.

– Hola Alfred – dijo Ricky con una sonrisa y el chófer les abría la puerta del vehículo para que entrarán con una leve inclinación. Ambos niños entraron cuando Maggie vio a Emma.

– Hola, ¿Te conozco? – Tenía la idea de haberla visto en alguna parte pero no recordaba en donde.

– Hola Maggie, soy Emma... – le estrecho la mano para saludarla.

– ¿Emma? – tomo la mano de la niña tímidamente.

– Emma vive en el edificio donde vive mi abuelito y estará con nosotros... – Comento Ricky con una sonrisa.

– ¡¿Emma?! ¿La hija de la mucama? – Emma solo movió la cabeza afirmativamente – ¡¿Qué hace la hija de la mucama en el vehículo oficial del Duque de Grandchester y con el uniforme del colegio?! ¡Alfred! ¿Qué significa esto?

– Mi lady, eso es algo que el Duque lo ha decidido. – comento cuando entro él también al vehículo.

– No pienso compartir el mismo espacio ¡Con la hija de la sirvienta!

– ¡Margaret! No seas cruel con Emma. – mientras que Emma se sentía muy triste y avergonzada, trataba de que no le afectara los comentarios de Margaret pero simplemente no podía y le salían las lágrimas sin poder evitarlo.

– Mi lady, mi lord, cualquier cosa que estén desacuerdo con esta situación lo tratarán con el Duque personalmente, yo simplemente tengo ordenes y debo de cumplir a pie de la letra lo que me ordena el Duque de Grandchester. Si tienen alguna queja se lo harán saber inmediatamente, ya que él se encuentra en el apartamento en este momento.

– ¡Claro que así lo haré! No pienso quedarme callada.

CONTINUARÁ

QUIERO AGRADECER PROFUNDAMENTE QUÉ ME SIGAN LEYENDO, SE QUÉ ME TARDO MUCHO PERO ES TENGAN SEGUROS QUÉ NO PIENSO ABANDONAR ESTE PROYECTO.

ME ANIMAN MUCHO SEGUIR CON ESTA HISTORIA EN PARTE POR TODOS SUS REVIEWS QUÉ ME MANDAN Y QUE ME ALIENTAN. MIL GRACIAS Y UN BESO ENORME.