28


Sentía la presencia de Rachel a su lado y eso reafirmaba una y otra vez que lo había sucedido entre ellas, había sucedido de verdad.

Rachel le había pedido que fuera su novia y ella había respondido que sí sin detenerse a pensar en nada más. Absolutamente nada más. Hasta ese momento no se había detenido a pensar en lo absurdo que había sido todo. No por parte de la morena, sino por parte de ella. En cuanto le dijo a Rachel ese «sí», que trazó una nueva línea en su relación, supo que lo del título había estado sobrando desde el principio.

Rachel y ella habían estado como una pareja sin necesidad de un título oficial desde hacía tiempo. Rachel había sido su novia desde que se besaron por primera vez, al menos en su cabeza —a pesar de haber utilizado ese «no-novia» constantemente—; Rachel se había comportado como una novia desde mucho antes de pedírselo. Había soportado cada una de sus huidas, de sus momentos idiotas donde lo que necesitaba más que nada era un golpe en la cabeza; le había ayudado con el asunto de Camille; había estado —quizás sin saber— empujándola de regreso hacia su familia. Había sido un gran apoyo siendo simplemente amigas. Aunque muy en el fondo ambas sospechaban que quizás en ese tiempo deseaban algo más que simple amistad.

Debía admitir también que ponerle por fin un nombre a lo que tenían le ayudaba un montón a la hora de pensar en lo que sucedería a continuación.

Al hablar con Frannie, en cuanto volviera al departamento, utilizaría el «Rachel es mi novia» en lugar del inestable e inconcluso «no-novia». Se enfrentaría a su hermana con una base sólida, algo a lo que llamar propio. Tenía una relación estable con Berry, venían teniéndola desde hacía tiempo, pero llamarla por fin su novia le daba un plus a todo eso, una inyección de fuerza y energía que le hacía sospechar que podría enfrentarse a lo que sea y salir ilesa de eso.

Rachel le hacía sentir así.

Le había llevado un tiempo darse cuenta de tal cosa, de notar a la morena por lo que realmente era y no por lo que su mente le hacía ver. Si tenía que verlo todo en retrospectiva y buscar el punto exacto en cual desarrolló sentimientos por la joven camarera, estaba segura que encontraría muchos puntos claves. Pudo haber sido desde el primer momento en el que se vieron en el Spotlight; la vez que visitaron por primera vez el departamento que luego fue el elegido por Quinn; Rachel mirando por la ventana y la rubia notando el detalle de los lunares en su mejilla izquierda; quizás cuando juntas decoraron todo el lugar; Rachel hablándole de colores, de porque el verde le recordaba a ella; tal vez cada vez que huía porque sabía que algo estaba cambiando en su interior respecto a la morena. Pudo haber sido en cualquiera de esos momentos y al mismo tiempo en ninguno.

—Soy tu novia —señaló casi con sorpresa. Rachel a su lado sonrió de oreja a oreja completamente feliz antes de asentir con la cabeza—. Y tú eres mi novia.

—Por lo general, este tipo de cosas es reciproco. Si tú eres mi novia, yo soy la tuya también —indicó Berry con un ligero tono bromista e irónico en la voz—. No puedo ser tu novia y que tú seas mi esposa, ¿Entiendes? Debemos compartir el mismo título.

— ¿Y qué hay de…? ¿Qué pasa con compartir razas? Porque tú eres un duende y yo soy una humana —se rió Quinn recibiendo un golpe en el brazo por parte de Rachel.

Si debía enumerar las fallas que tenía su relación con la morena, sabía perfectamente que la lista sería enorme, pero si tenía que mencionar algo que amaba mucho de estar con la joven eso sería el hecho de poder bromear con Berry sin miedo a que la respuesta fuera completamente negativa. Rachel no iba a tomarse a mal ninguna broma por parte de ella, más bien todo lo contrario: buscaría la forma de devolvérsela. Ser amiga y ser novia de Rachel no marcaba diferencia alguna entre una cosa y otra.

Siempre había pensado que una vez que estas en una relación, las cosas que haces con tus amigos escasean con tu pareja, o son completamente diferentes. Ya sea porque tienes miedo a que le afecte de mala manera o porque estas demasiado ocupado tratando de ser alguien perfecto para esa persona. No se había detenido a pensar que quizás existía un punto medio entre esos dos mundos. Un amigo con el que puedes compartir el amor, o un amor con el que puedes compartir una amistad.

Rachel era el punto medio entre esos dos mundos.

Rachel era eso que no sabía que estaba esperando hasta que lo tuvo.

Rachel era su amiga, su amor.

Rachel siempre sería aquello que ella necesitase.

Con esos pensamientos bailando en su cabeza, se giró para mirar a la morena. Ya había pasado un buen rato después que vieron al amigo de Rachel —un chico alto y algo musculoso llamado Elliott Gilbert. Cabello negro, ojos azules y barba de dos o tres días—. La morena la presentó como lo que era ya oficialmente, su novia, y el chico simplemente sonrió como si estuviera feliz por eso. Quinn prefirió esperar alejada de los dos jóvenes mientras veía como hablaban de vaya uno a saber qué. No es que no le interesara lo que sucedía en la vida de la morena, simplemente quería que fuera la joven quien decidiera qué contarle y qué no. Y eso incluía la charla con su amigo.

Mucho rato después de ese encuentro, Quinn supo que se conocían desde NYADA, que el joven tuvo un corto amorío con Kurt y que era actor de obras de teatros y películas de bajo presupuesto al igual que Rachel. También supo que el encuentro entre ambos venía por ese lado. Quinn jamás había visto sonreír tanto a Rachel como hasta el momento en el que se acercó a ella con un guion en la mano. La morena le explicó que se trataba de un nuevo proyecto actoral que su amigo estaba planificando poner en escena y que había pensado en ella como protagonista principal. Desde entonces, Rachel no había parado de ojear el proyecto entre sus manos. Tanto que incluso Quinn sugirió parar en algún lugar para que la morena pudiera leerlo de pies a cabeza sin inconveniente alguno.

Y fue esa la razón principal por la que en ese momento se encontraban en el Spotlight. Como en los viejos tiempos.

Sabiendo que Rachel estaba sumergida por completo en su nuevo mundo, y que no había peligro alguno de ser descubierta, se dedicó a mirar cada rincón de la morena. No quería detenerse a pensar en que fue lo que pasó por la mente de la joven para fijarse en ella con lo desastrosa que era. En su lugar, se detuvo a observar a la morena con una sonrisa en sus labios, a memorizar cada uno de sus gestos, a contar cada una de sus pestañas, a intentar descifrar que secretos ocultarían esos ojos marrones que tan completa le hacían sentir, qué molestia se escondía detrás del ceño fruncido de Rachel, qué estaría leyendo con tanto entusiasmo, qué personaje le tocaría interpretar.

—Mirar a las personas fijamente es de mala educación, ¿Lo sabías? —rio la morena sin quitar la mirada del proyecto entre sus manos.

—La arrogancia también lo es —replicó Quinn fingiendo que no la habían atrapado in fraganti—. Y ni siquiera estaba mirándote a ti, gnomo. Estaba mirando eso que tienes entre las manos. Pareces muy concentrada.

—Como digas —volvió a reír Rachel inclinándose para besar fugazmente a Quinn—. Es un guion, ya lo sabes. Es… Es una película independiente. Lo de siempre, bajo presupuesto, malas actuaciones, cero nominaciones a premios importantes. Eso es lo mío.

—No seas idiota. No es lo tuyo —soltó Quinn ligeramente molesta. Rachel puso los ojos en blanco como si no le creyera y eso le molestó muchísimo más—. Hablo en serio, Berry. Quizás esas películas independientes de bajo presupuesto, malas actuaciones y cero nominaciones son así porque no te tuvieron a ti. No conozco a nadie que trabaje con tanta pasión como tú, así que no puedo entender que te menosprecies ahora. ¿Qué?

—Nada —respondió la morena intentando ocultar la emoción de sus ojos. Le dio un nuevo beso a Quinn y agregó—: Nada. Es solo que… Nadie había demostrado creer en mí sin verme actuar primero. Eres… eres la primera.

—No necesito verte actuar para creer en ti —murmuró ligeramente avergonzada y desviando la mirada hacia la mesa. Cerró los ojos fugazmente cuando sintió los labios de Rachel en su mejilla—. Ya, Berry. Ese guion no se leerá solo si te la pasas besándome.

—Y volvió la dura Quinn —señaló Rachel riéndose. Solo para molestar un poco más a la rubia, le llenó el rostro de besos—. Mi novia la dura pero que en realidad es un cachito de pan.

—Pan viejo, ese que no se puede comer sin que se te caigan los dientes —replicó la rubia fingiendo fastidio—. Hablo en serio, Berry. Tomate el trabajo de tu amigo con responsabilidad. Lee eso.

Rachel riéndose a un costado de ella, no ayudaba a mantener puesta la máscara de seriedad. Estar sin reírse con la morena era un caso perdido antes de intentarlo. Rachel era como esos niños a los que quieres poner orden pero hacen algo adorable y gracioso, y ya te olvidaste de porque los regañabas. Hasta el momento no se había detenido a pensar que estar con Rachel era como estar con sus sobrinos. Por mucho que quisiera imponer autoridad, nunca lo lograría.

Recibió nuevamente los labios de la morena en su mejilla y segundos después en su boca, antes de que ésta se pusiera a leer e guion nuevamente. Era la primera vez que Quinn la veía proyectando algo. O quizás la primera vez que prestaba atención a algo como eso. Estaba viendo a la Rachel actriz. Siempre había visto a la Rachel amiga, la Rachel camarera, la Rachel entrometida, pero jamás había visto a la Rachel en fase de actuación. Si debía ser honesta, le gustaba muchísimo lo que estaba viendo más allá de que la morena tomase el papel o no.

Fue ver la ilusión y hambre con que Rachel leía cada palabra del proyecto lo que la llevó a experimentar el deseo de querer entrar en ese mundo, en el mundo de Rachel, de querer ser parte de eso, de acompañar a la morena en cada paso que diera a partir de ese entonces. Quería ser quien la ayudase a preparar el personaje —aunque no tuviera ni idea de cómo hacer eso—, quería ser quien repase diálogos con la joven, quería que Rachel sintiera que había nacido para ese papel aunque no fuera así.

—Que actúes tú en ese papel, sería igual a que lo actuara Meryl Streep —comentó sin detenerse a pensar en lo que decía. Rachel levantó la mirada mirándola asombrada—. ¿Qué? Ah, ya sé. Jamás te vi actuar —se auto respondió poniendo los ojos en blanco—. ¿Qué más da eso? Podrías improvisar algo en la cena con mis hermanas, o mañana con Brittany y Santana, y asunto arreglado. Ahí te habré visto actuar.

—Hmm… hablando de tus hermanas…

— ¿Qué? —preguntó poniéndose en alerta. La morena no contestó rápidamente, sino que esquivó la respuesta hasta que Quinn volvió a insistir—. Rachel…

— ¿Crees que podemos dejar la cena con tus hermanas para otro momento? —fue la respuesta pausada de la morena. Quinn la miró algo confundida—. Es que entre la cena de hoy con ellas y mañana con la de tus amigas, como que me verán la cara muy seguido y… y tengo miedo que me vean como una intrusa. Además, creo que Frannie quiere pasar un tiempo a solas contigo y...

—Es… es cierto. No la parte en la que eres una intrusa, sino… sino en lo de Frannie.

— ¿Estas molesta? —quiso saber Rachel dejando a un lado el guion y prestando absoluta atención a Quinn que negó con la cabeza, aunque parecía algo pensativa—. ¿En serio? Porque si estas molesta, solo debes decírmelo.

—No estoy molesta, solo… solo algo extraña porque quería que compartieras una cena con mis hermanas siendo mi novia oficial —aclaró Quinn sin salir del trance en el que estaba—. Obviamente no sabía que hoy sería el día que le pondríamos título a nuestra relación pero… pero supongo que está bien que no cenes con nosotras esta noche. Creo que podré hablar con mis hermanas, contarles… contarles como es la situación y nuestra relación. Bueno, al menos a Frannie porque Camille lo sabe.

—Exacto. Creo que necesitan ese momento juntas. Debes hablar con Frannie, ser sincera con ella. Que yo esté ahí creo que le hará sentirse extraña de alguna forma. La novia de su hermana menor está cenando con ella, y ella está enterándose en ese momento quién es la chica en realidad. No le da mucho margen de reacción, ¿Entiendes? Se puede sentir…

—Obligada a aceptarte. O presionada.

—Exacto. Yo por mi parte, hablare con Kitty. Es hora de que lo sepa —murmuró la morena jugando con sus manos en señal de nerviosismo—. Sé que me apoyará pero siempre me estreso demasiado cuando se trata de hablar con ella de algo importante. Enfrentarme a tu hermana, después de haberlo hecho con mi amiga, me hará explotar de estrés.

—Hablemos con… con nuestra familia por separado entonces. No quiero perderte por una explosión de estrés innecesaria —bromeó Quinn antes de inclinarse y besar a Rachel.

La morena tenía razón. Debía hablar con Frannie a solas, la última vez que tuvieron una charla profunda habían salido bien las cosas pero Quinn sospechaba que fue porque estaban solamente ellas dos. Camille también estaba, pero estaba durmiendo siendo completamente inconsciente de lo que sucedía con la menor de las Fabray. Esta vez, seguramente la adolescente estaría despierta y sería un gran apoyo para Quinn, porque a pesar de saber que su hermana mayor no diría ni haría nada para lastimarla, el temor y los nervios se habían apoderado de ella completamente.

Frannie podría apelar al enojo y estaría completamente en su derecho de hacerlo. Podía gritarle a Quinn por no haberle contado antes lo que sucedía entre ella y Rachel. Incluso podría sentirse herida y la rubia de ojos verdes sabía que tendría toda la razón al hacerlo. Por ende, que la morena no estuviera presente en ese momento en caso de que algo así sucediera, era un completo alivio. Solamente ella tendría que lidiar con su hermana. Ella y Camille.

Por otro lado, pensar en Frannie evitaba que pensara en la amiga de la morena y la posible reacción que ésta tendría al enterarse que ella y Berry estaban juntas. Sabía perfectamente que no era la persona favorita de Kitty, lo tenía bien en claro, y eso provocaba que se pusiera extremadamente nerviosa. Pondría las manos en el fuego apostando que la morena no la dejaría solo por caerle mal a su amiga pero era plenamente consciente de lo importante que era la rubia bajita para Rachel. Por ende, había una extrema posibilidad de caerle mal a Kitty y que todo se volviera incómodo para Rachel. Lo que la llevó a preguntarse si ella estaría dispuesta a dejar que eso sucediera o daría un paso al costado solo para que la morena no se viera en la innecesaria y estresante situación de tener que elegir.

Un golpe en las costillas por parte de Rachel fue lo que la sacó de sus pensamientos —y lo que evitó también que se enfocara en cosas sin sentido—. Un movimiento de cabeza hacia su bolso por parte de la morena fue lo que evitó que le echara la bronca por darle el codazo. Buscó su teléfono móvil sabiendo que si sonaba Bon Jovi era porque se trataba de Frannie. Y efectivamente así era.

—Es mi hermana, quiere saber qué cenaremos —le comunicó a Rachel sin quitar la mirada del móvil—. La primera opción es pasta, aunque me huele que la pedirá a domicilio, pero podemos comer lo que tú quieras. Le diré que no cenaras con nosotras y pasta está bien. Camille seguro ya se adelantó y está comiendo cereales. Siempre me hace lo mismo.

—Cuando yo ceno con ustedes, no hace eso.

—Eso es porque tú eres la madre favorita que cualquier hijo podría llegar a tener. Hasta Winter te prefiere —señaló Quinn poniendo los ojos en blanco. Terminó de escribir la respuesta para Frannie, y luego se giró hacia Rachel regalándole un beso en los labios—. ¿Nos vamos, Berry? Debo enfrentarme a los lobos que habitan en mi departamento.

—Sí, y yo al león rubio que está en el mío —secundó Rachel riéndose.

Una vez fuera del Spotlight fue cuando comenzó un dilema en Quinn que no sabía que existía en ella: caminar o no tomada de la mano de Rachel. Sin saber que hacer miró a la morena como si esta supiera lo que pasaba por su mente y le diera la respuesta que necesitaba. Loco o no, eso fue lo que sucedió. Rachel la miró confusa unos segundos antes de asentir con la cabeza, como si hubiese entendido lo que sucedía con Quinn, y tomar a la rubia del brazo.

Sin decir nada más, comenzaron a caminar mientras la mente de Quinn le decía que ir tomada del brazo de Rachel no era suficiente. Necesitaba más contacto. Por ende, tomó la mano de la morena y la entrelazó a la suya. Si Rachel notó la profundidad del gesto o no, no dijo absolutamente nada. Cosa que Quinn, sin saberlo, agradeció enormemente. Estaba demasiado nerviosa porque era la primera vez que caminaba tomada de la mano de alguien por la calle como para encima tener que sumarle el hecho de que había sido ella quien generó el contacto.

— ¿Qué crees que dirá Frannie? —preguntó Rachel entrando al edificio que ambas compartían. A pesar no estar mirándola y de la aparente indiferencia en la pregunta, Quinn supo que solo era una fachada por parte de la morena—. Ya sabes,… de nosotras. Compartimos varios momentos juntas pero… pero, ¿Fueron los suficientemente buenos como para que yo le caiga bien?

Por primera vez era la morena quien atravesaba un momento de inseguridad y debía ser ella quien le pusiera un alto a eso. Rachel no lo decía, obviamente, pero estaba más que claro que estaba pendiente de lo que fuera a suceder a partir de ese momento. Quizás tanto como ella lo estaba con Kitty. Suspiró sabiendo que había llegado su momento de ser la roca en la cual la otra se apoyara en ese momento. Debía ser ella quien aportara estabilidad y quien hiciera sentir a la otra que todo saldría bien.

—Es imposible que le caigas mal a alguien —comentó tomando el rostro de Rachel entre sus manos—. Y Frannie no dirá nada malo de nosotras porque creo que secretamente esperaba que esa chica con la que estaba saliendo fueras tú. Tendrías que haberla visto cuando el tema salía a la superficie, siempre te nombraba y decía que pensaba que algo estaba pasando entre tú y yo. Hubiese confirmado sus sospechas todas esas veces, si no fuera por Camille que me interrumpía y evitaba que lo hiciera.

— ¿Por qué…? ¿Por qué hacía eso?

—No lo sé. Hablare hoy también con ella —respondió la rubia encogiéndose de hombros. Se pegó más a Rachel uniendo sus labios en un beso corto pero necesitado—. No tienes nada de qué preocuparte, ¿Ok? Mis hermanas te adoran, y Frannie ladra pero no muerde. Confía en mí.

El suspiro que se escapó de los labios de la morena fue respuesta suficiente, pero por si acaso no lo era, el beso que la joven le dio terminó de confirmar que, efectivamente, confiaba en ella. Un sentimiento de orgullo se instaló en Quinn al darse cuenta de eso. Rachel confiaba en ella casi tanto como ella confiaba en la morena. Un nuevo y pequeño paso que avanzaban juntas, sin que una se retrasara o la otra se adelantara.

Despedirse de Rachel sabiendo que quería estar con ella, fue lo peor que tuvo que hacer Quinn esa noche. Realmente sentía el deseo de pasar cada momento junto a la morena. Si alguien tiempo atrás le hubiese dicho que llegaría ese momento, era bastante seguro que no se lo creería para nada. Analizar también en retrospectiva lo que había sucedido a lo largo de todo ese año y buscar el punto exacto en el cual su vida dio un giro total, tampoco iba a tener mucho éxito. No el cambio que significó ver a Rachel por primera vez en su vida, sino el cambio en ella. El momento en el cual se dio cuenta que la mujer fría que era, aquella sin reparo en los demás, jamás iba a volver. De ese giro hablaba.

No supo cuánto tiempo pasó parada en la puerta de su propio departamento, como así tampoco supo qué fue en lo que estuvo pensando en ese rato de trance. No quería darle el control a su mente, prefería que fuera su corazón quien mantuviera las riendas de la situación porque eso le daba otra perspectiva al asunto. Como la vez que habló con Frannie en Lima, cuando le dijo que le atraían las mujeres. En ese momento no había sido su mente quien habló, había sido su interior y las cosas habían salido bien. Más que bien. Esta vez quería que fuera igual.

—… supuesto que no, Camille —escuchó decir a Frannie cuando por fin puso un pie en el interior del departamento. Por el tono de voz era más que evidente que estaban manteniendo una discusión. O un acalorado intercambio de opinión—. No pienso escucharte. Te pones necia cuando no tienes razón.

— ¿Por qué discuten ahora? —preguntó Quinn dejando su bolso sobre la mesa. Al parecer, por el grito de sorpresa que dejaron escapar, sus hermanas no habían notado para nada su presencia—. ¿Saben qué? No quiero saberlo. Me lo cuentan después. Ahora realmente debo hablar con las dos y necesito que me presten atención porque no pienso repetirlo.

— ¿Es sobre…?

—Si, y no dejare que me interrumpas de nuevo —afirmó mirando seriamente a Camille—. Por cierto, creo que es un buen momento para preguntarte porque lo hacías. ¿Por qué cada vez que quería decírselo a Frannie, tú me interrumpías? ¿Por qué, Camille?

—No lo sé. Quería que estuvieras segura, supongo —fue la respuesta de la adolescente abandonando el sofá. Quinn, que no se esperaba para nada esa respuesta, la miró con el entrecejo fruncido pidiéndole que se explicase mejor—. Yo qué sé, Quinn. Quería que cuando hablaras con Frannie estuvieras preparada para cualquier resultado que fueras a obtener de eso, sea bueno o malo. Quizás no quería que pasaras por lo mismo que yo, que hable de mis sentimientos sin pararme a pensar en nada. Y así me fue. A lo mejor solo quería cuidarte.

—Cam…

—No digas nada —pidió la adolescente antes de ponerse su máscara de frialdad—. Es algo sin importancia ya. Mejor vayamos a lo tuyo. ¿Estás segura ahora? Sabemos que Fran se lo tomara bien pero… pero en caso de que así no sea, ¿Estas preparada para el resultado negativo, si hay uno?

Hasta ese momento, no se había detenido a pensar en la posibilidad de que su hermana mayor no viera con buenos ojos su relación con Rachel. Una cosa era que la morena le cayera bien a Frannie como su amiga y otra muy diferente era que lo hiciera como cuñada ya oficial. ¿Cómo le caería mejor Rachel a Frannie? ¿La rubia mayor se pondría distante y pondría en el punto de mira a la morena después de que supiera que título poseía realmente en la vida de Quinn? ¿O simplemente haría como si nada hubiese cambiado? Por mucho que intentara meterse en la mente de su hermana y pensar en las posibles respuestas a esas preguntas, sabía con exactitud que solo obtendría las mismas si hablaba directamente del tema.

—Perfecto, ¿Podemos cenar mientras hablas? —preguntó Camille cuando obtuvo un asentimiento de cabeza por parte de Quinn a su pregunta anterior.

—La cena después. Si como algo ahora lo vomitare porque estoy muy nerviosa —confesó Quinn acercándose al sofá donde estaba Frannie.

Hasta el momento, la rubia mayor no había dicho ni una sola palabra. Solo se limitó a observar toda la situación y eso inquietaba un poco más a Quinn. Trataba de que no se le notara pero efectivamente estaba nerviosa. No sabía el porqué. O quizás sí pero no quería pensar en eso siquiera. Todo iba a salir perfecto. Frannie no pondría peros a su relación con Rachel y hasta quizás insistiría en ir a buscar a la morena y abrazarla como gesto de bienvenida a la familia. Sí, eso pasaría.

—Hey, Fran… —saludó Quinn con el pulgar arriba.

—No empiezas bien —observó Camille que se había sentado en la mesa de la cocina para ver mejor toda la escena. Quinn la fulminó con la mirada pero la adolescente la ignoró poniendo los ojos en blanco—. No te pongas así. Estas por decir algo importante y lo primero que se te ocurre para decirlo es empezar con un «Hey, Fran». Eso es empezar mal.

—Eso es no empezar, directamente —replicó Quinn—. Y para que lo sepas, anuncios más importantes se han hecho con menos palabras que esas…

— ¿Por ejemplo…?

—Hmm…

—Por ejemplo, las asesinare a las dos si no me dicen ya mismo que está pasando —intervino Frannie con una sonrisa que daba miedo—. Son muchas más palabras, ya lo sé, chica mapache, así que ahórrate la observación. Y tú, Quinn, empieza a tratarme como una hermana en la que confías y dime qué es lo que pasa. De un golpe y sin pensarlo, porque como comiences a desvariar, te tiro por las escaleras de emergencias, ¿Está claro?

—Ok… —susurró algo aterrada por la amenaza. Carraspeó tratando de eliminar el nudo en su garganta antes de hablar—: Ok. Ya… ya sabes que estoy saliendo con alguien. De hecho,… De hecho, la chica en cuestión me pidió hoy que… que fuera su novia y le dije que… que sí.

— ¿En serio? —preguntó Camille sorprendida. Quinn sonrió con timidez y asintió casi imperceptiblemente—. ¡Genial! ¡Es increíble! Y te lo pidió ella, obviamente. —Quinn se sintió ligeramente ofendida por el tono de voz pero aun así asintió una vez más—. Entonces,… ¿Es oficialmente mi cuñada? ¿Puedo…? Ok, lo siento —se disculpó la adolescente cuando Frannie la asesinó con la mirada y le gruñó—. Con… continua, Quinn. Luego los detalles.

—Al punto —ordenó la otra rubia con una mirada completamente severa—. ¿Quién es la chica? ¿Quién es la mujer a la que Camille ya quiere llamar «cuñada» como si la conociera de toda la vida? Desde ya te digo que yo no haré lo mismo. Sea quien sea esa mujer, estará en mi punto de mira y le llevara tiempo caerme bien. Yo no soy como…

—Es Rachel —soltó Quinn con un excesivo movimiento de manos sin pararse a pensar en nada más—. La chica… mi novia, es Rachel.

Fue nombrar a la morena y que todo el lugar cambiara por completo. Desde la tensión que había en el aire, hasta la expresión en el rostro de Frannie. Quinn jugueteó con sus dedos, cada vez más nerviosa y aterrada, cuando las palabras dejaron de salir de la boca de Frannie dejando en su lugar un absoluto silencio. Como si mencionar a Rachel le hubiese robado la voz a todos los presentes en ese departamento. Una parte de las menor de las Fabray se puso en alerta al ver que Frannie no hacía ni decía nada. Su expresión seguía siendo neutral tirando a mal, a juzgar por la forma en que se iba frunciendo el entrecejo de la rubia de ojos azules.

Fabray intercambió una mirada de auxilio con Camille pero la adolescente parecía estar igual o más perdida que ella. Cosa que inquietó más a Quinn. No quería pensar negativamente pero a cada segundo que pasaba sin que su hermana mayor dijera o hiciera algo, provocaba que su mente se llenara de pensamientos pesimistas. El silencio de Frannie solo se podría interpretar de una manera: Rachel no le caía bien como novia de su hermana menor y estaba haciendo lo posible para no gritarlo y que todo el edificio se enterase.

—Debí haber apostado cuando tuve la oportunidad —se lamentó Frannie poniendo fin al silencio abrumador. Quinn abrió los ojos sorprendida pero no dijo nada—. Debí haberme jugado los ahorros de mi vida. Ahora sería millonaria. Corrección, multimillonaria. Sabia, algo me decía que… que Rachel no era una simple amiga.

»Hoy cuando las vi fuera de la academia note algo diferente. Pensé que… que se trataba de algo de ella, un amor no correspondido, yo qué sé. Porque con lo despistada que tú eres, Quinn, todo es posible. Confieso que sentí cierta pena por ella porque si esperaba a que te dieras cuenta de lo que sentía, se quedaría a vestir santos toda su vida. Ahora me doy cuenta que mi hermana menor no es tan lenta como pensaba.

—Hey, que fue Rachel quien le pidió que fuera su novia —observó Camille que parecía repentinamente divertida por toda la situación—. Asi que lenta sigue siendo. Porque ya estaban juntas pero si Rachel seguía esperando a que fuera Quinn quién se hiciera cargo de todo, llegaban a los cuarenta años tonteando. Y yo sí apostaría por eso, y sería multimillonaria.

—Rachel… —murmuró Frannie sin prestar atención a lo dicho por Camille—. Rachel Berry. ¿Cuándo…? ¿Cuándo empezó todo? ¿Por qué no me lo dijiste antes, Quinn? ¿Pensaste…? ¿Pensaste en decírmelo antes de hoy? ¿O ibas a ocultármelo hasta que ya las descubriera?

— ¿Quinn? —llamó Camille al no obtener respuesta por parte de la rubia menor—. Maldición, ya se le murió la última neurona que le quedaba, ¿Qué haremos ahora, Fran? ¿Qué haremos? ¿Buscar otro cerebro y ponérselo a ver si en su nueva vida como Frankenstein es más… despierta mentalmente?

—Frankenstein tu mamá —se defendió Quinn saliendo por fin de su ensimismamiento.

Su cabeza le pedía a gritos un descanso, que parase y analizara de a poco lo que había sucedido. Las burlas de Camille, la reacción de Frannie, lo que había dicho, la poca fe que sus hermanas tenían depositada en ella al saber que sería Rachel quien diera el primer paso. Todo debía ser analizado con suma urgencia y con la máxima atención pero al mismo tiempo creía que sería absurdo e innecesario. Por lo pronto, lo más importante era la actitud de Frannie frente a lo que se había enterado.

Quinn no sabía si sentirse aliviada o en alerta. Su hermana mayor no había actuado completamente sorprendida pero tampoco había dejado ver que se esperaba algo así, algo como que ya sabía la verdadera relación que la unía a Rachel. Por lo tanto, no sabía que era lo que debía hacer o decir, cómo debía romper el silencio que se instaló nuevamente entre las tres. No sabía con exactitud lo que pasaba por la mente de su hermana mayor, y sabía perfectamente que no debía preocuparse por querer saber lo que sucedía en la mente de Camille, porque la adolescente ya conocía los detalles desde hacía tiempo. Muchísimo mejor, una cosa menos a la cual tener en cuenta.

Las preguntas que Frannie le había hecho, estaba más que claro que habían quedado en el olvido. Y ella no quiso pedirle a su hermana mayor que las repitiera por temor a tener una respuesta negativa por parte de la rubia de ojos azules. Con un poco de suerte, su hermana volvería a formula las preguntas, de una y en un tono más amistoso y menos acusador.

No tuvo que esperar mucho tiempo hasta que eso sucediera.

— ¿Hace…? ¿Hace cuánto estas con... ella?

—Con Rachel —enfatizó Quinn sin saber muy bien de donde le salía la valentía para corregir a su hermana mayor.

Sintió una opresión el pecho al pensar que el que Frannie no pudiera decir el nombre de Rachel fuera una señal de mala relación entre ambas a partir de ese momento. No era idiota, sabía que las noticias importantes siempre lo cambian todo, solo deseaba que la relación entre su hermana y su ya novia oficial, no cambiara para mal. Porque si así fuera, sería ella quien estaría en la hipotética situación de tener que elegir.

Familia y amor, qué decisión tan complicada.

—Con Rachel —repitió Frannie sacándola de sus pensamientos—. Con Rachel. ¿Llevas…?

—En unas dos semanas se cumple un mes —respondió con una notable carga de disculpa en la voz. La respuesta, al igual que todo ese asunto, no tomó por sorpresa a Frannie pero tampoco parecía ser algo que había dado por sentado, a juzgar por la fugaz mirada que atravesó el azul de sus ojos—. Lo siento. Debería…

—En Lima —interrumpió Frannie con una ligera sonrisa en los labios—. Cuando fui a buscarte a la casa de los Berry, ¿Tú y…? —Quinn asintió con timidez sintiendo el calor de sus mejillas sin necesidad de escuchar la pregunta completa—. Wow… Es… Ok. No… No deberías disculparte por… por no contarme lo que… Esto que pasaba con Rach… Rachel. Es… Estas en todo tu derecho de elegir con quien compartir algo así y con quién no. Es solo que… Me sentía algo traicionada porque era obvio que Camille lo sabía y…

—Pero lo supe por mí misma, Quinn no me lo dijo en ningún momento —aclaró la adolescente con seriedad. Luego, mirando a ambas rubias, esbozó una media sonrisa—. Estoy segura de que Quinn no me lo habría dicho antes que a ti.

Frannie sonrió fugazmente pero Quinn notó el gesto completamente a pesar de haber durado menos que un parpadeo. Fue esa efímera sonrisa lo que borró de un plumazo todo rastro de nerviosismo en ella. No sabría explicarlo pero, ver sonreír a Frannie, había hecho que todo en ella creyera que su hermana mayor no se había tomado para nada mal su relación con Rachel. Hasta el momento no se había detenido a pensar en cuál sería la reacción del resto de su familia, que básicamente se resumía a Judy. Cuando una oleada de nuevos pensamientos intentó apoderarse de ella, sacudió la cabeza y se concentró en Frannie y en continuar la charla.

— ¿Puedes decir algo? —pidió en un ligero ruego en la voz.

—Es que no sé… No sé qué quieres que diga, Quinn. No voy a negar que algo sospechaba, por eso me burlaba a veces de ti metiéndome con Rachel. Pero de la burla a la realidad…

—No hay mucha distancia —intervino Camille con una mueca pensativa en el rostro—. Tampoco es que Quinn y Rachel fueran muy disimuladas. A veces pensaba que si disimulo fuera una asignatura escolar, ellas la habrían reprobado año tras año. Creo que lo que Quinn, y yo también, quiere saber es… ¿Qué piensas realmente de todo esto? A mí no se me ha pedido mi opinión ni se me invitó a meterme en la charla pero igual lo hago porque Quinn es mi hermana, y ni siquiera compartimos la misma sangre. Imagínate tú que si lo haces.

Por un lado quería encerrar a Camille en su dormitorio y no dejarla salir por el simple hecho de que estaba sintiendo que hablaba por ella, que estaba metiéndose en su cabeza como si fuera la cosa más fácil e insignificante que haría ese día; pero por otro lado, quería atar a la adolescente al sofá para que le fuera completamente imposible moverse de allí. Básicamente, la adolescente parecía poseer la capacidad de poner en palabras lo que pasaba por la mente de Quinn. Y eso, en un momento en el cual la rubia de ojos verdes parecía estar a un paso de perderse completamente en su cabeza, ayudaba muchísimo.

—Necesito… Necesito poner en orden mis pensamientos —murmuró Frannie con una expresión algo lejana—. Está todo bien, Quinn. En… En serio. Solo… Dame unos minutos.

— ¿Podemos cenar mientras tanto? —preguntó Camille. Quinn la fulminó con la mirada porque no era el momento de preocuparse por el estómago de la adolescente cuando había una situación más importante en todo el departamento—. ¿Qué? Tengo hambre.

—Tú vives con hambre —señaló Frannie sin dejar de mirar a la nada.

—Y tú vives con sed. Y no tomas agua precisamente —replicó la hija de Frank recibiendo esta vez, las miradas asesinas de las hermanas Fabray—. Mierda. Comienzo a pensar que al ser impar, siempre seré yo la que salga perdiendo por ser la bastarda de la familia.

—Si pierdes no es porque seas la bastarda de la familia, sino porque eres la más idiota de las tres —aclaró Frannie que sonrió con arrogancia.

Quinn y ella intercambiaron una mirada cómplice y rieron por lo bajo. La menor de las Fabray se sintió más animada tras el gesto compartido.

—Lo dice la que no sabía nada de la relación lésbica de su hermana con quien supuestamente era solamente su amiga —contraatacó Camille borrando la sonrisa en los labios de la rubia mayor—. Y Quinn tampoco es que tenga todas las luces encendidas, que recordemos que fue Rachel quien le pidió que fuera su novia. Creo que si ponemos a Quinn junto con una tortuga y un caracol a competir en una carrera, Quinn llega en último lugar una semana después.

Antes de que ambas rubias pudieran replicar a eso, o que su ataque de almohadones llegara a objetivo siquiera, Camille se bajó de la mesa y se fue corriendo hacia su habitación. Lo último que escuchó Quinn de parte de la adolescente fue un «No se metan con la bastarda de la familia. Y avísenme cuando vamos a cenar». Lo siguiente que supo fue que ella y Frannie se encontraban completamente a solas. Como aquella vez en Lima cuando ella decidió ser honesta con ella misma y con su hermana mayor.

—No soy tan lenta, ¿Verdad? —preguntó en un tono bastante infantil—. Camille solo lo dice para molestarme, ¿Cierto?

Frannie no respondió de inmediato, sino que abrió y cerró la boca varias veces y evitó todo tipo de contacto visual con su hermana menor. Quinn iba a reprochárselo hasta que, de un momento a otro, sintió los brazos de su hermana rodear su cuerpo en un gesto cariñoso que no se esperaba bajo ningún punto de vista.

—Estoy feliz por ti —susurró Frannie en su oído.

Quinn no pensaba admitir que estaba bastante confundida por como todo parecía estar en una montaña rusa de emociones. Por un momento parecía que iban a discutir, por otro que podían bromear sin pensar en nada más, luego que podían quedarse completamente en silencio, segundos más tarde parecían ir por el lado de «aquí no ha pasado nada. Hagamos de cuenta que no te dije que estoy saliendo con mi mejor amiga». La mente de Quinn no sabía para que lado encaminarse, no sabía cuál era el camino correcto de la mantuviera en la cordura. Por lo tanto, ponerse en modo piloto automático parecía la mejor opción. Pero de golpe, y sin razón, Frannie comenzó a llorar provocando que la desesperación se apoderara de Quinn.

—Lo siento —se disculpó la rubia mayor separándose del abrazo—. Es que… comienzo a salir del no tan shock y comienzo a caer en la más que obvia noticia —Quinn sonrió sin saber que lo hacía realmente—. Es… Entiéndeme, Quinn. Mi hermanita menor tiene una relación amorosa y es la primera vez que de cierta forma soy parte de eso. Mi pequeña Quinnie se arriesgó a querer y ser querida. Es como estar viendo a Alyson yendo a su primera cita, o montando en su bicicleta por primera vez. Es emocionante pero aterrador al mismo tiempo.

—Entonces,… —Quinn carraspeó para aclararse la garganta y eliminar el nudo que se instaló en dicho lugar—. ¿No estas enojada? ¿No…? ¿No te molesta que esté con Rachel?

—Me molesta que no me lo hayas dicho antes —respondió Frannie con aire pensativo—. Creo que una parte de mi deseaba, desde que me contaste que te atraían las mujeres y hablaste de una en específico, que fuera Rachel la chica que había logrado que volvieras a ser aquella Quinn risueña y cercana a las personas.

»Luego creí que no tenía por qué ser Rachel, o quien fuera la chica, quien se llevara todo el crédito de eso. En realidad, si tú has «cambiado» es porque te lo has permitido a ti misma. Has decidido, consciente o inconscientemente, darte a ti misma esa oportunidad. Y mírate, ha funcionado muy bien. El cambio en uno mismo no lo genera las personas a tu lado, lo generas tú mismo. Y estoy feliz por ti por esa razón. Más allá de que tu pareja sea Rachel o no, o incluso de que tengas pareja. Estoy feliz porque se nota muchísimo que has decidido quererte a ti misma lo suficiente como permitir que el resto también te quiera.

—O sea que…

—O sea que, aun estoy algo «shockeada»… —interrumpió Frannie dibujando comillas en el aire— pero solo es cuestión de tiempo hasta que mi mente termine de asimilarlo todo. Por lo pronto, Rachel me cae bien pero creo que pasará un tiempo antes de que la vea como mi cuñada. Me cae muy bien, repito, y creo que es buena chica, que quede claro eso, pero estará en el punto de mira por el simple hecho de que soy una hermana mayor muy celosa y sobreprotectora, ¿Está bien?

La respuesta de Quinn fue una ligera carcajada antes de compartir un nuevo abrazo con su hermana mayor. En ese momento no estaba pensando demasiado en nada, lo que significaba que más tarde pondría en orden y analizaría paso por paso lo que había sucedido. Por lo pronto, estaba disfrutando del hecho de que, a pesar de todo, las cosas habían salido bien. Era más que obvio que Frannie tenía miles de preguntas por hacerle, y por consiguiente ellas tenía miles de respuestas que dar, y también quería hacerle preguntas a su hermana. Preguntas completamente aceptables que alguien sin experiencia en el área amorosa haría.

—Sabes que ahora es cuando recurro a ti como hermana mayor y te pido ayuda, ¿No? —preguntó medio en broma, medio en verdad.

Frannie la interrumpió con un movimiento de manos antes de estirar bien la espalda y sacar pecho como si lo que fuera a pedirle Quinn fuera lo suficientemente importante como para ser catalogado como algo de vida o muerte. La menor de las Fabray se sintió fugazmente emocionada por la actitud de Frannie. ¿Cómo había podido pensar que todo iba a salir mal? Estaba segura que cuando se lo contara a Rachel, ésta remarcaría lo obvio que era el buen resultado de su charla con la rubia de ojos azules.

—Dime —concedió Frannie sacándola de sus pensamientos.

Quinn sonrió de manera nerviosa antes de formular la oración correcta:

—Necesito que tú y Cam me ayuden a planear la mejor de las citas.


La sonrisa perezosa que se había instalado en sus labios antes, durante y después de la cena no parecía querer abandonarla muy pronto. Desde la ventana que daba a las escaleras de emergencia podía ver como en el interior del departamento sus hermanas realizaban las últimas actividades antes de irse a dormir. Camille se paseaba por la cocina con el cepillo de dientes, tanto en su boca como en su mano, mientras que Frannie la miraba con el entrecejo fruncido y ordenaba el sofá de la sala, a pesar de que ese lugar no sería para nada donde dormiría esa noche.

Debía admitir que comenzaba a acostumbrarse a esa especie de rutina en la cual ella, Frannie y Camille se comportaban como lo que a esas alturas ya eran, hermanas. También debía reconocer que cuando su hermana mayor les dijo en la cena que el sábado a la mañana, al día siguiente de la cena con Santana y Brittany, estaría regresando a Lima, una punzada de tristeza se apoderó de su pecho.

Sabía perfectamente que no iba a quedarse sola para nada pero no era lo mismo ser tres que ser dos, y ella y Camille eran muchísimo mejor equipo cuando tenían a Frannie al lado. También entendía la necesidad de su hermana de volver cuanto antes a Lima. Puede que no lo dejara ver, pero Quinn podía notar perfectamente cuanto echaba de menos Frannie a sus hijos.

Winter salió del departamento y se encaminó hacia ella para hacerle compañía. El gato se restregó por sus tobillos antes de ponerse a su lado en aquel escalón donde estaba sentada. El cielo nocturno parecía haber sido un buen aliado esa noche y ella no podía hacer otra cosa que sonreír mientras recordaba paso por paso la charla con Frannie.

Su mente aún tenía pendiente analizar lo sucedido pero al mismo tiempo también le estaba pidiendo un descanso. Por esa noche, su cabeza quería dejar de pensar en cosas que habían salido bien y que ella se empeñaba en verle la falla. Por ejemplo, Frannie no se había opuesto a su relación con Rachel, y tampoco iba a hacerlo. Quinn estaba segura que eso de tener a la morena en el punto de mira solo era una fachada por parte de su hermana mayor. Era imposible que Rachel cayera mal a alguien casi tanto como era imposible que a Frannie le cayera mal alguien.

— ¿Provocándoles envidia a las estrellas porque ellas jamás serán tan brillantes ni tan bellas como tú? —preguntó alguien desde varios escalones más abajo.

Quinn sonrió aún más que antes. No supo en que momento de todo ese rato pensando cerró los ojos pero agradecía haberlo hecho porque la voz de Rachel sin el sentido de la vista, se escuchaba mil veces mejor. Era mil veces más letal para el corazón de Quinn que lo único que supo hacer fue latir como un desquiciado.

Para cuando abrió los ojos se encontró con que Rachel ya había subidos los escalones que le faltaban y se encontraba enfrente de ella. Nuevamente esa sensación de conexión extrema e inexplicable se apoderó de su interior cuando sus ojos verdes se anclaron en los marrones de la morena. Mirar a los océanos que Rachel tenía por ojos era como estar leyendo el libro más bonito con la protagonista más complicada en la historia de la literatura.

Era absurdo si lo pensaba un segundo de más, pero cuando miraba a Rachel a los ojos podía verse a sí misma a través de la mirada ajena. Era perderse en ese libro bonito y sentir que la protagonista complicada era ella. Rachel, por otro lado, era esa lectora que a pesar de que la historia fuera un maldito asco, leería el libro hasta el final por el simple hecho de pensar que la historia que contaba merecía la pena ser leída.

¿Alguna vez alguien le había dicho a Rachel lo afortunadas que les hacía sentir a las personas que la rodean? Dejando a un lado su egoísmo y orgullo, esperaba que sí porque personas como la morena debían escuchar y saber ese tipo de cosas a diario.

— ¿Qué? —preguntó Berry con una media sonrisa algo confundida.

—Nada. Solo… —respondió Quinn también sonriendo. Suspiró antes de terminar la oración, y también le ofreció su mano a Rachel invitándola a que se acercara más a ella—. Me siento tan afortunada de tenerte. Como amiga, como novia, como vecina de edificio, como dolor de cabeza, como patada en el culo. Simplemente, me siento afortunada de que ahora, y todos los días hasta hoy, hayas estado a mi lado.

Pensó que su cabeza entraría en la ecuación para regañar a su corazón por haber dicho todas esas cosas sin haber pedido permiso antes o de haberse puesto algún tipo de filtro, pero contra todo pronóstico su mente estaba de pie aplaudiendo cada palabra dicha, sintiéndose orgullosa de que el corazón haya tomado las riendas de la situación y se haya abierto sin temor a nada.

Más tarde hablaría con Rachel y le contaría las noticias respecto a Frannie, hablarían de la cena a la noche siguiente con Santana y Brittany, pensarían como ayudar a Camille a seguir avanzando hasta olvidarse de Dani, hablarían de los amigos de la morena y como se había tomado también Kitty la noticia, Rachel le contaría de que se trataba su personaje para el proyecto de su amigo, si lo aceptaría, cómo se prepararía, si necesitaba ayuda, si por el contrario prefería prepararse sola, hablarían de la cita que Quinn había planeado a medias con ayuda de sus hermanas, hablarían de infinidades de cosas y al mismo tiempo de nada porque así era todo el tiempo que pasaban juntas. Hablar, sentir, tocar, desear, besar, todo y nada a la vez.

Ellas eran todo y nada a la vez. El todo y la nada de la otra.

Pero en ese momento, en ese instante, lo único que Quinn deseaba más que nada era estar tomada de la mano de Rachel y perderse en esos dos océanos chocolates que la morena tenía por ojos. Deseaba sentirse una vez más esa protagonista complicada que era parte de la historia más bonita y que estaba siendo leída por una lectora completamente fiel.

—Mi historia empieza cuando en mi vida apareces tú —susurró con su frente pegada a la de Rachel—. Y el resto de las páginas en blanco solo podré llenarlas si te tengo a mi lado.


Solamente diré... infinitas gracias por la paciencia :)