ELSA POV:
Pasé tres días en cama antes de recuperarme por completo del resfriado. Anna estuvo cuidándome todo el tiempo, incluso me ayudó un poco con el papeleo del castillo. Una agradable tranquilidad había reinado esos días. Además, mi resfriado había sido un pretexto perfecto para que a nadie la pareciera extraño que Anna durmiera en mi habitación. Pero ahora, debíamos encontrar la manera de seguir con nuestro amor a escondidas. Una vez más, Olaf fue nuestro cupido.
─ Bueno, ahora que Elsa ya está bien, puedo darle su regalo de cumpleaños a Anna ─ dijo Olaf mientras desayunábamos en el jardín ─ pero las dos deben guardar el secreto. Iremos ahora mismo, después de desayunar.
─ ¿A dónde iremos? ─ preguntó Anna emocionada ─ ¿Cuál es mi regalo?
─ Paciencia Anna, te va a encantar ─ le aseguró Olaf apurando su pan tostado.
─ Tershmine ─ murmuró Anna con la boca llena después de devorar los últimos trozos de fruta de su plato ─ vamonosh
─ ¿Y si primero terminas de masticar y bebes tu jugo? ─ le sugerí riéndome. Anna hizo una mueca y terminó de masticar su desayuno.
─ Listo, vámonos ─ suspiré y me levanté de la mesa para seguirlos.
─ Bueno, el regalo está en el bosque, pero en un lugar oculto, así que síganme.
Seguimos a Olaf en silencio unos cuantos minutos, pero la curiosidad de Anna era enorme.
─ Pero ¿A dónde vamos? ─ preguntó Anna deteniéndose después de un rato ─ ¿Por qué mi regalo está en el bosque?
─ Porque sí, Anna. Es una sorpresa ─ murmuró Olaf ─ Sólo puedo decirte que es algo que no podía llevar al castillo.
─ Anna, no seas impaciente. Platiquemos un poco mientras caminamos ─ sugerí reanudando la marcha.
─ ¿Qué decía la carta de las Islas del Norte? ─ preguntó Olaf.
─ ¿Carta de las Islas del Norte? No he recibido ningu… ¡Anna! ─ mi hermana me miró con la misma cara de fingida inocencia que ponía después de hacer alguna travesura cuando era niña ─ ¿Recibí una carta de las Islas del Norte?
─ Llegó ayer… aun no te sentías demasiado bien… ─ murmuró sin mirarme ─ No es una carta oficial, es una carta personal de Georgina… ─ la miré severamente, molesta ─ sentí celos…
─ ¿Y por eso pensaste que era mejor idea no entregármela? ─ Anna asintió ─ ¿Y la leíste? ─ asintió nuevamente ─ ¿Decía algo que te hiciera pensar que tienes razones para estar celosa?
─ No, pero… Elsa, lo siento… ─ susurró Anna apenada ─ es sólo que no sé, lo tuyo con Georgina fue tan intenso y tal vez ella aun sienta cosas por ti…
─ Anna, te lo dije esa noche, y te lo he repetido todos los días desde entonces. Te amo ─ miré a mi alrededor para asegurarme que estábamos solas y le planté un beso en los labios ─ Georgina es reina de las Islas del Norte, nuestros reinos son aliados, así que no sólo serán cartas, habrá reuniones y visitas. Pero eso no cambia el hecho de que yo decidí estar contigo ─ la besé de nuevo ─ Así que confía en mí y no vuelvas a ocultarme cosas.
─ Está bien, Elsa… y de verdad lo siento ─ me dijo tomándome de la mano para seguir caminando ─ Tal vez sí debas leer la carta… el rey ha estado muy enfermo, Georgina está preocupada, quiere saber si puedes enviarle a nuestro mejor médico, brujo o lo que tengamos. Nadie en su reino ha podido ayudarles. Pensé que tal vez podría hablar con el abuelo Pabbie, tal vez él sepa que hacer.
─ Anna… ─ bufé un poco molesta, era información muy importante, y por un capricho me la había ocultado, respiré profundamente un par de veces ─ Está bien, habla con él, si está dispuesto a ayudar el barco a las Islas del Norte puede zarpar de inmediato.
─ Ya estamos cerca ─ dijo Olaf, estaba tan distraída que no había visto el bosque con detenimiento, nos encontrábamos en una zona hermosa que nunca había visto y que definitivamente estaba alejada de cualquier sendero.
Caminamos en silencio por un par de minutos más, hasta que llegamos a una cabaña oculta entre los árboles. Se veía bastante vieja, pero también parecía que la habían limpiado hace poco.
─ ¡Aquí es! ─ exclamó Olaf emocionado ─ Mi regalo para ti Anna, para ustedes, es un refugio que una vez perteneció a una pareja que, como ustedes, tuvo que lidiar con los prejuicios de su época y amarse a escondidas.
─ ¿Cómo… cómo la encontraste? ¿A quién pertenecía? ─ pregunté sorprendida, en el castillo teníamos un mapa con todas las casas y negocios del reino, pero no figuraba ninguna cabaña en el bosque.
─ Bueno, esa historia es parte del regalo ─ dijo Olaf orgulloso de sí ─ como sé que Anna adora las historias de amor, estoy por contarles una genial. La cabaña perteneció a su bisabuela Leonor.
Olaf abrió la puerta y lo seguimos, tal como imaginé, nuestro amigo se había dado a la tarea de limpiar la cabaña, aun se podía oler un poco el aroma del jabón. La cabaña no era muy grande, pero sí muy bonita. Reconocí algunas cosas del castillo, como la alfombra que descansaba en el suelo, un mantel, las cortinas, y la ropa de cama. También había cosas que no reconocí y se veían bastante viejas, como pinturas y candelabros.
─ Limpié y decoré un poco ─ dijo sacando unas copas y una botella de sidra de una alacena para después sentarse en una silla, nosotras lo imitamos. Nos sirvió un poco a cada una y nos entregó las copas ─ Bueno. Les contaré la historia de este lugar. Cuando estuvieron en las Islas del Norte me aburría mucho, así que me puse a explorar el castillo, llegué a una habitación llena de cosas viejas. Vestidos, baúles, libros. En uno de los baúles me encontré unos viejos diarios, sé que está mal leer los diarios de otras personas, pero sentí mucha curiosidad, así que pasé toda la tarde leyéndolos ─ Olaf tenía nuestra completa atención, bebió un sorbo de sidra y lo saboreó, dramatizando un poco el momento ─ Esos diarios los escribió su bisabuela, y en ellos cuenta una de las historias de amor más hermosas… y más tristes que he leído. En uno de ellos explica cómo surgió este lugar, y como llegar hasta aquí. Pensé que está cabaña no existiría ahora, que seguro alguien más leyó los diarios y vino a destruirla, aunque en realidad las paginas estaban tan empolvadas que dudé un poco. Sorprendentemente todo seguía aquí, la cabaña, las cartas, algo de ropa. Decidí limpiar todo para que ahora este sea su refugio.
─ ¿Qué decían los diarios? ¡Cuéntanos la historia! ─ exclamó Anna totalmente emocionada, tanto que no había tocado su copa ─ ¡Quiero escucharla!
─ "Todo empezó cuando su bisabuela Leonor tenía 16 años y su padre decidió iniciar la búsqueda del hombre digno de ser su prometido. Leonor era una mujer soñadora, siempre había creído en el amor de verdad, y pensaba que cuando se casara, sería con el hombre de sus sueños, por eso se sintió desilusionada cuando su padre comenzó a hablar con todos los reyes y duques de los reinos vecinos para dar con el futuro príncipe, y algún día rey, de Arendelle. Por esas mismas fechas un forastero llamado Franco llegó al pueblo, nadie sabía de dónde venía. Un día el forastero se presentó en el castillo en busca de un empleo temporal, y es que eso es lo que él hacía, viajaba de reino y reino, se quedaba unos meses, buscaba un trabajo para poder vivir, y después se iba. Este joven forastero podía trabajar de lo que fuera, pues su verdadero sueño era ser musico. El castillo había perdido hace poco a su jardinero, y los jardines empezaban a ser un desastre, así que lo contrataron para el puesto de inmediato.
Pasó una semana antes de que Leonor y Franco tuvieran su primer encuentro. Fue durante el atardecer, Franco había terminado sus labores, así que tomó su guitarra, se sentó bajo el árbol más grande del jardín y comenzó a tocar. Leonor había salido a dar un paseo al jardín, el atardecer era su hora favorita del día, adoraba como la luz anaranjada del Sol iluminaba las flores, pintándolas de colores nunca antes vistos. Y entonces lo escuchó, la intrépida melodía acompañada de la voz suave y grave de un joven. Sus pasos la guiaron hasta el intérprete, que cantaba con los ojos cerrados. Franco abrió los ojos para encontrarse con la imagen más bella que había visto. El delicado rostro de Leonor, con esos grandes ojos verdes y su sonrisa dulce. Franco siguió tocando y cantando para el deleite de su única espectadora. Y ese fue el principio de todo, con una sola mirada ambos lo supieron, desde que los cálidos ojos verdes se encontraron con los fríos ojos azules. Era su destino estar juntos."
─ ¿Qué no el abuelo se llamaba Franco? ─ preguntó Anna de repente, Olaf le lanzó una mirada severa por haberlo interrumpido ─ Lo siento, es que nuestro bisabuelo se llamaba Patrick, es el abuelo quien se llamaba Franco.
─ No me he equivocado si es lo que insinúas ─ respondió Olaf sacando una charola con bocadillos ─ como verán tengo todo preparado, estuve aquí esta mañana ─ Ahora sí, continuemos y verás como todo tiene sentido, Anna. "Desde aquel atardecer Leonor y Franco se reunían todos los días, los reyes estaban demasiado ocupados para notarlo, y los empleados no le daban mucha importancia, era solo la amistad de una princesa caprichosa y solitaria con un chico del que podía prescindir con la mano en la cintura. Solo Leonor y Franco sabía lo que realmente pasaba en sus corazones, el tiempo se encargaba de confirmar lo que supieron desde el primer momento. Estaban destinados a estar juntos. Durante el día, Leonor miraba a Franco trabajar, mientras fingía leer un libro en el jardín. A veces Leonor le ayudaba un poco. Por las tardes Franco tocaba las más románticas melodías, todas de su autoría. Leonor se había convertido en su más grande (y única) fan. También pasaban horas platicando. Para sus 20 años Franco ya había visitados muchos lugares, así que tenía cientos de historias que contar.
Y así pasó todo un año. Durante ese tiempo habían desfilado por el castillo varios candidatos para prometido de Leonor, pero ninguno conseguía convencer al rey. Su hija era una mujer hermosa, y Arendelle un reino próspero y en crecimiento; no podía aceptar que cualquiera desposara a su hija. Esto le venía perfecto a Leonor, pues estaba completamente enamorada de Franco y no pensaba separarse de él, sin embargo, no sabía qué hacer, pues no podía simplemente decirle a su padre que amaba al jardinero. Aunque tampoco pensaba casarse con el elegido de su padre. Por su parte, Franco no había permanecido en un mismo lugar tanto tiempo, y parecía decidido a no marcharse nunca, pues por fin había encontrado lo que tanto estaba buscando. Y aunque parezca imposible de creer, durante todo ese año la pareja nunca se había besado, ni siquiera tomado de la mano. Su amor era tan puro y sincero que lo sabían real, aun sin ese tipo de demostraciones, era un amor de cartas entregadas a escondidas, miradas intensas en secreto y poemas susurrados al oído, no había acercamiento físico. Pero claro que pensaban en ello, seguro hubiera pasado mucho antes si no hubieran estado siempre con el temor de ser descubiertos por alguna de las tantas miradas curiosas del castillo. En sus diarios, Leonor escribió varias de las escenas en las que se imaginaba, sería su primer beso.
Y ese ansiado momento llegó poco después, todos los trabajadores se encontraban en la explanada del reino, pues se celebraba la fiesta anual. Los reyes también se encontraban ahí, y en teoría Leonor y Franco también, pero aprovecharon el tumulto para escabullirse. Corrieron sin descanso hasta llegar al jardín, agitados y acalorados terminaron recostados en el pasto, tratando de recuperar el aire perdido, voltearon a verse, sus rostros demasiado cerca, y como en cualquier novela romántica, la magia simplemente pasó, cuando se dieron cuenta sus labios ya estaban en contacto."
─ ¡Qué romántico! ─ suspiró Anna juntando su silla con la mía para poder tomarme del brazo y recargarse en mi hombro ─ Se nota que realmente se amaban.
─ Pues sí, claro que se amaban, si no las conociera a ustedes, diría que nunca había visto a una pareja que, con tantas complicaciones, se amara tanto ─ respondió Olaf ─ Y bueno, dicen que una vez que empiezas ya no puedes parar, eso les pasó a ellos, se escondían tras algún muro, algún árbol, aun con el riesgo de ser vistos, para poder besarse, aunque fuera sólo un segundo. Y ahora sí, llegamos a esta cabaña. Leonor empezó a notar que Franco llegaba un poco tarde a trabajar, y que se disculpaba para irse a su cuarto más temprano. Leonor no sabía qué estaba pasando, pero tenía miedo de preguntar, por su cabeza pasaron miles de cosas, después de todo Franco era bastante atractivo, con el cabello rubio, los ojos azules y ese aire extranjero.
─ ¡Franco no engañaría a Leonor! ¡Él amaba! ─ dije de pronto, no imaginaba que él fuera capaz de algo así.
─ Pues no, no la estaba engañando, Elsa ─ rio Olaf ─ todo lo contrario. "Franco había estado saliendo del castillo por la madrugada, pues en uno de sus paseos por el bosque se había adentrado mucho más de lo necesario y había encontrado un terreno que nadie parecía visitar, en ese terreno se dio a la tarea de construir esta cabaña, con la madera de los árboles caídos y las herramientas del castillo. Un pequeño refugio en el que pudiera estar a salvo con Leonor, lo suficientemente cerca del castillo para no ausentarse demasiado tiempo y así no levantar sospechas. Cuando por fin lo hubo terminado le dijo a Leonor que le tenía una sorpresa, y se aseguró que nadie los viera irse. Leonor estaba maravillada con la cabaña, la nombró "el refugio de nuestro amor" y tomó varias cosas del castillo para decorarla. Claro que no podían ir todos los días a la cabaña, pero aprovechaban los fines de semana, que era cuando menos gente había en el castillo, y cuando el rey salía de viaje. Pero cómo les dije, esta historia de amor es triste. Leonor y Franco pasaron seis meses extremadamente felices, y después todo salió mal. Al volver de uno de sus viajes, el rey regresó con un joven príncipe de un lejano reino. Había encontrado al candidato digno para desposar a su hija. En cuanto el rey habló con Leonor y le presentó a su prometido, a ella se le partió el corazón. Corrió a contárselo a Franco, y juntos empezaron a planear su huida. Decidieron escapar una semana antes de la boda, Franco quería ganar todo el dinero posible para poder comprar una casa en algún reino lejano donde nadie conociera a la princesa de Arendelle. Leonor, en su afán de ayudar con los gastos, empezó a robar algunas joyas a su madre, la reina era tan despistada que nunca lo notaría. La pareja ya no podía pasar tanto tiempo junta, pues Leonor recibía constantes visitas de su prometido, ella se reusaba a tomarlo de mano y a besarlo, alegando que no podía hacerlo hasta que estuvieron casados. El príncipe Patrick no era una mala persona, y su noble corazón creyó en las palabras de su prometida. Las semanas pasaron con rapidez y pronto llegó la fecha de la huida. Los dos estaban muy nerviosos. Por la noche Leonor empacó sus maletas y las llevó a la entrada trasera del castillo, para que Franco pudiera llevarlas a la cabaña y huir en cuanto saliera el sol. Esa noche, fruto de la emoción de empezar una nueva vida, la pareja se entregó a la pasión, demostrándose todo ese amor que los hacia huir para poder estar juntos. Leonor lo describió en su diario como el momento más feliz de su vida.
La pareja huyó antes de que amaneciera, pero no contaban con que habían cometido un terrible error en su plan. Habían sido muy cuidadosos de que nadie los viera besarse, es verdad. Pero todo el castillo sabía de la amistad que tenían los dos. Por eso, cuando los reyes notaron que Leonor desapareció, corrieron a preguntarle a Franco, y al ver su cuarto vacío y un caballo faltante en el establo, todo quedó claro para el rey. El ejército de Arendelle era grande y veloz, en cuestión de horas los habían encontrado. La sentencia fue brutal, Franco había sido condenado a la horca, bajo el cargo de alta traición, se dijo a todos que había secuestrado a la princesa. A Leonor la obligaron a casarse con Patrick. El día que colgaron a Franco fue el día de la boda. Ese día algo dentro de Leonor murió, nunca más se le vio sonreír. Lo cálido de su verde mirar escapó, al grado de convertir sus ojos verde brillante en un apagado color moho. Nunca más volvió a hablar con su padre. Sólo se le veía un poco feliz cuando estaba con su hijo, un pequeño niño rubio con unos cálidos ojos azules. Y no hubo poder humano que la detuviera a bautizar al pequeño con el nombre de Franco. La tristeza de su vida tras la muerte de Franco quedó redactada en sus diarios, si no se quitó la vida fue porque el hijo que tuvo con Franco la mantuvo viva. Patrick nunca se enteró que el niño no era suyo, a él también le hicieron creer que el jardinero secuestró a la princesa. Como bien saben, la reina Leonor murió muy joven y al poco de haber ascendido al trono, a los 36 años para ser exactos. Las actas dicen que murió de una extraña enfermedad. Pero es claro que murió de tristeza, en cuanto su hijo creció lo suficiente, ella se reunió con su verdadero amor. El rey Franco tomó el poder a los 25 años, ha sido uno de los mejores gobernantes de Arendelle, porque Leonor lo educó tal como su verdadero padre hubiera querido; además tenía un talento innato para la música y en más de una ocasión deleitó a sus invitados con sus composiciones al piano. El amor puede ser muy complicado a veces, y tener desenlaces totalmente trágicos. Hace unos años era casi un crimen amar a alguien de una clase social diferente, o a un extranjero. Pero el rey Franco permitió que su hijo, el príncipe Agnarr, se casara con la mujer que amaba, una doncella sencilla de clase media, la hermosa Iduna."
─ Mamá y papá… ─ murmuró Anna con las mejillas llenas de lágrimas, a mí también se me habían escapado un par.
─ Así es, no sé si eso lo sabían, pero el rey Franco nunca buscó a la indicada para su hijo, dejó que él la escogiera. Y si me permiten, creo que su padre eligió a la mujer correcta. El rey Franco fue el primero en permitirlo, después de él, varios duques y duquesas se dejaron de tonterías y dejaron que sus hijos eligieran con quien casarse. Claro, incluso ahora hay padres que siguen eligiendo a la pareja de sus hijos, pero todo empieza con una primera vez. Tal vez sea descabellado, pero ustedes podrían ser las primeras, podrían cambiar el rumbo de la historia, para que en un futuro, cuando dos mujeres o dos hombres estén enamorados, no corran con la misma suerte que Leonor y Franco.
Anna me abrazó con fuerza, yo también la abracé. Habíamos perdido a nuestros padres unos años atrás, y había sido devastador, pero yo soy la reina ahora, y Olaf tenía razón, nosotras podíamos hacer la diferencia.
─ Bueno, espero que el regalo haya sido de su agrado, ahora me retiro para que puedan disfrutarlo a solas ─ dijo Olaf cuando Anna y yo nos separamos ─ Hay más bocadillos, y champagne en la alacena, no está frío, pero creo que puedes solucionarlo Elsa.
─ Gracias Olaf, es un regalo maravilloso ─ respondió Anna abrazándolo.
ANNA POV:
Olaf se fue y me quedé sola con Elsa, por primera vez realmente sola. Sin empleados en el castillo que pudiera escuchar. Sin cocineras chismosas a la espera de escuchar cualquier rumor. Sin guardias ni asistentes en busca de la reina. Sólo ella y yo.
─ Elsa… todo lo que hiciste por mí en mi cumpleaños fue maravilloso, y realmente te lo agradezco ─ comencé a decir, tomándola de la mano ─ aunque ese día sólo quería un regalo, de hecho iba a pedírtelo después de la fiesta, pero te enfermaste y no iba a pedírtelo estando enferma.
─ ¿Qué es? Te daré lo que quieras, Anna ─ me dijo tirando de mi brazo para sentarme sobre sus piernas y abrazarme ─ Tú sólo pide y yo me encargo de lo demás.
─ Bueno… ─ estaba nerviosa, había grandes probabilidades de que dijera que no de nuevo, pero tenía que intentarlo ─ Verás… yo… quiero que tú y yo… ─ agradecí que me estuviera viendo de perfil, porque mi rostro estaba completamente sonrojado ─ quería que ese día… fuera mi primera vez…contigo.
Un sonrojo se apoderó del rostro de Elsa, verla así me pareció encantador.
─ Está bien ─ me respondió, no podía creerlo, había dicho que sí ─ la verdad yo también había planeado que pasara ese día, pero me enfermé.
─ ¿En serio? Entonces… ¿lo hacemos? ¿Ahora? ─ le pregunté emocionada y nerviosa, ella asintió. Respiré profundamente y me acerqué a besarla…
NOTA DE LA AUTORA: Sé que a simple vista puede parecer que la historia de Leonor y Franco fue un simple relleno y que no aporta nada a la trama más que el pretexto de la cabaña, pero tal como lo dijo Olaf, sí que importa, porque lo quiero transmitir con esa historia es como los tiempos cambian, como cosas que antes eran impensables, como el amor entre personas de diferentes clases sociales o diferentes nacionalidades, ahora son de lo más normales, y como para hacer iniciar un cambio sólo hace falta que alguien se aventure a ser el primero. Y si ese primero tiene un poco de influencia, o poder, el cambio puede agilizarse un poco.
Ya que hice esta nota quiero aprovechar para agradecerles por todo el tiempo que se han tomado leyendo esta historia, estamos por llegar a los treinta capítulos con más de un año de publicación. Gracias a todos los que leen y dejan sus comentarios, y gracias a los que aunque no comentan siempre leen la historia. Gracias tanto a los nuevos lectores como a los que están aquí desde hace más de un año.
Por cierto, ahora sí, en el capitulo 30 pasará lo que todos (me incluyo) hemos estado esperando.
