Smackle IV
-¡No es justo! –exclamaba Riley con una voz tan alta que resonaba por todas las esquinas de la sala de profesores. –Sólo por ser una chica no tengo menos derecho a…
-No tiene que ver con seas chica Riley –le explicó Smackle por décimo sexta vez. –Yo también soy una chica, no tiene que ver
-Smackle, me parece muy mal que hayáis dejado a Riley fuera – dijo el señor Matthews saliendo en defensa de su hija.
Smackle suspiró intentando armarse de paciencia. No era una posición cómoda la suya. Riley presentó hacia un par de días una petición para entrar en el club de Ciencias… una petición que la propia Smackle tuvo que rechazar como presidenta del club. Y allí estaba ella, enfrentándose a Riley y a su padre en la sala de profesores.
-¡Me encanta la Ciencia Smackle! –exclamó Riley en tono enfadado. -¡No tenéis ningún derecho a quitarme lo que me gusta!
-Que no hayas entrado en el club no significa que nadie te haya quitado nada
-Esto no promueve la igualdad –dijo el señor Matthews en tono serio. -¡Estoy muy decepcionado contigo Smackle!
Le parecía increíble lo que oía. ¡Y ella había votado a favor de que Riley entrase!
-Señor Matthews, cuando formamos el club acordamos que los miembros se elegían por unanimidad… si mis compañeros no quieren que Riley sea parte del club yo no puedo obligarles, ¡incluso lo sometimos a votación y la mayoría rechazó la solicitud!
-¿Por qué? ¿Qué os he hecho yo? –preguntó Riley al borde de las lágrimas. -¡Yo siempre he destacado en esa asignatura y no recuerdo haberos tratado mal!
-Riley, cuando formamos el club no lo hicimos solamente por ser buenos en Ciencias –dijo Smackle con la esperanza de que la entendiesen de una vez por todas. –Formamos el club porque nos gustaba hacer experimentos juntos… ¡hablábamos los unos con los otros y acabamos compartiendo un vínculo!
-¿Y acaso yo no soy tu amiga?
Smackle prefirió quedarse callada ante esa pregunta. Riley le caía muy bien (a quién no), pero realmente no había hablado lo suficiente con ella como para considerarla su "amiga". Riley y Lucas eran dos personas con las quedaba cuando el grupo entero quedaba… no recordaba haber tenido ni una sola conversación con ninguno de ellos a solas. Además, por mucho que hubiese aceptado lo de Farkle, tampoco tenía porqué convertirse en amiga del alma de la chica a la que él había elegido por encima de ella. Pero esto tampoco trataba de eso; a ella no le importaba que Riley estuviese en el club.
-Riley, no se trata de eso –volvió a repetir Smackle.
-Smackle, lo que promovemos en clase es que haya oportunidades para que todos podáis conseguir vuestros objetivos… ¿no te das cuenta de que estáis cerrando esa puerta a Riley? –preguntó el señor Matthews cruzándose de brazos.
Smackle jamás había sido irrespetuosa con un profesor, no estaba en su carácter, pero la hipocresía de la que acababa de hacer gala el señor Matthews era demasiado. Sabía cómo contestar a esa pregunta.
-Señor Matthews… Riley no es la primera persona a la que rechazamos la solicitud en el club de Ciencias, ¿sabe usted el nombre de alguna otra persona a la que no aceptamos?
Cory Matthews la miró con un gesto de sorpresa.
-No –contestó inseguro sin saber adónde llevaba eso.
-¿Y por qué cree que es así?
-¡Porque nadie más se queja de las injusticias! –exclamó Riley enfadada contestando por su padre.
-Igual es porque nadie más tiene a su padre de profesor –contestó Smackle racionalmente.
Ahora fue Riley la que se la quedó mirando sorprendida. Un detalle que se le había olvidado mencionar al señor Matthews era que la mayor parte de las lecciones que impartía las dirigía directamente a su hija. Era a su hija a la que le decía que podía lograr todo cuento quisiese, era a su hija a la que animaba a no rendirse cuando se presentaba alguna dificultad… Puede que de vez en cuando también incluyese al resto del grupo de amigos de su hija, pero los demás eran invisibles en las clases de Historia. Era como si fuesen los extras de una serie que no les consideraba lo suficientemente importantes.
-Riley, cuando rechazamos tu solicitud podías haber hablado con nosotros... podías haberte tomado la molestia de conocer al resto del club, pero has preferido ir a quejarte a tu padre a la primera de cambio -siguió diciendo Smackle negando con la cabeza. –Puede que no te hayas dado cuenta de que ahora las cosas son distintas… ¡esto ya no es el colegio!... hay otros profesores, otros alumnos... y por mucho que te cueste aceptarlo no se le puede caer bien a todo el mundo
Riley la miró en silencio durante un par de segundos antes de contestar.
-¿Tiene algo que ver con que mi padre sea profesor?
-No, no tiene que ver con eso… ¡aunque hubiese preferido que hablases conmigo antes de acusarme a tu padre!
Hasta el señor Matthews se había quedado cortado después del discurso que había soltado.
-Si quieres puedo hablar con los demás y pruebas a estar con nosotros un par de días, seguro que no les importa… pero no puedes pretender que te acepten cuando no te has molestado en dirigirles la palabra –dijo Smackle intentando hacérselo ver de una vez.
De repente se acordó de que el resto de los miembros del club estaban fuera de la sala de profesores esperándola.
-Señor Matthews, si no le importa creo que debería volver con mis compañeros
-Claro Smackle… quedas excusada –dijo el hombre con voz grave.
Riley la lanzó una mirada triste antes de salir de la sala de profesores. En parte se sentía mal por lo que había tenido que decir… pero parecía que no había habido otra forma. Cuando salió todos sus compañeros se pusieron en pie a su alrededor.
-¿Te han castigado? ¡Porque si lo han hecho podemos escribir una queja formal! –dijo Albert poniéndose a su lado.
-No, no me han castigado… les he explicado lo que ha pasado y punto
-¿Quién se cree que es Riley Matthews? –preguntó Sandra de mal humor. -¿Cleopatra?
-¡Menudo favoritismo!
-¡Y encima se queja a su padre de nosotros!
-¡Ni siquiera nos había mirado hasta que presentó la petición!
-Ha sido un malentendido –dijo Smackle intentando justificar a Riley esta vez.
No sabía cómo se lo iban a tomar los demás en el grupo de amigos, pero sabía que ella iba a quedar como la mala.
