Capítulo 29

Feliciano sentía que alguien le estaba observando, desde el momento en el que ingresó al salón de conferencias se había sentido vigilado, al principio creyó que era solo su imaginación, pero el sentimiento no desaparecía. Levantando la mirada volteó a ver a la oradora, Hungría, quien estaba dando su opinión sobre el tema que se estaba tratando en ese momento, a su lado se hallaba sentado Austria, el país anfitrión de la reunión; lentamente pasó su vista hacía el resto de naciones que permanecían entretenidas en sus propios asuntos o empezaban a armar conflictos con las opiniones que se habían presentado anteriormente.

Dándole un breve vistazo a cada nación, se detuvo cuando su mirada chocó con el par de ojos azules que suponía eran los que estaban causando su paranoia. El italiano observó detenidamente al dueño de aquellos ojos, ningún nombre estaba registrado en su mente relacionado con aquel rostro que le estaba poniendo nervioso, desviando su vista quiso distraer su mente, sabía que no sería atacado en medio de una reunión como aquella, pero también sabía que si le era difícil concentrarse en las palabras de las otras naciones cuando desconocía de donde provenía aquel inquietante sentimiento, definitivamente su concentración no estaría enfocada en el tema ahora que su curiosidad había sido satisfecha.

Observando los papeles que habían sobre la mesa, tomó uno y empezó a hacer garabatos, tal vez dibujar le tranquilizaría; sin embargo se detuvo repentinamente al notar que lo que estaba dibujando no era nada más, ni nada menos que la mirada terrorífica que había visto el mes anterior cuando se hallaba en el hospital sueco. Tragando la saliva que se había amontonando en su garganta volvió a dirigir sus ojos al hombre con el que había hecho contacto visual anteriormente.

—Su-Suecia... —Murmuró para sí mismo. Poco a poco un leve temblor empezó a hacerse notorio en sus manos.

Lovino, quien se hallaba sentado a su lado con el rostro sobre la mesa, sintió la repentina vibración proveniente de su hermano, molesto le dirigió una mirada irritada, lo único que él quería era quedarse dormido hasta que la reunión terminase, pero al notar que su gemelo no estaba prestandole atención a su mirada asesina, decidió dirigir su vista en la misma dirección que él; al ubicar la causa de la reacción de Veneziano rechinó los dientes.

Gracias a su dibujo, Feliciano reconoció el rostro que le había inculcado miedo al verle en el hospital, y la culpabilidad le invadió al suponer que el nórdico se hallaba molesto con él por haber causado un alboroto en su país. Además un mes había pasado y no había reparado en que quizás debía de haberse disculpado por su reacción al verle aquel día. Revisando la hora, calculó que tan lejos podría llegar si salía corriendo en ese instante, faltaban quince minutos para que la reunión llegase a su fin, si él salía del salón con la excusa de que iría al baño nadie sospecharía…

—Feliciano. —La voz firme de su gemelo le hizo voltear la mirada apresuradamente, aumentando el susto que ya tenía en sí. —¿Qué diablos estás haciendo?

—V-ve~ —Feliciano realmente no sabía si debía contarle sus planes de escape a Lovino. —Ne-necesito ir a-al baño. —Murmuró antes de levantarse para salir y desaparecer ante la vista de las únicas naciones que realmente le estaban prestando atención, Lovino y Berwald.

El sueco observó a Feliciano salir repentinamente y tuvo el impulso de levantarse y seguirle, había logrado mantener la distancia por un mes, pero ahora que le miraba en persona tras aquel funesto día, no deseaba más que saber si el italiano había sido capaz de traerle de vuelta a su memoria. Durante toda la reunión había observado el rostro del castaño, quien al parecer se sentía incómodo por alguna razón que él desconocía. Tal vez era aquello lo que le había hecho salir anticipadamente del salón, sí, el rubio se negaba a creer que el del rulo estuviese escapando de él, a pesar de que esa era la corazonada que estaba teniendo en ese instante.

Lovino por su parte permaneció observando el asiento vacío del otro italiano. La reunión estaba a punto de terminar, no debía de preocuparse por perseguir a Feliciano, en ese momento tenía asuntos pendientes que atender.


Tino había observado el extraño comportamiento entre Berwald y Feliciano, no que le gustase estar de chismoso, pero era algo inevitable ignorar la desesperación en la mirada del sueco y la reacción insensible del italiano. El de mirada violácea se había convencido a sí mismo que Berwald no regresaría a él, y le molestaba el ver que Feliciano había ignorado durante la mayor parte de la reunión a su vecino… ¿Por qué le molestaba? ¡Ah, sí!… porque él no había decidido darse por vencido solo para que el sueco fuese tratado de aquella forma, a pesar de que reconocía que quizás era de esa manera en la que él mismo solía tratarle cuando él era quien estaba en su corazón.

Decepcionado consigo mismo observó al sueco, a pesar de que se hallaba sentado a su lado nunca antes se había sentido tan distante de él, había sido algo muy difícil el tener que sentarse ahí, pero tenía decidido no alejarse más, conservaría para sí la poca —si es que hubiese alguna todavía— amistad que le quedaba con él de lentes.

Distraído en sus pensamientos se sobresaltó en el momento que Berwald se puso de pie, la reunión había terminado. Levantándose rápidamente, sintió su corazón encogerse al notar como el sueco le daba la espalda, por instinto le tomó del brazo antes que él saliera en busca del italiano. El sueco se volteó y encontró los ojos violáceos del finés.

—Su-san. —Susurró el menor antes de soltarle. —Me preguntaba si podría hablar contigo.

Berwald dirigió la vista a la puerta y luego la regresó a Tino, aquella escena le resultaba familiar… Tino queriendo hablar con él, Feliciano escapando, Feliciano en el hospital, Feliciano ignorándolo…

—Espérame aquí. —Pidió el sueco sin querer repetir la historia que le había llevado a la situación en la que estaba, tras lo cual abandonó temporalmente a su vecino, regresaría cuando supiese que el italiano estaba a salvo.

El finlandés resopló y se dejó caer sobre el asiento, esperaría solo unos minutos, simplemente quería tener una conversación normal con el sueco, quería probarse a sí mismo que estaría bien siendo solo un amigo del mayor.


Feliciano había logrado salir del salón de conferencias y había estado deambulando por los pasillos del edificio, había olvidado que Lovino se había quedado con las llaves del auto, así que tendría que esperar a que el sureño también saliera de la reunión a pesar que su intención era escapar, sin embargo, sentía que estaba seguro fuera del rango de vista del nórdico, un leve sentimiento de culpabilidad le embargó por actuar de esa forma, pero muy dentro de él sentía que lo mejor era guardar distancia con aquella nación.

Esperando a que la reunión terminase permaneció sentado en la sala de espera, cerró los ojos y empezó a tararear una canción para pasar el tiempo más rápido. Tras unos minutos el bullicio de varias personas acercándose le dio por entendido que la reunión había llegado a su fin. Se despidió de algunas naciones a medida que salían del edificio, y le preocupó que Lovino aún no apareciese, usualmente él era uno de los primeros en abandonar las reuniones.

Preocupado decidió ir a buscarlo a la sala de reuniones, a lo mejor solamente se había quedado dormido; sin embargo, su búsqueda fue interrumpida al sentir que alguien le jalaba del brazo y lo encerraba en un cuarto oscuro.

Asustado empezó a lloriquear e inmediatamente una luz se encendió, observando a su alrededor notó varios suministros de limpieza, seguramente era el cuarto del conserje, sintió alivio por un instante, pero el sentimiento le abandonó inmediatamente al observar los ojos azules que había tenido el deseo de evitar, retrocediendo unos cuantos pasos chocó con la estantería a sus espaldas. El sueco acortó la distancia al dar la misma cantidad de pasos que Feliciano había retrocedido.

—Feliciano. —La voz profunda del rubio hizo que el aludido contuviera la respiración. —¿Me recuerdas?

El italiano ignoraba a que venía esa pregunta, sin poder encontrar su propia voz asintió nerviosamente.

La seria mirada del sueco se ablando un poco, pero ante la vista del italiano seguía siendo igual de terrorífica como hace tan solo unos segundos.

—E-e-eres Su-su-e-cc-i-a. —Tartamundeó lo mejor que pudo. —J-juro qu-ue no f-fue mi-min-ten-ción gri-ta-ar e-en t-tu-u c-ca-ra…

El menor se arrodilló ante el nórdico y se preparó para dar sus últimas plegarias.

Berwald frunció el ceño confundido por la reacción del italiano ¿acaso no estaba feliz de recordarle? bajando el rostro observó las lágrimas provenientes de los ojos ambarinos, inmediatamente retrocedió, lentamente se alejó del castaño y tras observarle cuidadosamente por un segundo más, salió del pequeño cuarto.

Si el italiano era capaz de recordarle, quería decir que estaba actuado voluntariamente de esa forma, y en su mente eso significaba que el italiano le detestaba ¿cual era la razón? no estaba seguro, pero posiblemente fuese porque no había sido capaz de protegerle aquella noche.

Entre sus sentimientos había una mezcla de decepción y amargura, le había fallado a alguien que le importaba, y respetaría la decición del italiano. Alejarse era lo menos que podía hacer por él.

En silencio regresó al salón de conferencias donde había dejado sus cosas.

—¡Su-san! —La conocida voz de Tino le hizo parpadear un par de veces. Había olvidado que le había pedido al finés que le esperase.


Ludwig se llevó una mano a la frente, siempre terminaba con dolor de cabeza después de aquellas reuniones sin sentido, tomando sus cosas se dispuso a salir del salón, con suerte podría descansar camino a casa.

—¡Psst, West!—La voz de su hermano le hizo perder toda esperanza de tener su añorado descanso.

Una mirada sospechosa fue dirigida hacía Gilbert, el cual estaba escondiéndose detrás de una planta decorativa que estaba en aquel pasillo.

Ludwig se le acercó resignado, no podía ignorar a su hermano.

—¿Qué estás hac… —Su pregunta quedó inconclusa al ser abruptamente interrumpido por la mano del de cabello blanquecino.

—Shhhh… —Ludwig frunció el ceño por el comportamiento del mayor. —Tu damisela está en peligro.

Gilbert alejó su mano del rostro del rubio y sigilosamente se encaminó por el pasillo hasta llegar a otra puerta, se detuvo y le dirigió una mirada de reprobación al alemán al notar que no le estaba siguiendo. Haciéndole señas le indicó que se acercara.

Desde su lugar, Ludwig resopló y se encaminó en dirección al pruso. Gilbert entre abrió la puerta lo suficiente para que ambos pudiesen ver lo que estaba sucediendo dentro de aquel salón.

Ludwig debía admitir que aquella escena le hacía sentir como en los viejos tiempos cuando Gilbert y él se infiltraban en los campamentos de sus enemigos para espiarles, sin embargo, éste era un escenario diferente, no estaban en guerra y dudaba que husmear por una pequeña ranura fuese apropiado sin importar quien quiera que estuviese tras la puerta.

—¡Alejate de mi bastardo! —La voz del italiano sureño le hizo acercar la mirada, encontrando ante su vista a un molesto Lovino, quien estaba siendo acorralado por quien creía sería España. —Para tu maldita información, estoy más que feliz de que lo nuestro haya terminado.

Una risa forzada de parte del ibérico se dejó escuchar.

—¡Claro! así no tendrías que seguir engañándome ¿cierto? —El rostro del español denotaba enojo. —¡Apuesto a que la razón por la que no te dolió en absoluto que lo nuestro acabara fue porque ya tenías a Alemania!

—Siempre has sido un idiota. —Musitó el italiano. —¡Por si lo olvidas, fuiste tú el que me engañó, imbécil!

—¡Puede que yo sea un idiota por haberme arriesgado a que me quisieras un poco más, pero eso no cambia el hecho de que actúes como si fuéramos extraños! —El español tomó de los hombros al sureño y buscó en sus ojos alguna señal que le indicase que aún tenía una oportunidad para recuperarle.

—Bastardo estúpido. —Masculló Lovino tras el agarre del español.

Gilbert observó cuidadosamente a su hermano menor, el cual permanecía estoico ante lo que estaba presenciando.

—¿Listo? —Susurró el de cabello blanco antes de abrir la puerta por completo y salir corriendo de la escena del crimen.

El silencio invadió el salón por unos segundos. Repentinamente Ludwig se había vuelto el centro de atención.

Rodando los ojos, el español se alejó leventemente de Lovino antes de cruzarse de brazos. El italiano disimuladamente sonrió satisfactoriamente, estaba haciendo sufrir al español, la venganza le brindaba alegría a su alma.

—Yo… —El alemán no estaba cien por ciento seguro de saber que decir, no consideraba que una disculpa por haber estado escuchando aquella conversación fuese la mejor opción.

La tensión empezó a condensarse en el ambiente, la cual era una oportunidad que el del rulo tomaría a su favor.

—Bueno bastardo, tengo mejores cosas que hacer que seguir perdiendo el tiempo con un inútil como tú. —Lovino se encaminó hacia el alemán, sin embargo tras alejarse unos pasos del español, éste le aprisionó entre sus brazos.

—Uhmm Lovi ¿Estás seguro que no extrañarás al Jefe? —Susurró seductoramente Antonio al oído del italiano, tomando entre sus dedos él rulo del menor —¿Realmente vas a cambiarme por él?

Alemania se cuestionaba a sí mismo si lo mejor sería simplemente salir de allí, observar esa escena estaba alborotando sus sentimientos y para ser sincero dudaba que eso fuese normal, Ignoraba cual era el propósito con el que había sido llevado allí por Gilbert, ya que ante su vista estaba más que claro que su presencia estaba de sobra… o al menos eso creyó hasta que observó el rostro sonrojado del italiano, seguido de un gemido contenido, tras el cual observó la repentina dificultad que el español presentaba para respirar.

—N-no dep-pe-pendo de ti y no-no te necesito —El rostro del sureño enrojeció y su tono de voz s emanaba irritación. —No eres más que una molestia para mi, ¿Acaso ignorar tus malditas llamadas y mensajes de texto no es suficiente para que te des cuenta de lo sencillo que es superar a un bastardo mentiroso como tu?

Lovino le observó patéticamente y sin esperar respuesta alguna continúo con su camino hasta llegar al lado del alemán. —Y para contestar tú estúpida pregunta… —Repentinamente fue interrumpido por los labios del rubio.

El italiano se tensó tras la acción del alemán, pero sabía que si rompía el beso, habría alguna posibilidad de que el español dudase de la veracidad de sus palabras, por lo que para beneficio propio entrelazó sus brazos alrededor del cuerpo del germánico.

Poco le importaba a Ludwig las consecuencias de sus acciones en aquel momento, el haber visto el rostro del italiano y el haberle escuchado gemir había terminado por convencer de que no tendría oportunidad de volver a disfrutar un momento como aquel en el futuro, se dispuso a tomar por excusa que lo que él estaba haciendo no era más que para cumplir su parte del trato que había hecho con el italiano semanas atrás. Si, ese solo era un favor.


Bueno, hmm… no sé, me tardé mucho y el capítulo no es tan largo como los anteriores, lo siento, me encantaría avanzar más, pero por el momento lo debo dejar aquí…

Gracias por su apoyo al leer el fic, realmente aprecio que lo lean y que den fav y follow, tambien aprecio los reviews!

Tobi Lawli-pop: wuahahaha tengo un as bajo la manga, realmente quiero que la historia avance hasta ese punto, pero todo sigue lento… así que Feli seguirá ignorante por un buen tiempo, Suecia sufrirá por la falta de comunicación y pues el resto de personajes simplemente harán que la acción continúe. Gracias por continuar leyendo el fic a pesar de que que otro fandom te haya secuestrado xD

kaname lin-chan: Me alegra que hayan personas como tu en este fandom, después de cada capítulo necesito de tu deducción final, muchas veces pienso que la historia no ira a ninguna parte con lo mucho que me tardo en actualizar, pero realmente te agradezco por continuar leyendo!

No estoy segura de cuando actualizaré el siguiente capitulo, pero con suerte la historia habrá llegado a su fin en un par (tal vez 3) de actualizaciones más.

Pero de aquí a que reciba la inspiración para terminarlo...

Hasta entonces, Sayonara.