CAPÍTULO 26
Victoria golpeó la puerta metálica de la caravana. Había esperado a que los demás se marcharan al pueblo más cercano para ver el partido. Aprovechando la oscuridad de la noche y asegurándose de que nadie la viera, acudió a la cita que había concertado horas atrás.
—Veo que me has hecho caso en lo de traer poca ropa. —Saludó el hombre que la recibió observando el minivestido vaquero que llevaba puesto— Pasa antes de que alguien te vea.
—No creo que nadie pueda verme, estamos prácticamente solos en este estúpido lugar. —Respondió al tiempo que tomaba la mano del hombre para subir los pequeños escalones.
Una vez dentro, su acompañante cerró la puerta y sin miramientos la empujó contra ella y comenzó a besarla frenéticamente. Lamió sus labios desesperado buscando penetrar en con su lengua en su boca, que se resistía ante la sorpresa del asalto.
—¡Espera! Tenemos que hablar. ¡Ah! —Jadeó intentando apartarse de él.
—Después. —Respondió ignorándola al tiempo que sus manos desabrochaban los botones delanteros de su vestido haciendo que sus pechos quedaran al descubierto— ¡Mmm! Sin sujetador. ¡Así me gusta! Lista y preparada para mí. —Advirtió cubriendo con su boca el inhiesto pezón de ella.
Victoria intentó resistirse, pero la lengua de él junto a sus dientes jugueteando con sus pechos provocaron su rendición al placer. Allí, acorralada contra la puerta se dejó hacer.
Él lamió su abdomen hasta llegar a su pubis, cubierto por unas braguitas negras, las cuales rompió sin ningún miramiento. Se desabrochó el pantalón y se deshizo de su camisa.
—¿Ansioso? —Preguntó ella seductoramente.
—Ahora lo verás. —Tomándola por las caderas la elevó y abriéndola para él se introdujo en su interior de un solo empellón— ¡Ah, Dios!
—¡Ahhh! —Jadeó ante el envite de él que inició un brusco bamboleo penetrándola sin piedad. Victoria se aferró a él aprisionándolo con sus piernas haciendo que llegara más dentro— ¡Más duro!¡Más rápido!¡Más! ¡Más!
Ambos cuerpos jadeaban sudorosos y golpeaban violentamente la pared de la caravana. La asió del pelo y volvió a besarla violentamente.
—¡Joder!¡Qué buena eres! —Bufó contra su cuello.
—¡Más!¡Por favor, James! ¡James! —Gritó ella cuando el orgasmo la alcanzó haciendo que su cuerpo cayera desmadejado y se mantuviera sostenido por los brazos de James mientras que él continuaba penetrándola hasta que alcanzó su propia liberación.
—¡Dios! No me voy a cansar de esto. —James salió de ella y aún desnudo buscó un cigarro y lo encendió.
Victoria aprovechó para buscar su vestido pues sus braguitas estaban rotas en el suelo.
—Ya has conseguido lo que querías. Ahora ¿Podemos hablar? —Pidió la pelirroja lanzándole los pantalones e invitándole a vestirse.
—¡Qué prisas, mujer! Ni siquiera me dejas disfrutar del cigarro de después.
—¡Estoy harta, James! Esto no está funcionando. Edward no quiere verme ni en pintura. Cada vez me trata peor. No es esto lo que acordamos.
—Edward está un poco estresado, si le dieras lo mismo que me has dado a mi contra esa puerta seguro que se relajaba y te trataba mejor. —Apuntó el representante.
—¿Y cómo coño voy a acostarme con él si no puedo permanecer más de dos minutos en el mismo espacio físico?
—¡Esfuérzate más!
—¡No! ¡Ahora te toca a ti! ¡Tienes que ayudarme! ¡Al fin y al cabo esto fue idea tuya!
Y lo había sido. Cuando se enteró de que Emily no podía continuar en la película vio la oportunidad perfecta para llevar a cabo su plan. Necesitaba que Edward dejara a Isabella. Desde que empezó su relación se había negado a llevar a cabo un par de proyectos que implicaban alejarse por bastante tiempo. Ambos proyectos estaban demasiado bien remunerados por lo que el rechazo de Edward hizo que James también perdiera parte del dinero que hubiera ganado si los hubiera aceptado.
Nunca pensó que la relación de ambos iba a llegar tan lejos, pero el saber que se habían mudado a vivir juntos le hizo tomar consciencia de la seriedad que estaba tomando aquello.
Edward siempre fue un mujeriego, pero desde que esa editora apareció en su vida, se había vuelto un hombre serio y fiel en apariencia. James sabía que si le tentaba volvería a las viejas andadas. Le conocía demasiado bien. Por eso no dudó en hacer todo lo posible porque Victoria consiguiera el papel protagonista.
Sabía que ella estaba enamorada de Edward. Era consciente del choque que ambos tuvieron en su último encuentro, pero también sabía que, aunque ella se mostraba herida, en el fondo estaba deseando de conseguir a su presa.
La oferta era inmejorable; un papel protagonista, taquillazo asegurado y varios meses junto a Edward en los que acercarse a él y hacerle caer en sus redes. A cambio él recibiría la libertad de su chico de oro y algún que otro revolcón con ella.
El problema es que les estaba resultando más complicado de lo esperado, ya que Edward no quería ni escuchar hablar de ella. Pero no había problema. Si el plan inicial no funcionaba tendría que recurrir al plan B.
—¿Qué hacemos, James? —Exigió Victoria— Habla con él, dile que no puede seguir tratándome así por el bien de la película. ¡Haz algo!
—Tú tranquila, bombón. —Le dijo James acariciando su barbilla— Esperaremos una semana más y si la cosa sigue igual entonces pasaremos al plan B.
—¿Y cual es el plan B? —Victoria vio como james se alejó de ella y buscó en uno de los cajones un pequeño botecito que contenía algo parecido a unas píldoras.
—Tú, déjalo en mis manos. —Respondió él con una sonrisa ladina.
๗๗๗
El ruido de la música las envolvía. Bella, Alice y Angela se encontraban en un pub tomando una copa después de haber disfrutado de una tranquila cena.
Bella no era precisamente el alma de la fiesta y las chicas lo notaron en cuanto se juntaron con ella.
La morena les contó la discusión que había tenido con Edward y como eso, unido a todo lo que le estaba ocurriendo en el trabajo le estaba afectando.
—¡Mi hermano es un capullo! —Exclamó Alice— ¡Siempre le pasa lo mismo! ¡Incluso desde niños! Primero habla y luego piensa.
—Es un tío. ¿Qué esperas? —Apuntilló Angela— Entonces, ¿Estáis enfadados?
—No. Me enfadé en su momento, cuando hablé con él. Estoy un poco dolida. Tampoco puedo enfadarme después de que me pidiera perdón y nos ofreciera su ayuda.
—Explícate porque me estoy perdiendo. —Pidió su cuñada.
—Discutimos por teléfono, lo aclaramos, me pidió perdón y esta mañana ha llegado a la editorial un grupo de informáticos especializados enviados por Edward Cullen junto a un ramo de rosas y una nota pidiendo perdón.
—¡Oh, es un capullo detallista! —Ironizó Angela.
—Bueno, ¿Eso le redime no? Quiero decir, que es consciente de que ha metido la pata, lo reconoció y además está intentando ayudar. Me consuela pensar que, aunque un poco capullo mi hermano no es tonto. —Bromeó Alice intentando disculpar a su hermano y aligerar el ambiente.
—De todas formas, es tan diferente cuando discutimos por teléfono a cuando lo hacemos en persona. Creo que la distancia nos afecta más de lo que pensamos y aunque lidiamos con ello y mas o menos lo llevamos bien, hace que magnifiquemos las cosas. Estoy segura de que si esa discusión hubiera ocurrido en nuestro apartamento Edward no habría reaccionado así, y que conste que no estoy justificándolo.
—Pues lo parece.
—¡Angela!
—¿Qué? Solo he dicho que lo parece.
—Lo cierto, es que Edward no está llevando nada bien el rodaje y aunque él intenta decirme que la presencia de Victoria no le está afectando sé que no es así.
—Es una pena que no esté disfrutando como lo merece. —Dijo Alice— Sé que estaba muy ilusionado con el proyecto y que la presencia de esa tipa le esté arruinando la experiencia… ¡Malditas casualidades!
—Sí, demasiada casualidad. —Murmuró Angela para sí misma, aunque las demás no la escucharon. Había algo raro en todo ese asunto. Desde el momento que lo supo lo pensó, peor no le había dicho nada a Bella para no inquietarla. Era demasiada casualidad que de todas las actrices Victoria hubiera sido la elegida y ella no se tragaba el cuento de la química con Edward.
—¿Qué decías, Ang?
—Nada. Cosas mías. Entonces… ¿Vas a poder ir a visitarlo o no?
—Aún no lo sé. Si lo solucionan rápido puede que sí, pero no quiero crearle falsas esperanzas.
—Pues yo en tu lugar le daba una sorpresa. —Ideó Alice— No le digas nada y si al final puedes ir, te presentas allí por sorpresa. ¡Eso le encantará! Seguro que si hablas con ese asistente… ¿Cómo se llamaba?
—¿Quil?
—Sí, ¡Quil! Seguro que te ayudará.
—No sé. Aunque no es mala idea. —Sopesó Bella pensativa— Puede que si las cosas se arreglan te haga caso.
—¡Genial!¡Por que las cosas se arreglen! —Alzó Alice su vaso en un brindis que todas acompañaron— ¡Vamos a bailar! ¡Me encanta esta canción!
Las tres se dirigieron a la pista y bailaron hasta que sus pies dijeron ¡Basta!
Cuando el cansancio les pudo, tomaron sus abrigos y salieron ala puerta del pub para esperar a el taxi que las llevaría hasta casa. El aire frío londinense las recibió en cuanto pisaron la calle. Angela se apartó para solicitar el taxi por teléfono mientras que ellas se colocaban al lado de un grupo de hombres más o menos de su edad que parecían tener el mismo objetivo que ellas. Aunque alguno parecía que se había pasado con las copas.
—¡Odio este frío! —Se quejó Alice cobijándose en su abrigo.
—Estamos en noviembre y en Londres, Alice. ¿Qué esperas? ¿Una cálida noche de verano? Creo que eso no pasará, al menos no por ahora. Además, cuando llegues a casa te podrás acurrucar al lado de Jasper para que te de calor. Yo me tendré que conformar con unas simples mantas y algo de calefacción central. —Bromeó Bella justo cuando sintió como alguien chocaba con su espalda y le hacía caer de rodillas al suelo— ¡Ay! —Exclamó al tiempo que con sus manos tocaba el suelo impidiendo que su cara chocase con el asfalto.
—¡Bella! —Exclamó Alice que corrió a auxiliarla.
—¡Bella! ¿Estás bien? —Preguntó Angela antes de empezar a increpar a los responsables— ¿Estáis locos? ¿Y si hubiera pasado un coche en este momento? ¡Casi cae a la carretera!
Uno de ellos, junto a Alice, la estaba ayudando a levantarse mientras que el resto, avergonzados se disculpaban.
—¡Disculpa! ¡Embry se pone un poco tonto cuando bebe! ¿Estás bien? —Preguntó el chico moreno y alto que la estaba ayudando a levantarse tomándola de las manos.
La voz que pronunció esas palabras le estaba resultando vagamente familiar a Bella y cuando levantó la cabeza supo la razón.
—Sí, sí. Estoy bien, es solo un…. ¿Jacob? —Preguntó sorprendida
—¿Bella? ¿Eres tú? ¡Dios mío! ¡No me lo puedo creer! —Exclamó él— ¿Estás bien? —Preguntó señalando la pequeña herida que sangraba en su rodilla.
—Sí, si es solo un rasguño. Pero… ¿Qué haces tú aquí? Creí que estabas fuera.
—Volví hace dos semanas. Me han trasladado. Es la primera noche que salgo desde que llegué y mira por donde me encuentro contigo. ¡Qué pequeño es el mundo!
—¡Ni que lo digas! —Sonrió ella.
Un carraspeo les hizo darse cuenta de que no estaban solos. Alice, junto a ellos, tenía una mirada expectante. Angela, por su parte tampoco salía del asombro.
—¿Os conocéis? —Preguntó su cuñada señalándolos a ambos.
—Sí, yo soy….
—Él es… Jacob.
—Su ex. —Interrumpió Angela— ¡Hola Jake!
—¡Angela! ¡No te había visto! ¿Qué tal? —Saludó el.
—Ya, estabas demasiado ocupado con tus amigos tirando a Bella al suelo. Te recordaba con mejores modales, Jake.
—Bueno eso ha sido culpa de Embry, no controla mucho cuando bebe. ¡Discúlpate con Bella, Embry! —Ordenó.
—Lo sssientooo —Se disculpó el susodicho arrastrando las palabras.
—¡Vaya! ¿Eres su amigo o su dueño? Acabas de tratarlo como a un perro más que como a un amigo. —Apreció Alice— Por cierto, con ex te refieres a exnovio ¿Verdad?
—Sí, y tú eres…
—¡Oh! Yo soy Alice, su cuñada. La hermana de su nuevo novio. —Sonrió triunfal. Jacob no le había caído especialmente bien.
—¡Ah! El actor, algo he leído… —Habló dirigiendo su mirada a Bella.
—Edward. —Aclaró ella pues no le había gustado el tono despectivo con el que había dicho la palabra actor.
—¡Chicas, aquí está nuestro taxi! ¡Hora de irnos!¡Adiós, Jake! —Se despidió Angela entrando en el vehículo.
—Bueno, ha sido un placer verte Bella. Una agradable e inesperada sorpresa. —Dijo Jacob ignorando a Angela— Espero verte en otra ocasión para hablar y ponernos al día. ¿Sigues teniendo el mismo número de teléfono?
—Sí. —Respondió confundida pues ella había borrado el suyo hacía mucho tiempo.
—¡Bella, el taxímetro está corriendo! —La apremió Alice que también estaba ya dentro del taxi.
—Adiós, Jake. —Se despidió ella.
—Adiós, Bella. Te llamaré. —Dijo Jake sin estar seguro de si ella le había odio o no ya que la puerta del coche se había cerrado.
De lo que ninguno tuvo consciencia fue del fotógrafo situado en la cera de en frente, oculto en las sombras y en cuya cámara tenía una instantánea de la novia de Edward Cullen agarrada de la mano de otro hombre en la puerta de una discoteca. Una foto, que pondría muy contento a la persona que le había contratado ya que fuera de contexto se podría interpretar de muchas maneras.
¡Hola! Aquí os dejo este pequeño regalito para despedir el año. Victoria y James haciendo de las suyas, Edward lejos y…. ¡Jacob entra en escena! ¿Qué os parece?
Espero que este 2019 ese lleno de cosas buenas para todos vosotros y los vuestros. Pasad una feliz nochevieja y entrad al nuevo año cargados de ilusión.
¡Feliz año nuevo!
Os leo en los reviews.
Saludos.
Nos leemos el viernes.
